En Italia, la Premier enviará más soldados
Policías de Albania reprimen manifestación // En Barcelona detienen al menos a cien inconformes
▲ En París, la policía respondió con gas lacrimógeno, granadas de sonido y cañones de agua a la multitud que le arrojó fuegos artificiales.Foto Afp
Ap, Afp y Europa Press
Periódico La Jornada Domingo 25 de octubre de 2026, p. 17
París. Enfrentamientos entre las fuerzas del orden y manifestantes estallaron ayer en varias de las 289 protestas registradas en Francia, que reunieron entre 410 mil y 800 mil personas, de acuerdo con cifras del gobierno y de los organizadores, respectivamente, que salieron a las calles a exigir mayor financiamiento escolar y a denunciar el vertiginoso aumento del costo de vida. La policía realizó más de mil arrestos durante la jornada.
La segunda gran jornada de movilización en una semana se convirtió en una protesta contra el presidente centroderechista Emmanuel Macron, que dejará el poder en mayo, entre críticas tras reprimir algunas manifestaciones.
En París, manifestantes enmascarados arrojaron objetos y fuegos artificiales contra la policía, que respondió con gas lacrimógeno, granadas de sonido y cañones de agua; en Marsella y Lyon se produjeron incendios callejeros.
Oficiales antimotines usaron gas lacrimógeno en Lyon, Cler-mont-Ferrand, Estrasburgo y Burdeos, y cañones de agua en Niza y Nantes, reportaron medios franceses. En Niza, extremistas de ultraderecha se enfrentaron con manifestantes.
Laurent Nuñez, ministro del Interior, aseveró que 70 mil policías respaldados por helicópteros, vehículos blindados y otros apoyos, evitaron una repetición de los saqueos del fin de semana pasado.
Las movilizaciones comenzaron el mes pasado con las quejas públicas por la falta de personal en una escuela en París y se extendieron a todo el país; a la exigencia de un mejor financiamiento educativo se sumaron trabajadores que buscan ayuda ante el aumento de los costos del combustible y otros productos básicos.
Con dedicatoria a Macron
“O bien el señor Macron cede de inmediato, o se verá obligado a hacerlo en circunstancias mucho más arriesgadas”, advirtió desde la manifestación en París el candidato presidencial de izquierda Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, al tiempo que elogió la “magnífica respuesta masiva, caracterizada por la disciplina colectiva y el autocontrol”.
“Es un momento muy hermoso en la historia de los movimientos populares de nuestro país (...). Esto se repetirá cada semana”, advirtió y resaltó que el gobierno “tiene una huelga general acechándole”, convocada para el 5 de noviembre.
En tanto, en España, el centro de Barcelona fue escenario de una batalla campal entre agentes antidisturbios y alrededor de 500 jóvenes, en la plaza de Cataluña, quienes con el rostro tapado empezaron a romper escaparates de las tiendas de lujo e intentaron saqueos. El saldo preliminar es de 100 detenidos, entre los que habría decenas de menores de edad.
En sus pancartas se leía “Contra el sistema” e “Institutos en lucha” (en alusión al movimiento estudiantil francés).
En Italia, miles de jóvenes marcharon en Roma, Milán y Turín, al tiempo que las autoridades desplegaron un gran número de policías y soldados para reprimir el movimiento.
La manifestación en Milán fue pacífica, pero hubo breves enfrentamientos con la policía en Roma y en Turín.
La primera ministra Giorgia Meloni anunció una batería de medidas, como el envío de 500 soldados adicionales a Milán y sanciones más duras para los menores, que, según la policía, constituían una gran parte de los manifestantes violentos en las marchas de la semana pasada.
En Albania, la policía antidisturbios utilizó gases lacrimógenos, cañones de agua y balas de goma para dispersar a los manifestantes que lanzaron piedras contra los agentes y provocaron un incendio en la puerta del ministerio de Agricultura en la capital durante las protestas contra la corrupción y las condiciones de estudio en el país, que ya llevan más de 10 días.
ONU que no une: semiótica de un "sinsentido"
La desigualdad de poder entre los estados constituye uno de los principales cuestionamientos a la estructura de Naciones Unidas. Foto Ap / Archivo Foto autor
Fernando Buen Abad Domínguez*
25 de octubre de 2026 00:04
En su aniversario próximo, es necesario examinar la Organización de Naciones Unidas (1945) como el relato de una contradicción constitutiva: una entidad establecida con el propósito de impedir que la humanidad se precipitara en la guerra, pero concebida bajo la distribución inequitativa del poder que posibilitó las guerras del siglo XX y que sigue condicionando el orden internacional. Su tragedia no radica meramente en el incumplimiento de sus compromisos, sino en el intento de establecer una legalidad universal sin contar con una autoridad igualmente universal para su cumplimiento. Todo a la sombra de los mercachifles del belicismo imperial.
