domingo, 18 de enero de 2026

Trump: dinamitar alianzas.

El presidente Donald Trump anunció ayer la imposición de un arancel adicional de 10 por ciento a Dinamarca y los siete países europeos que la han apoyado en su rechazo a las pretensiones del magnate de apoderarse de Groenlandia, isla que en la actualidad tiene un estatus semicolonial bajo la corona danesa. Trump amenazó con que Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia tienen hasta el 1° de junio para sentarse a negociar los términos de la venta del territorio ártico o la tarifa se incrementará a 25 por ciento “hasta que se cierre un trato por la venta total y completa de Groenlandia”.
La indigencia lingüística y la falta de tacto de Trump posiblemente no tengan parangón en las relaciones entre grandes potencias, pero las naciones europeas no deberían sorprenderse de que el republicano trate a un país y sus habitantes como si fuesen un lote baldío. Después de todo, así es como gran parte de Europa ha tratado a América, África, Asia y Oceanía desde el siglo XVI; los estadunidenses a todo el continente americano (más Hawai y Filipinas) desde el momento de su independencia, y los israelíes a Palestina a partir de 1948. Lo novedoso, entonces, es que Washington ejerza sobre sus incondicionales aliados occidentales una violencia que los integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hasta ahora habían reservado para la extinta Unión Soviética y el resto del Sur Global.
El mandatario estadunidense ofreció un ejemplo tan grotesco como elocuente de esta insolencia al dirigirse a senadores de su partido la semana pasada, cuando dedicó seis minutos de su discurso a mofarse de su homólogo Emmanuel Macron. Imitando lo que cree es el acento francés, Trump relató la manera en que, según su versión, humilló a Macron y lo obligó a elevar el precio de los medicamentos a cambio de abstenerse de elevar los aranceles sobre todos los productos franceses. No es la primera vez que el magnate se ufana de haber forzado a sus iguales a hacer lo que le da la gana, pero su caracterización de la plática y el tono suplicante que le adjudicó a un personaje que ha hecho todo lo que está en sus manos para mantener buenos términos con él muestra la arrogancia creciente de quien ha traspuesto todos los límites de la ley y la diplomacia sin padecer consecuencias.
Es evidente que ningún país podría maltratar de esta manera a sus aliados y gozar de una lealtad –o sumisión, según se mire– tan completa como la que goza Washington, pero la fatiga ante el trumpismo comienza a hacerse visible. Esta semana, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, realizó una visita de Estado de tres días a China en la cual pactó con Xi Jinping “un acuerdo comercial preliminar pero histórico para eliminar barreras comerciales y reducir aranceles”. En el marco de la “nueva asociación estratégica” entre Ottawa y Pekín, el país norteamericano redujo de 100 a 6 por ciento las tarifas de importación para hasta 49 mil vehículos eléctricos fabricados en la potencia asiática, mientras ésta bajó de 84 a 15 por ciento el arancel a las semillas de canola y productos derivados. Más allá de la apertura limitada a los autos chinos de nuevas energías, la medida contiene un enorme simbolismo en tanto la virtual prohibición a los mismos fue tomada para alinear la política comercial canadiense con la de su mayor socio y, hasta hace un año, mejor amigo. También fue muy significativo que Carney remarcara el carácter pragmático de la asociación al señalar sus diferencias ideológicas con Pekín, para a continuación añadir que “tomamos el mundo como es, no como nos gustaría que sea” y que la relación con China se ha vuelto más predecible y efectiva que la existente con Estados Unidos.
Si al periplo del premier canadiense se suman los encuentros con Xi sostenidos o programados por el dirigente surcoreano Lee Jae Myung, el británico Keir Starmer y el alemán Friedrich Merz, así como la propuesta de la Unión Europea para sustituir las tarifas punitivas a los vehículos eléctricos chinos por un acuerdo de precios mínimos, comienza a perfilarse un cuadro en que la agresividad y los comportamientos erráticos del trumpismo echan a los aliados más seguros de Washington en brazos de su mayor rival tanto en lo económico como lo geopolítico. En pocas palabras, todo indica que Estados Unidos se está haciendo más pequeño pese a sus arrolladores triunfos en imponer gobiernos de ultraderecha en el continente americano.

