martes, 4 de agosto de 2026

México SA

Trump cae en picada // Rechazo: 68 por ciento // Sus títeres, desplomados
Carlos Fernández-Vega
▲ Jóvenes protestan en las inmediaciones de la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México contra el examen de control.Foto Luis Castillo
En un año, seis meses y pocos días de su segundo arribo a la Casa Blanca, Donald Trump ha destrozado prácticamente todo, tanto en Estados Unidos como en el resto de la comunidad de naciones: aterroriza al mundo, destroza las relaciones internacionales y la diplomacia, mete la mano en todas partes, para lo cual se ha dedicado a financiar candidatos de ultraderecha y compra gobiernos (ejemplos sobran); cobra millones de vidas con sus “guerras resueltas”, gasta millonadas en sus operaciones militares, agrede a terceros países, lleva a cabo una despiadada cacería de migrantes, la economía gringa es un desastre, despedaza la seguridad social de los estadunidenses, hace pingües negocios con los recursos públicos y lo que se acumule. El magnate naranja es como el caballo de Atila, pero tras su interminable cadena de barbaridades todavía cree que políticamente le saldría gratis. Pero es tan grande su ego que ni siquiera esto registra.
Obviamente no, porque se ha ganado el desprecio de prácticamente todo el mundo (salvo sus títeres como, entre otros, Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; José Antonio Kast, de Chile; Rodrigo Paz Pereira, de Bolivia; Santiago Peña Palacios, de Paraguay; Nayib Bukele, de El Salvador; Nasry Asfura, de Honduras, y el próximo “presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, todos en el poder gracias a su descarada intervención electoral y el financiamiento de sus campañas).
A estas alturas, todas las mediciones sobre el índice de aceptación de Trump resultan negativas. Por ejemplo, entre lo más reciente: The New York Times reveló que, “apenas entre 32 y 34 por ciento de los estadunidenses lo aprueban, un nuevo mínimo histórico para un mandatario de Estados Unidos en su segundo gobierno, afectado por el estancamiento de la guerra con Irán y el alza en los precios de la gasolina, y que podría tener repercusiones en las elecciones legislativas de noviembre” ( La Jornada).
En tanto, la cadena de televisión CNN dio a conocer que su más reciente encuesta –efectuada hace pocos días– el resultado en nada favorece al magnate naranja: “la aprobación de Trump fue de 34 por ciento”, que “se reduce a 33 por ciento en otro sondeo de AP-NORC y a 32 en nuevos datos difundidos por la Universidad de Quinnipiac. Además, sólo 39 por ciento de los estadunidenses aprueban su política migratoria y la mitad considera que ha ido demasiado lejos con las deportaciones, de acuerdo con el Centro de Investigación de Asuntos Públicos AP-NORC”. Tales mediciones afectaron el ego del inquilino de la Casa Blanca, quien negó los citados porcentajes y escribió en redes sociales: “mis cifras reales en las encuestas son las más altas que he tenido” (ídem).
Vale mencionar que la caída de Trump es apenas mayor a la registrada, 52 años atrás, por Richard Nixon (23-24 por ciento), quien terminó renunciando a la presidencia de Estados Unidos por el escándalo Watergate y “otros detalles”. Fue el primer mandatario gringo que dimitió al cargo. Entonces, si esas “cifras reales son las más altas que he tenido”, según dice, pues le falta muy poco para estar por debajo de aquel viejo político.
Semanas atrás, el Pew Research Center divulgó el resultado de su más reciente sondeo, cuyos resultados tampoco fueron del agrado de Trump: 77 por ciento de los encuestados en 36 naciones se pronunciaron en contra del magnate, con respuestas “a menudo abrumadoramente negativas; sólo 23 por ciento expresaron confianza en su liderazgo en los asuntos mundiales; en general, la percepción de Estados Unidos también es mayoritariamente negativa”.
Y, ¿cómo les va a los títeres de Trump en América Latina? También se desploman. A dos años y pico de “gobierno”, Javier Milei registra un rechazo de 65 por ciento de los argentinos; con sólo nueve meses de “presidente” de Bolivia, Rodrigo Paz tiene 52 por ciento de repulsa social; José Antonio Kast, con menos de 150 días en el Palacio de la Moneda, está en la lista negra de 66 por ciento de los chilenos; al exportador de plátanos con polvo blanco, al impresentable Daniel Noboa, lo repudian 76 por ciento de los ecuatorianos, y así por el estilo. Y Delcy Rodríguez no baila mal los joropos: en siete meses como “encargada” de la tienda, 76 por ciento de los venezolanos de plano no la toleran.
