viernes, 23 de enero de 2026

Canadá prospera gracias a sus valores, refuta Carney a Trump.

El futuro no tiene que ser autocrático, sostiene el premier
Ap
Periódico La Jornada   Viernes 23 de enero de 2026, p. 17
Montreal. “Canadá prospera gracias a los valores canadienses”, respondió el primer ministro de ese país, Mark Carney, a la embestida del presidente Donald Trump.
En su discurso en el foro económico de Davos, el jefe de la Casa Blanca afirmó que“Canadá vive gracias a Estados Unidos”, al revirar, a su vez, el discurso previo de Carney en el mismo evento.
Luego de regresar de Davos, donde pronunció un discurso que atrajo amplia atención, Carney señaló que Canadá puede mostrarle al mundo que el futuro no tiene que ser autocrático.
En el Foro Económico Mundial en esa ciudad de Suiza, Carney condenó la coerción ejercida por las grandes potencias sobre países más pequeños, sin mencionar a Estados Unidos.
Al regresar a su país, Carney le respondió directamente a Trump: “Canadá no vive gracias a Estados Unidos. Prosperamos porque somos canadienses”.
El primer ministro expresó que ambas naciones han construido una colaboración notable en las áreas de economía, seguridad y rico intercambio cultural, pero expresó: “somos dueños de nuestra casa, este es nuestro país, nuestro futuro, la elección es nuestra”.
Trump ha expresado la idea de hacer de Canadá el estado número 51 de Estados Unidos, y esta semana publicó una imagen alterada de un mapa estadunidense que incluye a Canadá, Groenlandia, Venezuela y Cuba como parte de su territorio.
El jefe de la Casa Blanca declaró en Davos que Canadá recibe muchas “cosas gratis” de los estadunidenses y “debería estar agradecido”. Señaló que el discurso de Carney en Suiza mostró que “no estaba tan agradecido”.
Previo a una sesión del gabinete en la ciudad de Quebec, Carney afirmó que mantenerse fiel a los valores de Canadá es clave para mantener su soberanía.
“Podemos mostrar que otro camino es posible, que el arco de la historia no está destinado a inclinarse hacia el autoritarismo y la exclusión; aún puede dirigirse hacia el progreso y la justicia”, afirmó el primer ministro.
“Canadá debe ser un faro, un ejemplo para un mundo a la deriva”, resaltó.
Carney expresó que, en un tiempo de creciente populismo y nacionalismo étnico, Canadá puede mostrar cómo la diversidad es una fortaleza, no una debilidad.
“Hay miles de millones de personas que aspiran a lo que hemos construido: una sociedad pluralista que funciona”, manifestó.
Aseveró que Canadá ofrece prosperidad compartida y tiene una democracia que elige proteger a los vulnerables.
“Es un gran país para todos. Es el mejor país del mundo para ser una persona común. No tienes que nacer rico, ni en una familia terrateniente. No tienes que ser de un cierto color o adorar a un cierto dios”, expresó.

México SA
¿Anexión o “diferentes puntos de vista”? // Carney-Trump: ¿“choque de discursos”? // México: todos los huevos en una canasta
Carlos Fernández-Vega
▲ El presidente estadunidense, Donald Trump, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, protagonizaron otro episodio de desencuentro en Davos.Foto Afp y Ap
No es una cuestión semántica ni se puede sostener que la permanente amenaza de una potencia de anexar a otro país se limita a una mera diferencia de “puntos de vista” o a un “choque de discursos”, porque en realidad se trata de un robo descarado y de la violación del derecho internacional. Y si algo ha demostrado el enloquecido jefe del cártel de la Casa Blanca es la agresión constante contra la comunidad de naciones (salvo Israel, desde luego, con el genocida Benjamin Netanyahu a la cabeza) y parece que nadie se anima a ponerle un hasta aquí.
