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18 de marzo de 2026 20:56
Washington. La deuda de Estados Unidos superó la cifra récord de 39 billones de dólares, un hito que llega apenas unas semanas después de que inició la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
La cifra sin precedentes pone de relieve las prioridades contrapuestas que enfrenta el gobierno, desde aprobar una enorme ley tributaria y aumentar el gasto en defensa y en la aplicación de leyes migratorias, hasta intentar reducir la deuda, algo que el presidente Donald Trump prometió hacer como candidato y como presidente.
La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO por sus siglas en inglés) detalla algunos de los efectos del aumento de la deuda pública en los estadunidenses, entre ellos mayores costos del crédito para cosas como hipotecas y automóviles, salarios más bajos debido a que las empresas tienen menos dinero disponible para invertir, y bienes y servicios más caros. Quienes abogan por un presupuesto equilibrado también advierten que la tendencia de largo plazo de pedir prestado más y pagar más intereses obligará a los estadunidenses a afrontar decisiones fiscales más difíciles en el futuro.
Michael Peterson, presidente del consejo y director general de la organización sin fines de lucro Peter G. Peterson Foundation -creada para concienciar sobre los desafíos fiscales de largo plazo de Estados Unidos-, manifestó en un comunicado que “debemos reconocer este alarmante ritmo de crecimiento y la importante carga financiera que estamos imponiendo a la próxima generación”.
La trayectoria del aumento de los costos también resulta preocupante. La deuda federal se ha disparado con presidentes tanto republicanos como demócratas, y ha sido impulsada más recientemente por guerras, el gasto masivo durante la pandemia y recortes de impuestos.
La deuda nacional de Estados Unidos alcanzó los 38 billones de dólares hace cinco meses, y los 37 billones dos meses antes.
“Al ritmo de crecimiento actual, alcanzaremos la asombrosa cifra de 40 billones de dólares de deuda nacional antes de las elecciones" de noviembre, indicó Peterson. “Pedir prestado billón tras billón a este ritmo acelerado sin un plan en marcha es la definición de algo insostenible”.
El asesor económico de la Casa Blanca Kevin Hassett calculó el domingo que la guerra en Irán le había costado a Estados Unidos más de 12 mil millones de dólares hasta ahora. No está claro cuándo terminará la guerra.
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18 de marzo de 2026 20:56
Washington. La deuda de Estados Unidos superó la cifra récord de 39 billones de dólares, un hito que llega apenas unas semanas después de que inició la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
La cifra sin precedentes pone de relieve las prioridades contrapuestas que enfrenta el gobierno, desde aprobar una enorme ley tributaria y aumentar el gasto en defensa y en la aplicación de leyes migratorias, hasta intentar reducir la deuda, algo que el presidente Donald Trump prometió hacer como candidato y como presidente.
La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO por sus siglas en inglés) detalla algunos de los efectos del aumento de la deuda pública en los estadunidenses, entre ellos mayores costos del crédito para cosas como hipotecas y automóviles, salarios más bajos debido a que las empresas tienen menos dinero disponible para invertir, y bienes y servicios más caros. Quienes abogan por un presupuesto equilibrado también advierten que la tendencia de largo plazo de pedir prestado más y pagar más intereses obligará a los estadunidenses a afrontar decisiones fiscales más difíciles en el futuro.
Michael Peterson, presidente del consejo y director general de la organización sin fines de lucro Peter G. Peterson Foundation -creada para concienciar sobre los desafíos fiscales de largo plazo de Estados Unidos-, manifestó en un comunicado que “debemos reconocer este alarmante ritmo de crecimiento y la importante carga financiera que estamos imponiendo a la próxima generación”.
La trayectoria del aumento de los costos también resulta preocupante. La deuda federal se ha disparado con presidentes tanto republicanos como demócratas, y ha sido impulsada más recientemente por guerras, el gasto masivo durante la pandemia y recortes de impuestos.
La deuda nacional de Estados Unidos alcanzó los 38 billones de dólares hace cinco meses, y los 37 billones dos meses antes.
“Al ritmo de crecimiento actual, alcanzaremos la asombrosa cifra de 40 billones de dólares de deuda nacional antes de las elecciones" de noviembre, indicó Peterson. “Pedir prestado billón tras billón a este ritmo acelerado sin un plan en marcha es la definición de algo insostenible”.
El asesor económico de la Casa Blanca Kevin Hassett calculó el domingo que la guerra en Irán le había costado a Estados Unidos más de 12 mil millones de dólares hasta ahora. No está claro cuándo terminará la guerra.
