Clérigos católicos condenan el Alcatraz de los caimanes y tratos inhumanos
▲ Manifestantes corean consignas durante una de las manifestaciones contra las redadas del ICE en Oxnard, California, el pasado 18 de julio.Foto Ap
David Brooks y Jim Cason Corresponsales
Periódico La Jornada Martes 22 de julio de 2025, p. 23
Nueva York y Washington., Ante las medidas antimigrantes extremas impulsadas por el gobierno de Donald Trump, ha brotado un creciente mosaico de resistencia que incluye a organizaciones de migrantes acompañadas ahora por aliados de una lucha más amplia contra la represión de derechos civiles, líderes religiosos, algunos sindicatos, granjeros, pequeños empresarios, maestros en defensa de sus colegas y estudiantes, abogados, atletas e incluso clientes estadunidenses de taqueros y paleteros en ciudades y pueblos.
De hecho, hay cada vez más acciones de resistencia contra lo que defensores de derechos civiles califican de actos ilegales de las autoridades federales. Activistas han rodeado hoteles donde se han alojado agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) para armar escándalo gritando: ¡Sin justicia no los dejaremos dormir! Otros han bloqueado camionetas del ICE o formado barreras humanas contra los agentes. Maestros en escuelas públicas en Nueva York, Chicago y otras ciudades se han capacitado para impedir el ingreso de agentes de migración. Políticos locales, curas, pastores, imanes y rabinos acompañan a migrantes a sus citas con autoridades migratorias. Enfermeras y personal de apoyo de un hospital se enfrentaron contra agentes que pretendían arrestar a un paciente.
En Nueva York, Youman Wilder, entrenador de un equipo juvenil de beisbol, vio que un grupo de agentes se acercaba para preguntarle de dónde eran los adolescentes y sus familiares. Él se interpuso y declaró a CNN: Estaba listo para morir si era necesario para proteger a los jóvenes. Podría haber muerto aquí, pero no iban a llevarse a ninguno de estos muchachos, declaró.
Hay reportes de que en varias partes de California ha habido actos de solidaridad de bomberos que hicieron que camionetas del ICE se retiraran, o de grúas que siguen a los vehículos del ICE y cuando se estacionan se los llevan, o de choferes de autobuses públicos en Los Ángeles que han indicado que no abrirán sus puertas si llegan agentes del ICE en busca de migrantes.
Mientras, el envío de rescatistas mexicanos para ayudar luego de las desastrosas inundaciones en Texas ha provocado toda una serie de reacciones. No pocos señalaron que “mientras agentes y marines están en Los Ángeles cazando mexicanos para deportarlos, mexicanos en Texas están rescatando estadunidenses”. En redes sociales se publicaron muchos mensajes parecidos.
Este lunes, los fiscales generales de 20 estados y de la capital presentaron una demanda legal para rechazar la suspensión de programas de salud y educación para migrantes indocumentados y sus familias, ordenada por el gobierno de Donald Trump.
Las primeras agrupaciones en organizar la defensa de los migrantes fueron las de los propios extranjeros, de diversas organizaciones de oaxaqueños en el sur de California y de michoacanos en Chicago, al igual que en Houston, Atlanta, Nueva York. Algunas, como las de Boston, Los Ángeles y Chicago, y un sinnúmero de pequeñas ciudades, han contado con el apoyo abierto de sus alcaldes y de otros líderes políticos locales; otras han tenido que enfrentar a las fuerzas combinadas del gobierno federal y estatal en contra de sus comunidades, como ha ocurrido en Florida.
Medios comunitarios, claves para la movilización
La circulación de información sobre derechos básicos –en decenas de idiomas de las diásporas migrantes, incluidas varios lenguas indígenas– y medios locales y regionales como Radio Bilingüe y radioemisoras y periódicos comunitarios han sido claves para organizar el apoyo y la resistencia.
La Alianza Americas, el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, Casa Michoacán, las redes de defensa de derechos de los migrantes desde Illinois a Florida, la Alianza Latina Pro Derechos Humanos de Georgia, la Red Nacional de Organización de Jornaleros, y decenas, tal vez cientos más a nivel local y regional, están enfrentando la ofensiva antimigrante con una gama de iniciativas para proteger y orientar a los mas vulnerables.
Como en los tribunales y otros lugares donde son blancos de redadas, colonos intentan proteger a sus vecinos, recordando que no tienen que abrir sus puertas a los agentes, y en los casos en que no pueden frenar los arrestos, por lo menos documentan lo sucedido, incluyendo la identificación de los arrestados para avisar a sus familias, pues parte de la práctica oficial consiste en no dar a conocer –a veces durante semanas– el paradero de los detenidos, algo que críticos califican de desapariciones forzadas.
