Luis Linares Zapata
12 de febrero de 2025 00:01
En medio de agudas pulsiones que marcan la actualidad del país, se rebelan en fondos, por ahora nebulosos, pasiones políticas incontenibles. De esta abigarrada manera se atropellan temas y circunstancias que derraman su influencia en el quehacer nacional.
Por ahora, el factor externo se cuela al interior nacional con la fuerza suficiente que le permite tamizar lo adicional. Es la irrupción de esa voz discordante, de escándalo continuo, proveniente del vecino norteño. Su ríspido ímpetu no deja entresijo alguno para asentar su pesada y contradictoria presencia. En respuesta a tal estímulo, se ha desatado una lluvia de opiniones, sesudos estudios, improvisados otros, libros al vapor, consejos al por mayor y severas alertas que examinan lo que, en realidad, ese alarido de escándalo, pretende encerrar en su fondo.
Al mismo tiempo, se escudriñan con alarma los alcances y las consecuencias que podrían desembarcar con ella. Este fenómeno difusivo y sonoro no sólo apareció aquí en México –aunque las consecuencias puedan ser de la mayor importancia–, sino que se desparrama por incontables naciones. Todas ellas preocupadas por lo que tal alharaca pueda acarrear para cada quien.
En el centro de las preocupaciones multicitadas se enroscan los aranceles que, como castigos unilaterales, podría imponer, a diestra y sobre todo a izquierdosos, el ya inevitable huésped mundial: el señor Donald Trump, un intruso que, apoyado por una base de cegatones correligionarios locales, ha irrumpido frente al ancho mundo.
Tiene, o aparenta tener, consigo la fuerza necesaria para solidificar sus pretensiones en órdenes, decretos y leyes. Armado de esta manera se cuela entre rendijas y fronteras para inducir miedos, prevenciones y urgencias de atención. Su presencia no llega en medio de aprecios y entendimientos, sino que el ventarrón se apareja con amenazas y peticiones unilaterales. El respeto, tanto a Trump como a su propio gobierno y país, queda atorado en estos alocados vaivenes. El daño apunta a convertirse, con un poco de tiempo adicional, en factor determinante. Un trasfondo de decadencia hegemónica es sello y verdad económica, social y política.
Las reacciones que está provocando dentro de su país empieza a articularse con la debida presencia. No han tardado en aparecer varios jueces que vetan o condicionan sus palabras y órdenes ejecutivas. Algunas llevan la ruta de atascarse en definitiva: es el caso de la nacionalidad adquirida por el simpe hecho de nacer en ese territorio. Tal y como sucede en México, por ejemplo.
La contienda básica, crucial, no se dirime entre Estados Unidos y sus aliados o socios, sino con el rival que osa retar sus negocios comerciales, tecnológicos, militares o científicos: China. Esta nación les ha manoseando y relativizado su hegemonía, otrora indisputable. El dólar, la moneda de intercambio y medida, ya es retada en la práctica internacional. Y este es, en verdad, un punto neurálgico que Trump resiente y que le causa irritante dolor. El uso del dólar en tal categoría, les acarrea condiciones y ventajas cruciales que podrían perder: les permite ignorar las consecuencias (internas y externas) de los déficits en los intercambios comerciales –balanza comercial–. Un motivo de serias preocupaciones en todos los demás países.
Las palabras del ya célebre bocón anaranjado no se ciñen a los aranceles, sino que se extienden por numerosos ámbitos geopolíticos. Afanes territoriales, nomenclaturas caprichosas, conflictos bélicos a zanjar (Ucrania) o adquisiciones de gran calado y consecuencias: Gaza o Groenlandia. Toda esta galaxia de asuntos ha penetrado en la actualidad nacional y forma densas atmósferas que es indispensable atender.