Con guerra en Irán, Trump divide al gobierno y decepciona a aliados
Presidente de EU va de mensajes triunfalistas a reflexiones sobre cómo salir de la confrontación
▲ De izquierda a derecha: el director de la FBI, Kash Patel; el responsable de la Agencia de Inteligencia, James Adams, y la titular de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, testificaron ayer ante el Senado de Estados Unidos sobre las afirmaciones, a menudo contradictorias, de la administración Trump sobre la ofensiva contra Irán.Foto Ap
Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Jueves 19 de marzo de 2026, p. 21
Washington y Nueva York. Que los aliados tienen que ayudar a asegurar el estrecho de Ormuz, que Estados Unidos no necesita a nadie, que el gobierno de Irán quiere negociar pero que mejor los derroque el pueblo, bueno que sí, pero no se sabe quiénes son “porque ya matamos a los que conocíamos”; que fue destruido el programa de armas nucleares el año pasado, pero este conflicto fue detonado por la amenaza de ese mismo plan atómico, que “tal vez no necesitamos estar ahí” y que la guerra “ya se ganó”, son sólo algunos de los comentarios del comandante en jefe, Donald Trump, en los pasados días sobre su ofensiva en Irán.
El mandatario regresó a la base militar en Delaware este miércoles para acompañar a familias de soldados estadunidenses a recibir sus ataúdes. Aunque el ala dura de sus votantes sigue aprobando la guerra, encuestas recientes indican que una mayoría del electorado no está a favor, crece la preocupación por los impactos económicos de la aventura bélica y esperan un final pronto a ese conflicto.
Pero el final de una guerra que carece de objetivos claros, los cuales cambian casi a diario, se ve cada vez menos probable. De hecho, el jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) informó al Senado este miércoles que el conflicto podría durar cuatro a seis semanas más. Hasta la fecha, el gasto se calcula en más de mil millones de dólares cada día.
De hecho, hay dudas sobre quién está en control del conflicto. “Claramente acabamos de demolerlos (a Irán) en el campo de batalla; sin embargo, en cierto gran grado ellos son los que tienen las cartas ahora”, comentó a Politico una fuente cercana a Trump, el martes. “Ellos deciden qué tanto tiempo estaremos involucrados y si ponemos botas sobre el terreno. No me parece que haya una manera de salirnos de eso si es que queremos salvar la cara”.
Por su parte, el jefe de la Casa Blanca declara victoria todos los días, algo que proclamó desde el día uno, hace tres semanas. Por eso causó asombro hasta entre sus asesores la semana pasada cuando declaró: “podría ser el caso de que no deberíamos estar ahí para nada, porque no lo necesitamos. Tenemos mucho petróleo”. Pocos días después declaró a NBC News que los ataques aéreos estadunidenses “demolieron totalmente” gran parte de Irán antes de agregar que “podríamos golpearlo varias veces más sólo por diversión”.
Con el precio de petróleo al alza en los mercados, Trump ahora expresa preocupación por el tránsito de buques petroleros por el estrecho de Ormuz y este miércoles, una vez más, instó a los aliados de Estados Unidos a ayudar a abrir ese pasaje, a pesar de que casi todos ya le han dicho que no están dispuestos a hacerlo.
Ira entre seguidores
La tambaleante narrativa oficial ha provocado confusión entre sus aliados políticos en el Congreso, ha nutrido la ira de una parte de su base que se opone a esta guerra y que se siente traicionada por un presidente que prometió no repetir los errores de sus antecesores e iniciar conflictos bélicos innecesarios. Es más, crea grietas dentro de su gobierno, como quedó evidenciado con la renuncia de su jefe contraterrorista esta semana por oponerse a la conducción de la ofensiva contra Irán.
El muy influyente comentarista ultraconservador Tucker Carlson –antes fiel seguidor de Trump– tuvo a ese funcionario, Joe Kent, en su pódcast este miércoles para discutir su mutua oposición a esta guerra, incluida la mano de Israel en el conflicto.
El conductor, cuyo programa tiene un millón de seguidores, no está solo en la oposición a la confrontación castrense, lo acompaña una amplia gama de las filas conservadoras. La ex comentarista de Fox News Megyn Kelly, quien goza de 3 millones de suscriptores en su canal de YouTube, y Joe Rogan, con 14 millones de seguidores, se oponen vociferantemente a la guerra contra Irán.
