Emir Olivares Alonso
21 de julio de 2025 16:37
Ciudad de México. Las autoridades de Estados Unidos pudieron incurrir en “violaciones a los derechos civiles” de dos jóvenes mexicanos que fueron internados en el centro de detención migratoria conocido como “Alcatraz de los Caimanes” en Florida, advirtió este lunes el cónsul de México en Orlando, Juan Sabines.
Lo anterior debido a que la mencionada prisión “no pertenece” al gobierno federal, es decir al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), sino al estado de Florida, por lo que hasta esta tarde los paisanos no contaban con número de caso que requiere un arresto migratorio, “lo que les impedía el acceso a una defensa adecuada y a un juicio justo”.
El funcionario consular señaló que esa conclusión fue advertida por la abogada Andrea Reyes, que forma parte del Programa de Asistencia Jurídica a Personas Mexicanas (PALE) y representa a ambos connacionales. La experta fue asignada al caso por el consulado en Orlando, luego que la presidenta Claudia Sheinbaum instruyera apoyar a los jóvenes.
Se trata de los hermanos Carlos y Alejandro González. El primero, de 26 años de edad, fue detenido el 7 de julio en una autopista de Florida por una infracción menor de tránsito.
Pese a que cuenta con una visa de turista vigente que le permite el ingreso a Estados Unidos, se le giró una retención migratoria y, sin explicación alguna, se le envió a Alcatraz de los Caimanes.
Su caso se difundió hace un par de días por una televisora de audiencia entre la comunidad hispana en aquel país, donde su padre Martín acusó que se le mantenía totalmente aislado e incomunicado.
Frente a esa situación, Alejandro, quien está casado con una ciudadana estadunidense, acudió al centro de detención migratoria para pedir información de su hermano; empero, fue aprehendido en ese instante y retenido en la misma prisión, informaron fuentes diplomáticas.
En su cuenta de la red X, el cónsul Sabines subrayó: “Ante esta situación, exigimos el acceso inmediato de su abogada y, por las condiciones observadas, sugeriré a las autoridades mexicanas considerar la emisión de una alerta de viaje para turistas mexicanos a Orlando”.
Informó que este lunes recibió al padre de los dos jóvenes, quien le confirmó que Carlos se encontraba de vacaciones con visa de turista vigente tras el fallecimiento de su madre; mientras que Alejandro está casado con una ciudadana estadunidense.
Horas más tarde, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó también en su cuenta de X que los consulados de México en Orlando y Miami —la prisión corresponde a la jurisdicción de esta segunda representación— “están al tanto del caso y están brindando asistencia y protección consular”.
En su comunicación, la cancillería agregó: “Una abogada del PALE está apoyando con ambos casos, mientras los consulados mantienen permanente comunicación con los familiares, para informarles sobre los avances relacionados a su detención y las próximas visitas programadas, mientras se da solución a su situación”.
Alertan mandatarios de España y AL sobre pacto ultraderecha-oligarcas
▲ Los mandatarios de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; Uruguay, Yamandú Orsi; Chile, Gabriel Boric; España, Pedro Sánchez, y Colombia, Gustavo Petro, después de su declaración conjunta en la reunión de alto nivel, en el palacio de La Moneda.Foto Afp
Aldo Anfossi Corresponsal
Periódico La Jornada Martes 22 de julio de 2025, p. 24
Santiago. Los gobernantes de Brasil, España, Colombia, Uruguay y Chile, protagonistas de la reunión de alto nivel Democracia Siempre, alertaron que el mundo atraviesa por un periodo de profunda incertidumbre, en el cual los valores democráticos son desafiados de forma permanente.
En una declaración al finalizar la reunión, señalaron que es un imperativo ético y político impulsar una estrategia común para enfrentar fenómenos globales como la creciente desigualdad, la desinformación y los desafíos que plantean las tecnologías digitales y la inteligencia artificial.
Los líderes se comprometieron a promover un multilateralismo renovado, más eficaz, incluyente y participativo, respetuoso del derecho internacional y que incorpore a la ciudadanía en las decisiones.
También plantearon cambiar la gobernanza internacional, particularmente de la Organización de Naciones Unidas, para recuperar su capacidad de acción y legitimidad frente a los retos globales.
Igualmente, propusieron fortalecer una diplomacia democrática activa, basada en la cooperación entre estados que comparten los valores de la democracia, la justicia social, la soberanía de los estados y los derechos humanos, como respuesta al deterioro de las instituciones.
Según el español Pedro Sánchez, nuestras sociedades se enfrentan a una amenaza liderada por una coalición entre oligarcas y ultraderecha, una internacional del odio y de la mentira que avanza por el mundo arriesgando derechos por los que muchas generaciones llegaron a sacrificar su vida.
