Foto Afp Foto autor
Ap
10 de septiembre de 2026 10:58
Chisinau. Un vuelo programado para trasladar al presidente ucranio Volodymir Zelensky de Moldavia a Noruega a principios de semana se retrasó cuando las autoridades cerraron el espacio aéreo moldavo debido a una incursión de dron, informó un portavoz del gobierno.
La policía moldava indicó que un dron ruso se estrelló el martes en un campo de girasoles a las afueras de una aldea del distrito de Riscani, lo que provocó cuatro incendios pero no dejó heridos.
El portavoz del gobierno, Dumitru Ciorici, dijo que Moldavia había cerrado su espacio aéreo el martes por la tarde para proteger a las aeronaves que sobrevolaban el país en ese momento, lo que retrasó tres salidas, incluida la que transportaba a Zelensky.
El primer ministro noruego Jonas Gahr Støre dijo a la emisora NRK que el avión de Zelensky “casi fue alcanzado por un dron cuando despegó de Moldavia” rumbo a Oslo para el funeral del rey Harald V. Zelensky llegó a Oslo el martes y se reunió con Støre para hablar sobre un posible apoyo a las defensas antiaéreas de Ucrania antes de asistir al funeral del rey el miércoles.
Las autoridades moldavas confirmaron que el dron cayó y explotó a unos 160 kilómetros del Aeropuerto Internacional de Chișinău. Después, las restricciones del espacio aéreo se levantaron y el avión de Zelensky despegó más tarde de lo previsto.
El dron que ingresó en el espacio aéreo moldavo el martes cruzó hacia la vecina Rumania, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, donde fue rastreado a través de varios condados del noreste.
Las autoridades señalaron que se habían desplegado dos aeronaves F-18 del ejército español del Aire y el Espacio para seguir su trayectoria antes que reingresara al espacio aéreo moldavo.
El miércoles, la policía de Moldavia informó que expertos en explosivos descubrieron fragmentos del dron que presentaban un sistema de propulsión y características similares a las de un dron tipo Geran, que Moscú ha utilizado ampliamente en su guerra a gran escala en Ucrania.
“La investigación identificó el punto de impacto, donde se produjo una explosión y se formó un cráter de tamaño considerable”, indicó la policía, y añadió que los especialistas continúan las pesquisas “para determinar el tipo y la masa de la carga explosiva”.
El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, dijo el jueves que no había habido ninguna amenaza para el avión que transportaba a Zelensky, y en cambio acusó a Ucrania de organizar “provocaciones” para arrastrar a sus aliados occidentales a la guerra. Peskov no ofreció pruebas de su afirmación.
Ucrania limita tanto con Rumania como con Moldavia, y desde la invasión total por parte de Rusia en 2022, ambos países han reportado decenas de incidentes con drones.
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10 de septiembre de 2026 10:58
Chisinau. Un vuelo programado para trasladar al presidente ucranio Volodymir Zelensky de Moldavia a Noruega a principios de semana se retrasó cuando las autoridades cerraron el espacio aéreo moldavo debido a una incursión de dron, informó un portavoz del gobierno.
La policía moldava indicó que un dron ruso se estrelló el martes en un campo de girasoles a las afueras de una aldea del distrito de Riscani, lo que provocó cuatro incendios pero no dejó heridos.
El portavoz del gobierno, Dumitru Ciorici, dijo que Moldavia había cerrado su espacio aéreo el martes por la tarde para proteger a las aeronaves que sobrevolaban el país en ese momento, lo que retrasó tres salidas, incluida la que transportaba a Zelensky.
El primer ministro noruego Jonas Gahr Støre dijo a la emisora NRK que el avión de Zelensky “casi fue alcanzado por un dron cuando despegó de Moldavia” rumbo a Oslo para el funeral del rey Harald V. Zelensky llegó a Oslo el martes y se reunió con Støre para hablar sobre un posible apoyo a las defensas antiaéreas de Ucrania antes de asistir al funeral del rey el miércoles.
Las autoridades moldavas confirmaron que el dron cayó y explotó a unos 160 kilómetros del Aeropuerto Internacional de Chișinău. Después, las restricciones del espacio aéreo se levantaron y el avión de Zelensky despegó más tarde de lo previsto.
El dron que ingresó en el espacio aéreo moldavo el martes cruzó hacia la vecina Rumania, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, donde fue rastreado a través de varios condados del noreste.
Las autoridades señalaron que se habían desplegado dos aeronaves F-18 del ejército español del Aire y el Espacio para seguir su trayectoria antes que reingresara al espacio aéreo moldavo.