El asesor de la Casa Blanca David Sacks recomendó la semana pasada que Estados Unidos debe “declarar victoria y salirse” de Irán, algo que también es compartido por la junta editorial de The Washington Post, entre otros. Pero aún más alarmante fue que Sacks, un multimillonario inversionista especulativo encargado de desarrollar políticas sobre criptomonedas, advirtió que si el conflicto se intensifica, Israel podría contemplar el uso de un arma nuclear.
Cuando Trump fue cuestionado acerca de estos comentarios de su asesor, respondió que “Israel no haría eso. Nunca usaría eso”.
Esa respuesta marca la primera vez en la historia que un líder estadunidense reconoce públicamente que Israel tiene armas nucleares, pero no es la primera vez que se aborda el peligro de que ese conflicto pudiera salirse aún más de control con consecuencias catastróficas.
“Nadie puede relatar una historia plausible sobre cómo llegará a su fin esta guerra”, señala el reconocido experto en geopolítica John Mearsheimer, profesor en la Universidad de Chicago, en el pódcast de Glenn Diesen, y afirmó que Irán y no Estados Unidos ahora controla qué pasa en ese conflicto. Advierte que “si la ofensiva se prolonga, Washington estará cada vez más desesperado en ponerle fin y saber cómo se puede lograr eso”.
Mearsheimer, en otra entrevista con Gita Wirjawan, afirmó que “la pregunta real es si Israel usará armas nucleares. Ese es el asunto”.
Dudas sobre los próximos pasos de Washington
Aunque Trump compartió la noticia de que fuerzas estadunidenses e israelíes habían asesinado al jefe de seguridad de Irán y el hecho de que la campaña de bombardeos masivos ha dejado destruidas amplias secciones de ciudades en ese país, este miércoles la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, se vio obligada a comentar ante el Senado que el gobierno de Teherán “parece estar intacto, pero degradado”.
Ante las preocupantes evaluaciones, mezcladas con proclamas triunfalistas oficiales, crece la incertidumbre dentro y fuera del país sobre cuáles son los próximos pasos de Estados Unidos en este conflicto. Más aún, hay indicaciones de que las propias bases del presidente, aunque mantienen su apoyo por ahora, están preocupadas de que se prolongue esta guerra, sobre todo si se envían tropas al terreno.
La Casa Blanca sigue con su avalancha constante de mensajes triunfalistas en sus redes. Como parte de su propaganda, difunde videos compuestos de imágenes reales de la guerra combinadas con segmentos de películas famosas de acción como Superman, Top Gun y Gladiador, a imágenes de videojuegos de guerra. Cuando medios como Politico reportaron que esta propaganda estaba molestando a oficiales militares, la Casa Blanca rechazó las críticas al afirmar que en un periodo de cuatro días, esas grabaciones habían recibido más de 3 mil millones de visitas.
No se sabe si esa mezcla de Hollywood, videojuegos y proclamas victoriosas serán suficientes para sostener el apoyo del público de aquí en adelante, o si buscarán otra película.
Donald Trump, entre Calígula y Nerón
Marcos Roitman Rosenmann
19 de marzo de 2026 00:03
Ni el nazi-fascismo con su Führer o la Italia de Mussolini se atrevieron a tanto. Sólo en la Roma imperial surgen personajes cuyas conductas erráticas guardan semejanzas con Donald Trump. El primero, Calígula. Gobernó entre los años 37 y 41 de nuestra era. Para coronarse emperador, asesinó a su primo Tiberio Gemelo. Se anexionó Mauritania y acabó con la vida del rey Ptolomeo, hijo de Cleopatra y Marco Antonio, quien, como Tiberio, era su primo.
Su ego no tuvo límites. Mandó construir bustos y estatuas con su figura para adornar calles y templos. Sus apetitos sexuales eran variados. Mujeres, hombres, niños y niñas, además de sus hermanas, obligadas a prostituirse, entraban en su agenda (Jeffrey Epstein y Donald Trump juntos). Durante su mandato, Roma sufrió una de sus peores crisis económicas, acompañada de hambruna. Vació las arcas públicas, pero no dejó de enriquecerse. Tuvo algún éxito militar, pero sus derrotas lo acompañaron.
En Britania ordenó a su ejército recoger conchas marinas como tributo al Monte Palatino. Y si hacemos caso a la leyenda negra, le gustaba presenciar torturas y ejecuciones. Aunque no llegó a nombrar cónsul a su caballo Incitatus, señaló que su equino tenía más inteligencia que todos los senadores. En consonancia, le mandó construir una cuadra en mármol, con túnicas, sedas y sirvientes en exclusiva
La historia no lo deja bien parado. Acabó asesinado.
