Ormuz, tema central del desacuerdo: medios iraníes// Asegura el vicepresidente estadunidense que la república islámica se niega a no fabricar armas nucleares
▲ El vicepresidente JD Vance arriba a una reunión con el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, en el marco de las negociaciones en Islamabad.Foto Afp
Xinhua, Ap, Afp, Reuters, Sputnik y The Independent
Periódico La Jornada Domingo 12 de abril de 2026, p. 14
Islamabad. Estados Unidos e Irán se culparon de no lograr un acuerdo luego de tres rondas de negociaciones directas que se sostuvieron en Islamabad. El vicepresidente JD Vance, quien encabezó la delegación de Washington, anunció que Irán “ha optado por no aceptar nuestras condiciones de no fabricar armas nucleares”.
Vance aseguró que la mala noticia es que no hemos llegado a un acuerdo. Creo que eso es una mala noticia para Irán , mucho más que para nosotros”, informó Fox News.
“Volvemos a Estados Unidos sin haber logrado un acuerdo. Dejamos en claro cuáles son nuestras líneas rojas, en qué aspectos estamos dispuestos a ceder y en cuáles no.”, añadió el funcionario, sin ahondar en detalles.
Prensa iraní reportó que la delegación estadunidense frenó el progreso con sus “usuales demandas excesivas” en el estratégico paso de Ormuz, mientras que la república islámica insistió en preservar sus “logros militares” y garantizar el respeto a sus derechos.
“La delegación iraní negoció sin descanso y de manera intensiva durante 21 horas para defender los intereses nacionales de nuestro pueblo. Pese a las diversas iniciativas, las exigencias irrazonables de Washington impidieron que el diálogo avanzara”, reviró Teherán.
Las conversaciones tripartitas para intentar poner fin a seis semanas a la guerra en Medio Oriente comenzaron después de que se cumplieron las dos condiciones previas iraníes, informó Tasnim.
Por una parte, la Casa Blanca dio garantías a Líbano de que Israel no lanzará bombardeos Beirut hasta el 14 de abril, recogió la prensa libanesa. Por la otra, un funcionario de Teherán señaló que Washington acordó liberar los activos iraníes congelados en Qatar y otros bancos extranjeros, aunque un funcionario estadunidense negó la afirmación.
La parte estadunidense estuvo encabezada por el vicepresidente JD Vance, de postura tradicionalmente antibelicista y con poca experiencia diplomática; la iraní, por Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento y ex comandante de la Guardia Revolucionaria.
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, es el anfitrión del diálogo. La delegación de Irán asistió vestida de negro en señal de luto por el ex líder supremo Ali Jamenei, asesinado en el primer día de ataques, y otros caídos en la guerra. Llevaban zapatos y mochilas de algunos de los más de 160 estudiantes –la mayoría niñas– que murieron durante el bombardeo estadunidense contra una escuela en Minab.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, valoró que sus delegados son “firmes guardianes de los intereses de Irán y, entablarán negociaciones con valentía”.
En contraparte, el presidente estadunidense, Donald Trump, declaró que el diálogo “me da igual”. “Lleguemos a un acuerdo o no, la razón es que hemos ganado Estamos en negociaciones muy profundas con Irán. Los hemos derrotado militarmente”, agregó.
El magnate acusó una vez más a los medios de comunicación por difundir noticias falsas. “¡Están locos, o simplemente son corruptos! Les encanta decir que Irán está ganando cuando, de hecho, todo el mundo sabe que están perdiendo. Su Armada ha desaparecido, al igual que su fuerza aérea. Sus radares están muertos, sus fábricas de misiles y drones han sido prácticamente aniquiladas junto con los propios misiles y drones y, lo más importante, sus líderes de toda la vida ya no están con nosotros, ¡alabado sea Allah!”, aseveró en una publicación de Truth Social.
La guerra ha cobrado la vida de al menos tres mil personas en Irán, dos mil 20 en Líbano, 23 en Israel y más de una docena en los estados árabes del golfo Pérsico; ha causado daños a la infraestructura en media docena de países de Medio Oriente.
En tanto, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, de 56 años, sigue recuperándose de las graves lesiones faciales que desfiguraron su rostro y dañaron sus piernas durante el ataque aéreo israelí en el que fue asesinado su padre, Alí Jamenei, informaron tres personas cercanas a su círculo más íntimo.
No obstante, aseguraron que mantiene la lucidez y participa en la toma de decisiones sobre la guerra y las negociaciones con Washington.
