Xinhua y Afp
Periódico La Jornada Martes 27 de enero de 2026, p. 23
Brasilia. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, mantuvo ayer una conversación telefónica con su homólogo estadunidense, Donald Trump, en la que propuso que el futuro Consejo de Paz se limite a la cuestión de la franja de Gaza e incluya un asiento para Palestina, informó la presidencia brasileña.
Durante el diálogo de 50 minutos, Lula insistió además en la necesidad de una reforma profunda de la Organización de Naciones Unidas, “que incluya la ampliación de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad”, y abordó con Trump temas de cooperación económica, lucha contra el crimen organizado y estabilidad política en Venezuela.
Según el comunicado de la presidencia brasileña, en el transcurso de la conversación, el presidente brasileño resaltó la importancia de preservar la paz y la estabilidad de la región y de trabajar por el bienestar del pueblo venezolano.
Lula calificó el bombardeo de Estados Unidos a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro como una “afrenta gravísima” a la soberanía de ese país.
Los dos mandatarios acordaron una visita de Lula a Washington en una fecha que se fijará más adelante, pero que será posterior al viaje del brasileño a India y a Corea del Sur, en febrero.
Asimismo,intercambiaron información sobre indicadores económicos de los dos países, que proyectan buenas perspectivas para ambas economías.
Trump afirmó que el crecimiento económico de Estados Unidos y de Brasil es positivo para la región en su conjunto.
Ambos celebraron la buena relación construida en los últimos meses, que resultó en el levantamiento de una parte significativa de los aranceles aplicados a productos brasileños.
El presidente brasileño reiteró la propuesta enviada al Departamento de Estado en diciembre de fortalecer la cooperación en el combate al crimen organizado.
Lula manifestó interés en estrechar la alianza en el combate al lavado de dinero y al tráfico de armas, así como en el congelamiento de activos de grupos criminales y en el intercambio de datos sobre transacciones financieras.
Según el gobierno brasileño, la propuesta fue bien recibida por el presidente estadunidense.
Al cierre de esta edición Trump no había formulado comentarios sobre la llamada.
El “nuevo” desorden mundial y los pueblos
Ya se advierte que la fórmula del capital narcotráfico/ militarización/ despojo es la verdadera estrategia de la “nueva” Doctrina Donroe.
Ya se advierte que la fórmula del capital narcotráfico/ militarización/ despojo es la verdadera estrategia de la “nueva” Doctrina Donroe. Foto Ap Foto autor
Magdalena Gómez
27 de enero de 2026 00:03
El 3 de enero de 2026 se convirtió en un parteaguas con el secuestro del presidente de la república de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores, en una acción violenta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que culminó con ello la etapa previa de sanciones y fuerte desgaste contra el gobierno de Venezuela, para asumirse ahora como el que tiene el poder real sobre ese país, en especial sobre el control del petróleo, y además quien determina que se deben romper relaciones con China, Rusia e incluso con Cuba.
La presidenta interina, Delcy Rodríguez, mantiene relación con el presidente magnate con escasos márgenes de decisiones internas, especialmente en materia de economía.
Ya se anotó por múltiples voces que en la incursión imperialista en ese país, el tema de la democracia, de derechos humanos y, por supuesto, de respeto al derecho internacional está fuera del horizonte del activismo neocolonial de Donald Trump.
En su lógica, está caminando Venezuela con las operaciones de venta de petróleo bajo su control y decisión, favoreciendo a empresas petroleras cercanas (en especial, alguna de ellas que contribuyó a financiar su campaña), y el reparto de ciertos recursos y su colocación en cuentas que no sean susceptibles de fiscalización.
En su expansionismo regional, mantiene abiertas las amenazas a Cuba y Colombia, sin dejar fuera a México, de futuras intervenciones militares por tierra para “extraer”narcotraficantes, donde al gran juez Trump nunca le parecen suficientes las evidencias del combate al narcotráfico y la muy amplia entrega de capos, a lo cual ya agregó otra provocación al afirmar que la renovación del T-MEC le parece irrelevante.
