Ángel González/ especial para 'La Jornada'
13 de enero de 2026 13:31
Caracas. El ataque militar perpetrado por Estados Unidos contra Venezuela la madrugada del sábado 3 de enero dejó personas desaparecidas y cuerpos fragmentados que están aún por identificar, informó este martes el ministro del Interior, Diosdado Cabello.
Durante una rueda de prensa realizada para informar los avances del Gobierno Bolivariano contra el narcotráfico, Cabello se refirió a la cifra de fallecidos producto de los bombardeos estadunidenses, que él mismo había informado hace una semana que superaba la centena.
“En relación con la cifra oficial de fallecidos a causa del cobarde ataque del 3 de enero, no ha sido concreta porque, como resultado de las explosiones, hay personas desaparecidas, sus cuerpos fueron fragmentados; la policía científica y otras instituciones están en las labores pertinentes de reconocimiento”, explicó.
También destacó que el “artero ataque” de Estados Unidos asesinó a gente indefensa. “Fue un exabrupto total lo que hicieron contra Venezuela, contra gente que estaba dormida, murieron y ni cuenta se dieron”, señaló.
Dijo que el país está hoy “tranquilo y en calma”, aunque admitió que se trata de una “tensa calma”. Sin embargo, aseguró que las fuerzas militares y policiales trabajan día y noche para que la población recupere la confianza, ya que señaló que aún mucha gente tiene miedo de retomar completamente las actividades cotidianas, producto de la agresión que sufrió el país. Afirmó que “poco a poco el país recobrará y las calles recobrarán y los comercios, sobre todo, recobrarán la actividad diaria, eso viene su propia dinámica.
“Por aquí no está pasando droga”
Cabello informó que ha sido desmantelada pro completo la principal ruta logística marítima utilizada por el narcotráfico través del Lago de Maracaibo, por donde movilizaban cargamentos provenientes del Catatumbo colombiano hacia el Caribe. Aseguró que este fue un “duro golpe” al tráfico de droga por Venezuela y que en Estados Unidos conocen muy bien el trabajo que se ha hecho. “Ellos lo saben, que por aquí no está pasando droga en este momento, que busquen por otro lugar”, expresó.
Informó asimismo que en los pocos días que van de 2026 se han incautado siete toneladas de droga. Precisó también que, al cerrar las rutas marítimas y fluviales, los narcotraficantes optan por aumentar las rutas terrestres y “ahí son más vulnerables”, por lo que auguró un próximo éxito para contrarrestar lo que describió como “un porcentaje mínimo” de droga proveniente de Colombia que pasa por Venezuela, destacando que la principal ruta de exportación del narcotráfico colombiano es Ecuador.
Movilización por Maduro y Cilia
Por décimo día consecutivo, en Venezuela se realizaron marchas en distintas regiones para exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, quienes fueron secuestrados por fuerzas militares estadunidenses el 3 de enero luego de bombardear varios puntos da la zona central del país dejando más de 100 muertos y otra centena de heridos.
Las movilizaciones se han organizado por sector, primero marcharon las mujeres, luego los jóvenes, estudiantes, las comunas, campesinos, trabajadores públicos, pueblos indígenas, movimientos sociales y ayer los trabajadores de sector transporte.
Maduro envía mensaje; afirma que confía en la presidenta encargada
El mandatario asegura estar firme, indica su hijo //“Desmantelada”, la ruta del narco en el país
▲ Por décimo día se realizaron ayer marchas en regiones de Venezuela para exigir la liberación del mandatario. En la imagen, concentración en Caracas.Foto Ap
Ángel González Especial para La Jornada
Periódico La Jornada Miércoles 14 de enero de 2026, p. 17
Caracas. El presidente Nicolás Maduro, secuestrado por Estados Unidos mediante una incursión militar el sábado 3 de enero, envió un mensaje al pueblo de Venezuela por conducto de sus abogados. El hijo del gobernante, Nicolás Ernesto Maduro Guerra, expresó durante una manifestación convocada en Caracas para exigir la libertad del mandatario y su esposa, Cilia Flores, que su padre mandó a decir que ellos están firmes y que confían en el equipo que hoy dirige Delcy Rodríguez, encargada del Poder Ejecutivo.