Las rebanadas del pastel
El rector Leonardo Lomelí nunca fue un rector popular, pero le ha salido carísimo –aún más a la UNAM– su “chiste” del examen de admisión en línea, más la comisión técnica para repetirlo de forma presencial y, sobre todo, los 101 millones de pesos pagados (vía adjudicación directa) a Territorium Life.
Twitter: @cafevega   cfvmexico_sa@hotmail.com

El magnate rechaza encuestas y dice tener cifras reales
Reuters
Periódico La Jornada   Martes 4 de agosto de 2026, p. 21
El presidente Donald Trump rechazó ayer las cifras publicadas por medios que le otorgan una aprobación de 32 a 34 por ciento de los estadunidenses a su gestión, y afirmó que sus “cifras reales”, sin aclarar a cuáles se refería, son las mejores de su historia gracias a los mayores recortes de impuestos, el empleo, la inversión extranjera, la frontera segura y la “victoria” en Venezuela, entre otros logros.
El mandatario acusó a los sondeos de la “izquierda radical” de ser corruptos y deshonestos, e instó a votar por los republicanos en las elecciones intermedias de noviembre próximo.
Otra encuesta de Reuters/Ipsos recién dada a conocer arrojó que la tasa de aprobación de Trump cayó de 37 por ciento el mes pasado a 35 por ciento, y reveló que los estadunidenses señalaron a los demócratas por encima de los republicanos como mejores administradores de la economía, por primera vez en casi una década.

Continúan en Ceuta más de 3 mil marroquíes; los refugios, al tope
Armando G. Tejeda   Corresponsal
Periódico La Jornada  Martes 4 de agosto de 2026, p. 22
Madrid. Entre 3 mil y 5 mil migrantes, de los más de 50 mil que ingresaron a Ceuta desde Marruecos a nado o por la frontera tras derribar una valla el jueves, continuaban ayer en la ciudad española, en medio del acoso policial, militar y vecinal para que regresen a su país, informó el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas.
Autoridades de Ceuta acondicionaron dos instalaciones para resguardar a 860 menores migrantes recién llegados a territorio español, pues su capacidad estructural de acogida real es para 29 y se prevé que la cifra llegue a más de mil.
Ante este escenario, y debido a que España tiene la obligación legal de darles un lugar donde vivir de forma digna hasta que finalice su expediente de regularización y sean mayores de edad, los menores no tutelados serán reubicados en otras ciudades autónomas.
De igual forma, el Centro de Estancia Temporal de Migrantes en Ceuta está colapsado, con más de mil residentes sobrepasando su capacidad de 512 plazas, por lo que se prevé que en los próximos días se iniciará un trámite de asilo para las personas que lo ameriten y también serán trasladadas a otras comunidades.
En tanto, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, defendió la soberanía de España sobre sus dos ciudades autónomas ubicadas en África.
“Que Ceuta y Melilla son parte de la integridad territorial de España es incuestionable”, enfatizó Albares, de acuerdo con Afp.
El ministro agradeció que “desde el primer momento, Marruecos ofreció su colaboración para impedir ese flujo (de migrantes) y sobre todo para que retornaran inmediatamente”.
Cifras oficiales señalan que 48 mil 300 personas volvieron de forma voluntaria a su país.
Al ser consultado sobre la posible responsabilidad de autoridades marroquíes en la migración masiva a Ceuta del jueves pasado, el ministro Albares indicó que “es un hecho inédito y es muy difícil. Habrá que analizar cómo ha podido suceder”.
También criticó la postura de algunos países europeos por la crisis migratoria y afirmó que “hubo una sincronización de la internacional reaccionaria, que con mucha rapidez salió a amplificar lo que estaba ocurriendo y a difundir mentiras y noticias falsas”.

Ceuta es el síntoma, no la crisis
Jay Naidoo*
Hoy día hay mucho debate en torno a la inmigración. En el contexto de que casi 49 mil migrantes cruzaron de Marruecos hacia el enclave español de Ceuta en un solo día, una oleada sin precedente que ha puesto las causas de fondo de la migración en la agenda de la humanidad.
Con demasiada frecuencia, sin embargo, al hablar de la gente que llega a nuestras fronteras evitamos la pregunta más profunda:
¿Por qué dejan sus hogares?
Yo condeno la xenofobia dondequiera que aparezca.
Sea que se dirija a los migrantes en Europa o a nuestros semejantes africanos en Sudáfrica, el miedo y el odio no son políticas. Son síntomas de sociedades que luchan contra la inseguridad, la desigualdad y la falta de cohesión social.