Con todo ello en suspenso, abrió su batalla para apoderarse de Groenlandia, enfrentando la oposición de Dinamarca y de países europeos que la respaldan, incluso con el envío de algún destacamento militar. En el contexto de la proximidad del Foro de Davos, anunció aranceles a aliados de Dinamarca, los cuales amenazaron con una respuesta fuerte y conjunta. El Foro de Davos fue en días pasados el escenario donde Trump anunció que no empleará fuerza militar en Groenlandia, que había un acuerdo de largo plazo para recuperarla para Estados Unidos y que suspendía su decisión arancelaria.
En ese mismo escenario, anunció el proyecto de la llamada junta de paz dirigido a Gaza que fragmenta la franja, con la invitación a 59 naciones que se habían sumado ya a su iniciativa, aunque sólo asistieron jefes de Estado, altos diplomáticos y otros funcionarios de 19 países, más Estados Unidos, que tendrían que aportar una suma considerable de millones de dólares. La “paz” que ofreció es la construcción en esa franja de un emporio inmobiliario y turístico que no tiene asidero ni respaldo en la Organización de Naciones Unidas. Una “nueva Gaza” con un plan para convertir en tres años el devastado territorio palestino en un “lujoso complejo de rascacielos” y “turismo costero”. Se habla de nuevo orden internacional, incluso de imponer estructuras paralelas a las que fueron creadas después de la Segunda Guerra Mundial.
Este muy somero recuento de las iniciativas trumpianas en curso nos permite confirmar la banalización no sólo del derecho internacional en lo que atañe a los estados en sus reacomodos geopolíticos, sino a los que corresponden a los pueblos, en especial a los indígenas. Ciertamente, los pueblos indígenas ya vienen enfrentando violencia y despojo desde antes del 3 de enero de este año, sin embargo, ya se advierte desde los pueblos que la fórmula del capital narcotráfico/militarización/despojo es la verdadera estrategia de la “nueva” Doctrina Donroe, América para el capital gringo, así lo señalaron el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena en la Convocatoria a las Jornadas Nacionales e Internacionales Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos.
En dicha convocatoria, se enfatiza que “la guerra está en todas partes, con diferentes niveles, pero el causante siempre es el mismo, el capital que despoja para convertir la muerte y destrucción en ganancia. Pretendiendo nuevamente repartirse el planeta, diversas potencias de Estado, bajo el pretexto de tener el derecho del más fuerte y respetarse sus corrales entre ellos, donde adentro seremos peones y piezas desechables, desaparecibles, despojadas, destruidas y reconstruidas para servir al capital”.
Hablan de la resistencia frente a los intereses de poderes que quieren dominar y socavar la vida como la conocemos, apropiándose del petróleo, litio, oro, agua y todos los bienes naturales que existen en la Tierra y que los pueblos los hemos cuidado y preservado por siglos. Y concluyen: “Condenamos la intervención yanqui contra Venezuela y exigimos el respeto a la autodeterminación de los pueblos”.
Por supuesto que en otros países, los pueblos están dando su palabra y generando acciones para fortalecer su organización y resistencia frente al nuevo desorden mundial.
El orden de la fuerza
José Blanco/II
27 de enero de 2026 00:04
El orden de la fuerza continuará avanzando: es el modo del presidente estadunidense, Donald Trump, para alcanzar la meta principal, la misma de Joe Biden. Con Groenlandia, al fin Europa abrió los ojos, recordó que existía, mostró los dientes, gruñó, y Trump metió reversa, pero anunció en Davos el final del “orden mundial basado en reglas”. Con Europa hay un impasse, pero la meta Biden/Trump seguirá: es una necesidad imperiosa del capital.
El capitalismo carece de una ruta para su vida en el largo plazo. En 1973, cesó en Estados Unidos el crecimiento que creía asegurado de por vida. El futuro quedó cuestionado: la productividad había dejado de crecer, y era indispensable para posibilitar el sostenimiento de las ganancias y el crecimiento de los salarios de una fuerza de trabajo en continuo aumento.
Con la muerte de la URSS hacia 1990, el capitalismo, con Estados Unidos a la cabeza, creyó que esta vez sí reinaría para siempre sin rivales. Su problema con la productividad ya no tenía prisa. Hacia adelante podía sostener sus ganancias mediante el aumento de la explotación laboral, como lo hizo en amplias zonas del mundo. En aquellos años, Estados Unidos procedió a construir la globalización neoliberal. Podía producir con bajos salarios en los países de la periferia.