“Ayer tuvimos un mensaje de él y de ella; nos dicen que están firmes y fuertes, que saben el papel de lucha que les toca jugar, que tienen tranquilidad de conciencia y la fe puesta en Dios y en el pueblo de Venezuela. Confían en Delcy, en el equipo que está al frente y en nosotros. Ese fue el mensaje que nos enviaron ayer”, afirmó Nicolás Ernesto Maduro sobre una tarima en el centro de la capital venezolana.
El pasado sábado, Nicolás Ernesto Maduro Guerra transmitió un primer mensaje de su padre desde la prisión de Nueva York donde lo tienen detenido. En esa oportunidad indicó: “Estamos bien, somos unos luchadores”.
Por décimo día consecutivo, en Venezuela se realizaron marchas en distintas regiones para exigir la liberación del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron secuestrados por fuerzas militares estadunidenses el 3 de enero, luego de bombardear varios puntos da la zona central del país con un saldo de más de 100 muertos y un centenar de heridos.
Las movilizaciones se han organizado por sectores. Primero marcharon las mujeres, luego los jóvenes, estudiantes, las comunas, campesinos, trabajadores públicos, pueblos indígenas, movimientos sociales y ayer los trabajadores de sector transporte.
Personas desaparecidas y cuerpos fragmentados
El ataque militar perpetrado por Estados Unidos contra Venezuela la madrugada del sábado 3 de enero dejó personas desaparecidas y cuerpos fragmentados que están aún por identificar, informó el ministro del Interior, Diosdado Cabello.
Durante una rueda de prensa realizada para informar de los avances del gobierno bolivariano contra el narcotráfico, Cabello se refirió a la cifra de fallecidos producto de los bombardeos estadunidenses, que él mismo había informado hace una semana que superaba la centena.
“En relación con la cifra oficial de fallecidos a causa del cobarde ataque del 3 de enero, no ha sido concreta porque, como resultado de las explosiones, hay personas desaparecidas, sus cuerpos fueron fragmentados; la policía científica y otras instituciones están en las labores pertinentes de reconocimiento”, explicó.
También destacó que el “artero ataque” de Estados Unidos asesinó a gente indefensa. “Fue un exabrupto total lo que hicieron contra Venezuela, a gente que estaba dormida, murieron y ni cuenta se dieron”, enfatizó.
Aseveró que el país está hoy “tranquilo”, aunque admitió que se trata de una “tensa calma”. Sin embargo, aseguró que las fuerzas militares y policiales trabajan día y noche para que la población recupere la confianza, ya que, señaló, aún mucha gente tiene miedo de retomar completamente las actividades cotidianas, producto de la agresión que sufrió el país.
Cabello afirmó que “poco a poco el país se recobrará; las calles y los comercios, sobre todo, retomarán la actividad diaria, eso tiene su propia dinámica”.
“Por aquí no pasa droga”
Cabello informó que ha sido desmantelada por completo la principal ruta logística marítima utilizada por el narcotráfico través del lago de Maracaibo, por donde movilizaban cargamentos provenientes del Catatumbo colombiano hacia el Caribe. Aseguró que este fue un “duro golpe” al trasiego de droga por Venezuela y que en Estados Unidos conocen muy bien el trabajo que se ha hecho. “Ellos lo saben, que por aquí no está pasando droga en este momento, que busquen por otro lugar”, expresó.
Informó que en los pocos días que van de 2026 se han incautado siete toneladas de droga. Precisó que al cerrar las rutas marítimas y fluviales los narcotraficantes optan por aumentar los caminos terrestres y “ahí son más vulnerables”, por lo que auguró un próximo éxito.
Destacó que la principal ruta de exportación del narcotráfico colombiano es Ecuador.
Venezuela: guerra cognitiva hasta en la cocina
En ese clima, defender a Venezuela se convierte en un gesto incómodo, casi subversivo, porque rompe la armonía artificial de lo diario y obliga a elegir entre la comodidad del consenso impuesto y la incomodidad de la conciencia crítica.
Foto Xinhua / archivo Foto autor
Fernando Buen Abad Domínguez
14 de enero de 2026 00:03
Invadir a Venezuela y secuestrar al presidente en funciones junto con su esposa, toca a fondo nuestras vidas, porque no es un hecho lejano ni un episodio aislado sólo para entretenernos con noticieros o con análisis especializados; es una agresión que se filtra en la intimidad cotidiana, en las sobremesas familiares, en las conversaciones aparentemente inocentes, en los silencios incómodos y en las frases repetidas como si fueran propias, cuando en realidad vienen prefabricadas por los laboratorios de guerra sicológica.
Allí opera la guerra cognitiva, no solamente como estruendo de bombas, sino como persistencia de sentidos impuestos, como desgaste lento de la capacidad de pensar con autonomía, como ocupación simbólica del lenguaje con el que nombramos la realidad. No se trata sólo de lo que ocurre en el territorio venezolano, sino de cómo ese acontecimiento es utilizado para reorganizar percepciones, emociones y juicios en millones de conciencias más allá de sus fronteras.
Así la guerra cognitiva imperial se “sienta a la mesa” con nosotros, se sirve el café y se disfraza de sentido común. Se manifiesta cuando alguien dice que “algo habrán hecho”, cuando se acepta sin discusión que la intervención extranjera es una forma de ayuda, cuando se repite que la soberanía es un concepto antiguo frente a la modernidad del mercado y las sanciones. Así, el ataque a Venezuela no sólo destruye infraestructura o amenaza instituciones, sino que busca colonizar la conversación diaria, erosionar la solidaridad y fragmentar la posibilidad de una respuesta ética colectiva.
Lo más profundo de esta guerra es que no necesita imponerse solamente por la fuerza directa; le ayuda mucho instalar dudas calculadas, sospechas permanentes y cansancio moral. En la cotidianidad, el debate se agota antes de empezar, porque ya está decidido de antemano qué versiones son creíbles y cuáles son propaganda. Se establece una jerarquía de fuentes donde la dictadura de los monopolios mediáticos habla con autoridad indiscutible, mientras las voces del pueblo venezolano son descalificadas como emocionales, interesadas o irrelevantes.
Esa asimetría no es casual, es el resultado de décadas de concentración mercantil simbólica que han subordinado a múltiples sectores sociales para obligarlos a desconfiar de los pueblos y confiar ciegamente en los imperios. Saben que la invasión a Venezuela toca nuestras vidas, aunque nos percatemos de ello con dificultad, porque pone a prueba nuestra capacidad de pensar históricamente. Obliga a preguntarnos si recordamos las invasiones, los bloqueos, los golpes de Estado maquillados de legalidad, las guerras presentadas como misiones de paz. En la “sobremesa”, la memoria suele ser el primer blanco, se recortan los antecedentes, se aíslan los hechos y se los presenta como anomalías sin contexto.
Así, la agresión aparece como respuesta y no como causa, como corrección y no como crimen. La guerra cognitiva opera, entonces, como una pedagogía del olvido, entrenándonos para no ver los patrones de dominación que se repiten con distintos nombres y excusas. Pero esta guerra también toca fibras emocionales profundas. Divide familias, tensa las amistades, vuelve sospechoso al que pregunta demasiado y ridiculiza al que se indigna.
La indignación es presentada como exceso, como fanatismo, mientras la indiferencia se vende como equilibrio. En ese clima, defender a Venezuela se convierte en un gesto incómodo, casi subversivo, porque rompe la armonía artificial de lo diario y obliga a elegir entre la comodidad del consenso impuesto y la incomodidad de la conciencia crítica. La guerra cognitiva no busca sólo convencer, busca cansar, aislar y desmovilizar. Y es que la invasión a Venezuela, así entendido, es un laboratorio de dominación simbólica que nos incluye como población objetivo.
No somos espectadores neutrales; somos territorio en disputa. Cada conversación es un frente, cada palabra una trinchera, cada silencio una concesión. Cuando aceptamos sin cuestionar que un país puede ser asfixiado económicamente en nombre de la democracia, estamos aceptando una lógica que mañana puede aplicarse contra cualquier pueblo que desobedezca. Por eso, lo que se juega en Venezuela no es sólo su destino, sino el umbral de tolerancia global frente a la violencia imperial normalizada. En la intimidad de lo cotidiano y del pensamiento profundo, la guerra cognitiva intenta convertir la complejidad en caricatura. Se reduce un proceso histórico lleno de contradicciones a una etiqueta simple, fácil de consumir y de rechazar.
