▲ Activistas corean consignas contra la decisión del presidente Volodymir Zelensky de destituir al ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, tras seis meses en el cargo.Foto Ap
Juan Pablo Duch Corresponsal
Periódico La Jornada Lunes 20 de julio de 2026, p. 24
Moscú. El círculo vicioso de la violencia recíproca siguió castigando este fin de semana por igual a Rusia y Ucrania: la madrugada de este domingo cayó sobre Kiev una lluvia de misiles, 25 de ellos balísticos, hasta ahora imposibles de interceptar, y 141 drones, apenas un día después de que un ataque ucranio destruyó por completo el centro logístico y los almacenes en las regiones de Moscú y Tambov de la compañía Wildberries, análogo ruso de Amazon, entre otros objetivos alcanzados por ambos lados.
En esta ocasión, el ejército ruso lanzó un total de 41 misiles, los mencionados 25 balísticos y los demás de crucero, 10 de tipo Tsirkon, tres Orion y otros tres X-59/69, de acuerdo con el reporte de la fuerza aérea ucrania, que asegura haber derribado 108 drones y 17 misiles Iskander-M y Tsirkon (por sus características los ucranios equiparan este tipo de misil con los balísticos).
El ministerio de Defensa ruso, en su parte de guerra diario, afirmó que el ataque tuvo como objetivo “empresas de la industria militar” de Ucrania y pudo alcanzar cuatro de éstas –entre ellas, las fábricas Artiom, que elabora componentes de misiles de crucero FP-5 Flamingo y Meridian, que produce dispositivos de guiados para drones marítimos– y un centro de distribución de la compañía Nuevo Correo, similar al ruso Wildberries.
Severion Dangadze, fundador de la empresa UkrTac, que produce uniformes y chalecos antibalas para el ejército ucranio, admitió, según el medio RBK-Ukraina, el impacto de los misiles destruyó los talleres.
Las autoridades de la capital ucrania reportaron una mujer muerta y una veintena de heridos; sostienen que hubo impactos directos en ocho edificios de viviendas y oficinas, establecimientos comerciales, un cine, una estación del Metro y un supermercado, entre otros.
Hay testimonios de vecinos de Kiev que dicen haber escuchado un mínimo de 50 estallidos durante la madrugada, por lo cual resulta imposible saber cuántos fueron impactos directos y cuántos fragmentos de misiles o drones derribados o desviados con recursos de combate radioelectrónico.
Moscú se reservaba embate con proyectiles balísticos
Desde el 15 de junio, cuando lanzó 34 Iskander M-S400, Rusia no había empleado en un solo ataque contra Kiev 25 misiles balísticos. Antes lo hizo sólo en cuatro ocasiones: este año, el 2 de junio (34 unidades), el 24 de mayo (30) y el año anterior, en 2025, el 8 de noviembre (25) y el 16 de octubre (26).
Esto lo reconoció el presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, al escribir en redes este domingo que “esta noche, Rusia lanzó uno de los ataques con mayor número de misiles balísticos contra Kiev”.
Un día antes, los drones ucranios atacaron el centro logístico y los almacenes de la compañía Wildberries en las regiones de Moscú y Tambov, dejando ocho personas muertas y más de 80 heridos.
La gruesa columna de humo negro que se produjo después de explotar las bombas que llevaban los drones se extendió por unos 200 kilómetros y el daño económico se calcula en al menos 50 mil millones de rublos de artículos consumidos por el fuego.
Oleg Siniegubov, jefe de la administración militar de Járkov, informó que a consecuencia de un ataque ruso con misiles murieron cuatro trabajadores y 20 resultaron heridos en el centro logístico de la compañía Nuevo Correo, cuya matriz en la región de Kiev también resultó objetivo esta misma noche de las incursiones aéreas rusas.
Moscú y Kiev se acusan de que el enemigo ataca “infraestructuras civiles”, al tiempo que cuando los imputados son ellos reviran, sin prueba alguna, que ahí “se elaboran o distribuyen componentes de uso militar”.
Se atribuyen éxitos (Ucrania) por hundir buques cisterna en el mar Negro –tres la pasada madrugada, así como igual número de depósitos de combustibles en la región de Stavropol–, y (Rusia) por bombardear ciudades como Jarkov, Sumy y otras, así como un tren de pasajeros en Zaporiyia.
En otro orden, continúan en Ucrania las protestas por el cese del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, pero el presidente Zelensky, que nombró como interino al general Yevhenii Khmara, director del Servicio de Seguridad de Ucrania, tiene poco menos de un mes, el tiempo desde que la Rada suspendió labores por su receso estival para resolver la crisis por las desavenencias de Fedorov con el comandante en jefe del ejército, Oleksander Syrskyi.