Hasta ahora, el posicionamiento del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial ha sido la única denuncia sobre el imperial proceder de ( fuck) Trump, especialmente sobre su adicción de apropiarse ilegalmente de terceras naciones, Canadá misma entre ellas, en nombre, según dice, de la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Y la advertencia de aquel dirigente es nítida: “si no estamos en la mesa, estamos en el menú”, e históricamente los países del Tercer Mundo siempre aparecen en la “carta de alimentos” a consumir.
Bueno, lo anterior viene a colación, porque ayer la presidenta Sheinbaum fue consultada sobre las citadas declaraciones de Mark Carney –abiertamente antianexionista– y la irracional reacción del demente color naranja (“Canadá existe gracias a Estados Unidos”), y su comentario al respecto de plano no fue el más acertado: “no lo llamaría ‘choque de discursos’, sino que sencillamente son distintos puntos de vista frente a lo que está ocurriendo a nivel internacional. No he hablado recientemente con el primer ministro (canadiense), nos hemos buscado y vamos a tratar de tener una conversación; y, por supuesto, con el presidente Trump, para todas las negociaciones que tienen que ver” con el T-MEC.
Se entiende la necesidad de ser cautelosa y manejar con pinzas y pulso de cirujano la delicada relación bilateral con el energúmeno de la Casa Blanca, pero hay hechos que no se pueden soslayar, como en el caso de ( fuck) Trump y su permanente amenaza de convertir a Canadá en el estado número 51 (el 52 sería Groenlandia), como tampoco es aceptable la machacona “advertencia” de invadir territorio mexicano, en su afanosa actitud expansionista, con el pretexto, según dice, de “combatir a los cárteles de la droga”.
Entonces, que por sus pistolas un perturbado como ( fuck) Trump país pretenda anexionar a otro para incorporarlo a su propia geografía no es precisamente una “diferencia de puntos de vista” y menos un “choque de discursos”, sino la respuesta, así sea retórica, de una nación agredida en contra del agresor y la denuncia pública de la sistemática violación del derecho internacional.
Cierto: la relación trilateral en el marco del T-MEC está “afianzada” con alfileres y no por falta de voluntad de México y Canadá, sino por el creciente grado extorsivo de quien despacha en Mar-a-Lago y, de vez en vez, en la Oficina Oval. La nación de la hoja de arce comenzó a mover fichas (su acercamiento a la República Popular China da cuenta de ello), pero México se aferra a dicho tratado: todos los huevos en la misma canasta, algo que, dada la enloquecida dinámica impuesta por ( fuck) Trump, no parece ser lo más indicado.
Apenas la víspera, la mandataria mexicana anunció la ampliación de mecanismos comerciales con Europa, América Latina y Asia, aunque, dijo, “creemos que el T-MEC se va a conservar; a lo mejor hay algunos cambios, pero finalmente se va a conservar, porque es de beneficio mutuo. Evidentemente, tenemos y buscamos relación con otras regiones del mundo”. Sin embargo, todo apunta a que el gobierno mexicano se ha tardado, porque de tiempo atrás debió abrir esos canales. Pero ha quedado atrapado en un solo mecanismo.
De hecho, ayer la presidenta Sheinbaum insistió en que “vamos a trabajar para que (el T-MEC) no se rompa y creemos que es conveniente para los tres países mantener el acuerdo comercial. La próxima semana, el secretario Ebrard (quien advierte que “Estados Unidos está en un viraje estratégico mayor, en el que se reorganiza a partir de un nacionalismo económico conservador”) va a Washington a seguir trabajando sobre los temas comerciales” y a la par reveló que “en este momento está un equipo de trabajo para darle seguimiento al Entendimiento de Seguridad, coordinado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, aunque hay un grupo de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de la FGR”.
Las rebanadas del pastel
¡¡¡Estos son hechos…!!! Hoy vence el plazo legal para que la llorona del Ajusco pague los impuestos que debe. ¿Fin del culebrón?
