El ataque militar de Estados Unidos a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron hechos brutales e ilegales que marcan el regreso a las formas más violentas del imperialismo en América Latina. Algo ya anunciado por Donald Trump con su versión recargada de la doctrina Monroe, que renombró “Donroe”, aludiendo a sí mismo. Es un hecho con múltiples significados e impactos para el pueblo de Venezuela y para los pueblos y el escenario latinoamericano y global, con amenazas expresas a México, Colombia y Cuba.
Muestra también un aspecto sobre el que necesitamos urgente reflexión crítica: el uso de tecnologías y plataformas digitales y de inteligencia artificial y su relevancia en las guerras imperiales, la vigilancia y control generalizado de las poblaciones, en lo cual el genocidio en Gaza ha sido un campo de ensayo.
Trump y secuaces se vanaglorian de su poderío militar, todo ello televisado para impresionar y amenazar a cualquier país que piense en oponerse al saqueo imperial. Alegan que la rapidez y magnitud del ataque fue lo que inhibió la activación a gran escala de la defensa militar venezolana.
Sin subestimar la amenaza que representa, necesitamos ser críticos ante la visión superpoderosa que intenta imponer Estados Unidos sobre sí mismos. Al parecer, además de fuego y tecnología, elementos clave del ataque a Venezuela fueron la vieja infiltración de la CIA y la compra de traición interna en el aparato de seguridad.
No obstante, hay otros aspectos importantes a tener en cuenta. Según el historiador brasileño Fernando Horta, “la operación no fue ganada con misiles, helicópteros o por la cantidad de metal que Estados Unidos pueda lanzar sobre un país. Una batalla crucial se libró y ganó en las capas invisibles del espectro electromagnético y en los flujos de datos que cruzan nuestro continente cada milisegundo. Antes de los primeros disparos, los aviones de guerra electrónica EA-18G Growler ya habían ‘borrado’ Caracas” (https://tinyurl.com/6jd448p7).
En efecto, los aviones EA-18G cuentan con equipamiento para detectar, bloquear y degradar radares, sensores, dispositivos y redes de comunicación, con el cual pudieron “silenciar” Caracas antes del ataque, además de destruir torres de comunicación que ya tenían mapeadas.
Vivimos, además, en una época en que el uso casi omnipresente de teléfonos “inteligentes”, tabletas, computadoras, relojes, cámaras, dispositivos digitalizados de automóviles y hasta los de uso doméstico, como aire acondicionado, refrigeradores y pantallas están emitiendo señales todo el tiempo. Mensajes y señales que van por redes y plataformas digitales de Internet y de telefonía dominadas por trasnacionales estadunidenses, o cuando éstas no están directamente presentes, como pasa parcialmente en Venezuela, otras compañías contratan nubes informáticas de alcance global para almacenar y procesar datos, que están controlados en vasta mayoría por tres titanes tecnológicas de Estados Unidos (Amazon, Google y Microsoft).
Con programas y algoritmos de IA se puede extraer, cruzar e interpretar datos relevantes de esos enormes volúmenes de información y deducir con bastante precisión lugares y personas.
Las mayores tecnológicas, como Microsoft, Alphabet (Google y YouTube), Meta (Facebook, Instagram, Whatsapp), OpenAI (ChatGPT) y Amazon, colaboran activamente con Estados Unidos y los departamentos de Defensa de varios países en guerra y genocidio, como Israel. Han contribuido a desarrollar, por ejemplo, programas para control y vigilancia de poblaciones enteras y rentan capacidad de almacenamiento y procesamiento con inteligencia artificial especialmente para objetivos bélicos (https://tinyurl.com/3p89dxwz).
En junio de 2025 cuatro altos ejecutivos de Meta, OpenAI y Palantir se unieron al Ejército de Estados Unidos con el grado de teniente coronel, en cumplimiento del objetivo de este cuerpo de ser “una fuerza más efectiva, inteligente y letal” (https://tinyurl.com/yc5422b4).
Palantir, empresa tecnológica que comenzó financiada por la CIA, se especializa en análisis de datos con base en inteligencia artificial para defensa/guerra, seguridad y vigilancia. En agosto de 2025 obtuvo un contrato por 10 mil millones de dólares del gobierno de Estados Unidos para trabajar con el Departamento de Guerra y otros. Stephen Miller, asesor clave de Trump y encargado de la estrategia para Venezuela, es un importante accionista de Palantir. Las acciones de la empresa subieron notablemente después del ataque.
Elon Musk, dueño de SpaceX, Tesla y la red social X, ofreció “acceso libre” en Venezuela a su red de satélites Starlink por un mes. La apuesta de Musk es favorecer las conexiones que no dependen de torres de retrasmisión, para aumentar su propio control de las comunicaciones, como ya ha hecho en otras zonas de conflicto.
