lunes, 2 de febrero de 2026

El nuevo desconcierto mundial.

José Murat
El planeta vive tiempos nuevos, inimaginables aun para los expertos en geopolítica mundical y estudios de prospectiva internacional. El equilibrio bipolar de la posguerra, tenso pero estable y predecible, ha quedado sepultado. También el mundo multilateral, posterior a la caída del Muro de Berlín –un mundo de varios bloques autocontenidos, con un árbitro legítimo y relativamente eficaz– está diluido, si bien no formalmente desaparecido. Hoy lo que rige es la ley del más fuerte.
En ese marco se han dado violaciones a la soberanía territorial de otros países, y ahora, con aranceles unilaterales y selectivos, se cierra y agudiza más el bloqueo económico a Cuba, con lo que se complicará aún más la calidad de vida y la sobrevivencia misma de ese país del caribe latinoamericano.
El denominador común del nuevo desconcierto mundial es que el entramado de principios, leyes e instituciones creadas por la comunidad de naciones en 1945, luego de una conflagración que cegó más de 80 millones de vidas, de manera directa e indirecta, ha perdido vigencia.
Para empezar, el nuevo orden internacional se gestó con la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 24 de octubre de 1945, apenas 52 días después del fin formal de la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de su creación fue mantener la paz y la seguridad internacionales, promover los derechos humanos y fomentar el desarrollo. Esencialmente, prevenir conflictos futuros, conflagraciones regionales o mundiales.
Para alcanzar ese objetivo, la fórmula era el diálogo entre las naciones, su disposición a buscar esquemas de entendimiento y solución, al amparo de la ONU. Aunque no siempre pudieron evitarse los conflictos regionales, las guerras en varios puntos del orbe, siempre se buscó hacer prevalecer los principios y normas del derecho internacional.
En particular, el artículo 2.4 de la carta de la ONU, que textualmente prescribe: “Los miembros de la organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de Naciones Unidas”.
Hoy esa norma fundamental ha perdido toda fuerza vinculatoria. Las potencias militares reclaman territorios y ponen el pie en otros países con el único, llano y desnudo argumento de la fuerza: intervienen porque fácticamente pueden hacerlo. La voluntad personal y la moral individual son el único criterio y freno.
Otro cambio esencial en la nueva geopolítica es la pérdida de vigencia, en los crudos hechos, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, emitida el 10 de diciembre de 1948, otro producto portentoso emanado de los acuerdos de la posguerra. Sobre todo, el artículo 2: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.”
Ha perdido vigencia ese importante instrumento internacional, de facto, porque nuevamente los poderosos han reivindicado el derecho de conquista, de tutela, de “civilización”, de otros pueblos y naciones, con el argumento llano de que éstos no pueden gobernarse a sí mismos y no saben explotar y administrar sus propios recursos.
Ha perdido vigencia ese instrumento también porque nunca tanto, como ahora, se había discriminado a los migrantes en las metrópolis económicas, persiguiéndolos, hostilizándolos, y negándoles derechos sociales fundamentales, como educación y salud, igualdad de derechos laborales con la población local, y hasta vulnerando su derecho humano al debido proceso en sus procesos sumarios de deportación.
Son metrópolis y países que deben en buena medida la fortaleza y prosperidad de sus economías, incluida la primera economía mundial, a la contribución de los trabajadores migrantes como palanca de sus cadenas productivas y generación de valor agregado; contribuciones en plusvalía, impuestos y consumo.
También ha perdido vigencia un paradigma cardenal de la posguerra, el libre mercado y la cooperación de las naciones para resolver sus eventuales controversias. Con todas sus limitaciones y contrahechuras, el libre mercado había sido por décadas, desde la segunda mitad del siglo XX, un esquema de suma positiva, en el que todos ganaban, si bien de manera asimétrica, pues ganaban más los países más fuertes, como lo hemos señalado en distintos foros.
