martes, 13 de enero de 2026

Groenlandia descarta anexión y refuerza su defensa en la OTAN

Ataque sobre Caracas
▲ El gobierno de Groenlandia reiteró ayer que no acepta “bajo ningún concepto” el deseo estadunidense de apoderarse del territorio ártico, argumentando su seguridad. En la imagen, una mujer quita el hielo de su automóvil en Nuuk, la capital del país.Foto Ap
Afp, Prensa Latina y Sputnik
Periódico La Jornada   Martes 13 de enero de 2026, p. 3
Nuuk. Groenlandia no acepta “bajo ningún concepto” el deseo estadunidense de apoderarse del vasto territorio ártico e intensificará sus esfuerzos para garantizar que su defensa se lleve a cabo en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), declaró ayer su gobierno.
La semana pasada, Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y el Reino Unido emitieron una declaración en la que expresaron su apoyo a Dinamarca y a Groenlandia ante las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de apoderarse de la isla ártica.
“Ante la postura muy positiva adoptada por seis países miembros de la OTAN con respecto a Groenlandia, el naalakkersuisut (gobierno groenlandés) intensificará sus esfuerzos para garantizar que la defensa de Groenlandia se integre en el marco de la OTAN”, señaló el Ejecutivo local.
El gobierno del primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, enfatizó que la isla ártica pretende “permanecer siempre como parte de la alianza de defensa occidental”.
Trump reiteró el fin de semana que Estados Unidos se apoderaría del territorio “por las buenas o por las malas, porque si no lo hacemos nosotros, lo hará Rusia o China”. Afirmó que “necesita un título de propiedad” y anteriormente reconoció que podría verse obligado a elegir entre preservar la integridad de la OTAN o controlar el territorio danés.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, declaró que la alianza trabaja en los “próximos pasos” para reforzar la seguridad en la región del Ártico, durante una rueda de prensa en Zagreb.
Según Rutte, desde el año pasado los 32 países de la alianza militar –entre ellos los siete situados en la región ártica, incluidos Estados Unidos y Dinamarca– debaten la mejor manera de “garantizar que el Ártico siga siendo seguro”.
Los 32 países de la OTAN discutieron esta cuestión la semana pasada en Bruselas, donde se barajaron varias opciones, como el refuerzo del número de buques en el Ártico, sin adoptar una decisión concreta.
El presidente francés, Emmanuel Macron, sostuvo conversaciones con la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en señal de apoyo político frente a las pretensiones de Estados Unidos, mientras Alemania descartó planes de la Unión Europea para desplegar tropas en Groenlandia.

Donald Trump: negacionista, suicida, terrorista y dictador
Hoy por hoy, detener a Donald Trump, contradiciéndolo y poniéndolo en evidencia, es un acto por la vida. Foto Ap   Foto autor
Víctor M. Toledo
13 de enero de 2026 00:04
Por todo lo declarado por Donald Trump en los últimos días queda claro que estamos ante un presidente de Estados Unidos negacionista, suicida, terrorista y dictador, cuya invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y de su esposa constituyen un acto criminal violatorio del derecho internacional, censurado por buena parte del mundo. 
El primer acto irracional, sin sustento alguno, de Donald Trump, es la salida de Estados Unidos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), de 66 organizaciones y tratados sobre la crisis climática, de 31 organizaciones de la ONU y de otras 35 de la sociedad civil. 
Trump considera que el calentamiento global no existe y que la ciencia climática es un engaño, según lo declarado en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2025. Por todo ello, podemos considerarlo un verdadero suicida, pues su pensamiento y sus acciones no conducen más que a la extinción de la humanidad. 
