Si bien en un marco asimétrico en el que Estados Unidos disponía y Europa (más Israel, Japón, Corea del Sur y Australia) seguía, Occidente se mantuvo unido sin fisuras mayores hasta 2017, cuando Donald Trump llegó por primera vez a la Casa Blanca con un discurso hostil hacia el pilar de la simbiosis estratégica entre Washington y Bruselas: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Durante su primer mandato, el magnate acusó de manera reiterada a los miembros europeos de la OTAN de aprovecharse de la “generosidad” estadunidense y de no gastar lo suficiente en defensa, lo que en la lógica transaccional del magnate se tradujo en un chantaje para que sus socios adquiriesen más armamento a las trasnacionales de Estados Unidos.
En buena medida, a causa de la guerra contra Rusia, precipitada por Joe Biden, Europa satisfizo las demandas trumpianas con presupuestos militares impensables hace apenas un lustro, para los cuales incluso suspendió su estricta legislación contra el déficit fiscal. Sin embargo, lejos de colmar el apetito del huésped de la Casa Blanca, la aquiescencia desbordó sus ambiciones: desde su regreso al poder, del que hoy se cumple un año, ha impuesto a sus aliados europeos aranceles tan o más elevados que los dirigidos contra rivales, cuestionado la utilidad de la OTAN y, sobre todo, insiste en que arrebatará a Dinamarca la isla de Groenlandia “por las buenas o por las malas”.
Hasta el momento, Bruselas había digerido todos los golpes, pero el asunto del Ártico desató una resistencia inédita de siete países que respaldan a la corona danesa en su defensa del territorio groenlandés como “nación constituyente del reino de Dinamarca”. Las fricciones han escalado hasta el punto en el que, por primera vez, la Unión Europea plantea responder a las tarifas punitivas de Trump con un mecanismo anticoerción diseñado para proteger a todos los miembros que puedan ser coaccionados de forma económica por terceros.
Es probable que el político republicano y sus asesores descarten la capacidad de sus socios atlánticos para presentar un frente unido ante las agresiones, y hay elementos que les dan la razón. Polonia, por ejemplo, ya dejó claro que nada romperá su condición de Estado satélite de Washington y el primer ministro británico, Keir Starmer, esquiva toda pregunta sobre el respaldo a la estrategia continental y rehúsa la confrontación con el pretexto de preferir “soluciones a eslóganes”, aunque Trump sea explícito en que la única solución aceptable para él es la entrega “completa y absoluta” de Groenlandia, como si se tratase de la venta de un lote para instalar un campo de golf.
Con todo, la creciente agresividad de la Casa Blanca entraña el riesgo de que las cosas se salgan de su control, con repercusiones impredecibles sobre una relación comercial que alcanza 1.5 billones (millones de millones) de dólares al año y supone el principal destino de las exportaciones de servicios estadunidenses, así como una cuarta parte de los ingresos de las grandes empresas tecnológicas cuyos dueños y directivos son los principales financiadores del trumpismo.
Más allá de lo económico, una ruptura de la OTAN sería una herida grave a la capacidad estadunidense para proyectar poder global, privando a la superpotencia de los aliados que habilitan su interferencia en el resto del mundo con la tranquilidad de que el frente europeo está permanentemente asegurado. Se trataría, pues, de un cataclismo geopolítico, acaso el más relevante desde el colapso de la URSS en 1991.
Trump ensaya con migrantes tácticas de control para otros sectores: AI
Al cumplir un año en el poder, su régimen ha satanizado segmentos de la población
▲ El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su hija, Ivanka Trump, asistieron al partido por el Campeonato Nacional de Futbol Universitario entre Miami Hurricanes e Indiana Hoosiers, en el Hard Rock Stadium, en Miami Gardens, Florida.Foto Afp
Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Martes 20 de enero de 2026, p. 2
Washington y Nueva York., El presidente Donald Trump cerró efectivamente la frontera con México a la migración, anuló el derecho al asilo e implementó dentro del país una campaña cruel y posiblemente ilegal de arrestos violentos, separación de familias, secuestros y desapariciones temporales contra cualquiera que parece ser latino o extranjero, habla español y desafía su visión de una nación blanca y cristiana.
Pero a un año de su llegada al poder, el gobierno de Trump ha deportado menos inmigrantes que su antecesor, Joe Biden, en sus últimos dos años, mientras el uso creciente de tácticas violentas y hasta represión que acompañan su política antimigrante –generando el objetivo deseado de aterrorizar a comunidades extranjeras– está provocando una oposición sin precedente expresada tanto en las marchas de protesta como en las encuestas.