Hoy vivimos una guerra comercial, en donde los más fuertes reclaman más posiciones de poder, mercado y plusvalía, con los aranceles como uno de sus instrumentos de presión.
En suma, en los ámbitos militar, político y económico, vivimos un nuevo orden mundial o más propiamente un desorden mundial, cuyas principales premisas ya no son el derecho internacional, la multilateralidad, la igualdad jurídica de las naciones, la solución pacífica de las controversias, la no intervención, sino la ley del más fuerte.
Es un orden en gestación, no un edificio institucional consolidado, por lo que la comunidad de naciones, potencias medias y países emergentes también tendrían que hacer valer su voz y su derecho, de manera colegiada.

Liberan a Liam, de 5 años, y a su padre; fueron arrestados por ICE
Denuncia juez persecución gubernamental
Reiteran autoridades que no detuvieron al menor // De origen latino, agentes que mataron a Pretti
▲ Adrián Conejo y su hijo (izquierda), originarios de Ecuador, en una fotografía tomada por el congresista Joaquin Castro, en el centro para migrantes en Texas donde estuvieron retenidos. A la derecha, homenaje de integrantes de pueblos originarios a las víctimas mortales de agentes federales en Mineápolis.Foto Ap
Ap y Afp
Periódico La Jornada  Lunes 2 de febrero de 2026, p. 21
Mineápolis. El niño Liam Conejo Ramos, de cinco años, y su padre, quienes fueron detenidos por agentes de inmigración en Minesota y retenidos en un centro del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Dilley, Texas, fueron liberados tras la orden de un juez y regresaron a su estado, informó la oficina del congresista texano, Joaquin Castro.
El niño y su padre, Adrián Conejo Arias, originario de Ecuador, fueron arrestados en un suburbio de Mineápolis el 20 de enero. Posteriormente, fueron trasladados a un centro de detención de migrantes en Dilley, Texas.
Katherine Schneider, portavoz del congresista demócrata, confirmó que ambos llegaron a casa. Detalló que Castro los recogió en Dilley el sábado por la noche y los escoltó este domingo a Minesota. “No nos detendremos hasta que todas las familias y niños estén de vuelta en sus hogares”, aseguró.
En un comunicado, Tricia McLaughlin, secretaria asistente del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), señaló que el ICE no persiguió a Liam Conejo Ramos ni lo arrestó. Agregó que su “presunta madre” se negó a llevárselo tras la detención de su padre. Aseveró que Conejo Arias declaró a los agentes que quería que el pequeño estuviera con él.
“El gobierno del presidente Donald Trump está comprometido a restaurar el estado de derecho y el sentido común en nuestro sistema de inmigración y continuará luchando por el arresto, detención y deportación de extranjeros que no tienen derecho a estar en este país”, sostuvo McLaughlin.
El gobierno afirmó que el padre del niño ingresó a Estados Unidos sin autorización legal proveniente de Ecuador en diciembre de 2024. El abogado de la familia indicó que el hombre tiene una solicitud de asilo pendiente que le permite permanecer en el país.
Imágenes del niño pequeño vestido con un gorro de conejo y que cargaba una mochila de Spiderman, rodeado de agentes de inmigración, provocaron indignación ante las redadas en Mineápolis por la administración Trump.
En su orden de liberación, el juez federal Fred Biery criticó al gobierno federal al afirmar: “el caso tiene su origen en la mal concebida e incompetentemente implementada persecución gubernamental de cuotas diarias de deportación, aparentemente incluso si requiere traumatizar a los niños.
“También parece que el gobierno ignora un documento histórico estadunidense llamado Declaración de Independencia”, escribió el juez de Texas nombrado por un presidente demócrata.
Vecinos y funcionarios escolares afirmaron que los agentes federales de inmigración usaron al niño de prescolar como “carnada” al decirle que llamara a la puerta de su casa para que su madre respondiera. El DHS calificó esa descripción de “mentira absoluta”. Aseveró que el padre huyó a pie y dejó al niño en un vehículo en marcha en su entrada.
