Maciek Wisniewski
31 de octubre de 2026 00:02
1. Si bien ha sido a partir de las reflexiones de Aimé Césaire (véase parte I, shorturl.ly/QO1u4) que se acuñó la noción del llamado “búmeran imperial/colonial” −la tesis defendida, entre otros, por Michel Foucault, según la cual los gobiernos que desarrollan técnicas represivas en territorios coloniales eventualmente acaban implementándolas a nivel nacional contra sus propios ciudadanos−, en el francés original Césaire hablaba de un “choc en retour”, o sea, un “choque inverso” o un “contragolpe” (Discurso sobre el colonialismo, 1950, páginas 10 y 17)
2. La primera en realidad que empleó aquel término fue −inspirada por su escrito− Hannah Arendt. Coincidiendo con Césaire en que el totalitarismo en Europa y el racismo en las colonias eran dos caras de la misma moneda, en Los orígenes del totalitarismo (1951) escribió sobre un “efecto búmeran” para explicar cómo imperialismo y/o colonialismo europeo hicieron posibles el totalitarismo y el genocidio “en casa” (páginas 206 y 223), presentándolos como precursores de la violencia y del genocidio nazi (E. Traverso, The Origins of Nazi Violence, 2003, páginas 1-20 y 149-153).
3. Aunque según Arendt existía un vínculo directo entre la violencia y la racionalidad de la gestión europea en el mundo colonial y los movimientos fascistas de la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial (página 185) −y en efecto había conexiones históricas y hasta personales, por ejemplo, entre el genocidio alemán de los herero y nama en lo que hoy es Namibia (1904-1908) o las masacres coloniales italianas en Libia (1911) y el surgimiento de los movimientos fascistas−, este vínculo permaneció por mucho tiempo ignorado por la historiografía dominante como factor de formación del fascismo.
4. Esto no quiere decir que su propio modelo explicativo esté libre de problemas. Del mismo modo que algunos estudiosos criticaron la reconstrucción arendtiana del auge del fascismo que no se debía −tal como sostenía ella− a la “atomización” ni al “colapso” de la sociedad civil (páginas 313-316), sino a su ebullición e hiperorganización posguerra (shorturl.ly/m1QNj), su modelo del “búmeran” resulta igualmente problemático.
5. Si bien Arendt distinguió entre el imperialismo ultramarino y el continental, no especificó cuándo y en qué actuó cada uno en la formación del totalitarismo, pasando por alto el hecho de que en el imperialismo continental no hacía falta −y no necesariamente hubo− ningún “retorno colonial”. Además de que, siguiendo su agenda política, dejó a los fascismos en Italia o España… fuera del marco totalitario (shorturl.ly/TyMFf). Esto la dejó sin poder explicar −igual que al propio Césaire y a buena parte de la tradición intelectual anticolonial− los casos de imperialismos sin fascismos significativos o fascismos fuertes sin colonialismo.
6. Así, no sólo conviene separar analíticamente al colonialismo y al imperialismo (shorturl.ly/GKskF), sino cambiar la variable: lo que parece más haber impactado en la formación del fascismo no ha sido el estatus colonial −para que las colonias pudieran luego, supuestamente, “exportar” su modelo a la metrópoli−, sino el imperial. Los que “produjeron” fascismos fuertes no fueron los imperios “cumplidos” como Gran Bretaña o Francia, sino los derrotados (Alemania, Hungría, etcétera) o frustrados (Italia), y que jugaban un “catch-up” con las potencias dominantes. Y el flujo trasnacional de ideas (aquí también entra Rumania) era mucho más horizontal −del modo de cómo, por ejemplo, los nazis trataban de emular a Gran Bretaña o a Estados Unidos como “modelos” para su dominio en el Este− que vertical.
7. El colonialismo en este contexto se vislumbra como un “repertorio” y una “condición de posibilidad”, no una causa suficiente. El giro de Alberto Toscano es sintomático. Después de haber estado insistiendo hasta hace poco en una versión estándar de la narrativa de “colonialismo como arquetipo de fascismo” −y extendiendo incluso el modelo a las cuestiones de la esclavitud y de la raza en general (Late Fascism: Race, Capitalism and the Politics of Crisis, 2023, páginas 38-39)−, este autor pasó a advertir que si bien la noción del “búmeran” resulta útil, “también simplifica en exceso la génesis y la circulación de la violencia colonial y fascista” (shorturl.ly/QUmsW).