Así, Estados Unidos y Europa trasladaron gran parte de su industria a los países con abundante y muy barata fuerza de trabajo que podían sobrexplotar.
El capital creyó haber resuelto su problema de la productividad. Pero China aprovechó como ningún otro país esta oportunidad histórica y, especialmente a partir de 2010, desplegó un desarrollo industrial y tecnológico sin precedente.
Y pasó de ser una economía que cooperaba con el jolgorio de Estados Unidos (y Europa), a convertirse en el enemigo estratégico principal. Estados Unidos tardó varios años en acusar recibo de lo que ocurría. Lo hemos escrito en este espacio: en una cumbre de la OTAN en 2022, Joe Biden anunció el plan: “En esta cumbre hemos reunido a nuestras alianzas para hacer frente tanto a las amenazas directas que Rusia representa para Europa, como a los retos sistémicos que China plantea para un orden mundial basado en reglas…”; así despidió a la globalización.
Trump concentró el proyecto y quiere exclusividad en el continente americano; Europa será excluida del plan. Quiere un espacio indisputable para China.
Un plan autoritario sin lugar para los consensos. El país que levante la voz será aplastado. Groenlandia para Estados Unidos, Venezuela para Estados Unidos, los países de América Latina con gobiernos de derecha ya son de Estados Unidos; ahí donde gobiernen izquierdas, sería preciso echarlas del poder.
En este Occidente fortificado se pretende resolver el problema de la productividad mediante una idea-fuerza central: la inteligencia artificial (IA). No existe en la historia de Estados Unidos una cruzada como la que ha emprendido. Ese objetivo busca ser alcanzado mediante el uso de la fuerza dentro y fuera de Estados Unidos. Someter a todos, incluidos los miembros del Partido Demócrata (PD), que son unos “izquierdistas lunáticos”. Trump quizá sueñe con crear más y más revueltas internas para ocupar militarmente a Estados Unidos, eliminar las elecciones y convertirse en el dictador que quiere ser.
En tanto, los capitalistas MAGA –incluido Trump– se vuelven megabillonarios; son los dueños de las empresas Big Tech, es decir, Alphabet (Google), Amazon, Apple, Microsoft, Meta, Nvidia y Tesla: Larry Page, Sergey Brin, Sundar Pichai, Jeff Bezos, Arthur Levinson, Tim Cook, Bill Gates, Paul Allen, Mark Zuckerberg, Jensen Huang, Elon Musk… Y sus socios cercanos, más los principales dueños de las empresas “gestoras de activos” y de los “inversionistas institucionales”, entre ellos Black Rock, Vanguard Group y State Street. Este conglomerado es la parte sobresaliente del grupo que ya se cree dueño del futuro. Y para alcanzar sus objetivos, ponen al frente a la fuerza armada más poderosa de la historia.
¿Son ya los dueños del futuro? No lo son. Habrá que ver primero si la IA no se vuelve una burbuja financiera en el corto plazo y... ¡blup! Además, los MAGA no van solos. Tienen enfrente a China. Y a las potencias intermedias –Markey dixit– no dispuestas a ser invitados de piedra.
En el plano tecnológico, China va adelante de Estados Unidos; en IA, en primer lugar. Pero hay que decir, inmediatamente, que el enigma de la productividad está en veremos. Nadie sabe por ahora si será posible incorporar masivamente la IA a los bienes de producción –como tendría que ocurrir– para crear nuevos procesos industriales, y si esa epopéyica proeza se traduciría en un aumento de la productividad general del sistema. Si no ocurre, empezaremos a hablar de la recta final del capitalismo.
Además, falta el plano político de esta historia. No habrá excepción. En Estados Unidos, demócratas y republicanos seguirán previsiblemente la misma apuesta, aunque varíen los modos. Por ahora, no existe entre los miembros del PD una ruta ni militantes que pudieran construir una alternativa (¿un Mamdani, una Ocasio-Cortez?). Y falta lo que en el largo plazo digan los pueblos del mundo, aunque la sombra del negro destino que intentan los MAGA empañe por ahora el presente.