El miércoles, la policía de Moldavia informó que expertos en explosivos descubrieron fragmentos del dron que presentaban un sistema de propulsión y características similares a las de un dron tipo Geran, que Moscú ha utilizado ampliamente en su guerra a gran escala en Ucrania.
“La investigación identificó el punto de impacto, donde se produjo una explosión y se formó un cráter de tamaño considerable”, indicó la policía, y añadió que los especialistas continúan las pesquisas “para determinar el tipo y la masa de la carga explosiva”.
El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, dijo el jueves que no había habido ninguna amenaza para el avión que transportaba a Zelensky, y en cambio acusó a Ucrania de organizar “provocaciones” para arrastrar a sus aliados occidentales a la guerra. Peskov no ofreció pruebas de su afirmación.
Ucrania limita tanto con Rumania como con Moldavia, y desde la invasión total por parte de Rusia en 2022, ambos países han reportado decenas de incidentes con drones.
Un millón de muertos, el saldo de la guerra antiterrorista de EU tras el 11-S
▲ Portada de La Jornada que dio cuenta el 12 de septiembre de 2001 sobre los ataques con aviones a las Torres Gemelas de Nueva York.Foto La Jornada
El ataque permite a la Casa Blanca justificar la persecución de disidentes dentro y fuera del país // Durante ceremonia en la Zona Cero, seis campanadas marcarán las horas de los trágicos hechos
David Brooks y Jim Cason Corresponsales
Periódico La Jornada Viernes 11 de septiembre de 2026, p. 20
Nueva York y Washington., Hace 25 años Estados Unidos proclamó una “guerra contra el terrorismo” que ha costado casi un millón de vidas en el extranjero y ha servido para criticar y perseguir a disidentes dentro del país; actualmente es empleada por el presidente Donald Trump para justificar conflictos contra Irán y Cuba, así como el asedio contra inmigrantes y opositores locales.
En este aniversario del primer ataque de fuerzas extranjeras al territorio estadunidense (con la simbólica excepción de la incursión de Pancho Villa a Columbus, Nuevo México), se realizó una serie de actos que culminaron con la remembranza de la destrucción de las Torres Gemelas, donde murieron 2 mil 753 personas (en total, perecieron 2 mil 997 en los ataques de ese día, incluidos al Pentágono, en un campo de Pensilvania y los pasajeros de los aviones).
Entre los estadunidenses mayores de 10 años de edad en 2001, 93 por ciento recuerdan exactamente dónde estaban cuando llegó la noticia del derrumbe de las Torres Gemelas, según una nueva encuesta de Pew Center. El día, conocido como 9-11 o 11-S por la fecha, está grabado en la memoria colectiva del país.
Casi inmediatamente después del atentado terrorista, Estados Unidos empezó a preparar una guerra contra Irak (país que nada tuvo qué ver con el ataque) y Afganistán. Generó y nutrió un ola contra el Islam que incluyó el arresto de cientos de musulmanes mientras miles enfrentaron procesos de deportación. Pero este viernes, en la ceremonia cen-tral en el parque monumento en la Zona Cero, donde se alzaban al cielo las Torres Gemelas, el anfitrión será un musulmán: el alcalde inmigrante y socialista Zohran Mamdani.
La era pos 11-S se definió por sus guerras y la persecución de “enemigos” internos, pero también por un masivo movimiento que rechazó ese esquema, generando solidaridad tanto dentro del país como con otras naciones, impulsando un cambio progresista bajo las sombras de quienes usaron las torres para propósitos derechistas.
El 20 de septiembre, nueve días después del 11-S, el presidente George W Bush declaró una “guerra contra el terrorismo”. Lanzó lo que sería la incursión bélica más larga de la historia de Estados Unidos contra Afganistán, el 7 de octubre de 2001, que duró 20 años.
La guerra contra Irak comenzó en 2003 bajo la misma justificación. El “terrorismo” se convirtió en el nuevo enemigo externo e interno. Sustituyó al comunismo y a las drogas como las máximas amenazas.
Hoy, el término “terrorismo” se aplica a todo, desde enemigos externos, entre ellos Cuba e Irán, como a viejos adversarios, bautizando a los cárteles y narcotraficantes como organizaciones terroristas, o hasta fusionando bajo ese nombre a nuevas amenazas, como el “islam-comunismo”.
