El secretario de Estado de EU niega que hayan cometido una invasión
▲ En las capitales de los estados, venezolanos de la guardia bolivariana hacen rondines.Foto Ap
Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Lunes 5 de enero de 2026, p. 4
▲ Sectores sociales expresaron su respaldo al presidente Nicolás Maduro.Foto Ap
Washington y Nueva York., El mandatario Donald Trump habló con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para reiterar su demanda de que el gobierno de Caracas entregue el control sobre la industria petrolera del país, pero por ahora Estados Unidos se limita a un cambio de régimen parcial en la república bolivariana y no hay tropas estadunidenses ocupando a esa nación.
El jefe de la Casa Blanca insistió la noche de este domingo que Estados Unidos “está a cargo” de dirigir Venezuela. Pero su secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que Washington espera coaccionar al gobierno chavista existente a cumplir con sus demandas bajo amenaza de uso de fuerza contra sus integrantes, un embargo sobre exportaciones petroleras y la posibilidad de una segunda ola de ataques militares por parte de la flota desplegada en el Caribe en caso de que las demandas estadunidenses no sean atendidas.
“Acceso total. Necesitamos acceso al petróleo y otras cosas en su país”, declaró el mandatario estadunidense en comentarios a la prensa en su avión. Agregó que “vamos a dirigir todo, componerlo, y tener elecciones en el momento adecuado”. Subrayó que Venezuela está “en nuestra área, la Doctrina Monroe”.
Narrativas confusas en Washington
Las narrativas cambiantes y proclamaciones confusas del gobierno en Washington durante las pasadas 48 horas reflejan en parte las tensiones, tanto dentro de la propia administración de Trump como también por las corrientes que forman su base de apoyo político. Junto con los autoelogios de la hazaña militar estadunidense que logró el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, las explicaciones cambiantes sobre los objetivos de Washington en el operativo podrían reflejar una campaña de guerra sicológica contra los gobernantes de Venezuela para obtener su cooperación sin tener que recurrir de nuevo al uso de la fuerza militar.
También podrían ser parte de la pugna interna dentro de la Casa Blanca sobre cuáles son los próximos pasos, ya que algunos analistas opinan que no se ha elaborado una estrategia después de Maduro.
“Esto no fue una invasión. No ocupamos un país. Se trató de una operación de arresto”, comentó Rubio en entrevista con ABC News. Poco después, con NBC News, resaltó que “no tenemos fuerzas estadunidenses en el terreno en Venezuela”. También rechazó repetidamente comparaciones de esta acción bélica con la ocupación de Irak y Afganistán en un esfuerzo para confrontar acusaciones de figuras en el movimiento conservador de que Estados Unidos está en otra ocupación de largo plazo, algo que Trump prometió no hacer durante su campaña.
“Nuestro hemisferio”
Pero el gobierno estadunidense sí tiene la intención explícita de controlar no sólo a Venezuela, sino toda América. “Este es nuestro hemisferio”, fue la cabeza de un boletín de prensa emitido por la Casa Blanca este domingo, que citaba declaraciones de Rubio.
“Este es el hemisferio occidental. Es donde vivimos y no vamos a permitir que sea base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos”.
Pero Trump, en una entrevista publicada esta mañana en la revista The Atlantic, advirtió que si la nueva mandataria venezolana no cumple con sus demandas, “ella va a pagar un muy alto precio, tal vez mayor al de Maduro”.
Rubio, en su entrevista con ABC News, tuvo un tono más optimista. “Estamos esperanzados de que hay gente ya colocada, eso lo veremos, se comprobará en lo que hacen o fallan de hacer, que empezarán a realizar algunos de los cambios que al final llevarán a una Venezuela que se ve sustancial y dramáticamente diferente de lo que ha sido durante 15 años”. Repitió una serie de afirmaciones no comprobadas sobre el flujo de drogas del país sudamericano a Estados Unidos y la presencia de “adversarios” presentes en esa nación como Hezbollah e Irán.
Opiniones disidentes
Sin embargo, las demandas exactas de Trump siguen poco claras, tal vez porque diferentes facciones dentro de su gobierno tienen objetivos diferentes. Ha repetido su meta de ganar control sobre el petróleo venezolano y hasta usarlo para ayudarle en abordar el déficit presupuestario de su país.