Esa simplificación no es inocente, elimina la posibilidad de análisis y remplaza el pensamiento por reflejos condicionados. Defender la capacidad de pensar críticamente sobre Venezuela es, en ese sentido, defender nuestra propia dignidad intelectual, negarnos a ser meros reproductores de discursos ajenos, recuperar el derecho a la duda informada y al juicio propio. Esta invasión a Venezuela y el secuestro del presidente en funciones toca a fondo nuestras vidas porque revela hasta qué punto el poder necesita controlar no sólo territorios y recursos, sino también imaginarios y afectos.
La guerra cognitiva busca que dejemos de sentir como propia la injusticia ajena, que miremos la agresión como espectáculo y no como advertencia. Frente a eso, la tarea ética es resistir en lo pequeño, en la sobremesa, en la conversación, en la pregunta incómoda que desarma certezas prefabricadas. Resistir es negarse a aceptar que la violencia sea normal, que el saqueo sea inevitable, que la mentira sea opinión. Ahora toca asumir que no hay espectadores inocentes y que cada uno debe decidir si será eco o conciencia; informarnos con rigor, romper el cerco de la repetición acrítica; disputar el sentido en cada conversación cotidiana sin soberbia, pero sin concesiones; organizar redes de diálogo y estudio que fortalezcan la memoria histórica y la lectura crítica de los medios; acompañar activamente la solidaridad con el pueblo venezolano desde lo cultural, lo político y lo comunicacional; producir y compartir contenidos que expliquen sin simplificar y conmuevan sin manipular, y convertir la indignación en acción persistente.
La sospechosa funcionalidad geopolítica del narcotráfico
El narcotráfico es una gran coartada para la intervención militar de Estados Unidos en Latinoamérica. Foto X @SecWar Foto autor
Víctor M. Quintana S.
14 de enero de 2026 00:04
El triple ciclo del petróleo, las armas y las monedas se hace presente en la ilegal cuanto violenta incursión de Trump en Venezuela. La democracia ha dejado de ser la coartada intervencionista –la palabra no aparece ni una sola vez en el discurso de Trump del 3 de enero– y se muestra con nitidez la ambición de Washington por apoderarse de los recursos petroleros venezolanos.
No sólo eso: en un lúcido artículo en estas mismas páginas (“El petrodólar en el siglo XXI”, La Jornada, 06/01/26), Alonso Romero devela otra importante motivación detrás de la ofensiva estadunidense: impedir que el yuan chino se coloque como una moneda ordinaria en el mercado petrolero, lo que vendría a debilitar aún más al dólar.
Hay un cuarto factor que debe considerarse entre los ejes de la reconfiguración geopolítica mundial: el narcotráfico. Al menos en el hemisferio occidental está jugando fuerte, como pretexto o como causa de fondo, para este realineamiento.
El narcotráfico no puede considerarse como una excrecencia, un efecto perverso del capitalismo actual. Así como los corsarios de los siglos XVI al XVIII no pueden considerarse como factor externo a la formación del capitalismo. El inglés Francis Drake, el holandés Peter van der Does y otros más desarrollaron su piratería gracias a las patentes de corso entregadas por sus respectivos imperios. El saqueo que llevaron a cabo fue muy importante para la acumulación de capital de su patria de origen. Y la piratería sigue ahí, señala Boaventura de Sousa Santos: “Otra señal de recolonización es el regreso anacrónico de la piratería. En tiempos de paz o de guerra no declarada, interferir en la navegación en aguas nacionales o internacionales es un acto de piratería”. La US Navy lo acaba de demostrar en aguas del Caribe.
Algo parecido sucede hoy con el narcotráfico. No es una “enfermedad del capitalismo actual”, sino una especie de pariente mal visto, pero muy útil para el proyecto actual de acumulación, dominación y colonialismo cumpliendo varias funciones:
El narcotráfico es una gran coartada para la intervención militar de Estados Unidos en Latinoamérica. Así lo revela el reiterativo discurso de Trump. La utilizada en la práctica contra Venezuela y como amenaza para intervenir en Colombia o México.
Es un pretexto también para legitimar no sólo la intervención armada en otros países, sino para justificar la subordinación de sus políticas de seguridad a la de Estados Unidos.