American curios
David Brooks
▲ El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, está en la mira de los ultraconservadores de Estados Unidos por representar una “amenaza” al ser socialista democrático.Foto Afp
En el país más miedoso del mundo, donde todo representa un peligro, su gobierno afirma que inmigrantes y la izquierda protagonizan la amenaza más grave al superpoder hoy día.
Hace poco el arquitecto de las políticas antimigrantes de la Casa Blanca, Stephen Miller, declaró que su país tiene que sacar a todos los que han llegado ilegalmente de esos países del Tercer Mundo donde, según él, nunca hubieran inventado la rueda, la tecnología, la medicina moderna ni nada de la grandeza estadunidense.
Bajo esa lógica, para empezar, tendrían que haber deportado a los primeros ingleses en llegar a lo que hoy es Estados Unidos y tal vez todos sus descendientes, ya que técnicamente fueron los primeros ilegales (nunca solicitaron permiso de las naciones indígenas para ingresar y permanecer en tierras que no eran suyas).
Más aún, si Miller revisara tantito la historia podría enterarse de que entre aquellos países que califica como retrasados del “Tercer Mundo” están los que aportaron los números y letras que él y todos usan: las matemáticas se desarrollaron en tierras árabes, el alfabeto moderno entre Egipto, Grecia y Fenicia (parte del actual Líbano), y la rueda se inventó en Mesopotamia, ese país ahora llamado Irak.
Entre los inmigrantes que cada día insulta y justifica su persecución, están los trabajadores esenciales que cada día, de manera anónima, rescatan a su país con su labor y sus aportaciones, y otros famosos como ese 35 por ciento de los ganadores del Premio Nobel en Estados Unidos que son inmigrantes. En esta Copa Mundial, 25 por ciento de los 26 integrantes de la selección estadunidense nacieron en otros países (parte de los 286 en el Mundial que no nacieron en países a los que estaban representando, reportó La Jornada https://www.jornada.com.mx/2026/07/ 13/deportes/a02n1dep).
Que Miller, cuyos ancestros fueron refugiados, sea hoy el arquitecto de políticas antimigrantes que, según su propio tío, hubieran negado la entrada de sus antepasados y llevado a la aniquilación de la familia (https://www.youtube.com/watch?v=gEO3Eoqq0Tc&t=262s), es algo sobre lo cual no ha respondido. Pero él ahora forma parte de una corriente ultraderechista en el poder que tiene una historia repleta de persecución y discriminación contra minorías y disidentes.
Las expresiones antimigrantes son parte de una agenda de derecha que también incluye políticas antizquierdistas. Ese dúo tiene larga historia, en parte girando en torno a la acusación de que las ideas de izquierda ajenas y antiestadunidenses son importadas por inmigrantes a este país.
La semana pasada, en la reunión ministerial internacional convocada por el Departamento de Estado, Miller declaró ante representantes de 66 países: “hemos tomado la acción necesaria y esencial de formalmente reconocer la violencia de izquierda como una forma de terrorismo político que es una amenaza directa a nuestra seguridad nacional y la sobrevivencia de nuestra forma republicana de gobierno”.
El anfitrión, el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, de-claró ahí que “pueden llamarse anticapitalistas o antimperialistas o comunistas o anarquistas o marxistas, pero su carácter fundamental siempre es el mismo”, lo cual resumió como “un resentimiento venenoso enmascarado tras el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación” y “un odio hacia la propia civilización”.
O sea, según Miller y Rubio y otros en este gobierno, los inmigrantes junto con una izquierda “violenta” transnacional representan la amenaza más grave al país más poderoso del mundo.
Bajo ese argumento se supondría que si apareciera hoy Albert Einstein sería calificado de “enemigo” por ser no sólo un inmigrante, sino un socialista (https://monthlyreview.org/articles/why-socialism/). De hecho, algunos de la derecha hoy día exigen la deportación del actual alcalde de Nueva York por ser inmigrante y socialista democrático, y hasta de Bernie Sanders, hijo de inmigrantes –esa lista es larga–.
Tal vez los que están ahora en el poder tienen razón en temer a los que históricamente han transformado y democratizado a Estados Unidos desde sus inicios.
Jefferson Airplane, Volunteers of America. https://ww.youtube.com/watch?v=IsoqRvYqWDg
Rubio y la semántica del terror
Marco Rubio, secretario de estado de Estados Unidos, dijo que dijo que la izquierda radical representa “la rebelión de los peores contra los mejores y de los débiles y cobardes contra los fuertes y buenos”.
Foto Afp Foto autor
Carlos Fazio
20 de julio de 2026 00:02
El 4 de julio, durante su discurso por los 250 años de la independencia de Estados Unidos, Donald Trump desempolvó el cuco del comunismo. En él mezcló asuntos patrióticos con advertencias políticas y repitió alertas enunciadas ante sus bases conservadoras de MAGA sobre el peligro “rojo” que amenaza el tradicional estilo de vida de la nación “elegida” por Dios. Dijo: “Son esos comunistas ateos”. “Esta es la amenaza más seria para la existencia de nuestro país.”