Donald Trump también ha difundido el terror al amenazar con invadir Groenlandia, según declaró en la OTAN (https://www.youtube.com/ watch?v=KP3jtFsTysI), y al haber amenazado con intervenir militarmente o interferir en otros cinco países: Venezuela, Cuba, Colombia, Irán y México. Frente a ello, destaca la declaración conjunta de España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay (https:// es.euronews.com/2026/01/04/espanay-5-paises-latinoamericanos-rechazanel-ataque-de-eeuu-en-venezuela-enun-comunicad), así como los dignos posicionamientos de los gobiernos de Groenlandia, Venezuela y México en defensa de sus propias soberanías. 
La arrogancia, individualismo, soberbia, desprecio por los otros y demás actitudes de Donald Trump, convertido como Hitler en dictador universal, son rasgos aberrantes, resultado de una enorme ignorancia, que contradicen la esencia y la historia natural del ser humano, pues la empatía humana tiene detrás de sí una larga historia evolutiva. Se trata de un individuo sicópata, como puede comprobarse en la entrevista que ofreció al New York Times (https://www.nytimes. com/2026/01/08/world/interview-donaldtrump-venezuela-ice.html). 
La búsqueda del bien común, cooperar y compartir, es hoy por hoy el gran tema de nuestro tiempo. Con esta idea, el reconocido primatólogo holandés Frans de Waal se dedicó a estudiar durante 10 años los comportamientos altruistas de chimpancés, bonobos, capuchinos, delfines y elefantes. Los títulos de sus libros lo dicen todo: La edad de la empatía, El mono que llevamos dentro, ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? En sus obras, Frans de Waal demuestra que la conducta humana, su sabiduría, se encuentra también en sus parientes evolutivos más cercanos: los primates. Estamos ante una conducta solidaria de unos 300 mil años, la antigüedad de la especie humana. 
Destaca igualmente el discurso que pronunció Jeffrey Sachs, destacado asesor de la ONU, ante el Consejo de Seguridad el 5 de enero de 2026. Sachs calificó al presidente de Estados Unidos como un “matón” que viola el derecho internacional y que “está haciendo añicos la Carta de Naciones Unidas, lo que es extraordinariamente peligroso” porque afecta la estabilidad global (https://www.eldiario. es/internacional/jeffrey-sachs-pide-consejo-seguridad-onu-defender-derecho-internacional-anarquia_1_12890798.html). 
La gran paradoja es que Donald Trump es una especie de dictador ficticio, constreñido a hacer declaraciones digitales en las redes y plataformas, o a lo sumo operaciones quirúrgicas como el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, pero que no puede tocar tierra ante los pueblos, comunidades y barrios organizados de los países. Hoy por hoy, detener a Donald Trump, contradiciéndolo y poniéndolo en evidencia, es un acto por la vida. 

El orden de la fuerza
Trump no podrá gobernar a las sociedades de América Latina, que ha definido como su dominio. 
Foto Europa Press   Foto autor
José Blanco
13 de enero de 2026 00:01
Durante más de un siglo, Estados Unidos ha violentado a América Latina y a otros muchos espacios de la geografía del mundo: el atraco brutal contra Venezuela no es una novedad, aunque ha vuelto el lenguaje desquiciado imperialista en grado extremo. Nadie ha sido más nítido que Stephen Miller, consejero superior de Donald Trump durante 2017-2021, ahora subdirector del gabinete de políticas de la Casa Blanca, vuelto principal ideólogo del actual gobierno. Este individuo es atrozmente hostil al multiculturalismo, es así, por tanto, favorable a una idea etnocultural de Estados Unidos, y asume y presume una crítica frontal del liberalismo. Dijo el pasado lunes 5 en entrevista con CNN: “Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real…, que se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”. 
Miller, que estudió filosofía, argumenta que la fuerza domina y ha dominado en el mundo en cualquier época. Entre los humanos ocurre lo que en el reino animal en general: el más fuerte domina y el pez grande se come al chico. Está en la naturaleza de los seres vivos sobrevivir a expensas de la vida de los otros. No hay más. Este gorila ignora que vive inmerso en las relaciones sociales del capital; como otros ideólogos, naturaliza las relaciones sociales que han organizado a los humanos, y proclama una visión bárbara sobre qué es la sociedad humana. 
