martes, 25 de julio de 2017

Consejos supremos en tiempos neoliberales

Magdalena Gómez
El Congreso Nacional In­dígena (CNI) difundió hace tres días la denuncia del Consejo Indígena del Trueque (CIT), sobre la agresión al Tianguis del Trueque en Tianguistenco, estado de México, por parte de un grupo encabezado por un supuesto jefe supremo de Coatepec. El CIT está integrado por nahuas, tlahuicas y otomíes de la región. Asisten cada martes a intercambiar leña por alimentos de primera necesidad. En su relato se asoma la punta del iceberg del neoindigenismo, que pese a ser la versión gatopardista del tradicional, resulta necesario considerar. Más aún, ante la proximidad de un proceso electoral, el de 2018, en el que el CNI y su Consejo Indígena de Gobierno (CIG) han decidido participar, a través de su vocera María de Jesús Patricio, como candidata independiente a la Presidencia de la República.
Así, señalan en la denuncia referida: “El pasado 1° de ju­lio, ante unas 50 personas, en San Nicolás Coatepec, el alcalde de Tianguistenco, tomó protesta al ‘Consejo Municipal Indígena Plu­ricultural de Tianguistenco’, sin consultar a las comunidades, ni contar con actas de asamblea correspondientes, por lo que se agrava la situación en muchos municipios donde han puesto a ‘tlatoanis’ y ‘jefes supremos’ que responden a intereses de partidos y han causado serios conflictos en las comunidades por su desmedida ambición de poder y convertirse en títeres del sistema”.

lunes, 24 de julio de 2017

Seis meses de la agenda antinmigrante de Trump.

Antonio Gonzalez*
Seis meses después de asumir el cargo entre promesas de construir un muro fronterizo pagado por México, salir del TLCAN, deportar millones de indocumentados (80 por ciento mexicanos) y declarar ilegales las ciudades santuarios, es tiempo de volver a evaluar el avance del presidente Trump y de la mayoría republicana en el Congreso en ejecutar esta agenda xenófoba, racista y proteccionista.
Es importante hacer notar que al llegar a los 100 días muchos analistas, legisladores y líderes de organizaciones mantenían un cauteloso optimismo (pero no este autor), porque:
1. Trump parecía equivocarse en algunos de estos temas (por ejemplo, dejar en paz a los dreamers).
2. La resistencia de los movimientos de masas y partidistas parecía capaz de derrotar al menos parcialmente a los republicanos (por ejemplo, la negativa de fondos iniciales para el muro fronterizo, y las demandas legales para frenar las acciones contra las ciudades santuarios), y
3. La preocupación de Trump con otros asuntos y la incompetencia de su gobierno habían evitado ataques significativos contra los inmigrantes (por ejemplo, la fuerza de deportación, aunque recibió fondos, no se había integrado; la negociación del TLCAN por Trump permanecía inactiva).
Sin embargo, este cauteloso optimismo ha sido frustrado para cualquiera cuya mente funcione. Poco a poco ha surgido una doctrina trumpiana, cuyo principal arquitecto es probablemente Steve Bannon –el nacionalista estadunidense que es el principal consejero del presidente–, que reducida a su esencia es: en la duda, adhiérete a tu más radical promesa de campaña. Aunque es mala noticia para latinos e inmigrantes, la lógica de Trump/Bannon está orientada a mantener a las bases extremistas de Trump movilizadas para las elecciones legislativas de 2018. Y parece estar funcionando. He aquí la evidencia:

Miroslava breach: cuatro meses sin justicia.