Su evaluación debe reconocer una contradicción adicional: la ONU no ha sido sólo una institución de fracasos. Ha llevado a cabo operaciones humanitarias, programas sanitarios, instrumentos internacionales de derechos humanos y misiones de paz. ¿Por qué esos logros conviven con una arquitectura política que permite a las grandes potencias bloquear decisiones cuando sus intereses estratégicos están en juego? Pero declara la igualdad soberana de los estados, y no obstante, otorga a cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad una posición privilegiada a través del poder del veto. Sus buenas intenciones fracasadas no constituyen solamente una decepción moral: plantean un problema estructural. ¿Puede una institución garantizar la justicia internacional cuando su capacidad coercitiva depende, en última instancia, de los estados que concentran el poder militar, económico y diplomático?
Fundada en 1945, sobre las ruinas de ciudades devastadas, millones de vidas perdidas y la experiencia extrema de Hiroshima y Nagasaki, la Organización de Naciones Unidas surgió con un objetivo legítimo: prevenir una nueva catástrofe global, salvaguardar la paz, fomentar los derechos humanos y establecer mecanismos de cooperación entre pueblos autóctonos. Sin embargo, la contradicción apareció desde su origen. La entidad proclamó la igualdad jurídica de las naciones, no obstante, reservó a cinco potencias victoriosas de la Segunda Guerra Mundial –Estados Unidos, Rusia como continuadora de la representación soviética, China, Francia y Reino Unido– un privilegio crucial: el derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Así, la humanidad quedó representada por una institución universal cuya capacidad para actuar frente a las amenazas más graves depende, en circunstancias cruciales, de la voluntad de un puñado de gobiernos.
Este ilusionismo no se originó de una humanidad reconciliada, sino de una correlación de fuerzas determinada por el triunfo militar y la restructuración del capitalismo global bajo el dominio estadunidense, en medio de la consolidación de la Unión Soviética como una potencia rival. La guerra fría convirtió el Consejo de Seguridad en escenario de confrontación ideológica, vetos cruzados y parálisis diplomática. Aunque las declaraciones oficiales instaban a la seguridad colectiva, las potencias principales establecían alianzas militares, financiaban gobiernos afines, respaldaban operaciones encubiertas y se disputaban territorios, recursos y áreas de influencia.
Esto se complementa con la dimensión económica. La Organización de Naciones Unidas ha participado en la formulación de objetivos de desarrollo, la coordinación de asistencia humanitaria y la instauración de marcos de cooperación. Sin embargo, no ejerce control sobre los principales flujos del capital global, las decisiones de inversión privada, los sistemas tributarios nacionales ni las estructuras de endeudamiento. Es posible denunciar la pobreza, documentar la desigualdad y promover acuerdos; sin embargo, no remplaza la voluntad política de las naciones ni posee una autoridad económica global que pueda redistribuir recursos en función de las necesidades humanas. La contradicción resulta evidente: se proclama la dignidad universal mientras millones de personas continúan expuestas al hambre, la enfermedad evitable, el desplazamiento forzado y la falta de servicios básicos. No todas estas calamidades son atribuibles a la organización; sin embargo, su persistencia invita a cuestionar la distancia entre los compromisos internacionales y sus consecuencias concretas.
Sin embargo, reducir ocho décadas de historia a una sucesión de fracasos sería sustituir el análisis por la condena. La Organización de Naciones Unidas ha desempeñado un papel significativo en la descolonización, la formulación de convenciones internacionales, la inmunización, la asistencia a los refugiados y la coordinación de las respuestas humanitarias. Sus oficinas han brindado servicios específicos a comunidades que, de no haber recibido dicha colaboración, habrían enfrentado circunstancias aún más adversas.
Asimismo, ha proporcionado entornos diplomáticos donde estados de menor envergadura tienen la posibilidad de intervenir, formular denuncias y establecer coaliciones. Esos logros no eliminan sus contradicciones; permiten comprenderlas con mayor precisión. La organización no es omnipotente, pero tampoco es irrelevante. Su habilidad para actuar se encuentra condicionada por mandatos, recursos, cooperación estatal y circunstancias políticas particulares. Y todo intoxicado por la ideología de la clase dominante.
Tantas buenas intenciones burguesas son un fiasco costoso porque no se convierten en instituciones que puedan mostrar dignidad ante los intereses capitalistas. La paz no nace de la retórica, los derechos humanos no se garantizan mediante ceremonias y la justicia no adquiere eficacia por el simple hecho de inscribirse en un documento. Necesitan recursos, procedimientos, responsabilidad política y voluntad colectiva. La Organización de Naciones Unidas representa dicha paradoja: debería fungir como un instrumento esencial de cooperación y como un escenario en el que se erradicaran las asimetrías del orden internacional. Su crítica más perspicaz no demanda la aniquilación de la noción de una comunidad global, sino que plantea la interrogante de por qué dicha comunidad persiste en su organización de manera tan desigual y qué entidades políticas podrían cambiarla. La auténtica evaluación de Naciones Unidas no radicará en la solemnidad de sus declaraciones, sino en su habilidad para transformar la igualdad declarada en una salvaguarda efectiva, la soberanía en responsabilidad y la paz en un estado material inexcusable de la existencia humana.