No es casual tampoco que el narcotráfico se implante en espacios de México y América Latina para controlar los territorios donde las trasnacionales imponen proyectos de explotación minera, forestal o hídrica. La acción del narco busca amedrentar cualquier protesta o movimiento de las comunidades locales, controlar el territorio y, además, cobra un derecho de piso que está contemplado en los costos de las empresas extractivistas.
El narcotráfico debilita a los estados del Sur global, sobre todo en Latinoamérica, por dos razones principales: porque se apropia del control territorial de zonas completas de los países, desafiando a los gobiernos. Y porque los gobiernos tienen que destinar enormes sumas al combate del tráfico de estupefacientes en fuerzas armadas, equipo, logística, etcétera, que de otra manera se emplearían en inversión social: educación, salud, vivienda. Tienen que dedicar al combate de los efectos buena parte de lo que podrían invertir en el combate a las causas.
El narcotráfico también funciona como canal de enormes recursos financieros que escapan a todo control fiscal, aduanal y a toda rendición de cuentas. No son sólo los cárteles latinoamericanos tan satanizados por Trump los únicos protagonistas y beneficiarios de este ingente flujo de recursos, sino también la red oculta de capos de capos, de políticos y funcionarios estadunidenses “de cuello blanco” que cosechan los miles de millones de dólares que circulan por las redes de suministro de narcóticos al país con más adictos de todo el planeta.
Y, penúltimo, porque esta enumeración de funciones del narcotráfico no pretende ser exhaustiva: la estructura del narcotráfico proporciona un “bien” (los estupefacientes) que viene a satisfacer la pulsión, largamente cultivada, largamente propiciada por el capitalismo a nivel cultural, por escaparse a una realidad agresiva y adversa, por aguantar las agotadoras y monótonas jornadas de trabajo, por sumarse a la cultura del consumismo-hedonismo-individualismo propiciada también por el capitalismo actual. En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca a fines del año pasado, se insiste en atender los aspectos culturales para asegurar la hegemonía estadunidense.
Coartada para algunos fines, medio útil para otros, el narcotráfico real o exagerado es sospechosamente funcional para los fines de la construcción del colonialismo y del dominio estadunidenses según Donald Trump. Si no existiera, lo inventaría.
Groenlandia prefiere ser danesa, no territorio estadunidense: premier
Reuters y Afp
Periódico La Jornada Miércoles 14 de enero de 2026, p. 17
Copenhague. El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, aseguró ayer que la isla ártica prefiere ser parte de Dinamarca que convertirse en un territorio de Estados Unidos.
“Groenlandia no está en venta. Nos enfrentamos a una crisis geopolítica y si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca ahora mismo, elegimos a la segunda”, declaró Nielsen en una conferencia de prensa conjunta en Copenhague con su homóloga danesa, Mette Frederiksen.
“Nos mantenemos unidos en el reino de Dinamarca”, sentenció.
Trump ha insistido en que se apoderará de Groenlandia, al amenazar que quedará bajo control estadunidense “de una forma u otra”.
Las advertencias crearon una crisis para la Organización del Tratado del Atlántico Norte, al provocar la indignación de los aliados, quienes han advertido que cualquier toma de control de Groenlandia tendría graves repercusiones para la relación entre Estados Unidos y Europa.
Los cancilleres de Dinamarca y Groenlandia se reunirán este miércoles con el vicepresidente estadunidense, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, después de que Trump intensificó los amagos de apoderarse de Groenlandia.
El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, y su homólogo groenlandés, Vivian Motzfeldt, indicaron a los periodistas el martes en Copenhague que solicitaron la reunión con Rubio tras las intimidaciones de Trump.
“Nuestra razón para buscar la cita que nos han dado ahora fue trasladar toda esta discusión… a una sala donde podamos mirarnos a los ojos y hablar sobre estas cosas”, resaltó Rasmussen.
Aaja Chemnitz, una política groenlandesa en el Parlamento danés, comentó a Al Jazeera que la mayoría de los 56 mil habitantes de Groenlandia no querían convertirse en ciudadanos estadunidenses.
“Groenlandia no está en venta y nunca lo estará”, afirmó Chemnitz, del partido Inuit Ataqatigiit.
“La gente parece creer que puede comprar el alma groenlandesa. Es nuestra identidad, idioma y cultura”, aseveró Chemnitz.