El tema de la soberanía digital en América Latina es tan urgente como inexistente. No se trata solamente de no permitir ciertas empresas, algo en lo que la mayoría de los gobiernos latinoamericanos van en sentido opuesto. Tenemos que entender y cuestionar todas las aristas del uso de estas tecnologías y redes en las que diariamente personas, instituciones y gobiernos vertemos innumerable información sobre lo que hacemos, consumimos, pensamos, con quién y dónde.
Volvemos a las épocas de mayor oscuridad del continente y necesitamos prepararnos ante el aparato industrial-militar-digital del hiperimperialismo 3.0.
México SA
Trump y su “manera de comunicar” // Agrede y amenaza, pero “así es él” // Tiene límite la paciencia de Kalimán
Carlos Fernández-Vega
El horno no está para bollos y por lo mismo resulta difícil de digerir –sobre todo después de la ignominiosa violación de la soberanía venezolana– que la más reciente amenaza pública, igual de violenta que de insultante, lanzada por el indecente que despacha en la Oficina Oval (“vamos a empezar ahora a atacar por tierra a los cárteles… que están controlando México; tenemos que hacer algo”) sea considerada en las altas esferas del gobierno nacional simple y sencillamente como “parte de su manera de comunicar”, cuando de tiempo atrás tiene a nuestro país en la mira, y para él el pretexto es lo de menos.
Así es: el impúdico Trump declaró que “vamos a empezar ahora a atacar por tierra a los cárteles. Los cárteles están controlando México, declaró anoche en entrevista con Fox News. Horas antes, ante una pregunta de The New York Times sobre si existen límites a su poder global, respondió: sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito el derecho internacional” ( La Jornada).
Cierto es que la relación bilateral amén de complicada debe manejarse con pinzas y pulso de cirujano, pero tras la más reciente barbaridad del jefe del cártel de la Casa Blanca, que abierta y descaradamente anuncia que invadirá territorio nacional porque se le pega la gana, era de esperarse una respuesta contundente por parte del gobierno mexicano. Pero no fue así. En la mañanera de ayer, la presidenta Sheinbaum dijo que “con el presidente Trump tenemos un acuerdo, un entendimiento en el tema de seguridad con México; que, por cierto, estamos fortaleciendo… Por las declaraciones que ha hecho el presidente Trump en estos días, que consideramos, en fin, que es parte de su manera de comunicar, pero de todas maneras le pedí al canciller Juan Ramón de la Fuente que pudiera hacer contacto directo con el secretario del Departamento de Estado (el halcón Marco Rubio, otro impresentable). Y si es necesario, hablar con el presidente Trump para fortalecer la coordinación en el marco que hemos explicado ya en varias ocasiones”. Bien, pero también la paciencia de Kalimán tiene límite.
Algo más: “vamos a estrechar la comunicación… Hace dos o tres días el propio secretario Rubio habló de la buena coordinación en materia de seguridad que hay con México, que lo han presentado en varias ocasiones; está el grupo de trabajo que tenemos conjuntamente. Entonces, estrechar más la relación, esta información que estamos dando, de la cantidad de laboratorios incautados, en fin, que tengan toda la información. Y en el marco de lo que hemos venido trabajando, pues estrechar la coordinación”.
Días atrás, después del secuestro de Nicolás Maduro y la violación de la soberanía venezolana, la mandataria reiteró que “nosotros no estamos de acuerdo ni con el injerencismo, ni con el intervencionismo, sino con la cooperación y la colaboración. Eso es lo que hemos manifestado siempre y se lo manifestamos siempre al gobierno estadunidense. Primero, es un asunto de soberanía, de defensa de la soberanía nacional. Pero, segundo, no serviría de nada (un intento de intervención o acción unilateral en territorio mexicano). Y con Estados Unidos colaborar, coordinarse, pero nunca en una situación de subordinación, sino de colaboración y de coordinación… Es comunicarse, es el diálogo, nosotros privilegiamos el diálogo por encima de todo. Tenemos nuestra posición, tenemos nuestros principios, pero buscamos el diálogo con el gobierno estadunidense siempre y afortunadamente tenemos una muy buena comunicación”.
Bien, pero el punto es que nada puede confiarse al bucanero Trump por ser el primero en reventar los acuerdos, pretextando cualquier cantidad de sandeces. Es mitómano, indecente y traicionero, y si, como él mismo se ufana, su único límite “es mi propia moralidad; es lo único que puede detenerme; no necesito el derecho internacional”, entonces agárrense, porque obvio es que para él, como el clásico, la moral es un árbol que da moras o sirve para una chingada.
Las rebanadas del pastel
A raíz de la guerra con Ucrania, de inmediato Rusia fue sancionada por Estados Unidos y sus títeres europeos (todos expansionistas, colonialistas y depredadores) “por violar la soberanía” de dicha nación. Por ejemplo, el oso ruso fue expulsado de la FIFA. Pero como aquellos están orgullosos de su doble moral, “todo cambia” ahora que Trump hizo lo propio en Venezuela y las “penalizaciones” al gringo brillan por su ausencia. De hecho, en lugar de defenestrarlo del paraíso del balompié, la mafia futbolera le otorgó el “premio de la paz”. Más lamebotas, imposible.