Líderes religiosos de relevancia nacional y local denuncian y condenan las acciones antimigrantes. Con el respaldo pleno del primer Papa estadunidense, el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, calificó públicamente las redadas de moralmente repugnantes. En entrevista con CNN hace un par de semanas, declaró: “Se trata de una deportación masiva e indiscriminada (…) que literalmente desgarra a las familias y tiene la intención de hacerlo”.
El arzobispo católico de Detroit marchó la semana pasada junto con cientos de clérigos a las oficinas de ICE en esa ciudad para exigir trato humano de los inmigrantes. El arzobispo de Miami, Thomas Wenski, condenó el nuevo centro de detención llamado Alcatraz de los caimanes. La United Church of Christ, denominación protestante nacional, condenó las redadas y acciones de ICE y las calificó de actos de terrorismo interno.
De Los Tigres del Norte a Woodie Guthrie
El mundo cultural también se ha sumado tanto para denunciar como para apoyar y expresar solidaridad con las víctimas de la ofensiva antimigrante. El famoso actor, guionista y director Lin-Manuel Miranda anunció que el décimo aniversario de su más famosa obra musical en Broadway, Hamilton, se convertirá en un evento de recaudación de fondos para brindar asistencia a inmigrantes. Bruce Springsteen, Ozomatli, Dave Matthews, Susan Sarandon y Tom Morello, entre muchos más, han condenado las medidas y las políticas antimigrantes de Trump, y en las protestas se escuchan estrofas de Deportee (Plane Wreck at Los Gatos), de Woody Guthrie, o de Somos más americanos, de Los Tigres del Norte, entre otras en la ruta sonora de la resistencia.
En las manifestaciones nacionales –entre ellas tal vez la más grande de la historia de Estados Unidos– contra las políticas del gobierno de Trump, el repudio a sus medidas antimigrantes ha estado en el centro. La semana pasada, en otra ola de más de mil 500 protestas en el país, la condena a las redadas fue notable, sobre todo en lugares como Nueva York, donde la mayoría de los manifestantes eran estadunidenses blancos, muchos de los cuales estaban expresándose por primera vez en solidaridad con las comunidades migrantes, coreando: ¡No al temor, no al odio! ¡ICE, fuera de nuestras calles!
Hay aliados inesperados entre los que condenan la estrategia antimigrante, incluidos cada vez más votantes por Trump que de repente han visto con horror que sus compañeros de trabajo o de negocios, vecinos, amigos, cuñados y más son arrestados y deportados, siempre expresando que pensaban que sólo se aplicarían medidas contra criminales. Hasta un abogado del ICE, Adam Boyd, renunció en protesta luego de calificar las políticas de Trump de moralmente indefendibles.
Casa Blanca toma represalias contra The Wall Street Journal por caso Epstein
Activistas colocan frente a la embajada de EU en Londres, un cartel con la imagen del presidente Donald Trump junto a Jeffrey Epstein el pasado 19 de julio de 2025.
Foto Ap Foto autor
Afp
21 de julio de 2025 19:55
Washington. La Casa Blanca excluyó este lunes al diario The Wall Street Journal (WSJ) de un grupo de periodistas que cubren la próxima visita del presidente Donald Trump, a Escocia, después de que el periódico le atribuyera al mandatario un mensaje de cumpleaños para Jeffrey Epstein, acusado de delitos sexuales.
"Como confirmó la corte de apelaciones, The Wall Street Journal o cualquier otro medio de comunicación no tienen garantizado un acceso especial para cubrir al presidente Trump en el despacho oval, a bordo del Air Force One y en sus espacios de trabajo privados", afirmó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
"Debido a la conducta falsa y difamatoria de TWJ, no serán uno de los trece medios a bordo" del Air Force One, añadió la funcionaria.
El millonario de 79 años viajará a Escocia, donde posee dos complejos de golf, del 25 al 29 de julio para una visita privada, durante la cual se reunirá con el primer ministro británico, Keir Starmer.
El pasado viernes Trump demandó al WSJ y al magnate de los medios Rupert Murdoch por al menos 10 mil millones de dólares debido a este mensaje que él niega haber escrito.
Todo ello en medio de presiones sobre Trump de sus propias bases que acusan a su gobierno de encubrir los detalles del caso de Epstein, quien fue encontrado muerto en la celda antes del juicio, para proteger a las élites.
Desde el regreso al poder de Trump en enero, el gobierno controla el pequeño grupo de periodistas que sigue de cerca al presidente y que hasta ahora estaba organizado por los propios medios a través de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.