*Doctor en filosofía
Marchan al menos 25 mil jubilados en España para exigir pensiones dignas
La inflación devora sus ingresos // Hermanan lucha social con jóvenes
▲ En Madrid, la manifestación de personas de la tercera edad exige al gobierno del socialista Pedro Sánchez mejores estipendios.Foto Afp
Armando G. Tejeda Corresponsal
Periódico La Jornada Domingo 25 de octubre de 2026, p. 17
Madrid. Alrededor de 25 mil jubilados procedentes de todo el país se manifestaron ayer en Madrid para exigir pensiones dignas, una revalorización acorde al incremento del indice de precios al consumidor (IPC), que mide la inflación anual, así como poner fin a la brecha de género.
Los inconformes recorrieron el centro de la capital española, desde la estación de Atocha hasta la Puerta del Sol, donde hermanaron su movilización con los jóvenes que acampan ahí y que reclaman el derecho a una vivienda digna y poner coto a los fondos buitres y la espiral de precios en el mercado de las casas habitacionales.
En España hay alrededor de 9 millones 500 mil jubilados, que tiene una pensión media de mil 370 euros (27 mil 400 pesos), pero en el sistema hay casos diversos: los que cobran sólo una pensión no contributiva, que no supera los 630 euros (12 mil 600 pesos), los que sólo reciben el pago de la jubilación por viudez, que está entre los 650 y los 980 euros, y luego los que cobran dos pensiones (la propia y la de viudez) o las máximas, que rondan los 3 mil euros (60 mil pesos).
Además, hay un problema estructural con la brecha de género, pues las mujeres suelen cobrar jubilaciones 30 por ciento inferiores debido a que han tenido carreras laborales menos largas, con una base de cotización inferior y más incidencia en el trabajo parcial. Aunque en la franja de las pensiones de viudez la población femenina es la más beneficiada, al representar 90 por ciento del sistema y cobran 35 por ciento más que los hombres que reciben esta prestación.
La movilización de los jubilados resurge en el marco de las elecciones generales del 29 de noviembre. El tema ha sido parte del debate electoral en los primeros días de la precampaña, con el derechista Partido Popular (PP) y la extrema derecha de Vox, que ponen en duda la “viabilidad” del sistema por el alto número de beneficiarios frente a la masa laboral en el país, 22 millones 790 mil personas, con un salario medio de 2 mil 100 euros mensuales (44 mil pesos).
A la manifestación acudieron jubilados desde el País Vasco hasta Andalucía, Cataluña, Murcia, Valencia y Madrid. Según la delegación del gobierno los manifestantes sumaron “25 mil personas”, mientras la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones elevó la cifra a 50 mil.
La vocera nacional del movimiento de jubilados, Francisca López, defendió la necesidad de “proteger el poder adquisitivo de los jubilados frente al aumento del costo de la vida” y reclamó “la eliminación de las penalizaciones por jubilación anticipada y actualizar las pensiones conforme al IPC porque el aumento de la inflación está devorando los ingresos de millones de personas”.
Al reunirse con los jóvenes en la Puerta del Sol, advirtieron que la crisis de vivienda “afecta también a las personas mayores, especialmente a quienes viven de alquiler o ayudan económicamente a sus familiares”.
Nota completa en La Jornada Online https://shorturl.at/Q19KY
Maricarmen no está sola
Maricarmen habitó durante 70 años un departamento de la calle Sainz de Baranda, en Madrid.
Europa Press / Archivo Foto autor
Alberto Betancourt Posada*
25 de octubre de 2026 00:03
María del Carmen Abascal Martín, ahora universalmente conocida como Maricarmen, estará presente de muchas maneras en la huelga general convocada en España para el 11 de noviembre. La valiente mujer que se opuso a la especulación inmobiliaria en el barrio de Retiro ahora forma parte imborrable de la historia de Madrid, de España, de Europa e incluso del mundo.
El pasado 23 de septiembre Maricarmen tenía 87 años de edad. Ese día, por orden de una magistrada, la policía la desalojó de la vivienda que había habitado durante 70 años. Llegó a ese departamento en 1957, a la edad de 17 años.
Según la información de prensa, la empresa Urbagestión le subió la renta de 500 a 2600 euros mensuales, una cifra impagable con su pensión de mil 400 euros. Las rentas han subido en España 40 por ciento en la última década; los sueldos sólo han aumentado 20 por ciento.