Se cumplieron ayer cuatro meses del asesinato de Miroslava Breach Velducea, corresponsal de La Jornada en Chihuahua y colaboradora de Norte de Ciudad Juárez. En ese tiempo los autores materiales e intelectuales de su muerte han gozado de impunidad y las autoridades estatales y federales han formulado abundantes declaraciones y promesas de justicia, pero ésta no parece encontrarse cerca. Por el contrario, y como sucede con el resto de las víctimas de la violencia que padecen la entidad y el país, las probabilidades del esclarecimiento y de la sanción a los responsables se reducen conforme pasan los días, los meses y las semanas.
En cambio, desde que Miroslava fue acribillada frente a su hogar en la capital chihuahuense, otros informadores y defensores de derechos humanos han caído bajo el impacto de balas que siguen siendo anónimas a pesar de los múltiples indicios que apuntan a la acción de grupos de la delincuencia organizada empeñados en silenciar voces que pueden afectar sus intereses. Tales son los casos, entre otros, de a luchadora por los desaparecidos Miriam Elizabeth Rodríguez, quien fue asesinada a tiros en su casa de San Fernando, Tamaulipas, el pasado 10 de mayo, y de Javier Valdez Cárdenas, corresponsal de es-te diario en Culiacán, en donde fue ejecutado cinco días después, presuntamente por documentar la actividad de organizaciones delictivas en Sinaloa.
Han resultado inútiles, hasta ahora, los mecanismos y las instancias creadas por el poder político para evitar o cuando menos investigar crímenes como los referidos; ha quedado desatendido el clamor social en demanda de justicia y en repudio a tales muertes y a su cauda de impunidad; de poco han valido los señalamientos internacionales –como los formulados por el representante en México de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), Jan Jarab, y el relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), Edison Lanza– sobre la extrema vulnerabilidad de periodistas y defensores de derechos humanos en el México actual.
Ciertamente, en materia de homicidios y desapariciones forzadas la prevalencia de la impunidad viene arrastrándose de años atrás y se consolidó y multiplicó a partir de la guerra declarada por el gobierno anterior contra el narcotráfico, y en esa circunstancia pareciera que la atrocidad del asesinato y, peor aún, la del asesinato sin castigo, parecieran caminar hacia la normalización, la costumbre y parte del panorama cotidiano.

Educación y simulación

Bernardo Bátiz V.
No es fácil saber cuál de las dos reformas estructurales, la energética o la educativa, ha causado más daño; una arrebata bienes materiales que manejados con honradez podrían servir para que la población tuviera lo necesario para vivir con lo suficiente y hasta con cierta holgura, la otra arrebata el futuro, condenando a niños y jóvenes a la dependencia, la falta de preparación, el conformismo y la sumisión.
La SEP simula grandes avances en programas mediáticos en los que gasta millones de pesos y mientras el titular aparece varias veces a la semana en televisión y en las primeras páginas de los periódicos rodeado de niños, el pueblo de México, en esta materia, se enfrenta a un futuro nebuloso y equívoco. Inútilmente se trata de convencer a la opinión pública de que esta reforma, la de Peña Nieto y Nuño, será la panacea para que en un futuro siempre impreciso, estemos todos al cien en educación y seamos competitivos.
Lo cierto es que no hay bases para confiar en esos alardes de optimismo futurista y la verdad se abre paso por dos caminos; uno, la resistencia de la CNTE que no se rinde y procura informar la verdad a la población y otro, menos conocido y más oculto, que es la experiencia directa de alumnos y padres de familia que viven día a día la realidad y perciben que vamos hacia un futuro dependiente del exterior y a una mediocridad generalizada. Estamos ante un fracaso; lo que debe ser una verdadera educación, formadora de niños y jóvenes informados cabalmente de su entorno, conocedores de su historia y ubicados en el mundo que los rodea, alumnos formados con valores del espíritu y convicciones de solidaridad y amor a la patria no se ve por parte alguna y la pretendida reforma ni informa ni menos forma a los estudiantes

Los excluidos de la Tierra y la violencia.