X: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
La larga guerra contra Venezuela
Raúl Romero*
La guerra de Estados Unidos contra Venezuela lleva casi 27 años, cuando Hugo Chávez ganó la presidencia de aquel país y, junto a su pueblo, empezó una serie de transformaciones que preocuparon a los señores de la guerra y del dinero. El pueblo de Venezuela, con Chávez a la cabeza, avanzó con la recuperación de su petróleo, logró que su territorio fuera declarado libre de analfabetismo mediante iniciativas como la Misión Robinson con el método “Yo Sí Puedo”. Con la formación del poder comunal, que ha sido una de las iniciativas de poder popular más interesantes –y no libre de contradicciones– del siglo XXI, grandes sectores sociales explotados y oprimidos lograron proponer algo tan auténtico como contradictorio: el Estado Comunal. Venezuela se convertía así, para EU, en un mal ejemplo para el mundo.
La guerra de EU contra Venezuela en estos 27 años ha sido constante y con distintas fases. La desinformación y el ataque mediático han estado siempre presentes, pero también el financiamiento a grupos de oposición y asesoramiento político y militar para golpes de Estado. En el memorial de agresiones queda el golpe de Estado y secuestro de Hugo Chávez en 2002, que contó con el respaldo de EU, y que se logró revertir gracias al pueblo movilizado. También recordamos el intento de asesinato en 2018 de Nicolás Maduro, con la utilización de drones y explosivos. Junto a la desinformación, ataques mediáticos, asesoramiento y financiamiento político y militar, están también las sanciones económicas, el congelamiento de cuentas y otras medidas financieras que buscaron siempre asfixiar al pueblo venezolano.
Mientras todas las formas de guerra se aplicaron y aplican contra Venezuela, los gobiernos de EU, sus aliados y algunos progresistas extraviados, fueron fortaleciendo mediáticamente a líderes y lideresas de cartón. Aunque una y otra vez Juan Guaidó, Corina Machado, Leopoldo López o Edmundo González dijeron “ganar elecciones”, “contar con el respaldo de la sociedad” e incluso ser reconocidos como “presidentes” por gobiernos de otros países; hoy queda claro que sólo eran marionetas desechables de Washington.
A todo eso el pueblo de Venezuela resistió, y sigue resistiendo. Resistió a la muerte de Hugo Chávez cuando auguraron que todo acabaría y resiste también hoy al secuestro de su presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores.
El pueblo de Venezuela resiste a las múltiples formas de la guerra que desde afuera le imponen y resiste también a las contradicciones y errores de su dirigencia y su burocracia. Resistieron y resisten a esas guerras que nunca fueron por la democracia y los derechos humanos, que siempre fueron por el petróleo y por el territorio.
La intensificación de la guerra contra Venezuela en los últimos días se inscribe, sin embargo, en una fase de reordenamiento global del capital, con la expansión de guerras de conquista. En esta fase, el petróleo de Venezuela sigue siendo el objetivo, pero también dar un mensaje “disciplinador” y de generación de miedo: cualquiera que no se alinee, puede ser el siguiente objetivo. “Cada bomba que cae en Gaza, cae también en las capitales y las principales ciudades del mundo, sólo que todavía no se han dado cuenta”, dijeron los zapatistas en 2023. Esas bombas ya cayeron en Venezuela.
De a poco va saliendo más información de lo sucedido hace unos días en Venezuela. Hoy sabemos, por ejemplo, que hubo una feroz resistencia a la invasión, que los combatientes internacionalistas cubanos y también muchos venezolanos dieron la batalla durante varias horas. El saldo no es oficial todavía, pero se habla de al menos 80 personas asesinadas y un centenar de personas heridas del bando venezolano. La actitud de Nicolás Maduro durante los traslados y en su presentación, deja más la impresión de que es un ganador en la batalla, si por ganar entendemos que él y Cilia están vivos, que el gobierno bolivariano continúa, que su país no fue conquistado, que está ganando la narrativa y, lo más importante, que el pueblo venezolano resistirá en las calles.
En los días que han pasado y en los que vienen, mucha desinformación circulará. A una posición ética y a la verdad debemos aferrarnos: sin contar con el respaldo del aparato legal de su país, el gobierno estadunidense invadió Venezuela, secuestró a su presidente y a su esposa, asesinó a decenas de personas –incluidos civiles–; afectó viviendas y centros educativos, y hoy se propone imponer una especie de protectorado. Acostumbrado y preparado para resistir, el pueblo de Venezuela empieza a salir del shock y a manifestarse en las calles. Necesita de la solidaridad de los pueblos del mundo, y más importante todavía, los pueblos del mundo necesitamos a los pueblos de EUA intensificando las protestas desde adentro.
Es la hora del pueblo venezolano. Es la hora de los pueblos del mundo.
*Sociólogo
X: @RaulRomero_mx