No pasó mucho tiempo para que emergiese otro emperador con ínfulas de dios. La sucesión de Claudio llevó al trono a un singular sujeto: Claudio César Augusto Germánico, Nerón.
Como su primo, se convirtió en tirano.
Gobernó del año 54 al 68 de nuestra era. No rehuyó matar a sus opositores. Entre sus víctimas, Agripina, su madre, y hermanastro, Tiberio Claudio César Británico.
Le gustaba frecuentar prostíbulos y, como Calígula, disfrutaba de hombres y mujeres. Sufría delirio de persecución. Asesinó a generales, miembros de su guardia y senadores. Su ira se revertía de odio. Tenía gustos exquisitos: le gustaban el juego, el circo, componer canciones, tocar el arpa y recitar poemas. (En esos años no disfrutaba del golf, como Trump en su campo de Miami).
Se consideraba un mecenas. Tenía la debilidad de mandar crucificar a los condenados a muerte o bien que sufriesen tormentos antes de ser devorados por perros. En guerra continua, salvo un interregno, se declaró pacifista. Acabó desangrando las arcas para financiar sus campañas militares, pero su fortuna creció y creció. Con políticas de pan y circo, se ganó el apoyo de una parte de sus conciudadanos.
Sobre el gran incendio de Roma, aunque todas las sospechas recaen sobre su persona, culpó a los cristianos y comenzó su persecución. Entre sus delirios de grandeza, fue a participar a las Olimpiadas. No logró triunfar. Pero los griegos, para no causar un conflicto internacional, le otorgaron corona de laureles. Una vez en Roma, montó un desfile para que el pueblo la contemplase en señal de victoria. Le encantaba la lisonja. Si alguien manifestaba desacuerdo, terminaba mal. Así le fue a su tutor, Séneca, a quien acusó de malversación de fondos en dos ocasiones y de mantener relaciones sexuales con Agripina. Nerón acabó suicidándose a los 30 años.
¿Cuántos asesores, secretarios de Estado han sido destituidos por Trump cuando han mostrado disconformidad con sus políticas? Calígula y Nerón expresan la personalidad de Donald Trump. Igual de melodramático, el actual inquilino de la Casa Blanca sufre de megalomanía. Amante de los excesos y complejo de superioridad, reviste su poder con mansiones, torres que llevan su nombre o retretes de oro.
Sus devaneos sexuales no tienen nada que envidiar a Nerón y Calígula. Prostitutas, menores de edad, orgías y drogas.
Busca el reconocimiento y ser condecorado. Tiene mentalidad de un niño de cinco años, dirá Guillermo Fesser, corresponsal español en Estados Unidos.
Un día piensa en blanco, al siguiente en negro, luego en gris y por último en verde. Sus acciones, declarando la guerra al mundo, proyectan derrotas estratégicas en el medio y largo plazos. Ningún objetivo alcanzado. Conmigo o sin ti es el mensaje.
La realidad no acompaña sus declaraciones. Sus aliados naturales son degradados a la condición de comparsas. Y sus detractores reciben insultos, descalificaciones y los caricaturiza. Se rodea de aduladores. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se inventa un premio de la paz para entregar, por primera vez, a su amigo Trump, como desagravio al no obtener el Premio Nobel. Su receptora, en audiencia pública en la Casa Blanca, le hace entrega del recibido en Oslo. ¿No sea que se enfade?
Desde la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pasando por Javier Milei, José Antonio Kast o el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, avalan sus bombardeos a Irán y justifican el genocidio de Israel al pueblo palestino. Y su primer ministro, Benjamin Netanyahu, lo agasaja con carantoñas, mientras el movimiento sionista lo financia.
Ejerce el poder como un tirano. Mientras, el pueblo estadunidense sufre sus decisiones: inflación, empobrecimiento y represión. Sólo las empresas armamentísticas y sus negocios obtienen beneficios.
Mientras juega al golf, remodela la Casa Blanca, decide invasiones, secuestros, torturas y asesinatos. Bombardea Irán, con un coste diario de mil millones de dólares para abastecer a su ejército, y cuando desespera, emprende nuevas acciones. No busque comparaciones en el siglo XX. A su lado, Hitler y Mussolini son hermanas de la caridad. Sólo Calígula y Nerón le hacen sombra.
Donald Trump se ha convertido en el primer tirano trasnacional del siglo XXI.
Como la frase pronunciada por los condenados a muerte en el año 52 de nuestra era “¡Ave, César, los que van a morir te saludan!” A lo cual el emperador Claudio respondió ¿o no? Hoy podemos recrearla: “¡Ave, Trump, tus crímenes no caerán en el olvido!