Desde 2023, Maricarmen decidió resistirse al desahucio; para ello, acudió al Sindicato de Inquilinos de Madrid, cuyos integrantes la cobijaron y le ayudaron a convertirse en un símbolo universal.
El número 46 de Sainz de Baranda, donde ella vivía, se convirtió en escenario de un duelo entre la dignidad humana y la “sacrosanta propiedad privada”.
En la víspera del desalojo, cientos de personas, mayoritariamente jóvenes, acudieron a solidarizarse con Maricarmen y tratar de impedir el cuarto intento de desalojo. Los muchachos le brindaron su cariño, cuestionaron la avaricia del negocio inmobiliario español y tendieron un puente intergeneracional de solidaridad. En la víspera del operativo policial se apostaron afuera de su departamento y la hicieron su abuela.
Su presencia fue un abrazo y un mensaje al mundo: “Maricarmen no está sola”.
Al lugar comenzaron a llegar inquilinos, estudiantes, artistas y defensores del derecho a la vivienda: se apostaron en la entrada del edificio de Maricarmen, saturaron las escaleras y pernoctaron afuera de la puerta de su departamento.
Acudieron artistas como Ana Belén (a cuyos pasos resuena La puerta de Alcalá), Marwán (poeta español de origen palestino) y Juan Diego Boto (dramaturgo hijo de un padre desaparecido por la dictadura argentina de Videla).
En la mañana del desalojo, los jóvenes cerraron filas para tratar de impedir que Maricarmen fuera arrojada a la calle.
“Podría ser tu abuela”, gritaron a la policía. Mantuvieron permanentemente una conducta pacífica. La policía tardó más de cuatro horas removiendo uno por uno de los estudiantes. Cuando la policía logró arribar a la puerta de su departamento, un oficial espetó: “‘Maricarmen, te habla la policía. Ábrenos, anda’. Y abrieron la puerta con una amoladora, sacaron a la calle los muebles y enseres que la sostenían y la echaron de casa” (Guillermo Hormigo y Diego Casado, “Un fondo desahucia a Maricarmen a sus 87 años, El diario 23/09/26).
Maricarmen fue bajada en una camilla.
Cientos de familias le ofrecieron su casa, pero su estado de salud la obligó a trasladarse en ambulancia al Hospital General Universitario Gregorio Marañón.
El día anterior al desalojo, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, asistió a la feria inmobiliaria The District, celebrada en Ifema, donde declaró: “Los caseros tienen cada vez más miedo… cuando no se les abandona se les persigue…(Germán Aranda y África Gelardo, “Interrumpen la visita de Isabel Ayuso a la feria The District”, El diario, 22/9/26). En un audio difundido por Carne cruda, la ultraderechista afirma: “nos hemos convertido en un polo de atracción en todo Europa, estamos en contra de intervenir los precios de la vivienda…nosotros apostamos por defender la propiedad a ultranza”.
El corazón de Maricarmen se detuvo a las 19:30 del 8 de octubre en la planta de geriatría del hospital universitario.
Su presencia será un símbolo eterno en la historia de España. Como ha señalado Adriana Flórez en “Ni Antígona ni Maricarmen tenían vergüenza” (Común, 14/9/26) esas dos figuras trascienden lo simbólico-personal porque su proyección las desborda y las vuelve incandescentes e imborrables. Antígona desobedeció una ley injusta.
Maricarmen desafió el destino de su clase, el mandato de marcharse sin chistar. Su voluntad de resistir le regaló a los jóvenes una oportunidad que supieron recibir, se solidarizaron y convirtieron lo que hubiera sido “un desahucio cualquiera”, en un acontecimiento universal. La generosidad de los muchachos (y los inquilinos de todas las edades) convirtió el portal de Maricarmen en un sitio de esperanza, le recordó al gobierno sus obligaciones y articuló el movimiento social.
Los jóvenes fueron ahí a defender la dignidad humana, la vida frente al lucro, la lógica del cuidado frente a la lógica de la ganancia. Como señala Adriana en su artículo, Maricarmen y quienes se solidarizaron con ella desafiaron la orden de destierro para la clase social que pobló originalmente ese barrio y que recibió la orden de ostracismo dictada por los especuladores. La luz de su portal brilla en todo el orbe.
La lucha de Maricarmen cosechó muchas cosas: propició una acampada general en la Puerta del Sol; derrotó a la inmobiliaria, movió a la generosidad a una generación de jóvenes españoles, suscitó un intenso debate público sobre el derecho a la vivienda, propició una nueva legislación sobre la renta, precipitó la convocatoria a elecciones generales y detonó la convocatoria a una huelga general.
Maricarmen y sus jóvenes acompañantes estremecieron a la opinión pública, suspendieron por un momento el frío de la indiferencia y encendieron la flama de la esperanza.
Doctor en historia y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM