sábado, 24 de enero de 2026

Protestan en Mineápolis contra el ICE con “apagón económico.”

Las manifestaciones se extienden a otras ciudades, como Nueva York y Washington
▲ La movilización en Minesota fue convocada por sindicatos, organizaciones progresistas y representantes religiosos.Foto La Jornada
Ap, Reuters y Afp
Periódico La Jornada   Sábado 24 de enero de 2026, p. 17
Mineápolis. Una vasta red de sindicatos, organizaciones progresistas y clérigos llevaron a cabo ayer un “apagón económico” y una movilización masiva en Mineápolis, con cientos de negocios y escuelas cerradas en protesta contra la violenta aplicación de las leyes migratorias del presidente Donald Trump por parte de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Las protestas se extendieron a otras ciudades como Nueva York y Washington, y a estados como Pensilvania, Carolina del Sur, Indiana, California y Florida.
Miles de residentes de Minesota salieron a las calles para exigir el retiro de los agentes de inmigración con la consiga “¡Fuera ICE! ¡Fuera ICE!”, que resonaba al unísono.
“Realmente queremos que el ICE se vaya de Minesota, y no se van a ir a menos que haya una gran presión sobre ellos”, declaró Kate Havelin, de Indivisible Twin Cities, uno de los más de 100 grupos que organizaron la movilización.
La policía arrestó a unos 100 clérigos en el aeropuerto más grande del estado, quienes protestaban contra la participación de Delta Airlines en la deportación de inmigrantes, señaló Trevor Cochlin de Faith in Minnesota, otro de los grupos organizadores.
La Comisión de Aeropuertos Metropolitanos afirmó que los detuvieron fuera de la terminal cuando “excedieron las estipulaciones de su permiso para manifestarse y afectaron las operaciones de las aerolíneas”.
Los organizadores reportaron que más de 700 negocios de todo el estado cerraron en solidaridad con la protesta. “Estamos logrando algo histórico”, aseguró Havelin.
El movimiento se planeó como la mayor manifestación desde que la administración Trump comenzó su cacería de migrantes en ese estado, y se llevó a cabo a pesar de las bajas temperaturas, que de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, estuvieron entre 20 y 30 grados centígrados bajo cero.
El alto comisionado de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para los derechos humanos, Vol-ker Turk, instó al gobierno estadunidense a garantizar que sus políticas migratorias respeten los derechos individuales y el derecho internacional.
El funcionario pidió una investigación independiente sobre el creciente número de muertes que se han producido bajo custodia del ICE, que son 36 en total: 30 durante 2025 y seis en lo que va de este año.
“Las personas están siendo vigiladas y detenidas, a veces de forma violenta, incluso en hospitales, iglesias, mezquitas, tribunales, mercados, escuelas y dentro de sus propios hogares, por la mera sospecha de ser migrantes indocumentados”, declaró Turk.
En este contexto, un juez dictaminó que los testigos de la muerte por asfixia del cubano Geraldo Lunas Campos (https://shorturl.at/pO6Jh), quien se encontraba bajo custodia del ICE en Texas, no pueden ser deportados por tratarse de un homicidio.
Good murió de tres balazos, revela autopsia
La autopsia independiente encargada por la familia de Renee Good, asesinada por un agente del ICE en Mineápolis, concluyó que recibió al menos tres disparos por parte del uniformado.
La supervisora interina de la Oficina Federal de Investigación (FBI) del Escuadrón de Corrupción Pública en la oficina de campo de Mineápolis, Tracee Mergen, renunció la semana pasada mientras la investigación del asesinato de Good continúa, reportó CBS News.

Trump, Groenlandia y la impotencia de los europeos
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto Ap   Foto autor
Maciek Wisniewski
24 de enero de 2026 00:01
Aunque pareciera difícil de creer, desde que la repentina subida de tono por parte de Donald Trump que, surfeando en la ola de la euforia conquistadora después de su raid a Venezuela, amenazó a invadir militarmente a Groenlandia –la isla más grande del mundo, ubicada estratégicamente en el Ártico y una nación constituyente autónoma dentro del reino de Dinamarca, rica, igual que la mencionada nación caribeña, en recursos minerales–, dejando a las élites europeas completamente estupefactas y, aparentemente, sin ninguna idea de lo que estaba pasando, la situación se ha vuelto aún más surreal.
No sólo atónitos, los líderes europeos se vieron de repente forzados a luchar en dos frentes: tratar de mantener desesperadamente a los “malos” Estados Unidos fuera de Groenlandia y a la vez a seguir tratando de mantener a los “buenos” Estados Unidos dentro de Ucrania todavía lo más que se pueda (y, junto a esto, dentro de la OTAN porque, claro, “en tres semanas los tanques rusos van a estar en París”), sino que, juzgando por sus declaraciones en la cumbre de Davos, estaban observando cómo el mundo que conocían se estaba desvaneciendo live.
Toda esta disonancia cognitiva y el pánico en las cimas del poder se hubieran podido evitar si las élites europeas hubieran prestado un poco más la atención a la historia y al presente. Si hubieran abandonado −o al menos empezado a cuestionar− su visión idealizada de Estados Unidos como “una potencia benévola” y “una nación que está destinada a salvar a otras naciones” y, en vez de esto, se hubieran fijado en la historia real de su imperialismo, expansionismo y colonialismo. Y si hubieran tomado nota de lo que Trump y el trumpismo decían y avisaban que iban a hacer.
La Estrategia de la Seguridad Nacional que la administración trumpista publicó en diciembre pasado no sólo resucitó la vieja Doctrina Monroe −y puso en la mira a América Latina−, sino institucionalizó la eurofobia que desde hace tiempo permea en MAGA y en los círculos conservadores estadunidenses. Europa, en su perspectiva −y la estrategia lo dice explícitamente− es un “enemigo civilizatorio” que, a diferencia de Estados Unidos “que proyecta fuerza” (militar, económica, etcétera), proyecta sólo la “debilidad” y enfrenta el “declive” a causa de la “inmigración abierta y descontrolada”.
Desde luego la dependencia de Europa en Estados Unidos −en lo militar, en lo tecnológico, y últimamente también en lo energético, con los europeos cambiando, en proporciones parecidas, las compras del gas ruso por el (más caro) gas estadunidense− es un asunto real y uno al que no parece haber una solución rápida.
Pero su “estrategia” del año pasado que frente a Trump 2.0 consistió sólo en actos de sumisión (como cuando los europeos aumentaron de golpe a su petición el gasto militar a 5 por ciento del PIB o se tragaron sin ninguna palabra su desastroso deal comercial) y en halagos (como después del secuestro de Maduro que vitorearon vigorosamente), no sólo resultó ser un fracaso −ya que nada de esto les ayudó a que se escucharan sus propuestas en las negociaciones con Putin, ni que se tomaran en cuenta sus protestas ahora−, sino algo totalmente contraproducente. Lo único que se logró con esto fue convencer a Trump de que… tenía que ver con los líderes “débiles” y “sumisos”.
Finalmente, lejos de ser una “excentricidad” de Trump, lo que no parecen acordarse los europeos, es que el interés imperialista de Estados Unidos por Groenlandia es de vieja data y los estadunidenses ya trataron de adquirir la isla en varias ocasiones: primero en 1868, un año después de la compra de Alaska a Rusia, y luego en 1910. En 1917, Woodrow Wilson compró “de paso” a Dinamarca su colonia caribeña, las Indias Occidentales Danesas, hoy las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
Luego, tras ocupar a Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial −después de que Dinamarca fuese ocupada por los nazis− Estados Unidos se la devolvió a Copenhague, sólo para que, en 1946, Harry Truman, ofreciera otra vez a adquirirla, la oferta que de nuevo fue rechazada (y se hizo pública apenas en 1991), pero algo que no les impidió a los estadunidenses a firmar un acuerdo con los daneses y a expandir, en contexto de la guerra fría, sus bases militares allí.
Finalmente, después de que por un rato Groenlandia parecía sólo una idée fixe de los “paleoconservadores” de la protoMAGA como Patrick Buchanan, el tema regresó en 2019 con Trump ofreciendo otra vez comprarla y consumar, por fin, este “gran deal inmobiliario”.
Claramente, con Trump estamos no sólo ante los modos “decimonónicos” de hacer las cosas, sino unas que bordean con la locura, algo mejor plasmado en su “carta noruega” −donde éste amagó que el hecho de no ganar el Premio Nobel de la Paz “lo libera de la obligación de pensar exclusivamente en la paz” y “explica su interés por Groenlandia”−, o en su amenaza a un grupo de países europeos que acabaron de enviar a un puñado de tropas a la isla a imponerles aranceles de hasta 25 por ciento“si no se la dan”, pero las mismas élites europeas parecen bien determinadas a seguirle el paso.
De manera paralela en que en Davos se daba a conocer que Trump en las pláticas con el jefe la OTAN, Mark Rutte −el fallido ex primer ministro holandés que le gusta decir Daddy (sic) y “sí” a todo al presidente estadunidense−, llegó a un “marco de un acuerdo” sobre Groenlandia (¿por encima o con un tácito beneplácito de los daneses?) que implica la concesión de “bolsas de soberanía” a Estados Unidos alrededor de sus bases, el canciller alemán Friedrich Merz, aseguraba a “ser determinado a defender a toda costa la soberanía groenlandesa” de… Rusia. Si estos son los últimos espasmos del “viejo orden”, lo siento, pero hay muy poco que lamentar aquí.

¿Y si la Inquisición tenía razón con los mapamundis?
“¿Por qué no lo tenemos? Basta con mirar un mapa (...) No he dejado de repetirlo: miren el tamaño de esta isla, es gigantesca y debería pertenecer a Estados Unidos. No es más que una operación inmobiliaria, sólo que a una escala un poco mayor”: Donald Trump sobre Groenlandia. 
Foto Google Maps   Foto autor
Beñat Zaldua
24 de enero de 2026 00:01
Si tienen una manzana o cualquier fruta redonda a la mano, pélenla y traten de dar una forma plana coherente a toda la piel. Es decir, traten de extenderla a lo largo de un rectángulo que luego puedan meter sin problema entre las páginas de un libro. No es difícil, es simplemente imposible, para pesadilla de los cartógrafos que llevan enfrentándose al problema desde que el vasco Juan Sebastián Elkano completó la vuelta al mundo y confirmó que vivimos en una esfera. 
Gerardus Mercator dedicó parte de su vida a solucionar el problema. La primera vuelta al mundo lo dejó fascinado durante su infancia y en 1552 se lanzó a la elaboración de un atlas global, tarea a la que dedicó 17 largos años y cuyo fruto fue una cosmografía completa en la que dibujó los fundamentos del mapamundi que, 500 años después, seguimos teniendo en mente. 
El geógrafo Michel Foucher acaba de escribir una pieza interesante sobre este cartógrafo en Le Grand Continent y recuerda: “Si los mapas distorsionan el espacio, no es por negligencia de los cartógrafos, sino por necesidad”. Todos los mapas transforman y, en cierto sentido, ocultan la realidad que desean plasmar. Incluso el mapa de un imperio a escala real que Borges imaginó en uno de sus cuentos no podía sino tapar el mundo real. 
En el caso de Mercator, su proyección distorsionó los polos, premiando el hemisferio norte, de modo que una isla como Groenlandia parece más grande que Sudamérica entera cuando, en realidad, es poco más grande que México. 
Foucher recuerda que Mercator fue perseguido y encarcelado por la Inquisición, que lo acusó de herejía por atreverse a adoptar un punto de vista divino. Lo hizo, además, en un momento en el que los europeos más avispados se empezaban a preguntar por qué los pueblos que poblaban el continente americano, de cuya existencia se acababan de enterar, no aparecían en la Biblia. En la Iglesia reformada no estaban muy contentos con Mercator y su atlas histórico y geográfico. 
Pero pese a la Inquisición, la proyección de Mercator ha llegado con mucha salud y sus defectos intactos al siglo XXI, hasta el punto de ser una de las proyecciones utilizadas, todavía hoy día, por el mapa más usado en todo el mundo: el de Google. Y es bastante probable que, como plantea Foucher, Trump, un niño caprichoso al que le gusta jugar a ser dios, tenga en mente este mapa cuando trata de explicar su hambre de Groenlandia. 
Así se lo explicó, ya en 2021, al acabar su mandato, a Susan Glasser y Peter Baker, periodistas del New Yorker y del Times en Mara-Lago: “¿Por qué no lo tenemos? Basta con mirar un mapa (...) No he dejado de repetirlo: miren el tamaño de esta isla, es gigantesca y debería pertenecer a Estados Unidos. No es más que una operación inmobiliaria, sólo que a una escala un poco mayor”. 
Por motivos erróneos, pero puede que la Inquisición tuviese algo de razón en sus reparos con los mapamundis. Son un peligro en manos de niños con poder. 
Porque lo cierto es que los argumentos geopolíticos de Trump para apropiarse de Groenlandia son estúpidos. Europa ya baila desde el fin de la Segunda Guerra Mundial al son que le marca Washington y una apropiación por la fuerza de Groenlandia no haría sino implosionar, la principal herramienta con la que EU la mantiene atada en corto militarmente: la OTAN. 
El caso concreto de Dinamarca es de manual. Truman ya intentó comprar la isla en 1946, alegando que era “un área vital para la defensa de EU” y señalando que así aliviaría la economía danesa de tener que sostener la isla. Carlos Hernández-Echevarría ha recordado estos días en La Vanguardia la respuesta del gobierno danés: “Eso es como sugerirle a un hombre que se cure de su dolor de muelas cortándose la cabeza”.
Dejando al margen la lógica colonial con la que opera Dinamarca en Groenlandia –otro día volveremos por aquí–, lo cierto es que Copenhague se negó a vender Groenlandia, pero le puso una alfombra roja a EU en el tratado bilateral de 1951, todavía vigente, otorgó una patente de corso al ejército estadunidense para que haga en el enclave lo que crea conveniente, con la única condición de que en la entrada de sus bases ondee, junto a las barras y las estrellas, la bandera danesa. 
Desde entonces, la alineación de Dinamarca con la política exterior estadunidense es milimétrica. Fue miembro fundador y entusiasta de la OTAN, mandó a su ejército durante dos décadas a Afganistán y participó en la ilegal invasión de Irak de 2003, por poner tres ejemplos. 
Así seguirá siendo, vista la maniobra cangrejera de Trump, que se ha echado atrás con las amenazas de aranceles contra ocho países europeos que maniobraron con cierto vigor contra sus aspiraciones anexionistas. La experiencia no anima a ser muy optimistas, porque esta marcha atrás no significa que haya remitido el deseo de apropiarse de Groenlandia, y porque no hay noticias de una reflexión profunda sobre lo ocurrido en las capitales europeas. Pero éstas podrían al menos sacar una pequeña lección: es cuando se le planta cara a Trump que la negociación empieza a ser posible.

GB exige disculpa a Donald Trump por minimizar acción de aliados en Afganistán
▲ El príncipe Enrique habló de los sacrificios de los ingleses que combatieron en Afganistán.Foto Ap
Ap, Afp, Reuters y The Independent
Periódico La Jornada   Sábado 24 de enero de 2026, p. 18
Londres. El primer ministro británico, Keir Starmer, sugirió ayer que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, debería disculparse tras afirmar que las tropas de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), excepto las estadunidenses, evitaron la línea del frente durante la guerra en Afganistán y calificó los comentarios del mandatario como “insultantes” y “espantosos”.
“Considero que los comentarios del presidente Trump son insultantes y francamente espantosos, y no me sorprende que hayan causado tanto daño a los seres queridos de quienes murieron o resultaron heridos”, declaró Starmer a la prensa. “Si me hubiera expresado mal o hubiera dicho esas palabras, sin duda me disculparía”, agregó el líder británico, que suele evitar las críticas directas al magnate republicano públicamente.
“No los necesitamos”
Horas después, la Casa Blanca expresó su rechazo a las declaraciones de Starmer.
“El presidente Trump está absolutamente en lo correcto, Estados Unidos ha hecho más por la OTAN que lo que cualquier otro país en la alianza ha hecho de forma conjunta", afirmó la vocera Taylor Rogers en una declaración enviada a la Afp.
“Nunca los hemos necesitado, realmente nunca les hemos pedido nada”, aseveró previamente Trump sobre las tropas no estadunidenses de la OTAN en una entrevista con Fox Business Network en Davos. “Ya sabes, dirán que enviaron algunas tropas a Afganistán, o esto o aquello, y lo hicieron, se quedaron un poco atrás, un poco lejos de las líneas del frente”.
Tal aseveración causó indignación en Reino Unido, que perdió 457 militares en ese frente, su guerra más mortífera desde la década de 1950. Durante varios de los años más intensos de la contienda, dirigió la campaña aliada en Helmand, la provincia más grande y violenta del país, al tiempo que luchaba como principal aliado del Pentágono en Irak.
Homenaje a los caídos
Starmer rindió homenaje a los efectivos que murieron y a aquellos que han quedado con profundas lesiones de por vida. “Nunca olvidaré su valentía, su coraje y el sacrificio que hicieron por su país”, sostuvo.
Veteranos de la alianza militar defendieron que cientos de sus compañeros perdieron la vida luchando junto al ejército estadunidense y criticaron que Trump “cruzó la línea roja” al menospreciar el papel de las tropas de la OTAN durante su servicio en Afganistán.
“Esperamos una disculpa por esta declaración”, dijo a Reuters Roman Polko, un general polaco retirado y ex comandante de las fuerzas especiales que sirvió en Afganistán e Irak.
Trump ha “cruzado una línea roja. Hemos pagado con sangre por esta alianza. Realmente sacrificamos nuestras propias vidas”.
“Serví allí”
El príncipe Enrique también criticó a Trump. En una declaración en X, el ex copiloto artillero señaló que en 2001 todas las naciones de la OTAN acudieron a apoyar a Estados Unidos en Afganistán.
“Serví allí. Hice amigos para toda la vida allí. Y también los perdí. Madres y padres enterraron a sus hijos e hijas. Niños se quedaron sin sus padres. Las familias cargan con las consecuencias. Esos sacrificios merecen ser mencionados con sinceridad y respeto, mientras todos permanecemos unidos y leales a la defensa de la diplomacia y la paz.”.