En medio de este maremágnum de circunstancias, peligros y costos de serias magnitudes se escurren, por el subsuelo anímico, pasiones de variada índole. Una de ellas irremediable e incontenible: la del poder político. Esa pulsión se ha introyectado en varios de los actores preponderantes de la vida pública mexicana. Y ahí crece y adopta diversas formas que condicionan su actuación. También se instala en los que les rodean o, incluso los que vigilan.
Ya es, y crecientemente será, factor coadyuvante en el diario acontecer nacional. A días y meses de iniciado el nuevo gobierno, la pelea por aparecer ante el ojo público es notable a simple vista. Por ahí circulan los inoculados con esa pasión que les trastoca toda su existencia. Al mismo tiempo, se convive con otra ocupación, también inevitable y urgente: orientar y conducir el trasteo para la continuidad del modelo. Bien puede imaginarse el abarcante uso del tiempo personal, tanto de los postulantes como de responsables para lidiar con tan íntimas pasiones: celos, corajes, males estomacales, enajenantes competencias, desvelos y demás derivados de los continuos acomodos del poder.
De ese tipo que se enseñorea mientras más se acerca a la cúspide, a la misma presidencia.
Austeridad
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Juan Becerra Acosta
12 de febrero de 2025 00:04
La corrupción, y con ella el saqueo sufrido en México, dio como uno de sus muchos y funestos resultados el que el agandalle, la delincuencia, el abuso, el robo, la prepotencia y la impunidad se normalizaran, a tal grado que se convirtieron en algo natural en el comportamiento de la clase política y, aunque con indignación y coraje, también en el de una ciudadanía víctima de un aparato que institucionalizó la deplorable frase “el que no transa no avanza”, a la que se sumó en una conducta que responde a la injusticia a la que fue sometida sistemáticamente. Ello construyó una escalera de víctimas y victimarios que enlodó de arriba abajo el tejido social.
Cuando se aborda el fenómeno de la corrupción en México la conversación conlleva de manera implícita, pero no discursada, una carga histórica que se remite a la Conquista y al mecanismo de defensa al que las mayorías tuvieron que acudir como respuesta adaptativa para subsistir, algo que se traslada al inconsciente colectivo y es antepuesto por el señalamiento únicamente de las conductas de figuras que ejercieron cargos públicos y sus secuaces. Más allá de ellas, parece que acciones reprobables de ciudadanos de a pie como la mordida al policía de crucero, el moche para un trámite, o la luz roja no respetada, no formaran parte del ciclo de corrupción del que nos quejamos, pero del que también, sin reconocerlo, hemos formado parte por lo menos en una ocasión. No olvidemos que la corrupción requiere tanto de la existencia del corrupto como de la del corruptor.
Si partimos de que esa escalera de descomposición contagia de arriba abajo, es normal que en el imaginario colectivo queden presentes sólo los actos corruptos que las élites del poder han llevado a cabo, finalmente ellas marcaron la pauta del cauce de inmoralidad al que posteriormente se sumaron otros sectores de la población. Ante la necesidad de terminar con esa inercia de deshonestidad normalizada, surgió con la llegada de la Cuarta Transformación la importancia de construir un modelo de austeridad gubernamental que vaya en la misma dirección que durante tanto tiempo tomó el cohecho, de arriba abajo.
La austeridad republicana es un modelo opuesto al que se normalizó de manera institucional por parte de funcionarios, el dispendio. Pasamos de un modelo de saqueo antes de 2018 a otro de austeridad, con una característica que en su momento Andrés Manuel López Obrador llamó “pobreza franciscana”, en una frase que más allá de lo religioso conlleva un significado social y nos remite a la orden de los franciscanos, cuya principal característica es la pobreza que otorga la riqueza, algo que por más contradictorio que pueda escucharse lejos está de serlo. Responde a la profusión que da el no necesitar más de lo justo para conseguir bienestar.
Francisco de Asís se veía a sí mismo como un caballero al servicio de un señor y una dama; su Señor era Jesús y su dama la pobreza, lo que no significa romantizar la penuria, sino adoptar la pobreza para emular el estilo de vida sin lujos ni propiedades y con lo justo necesario para subsistir para entonces dedicarse a la labor enteramente espiritual.