Castro escribió una carta a Liam cuando estaban en el avión hacia Minesota, en la que le dijo al menor que ha “movido el mundo.
“Tu familia, escuela y muchos extraños rezaron por ti y ofrecieron lo que pudieron para verte de regreso en casa”, escribió Castro. Una foto de la carta fue publicada en redes sociales. “No dejes que nadie te diga que este no es tu hogar. Estados Unidos se convirtió en la nación más poderosa y próspera del mundo gracias a los inmigrantes, no a pesar de ellos”.
Fotos en las redes sociales de Castro mostraron a Liam con su gorro azul de conejo y una mochila de Pikachu.
Durante el internamiento del padre y el menor, Castro los visitó y denunció en su cuenta de X que Liam se encontraba en condiciones deplorables, sin comer y con vómito.
La senadora estadunidense Amy Klobuchar, demócrata de Minesota, dio la bienvenida al niño y afimó en una publicación en redes sociales que él “debería estar en la escuela y con su familia, no en detención”. La senadora agregó: “Ahora el ICE necesita irse”.
La congresista estadunidense Ilhan Omar, también demócrata de Minesota, publicó una foto en redes sociales de ella con Liam, su padre y Castro en la que sostiene la mochila de Spiderman de Liam.
En este contexto, Propublica informó que los dos agentes federales de inmigración, sospechosos de disparar y matar al manifestante de Mineápolis, el enfermero Alex Pretti, han sido identificados en los registros gubernamentales como el oficial de la Patrulla Fronteriza Jesús Ochoa y el integrante de Aduanas y Protección Fronteriza Raymundo Gutiérrez.

Familia mexicana en Mineápolis, prisionera en su casa
Afp
Periódico La Jornada Lunes 2 de febrero de 2026, p. 21
Mineápolis. Ana, Carlos y su hijo Luis, de origen mexicano, llevan encerrados en su casa de Mineápolis dos meses, desde que agentes federales comenzaron las redadas para detener a inmigrantes por orden del presidente Donald Trump.
Las cortinas de la casa de esta familia permanecen cerradas todo el día y la puerta está reforzada con una barra de metal.
Llegaron a esta ciudad del norte de Estados Unidos hace más de una década, pero en las semanas recientes su sueño americano se convirtió en una pesadilla.
Mineápolis se ha vuelto el epicentro del descontento de la sociedad contra las política de Trump, sobre todo después de que dos agentes de migración mataran a tiros a dos manifestantes.
“Es inhumano vivir así, como prisionero en tu propia casa”, declaró Ana a Afp, bajo un seudónimo, al igual que su marido y su hijo.
Esta madre de 47 años tiene cuatro hijos. Luis se queda encerrado con ella porque nació en México.Los otros tres son estadunidenses de nacimiento, pero se preocupa mucho cada vez que salen de casa.
“Siempre tengo miedo de que, aunque son ciudadanos, sabemos que ya no respetan y que sólo por el color de su piel se los pueden llevar”, expresó con voz temblorosa.
Los hijos saben que deben enviar un mensaje antes de volver a casa o de lo contrario no se les abrirá la puerta cuando llamen.
A sus 15 años, Luis ansía poder ir y venir como lo hacen sus hermanos y hermanas, y sueña con asistir al restaurante de comida rápida que hay al final de la calle.
Luis atiende sus clases desde casa. Después se entretiene con videojuegos, a veces cinco horas al día. “Es lo único que me hace olvidar lo que pasa”, murmura.
La familia ha gastado en casi tres años 11 mil dólares en abogados para tramitar los visados.
Los padres tienen permiso de trabajo, pero ya no los protege del arresto y deportación.
Ana se resigna a la idea de volver a México. “Lo único que me detiene son los sueños de mis hijos”.