En un año, más protestas de las que hubo en su primer mandato
Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Miércoles 21 de enero de 2026, p. 3
▲ Acto en apoyo a Groenlandia frente a la Torre Trump en Nueva York.Foto Afp
Washington y Nueva York. Líderes religiosos, sindicalistas, activistas comunitarios, estudiantes y artistas en todo el país son parte de una ola creciente de oposición y resistencia a las políticas y agenda derechista de Donald Trump, cuyas expresiones a lo largo de su primer año como presidente son las protestas populares más grandes en la historia de Estados Unidos.
“Sal y camina contra el fascismo”, clamaron estudiantes de preparatoria que abandonaron sus aulas el martes en la capital de este país para marcar el primer aniversario del presidente, mientras en Minnesota los sindicatos estatales, iglesias, pequeños comerciantes, universitarios y organizaciones comunitarias han llamado a un paro estatal este viernes, y por diversos rumbos del país se multiplican acciones de protesta, desde vigilias a marchas hasta acciones en defensa de inmigrantes.
En Mineápolis, Chicago, Los Ángeles, Charlotte y Nueva Orleans, entre otras, todos los días se escuchan los silbatos –símbolo de resistencia– para alertar de redadas de agentes federales.
“En el año desde que Trump retornó al puesto, el número de protestas en Estados Unidos ya ha superado a las que ocurrieron en el mismo periodo de su primer gobierno”, reporta The Guardian esta semana con base en cálculos de la Universidad de Harvard. “Hubo más de 10 mil 700 protestas en 2025, un incremento de 133 por ciento de las 4 mil 588 registradas en 2017, el primer año de la primera presidencia de Trump”. Los expertos agregan que se ha registrado por lo menos una protesta en casi todos los condados del país, incluyendo cientos que fueron ganados por Trump.
Esas expresiones de resistencia han incluido las marchas nacionales más grandes jamás registradas bajo la consigna de “Reyes no” en el verano pasado, con una participación de entre 5 a 7 millones en un solo día en acciones en miles de pueblos y ciudades, como también en actos simbólicos pequeños pero constantes casi todas las semanas.
Y esa resistencia no se ha limitado a manifestaciones y marchas en las calles y plazas, sino en actos cotidianos. Maestros, junto con padres de familia, se han coordinado para proteger a estudiantes frente a las amenazas de agentes federales; voluntarios se han capacitado con sus vecinos para establecer comités locales de protección de inmigrantes en sus comunidades; proyectos de asistencia mutua entregan alimentos y otras ayudas a vecinos que tiene miedo de salir a las calles.
En las trincheras frente a la ofensiva derechista contra la educación y la cultura, hay gente inesperada como parte de la resistencia: bibliotecarios, curadores de museos, enfermeras, científicos y más enfrentan los intentos de censura de libros, de exhibiciones y narrativas históricas y ataques contra la educación y la salud pública.
Nuevas coaliciones ecuménicas brotan con gente de fe cristiana, musulmana, judía, budista y más nutriendo la resistencia y creando nuevas expresiones de oposición y defensa de la ética –desde nacimientos navideños que condenan la persecución de refugiados como Jesús a vigilias frente a centros de detención, a contingentes en marchas–. Un nuevo Papa estadunidense ha nombrado cardenales defensores de inmigrantes y refugiados a la ciudad de Nueva York y a Palm Beach, donde Trump tiene su club-residencia personal Mar-a-Lago.
Artistas apoyan a migrantes
Artistas famosos y no tanto se suman al coro contra las políticas de Trump, desde su ataque a la cultura y la promoción de la censura a los ataques contra inmigrantes: Bad Bunny; Bruce Springsteen, quien esta semana llamó a que la migra “se salga y deje de chingar a Mineápolis”; la banda Green Day gritando en español “chinga la migra”; así como actores como Jane Fonda, Mark Ruffalo y Susan Sarandon y un número incontable de otros artistas dando ritmo y versos y un poco de belleza a la resistencia.