El primer ministro israelí y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamin Netanyahu, advirtió que la campaña contra Irán no ha terminado. “Nos amenazaron con la aniquilación y ahora son ellos los que luchan por sobrevivir”, añadió.
Semiótica de la tregua
Fernando Buen Abad Domínguez
12 de abril de 2026 00:01
¿Todo es mentira, Donald? ¿Esta pausa pactada es un circo de falacias o una esperanza cierta de pacificación? Se perciben tufos a fake. Nos ha pasado tantas veces. Toda tregua es también una operación ideológica.
Ésta especialmente, y no porque parezca falsa en un sentido absoluto, sino porque su “verdad” está intoxicada por intereses mercantiles concretos que sólo se declaran abiertamente a sangre y fuego. Su tregua, en este sentido, no es una negación de la guerra, sino una de sus formas.
Suspende el estruendo de las armas mientras intensifica el murmullo de los negocios que buscan domesticar la conciencia de las mayorías. Se construye un relato de racionalidad, de prudencia, incluso de humanismo, que oculta las condiciones estructurales que hacen posible la violencia y ocultan a los muertos adultos e infantes.
Ahora la palabra “tregua” aparece, en el teatro contemporáneo de la geopolítica, como un signo de alta densidad semiótica que encubre una compleja red de intereses mercantiles, correlaciones de fuerza y operaciones ideológicas.
Cuando Donald Trump enuncia o avala una “pausa” en el conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, no se trata simplemente de un gesto diplomático hipócrita, sino de una construcción discursiva que debe ser interrogada desde sus condiciones de producción, circulación y recepción.
La tregua, como signo, no existe en el vacío: es parte de un sistema de significaciones donde cada palabra, cada imagen mediática, cada gesto institucional, contribuye a jerarquizar la percepción social de la dominación imperial.
No se trata de dictaminar, en términos ingenuos, si “todo es mentira” o si estamos ante una “esperanza real” de paz, sino comprender qué función cumple la idea misma de tregua en la reproducción de un orden mundial atravesado por la guerra cognitiva, la dictadura de las fake news y la retahíla infinita de falacias lenguaraces perpetradas por Trump. La tregua puede operar simultáneamente como suspensión táctica de hostilidades materiales y como intensificación de la guerra en el plano simbólico.
De hecho, la historia reciente muestra que los momentos de aparente distensión suelen coincidir con reconfiguraciones estratégicas que permiten a las potencias reordenar sus dispositivos de dominación, optimizar recursos y rearticular legitimidades. Y profundizar la ofensiva mediática.
Así es el capitalismo, en su fase imperial de acumulación globalizada y financiarizada, que no puede prescindir de la guerra como mecanismo de regulación.
La guerra no es un accidente ni una desviación moral, sino una herramienta de saqueo de recursos naturales, explotación de seres humanos, subordinación de mercados, control de recursos estratégicos y disciplinamiento de poblaciones.
En este contexto, la tregua funciona como un dispositivo de gestión de la violencia: no la elimina, la administra. Ya no se trata de si la tregua es “verdadera” o “falsa”, sino de a quién sirve y qué oculta.
¿Suspende la violencia para proteger a las poblaciones o para reorganizar la capacidad ofensiva de los aparatos militares? ¿Abre espacios para una transformación estructural o consolida las condiciones que harán inevitable el próximo ciclo de confrontación?
Nuestra semiótica crítica obliga a leer la tregua no como hecho aislado, sino como un momento dentro de un proceso histórico más amplio donde la guerra y la paz son dos caras de una misma lógica del engaño burgués.
Así, la figura de Trump resulta paradigmática, no por su excepcionalidad, sino por su capacidad de condensar en un estilo discursivo monstruoso que en otros contextos se presenta como un arma de aberraciones y dislates al servicio de la confusión programática. Por más imbécil o sicópata que parezca, más velada.
Su retórica oscila entre la amenaza abierta y la promesa de negociación, entre la exaltación del poder militar y la apelación a acuerdos de negocios. Esta oscilación esquizofrénica no es incoherente: es funcional a una estrategia que combina coerción y consenso, intimidación y seducción.
La tregua, en su discurso, puede aparecer cual gesto magnánimo, pero también como advertencia implícita de que la violencia y el horror siguen disponibles.
Desde una mirada humanista rigurosa, la evaluación de la tregua no puede limitarse a sus efectos inmediatos, aunque estos sean cruciales en términos de vidas humanas.