Campo de batalla en 78 países
Son 25 años de guerra y los costos son enormes. El actual gobierno estadunidense continúa con lo que llama actividades antiterroristas en 78 países. Se calcula que aproximadamente 4.5 millones de personas han muerto directa e indirectamente por las guerras pos 11–S (por lo menos 940 mil fallecieron debido la violencia bélica) y han sido desplazadas por lo menos 38 millones de personas de sus hogares; el gasto estadunidense en los conflictos supera 8 billones de dólares, según el proyecto Costs of War de la Universidad Brown (https://costsofwar.watson.brown.edu/ costs/human/civilians-killed-displaced).
Las medidas antiterroristas inventadas en la era pos 11–S se emplean como justificación para ataques militares en el extranjero, como a las lanchas destruidas bajo el argumento de pertenecer a narcos y contra otras naciones, pero también a opositores dentro del país.
Hay dos tipos de medidas: contra quienes llevan a cabo un atentado terrorista y hacia quienes ofrecen “apoyo material” a aquellos que cometen los actos violentos.
Son acciones legales muy ambiguas –se acaba de enjuiciar a ocho activistas en Texas que protestaban contra un centro de detención de inmigrantes y confrontaron a agentes y policías; fueron condenados a un total, entre todos, a 450 años– que prevén décadas de cárcel a los acusados de participar y/o apoyar un acto de terrorismo.
Vale recordar que el terrorismo doméstico de estadunidenses blancos es causante de muchos más actos criminales que los ejecutados por actores extranjeros o islámicos; de hecho, hasta el retorno de Donald Trump, el Departamento de Seguridad Interna y agencias de inteligencia definían como la mayor amenaza de seguridad interna a las agrupaciones locales de extrema derecha.
El mayor acto de terrorismo doméstico fue cometido en 1995 contra el edificio federal en Oklahoma City, donde murieron 167 personas y cientos más resultaron heridas. Los responsables eran Timothy McVeigh y Terry Nichols, ultraderechistas blancos.
Durante estos 25 años también hubo otros cambios que siguen brotando hasta hoy. El movimiento contra la guerra en Irak fue más grande en sus expresiones en las calles que el de Vietnam, y las manifestaciones contra el neoliberalismo altermundistas, Ocupa Wall Street y nuevas alianzas cimentadas en las dos campañas electorales presidenciales de Bernie Sanders, expresaron una oposición constante al esquema establecido de la era pos 11–S por las cúpulas políticas.
También vale recordar que después del gobierno de Bush y su grupo neoconservador que impuso el esquema bélico pos 11–S, se eligió al primer presidente afroestadunidense, que prometió “el cambio”. Fuerzas progresistas siguen condenando las guerras, rechazan la etiqueta de “terrorismo” contra países como Cuba y no sólo eligieron a un musulmán en la ciudad más grande del país, sino que otro progresista con la misma creencia religiosa ganó contra la cúpula para ser candidato al senado por Michigan, mientras Ilhan Omar y Rashida Tlaib (primera palestina-estadunidense en el Congreso) continúan enfrentando a la ultraderecha cada vez con más aliados.
Conmemoración sin Trump
La mañana de este viernes, familiares de los caídos, incluidos bomberos, policías y personal de emergencia que murieron al intentar rescatar a víctimas, y también a los que después padecieron enfermedades causadas al ser expuestos a los venenos en el aire y en los escombros, y algunos políticos escucharán seis campanadas en la ceremonia conmemorativa.
Trump decidió no venir porque no se le permitió hacer declaraciones como es la regla con todo político. Las campanas replicarán a las 8:46, cuando el primer avión impactó la torre norte; 9:03, momento en que la segunda nave se estrelló contra la torre sur; 9:37, cuando otra aeronave cayó intencionalmente en la sede del Pentágono; 9:59, hora en que se derrumbó la torre sur; 10:03 tiempo en que el vuelo 93 se desplomó en un campo en Pensilvania, y a las 10:28, cuando se derrumbó la segunda torre.
Entre las campanadas se dará lectura a los nombres de las casi 3 mil víctimas. Este aniversario habrá una séptima campana por los miles que han muerto desde entonces por cáncer y otras enfermedades causadas por el atentado, y también por suicidios relacionados con ese evento.
También se repitieron eventos marcando cada aniversario, desde faros emitiendo dos rayos de luz desde la Zona Cero –marcando donde estaban las torres– a un espectáculo de drones que dibujaron en tres dimensiones maquetas de las torres (https://www.instagram.com/reel/DdH sGywj1pI/?stkn=MXVianRtZjZ0ZzJuNw==), así como la colocación de 2 mil 753 sillas vacías en el parque Bryant, expresiones artísticas en baile y música.
Pero no hay campanas ni lectura de los millones de nombres que han muerto, fueron heridos o desplazados en otros países por acciones justificadas por este ataque, algo que sigue hasta hoy.
La era pos 11–S sigue en disputa.
La lucha contra el terrorismo continúa
El 10 de septiembre de 2026, en Nueva York, varias personas caminan frente al One World Trade Center y la Freedom Tower en el Bajo Manhattan, antes del 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Foto Afp Foto autor
Simón Vargas Aguilar*
11 de septiembre de 2026 00:02
Hoy se conmemoran 25 años de los atentados que redefinieron la seguridad nacional estadunidense.
Aquel día, Al Qaeda demostró que un grupo podía golpear el corazón del poder militar y financiero de una superpotencia, y un cuarto de siglo después, la amenaza no ha desaparecido, se ha fragmentado, se hizo híbrida y, de acuerdo con la doctrina vigente en Washington, se ha extendido a actores que antes se consideraban principalmente criminales.
La Estrategia de Contraterrorismo de Estados Unidos de 2026, publicada en mayo por la administración Trump, establece tres prioridades explícitas. La primera es la “neutralización de las amenazas terroristas hemisféricas”, como los cárteles de la droga y las bandas trasnacionales, ahora designados organizaciones terroristas extranjeras.
La segunda apunta a los “terroristas islamistas heredados”, como Al Qaeda, especialmente su rama en la península arábiga (AQAP), Estado Islámico e ISIS-Khorasán, y la Hermandad Musulmana, y la tercera identifica a extremistas violentos de izquierda, anarquistas y grupos antifascistas. El documento refleja la lógica “America primero”; el hemisferio occidental vuelve al centro, y el contraterrorismo se convierte también en herramienta de política regional.
Con respecto al primer frente, Estados Unidos ha realizado decenas de ataques contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico oriental, capturó a Nicolás Maduro en Venezuela bajo la etiqueta de “narcoterrorista” y ha impulsado misiones conjuntas en Ecuador, Colombia, Guatemala, Honduras y Panamá. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha comparado explícitamente a los traficantes con ISIS o Al Qaeda.
Y no olvidemos que el 15 de diciembre de 2025, Donald Trump firmó la orden ejecutiva que designa el fentanilo ilícito y sus precursores como armas de destrucción masiva: “El fentanilo ilícito está más cerca de un arma química que de un narcótico”, dice el texto; “ninguna bomba hace lo que esto está haciendo”, dijo el presidente al firmar. La analogía es brutal, y para quien haya visto las calles de Filadelfia, San Francisco, avenida Kensington o de ciertos rincones de Ohio, también es descriptiva.
Porque el fentanilo no explota, se infiltra; no derriba edificios, deja un cuerpo doblado en la banqueta, con la aguja todavía en el brazo y la mirada ausente, como si alguien hubiera apagado el interruptor de la voluntad; es una destrucción masiva en cámara lenta.
El veneno del fentanilo recorre las venas de Estados Unidos con la misma precisión con la que un gas tóxico recorre un túnel, y sobre esta premisa se construyó el Escudo de las Américas, anunciado el 7 de marzo de 2026 en Doral, Florida. La coalición reúne a 20 gobiernos latinoamericanos cuyos ejes de gobierno coinciden en una idea: la seguridad no es un capítulo más del programa: es el programa.
La guerra contra el narcoterrorismo se ha consolidado como uno de los temas más abordados, incluso el pasado 9 de septiembre se volvió a aumentar la presión por parte de Estados Unidos, ya que el secretario de Estado, Marco Rubio, mencionó en su discurso en Ecuador que es necesario que el gobierno de México realice más acciones, incluso dijo: “Esperamos trabajar en cooperación con ellos para hacer más, porque al final la cabeza de serpiente son los cárteles en México”.
Por otro lado, en segundo lugar, están los “islamistas heredados”, porque el yihadismo clásico no se ha extinguido. La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) advierte que Al Qaeda e ISIS siguen reclutando por medio de redes sociales y plataformas de Internet, y de acuerdo con declaraciones del subdirector adjunto de la FBI, Chris Raia, en los últimos 18 meses, la agencia detuvo al menos a 16 personas por planear o apoyar atentados en nombre de esas organizaciones.
Además, dijo que los terroristas cambiaron el modelo, ya no son los grandes operativos coordinados desde campos de entrenamiento, sino los “agresores solitarios” (lone offenders) radicalizados en línea, y que tanto ISIS como Al Qaeda dependen cada vez más de la propaganda digital.