Todo esto tampoco se queda sólo en gritos de ira y acciones de defensa y solidaridad, también se traduce en cambios políticos en la arena electoral. El triunfo del nuevo alcalde socialista democrático Zohran Mamdani en la capital del capital y la principal ciudad del país, Nueva York; la elección de otra socialista democrática, Katie Wilson, como alcaldesa de Seattle; la relección de la excepcional progresista Michelle Wu como alcaldesa de Boston, entre otros, muestran el surgimiento de una nueva generación progresista ante la sombra de la derecha. Las confrontaciones directas con el gobierno de Trump de políticos opositores más centristas como los gobernadores de Illinois y California, los alcaldes de Chicago y Los Ángeles, Charlotte y hasta Nueva Orleans, y triunfos electorales de candidatos demócratas en contiendas recientes en Miami, y para gobernador de Virginia y Nueva Jersey, son en parte percibidas como respuestas al intento de la derecha de imponerse a través del país.
La Casa Blanca intenta controlar la narrativa, a través de su estrategia de medios, de que tiene control absoluto del país, pero cada día se comprueba que eso es falso. De hecho, el presidente ha tenido que desplegar fuerzas armadas en Los Ángeles y ha amenazado con hacer lo mismo en Seattle, Chicago, Nueva York y ahora Mineápolis y hasta invocar la antigua Ley de Insurrección para imponer control militar y político de esas ciudades, aunque ha tenido que retroceder por la combinación de oposición interna y fallos de tribunales.
Desde el inicio, Trump ha acusado a todo opositor, crítico y contrincante como de “izquierda radical” y declarado que las protestas y acciones de desobediencia civil son promovidas por “anarquistas” y “comunistas” que desean destruir este país. Algunos advierten que busca provocar para justificar la represión y control de ciudades y estados encabezados por sus opositores y/o para crear un espectáculo constante que, cree, beneficiará a sus aliados en el ámbito electoral. Que él y los integrantes de su gabinete estén dispuestos a golpear, arrestar y hasta matar a ciudadanos estadunidenses, incluso blancos, provoca escalofríos para algunos que concluyen que este gobierno es capaz de cualquier cosa.
Pero el hecho es que a pesar de las amenazas, asesinatos, arrestos, abusos de derechos básicos y libertades civiles, no sólo no ha logrado imponer el silencio, sino la respuesta es cada vez más ruidosa al llegar a un año de su gobierno.
Se escuchan los silbatos.
En Mineápolis, Chicago, Los Ángeles, Charlotte y Nueva Orleans, entre otras, todos los días se escuchan los silbatos –símbolo de resistencia– para alertar de redadas de agentes federales.
“En el año desde que Trump retornó al puesto, el número de protestas en Estados Unidos ya ha superado a las que ocurrieron en el mismo periodo de su primer gobierno”, reporta The Guardian esta semana con base en cálculos de la Universidad de Harvard. “Hubo más de 10 mil 700 protestas en 2025, un incremento de 133 por ciento de las 4 mil 588 registradas en 2017, el primer año de la primera presidencia de Trump”. Los expertos agregan que se ha registrado por lo menos una protesta en casi todos los condados del país, incluyendo cientos que fueron ganados por Trump.
Esas expresiones de resistencia han incluido las marchas nacionales más grandes jamás registradas bajo la consigna de “Reyes no” en el verano pasado, con una participación de entre 5 a 7 millones en un solo día en acciones en miles de pueblos y ciudades, como también en actos simbólicos pequeños pero constantes casi todas las semanas.
Y esa resistencia no se ha limitado a manifestaciones y marchas en las calles y plazas, sino en actos cotidianos. Maestros, junto con padres de familia, se han coordinado para proteger a estudiantes frente a las amenazas de agentes federales; voluntarios se han capacitado con sus vecinos para establecer comités locales de protección de inmigrantes en sus comunidades; proyectos de asistencia mutua entregan alimentos y otras ayudas a vecinos que tiene miedo de salir a las calles.
En las trincheras frente a la ofensiva derechista contra la educación y la cultura, hay gente inesperada como parte de la resistencia: bibliotecarios, curadores de museos, enfermeras, científicos y más enfrentan los intentos de censura de libros, de exhibiciones y narrativas históricas y ataques contra la educación y la salud pública.