Sin embargo, no basta con condenar la xenofobia.
Debemos preguntar por qué la vida en el lugar de origen se ha vuelto tan imposible que las personas están dispuestas a cruzar desiertos, confiar su vida a traficantes y arriesgarse a morir ahogadas en el mar.
Nadie abandona por voluntad propia a su familia, su idioma, su cultura y su patria a menos que algo fundamental se haya destrozado.
Lo que ocurre en África no puede desvincularse de la historia.
El legado de esclavitud, colonialismo, la Conferencia de Berlín, la conquista imperial y la extracción de la riqueza de África contribuyeron a dar forma a una economía global que enriqueció imperios, a la vez que dejaba a muchas sociedades africanas con instituciones frágiles y profundas desigualdades.
La historia importa, pero no es suficiente. Debemos hacernos preguntas difíciles sobre nosotros mismos.
¿Qué han hecho o dejado de hacer las élites políticas y económicas de África que empujan a millones de nuestros ciudadanos a buscar dignidad en otras regiones?
¿Por qué tantos jóvenes africanos creen que su futuro está en Europa, en el golfo Pérsico o incluso en otras partes de África, más que en el país donde nacieron?
La corrupción.
La captura del Estado.
El conflicto.
Instituciones débiles.
La erosión del liderazgo ético.
Éstas son fallas que no podemos seguir pasando por alto.
Europa no puede escapar de sus responsabilidades históricas.
África no puede escapar de sus responsabilidades actuales.
Ambas verdades pueden coexistir.
Sin embargo, debajo de ambas yace una pregunta aún más profunda.
¿Qué clase de sistema económico hemos construido?
Sin duda, el modelo dominante de capitalismo ha creado extraordinaria innovación y prosperidad. Sin embargo, también ha concentrado inmensa riqueza e influencia en manos de relativamente pocas personas, mientras muchas comunidades en el mundo experimentan creciente desigualdad, inseguridad y exclusión. En tanto la tecnología y la inteligencia artificial aceleran el cambio, muchos se preguntan si nuestras instituciones económicas se mantienen al paso de las consecuencias sociales.
Por lo tanto, el debate al que nos enfrentamos es mucho más amplio que la inmigración.
Se refiere a si el orden económico global aún sirve a la humanidad. Alrededor del mundo hemos visto ya dos respuestas en conflicto. Una tiende hacia el miedo, el nacionalismo, la exclusión y las políticas autoritarias.
La otra se pregunta si necesitamos repensar cómo compartir la riqueza, la oportunidad y el poder de modo que la economía, una vez más, sirva a la gente, a las comunidades y a la Tierra viva.
La migración no es la enfermedad.
Es uno de los síntomas más claros de sistemas bajo tensión.
Los mismos síntomas que han contribuido a la destrucción de la ecología, al ensanchamiento de las desigualdades, a la creciente desconfianza en las instituciones y a la erosión de la cohesión social.
Atravesamos una convergencia de crisis.
Una crisis ecológica.
Una crisis de gobernabilidad.
Una crisis de desigualdad.
Una crisis de pertenencia.
Y, quizás, encima de todo, una crisis de liderazgo ético.
Sin embargo, hay otra crisis que recibe mucho menos atención.
Una crisis espiritual.
Nos hemos vuelto notablemente exitosos en preguntar qué podemos construir, producir y consumir, a la vez que olvidamos preguntarnos en quién nos estamos convirtiendo.
El ruido a nuestro alrededor es cada vez más intenso.
La violencia se profundiza.
La verdad es oscurecida por el engaño.
El discurso público se polariza cada vez más.
Las instituciones pierden legitimidad.
Las comunidades se fragmentan.
Muchos experimentan no sólo la inseguridad material, sino una profunda pérdida de sentido y de pertenencia.
Tal vez éstos no son simplemente signos de colapso.
Tal vez son los dolores de parto de un despertar.
La historia nos enseña que a menudo los periodos de gran perturbación obligan a la humanidad a confrontar las ilusiones sobre las cuales se construyen los viejos sistemas. Al revelarse las falsedades, se nos invita –tanto individual como colectivamente– a caminar a través del fuego de la división sin permitir que el odio, el miedo o la desesperación nos consuman.
El verdadero desafío no es sólo reconstruir nuestras economías o reformar nuestras políticas, también es recuperar nuestra humanidad.
La pregunta ya no es simplemente cómo evitar que las personas crucen las fronteras.
La verdadera pregunta es cómo creamos sociedades en las que las personas no se sientan compelidas a dejar su hogar, porque en el lugar donde nacieron habrá dignidad, oportunidad y esperanza. Esa conversación nos incumbe a todos.