Donald Trump sigue esas ideas. “No necesito el derecho internacional”, justificó el pasado 8 de enero en una entrevista sobre el uso de su fuerza incontrastable en Venezuela y sobre lo que puede venir para Groenlandia. No hay nada que lo detenga, sólo “mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”: así habla de su fuerza (militar y policial). Esa vileza es el sostén de su chulería criminal jactanciosa. Trump tampoco “necesita” el derecho interno de Estados Unidos y, por tanto, persigue como un cafre kukluxklanesco a los migrantes, que son encarcelados, echados con humillación de Estados Unidos, o asesinados, como fue asesinada la ciudadana Renee Nicole Good por agentes del ICE, debido a su gesto de desacuerdo con la política trumpista. 
Hay ahora un antes de Trump y un después insólitamente incierto. Trump quiere ser el peor de todos los tiempos. Trump secuestró al “dictador” Maduro, pero no para restablecer la democracia, tema que le es ajeno. Tampoco es claro que el petróleo sea el móvil primordial de su barbarie. En 2023, Estados Unidos ya era el tercer exportador de petróleo del mundo, sólo después de Arabia Saudita y Rusia. No necesita ese petróleo. Y, al precio medio actual de 56 dólares por barril, no resulta rentable para las empresas gringas extraer el petróleo bituminoso de Venezuela. Esas empresas no se tropezarán por llegar con sus inversiones al país atracado. 
Además, una oferta mayor de crudo en el mercado internacional abatiría aún más los precios, y no hace sentido económico guardarlo. Al mismo tiempo, el avance del mercado de los autos eléctricos agregará su propio efecto adverso a la refinación del crudo. Apropiárselo para que nadie más pueda disponer de él, sí tiene sentido trumpiano. Trump entiende que Estados Unidos no puede ser la fuerza que domine todo el planeta. Es él quien ha estado delimitando los espacios, dejando a China y Rusia los suyos. Quiere ser dictador absoluto en Occidente. Ese objetivo es coherente con su atraco de Venezuela. 
Lo es asimismo su propósito de arrebatar para sí a Groenlandia. Trump también quiere eliminar del mapa a las izquierdas de América Latina: sólo derechas como parte de la creación de su dictadura. La amenaza pende sobre Cuba y Nicaragua. El amago a México no cesa. Le disgusta el gobierno de Colombia. Y respalda a Javier Milei y a Nayib Bukele, a Noboa en Ecuador, a Nasry Asfura en Honduras, “ganó” en Chile. Con Brasil la tiene más difícil. El afán del imperialismo gringo está llevando al mundo a un riesgo creciente: Trump quiere un presupuesto militar para 2027 de 1.5 billones (en español ) de dólares, un aumento de 50 por ciento respecto a 2026: ¿tercera guerra mundial? Un tercio de los electores gringos es la base política supremacista de Trump: ¿qué harán los demás? 
Pero Trump no podrá gobernar a las sociedades de América Latina, que ha definido como su dominio. Mucho menos si lo que aquí emprenda no puede ser sino más agresión, más insultos, más discriminación, más robo. ¿Puede Venezuela ser gobernada por Estados Unidos? Ya sabe Trump que no puede: el secuestro del presidente Nicolás Maduro no equivale, ni mucho menos, al aniquilamiento del régimen político creado por Hugo Chávez y el movimiento chavista. 
Venezuela, con su democracia popular compuesta por 49 mil consejos comunales, urbanos y rurales, constituidos por elección popular, conforman una sociedad organizada frente a la cual el mayor imperialismo de la historia poco puede hacer. Habrá millones de latinoamericanos maltratados, pero fuera del alcance de la dictadura trumpista de Occidente en términos de gobierno.