Periódico La Jornada Viernes 7 de agosto de 2026, p. 21
Grupos armados ilegales de Colombia buscan enviar combatientes a Ucrania para adquirir entrenamiento especializado en guerra y aplicar esos conocimientos contra el ejército a su regreso. Las autoridades reportaron que estas organizaciones pretenden aprender el manejo de drones FPV, técnicas para evadir sistemas de interferencia y uso de explosivos, capacidades que podrían fortalecer a guerrillas y grupos del narcotráfico. Ante el aumento de ataques con estos artefactos, el gobierno colombiano desarrolla sistemas antidrones y endurece restricciones a la importación de esos equipos, informó The Financial Times.
Una superpotencia impotente
"Es posible que si Teherán hubiese sucumbido, el gobernante estadunidense habría lanzado a continuación una incursión militar sobre los cubanos".
Foto Cuartoscuro / archivo Foto autor
Pedro Miguel
07 de agosto de 2026 00:04
En el ámbito estratégico, Rusia sigue siendo uno de los más poderosos rivales de Estados Unidos. El otro es China, que no sólo lo es en lo estratégico sino también en todo lo demás: en los terrenos de la economía, la tecnología, las finanzas, la organización social y la cultura, el país asiático está en curso de desbancar a la superpotencia americana. Y a pesar de las afinidades siempre mutables, India apunta a ser un tercer adversario potencial, aunque no en lo inmediato. Pero, tras la fracasada guerra arancelaria contra Pekín, la bravuconería entronizada en la Casa Blanca se ha cuidado de recurrir a sus proverbiales andanadas de insolencia verbal contra esos países. La prepotencia es la otra cara de la cobardía, y tanto Trump como sus empleados tienen claro que la correlación de fuerzas no les da como para una embestida frontal ante cualquiera de esos tres, ni contra otros, más pequeños pero igualmente dotados de arsenales nucleares, como Pakistán o Corea del Norte.
De esa manera queda en evidencia, de paso, el embuste de las proclamas de Marco Rubio y compañía en contra del “comunismo” o, más gracioso aún, en contra del “terrorismo narcoislámico marxista”, la bestia quimérica que pretende aglutinar todos los cocos con los que se ha venido intoxicando desde hace décadas a importantes (aunque menguantes) sectores de la opinión pública estadunidense.
En cambio, sosegados (por ahora) los disparatados reclamos territoriales sobre Canadá y Groenlandia, la hostilidad de Washington está siendo dirigida hacia cinco naciones sobre las cuales el trumpismo calculó que podría tener victorias fáciles como la que logró en Venezuela, vía una agresión militar sangrienta y delictiva, o en Honduras y Colombia, mediante escandalosas injerencias electorales: Cuba, Irán, Brasil, España y México. Se trata, claro, de historias muy diferentes entre sí, no sólo por las contrastadas posiciones de los cinco en el tablero geopolítico internacional, sino por los antecedentes de cada una de esas naciones en sus relaciones con Estados Unidos. Ya llegará el turno de hablar de los tres últimos. Cabe centrarse por ahora en los dos primeros.
Con sistemas y orientaciones muy distintas, Cuba e Irán tienen poco en común, salvo el haber desafiado durante décadas el designio de someterlos. Desde 1959, en un caso, y desde 1979, en el otro, tanto la isla caribeña como el Estado sucesor del antiguo imperio persa, se liberaron del poder neocolonial de Estados Unidos, reivindicaron su plena soberanía y han enfrentado por ello toda suerte de agresiones militares y económicas, así como una propaganda adversa masiva y sostenida que permea en el conjunto de los medios occidentales y que ha alineado en su contra a buena parte de los aliados históricos de Washington.