8. El auge del fascismo en esta óptica se entiende más como una reacción radicalizada de potencias que llegaron tarde al “reparto imperial” y de la circulación multinivel, trasnacional y transimperial de ideas, que una cuestión de “exportación/ importación” que, por más crítica que suene, oscurece estos procesos, estira peligrosamente los conceptos y borra las particularidades tanto del propio colonialismo, como del fascismo como una respuesta específica a una crisis particular europea de entreguerras (Gramsci).
9. Mirando desde otro ángulo, una de las razones para oscurecer los vínculos entre el fascismo y el colonialismo −como bien apunta Enzo Traverso− ha sido el cambio en los patrones de la memoria en las últimas décadas, así como el “divorcio” del antifascismo del anticolonialismo, el “vínculo político” que, de hecho, explica también buena parte de la insistencia de los autores como Césaire o Fanon en presentarlos como interconectados, sin ningún matiz.
10. Hoy en día no sólo la relación y la causalidad entre el colonialismo y la formación histórica del fascismo tienen que ser repensadas, sino también hay que pensar nuevamente en una relación mejor articulada entre el anticolonialismo y el antifascismo, rota por la imposición de un modelo de la memoria del Holocausto, un “dispositivo ideológico” que acabó sirviendo como un escudo de la “misión civilizadora occidental” y un proceso que −a la luz del genocidio en Gaza− “acabó teniendo consecuencias aterradoras” (shorturl.ly/ohi4o).
EU: facilitador de impunidad
Autoridades de Estados Unidos detuvieron ayer en Miami a Inés Gómez Mont, prófuga desde 2021 y acusada en México de delincuencia organizada, defraudación fiscal y lavado de dinero por una red de empresas fantasmas que habría movido unos 3 mil millones de pesos en contratos del sistema penitenciario federal. La Fiscalía General de la República atribuyó la captura al intercambio de información con Washington, aunque no se ha precisado si obedece a una petición de extradición o a su situación migratoria. El arresto ocurre un mes después de que Interpol cancelara la ficha roja contra ella y su esposo, Víctor Manuel Álvarez Puga, cuya defensa alegó persecución política. La presidenta Claudia Sheinbaum los llamó “factureros reconocidos” y anunció que México pediría restablecer la alerta.
Nada garantiza que esta detención desemboque en una entrega. Álvarez Puga fue arrestado por el ICE en septiembre de 2025 y, lejos de ser enviado a México, obtuvo libertad bajo fianza con un localizador, mientras Washington rechazaba su detención provisional con fines de extradición porque los delitos imputados no son violentos. No es un caso aislado: entre enero de 2018 y mayo de 2026 México formuló 269 requerimientos de extradición a su vecino y éste no ha entregado a una sola persona; 36 fueron negados y el resto sigue en el limbo. Entre los reclamados figuran el ex gobernador de Tamaulipas Francisco García Cabeza de Vaca, implicados en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y operadores del huachicol fiscal.
Esta negativa sistemática exhibe la hipocresía de Washington. Mientras libera, protege o mantiene fuera del alcance de la justicia a prófugos de alto perfil, el presidente Donald Trump repite sin pruebas que los cárteles gobiernan México –lo dijo en mayo, lo reiteró ante la Asamblea General de la ONU en septiembre y volvió a decirlo hace dos semanas–, exige que este país haga más contra los cárteles y amaga con operaciones militares en territorio nacional. La misma administración que reclama la entrega inmediata de funcionarios mexicanos pidió información adicional en 47 de las 50 solicitudes de detención provisional presentadas por México, y convierte su suelo en refugio de evasores, lavadores y saqueadores del erario.
