Emir Sader
Tras preparar el terreno con una serie de acusaciones infundadas sobre la participación del presidente venezolano en el narcotráfico, el gobierno estadunidense intervino militarmente en el país y secuestró al presidente Nicolás Maduro.
La escalada de acusaciones preparó el terreno para esta brutal intervención del gobierno de Donald Trump. Ahora, el gobierno de Trump afirma haber llevado al presidente venezolano a Estados Unidos, donde sería juzgado por cargos para los cuales el gobierno estadunidense no ha presentado pruebas.
Una intervención brutal que revela la naturaleza del imperialismo del siglo XXI. Regresan los métodos de intervención directa, con la novedad de secuestrar al presidente de un país.
Y ahora llega el espectácu-lo del juicio de Maduro en Nueva York, donde se deberán presentar pruebas que respalden las acusaciones que el gobierno de Trump ha hecho incansablemente, sin ninguna prueba.
La intervención estadunidense en Venezuela es monstruosa. No logra cambiar el régimen, que parece tener continuidad institucional en ausencia de Maduro. Aunque Trump reafirma que, a pesar de la declaración de que no habría más acciones en Venezuela, el destino del país y del petróleo venezolano está, paradójicamente, en manos de la administración Trump. Quieren dar la impresión de que ahora controlan el poder en Venezuela. Probablemente se están aprovechando de que no hubo grandes movilizaciones internas en apoyo a Maduro, a diferencia del intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez.
Es un precedente brutal, como afirmó Lula en su declaración. ¿Qué será del continente tras esta intervención? ¿Qué pueden esperar otros países, como la propia Colombia, cuyo presidente fue blanco de ataques similares a los lanzados contra Maduro?
Trump afirma que están reafirmando el poder de Estados Unidos en el continente. ¿Cómo creen que pueden actuar en América Latina? Afirman que tomarán las riendas del futuro del petróleo venezolano. ¿Cómo lo harán si cuentan con el apoyo del gobierno argentino, pero con el rechazo de gobiernos como los de Brasil, México, Colombia, Chile, entre otros?
Pero el continente tendrá que coexistir con una potencia imperialista violenta e intervencionista del siglo XXI. ¿Cómo se puede coexistir con una potencia que ya ha demostrado su disposición a una intervención militar directa e incluso a secuestrar al presidente de un país latinoamericano?
La historia de América Latina ya no será la misma a partir de ahora. Los gobiernos del continente que condenen esta intervención tendrán que debatir cómo actuar, cómo reaccionar y cómo comportarse ante el gobierno de Donald Trump, empezando por la brutal intervención en Venezuela.
Crisis global y Venezuela
William I. Robinson*
El ataque y la toma de control de Venezuela por parte de Estados Unidos han conmocionado al mundo.
Mientras asimilamos estos acontecimientos, detengámonos un momento y analicemos su contexto histórico mundial más amplio. El sistema capitalista mundial se encuentra en transición de una época histórica a otra, cuyo desenlace está lejos de estar predeterminado. Las diferentes dimensiones de esta crisis de época –económica, social, política y ecológica– se están conjugando en una mezcla explosiva.
En el plano económico, el capitalismo global se enfrenta a una crisis de sobreacumulación, estancamiento crónico y una tasa de ganancia decreciente. La clase capitalista trasnacional (CCT) ha acumulado enormes cantidades de capital excedente que genera una intensa presión para la expansión. Respaldada por los estados capitalistas, la CCT ha lanzado una nueva ronda de expansión depredadora que implica la apropiación extractivista de recursos, guerras, desplazamientos y represión. Esta campaña para apoderarse de los recursos está alimentando un conflicto tras otro, desde Ucrania hasta Palestina, Sudán y el Congo, entre otros, y ahora se centra en Venezuela.
Lo que denominaré Trumpismo Global es uno de los diversos síntomas políticos patológicos que están surgiendo en todo el mundo como respuesta a la crisis. El Trumpismo Global es un instrumento afinado de esta ola de expansión, a medida que se reconfiguran los bloques de poder y los estados capitalistas adoptan formas autoritarias, dictatoriales e incluso fascistas. Los proyectos de extrema derecha han encontrado resistencia desde abajo y se enfrentan a agudas contradicciones internas a medida que el mundo avanza hacia un creciente conflicto de clases, inestabilidad política crónica, guerras civiles e interestatales, colapso y anarquía social.
Cientos de millones de personas han sido desplazadas por el cambio climático, el colapso económico, las guerras, los desastres naturales y la persecución política. Regiones y países enteros se enfrentan al colapso mientras caudillos rivales, mafias políticas y económicas, organizaciones paramilitares y bandas criminales llenan los vacíos de poder. Las élites nepotistas se involucran en la corrupción, el fraude y el engaño más descarados, gozando de impunidad siempre y cuando sigan sirviendo a los intereses de la clase capitalista trasnacional.
Durante el último medio siglo de globalización, los sectores dominantes han luchado por desmantelar los estados de bienestar social y remplazarlos por estados de control social. Las nuevas tecnologías digitales ampliarán rápidamente las filas de los excluidos y al mismo tiempo potenciarán la capacidad de las clases dominantes para vigilarlos, reprimirlos y controlarlos. Las empresas emplean la IA para maximizar sus ganancias y superar a sus rivales mediante la automatización. Los estados están utilizando las nuevas tecnologías digitales para la vigilancia masiva, el control social y la represión de las poblaciones descontentas, a medida que la guerra misma se digitaliza.