Nuevas coaliciones ecuménicas brotan con gente de fe cristiana, musulmana, judía, budista y más nutriendo la resistencia y creando nuevas expresiones de oposición y defensa de la ética –desde nacimientos navideños que condenan la persecución de refugiados como Jesús a vigilias frente a centros de detención, a contingentes en marchas–. Un nuevo Papa estadunidense ha nombrado cardenales defensores de inmigrantes y refugiados a la ciudad de Nueva York y a Palm Beach, donde Trump tiene su club-residencia personal Mar-a-Lago.
Artistas apoyan a migrantes
Artistas famosos y no tanto se suman al coro contra las políticas de Trump, desde su ataque a la cultura y la promoción de la censura a los ataques contra inmigrantes: Bad Bunny; Bruce Springsteen, quien esta semana llamó a que la migra “se salga y deje de chingar a Mineápolis”; la banda Green Day gritando en español “chinga la migra”; así como actores como Jane Fonda, Mark Ruffalo y Susan Sarandon y un número incontable de otros artistas dando ritmo y versos y un poco de belleza a la resistencia.
Todo esto tampoco se queda sólo en gritos de ira y acciones de defensa y solidaridad, también se traduce en cambios políticos en la arena electoral. El triunfo del nuevo alcalde socialista democrático Zohran Mamdani en la capital del capital y la principal ciudad del país, Nueva York; la elección de otra socialista democrática, Katie Wilson, como alcaldesa de Seattle; la relección de la excepcional progresista Michelle Wu como alcaldesa de Boston, entre otros, muestran el surgimiento de una nueva generación progresista ante la sombra de la derecha. Las confrontaciones directas con el gobierno de Trump de políticos opositores más centristas como los gobernadores de Illinois y California, los alcaldes de Chicago y Los Ángeles, Charlotte y hasta Nueva Orleans, y triunfos electorales de candidatos demócratas en contiendas recientes en Miami, y para gobernador de Virginia y Nueva Jersey, son en parte percibidas como respuestas al intento de la derecha de imponerse a través del país.
La Casa Blanca intenta controlar la narrativa, a través de su estrategia de medios, de que tiene control absoluto del país, pero cada día se comprueba que eso es falso. De hecho, el presidente ha tenido que desplegar fuerzas armadas en Los Ángeles y ha amenazado con hacer lo mismo en Seattle, Chicago, Nueva York y ahora Mineápolis y hasta invocar la antigua Ley de Insurrección para imponer control militar y político de esas ciudades, aunque ha tenido que retroceder por la combinación de oposición interna y fallos de tribunales.
Desde el inicio, Trump ha acusado a todo opositor, crítico y contrincante como de “izquierda radical” y declarado que las protestas y acciones de desobediencia civil son promovidas por “anarquistas” y “comunistas” que desean destruir este país. Algunos advierten que busca provocar para justificar la represión y control de ciudades y estados encabezados por sus opositores y/o para crear un espectáculo constante que, cree, beneficiará a sus aliados en el ámbito electoral. Que él y los integrantes de su gabinete estén dispuestos a golpear, arrestar y hasta matar a ciudadanos estadunidenses, incluso blancos, provoca escalofríos para algunos que concluyen que este gobierno es capaz de cualquier cosa.
Pero el hecho es que a pesar de las amenazas, asesinatos, arrestos, abusos de derechos básicos y libertades civiles, no sólo no ha logrado imponer el silencio, sino la respuesta es cada vez más ruidosa al llegar a un año de su gobierno.
Se escuchan los silbatos.
Trump: 12 meses de imponer su moral como ley universal
Se multiplican las advertencias de que el magnate aniquila las relaciones internacionales y orilla al mundo al sufrimiento
▲ Luego de una conferencia de casi dos horas del presidente Donald Trump, Stephanie Grisham, secretaria de prensa de la Casa Blanca durante nueve meses del primer mandato de republicano, aseguró que el magnate está “fallando mentalmente”. Ella y otros analistas criticaron el discurso “errático, desconectado, con saltos temáticos y comentarios inusuales”.Foto Ap
Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Miércoles 21 de enero de 2026, p. 2
Washington y Nueva York. Cuando al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se le preguntó por los límites sobre cómo ejerce su poder en el ámbito mundial respondió: “sólo mi propia moralidad…. No necesito la ley internacional”. Este martes, el mismo mandatario publicó en redes una imagen del mundo que desea, con un mapa en el que la bandera estadunidense está sobre Groenlandia, Canadá, Venezuela y el Canal de Panamá.