Envalentonado por el éxito fácil que le significó el secuestro de Nicolás Maduro y de Cilia Flores en Caracas y el realineamiento forzado del gobierno que preside Delcy Rodríguez, Trump intentó repetirlo en Teherán, con mucha mayor bestialidad, y menos de dos meses después asesinó a buena parte de la plana mayor de la república islámica, incluido el máximo dirigente del país, el ayatola Alí Jamenei. Recurrió, además, a acciones inequívocamente terroristas, como la masacre de alumnas de una escuela que fue impactada por un misil Tomahawk. Los trumpistas calcularon que eso bastaría para provocar la caída del régimen o, cuando menos, la llegada al poder de gobernantes obsecuentes.
Fue una rotunda equivocación: el Estado iraní no sólo encajó el golpe sino que respondió cerrando el estrecho de Ormuz, destruyendo buena parte de las instalaciones militares de Washington en la península arábiga y arrastrando a su agresor a una guerra asimétrica de desgaste. Desde entonces, Trump ha estado buscando la manera de disfrazar su derrota y presentarla como victoria. Es posible que si Teherán hubiese sucumbido, el gobernante estadunidense habría lanzado a continuación una incursión militar sobre los cubanos. Pero hoy el país más poderoso del mundo –y eso lo tienen claro hasta los halcones del trumpismo que lo desgobiernan– no tiene la capacidad para sostener dos guerras en dos frentes, y menos si se trata de países con la determinación de independencia como Irán y Cuba.
En todo caso, sin guerra abierta de por medio, la capacidad cubana de resistir al bloqueo no ha resultado menos dañina para el poderío estadunidense que la iraní a los bombardeos. Porque para la autoestima de la Casa Blanca es casi inconcebible que tras décadas, años y meses de un cerco genocida y creciente contra la isla, el gobierno cubano siga empeñado en defender la soberanía y que las cubanas y los cubanos de a pie, aun viviendo las carencias más agudas, no se hayan alzado en contra de sus dirigentes. De alguna manera, a Rubio y sus secuaces la guerra económica de desgaste le salió al revés: día tras día, el que Cuba se crezca ante el castigo colectivo le avisa al mundo que la superpotencia es impotente.
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A 81 años del ataque nuclear sobre Hiroshima
▲Foto Ap y Europa Press
Ap y Europa Press
Periódico La Jornada Viernes 7 de agosto de 2026, p. 22
La primera ministra japonesa, la conservadora Sanae Takaichi, no descartó ayer variar la histórica postura antinuclear del país –contemplada en los conocidos como tres principios– según la necesidad de seguridad nacional, al cumplirse 81 años del bombardeo atómico de Estados Unidos sobre Hiroshima. El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, criticó a las grandes potencias por librar guerras e instó a que dejen de justificar la posesión de armas atómicas como método de disuasión. “Restar importancia a la inhumanidad de las armas nucleares y aceptar el uso de la fuerza para perseguir la propia prosperidad entraña el riesgo de ciclos de represalias violentas que, en última instancia, podrían desembocar en otro Hiroshima o Nagasaki”, afirmó Matsui. El bombardeo de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 destruyó la ciudad y dejó 140 mil muertos. Una segunda bomba, lanzada tres días después sobre Nagasaki, asesinó a 70 mil. Japón se rindió el 15 de agosto, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial; Estados Unidos no ha sido juzgado por esos ataques. Imagen del 6 de agosto de 1945 en Hiroshima.
Terrorismo global de Estado, militarización y recolonización de los territorios
Una mujer palestina reacciona frente a las fuerzas de seguridad israelíes que revisan la documentación de los pasajeros durante una redada militar israelí en el campamento de refugiados de Qalandia, en la Cisjordania ocupada por Israel, el 6 de agosto de 2026.
Foto Afp Foto autor
Gilberto López y Rivas
07 de agosto de 2026 00:03
La actual forma de acumulación capitalista se caracteriza por la exacerbación máxima de la violencia y las contradicciones sistémicas, que abandonan toda mediación y las formas relativamente pacíficas con las que capitalismo impuso su hegemonía.