Pero algunos conservadores han expresado opiniones disidentes. “No es petróleo estadunidense. Es venezolano”, escribió el diputado ultraderechista Thomas Massie en un tuit. Agregó, correctamente, que “empresas petroleras (estadunidenses) entraron a acuerdos riesgosos y fueron cancelados por un gobierno venezolano anterior”. Añadió que soldados estadunidenses no deben arriesgar sus vidas para beneficiar a empresas de Estados Unidos.
Para confundir aún más la situación, Rubio comentó a NBC News que “no necesitamos el crudo de Venezuela. Tenemos mucho en Estados Unidos. Lo que no vamos a permitir es que la industria petrolera en Venezuela sea controlada por adversarios”, una posición algo diferente a la de su jefe.
Aseveró que no se puede aceptar que “Venezuela se vuelva un eje de operaciones para Irán, Rusia, Hezbollah, China o agentes de inteligencia cubanos que controlan ese país. Eso no puede continuar”.
Aunque públicamente apoya la posición del presidente, en privado el secretario de Estado está entre los que argumentan que se debe poner fin a lo que queda del chavismo, según algunas versiones. Sin embargo, ofrece una explicación pragmática para no proceder con un cambio de régimen total. “Tiene que haber un poco de realismo aquí”, comentó a CBS News.
“Ellos han tenido el sistema del chavismo durante 15 o 16 años, y todos preguntan por qué 24 horas después de que Maduro fue arrestado no hay una elección programada para mañana. Hay un proceso”.
Intervención en otros países
Por su parte, Trump ha buscado explicar su posición sobre su acción contra Venezuela en entrevistas con varios medios, pero frecuentemente sólo ha nutrido la confusión. Por ejemplo, el sábado indicó que Estados Unidos necesita mantener control y dominio sobre el hemisferio occidental, pero este domingo sugirió que el dominio sobre Venezuela no sólo se limitaba a una actualización de la Doctrina Monroe.
“En la entrevista, expresó que la decisión de secuestrar al presidente venezolano no fue tomada sólo por geografía”, explicó el reportero Michael Scherer, de la revista The Atlantic después de su entrevista telefónica con el mandatario. Citó a Trump declarando que “no es el hemisferio. Es el país. Son las naciones individuales”.
Para ilustrar, Trump mencionó que Estados Unidos podría intervenir en otros países, pero no mencionó a ningún otro en el hemisferio occidental, sino a Groenlandia.
“Acceso total. Necesitamos acceso al petróleo y otras cosas en su país”, declaró el mandatario estadunidense en comentarios a la prensa en su avión. Agregó que “vamos a dirigir todo, componerlo, y tener elecciones en el momento adecuado”. Subrayó que Venezuela está “en nuestra área, la Doctrina Monroe”.
Narrativas confusas en Washington
Las narrativas cambiantes y proclamaciones confusas del gobierno en Washington durante las pasadas 48 horas reflejan en parte las tensiones, tanto dentro de la propia administración de Trump como también por las corrientes que forman su base de apoyo político. Junto con los autoelogios de la hazaña militar estadunidense que logró el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, las explicaciones cambiantes sobre los objetivos de Washington en el operativo podrían reflejar una campaña de guerra sicológica contra los gobernantes de Venezuela para obtener su cooperación sin tener que recurrir de nuevo al uso de la fuerza militar.
También podrían ser parte de la pugna interna dentro de la Casa Blanca sobre cuáles son los próximos pasos, ya que algunos analistas opinan que no se ha elaborado una estrategia después de Maduro.
“Esto no fue una invasión. No ocupamos un país. Se trató de una operación de arresto”, comentó Rubio en entrevista con ABC News. Poco después, con NBC News, resaltó que “no tenemos fuerzas estadunidenses en el terreno en Venezuela”. También rechazó repetidamente comparaciones de esta acción bélica con la ocupación de Irak y Afganistán en un esfuerzo para confrontar acusaciones de figuras en el movimiento conservador de que Estados Unidos está en otra ocupación de largo plazo, algo que Trump prometió no hacer durante su campaña.
“Nuestro hemisferio”
Pero el gobierno estadunidense sí tiene la intención explícita de controlar no sólo a Venezuela, sino toda América. “Este es nuestro hemisferio”, fue la cabeza de un boletín de prensa emitido por la Casa Blanca este domingo, que citaba declaraciones de Rubio.
“Este es el hemisferio occidental. Es donde vivimos y no vamos a permitir que sea base de operaciones para adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos”.
Pero Trump, en una entrevista publicada esta mañana en la revista The Atlantic, advirtió que si la nueva mandataria venezolana no cumple con sus demandas, “ella va a pagar un muy alto precio, tal vez mayor al de Maduro”.