En el primer año de su segundo periodo en la Casa Blanca, el comandante en jefe ha realizado –unilateralmente o de manera conjunta con otros– 822 bombardeos en total empleando aviones o drones, según un cálculo reportado por Al Jazeera elaborado por la organización de monitoreo de conflictos armados Datos de ubicación y eventos de conflictos armados (Acled, por sus siglas en inglés). Venezuela, Irán, Siria, Irak, Nigeria, Yemen y Somalia son algunos de los lugares que fueron blanco de las armas a su disposición.
El mandatario que llegó a la Casa Blanca hace un año prometiendo que pondría fin a las “guerras sin fin” de Estados Unidos, notificó esta semana al gobierno noruego que ya que no le otorgaron el Premio Nobel de la Paz, “ya no me siento obligado a pensar sólo en la paz”.
El mundo ha cambiado desde su retorno al poder. Nadie esperaba que 82 años después de concluida una guerra mundial donde Estados Unidos se sumó a sus aliados europeos para frenar la expansión militar de Alemania, hoy Alemania se está juntando con sus aliados europeos para frenar el expansionismo de Estados Unidos al defender Groenlandia. Y nadie esperaba que Groenlandia estaría jamás en la lista de países amenazados con una intervención estadunidense a lo largo de la historia.
Control sin fin, el objetivo
A la una de la mañana del martes, el mandatario subió a su cuenta de medios sociales una imagen generada por inteligencia artificial de él en la Oficina Oval frente a un grupo de gente, y a su lado estaba un mapa del mundo con banderas estadunidenses sobre Groenlandia, Canadá, Venezuela y Estados Unidos. “Creo que sólo quiere un mapa grande que muestra que controla más territorio que nadie más”, explicó una veterana analista de Washington quien solicitó el anonimato porque su organización trabaja con la Casa Blanca en algunos temas de política exterior.
No hay fin de las teorías y especulaciones sobre qué es lo que quiere el presidente en el ámbito internacional, pero tal vez se debe empezar por lo que él mismo dice. Ha repetido que sus metas en Venezuela, Groenlandia y otros países son proteger el acceso estadunidense a petróleo y recursos naturales, incluyendo minerales considerados críticos (litio, cobalto, tierras raras, grafito, níquel, cobre y galio).
Consultado por el New York Times sobre si existen límites al ejercicio de su poder en el ámbito internacional, respondió que sólo su “moralidad” y “su mente” son los que pueden detenerlo, descartando cualquier otra limitación al subrayar que “no necesito la ley internacional”, un punto que ha sido reiterado por sus asesores más cercanos, como Stephen Miller.
Pero obviamente hay otros límites sobre el poder estadunidense. Trump retiró aranceles que impuso a
China después de que el gigante asiático respondió que frenaría el flujo de minerales críticos a Estados Unidos, mientras los costos internos de su arma económica favorita están elevando el costo de vida a tal grado que se espera que muchos aranceles serán retirados antes de las elecciones intermedias en noviembre, y tal vez mucho antes si la Suprema Corte determina que fueron ilegalmente aplicados.
Una motivación constante del presidente es lograr acuerdos que generen dinero para él, su familia y sus amigos. La primera venta de petróleo venezolano después del secuestro del presidente Nicolás Maduro puso dinero en el bolsillo de un donante de Trump. La familia del magnate ha ganado miles de millones dólares sólo en este primer año de inversiones, maniobras financieras y acuerdos en otros países con los cuales está negociando la Casa Blanca, según cálculos del New York Times y Wall Street Journal.
No hay consenso sobre política exterior dentro de su círculo íntimo ni entre las corrientes de apoyo de Trump, aunque no hay duda de que él es quien determina las decisiones finales. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el subdirector de gabinete, Stephen Miller, son promotores de reafirmar el dominio estadunidense en los asuntos mundiales, empezando con este hemisferio.