La crisis de la reproducción social alimenta las crisis políticas de dominación, legitimidad estatal y hegemonía capitalista. El Trumpismo Global combina el poder estructural del capital transnacional con la proyección del poder militar para alinear a los estados, las economías y los sistemas políticos con su agenda. La CCT no necesita la reproducción social de los sectores excluidos, ya que no generan plusvalía ni consumen lo suficiente como para constituir un mercado importante. El Trumpismo Global propone acorralar, contener y expulsar a quienes no son necesarios. Son prescindibles y susceptibles de ser exterminados, especialmente si se interponen en el camino de recursos valiosos, como en Palestina, Sudán y el Congo, así como de ser abandonados y sometidos a una contención violenta, como en Haití o en los territorios indígenas de Guatemala, Colombia, Perú y México.
Estados Unidos está perdiendo su posición dominante en el sistema internacional. Los centros regionales emergentes de poder político y geoeconómico compiten entre sí, pero ningún Estado, por poderoso que sea, puede controlar el proceso de acumulación global. Esta disyuntiva entre una economía globalizada y un sistema de autoridad política basado en el Estado-nación genera enormes tensiones geopolíticas que se manifiestan actualmente en las Américas. El mundo se encuentra inmerso en un proceso de rápida remilitarización, a medida que la guerra y la represión se arraigan en la economía y la sociedad globales. El gasto militar mundial alcanzó la cifra sin precedente de 2.7 billones de dólares en 2024, un aumento de casi 10 por ciento respecto al año anterior, con más de 100 países que aumentaron su presupuesto militar, muchos de ellos en porcentajes de dos dígitos.
Existe una alarmante convergencia de las dimensiones políticas, económicas y militares de la política estadunidense hacia América Latina, donde el poder estructural del capital financiero y tecnológico trasnacional se combina con el militar. El ataque descarado contra Venezuela constituye una proyección de poder más allá de esa nación caribeña que busca ser la vanguardia militar para una apropiación más completa de América Latina por parte del capital transnacional, sus contrapartes locales y sus agentes políticos. La “guerra contra las drogas” nunca tuvo nada que ver con el combate al narcotráfico, sino que proporciona un pretexto para la aplicación de la violencia estatal y paramilitar, con el fin de acceder a esta riqueza y contener la resistencia al pillaje. Si la crisis histórica del capitalismo global presenta graves peligros, también presenta una oportunidad histórica para las luchas emancipadoras radicales desde abajo. El análisis de los fracasos de la izquierda institucional y de las luchas de masas desde abajo se abordará en otro contexto.
*Profesor distinguido de sociología en la Universidad de California en Santa Bárbara.
La intervención de EU en México no es una opción, asegura Sheinbaum
La Presidenta destaca la estrecha y amplia colaboración que se tiene en distintos rubros con el país vecino
Iván Evair Saldaña Enviado
Periódico La Jornada Lunes 5 de enero de 2026, p. 5
▲ La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo visitó la refinería de Pemex en Tula, Hidalgo, y comentó las palabras de su homólogo estadunidense.Foto Presidencia
Tula, Hgo., Al defender el petróleo como pilar de la soberanía energética, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo descartó ayer cualquier intervención de Estados Unidos en el país, luego de que el mandatario estadunidense, Donald Trump, afirmó que “algo se tendrá que hacer con México” y con otras naciones del hemisferio, a las que acusa de estar gobernadas por el narcotráfico.
Las declaraciones de Trump se dieron el pasado sábado, al justificar que su gobierno secuestró al mandatario venezolano Nicolás Maduro en Caracas, bajo acusaciones de narcoterrorismo.
“No, ya saben ellos (Estados Unidos) que ésa no es una opción para nosotros (México), pero que estamos colaborando (contra el narco)”, respondió la mandataria al ser consultada por la prensa durante la supervisión de la refinería de Tula, en Hidalgo.
Antes se le preguntó a la Presidenta sobre la importancia de la defensa del petróleo en el actual contexto internacional, en el que Trump afirmó que Estados Unidos tomará el control del petróleo de Venezuela, el país con las mayores reservas en el mundo.
“Muy importante. La soberanía energética es fundamental para la soberanía nacional, muy importante. Y ahora se ha avanzado mucho en los petrolíferos, gasolina, diésel, turbosina, y tenemos que seguir avanzando en gas, gas natural”, contestó.
Consultada sobre los dichos de Trump, la mandataria adelantó que ese tema lo abordaría en la conferencia matutina de hoy; no obstante, se le insistió sobre la posibilidad de que México modifique su política exterior y se alinee con Washington.
“No, yo creo que lo ha dicho el mismo equipo del mandatario estadunidense y el presidente Trump. Es un momento de colaboración en distintos temas y particularmente en el tema de seguridad”, remarcó.
–Él insiste en la intervención, Presidenta –se le comentó.
“No, ya saben ellos que esa no es una opción para nosotros, pero que estamos colaborando, y que lo más importante es la responsabilidad compartida también; es decir, nosotros evitamos y atendemos la inseguridad en México, la violencia, y evitamos que lleguen drogas a Estados Unidos; y ellos también deben evitar que lleguen armas a México y combatir a la propia delincuencia organizada que opera en Estados Unidos”, señaló.
También descartó que haya reportes de mexicanos afectados en el país sudamericano tras la intervención militar de Estados Unidos y mandó un mensaje a la comunidad venezolana en México.
“Siempre con el pueblo de Venezuela, nuestra solidaridad”, concluyó la mandataria.