Justicia a la americana
Pedro Salmerón Sanginés
Hace muchos años que soy lector de John Grisham, autor de best sellers aparentemente ligeros sobre la administración de justicia en el sur de Estados Unidos. Algunos de sus libros han sido llevados a la pantalla grande, protagonizados por estrellas como Susan Sarandon, Samuel L. Jackson, Sandra Bullock, Gene Hackman, Tom Cruise o Matthew McConaughey. En sus novelas parece increíble la vesania de los jueces, la canallería de los fiscales, la corrupción de las policías, la ignorancia de los jurados, la estulticia de los legisladores, las mentiras flagrantes y la seudociencia de los expertos que testifican. El racismo galopante, la discriminación y la injusticia parecen de caricatura… hasta que aparece la realidad.
Porque ese autor de novelas superventas dedica parte de su tiempo y su dinero a proyectos que buscan eliminar la pena de muerte y salvar la vida de reos condenados a la misma, y aún más, a demostrar la inocencia de personas injustamente condenadas. Y ahora, en coautoría con el sacerdote Jim McCloskey, quien coordina organizaciones de defensa de esas personas injustamente condenadas, ha decidido pasarse a la no ficción (ya lo había hecho con El proyecto Williamson, pero no a este nivel). Así, Grisham y McCloskey eligieron 10 historias (aunque a lo largo de ellas deslizan datos sobre decenas más) para contar, en Inocentes, esos casos increíbles. Dice Grisham: “Nuestro propósito con este libro es concienciar sobre las condenas injustas y… ayuda a evitar que se produzcan más. Es un esfuerzo por sacar a relucir algunas tácticas terribles y abusivas que utilizan las autoridades para condenar a personas inocentes”. Como a fin de cuentas Grisham no está contra el sistema, no dice lo que cualquier lector puede encontrar en el libro: no son algunas tácticas, sino un sistema podrido hasta la médula.
McCloskey, quien tampoco es opositor al gobierno estadunidense, pero que combate al sistema penal cotidianamente, lo dice más claro: “víctimas de un sistema penal sumamente fallido… Las condenas no obedecieron a errores involuntarios… No, tuvieron su origen en la mala praxis y el chantaje de las fuerzas del orden… a través de una amplia variedad de medios ilícitos”. Pero las 10 historias aquí contadas son excepciones, los condenados –casi todos negros pobres, algunos blancos pobres que eran soldados y marinos, una negra, excepcionalmente un blanco de clase media al que condenaron en buena medida por acusarlo de ser homosexual– fueron exonerados después de muchos años de estar encarcelados, pero la mayor parte de quienes están en su situación, siguen en prisión, en un país con penas exorbitantes para cualquier delito.
Existen dos elementos comunes en todas las historias contadas en el libro y en las más de 100 que se sugieren: la corrupción y prepotencia de las autoridades policiacas y judiciales, y la discriminación y el racismo. Y aparece un tema que debe preocuparnos hoy: aunque soy partidario sin reservas de que la Suprema Corte de Justicia sea electa por voto popular, no estoy tan seguro de que deba ser así con los jueces de distrito y así por el estilo: el ejemplo de la justicia a la americana es terrorífico: los jueces, electos por voto popular, hacen política, y en estados como Texas (el más recurrente en el libro), la hacen al servicio de los prejuicios más rancios posibles. ¡Ay de aquel juez que no actúe como si el mundo no tenga 5 mil años y no descendamos todos de Adán y Eva! Perderá sin duda las siguientes elecciones. ¿Jurados populares? Más allá de que puedan ser comprados o amenazados, el chantaje policial y el aplastante poder del Estado (que recurre a policías, forenses, expertos y lo que sea) los pone casi siempre de un solo lado, sobre todo en este tipo de casos, cuando los acusados no pueden pagar a abogados ilustres ni a expertos que contradigan a los de la fiscalía. Si los acusados de estas historias volvieron a salir libres fue porque asociaciones humanitarias con importantes recursos económicos retomaron sus casos: sin ese dinero, seguirían todos en la cárcel.
Casi termino, ¿ese país es la policía del mundo, ese país que nos amenaza, siendo el primer consumidor de droga y el primer vendedor de armas, se atreve a hablar de justicia? ¿El país con más ciudadanos propios en cárceles, el país de los 200 mil desaparecidos anuales? Termino con una última cita de John Grisham:
“Hay unos 2.3 millones de estadunidenses entre rejas, la tasa más alta jamás conocida. Encerramos a más conciudadanos que ningún otro país en toda la historia. Ello causa un perjuicio social y económico a nuestros ciudadanos más vulnerables: la gente pobre de color…
“Desde que comenzamos ‘la guerra contra las drogas’ en los años 70, el número de presos se ha disparado, mientras el consumo apenas ha disminuido… Hemos perdido la guerra contra las drogas… Los hombres negros, pobres y sin estudios son los más afectados por la encarcelación masiva.”