Si para el gobierno de México su señor es el pueblo y su dama la pobreza, el mensaje de austeridad republicana y de pobreza franciscana puede referirse a que, sin lujos y con lo justo necesario para operar, pueda dedicarse a su labor social. No debe existir gobierno rico en un país empobrecido.
La fórmula es un modelo de austeridad que permita la liberación de recursos para que se entreguen a quienes más los necesitan, además de destinarse a proyectos que generen oportunidades de desarrollo, lo que no estuvo en el interés de funcionaros de los gobiernos que utilizaron el servicio público para enriquecerse con el hambre de los pobres.
Se debe entender que la austeridad no significa no gastar, más bien es no hacerlo en lo que no se necesita para en su lugar dirigir los recursos adonde sí deben ir. Se vigila que los precios no estén inflados y que, por ejemplo, no se compren tornillos de 10 centavos en 100 pesos. No se trata de no utilizar –como parecen desear algunos opinadores– Palacio Nacional, sino de aprovecharlo y dejar de construir “cabañas” en Los Pinos para, en su lugar, abrir sus puertas a la gente y dar sentido a lo que de origen no lo tuvo. La austeridad no es cerrar la llave, sino ponerle un filtro para no desperdiciar.
No se preocupe, estimado lector, por lo que haya leído en chats de tías y tíos que, preocupados, forman parte de los agoreros que vaticinan una crisis económica derivada de un modelo de austeridad que no comprenden. Preocupante sería que en nuestro horizonte se acercara de nuevo aquella sombra del dispendio que durante tanto tiempo se normalizó y a través del cual funcionarios, sus familias, y amistades, usufructuaron los recursos de la nación en beneficio propio y en detrimento del pueblo.
Turistas extranjeros generan derrama de 30 mil 246 mdd
▲ Según cifras del Inegi, el gasto medio por turistas de internación fue de mil 31.24 dólares.Foto Luis Castillo
Clara Zepeda
Periódico La Jornada Miércoles 12 de febrero de 2025, p. 19
México rompió récord en turismo internacional en 2024 al recibir 45.04 millones de viajeros extranjeros –7.4 por ciento más respecto a 2023–, los cuales gastaron 30 mil 246.2 millones de dólares, un incremento anual de 5.9 por ciento, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
De acuerdo con la Encuesta de Viajeros Internacionales (EVI), que elabora mensualmente el Inegi, la cifra de visitantes foráneos impuso un récord ligeramente superior a los 45.02 millones que se registraron en 2019, antes de la pandemia.
En tanto, el gasto de los turistas internacionales, que alcanzó más de 30 mil millones de dólares, fue un monto sin precedente para un cierre de año, apoyado por el comportamiento del tipo de cambio durante 2024.
Los turistas de internación, aquellos residentes en el extranjero que visitan México, pasan la delimitación de la franja fronteriza y pernoctan, por lo menos una noche, dentro de algún destino del país, y que representan 60 por ciento de los visitantes foráneos, sumaron 27 millones, 1.40 por ciento más frente a diciembre de 2023.
El número de turistas que ingresaron por vía aérea sumaron 23.17 millones y gastaron 27 mil millones de dólares.
Durante 2024, entraron al país 86.4 millones de viajeros internacionales (que incluye a hombres de negocios, estudiantes y otros cuyo fin no es recreativo), 15.5 por ciento más que en 2023, y nuevo máximo después de la pandemia. La derrama económica de estos visitantes fue de 32 mil 956 millones de dólares, lo que representó 7.4 por ciento más que en 2023, y récord histórico, pero con un gasto medio de 381 dólares, una reducción de 6.7 por ciento respecto al 2023.
Las EVI estimaron un fuerte crecimiento de las salidas de mexicanos al resto del mundo el año pasado, pues ascendieron a 68.9 millones, 32.4 por ciento más frente a 2023; los turistas fueron 18.8 millones, lo que representó 17.6 por ciento superior a 2023 y su gasto total fue de 11.3 mil millones de dólares, 22.4 por ciento por arriba del año previo.