“La transformación de medidas de control migratorio a una operación tipo paramilitar está probando tácticas que pueden ser empleadas contra otros sectores de la población”, advierte Amanda Klasing, directora de relaciones gubernamentales de Amnistía Internacional (AI). “El sistema de la aplicación de medidas de migración combina amplia discreción, velocidad, temor y deshumanización, condiciones que facilitan normalizar prácticas tales como aplicación de ley masiva, redadas militarizadas, detención a gran escala, vigilancia y expulsiones sumarias”.
En su primer año en la Casa Blanca, Trump ha deportado a 270 mil personas en la frontera, y otras 230 mil detenidas dentro del país. Además, unos 40 mil accedieron a un “bono” del gobierno al aceptar la “autodeportación”, según datos oficiales calculados por el New York Times. De ese total de 540 mil, aproximadamente 43 por ciento fueron enviados a México, 49 por ciento a varios países de Centroamérica y América del Sur, con 7 por ciento a países en África, Asia y Europa.
Aunque el gobierno de Trump reporta que su magno esfuerzo está dedicado a detener y deportar a “criminales”, la mayoría –entre dos tercios y tres cuartas partes– no tienen historial penal, reporta el Migration Policy Institute en Washington.
En promedio, hay unos 66 mil inmigrantes en centros de detención en el país, aumento dramático de los 40 mil en promedio antes de la llegada de Trump. “Estos cambios en las prácticas de arresto han provocado un incremento de 2 mil 450 por ciento en el número de personas sin ficha criminal que se encuentran en detención de ICE (la agencia de control migratorio) en cualquier día”, reporta el American Immigration Institute este mes.
El gobierno de Trump está ampliando de manera dramática el uso de centros de detención privados, muchos de los cuales son negocios administrados por donantes del presidente. Tienen el objetivo de incrementar la capacidad carcelaria en sus instalaciones a 108 mil camas para finales de este mes.
“Las muertes entre los detenidos de ICE en 2025 alcanzaron el nivel más alto jamás registrado para un año no covid. Y para un número creciente de personas detenidas, las condiciones empeoradas han llevado a muchos sencillamente a abandonar sus casos –aun si son viables– para permanecer en el país”, reporta el Immigration Council. Las videograbaciones de crueldad y ejemplos de la separación de niños de sus padres parecen ser parte de la estrategia oficial para generar terror e incertidumbre entre inmigrantes indocumentados. Una maestra de una primaria pública en Massachusetts comentó a La Jornada que un tercio de los niños de familias brasileñas en su aula ya no se encuentran en el país. El gobierno de Trump festeja que hasta 1.9 millones de personas se han “autodeportado” como resultado de sus medidas antimigrantes, una cifra que es disputada por defensores de inmigrantes, aunque reconocen que el temor invade a estas comunidades.
La crueldad más extrema es la ansiedad y temor generados entre niños. Algunos han visto a sus padres detenidos y esposados; muchos salen todos los días a la escuela sin saber si sus padres estarán cuando regresen a casa; escriben cartas a sus amigos, como uno que dice: “lloro todas las noches pensando en si ICE nos agarrará”; advierte que si no regresa a la escuela estaría en El Salvador y pide que no se olviden de él; otros menores han sido afectados por gas lacrimógeno arrojado contra sus padres, y así, todos los días.
“Estados Unidos está realizando desapariciones forzadas”, acusó Nicole Widdersheim, subdirectora de Human Rights Watch, en una sesión informativa con periodistas. “Gente de todas partes del mundo, incluyendo de México, con quien Estados Unidos tiene un acuerdo vigente para retornar a sus nacionales… fueron enviados a terceros países sin representación legal, y algunos siguen detenidos allá”.
Pero esta campaña antimigrante sigue generando cada vez más oposición alrededor del país. A Trump le mostraron encuestas internas que registran un desplome en el apoyo público para sus medidas antimigrantes, sobre todo entre votantes que serán claves para los republicanos en las próximas elecciones a finales de este año. Además de 80 por ciento de demócratas que favorecen eliminar a ICE, ahora hay más votantes no alineados que apoyan eliminar esa agencia que los que apoyan mantenerla.
“Los videos del asesinato de esa mujer en Mineápolis están cambiando las corrientes”, comentó un ex funcionario de la Casa Blanca a La Jornada, en referencia al incidente en esa ciudad contra una ciudadana por un agente de ICE.