X: @cafevega   cfvmexico_sa@hotmail.com

En tierra de pingüinos
Vilma Fuentes
Después de dos guerras mundiales, así como de un largo periodo de paz, los europeos pudieron creer que ya no habría otro conflicto bélico en su territorio. Sin embargo, la guerra en Ucrania parece ahora una advertencia y una especie de anuncio de tal posibilidad. Emmanuel Macron, presidente de Francia, no cesa de alertar sobre el peligro que representa Rusia para la integridad de Europa, alegando las ambiciones de extensión territorial de la antigua Unión Soviética que tendría el deseo de volver a la situación geográfica de la guerra fría reconquistando su poder sobre los países del Este. La insistencia de Macron condujo a preguntarse si el mandatario francés no ocultaba sus verdaderos anhelos de una guerra contra Rusia que le permitiera continuar en el poder con el pretexto de un enfrentamiento. Y esto a pesar de los avisos generales sobre la débil situación actual de las fuerzas armadas francesas, situación que no augura nada bueno para Francia en caso de una verdadera guerra y no un palabrerío sin sentido.
Lo que no parecía imaginar Macron, como tampoco otros dirigentes europeos, es que el conflicto pudiera ser con Estados Unidos y no con Rusia.
En efecto, el panorama geopolítico ha dado un giro que ninguno de los comentadores europeos habría podido imaginar. Pero con el encantador Donald Trump y su llamativa corte de acólitos, formada en gran parte de nuevos ricos al estilo Musk, todo puede suceder, incluso lo impensable hasta hace unos días.
Mucho se hablaba de las ambiciones territoriales rusas sin pensar en las pretensiones desmedidas de Estados Unidos, país que no cesa de intervenir aquí y allá para imponer su imperio. Pero, acaso Francia, así como el resto de Europa, estaba convencida de su “amistad” con el poderoso aliado que, después de todo, intervino en su favor para ganar la Segunda Guerra Mundial. Así, la República Francesa había seguido los lineamientos generales de la política estadunidense desde hace más de medio siglo, con algunos breves periodos de distanciamiento como el ocurrido gracias a la estrategia independentista del general Charles de Gaulle. Pero las causas y ambiciones comunes entre Estados Unidos y Europa Occidental eran mayores que las diferencias. Puede así hablarse, por ejemplo, de las aspiraciones colonialistas que los caracterizan.
Puede afirmarse que con un tipo con el carácter invasor de Donald Trump, frío hombre de negocios, las sorpresas no faltan. Decidido a imponer su voluntad, así sea por la fuerza, el mandatario estadunidense no duda en utilizar la violencia, y no sólo verbal. Una virulencia feroz que no conoce dudas y donde sólo prima el afán de vencer y aplastar a sus contrincantes, triunfo que parece provocarle tanto placer como la fortuna que acumula, auténtico depredador. En otras palabras, Donald Trump tiene necesidad de humillar a sus antagonistas para procurarse el gozo de la victoria.
Así, las ambiciones expansionistas de Estados Unidos de Norteamérica, combinadas con los temores paranoides de la megalomanía, condujeron a Trump a tratar de apoderarse de territorios que extendieran su zona de influencia y a plantar su bandera en Groenlandia, comarca de 2 millones de kilómetros cuadrados perteneciente a Dinamarca desde el siglo XIV. Pero Trump ignora la Historia con la desfachatez de un conquistador surgido de viejos siglos que parecían extinguidos. Esta invasión dictatorial no podía quedarse sin una respuesta de Europa. El problema consiste en saber quién tiene el poder para imponer su voluntad. Quedan liquidados derechos y legitimidades. La fuerza vuelve a tomar la supremacía y el viejo continente europeo se ve atenazado entre los dos imperios que son Estados Unidos y Rusia.
Seguir la evolución de este conflicto acaso ayudará al análisis de los resortes que deciden la Historia, y podrá permitir saber hacia qué cumbre o qué abismo nos dirigimos. Así como prever si la vieja Europa tiene futuro.
vilmafuentes22@gmail.com