El tercer frente, el extremismo político de izquierda, es el más novedoso y el más polémico, ya que ha pasado de ser un fenómeno marginal a ocupar un lugar explícito en la doctrina de seguridad de Estados Unidos; incluso hace pocos meses se realizó una cumbre internacional con más de 65 países. La ofensiva refleja la convicción de que la amenaza ya no es sólo externa ni exclusivamente islamista, sino también ideológica y trasnacional. El desafío consiste en combatir la violencia real sin convertir la discrepancia política en delito, una tensión que define el nuevo contraterrorismo estadunidense.
El 11 de septiembre de 2001 le recordó a Estados Unidos que el terrorismo no respeta fronteras ni categorías cómodas; 25 años después, Washington ha respondido ampliando el mapa del enemigo. Ya no basta con perseguir a Al Qaeda o al Estado Islámico; ahora se combate también a los cárteles convertidos en narcoterroristas y a redes ideológicas de extrema izquierda que amenazan la estabilidad democrática.
El tema del terrorismo es de particular interés en México por la serie de acciones que han realizado los grupos de narcoterroristas y de delincuencia organizada con la finalidad de infundir miedo extremo y pánico a la población, y sobre todo que en muchas ocasiones buscan coaccionar a las administraciones de los diferentes niveles de gobierno. Y es que ahora también usan coches bombas, minas y misiles que han derribado hasta helicópteros de la fuerza aérea mexicana; sin embargo, esto lo abordaré en una futura participación.
*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política
Trump: demolición de la democracia
El presidente Donald Trump se comprometió el miércoles a enviar un cheque por 5 mil dólares a cada adulto estadunidense si el Partido Republicano mantiene el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar el próximo 3 de noviembre. El mandatario comparó su oferta de compra de votos con los pagos de una corporación a sus accionistas, por lo que la denominó “dividendos Trump”, y aludió a “nuestra enorme fortaleza y éxito económicos”. Según aseguró, la única condición será que el dinero se gaste dentro de Estados Unidos, pero no especificó cómo se verificará esto.
El intento de soborno del magnate al electorado tiene un componente delirante y otro preocupante. Hay un delirio en la pretensión de que el gobierno estadunidense tiene recursos para repartir libremente: en estos momentos su deuda pública de 40 billones (millones de millones) de dólares ya representa 120 por ciento del producto interno bruto y cada año se añaden 1.8 billones adicionales, por lo que no se entiende de dónde sacaría el billón 375 mil millones necesario para entregar 5 mil dólares a 275 millones de adultos. Lo preocupante es que, cumpla o no con su promesa, el hecho de ofrecer un pago directo a cambio del triunfo electoral de su partido supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación. La muestra más clara del deterioro de la institucionalidad estadunidense es que, en cualquier otro momento y en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo mayúsculo que derivaría en sanciones y posiblemente pondría fin a la carrera política del implicado, pero en el Washington de Trump es sólo un día más.
Con todo, es importante remarcar que el desmantelamiento de la democracia ha sido acelerado por el magnate, pero comenzó décadas atrás. Desde hace medio siglo, sucesivas sentencias de la Suprema Corte han destruido todos los controles sobre el financiamiento electoral, de tal modo que hoy día la normalidad estadunidense sería considerada corrupción en el resto del mundo. En 1976, el máximo tribunal equiparó al dinero con una opinión y determinó que limitar el gasto en campañas viola la libertad de expresión. Desde entonces, no hay límite alguno al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede gastar de su propio bolsillo. En junio pasado, eliminó también los límites sobre la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en publicidad y otros conceptos en coordinación con los candidatos. Entre una y otra sentencia, la Suprema Corte permitió también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los recursos propios que hayan destinado a la campaña. Es decir, un aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar fondos de los interesados en ser “amigos” de un senador, gobernador o presidente. Además, cualquier organización con registro sin fines de lucro puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar la identidad de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero.
En suma, hace tiempo que Estados Unidos es una plutocracia, porque el voto no lo decide la voluntad libre e informada de los ciudadanos, sino la capacidad de la oligarquía para invertir en las campañas como un negocio más. El desprecio de Trump por las leyes y las formas que suelen regir la conducta de los servidores públicos ha puesto a la vista de todos la degradación de la vida pública. Frente a ese desastre, es causa de alivio que el proceso electoral iniciado ayer en México sea mucho más democrático, verificable y transparente y que no se encuentre reducido a la grotesca e impúdica subasta que son hoy los comicios en el país vecino del norte.