Trump ha logrado hacer cambios fundamentales al sistema de inmigración, sobre todo atacando la noción prevalente de que la migración es un aspecto positivo de lo que se llamaba “un país de inmigrantes”, algo que ha nutrido con una narrativa racista explícita al demonizar a inmigrantes no blancos y no cristianos de países del Sur global. Vale recordar que los únicos que han sido bienvenidos por la Casa Blanca son inmigrantes ultrarricos –se puede comprar la llamada “tarjeta dorada” por un millón de dólares– por un permiso de residencia, o “refugiados” blancos sudafricanos que dicen ser víctimas de persecución por la mayoría negra de su país.
Qué tan permanentes serán estos cambios y qué tanto más extrema será la política antimigratoria está por verse. Los tribunales de primera instancia consistentemente han emitido fallos contra varios aspectos de estas políticas, incluyendo el uso de militares en operaciones antimigrantes. Sin embargo, a niveles superiores, con jueces nombrados por Trump desde su primer periodo, incluyendo la Suprema Corte, están ayudando en la gran misión para anular la invitación de la Estatua de la Libertad y así frenar la transformación de este país.
Apenas se cumple un año.
Trump asegura no pensar en la paz porque no le dieron el Premio Nobel
Pide Dinamarca a la OTAN misión de defensa // Van los aranceles contra europeos: el magnate
▲ El gobierno danés incrementó la presencia de sus fuerzas armadas en el territorio ártico.Foto Afp
The Independent, Ap, Afp, Reuters, Dpa y Europa Press
Periódico La Jornada Martes 20 de enero de 2026, p. 17
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se negó ayer a descartar el uso de la fuerza militar para apoderarse de Groenlandia, mientras los países europeos intensifican su respuesta a las amenazas arancelarias del jefe de la Casa Blanca.
“Sin comentarios”, fue la respuesta del mandatario estadunidense cuando en una entrevista con NBC News le preguntaron si podría enviar al ejército para reclamar el territorio danés semiautónomo.
Sin embargo, afirmó que cumplirá “a 100 por ciento” su amenaza de imponer aranceles a ocho países europeos que se han opuesto a que se apropie de la isla ártica.
En un intercambio de mensajes de texto durante el fin de semana, Trump comentó al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, que no “siente la obligación de pensar puramente en la paz”, ya que su país no le otorgó el Premio Nobel, informó el premier nórdico al dar a conocer una carta del magnate.
Støre aclaró que el galardón lo otorga un comité independiente, no el gobierno; además, reiteró el apoyo total de Noruega a Dinamarca al declarar que “la isla forma parte de su territorio”.
En sus redes sociales, Trump aseveró antenoche que “la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) lleva 20 años diciéndole a Dinamarca que ‘tiene que alejar la amenaza rusa de Groenlandia’. Por desgracia, Dinamarca no ha sido capaz de hacer nada al respecto. ¡Ha llegado la hora, y se hará!”
Dinamarca anunció el envío de un “incremento sustancial” de sus fuerzas armadas al Ártico. Aún más, Dinamarca y Groenlandia solicitaron a la OTAN una misión para reforzar las defensas de la isla.
El canciller federal alemán, Friedrich Merz, criticó las amenazas arancelarias de Trump, pero se mostró cauteloso a la hora de anunciar medidas de represalia. A diferencia del presidente francés, Emmanuel Macron, Merz renunció a apelar a la ley de la Unión Europea para defenderse de la coacción económica, la llamada “bazuca del comercio”, como contramedida.
En tanto, el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, advirtió sobre una guerra comercial y pidió un debate calmado para garantizar la continuidad de las alianzas históricas.
Por lo pronto, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, aseguró que “sería muy insensato” que los países europeos reviren con represalias, durante la primera jornada del Foro Económico Mundial de Davos, donde explicó que Trump quiere controlar ese territorio porque lo considera un “activo estratégico”.
Resaltó: “no vamos a dejar nuestra seguridad hemisférica a nadie”.
A la pregunta sobre el mensaje de Trump al primer ministro de Noruega, en el que parecía relacionar su presión sobre Groenlandia con el hecho de no haber ganado el Nobel de la Paz, Bessent respondió: “No sé nada sobre la carta del presidente a Noruega. Creo que es una completa tontería que el mandatario vaya a hacer esto por el galardón”.
Gorras de beisbol rojas, que parodian las cachuchas icónicas de Trump con las siglas MAGA, se han convertido en un símbolo de desafío danés y groenlandés.
Las gorras dicen: “Make America Go Away” (Que se vaya Estados Unidos) como una parodia del lema de Trump “Make America Great Again” (Devolver la grandeza a Estados Unidos) y se han vuelto populares en las redes sociales y en protestas públicas, incluida una manifestación el fin de semana en la congelada capital danesa.