México, en cambio, trabaja con hechos. Del 1º de octubre de 2024 al 30 de septiembre de 2026, el gabinete de seguridad detuvo a 70 mil 500 personas, aseguró 36 mil 300 armas y 569 toneladas de droga –la Marina, por sí sola, había decomisado cerca de 77 toneladas de cocaína hasta junio– y desmanteló casi tres mil laboratorios clandestinos, mientras el promedio diario de homicidios dolosos cayó 52 por ciento. Desde 2019 el país ha extraditado a Estados Unidos a centenares de personas, a las que se suman 92 capos de alto perfil enviados en tres traslados masivos, entre ellos Rafael Caro Quintero y Vicente Carrillo Fuentes, El Viceroy. Ante estas cifras, lo mínimo que cabe exigir a Washington es reciprocidad, empezando por la entrega de Gómez Mont y Álvarez Puga, para que respondan ante la justicia.
Cuauhtémoc y el inicio
Fabrizio Mejía Madrid
–Pero, ¿cómo vamos a apoyar a un priísta?– nos preguntábamos en marzo de 1988.
–No lo miren a él –nos regañó el profesor Axel Didriksson en Las Islas de la UNAM–, vean a la gente.
Y la vimos. En Taxco y Chilpancingo los campesinos de manta y huaraches cargando en las espaldas retratos del general Lázaro Cárdenas, llevando veladoras al oscurecer, vitoreando a la soberanía nacional. Un recuerdo: el tizne de las veladoras en el vidrio del retrato daba cuenta de los años de derrotas. Mientras avanzaba el movimiento en La Laguna, en Chilpancingo, en Tlapa y Metlatónoc, Chalco y Ecatepec, el reclamo se fue haciendo por la democracia y el ímpetu, por la victoria electoral. Para el 26 de mayo, coreamos consignas para Cuauhtémoc en la explanada de Ciudad Universitaria, seguros de lo que habíamos visto en la gente. Era el cardenismo, no importaba si el general o su hijo Cuauhtémoc. Ahí seguía esa revolución que no era la del PRI, sino la popular. Esto parecía una victoria inminente sobre el Partido Único, pensamos todos, pero apenas era el comienzo.
El inicio político para Cuauhtémoc Cárdenas fue el movimiento que protestó contra el golpe de Estado de la CIA en Guatemala en 1954. Lo condujo su padre, junto a Vicente Lombardo Toledano y el general Heriberto Jara, y acogió en la Ciudad de México al depuesto presidente Jacobo Arbenz. Rápidamente, el Partido Acción Nacional de Gómez Morín, la Iglesia católica, y los empresarios protestaron por dejar entrar al “comunista” guatemalteco que había osado repartir entre los campesinos pobres las tierras que la United Fruit Company mantenía ociosas para evitar que otros competidores invadieran su monopolio platanero. Tanto el secretario de Estado de EU, como el director de la CIA, eran accionistas de la bananera. Armaron a los militares locales y derrocaron al gobierno electo. En cuanto llegó el exilio guatemalteco a refugiarse de los militares a la embajada mexicana, el dirigente de los empresarios de la Ciudad de México, Honorato Carrasco, se expresó así de Arbenz: “No queremos que México se convierta en el basurero de la humanidad”.
Cuatro muchachos se unieron a la Sociedad de Amigos de la Guatemala que comenzaron las manifestaciones por el restablecimiento de la democracia en ese país: José Emilio Pacheco, de 15 años y todavía en la secundaria; Carlos Monsiváis de 16, en la Escuela Nacional Preparatoria y Sergio Pitol, de 21, ya inscrito en Derecho de la UNAM. El cuarto fue Cuauhtémoc Cárdenas, estudiante de Ingeniería, que se unió a ellos para volantear. Juntos verían, no sólo la imposibilidad de que Arbenz regresara a gobernar, sino cómo siguieron los golpes de Estado orquestados por la CIA en América Latina.
Monsiváis escribió su primera crónica sobre esa manifestación a favor de Arbenz el 2 de julio de 1954, en la que Frida Kahlo en silla de ruedas, fue acompañada por Diego Rivera y Juan O´Gorman. La mayoría del pueblo mexicano que apoyaba la democracia en Guatemala olía a literatura nacional: el poeta José Gorostiza fue el subsecretario de Relaciones Exteriores que tuvo que responderle a la CIA el memorándum que le ordenaba a México “expulsar” a los recién asilados, y nuestro secretario de Relaciones Exteriores, Luis Padilla Nervo, era el sobrino del poeta Amado. Pacheco y Monsiváis participaron en la huelga de hambre de los estudiantes afuera de San Ildefonso para llamar la atención de la prensa sobre el derrocamiento de Arbenz. Mucho tiempo después, Monsiváis bromeó cuando le preguntamos por el episodio:
–Benita Galeana llegó en la noche con una bolsa de conchas y ahí terminó mi compromiso.