Las guerras neocoloniales que incluyen la ocupación de países y territorios, la militarización, la criminalización de las oposiciones por la vía de las supuestas “lucha contra el terrorismo” y “guerra contra el narcotráfico”, el terrorismo de Estado global y nacional, y la violación continua y creciente de los marcos jurídicos nacionales e internacionales, son características de esta etapa del capitalismo en la que el Estado se sostiene con base en la coerción y la represión civilizatoria, una guerra generalizada contra la fuerza de trabajo, los pueblos, la ciudadanía y la sociedad civil.
Todo el andamiaje de cohesión, control, mediatización, regulación de las contradicciones sociales basadas en las conquistas de la clase trabajadora: contratos, sindicatos, prestaciones, del llamado eufemísticamente, Estado benefactor, se vienen abajo, y la explotación y dominación quedan al desnudo, repercutiendo brutalmente sobre la sobrevivencia de millones de seres humanos.
La fuerza de trabajo queda expuesta a la criminalización, persecución y agravamiento de sus condiciones laborales y de vida, a la violación de los derechos humanos elementales, particularmente de los millones de trabajadores migrantes. Se produce la exclusión de trabajadores por la automatización, la edad, el género y los orígenes étnico-nacionales. Se instala la inestabilidad laboral, trabajo precarizado, informal, desempleo masivo y la penetración del narcotráfico y el crimen organizado en los ámbitos urbano y rural.
Nos encontramos en las derivas de lo que los mayas zapatistas han denominado como tormenta que no es ni metafórica ni simbólica y que alude no a una visión apocalíptica o de vocaciones proféticas milenaristas, sino a la posibilidad real y fundada científicamente de una catástrofe de escala mundial, que Carlos Taibo denomina colapso, esto es, el hundimiento general y masivo del sistema dominante, caracterizado por reducciones sustanciales en la producción industrial; el derrumbe simultáneo y combinado de carácter financiero, comercial, político, social, cultural y ecológico, debido a sus propias contradicciones, que están teniendo lugar: el cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas, la agresión contra la biodiversidad, las condiciones sociales de pobreza, hambre, desplazamientos forzados masivos, incremento exponencial de la mortalidad por enfermedades curables, guerras por materias primas y el agua, genocidios, etnocidios, ecocidios, terrorismos de Estado, proliferación de armas nucleares, derrumbe de las mega urbes y el paso a las necrópolis, extensión de las bandas criminales.
Asimismo, se impone el terrorismo global de Estado para caracterizar la política de violencia perpetrada por aparatos estatales imperialistas en el ámbito mundial, contra pueblos y gobiernos, con el propósito de infundir terror y en violación de las normas del derecho nacional e internacional.
En el estudio y análisis del terrorismo se ha enfatizado el de grupos de todo el espectro político, obviando el papel del imperialismo estadunidense y los estados capitalistas en el establecimiento del terrorismo interno e internacional. El terrorismo global de Estado violenta los marcos de la represión “legal” y apela a métodos extrajudiciales, extensivos e intensivos para aniquilar a la oposición política y la protesta social planetaria. Recordar las 867 bases militares estadunidenses distribuidas por los cinco continentes.
Estados Unidos, como poder hegemónico, ha instaurado la barbarie como proceso devastador del género humano y la naturaleza. El terrorismo global de Estado o terrorismo trasnacional cuenta con la complicidad de la ONU, y gobiernos supuestamente democráticos, que establecen, paradójicamente, una democracia despojada de todo contenido participativo y justicia social, con violaciones permanentes a los derechos humanos, lo que viene a demostrar que históricamente capitalismo y democracia son incompatibles.
Para el caso de México, el contexto de esta trágica situación no es otro que el continuismo de la llamada Cuarta Transformación, con la extensión de sus mega proyectos y programas clientelares individualizados, que en múltiples regiones operan en clave contrainsurgente, o como la “ingeniería de conflictos” de la recolonización de los territorios, en el proceso de una visible y creciente militarización del país, la presencia y actividad permanente del crimen organizado, el otro actor armado del capitalismo que va despoblando y desposeyendo, fragmentando los tejidos comunitarios, que desgasta las resistencias, y descabeza los movimientos, recluta juventud por doquier y secuestra su futuro.