Rubio, en su entrevista con ABC News, tuvo un tono más optimista. “Estamos esperanzados de que hay gente ya colocada, eso lo veremos, se comprobará en lo que hacen o fallan de hacer, que empezarán a realizar algunos de los cambios que al final llevarán a una Venezuela que se ve sustancial y dramáticamente diferente de lo que ha sido durante 15 años”. Repitió una serie de afirmaciones no comprobadas sobre el flujo de drogas del país sudamericano a Estados Unidos y la presencia de “adversarios” presentes en esa nación como Hezbollah e Irán.
Opiniones disidentes
Sin embargo, las demandas exactas de Trump siguen poco claras, tal vez porque diferentes facciones dentro de su gobierno tienen objetivos diferentes. Ha repetido su meta de ganar control sobre el petróleo venezolano y hasta usarlo para ayudarle en abordar el déficit presupuestario de su país.
Pero algunos conservadores han expresado opiniones disidentes. “No es petróleo estadunidense. Es venezolano”, escribió el diputado ultraderechista Thomas Massie en un tuit. Agregó, correctamente, que “empresas petroleras (estadunidenses) entraron a acuerdos riesgosos y fueron cancelados por un gobierno venezolano anterior”. Añadió que soldados estadunidenses no deben arriesgar sus vidas para beneficiar a empresas de Estados Unidos.
Para confundir aún más la situación, Rubio comentó a NBC News que “no necesitamos el crudo de Venezuela. Tenemos mucho en Estados Unidos. Lo que no vamos a permitir es que la industria petrolera en Venezuela sea controlada por adversarios”, una posición algo diferente a la de su jefe.
Aseveró que no se puede aceptar que “Venezuela se vuelva un eje de operaciones para Irán, Rusia, Hezbollah, China o agentes de inteligencia cubanos que controlan ese país. Eso no puede continuar”.
Aunque públicamente apoya la posición del presidente, en privado el secretario de Estado está entre los que argumentan que se debe poner fin a lo que queda del chavismo, según algunas versiones. Sin embargo, ofrece una explicación pragmática para no proceder con un cambio de régimen total. “Tiene que haber un poco de realismo aquí”, comentó a CBS News.
“Ellos han tenido el sistema del chavismo durante 15 o 16 años, y todos preguntan por qué 24 horas después de que Maduro fue arrestado no hay una elección programada para mañana. Hay un proceso”.
Intervención en otros países
Por su parte, Trump ha buscado explicar su posición sobre su acción contra Venezuela en entrevistas con varios medios, pero frecuentemente sólo ha nutrido la confusión. Por ejemplo, el sábado indicó que Estados Unidos necesita mantener control y dominio sobre el hemisferio occidental, pero este domingo sugirió que el dominio sobre Venezuela no sólo se limitaba a una actualización de la Doctrina Monroe.
“En la entrevista, expresó que la decisión de secuestrar al presidente venezolano no fue tomada sólo por geografía”, explicó el reportero Michael Scherer, de la revista The Atlantic después de su entrevista telefónica con el mandatario. Citó a Trump declarando que “no es el hemisferio. Es el país. Son las naciones individuales”.
Para ilustrar, Trump mencionó que Estados Unidos podría intervenir en otros países, pero no mencionó a ningún otro en el hemisferio occidental, sino a Groenlandia.
American curios
David Brooks
▲ La plana mayor que ordenó el ataque a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro: Trump, acompañado por Pete Hegseth, secretario de Defensa; el director de la CIA, John Ratcliffe, y al fondo Marco Rubio, secretario de Estado.Foto Casa Blanca/Ap
La escena de la conferencia de prensa del comandante en jefe horas después del operativo contra Venezuela fue como copia mediocre de El Padrino, con el padrino rodeado de sus consiglieri del gabinete y asesores explicando qué tan “espectacular” fue su hazaña gansteril de ingresar al territorio ajeno, secuestrar a un desobediente y a su esposa, y ver el operativo ilegal todo en vivo, como si fuera un gran videojuego. Éstos fueron los que ordenaron a jóvenes militares estadunidenses que atacaran y mataran a gente de otro país y derramar sangre (incluso la suya) para tomar el petróleo.