Cuauhtémoc y Pitol, desde Ciudad Universitaria, formaron el comité de apoyo a Guatemala junto con Luis Prieto, Leonel Durán, y Rodolfo Stavenhagen.
Pero si uno ve los inicios, ahí, en ese 1954, ya estaba el germen de lo que vendría: el cardenismo no era el PRI. Su jefe máximo del momento, Adolfo Ruiz Cortines, no llevó la protesta de México hasta el límite y sólo se abstuvo de votar en la condena que Estados Unidos le hizo a Jacobo Arbenz en la X Conferencia Interamericana de Caracas tres meses antes del golpe de Estado. En ella los gringos tildaron al gobierno democrático de servir a los intereses de la Unión Soviética en el continente americano: “Por nuestra seguridad nacional, no podemos permitir un gobierno comunista entre el canal de Panamá y Texas”.
Gómez Morín, dirigente del PAN, alertó en su órgano de difusión, La Nación, de que había “células comunistas” en la UNAM y en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Gabriel Leyva, presidente del PRI, declaró a la prensa: “El partido repudia el comunismo y cualquier otro totalitarismo que pugne con la ideología de la Revolución mexicana”. El propio presidente Ruiz Cortines financió una organización que se oponía a la de los muchachos del verano de 1954 y de Lázaro Cárdenas, la Sociedad Pro-Liberación de Guatemala. El diario El Universal publicó una editorial donde aseguró que los más de trescientos arbencistas asilados en la embajada mexicana, “no eran refugiados sino delincuentes”, justo el mismo argumento que usaría la CIA en el memorándum, meses después. El gobierno de México acabó reconociendo al gobierno de facto de Carlos Castillo Armas tan pronto como el 13 de julio de 1954. Ruiz Cortines aceptó entregar al nuevo gobierno militar a 30 guatemaltecos exiliados en México para que fueran “juzgados”.
En un mensaje al presidente Eisenhower, el embajador en México, Francis White, elogió los “elementos estables” de la sociedad mexicana –las cámaras empresariales, el PAN, y los banqueros– como definitorios en la posición final de Ruiz Cortines: “Los conservadores fueron mucho más poderosos que los chantajes de la izquierda”.
Desde ese momento, el cardenismo fue la ruptura del siglo XX en México. Lo sería unos años después en apoyo a la Revolución cubana cuando el propio Lázaro Cárdenas fundó, al lado de personajes como Enrique González Pedrero y Heberto Castillo, el Movimiento de Liberación Nacional en 1961. Cuauhtémoc fue electo como encargado de asuntos juveniles a sus 27 años. Pero el MLN desapareció por la insistencia de Lombardo Toledano en apoyar a Gustavo Díaz Ordaz como candidato presidencial, usando a su partido, el PPS, en alianza con el PRI. Lombardo se equivocó en su cálculo antimperialista: el diazordacismo solidificó a la derecha dentro del Estado mexicano y persiguió y masacró a la izquierda.
El cardenismo volvió como la base popular de una cultura política que no era priísta. No era socialista ni obedecía a los manuales que tildaban algo como esto a una revolución burguesa o –peor– el bonapartismo de los campesinos allá en Francia por 1852, ni mucho menos lo que decían los priístas y los medios ya en la cargada por Salinas de Gortari: el México premoderno. El cardenismo, que estuvo en la base popular del poder revolucionario, se había fugado hacia afuera del PRI. Era antimperialista, soberano, y agrarista. Era justo lo que veíamos en 1988, casi tan jóvenes como Monsi, José Emilio, y Pitol en 1954. Y Cuauhtémoc ahora encabezaba lo que resultaría un nuevo inicio.
Descanse en paz el ingeniero Cárdenas.