Por su parte, el presidente ha solicitado un incremento de 500 mil millones de dólares en el presupuesto del Pentágono para el próximo año, lo cual aumentaría el gasto militar total 50 por ciento, llevando a un presupuesto bélico de 1.5 billones, el más alto de todos los tiempos.
El vicepresidente J.D. Vance ha favorecido una posición más aislacionista, proponiendo que Estados Unidos se retire de la guerra ruso-ucraniana y otros asuntos bélicos de largo plazo. Junto con el hijo mayor del presidente, Donald Trump, Jr., el vicepresidente ha cuestionando el gasto militar y el envío de tropas a otras naciones, representando una corriente ultraconservadora de America primero de las bases de Trump.
El propio Trump ha provocado ira entre estas corrientes en sus bases por su alianza íntima con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su apoyo incondicional no sólo al genocidio en Gaza sino por ataques israelíes contra Líbano, Siria e Irán. Este martes, Trump anunció que tiene la intención de realizar la primera sesión de su “junta de paz para Gaza” el jueves, mientras esté en Davos y que los líderes de Canadá, Turquía, Argentina y Egipto han sido invitados a participar. La junta, percibida aquí como un intento para eludir a la Organización de Naciones Unidas por su condena casi universal a Israel, ha sido repudiada por la comunidad internacional.
Pero la ONU y la “comunidad internacional” son blanco de burla y desprecio por el gobierno de Trump, el cual no ha ocultado su desdén no sólo de la ley internacional y la Carta de la ONU y otras normas, sino que ha continuado minando el llamado orden internacional. La Casa Blanca no sólo se ha retirado del Pacto de París sobre Cambio Climático y la Organización Mundial de Salud, sino de múltiples agencias, comisiones y todo tipo de entidades relacionadas con la ONU.
Y por lo visto, también está jugando con romper relaciones con otras organizaciones y alianzas multilaterales, incluyendo la OTAN.
En su lugar, por lo menos en este hemisferio, Trump ha dejado claro que sabe con qué quiere sustituir al viejo orden: la “Doctrina Donroe” en la que proclama que “el hemisferio es nuestro”.
De hecho, tres cardenales de la Iglesia católica de Estados Unidos –la primera organización transnacional– declararon que las políticas exteriores de Trump están “destruyendo las relaciones internacionales y llevando al mundo a un sufrimiento incalculable”.
Mamdani y Sanders apoyan huelga de enfermeras en NY
▲ El alcalde neoyorquino en su discurso ante profesionales de la salud que exigen mejoras salariales.Foto Ap
Ap
Periódico La Jornada Miércoles 21 de enero de 2026, p. 23
Nueva York. El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, y el senador socialista democrático, Bernie Sanders, se unieron ayer a las enfermeras y enfermeros en Manhattan durante el noveno día de la huelga más grande de su tipo que la ciudad ha visto en décadas.
Los socialistas democráticos, al hablar ante una multitud bulliciosa de enfermeras frente a Mount Sinai West, en el Upper West Side, instaron a los ejecutivos de los hospitales a regresar a la mesa de negociaciones para resolver la disputa que llevó a unas 15 mil profesionales de la salud a dejar sus puestos de trabajo la semana pasada.
“La gente de este país está harta de la avaricia en esta industria de la salud”, declaró Sanders, el senador de Vermont con más años de servicio y nativo de Brooklyn, mientras enumeraba los salarios multimillonarios de los directores de los tres sistemas hospitalarios afectados por la huelga.
Añadió Mamdani: “ahora es su momento de necesidad, cuando podemos asegurar que esta sea una ciudad en la que no sólo se puede trabajar, sino también en la que se puede vivir”.
El sindicato de enfermeras afirma que ha mantenido una sesión de negociación con cada uno de los tres sistemas hospitalarios afectados: Mount Sinai, Montefiore y NewYork-Presbyterian, desde que comenzó la huelga el 12 de enero.
Pero los representantes laborales afirman que esas reuniones de varias horas han terminado con poco progreso y no hay planes hasta ahora esta semana para reanudar las conversaciones.