Recuerda una escena extraordinaria de la película Hamburger Hill, basada en una historia real durante la guerra de Vietnam, donde un reportero pregunta a un joven soldado estadunidense en el campo de batalla qué mensaje mandaría a la gente a 50 años en el futuro y responde: “que no envíen a sus hijos a acabar lo que inician los políticos”.
Todos saben que la intervención fue ilegal y que se llama otra cosa. El profesor de leyes y experto constitucional David Cole, de la Universidad de Columbia, escribe en The New York Review que la invasión no es aplicación de la ley tal como argumenta el gobierno, sino que viola las leyes nacionales e internacionales, concluyendo que “es imperialismo, puro y sencillo”.
Lo que el mundo acaba de atestiguar no es nada novedoso, más allá de algunos detalles de la operación, sino una intervención más del “país más violento del mundo durante los últimos 50 años”, tal como lo califica el reconocido analista Jeffrey Sachs, recordando decenas de intervenciones e invasiones militares desde fines de la Segunda Guerra Mundial (según un proyecto de la Universidad de Tufts, van más de 200 (https://sites.tufts.edu/css/?page_id=1582).
Más aún, Estados Unidos mantiene una red de mas 750 bases militares en unos 80 países –ninguna nación en la historia ha tenido algo parecido y es tres veces el número total de bases en el extranjero que todos los otros países combinados (China sólo tiene cinco), según una investigación del Quincy Institute de 2021.
Vale recordar que la “proyección” del poder estadunidense –en guerras, intervenciones, invasiones, cambios de régimen, golpes de Estado y operaciones encubiertas– no sólo no tiene igual en la historia moderna, sino que se ha llevado a cabo de una manera bipartidista durante décadas. Tal vez lo único novedoso es que ahora se hace de manera abierta y sin vergüenza.
“Trump y su gobierno han dejado claro que desean revivir la Doctrina Monroe… No debemos dudar en llamar esta política lo que es. Esto es imperialismo. Recuerda los capítulos más oscuros de las intervenciones de Estados Unidos en América Latina, las cuales han dejado un legado terrible. Será y debería ser condenado por todo el mundo democrático”, declaró el senador Bernie Sanders.
“Tiene pánico a la invasión el país que nadie ha invadido jamás, y que sin embargo tiene la mala costumbre de invadir a los demás”, escribió hace tiempo Eduardo Galeano. Eso sigue siendo más que relevante en el contexto actual –el gobierno de Estados Unidos acusó a Venezuela de invadirlo con drogas letales y sus peores “reos y pacientes de manicomios”, parte de la “invasión” de inmigrantes del Sur global. Una y otra vez este régimen acusa que los inmigrantes pobres y la droga que proviene de sus países representan una amenaza a la “seguridad nacional” de Estados Unidos– ese término que no tiene nada de “nacional”, ya que se aplica a todo el planeta”.
Pero tampoco es nada nuevo la oposición al proyecto imperial desde adentro. Vale recordar a Frederick Douglass y su oposición a la guerra con México; a Mark Twain y su Liga Antimperialista Americana, a Eugene Debs, Emma Goldman, a Martin Luther King Jr, a los opositores contra intervenciones en Sur y Centroamérica, contra las guerras en Irak y Medio Oriente hasta hoy día quienes insisten “no en mi nombre”.
Esas voces del pasado al presente son las claves para que ya no se repita el más de lo mismo.
Willie Nelson.
Living in the Promiseland.
https://www.youtube.com/watch?v=G6lxpt8lzbo
Trump y la soberanía amputada
Carlos Fazio
El bombardeo indiscriminado de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro por la administración Trump confirma que el derecho internacional, que a partir de la Paz de Westfalia en 1648 reconocía la soberanía de cada Estado-nación, ha dejado de existir luego de pasar por distintas fases de suspensión temporal. Ahora, como reproducía ayer el titular de La Jornada: “Trump al mundo: ‘dominamos Occidente’”, el rapaz inquilino de la Casa Blanca se autoerige en señor feudal de la vieja Europa y el continente americano y ha dicho sin tapujos que “gobernará Venezuela”.
Como ha recordado el politólogo ruso Aleksandr Duguin en estos días: el derecho internacional es un tratado entre las grandes potencias capaces de defender su soberanía en la práctica. Son ellas las que determinan las reglas para sí mismas y para todos los demás: lo que está permitido y lo que está prohibido. En la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Estados Unidos, el corolario Trump a la Doctrina Monroe, lo exhibe sin ambages.