Réquiem por un gran mexicano
José M. Murià
¡Se llamó, a mucha honra, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano! Fue uno de los mejores mexicanos que en el mundo han sido. Tuve el gran privilegio de tratar varias veces con él, las más en su casa particular allá en Lomas de Chapultepec, donde tenía un austero despacho, aunque también tuve la oportunidad de participar con él en varias actividades llevadas a cabo lo mismo en tierras capitalinas que de Jalisco y, particularmente, de Guadalajara.
La última vez que lo vi, hace poco más de un año, lo acompañé cuando su presencia motivó que casi se llenara lo que había sido el tapatío cine Variedades, obviamente más por el prestigio de él, que es mucho, que por el mío. Lamenté asimismo, sobremanera, que no me encontrara en Guadalajara la última vez que vino.
Nunca le conté el hecho de que estuve los tres años correspondientes en la misma escuela secundaria que él, aunque, claro, con más de un sexenio de diferencia...
Lo que sí recuerdo con claridad de ese tiempo es lo bien que de él nos hablaba, de manera recurrente, el profesor de matemáticas que él también había tenido, al que llamábamos con mucho cariño Mister Campitos. Ello, a pesar de que los números tampoco eran el fuerte de Cuauhtémoc Cárdenas y, de igual manera del suscrito.
Siempre que coincidimos él y yo nos tratamos con mucha deferencia y afecto, síntoma evidente de que, de no ser por la distancia, seguramente hubiéramos consolidado una muy buena amistad. Pero, de cualquier manera, la simpatía era explícita y creciente.
Temas de conversación y de interés no faltaron. Sin embargo, como una suerte de imagen transparente, la presencia de quien fuera quizás el mejor presidente de la República que hemos tenido brilló siempre por su ausencia, aunque los idearios políticos de Cuauhtémoc fuesen muy parecidos precisamente a los de don Lázaro y, a pesar de mi importancia mínima, también a los míos... Seguramente por ello la amistad entre ambos fue muy pronta.
Cuauhtémoc heredó la seriedad de su padre, pero tenía también sus propias cualidades y, asimismo puede decirse que lo equiparaba en talento, aunque las circunstancias que les tocaron a ambos fueran radicalmente diferentes. Pero bien puede decirse que este Cárdenas también hubiera podido ser un gobernante muy bueno, especialmente si se toman en cuenta algunos de los que hemos tenido posteriormente del propio partido y, sobre todo, de otros.
Sale sobrando hablar de los muchos, muchísimos méritos de Cuauhtémoc Cárdenas. Podríamos decir que los encontramos en una enorme cantidad de gestiones de, quien como él, tocó muchas flautas y todas ellas las supo aprovechar más que bien.
Asimismo, tenemos que considerar que su longevidad –92 años sobrados– le dieron la posibilidad de hacer sentir su benéfica presencia en muchos ámbitos, algunos de importancia singular, lo que da por resultado que sea mayúsculo el valor de su existencia.
Al pensar y revisar lo que se ha escrito en estos días sobre él, ha dado por resultado que lo valore más aun de lo que lo hice en vida, pues han salido a la luz actividades de las que no tenía noticia ni imaginaba siquiera.
No cabe duda de que podemos decir de él que es uno de los “mejores mexicanos que en el mundo han sido”, lo cual hace que crezca sobremanera el orgullo por haber gozado de una cierta amistad.
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ Los ex presidentes del Instituto Nacional Electoral Guadalupe Taddei Zavala (2023-2026) y su antecesor en el cargo, Lorenzo Córdova Vianello (2014-2023), momentos antes de la ceremonia de toma de protesta a la primera, en la sesión del Consejo General efectuada el 3 de abril de 2023.Foto Luis Castillo
Lo de Guadalupe Taddei y su pandilla es una vergüenza, pero no la única, de acuerdo con las revelaciones que, ante comisiones de la Cámara de Diputados, han hecho la Auditoría Superior de la Federación (ASF), a cargo de Aureliano Hernández Palacios, y el propio titular –hasta ahora calladito– del Órgano Interno de Control (OIC) del Instituto Nacional Electoral, Víctor Carvente Contreras. Y, en resumen, la de por sí putrefacta estructura del “garante de la democracia” no se limita al periodo de la sonorense, sino que involucra, cuando menos, al ex consejero presidente Lorenzo Córdova.