Mercosur y la UE crean la mayor zona de libre comercio del mundo
▲ Los presidentes de Panamá, José Raúl Mulino; de Bolivia, Rodrigo Paz; del Consejo Europeo, Antonio Costa; de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; de Paraguay, Santiago Peña; de Argentina, Javier Milei, y de Uruguay, Yamandú Orsi, con el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira.Foto Afp
Ap, Afp y Reuters
Periódico La Jornada   Domingo 18 de enero de 2026, p. 15
Asunción. El Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE) firmaron el sábado en la capital paraguaya un acuerdo de asociación para crear el mayor bloque comercial del mundo –que representa una cuarta parte de la economía mundial–, al que llegaron tras cerca de 30 años de negociaciones y que fue celebrado por los dos bloques como un triunfo del multilateralismo frente al proteccionismo arancelario.
“Estamos creando la zona de libre comercio más grande del mundo, un mercado que representa casi 20 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial. Brindando oportunidades incalculables para nuestros 700 millones de ciudadanos”, dijo en un discurso durante la ceremonia de firma la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, quien en el último año tuvo un papel protagónico en la materialización del histórico tratado.
La representante del bloque europeo destacó que este acuerdo “envía un mensaje muy claro al mundo: refleja una elección clara y deliberada. Preferimos el comercio justo a los aranceles. Preferimos una asociación productiva y a largo plazo al aislamiento. Y, sobre todo, pretendemos ofrecer beneficios reales y tangibles a nuestros ciudadanos y nuestras empresas”.
El bloque europeo y las naciones fundadoras del Mercosur –Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay– firmaron el pacto en una ceremonia celebrada en el Gran Teatro del Banco Central de Asunción, donde en 1991 se creó el Mercosur.
La firma ocurre en momentos en los que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazaba con aranceles hasta de 25 por ciento a varios países europeos que se oponen a que Estados Unidos compre Groenlandia.
En la ceremonia estuvieron presentes los presidentes de Argentina, Javier Milei; de Uruguay, Yamandú Orsi, y del anfitrión Paraguay, Santiago Peña. También el mandatario de la recién incorporada Bolivia, Rodrigo Paz, y del Estado asociado Panamá, José Raúl Mulino.
La alianza intercontinental, de características y magnitud inéditas, prevé eliminar paulatinamente los aranceles sobre casi todos los bienes comercializados entre los dos bloques durante los próximos 15 años.
El tratado UE-Mercosur elimina aranceles a más de 90 por ciento del comercio bilateral y favorece las exportaciones de automóviles, maquinaria, vinos y bebidas espirituosas europeas al Mercosur. A cambio, facilita la entrada a Europa de carne, azúcar, arroz, miel y soya sudamericanas.
Se prevé que las exportaciones de la UE al Mercosur aumenten en 39 por ciento y las del Mercosur a la UE un 17 por ciento.
El pacto enfrenta la resistencia de agricultores y ganaderos de algunos países europeos, que se han movilizado en fuertes protestas contra la firma porque temen una inundación de productos sudamericanos con normas de producción menos rigurosas. Miles de ellos hacen su reclamo desde hace días en las calles de Francia, Polonia, Irlanda y Bélgica.
El viernes largas filas de tractores inundaron la ciudad española de Burgos con carteles como “no al Mercosur”, mientras en Francia los manifestantes quemaban neumáticos y un ataúd simbólico con la palabra “Agricultura”.
Para calmar la ira del sector, la Comisión Europea introdujo una serie de cláusulas, como garantías para sus sectores cárnico, avícola, del arroz, la miel, los huevos y el etanol, que limita el cupo de productos latinoamericanos exentos de arancel e interviene en caso de desestabilización del mercado.
Algunos de esos anuncios consiguieron revertir el voto negativo de Italia, que fue la llave de la aprobación del acuerdo entre los europeos, pero las medidas no alcanzaron para apaciguar a los productores, que planean una manifestación el 20 de enero en Estrasburgo, Francia.
Pese a la firma oficializada este sábado, para que el acuerdo pueda entrar en vigor debe ser ratificado por el Parlamento Europeo y los congresos de los países integrantes del Mercosur.

Diosdado Cabello se habría reunido con funcionarios de Washington antes y después del secuestro de Maduro
Reuters y Ap
Periódico La Jornada   Domingo 18 de enero de 2026, p. 16
Washington. El ministro del Interior y Justicia venezolano, general Diosdado Cabello, mantuvo conversaciones con funcionarios del gobierno estadunidense meses antes de la operación de Washington para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y la comunicación continuó después del ataque, reveló Reuters.
Por otro lado, se conoció que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha estado en el radar de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) durante años y en 2022 incluso fue etiquetada como un “objetivo prioritario”, según registros de la agencia obtenidos por Ap.
La comunicación con Cabello, de 62 años, se remonta a los primeros días de la actual administración del presidente Donald Trump y continuó tras la salida de Maduro, de acuerdo con las fuentes citadas por la agencia Reuters.
El ministro, que fue sancionado por Washington, figura en segundo lugar en la acusación por narcotráfico formulada por el Departamento de Justicia contra Maduro, pero no fue capturado en la operación del 3 de enero.
De acuerdo con los funcionarios, que hablaron bajo condición de anonimato, esta comunicación es crítica para los esfuerzos de la Casa Blanca por controlar la situación dentro de Venezuela.
Cabello, ex oficial del ejército considerado como la segunda figura más poderosa de Venezuela, ha trabajado durante años con Rodríguez en el seno del gobierno, pero nunca han sido aliados cercanos.
Estados Unidos presenta a Rodríguez como el eje de su estrategia en la Venezuela pos-Maduro, y se cree que Cabello tiene el poder de apoyar esos planes o desbaratarlos en caso de que decida desatar las fuerzas que controla.
En este contexto, se difundió ayer que Delcy Rodríguez, de 56 años, figura en los archivos de la DEA desde 2018 con señalamientos que van desde el narcotráfico hasta el contrabando de oro.
Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos nunca la acusó públicamente de ningún delito, aunque en 2018 la sancionó, pero no por un tema de corrupción, sino por considerarla una pieza clave para “solidificar” el “gobierno autoritario” de Maduro.
En los documentos obtenidos por Ap se afirma que Rodríguez utilizó hoteles en la isla Margarita “como fachada para lavar dinero”; también se le vinvula con Alex Saab,quien fue arrestado por las autoridades estadunidenses en 2020 bajo cargos de lavado de dinero e indultado en 2023, como parte de un intercambio de prisioneros entre Caracas y Washington.
Los registros de la DEA no aclaran por qué Rodríguez fue elevada a “objetivo prioritario”, designación para sospechosos con un “impacto significativo” en el tráfico de drogas. Kurt Lunkenheimer, ex fiscal federal en Miami, explica que la presidenta “estaba en ascenso”, pero que “hay una diferencia entre eso y la evidencia que respalda una acusación”.
Como canciller y luego vicepresidenta encargada, la mandataria venezolana, a quien Trump llamó esta semana “persona maravillosa”, trabajó para atraer inversiones estadunidenses durante el primer gobierno del republicano.
En 2017, ordenó a la petrolera estatal donar 500 mil dólares al comité de investidura de Trump, como parte de una estrategia para acercarse al entonces presidente electo.