Víctor Flores Olea
Hoy, ver un programa de información por televisión significa de antemano estar dispuestos a observar la desolación y la muerte que impera en grandes porciones de nuestro planeta. Seguramente existe la proclividad a presentar un mundo destruido, incluso por los más bajos motivos mercantiles, pero más allá de la mentalidad coincidente en lo macabro y trágico, es un hecho que existe en nuestro mundo una prolijidad mucho mayor (tal vez que nunca) a que existan tales situaciones de violencia y de sangre, pero también de una moralidad capaz de saltarse todas las trabas.
Hay, pues, al menos dos factores que se juntan y se refuerzan con otros igualmente siniestros: la violencia que impera en tantos lugares de la Tierra y la voluntad también de muchos hombres de llevar y llegar a sus últimas consecuencias en materia de violencia y crueldad con el prójimo. Pero, si lo observamos con un poco de detenimiento y calma, nos daremos cuenta fácilmente de que estos desplazados y excluidos de la Tierra es porque ya han vivido y recibido la violencia en sus más variadas formas, que está en el origen de su situación.
Por supuesto que existen causas de este espectáculo desastroso, las más variadas: derrotados políticos que lo pagan con la expulsión de sus tierras y patria, grupos y a veces partidos completos de la oposición que también se ven forzados a abandonar sus territorios de lucha, no pueden excluirse tampoco las víctimas de desastres naturales que los obligan a dejar sus lugares de origen para buscar otros asentamientos, y así podríamos continuar casi indefinidamente, hasta sumar más de mil millones de hombres y mujeres sin tierra y a veces sin patria.
Para muchos esta figura (nada retórica) de los incluidos y los excluidos es el equivalente en nuestros días de la lucha de clases, al menos de la existencia de dos sectores de la humanidad en que unos reciben todos los bienes y privilegios de su condición en tanto que el resto apenas recibe las sobras para seguir (mal) subsistiendo y trabajando. La situación es una de las más escandalosas de la historia humana. Pero debemos aclarar que, por muchas razones, no se reproduce entre incluidos y excluidos la lucha de clases en que pensó Marx.

domingo, 23 de julio de 2017

Nuevo sistema penal, otro chivo expiatorio.

Arturo Alcalde Justiniani
En lugar de asumir una actitud autocrítica por el sensible crecimiento de la criminalidad y por no haber hecho la tarea, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, altos funcionarios del gobierno federal y algunos gobernadores de los estados han optado por culpar al nuevo sistema penal oral de las deficiencias en la prevención y persecución de los delitos. Peor aún: algunos de ellos promueven el miedo entre la sociedad y generan desconfianza al sistema de justicia para ostentarse como salvadores y así obtener popularidad. Lo curioso es que estos gobernantes critican el sistema acusatorio como si las reglas anteriores fueran mejores. Por ello, es necesario voltear atrás y detenernos a pensar cómo era el sistema que nos ha costado tanto reformar.
Muchos de nosotros sabemos lo tortuoso que era antes el sistema penal en México, partiendo de las dificultades para presentar una denuncia, la ausencia de investigación y la lentitud de los procesos. La averiguación previa solía ser una larga incógnita para el o la ciudadana común. En caso de los juicios, éstos eran lentos, entrampados por el burocratismo, cuyo rostro evidente eran los alteros de expedientes. Así mismo, se sacrificaba la presunción de inocencia que nos garantizaba a todos el derecho a ser considerados inocentes hasta que se demuestre que somos culpables, también se fue soslayando el debido proceso que lleva implícito la garantía de ser escuchados, poder defendernos y aportar pruebas en nuestro favor.
Otra de las características del viejo sistema era que con gran facilidad los acusados de un delito debían esperar el resultado de su juicio en prisión preventiva, lo que implica ser recluidos en cárceles de auténtico horror, sobrepobladas y generalmente controladas por mafias de internos. Quien ha tenido la desgracia de ingresar a estos lugares, paga desde un principio el costo de la acusación, aunque luego salgan con el clásico usted perdone. No importa que haya sufrido daños irreparables para su persona y su familia, la pérdida de su trabajo y de su imagen pública, ya que difícilmente se quitará de encima el estigma de estuvo en la cárcel. Es obvio que suele tratarse de gente pobre y sin contactos, porque los ricos difícilmente padecen este drama.