Preservar y mejorar la democracia, agregó, es un deber moral, una responsabilidad que debemos a las generaciones pasadas y a las futuras.
Para el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la democracia liberal no ha sido capaz de responder a los anhelos y necesidades contemporáneos; el ritual electoral ya no es suficiente. El sistema político y los partidos han caído en descrédito.
Cuando el extremismo intenta reditar prácticas intervencionistas (afirmación que pareció referirse a la imposición, por parte de Estados Unidos, de aranceles de 50 por ciento a las exportaciones brasileñas en castigo por el juicio al ex presidente golpista Jair Bolsonaro), defender la democracia no corresponde sólo a los gobiernos. Requiere de la academia, los parlamentos, la sociedad civil, los medios de comunicación y el sector privado, alertó Lula.
En su oportunidad, el colombiano Gustavo Petro dijo que el progresismo debe juntarse en todo el mundo y encender la luz cuando las tinieblas empiezan a atemorizar el alma.
El uruguayo Yamandú Orsi pidió aterrizar la propuesta de democracia en cuestiones que los pueblos sientan, porque si somos capaces de hacer autocrítica de por qué la democracia pierde credibilidad, por qué no hacemos los esfuerzos para evitar el crecimiento de los extremos y la pérdida de confianza en el diálogo (...) podremos valorar la igualdad y la libertad.
El anfitrión, Gabriel Boric, comentó: Acá está naciendo algo grande, porque serán parte de este grupo ampliado; han aceptado con mucho entusiasmo y esperan el encuentro que haremos en un mes en la Asamblea General de Naciones Unidas las presidentas de México, Claudia Sheinbaum; de Honduras, Xiomara Castro; de Dinamarca, Mette Frederiksen; los primeros ministros de Inglaterra, Keir Starmer; Canadá, Mark Carney; Australia, Anthony Albanese, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa.
Entre las iniciativas acordadas destacan: consolidar una red de países y sociedad civil que impulse la construcción de una democracia conectada con la ciudadanía, establecer una red de centros de pensamiento que generen análisis y propuestas en defensa de la democracia, colaboración para la transparencia algorítmica y la gobernanza digital, promover una fiscalidad progresiva y la cooperación fiscal internacional y crear un observatorio de juventudes frente al extremismo.
Asimismo, los mandatarios demandaron un alto el fuego en Gaza y el acceso pleno, seguro y sin restricciones de ayuda humanitaria a la franja.
La Europa que supo ver lejos
Sergio Ramírez
La última vez que estuve en Estocolmo me detuve frente a las carteleras del Grand Cinema en la Sveavägen, una de las calles principales de la ciudad. La noche del viernes 28 de febrero de 1986 Olof Palme había venido en el Metro desde su casa, sin guardaespaldas, acompañado de su esposa, Lisbeth, para ver la película Los hermanos Mozart, de la directora sueca Suzanne Osten. Es algo que solía hacer, salir a las calles en plan familiar, sin protección alguna, a pesar de su cargo de primer ministro. Cuando volvían a pie al salir del cine, en el cruce de la Sveavägen con la Tunnelgatan, un hombre salió de la oscuridad, se acercó por detrás y disparó a Palme, quien cayó mortalmente herido en la acera.
Basta caminar unos centenares de metros para llegar al cementerio de la iglesia de Adolf Fredrik, donde una piedra con su firma grabada marca el lugar de su sepultura. Aquí estuvo enterrado en un tiempo René Descartes.
Igual que la mayor parte de los magnicidios, el asesinato de Olof Palme ha quedado hasta hoy en el misterio, como el de Kennedy, y sujeto, por tanto, a toda clase de teorías conspirativas. Pero alguien urdió aquella muerte, para sacar de por medio a un socialista que creó en Suecia uno de los más relevantes estados de bienestar de Europa, proclamó una política de independencia frente a las grandes potencias, poniendo los acentos críticos donde lo consideró justo, sin callarse nunca, y creyó en la justicia de las relaciones internacionales, solidario con los países del tercer mundo.
Me encontré con él por primera vez en 1981 en Estocolmo, cuando se hallaba en la oposición; tuvimos una muy larga conversación durante un desayuno, ansioso como se hallaba de conocer la situación de Nicaragua después del triunfo de la revolución, y me invitó a acompañarle a la marcha del 1º de Mayo por las calles de Estocolmo; al año siguiente su partido ganaría las elecciones parlamentarias, y volvió a ocupar el cargo de primer ministro, hasta su asesinato.