Doce días después, su secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, complementó el guion. Al inaugurar la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, retrotrajo el presente a la era del comunismo hirsuto, el macartismo y la guerra fría. Con una retórica plagada de falsedades, basada en hechos descontextualizados y cifras sin verificar, convirtió a lo que llamó “izquierda radical” (marxistas, comunistas, socialistas, anarquistas, anticapitalistas, antimperialistas, antifascistas, demócratas centristas, categorías todas funcionales a la agenda de la ultraderecha trumpista) en un “enemigo” esencialmente violento y ajeno a la “civilización occidental”. La omisión del terrorismo de derecha no es un detalle. Es el corazón del dispositivo.
Rubio, quien desde sus inicios políticos mamó de la ubre del terrorismo gansteril y la industria de la contrarrevolución en la llamada República de Miami, dijo que la izquierda radical representa “la rebelión de los peores contra los mejores y de los débiles y cobardes contra los fuertes y buenos”, una evidente matriz fascista que divide a la sociedad en categorías humanas superiores e inferiores, que subordina los derechos individuales a una comunidad nacional excluyente y preconiza la eliminación de quienes son presentados como obstáculos. Como señaló un análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate, el paralelo de su discurso con la doctrina de Mussolini es explícito: el Duce defendió la “desigualdad inmutable, beneficiosa y fecunda de la humanidad”; la semejanza retórica permite identificar un esquema jerárquico y deshumanizador característico del fascismo.
Seguidamente, Rubio afirmó: “Ha llegado el momento de aplastar este mal para siempre”. Esa trampa semántica, encarnada en lo que denominó “terrorismo político de extrema izquierda trasnacional”, reivindica otra matriz fascista que convierte a un campo político heterogéneo en un “mal” existencial a exterminar, y donde la violencia cumple una función purificadora o redentora contra quienes se consideran “obstáculos”. Lo que remite a Adolfo Hitler, cuando dijo: “Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad”.
En el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional −con su “Doctrina Donroe”, que combina seguridad nacional y militarización, guerra contra el “narcoterrorismo” y competencia con otras potencias globales extrarregionales− y de la Estrategia contra el Terrorismo, y en una coyuntura en que Estados Unidos bombardea e invade Venezuela y secuestra al presidente Nicolás Maduro, mientras lleva a cabo un desembozado injerencismo para imponer gobiernos cipayos (la libertad económica como servidumbre política) en América Latina (Noboa, Milei, Asfura, Kast, Fujimori, Bolsonaro), no parece baladí que Rubio se lamentara de que “incluso ahora, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza grave se trata como un delirio de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista”. Y en un falaz intento homologativo justificador, mencionó la lucha armada de los tupamaros, los montoneros, las FARC, el ELN y Sendero Luminoso en los años 60 y 70 del siglo XX, con las luchas de resistencia actuales.
Ese argumento oscurantista, falsificador y embaucador, basado en una visión discrecional y maniquea increíblemente simplista que alude a la lucha de las fuerzas del mal contra las fuerzas del bien (hegemonizadas por Estados Unidos, con su vena ideológica que impulsa un colonialismo de nuevo cuño), persigue fines propagandísticos adoctrinadores que invitan, explícitamente, a un alineamiento con Washington en términos de lealtad y subordinación o, en su defecto, resignarse a ser blanco de acciones de coacción y desestabilización como en otras fases de la historia.
Si bien se trata de una estrategia de persecución ideológica que banaliza la categoría terrorismo como herramienta de terror y disciplinamiento interno de cara a las elecciones de noviembre próximo, la “semántica del terror” (Chomsky y Herman dixit, 1979) esbozada por Rubio remite, en su proyección exterior, a sangrientos episodios del pasado como el Plan Cóndor −la alianza clandestina de las dictaduras del Cono Sur con la asesoría y complicidad de Estados Unidos para el exterminio de la disidencia política mediante la práctica de la tortura, las ejecuciones sumarias extrajudiciales y la desaparición forzada−, la guerra de Vietnam y el uso de los campesinos de Indochina como conejillos de Indias para una tecnología militar entonces en desarrollo; hoy, el genocidio y la limpieza étnica en Gaza, el bloqueo criminal y el castigo colectivo contra Cuba o el asesinato de niñas y los ataques contra la población civil y la infraestructura crítica de Irán.
Como señala Chomsky, “el terrorismo no es el arma de los débiles, es el arma de los que están contra nosotros” (Estados Unidos). La palabra terrorismo es aplicada siempre contra el terrorismo del otro, mientras el propio es encubierto mediante eufemismos. Invariablemente, hoy como ayer, el buró político del terrorismo internacional opera desde el cuarto de guerra de la Casa Blanca. Y su enunciación, por Rubio, ahora, sigue siendo una forma disfrazada de apología del terror trumpista y el fascismo cliente.