La ASF ha documentado que “tan sólo dos grupos empresariales acumularon casi 9 mil millones de pesos en operaciones con el INE y los organismos públicos locales electorales (OPLE), entre 2014 y 2026, en transacciones que registran diversas irregularidades”, y en consecuencia se inició “una investigación de oficio respecto de irregularidades relacionadas con el Instituto Nacional Electoral”, los citados organismos, “las empresas, proveedores y personas servidoras públicas que pudieran estar relacionadas con los hechos”, sin olvidar a las factureras. Un cochinero, pues.
El auditor Hernández Palacios detalló: “A través de diversos requerimientos de información, estamos realizando un estudio pormenorizado para identificar los orígenes de estas conductas, desde los primeros años en los que se establecen operaciones relacionadas con los organismos electorales y estos mismos grupos empresariales, con la finalidad de combatir la corrupción enquistada en menoscabo de los recursos asignados a estas importantes funciones; con el apoyo de las recientes reformas legales, la ASF realizó diversos trabajos de inteligencia que le permitieron identificar que dos grupos empresariales acumularon operaciones por 8 mil 870.3 millones de pesos con diversas entidades públicas entre 2014 y 2026”.
De este monto, “3 mil 790.3 millones de pesos correspondieron a organismos electorales locales; en los análisis de inteligencia que dan motivo a nuestra investigación, identificamos redes de vínculos entre ambos grupos y funcionarios, así como conexiones entre personas servidoras públicas y distintas empresas”.
Destapada la cloaca de la ex consejera presidenta Taddei, Lorenzo Córdova de inmediato salió a gritar “¡al ladrón, al ladrón!”, en su intento por concentrar la lupa en el periodo de la sonorense, cuando en realidad él y su respectiva pandilla también aparecen en los enjuagues de los dos grupos empresariales denunciados por la ASF (estuvo al frente del INE de 2014 a 2023 y siempre se sirvió con la cuchara grande), por mucho que cacaree que él salió “limpio de las auditorías”. Habrá que ver quién las hizo.
Y por lo que toca al hasta ahora silencioso (¿silenciado?) titular del OIC del INE, la revelación (que al parecer guardaba bajo 20 llaves) indica que tanto en el instituto como en los OPLE los contratos de abastecimiento de material para comicios “han sido controlados únicamente por cinco empresas (Cajas Graf, Formas Finas y Materiales, Corporativo Zeg, Comercializadora JVLY y Seriplast de México), vinculadas entre sí y simulando competencia, que concentran ganancias por 2 mil 461 millones de pesos, en lo que representa un problema histórico y estructural”. La mayor tajada se la llevaron José Alfredo Hernández Casillas, el “favorito” de Taddei, y algunos más.
Algo más dijo Carvente Contreras: esas empresas “actúan como una maquinaria que opera el andamiaje de colusión, con un patrón de simulación de competencias que ha inflado los precios artificialmente hasta en 88 veces sólo entre 2021 y 2024 (léase en los tiempos de Lorenzo Córdova y Guadalupe Taddei); es todo un andamiaje de colusión de oferentes; actúan como oligopolio, porque tienen capacidad de fijar los precios en el abasto de materiales electorales” tanto para el INE como para los OPLE. Además, “los representantes legales de este oligopolio participan de manera cruzada en las cinco firmas”.
Y como cápsula de memoria, la presidenta Sheinbaum aporta: “¿Y quién nombró a los OPLE? Lorenzo Córdova y compañía”, el que rápidamente salió a gritar “¡al ladrón, al ladrón!”
Las rebanadas del pastel
No tiene remedio la nada creativa derecha autóctona: una vez más saca a orear a una de las fichas neoliberales más quemadas, el “demócrata” Ernesto Zedillo. Y el coro, como siempre, a cargo de los nostálgicos de los “apapachos” Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze y este míster Fobaproa desde el Miami europeo en que han convertido a Madrid, paraíso de los fachos “mexicanos” con la protección de la impresentable Isabel Díaz Ayuso y el Partido Popular.
X: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