En la década de 1930, el derecho internacional −cuya última versión fueron los acuerdos de Versalles y las normas de la Sociedad de Naciones− se derrumbó y sobrevino la Segunda Guerra Mundial, como la culminación del enfrentamiento entre las ideologías del poder del liberalismo, el fascismo y el comunismo, que condujo a la abolición de uno de los polos: el nacionalsocialismo europeo. En 1945 la Organización de Naciones Unidas se creó como base de un nuevo sistema de derecho internacional fundado en el reconocimiento de la soberanía de los Estados, aunque en realidad estaba regido por el equilibrio de poder (o la correlación de fuerzas) entre los vencedores de la conflagración mundial. Formalmente, se reconocía la soberanía nacional, pero en la práctica, no era así. El principio westfaliano se mantuvo nominalmente. En realidad, todo se decidía mediante el equilibrio de poder entre la Unión Soviética y Estados Unidos y sus satélites.
En 1989 el bloque del Este comenzó a desmoronarse con el colapso de la URSS, que en 1991 se desintegró. Antiguos países socialistas adoptaron la ideología de su adversario de la guerra fría y comenzó el mundo unipolar. Quedó una autoridad soberana, que se convirtió en global: Estados Unidos (o el Occidente colectivo). Una ideología, una fuerza. Capitalismo, liberalismo, OTAN. El principio de la soberanía del Estado-nación y la propia ONU se convirtieron en una reliquia del pasado, al igual que lo había sido la Sociedad de Naciones. A partir de entonces, el derecho internacional fue establecido por un solo polo comandado por Estados Unidos.
En la coyuntura, ante la emergencia de China, Rusia y la India como motores de una multipolaridad alternativa al patrón ideológico del Occidente liberal-globalista, la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump exhibe a Estados Unidos como un Estado gansteril que ya no concibe la soberanía como derecho inalienable, fundado en la autodeterminación de cada Estado nación, sino como una capacidad operativa: es una atribución jerárquica y extensiva del propio poder estadunidense sobre América Latina y el Caribe; de allí la fusión entre los comandos Norte y Sur del Pentágono. Por eso, con su típica desfachatez egocéntrica, Trump dice que “gobernará” Venezuela con quienes están al mando del partido de la guerra: el jefe de las fuerzas armadas, general Dan Caine; los secretarios de Estado y Defensa, Marco Rubio y Pete Hegseth, y el director de la CIA, John Ratcliffe (los cinco criminales seriales tras las ejecuciones extrajudiciales de un centenar de personas en el Caribe previo al secuestro de Maduro).
En esa lógica, el continente americano es presentado como un espacio de jurisdicción estratégica ampliada, una zona de control expansivo, cuyas estabilidad, orientación política y arquitectura normativa deben estar alineadas con los intereses de Estados Unidos, que no es un Estado más dentro del sistema, sino un supra-Estado, investido con la facultad de ordenar, supervisar y corregir mediante la fuerza bruta el comportamiento del resto de las unidades políticas regionales.
En este marco, la soberanía deviene asimétrica y condicionada: Estados Unidos se adjudica para sí la condición de único sujeto soberano pleno, mientras las demás naciones del continente son tratadas como soberanías subordinadas y dependientes, cuya validez práctica está medida en términos de su alineamiento con las prioridades estratégicas de la Casa Blanca. Una reinterpretación que convierte a los demás países de las Américas en una extensión funcional del territorio político estadunidense, estructurando un orden vertical de corte feudal neoextractivista en el que el derecho a existir de cada Estado vasallo está mediado por su grado de lealtad y sumisión al hegemón. Así, toda tentativa de autonomía, ya sea por proyectos nacionales de desarrollo, diversificación geopolítica o cooperación con potencias o países extrahemisféricos (como China, Rusia o Irán, que pueden ofrecer opciones de financiamiento, infraestructura o inversión más atractivas), es recodificada como una amenaza que habilita mecanismos de presión, disciplinamiento punitivo o intervención directa o indirecta, como en el caso de Venezuela. En suma, la lealtad hemisférica deberá demostrarse aislando a China y Rusia.
En ese esquema solar, Trump ha logrado reclutar en parte a México como nodo de contención migratoria, antidrogas y de vigilancia marítima. No obstante, el delincuente convicto de la Casa Blanca volvió a amenazar a la presidenta Claudia Sheinbaum para acentuar la presión. Después de lo ocurrido en Venezuela, el reformismo desmovilizado, legalista y pragmático, no alcanza, ayuda al imperialismo. México requiere una estrategia de defensa nacional.