Viajó a Nicaragua en 1983, el mismo año de la visita del papa Juan Pablo II, y lo acompañé en su gira por distintas poblaciones del país. Al bajar del avión, vestido con un traje muy martajado por las largas horas de viaje, pasó revista a la tropa de ceremonias, manteniendo debajo del brazo el periódico que seguramente venía leyendo en el vuelo, el paso para nada marcial, más bien el de un ciudadano de a pie que se siente intimidado por la parafernalia de la guardia de honor, la banda de música, la alfombra roja. Siempre me pareció que se escondía del protocolo como de algo molesto, y banal. De vuelta en Estocolmo, después de tres días entre nosotros, envió a través de Pierre Schori, uno de sus íntimos colaboradores, un mensaje muy breve: Cuídense, se están alejando del pueblo. Una advertencia sabia, nacida de su aguda percepción. Justa y a la vez extraña, porque iba dirigida a quienes se suponía conducían una revolución popular.
No alejarse del pueblo, mantenerse en la ética, vivir en la sencillez, lejos del boato palaciego. Era lo que también predicaba con el ejemplo otro estadista socialista al que tuve la fortuna de tratar, Bruno Kreisky, canciller federal de Austria. Me recibía en su austero despacho de la Wallhausplatz, en Viena, y la última vez en su apartamento de Grinzing, más austero aún que su despacho. No sé, porque ahora tengo la sensación de que había poca luz, quizás porque las cortinas estaban corridas, o porque fue atardeciendo sin darnos cuenta mientras me contaba las historias del fin de la guerra mundial, y lo que para Austria había significado la proclama de neutralidad tras liberarse de los nazis, un regalo del cielo en un infierno de conflictos hegemónicos. Y en 1988 me llamó desde Mallorca, donde se había retirado, y donde murió, para felicitarme por el Premio Bruno Kreisky a los Derechos Humanos que yo acababa de recibir en Viena junto con, entre otros, Anton Lubowski, activista antiapartheid de Namibia, asesinado al año siguiente por el régimen de Sudáfrica, Benazir Bhutto, asesinada en Pakistán en 2007. Qué difícil debe resultar para ustedes ser la esperanza de los demás, me dijo esa vez, como despedida.
En una de esas visitas a Viena, en 1983, me contó que Lawrence Eagleburger, subsecretario de Estado de Estados Unidos, enviado especial de Reagan, había estado hacía pocos días a verlo, ansioso de mostrarle un legajo de documentos secretos donde le aseguró que se demostraba el alineamiento de la revolución sandinista con el campo soviético. Yo le contesté que no soy curioso para leer papeles ajenos, que podía llevárselos, me dijo, y alzó la cabeza para mirarme. Estén seguros de que mientras mantengan sus principios morales, estaré con ustedes.
Willy Brandt, Olof Palme y Bruno Kreisky. Tres grandes del escenario europeo de la posguerra a quienes tuve la fortuna de conocer durante mi paso por la vida política; socialdemócratas los tres. Conocí también, por mis funciones de gobierno, a los líderes de los países de Europa Oriental, los del llamado socialismo real, todos oscuros burócratas, carcamales que actuaban de lugartenientes de los otros carcamales del Kremlin, que se asomaban todos a divisar los desfiles desde el mausoleo de Lenin.
Ya he hablado de Willy Brandt, con quien me relacioné de primero, y a quien debí mi matrícula de socialdemócrata, cuando en los tiempos revueltos de la revolución de la que me tocó ser protagonista, aquella no dejaba de ser una mala fama frente a los feligreses de los recalcitrantes mitos ideológicos de la izquierda ortodoxa, ahora calcinados.
En 1978, cuando a la cabeza del Grupo de los Doce dejamos el exilio en Costa Rica para regresar a Nicaragua, en desafío de la orden de prisión de Somoza, Willy Brandt me envió una carta de respaldo, para que la hiciéramos pública, en busca seguramente de protegernos de alguna manera, metiéndonos como íbamos a meternos dentro de la boca misma del lobo. Esa orden de prisión era por los delitos de traición a la patria, terrorismo y asociación licita para de delinquir, más o menos los mismos que inventó para dictar otra orden de prisión contra mí la actual dictadura de Nicaragua, desterrarme y quitarme la nacionalidad.
Brandt visitó también Nicaragua en 1984, en su carácter de presidente de la Internacional Socialista, y volvimos a encontrarnos en Bonn, en la sede del SPD, su partido. Aquella vez de su viaje a Managua recuerdo que entre las preferencias de su programa quería visitar un cabaret, que no los había, y entonces improvisamos uno en un restaurante, con actuaciones de las orquestas tropicales de entonces, y nuestros cantantes más célebres, entre ellos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy y Norma Helena Gadea, y así pasó feliz la noche, amenizada con música y con ron.
Ellos, que creyeron con la misma pasión en el socialismo y en la democracia, encarnan a la Europa que supo ver lejos, hacia los parajes más oscuros del mundo, hacia la miseria, la opresión y la violencia, y hacia una idea de civilización compartida.