En diciembre, el país recibió 4 millones 789 mil 432 turistas internacionales que gastaron 3 mil 423.3 millones de dólares.
Del gasto de turistas internacionales en diciembre, 94.8 por ciento provino de los de internación y 5.2 por ciento de los fronterizos.
En diciembre pasado, el gasto medio por turistas de internación fue de mil 31.24 dólares; el de quienes ingresaron por vía aérea, de mil 210.17 dólares y el de quienes entraron por vía terrestre, de 322.53 dólares. El de los turistas fronterizos fue de 107.55 dólares.
Ahorro bancario histórico: sumó 9 billones 74 mil mdp
Durante 2024, el público depositó $865 mil 855 millones
Julio Gutiérrez
Periódico La Jornada Miércoles 12 de febrero de 2025, p. 19
En 2024, el saldo de la captación bancaria –el total del ahorro del público– alcanzó su máximo desde que hay registros, al situarse en 9 billones 74 mil 763 millones de pesos, cifra 6 por ciento superior en términos reales respecto a los 8 billones 208 mil 908 millones reportados al concluir 2023, demuestran las últimas cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).
Se trata de los recursos que obtiene la banca privada por medio del ahorro, principalmente de las personas, en instrumentos como las cuentas de ahorro, los pagarés o las inversiones a plazo, mismos que generan rendimientos.
Lo anterior significa que a lo largo de todo el año pasado, el público en general guardó en estos intermediarios financieros, en su mayoría extranjeros, recursos por 865 mil 855 millones de pesos.
La tasa de crecimiento de la captación bancaria es 2 puntos porcentuales menor respecto a la de la cartera total de financiamiento, que fue de 8.1 por ciento; y 7.5 puntos más baja si se compara con la de los créditos de consumo.
La cifra sin precedente se presentó en un entorno que estuvo marcado por el alto nivel en el que se mantuvo la tasa de referencia del Banco de México (BdeM), que es el instrumento que marca el costo al que se financian empresas y familias, y que también da un parámetro sobre los rendimientos que pueden obtener los ahorradores.
El saldo de la captación bancaria se divide en dos grandes segmentos: los depósitos a la vista o de disponibilidad inmediata –aquellos que pueden ser retirados en cualquier momento y que generan un rendimiento bajo– y los de plazo –los que se guardan por un determinado lapso y generan mayores retornos.
De acuerdo con los datos, el saldo de la captación de los depósitos de disponibilidad inmediata alcanzó un monto de 5 billones 724 mil 686 millones de pesos, cifra 5.7 por ciento superior respecto a los 5 billones 196 mil 777 millones de pesos que fueron reportados durante 2023.
Los bancos pagaron a sus ahorradores por este tipo de depósitos intereses por 174 mil 804 millones de pesos, monto 15 por ciento superior en términos reales si se compara con los 146 mil 248 millones pagados a lo largo de 2023.
Por su parte, los depósitos a plazo, que son aquellos que otorgan mayores rendimientos, reportaron en 2024 un saldo de 2 billones 63 mil 539 millones de pesos, cantidad 2.7 por ciento superior en términos reales si se compara con el saldo con el que se concluyó un año antes, que fue de un billón 925 mil 58 millones de pesos.
Por este tipo de depósitos, según los datos oficiales, los bancos pagaron intereses que sumaron 221 mil 751 millones de pesos, cantidad 6.7 por ciento superior si se compara con los 199 mil 443 millones reportados al concluir 2023.
La información divulgada por el organismo regulador indica que los siete bancos de mayor presencia en el país, que son BBVA, Santander, Banamex, Banorte, HSBC, Scotiabank e Inbursa, concentraron 73 por ciento de la captación total de la banca, con un saldo de 6 billones 639 mil 259 millones de pesos.