“No nos ofrecieron nada. Todo fue performativo”, denunció Jonathan Hunter, enfermero en Mount Sinai y miembro del equipo de negociación.
La Asociación de Enfermeras del Estado de Nueva York se reunió el domingo por la noche con funcionarios de Montefiore después de mantener negociaciones el viernes con los administradores de Mount Sinai y el jueves con funcionarios de NewYork-Presbyterian.
Los administradores de los nosocomios indicaron que seguirán la guía de los mediadores sobre cuándo reunirse nuevamente con sus contrapartes sindicales. Cada hospital afectado negocia con el sindicato de manera independiente.
Los centros médicos aseveran que el sindicato exige aumentos salariales que equivalen a un incremento de 25 por ciento durante tres años. Mantienen que la solicitud es irrazonable, ya que sus enfermeras ya están entre las mejor pagadas de la ciudad.
“Las demandas de la asociación ignoran las realidades económicas de la atención médica en la ciudad de Nueva York y el país”, señaló ayer NewYork-Presbyterian en un comunicado, al citar recortes federales a Medicaid, así como el aumento de los costos generales.
El martes por la mañana, afuera de Mount Sinai West, enfermeras y simpatizantes marcharon en el frío glacial, coreando “un día más, un día más fuerte”, mientras una caravana de taxistas tocaba sus bocinas en apoyo.
En el sindicato aseguraron que los hospitales buscan reducir los beneficios de las enfermeras, pero los nosocomios alegan que han propuesto mantener sus beneficios actuales financiados por el empleador, los cuales, según ellos, superan lo que la mayoría de los trabajadores privados reciben.
Mientras tanto, los hospitales señalan que sus operaciones médicas funcionan con normalidad a pesar de la huelga. Han contratado a miles de enfermeras temporales con el fin de cubrir turnos y señalan que han hecho compromisos financieros para extender su empleo.
Trump, frustrado porque EU no aprecia sus logros en economía
▲ El secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos.Foto Afp
Afp y Reuters
Periódico La Jornada Miércoles 21 de enero de 2026, p. 17
Washington. El presidente Donald Trump expresó ayer su frustración porque su mensaje económico no ha permeado entre los estadunidenses, al tiempo que presumió sus logros, en particular la reducción del déficit comercial y de la inmigración indocumentada.
“Heredamos un caos. Las cifras estaban aumentando con fuerza, y las hemos reducido, casi todas, a niveles mucho más bajos”, afirmó en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, antes de criticar a sus asesores de comunicación, que según él no logran que su mensaje “llegue” a los estadunidenses.
Trump dio esa rueda de prensa inesperada antes de emprender su viaje a Davos, Suiza, para acudir al Foro Económico Mundial.
Ya en Davos, el secretario de Comercio estadunidense, Howard Lutnick, hizo énfasis en que la globalización le ha fallado a Estados Unidos: “Es una política fallida… y nos ha dejado atrás. Estados Unidos ha dejado de exportar empleos y deslocalizar su futuro. Ya no cederemos ante la globalización”.
En su intervención en el foro, Lutnick lamentó que se busque mano de obra barata fuera de Estados Unidos, porque, dijo, eso afecta directamente a los trabajadores estadunidenses; en específico, señaló que no se puede seguir pretendiendo que las medicinas y los semiconductores se importen.
A manera de ejemplo citó que Europa tiene como meta cero emisiones contaminantes, pero no está produciendo sus propias baterías y las compra a China.
Por otra parte Lutnick dijo esperar que el crecimiento de su país supere 5 por ciento en el primer trimestre de 2026 y añadió que las tasas de interés son demasiado elevadas y están frenando el producto interno bruto (PIB). “Deberían ser mucho más bajas para que nuestra economía pueda finalmente florecer. Creo que el PIB crecerá más de 5 por ciento este trimestre y eso es una economía de 30 billones de dólares. “Si las tasas fueran más bajas, nos verían llegar a 6 por ciento. Nos estamos frenando nosotros mismos”, sentenció.
Sin embargo, aclaró que sus opiniones eran personales, mucho más optimistas que las del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien afirmó en Davos que espera un crecimiento real del PIB de entre 4 y 5 por ciento este año.