Toda pausa en la violencia que evite muertes es, en ese plano, valiosa. Pero el humanismo no puede reducirse a una ética de la urgencia que ignore las condiciones estructurales. Un humanismo de nuevo género exige interrogar las raíces de la violencia y no contentarse con su administración temporal.
De lo contrario, se corre el riesgo de convertir la tregua en un ritual recurrente que legitima la continuidad del sistema que produce la guerra.
Así la dimensión semiótica de este problema se vuelve evidente cuando se analizan las narrativas mediáticas que acompañan la tregua. Se construyen imágenes de líderes dialogando, de acuerdos firmados, de declaraciones optimistas.
Estas imágenes funcionan como signos de estabilidad, como promesas de normalidad. Sin embargo, detrás de ellas persisten las estructuras de poder que hacen posible la violencia: bases militares, alianzas estratégicas, sanciones económicas, operaciones encubiertas. La tregua, en este sentido, puede ser leída como una superficie tranquila que oculta un subsuelo criminal en ebullición
Hay que romper con toda ilusión y desnaturalizar esta tregua como conquista civilizada. Hay que transparentar sus condiciones materiales.
Esto no implica adoptar una posición cínica que niegue toda posibilidad de paz, sino construir una comprensión más compleja que permita distinguir entre una paz negativa –ausencia temporal de violencia directa– y una paz positiva –transformación de las condiciones que generan la violencia.
Mientras persista un sistema basado en la acumulación militarizada de riqueza, la competencia monopólica entre potencias y la subordinación de la vida a la lógica del capital, toda tregua estará atravesada por ambigüedades irresolubles.
Podrá aliviar el sufrimiento en el corto plazo, pero difícilmente podrá garantizar una paz duradera liberada del capitalismo.
Así, la tregua no es simplemente un alto al fuego ni un engaño total: es un signo en disputa, un momento de condensación de contradicciones donde se juega, en última instancia, la posibilidad de transformar la guerra administrada en una paz verdaderamente humana.
China refuta a EU y niega que prepare envío de armas a Irán
De La Redacción
Periódico La Jornada Domingo 12 de abril de 2026, p. 15
Los servicios de inteligencia de Estados Unidos afirmaron ayer que China prepara un presunto envío de armas a Irán en medio de un frágil alto el fuego en Medio Oriente; al tiempo, el presidente estadunidense, Donald Trump, advirtió que, de ser así, Pekín “tendría un gran problema”.
Fuentes familiarizadas con las evaluaciones de inteligencia declararon a CNN que el gigante asiático alista una entrega a Teherán de nuevos sistemas de defensa aérea, conocidos como Manpads, en las próximas semanas, y que hay indicios de que el gobierno chino desvíe el envío a terceros países para ocultar su verdadero origen.
Las armas que Pekín prepara son sistemas de misiles antiaéreos portátiles, que representaron amenaza asimétrica para los aviones militares estadunidenses que volaban a baja altura durante las cinco semanas que duró la guerra y que podrían volver a hacerlo si fracasa el alto el fuego, añadieron las fuentes.
Calificaron la medida del gobierno chino de provocadora, al considerar que la nación asiática afirmó que contribuyó a la negociación del acuerdo de cese el fuego que suspendió la guerra en la región. Agregaron que el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica podría utilizar la tregua para reabastecer ciertos sistemas de armas con la ayuda de aliados extranjeros claves.
En contraparte, un portavoz de la embajada china en Washington rechazó las acusaciones y dijo a CNN que “China nunca ha proporcionado armas a ninguna de las partes en el conflicto”. Agregó que “la información en cuestión es falsa”.
El diplomático indicó que el gobierno chino cumple sistemáticamente con sus obligaciones internacionales, como gran potencia responsable, e hizo un llamado a Estados Unidos a abstenerse de formular acusaciones infundadas, elaborar conexiones maliciosas y recurrir al sensacionalismo.
Una de las fuentes explicó que China no ve ningún valor estratégico real en intervenir abiertamente en el conflicto e intentar proteger a Irán de los gobiernos estadunidense e israelí; sin embargo, señaló que es una oportunidad para Pekín a fin de posicionarse como aliado constante de Irán al mantener aparente neutralidad y negar su participación una vez terminado el conflicto bélico.
En tanto, Trump advirtió ayer ante medios de comunicación que si China provee de armas a Irán “va a tener grandes problemas”. El republicano tiene previsto viajar a ese país para reunirse con el presidente Xi Jinping a principios de mayo.