Porque los sistemas que nos trajeron hasta aquí muestran signos de estar llegando al límite.
El futuro no será asegurado por altas murallas.
Tampoco por consignas.
Dependerá de si la humanidad tiene el valor de imaginar un orden económico y político que ponga en el centro la dignidad humana, la justicia, el equilibrio ecológico y nuestra humanidad compartida.
Pero ni siquiera eso será suficiente si no viene acompañado de un despertar más profundo.
Con el tiempo, toda civilización enfrenta un momento en el que debe preguntarse no sólo cómo debe organizarse, sino por qué existe.
Tal vez las preguntas definitorias de nuestro tiempo ya no sean económicas o políticas.
Son profundamente humanas.
¿Quiénes somos?
¿Qué significa ser humanos?
Nuestras respuestas a esas preguntas determinarán no sólo el futuro de la migración, la democracia y la economía global.
Determinarán el futuro de la civilización misma.
*Jay Naidoo fue secretario general del Congreso de Uniones Comerciales Sudafricanas durante la lucha por la libertad de Sudáfrica, y más tarde ministro en el gabinete de Nelson Mandela.
Traducción: Jorge Anaya

Noboa militariza Quito con 4 mil efectivos en zonas de alto riesgo
Denuncian perfilamiento racial en políticas de seguridad
Orlando Pérez   Especial para La Jornada
Periódico La Jornada  Martes 4 de agosto de 2026, p. 24
Los acuerdos de seguridad con Estados Unidos siguen su curso dentro de los programas acordados por los gobiernos de Daniel Noboa y Donald Trump, para lo cual ahora impulsan un proceso de militarización de la capital ecuatoriana con la presencia de alrededor de cuatro mil uniformados en las zonas consideradas de alto riesgo.
Según la resolución gubernamental del llamado Plan de Protección de Quito, las muertes violentas en el Distrito Metropolitano superan las 136 en lo que va del año. En la versión oficial, la mayoría de los casos estaría relacionada con la violencia criminal y, en algunos hechos sangrientos, las víctimas habrían sido asesinadas en otros sectores antes de abandonar sus cuerpos en zonas periféricas.
La estrategia de Noboa ha sido en los últimos dos años desplegar las fuerzas policiales y militares en las llamadas “zonas rojas”, pero los resultados han sido negativos porque los grupos criminales se desplazan de los lugares a donde llegan las tanquetas y los comandos operativos, pasan a actuar en otras ciudades y provincias, en lo que los expertos llaman el clásico “juego del gato y el ratón”. Incluso, hace dos semanas el jefe del Comando Sur, general Francis Donovan, hizo inspecciones personalmente en algunas provincias costeras del Ecuador sobre las operaciones de seguridad.
A pesar de las críticas de organizaciones de defensa de los derechos humanos por los excesos cometidos por los militares, ahora el gobierno reforzará la seguridad durante el ingreso y salida de escuelas, colegios, universidades y espacios de congestión urbana alrededor de los centros laborales o de presencia de empleados públicos, así como en las horas de apertura y cierre de negocios. Al parecer, con el estado de excepción vigente, también se realizarán operativos sorpresa en las estaciones del Metro de Quito, paradas de buses, mercados, bancos, cooperativas, centros comerciales y barrios específicos.
Los operativos se concentrarán principalmente en dos franjas horarias: entre las 4 y 11 horas y entre las 17 y las 2 horas. Los operativos también llegarán al Centro Histórico de Quito, un punto de alta concentración de personas y de turistas, sobre todo en esta época veraniega en Ecuador. Para todo ello, según el boletín oficial del gobierno, el nuevo plan también incorpora 100 vehículos mecanizados y 20 drones, para ampliar la capacidad de respuesta de las fuerzas del orden para combatir a las estructuras criminales.
La abogada Diana León, en varias entrevistas ha denunciado el perfilamiento racial y los impactos de las políticas de seguridad en la población afrodescendiente, por lo cual junto a varias organizaciones de defensa de los derechos humanos expondrá distintos casos en organismos mundiales para exigir que Ecuador reconozca el racismo institucional. El caso más dramático y violento ocurrió en diciembre de 2024 cuando cuatro niños afroecuatorianos fueron detenidos en su barrio, llevados a una zona militar y luego asesinados, desmembrados y arrojados al río. El proceso judicial determinó responsabilidad de las autoridades militares y en 16 miembros de la Fuerza Área, que serían sentenciados a más de 30 años de prisión, pero el juicio está detenido.