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Fernando Buen Abad Domínguez
26 de agosto de 2026 00:04
Una granja de bots no produce únicamente mensajes falsos: produce la evidencia de nuestra incapacidad para intervenir en la guerra cognitiva que se despliega por todo el mundo, sin leyes; sin organización social activa, crítico-científica; sin acción gubernamental decisiva. Se produce una realidad social degradada y degradante, una atmósfera ideológica de las ultraderechas, en la que lo repetido adquiere apariencia de verdad, lo emocional suplanta a lo demostrable y la multitud parece hablar cuando, detrás de miles de perfiles, apenas respiran unos cuantos operadores mercenarios, algoritmos y centros de decisión distorsionante.
Es una forma de impudicia e impunidad para dominar una sociedad que puede coincidir en conseguir que sus dominados confundan el espejo con la ventana: que contemplen en la pantalla una imagen fabricada de sí mismos y crean estar viendo el mundo. Ahí comienza la guerra semiótica contemporánea. La paradoja tiene una fuerza inquietante: cuanto más automatizada está la fabricación del discurso, más se nos presenta como espontaneidad popular. La máquina imita a la multitud para convencer a la multitud de que la máquina expresa su voluntad.
Importa denunciar en pie de lucha cultural el nombre de los mercenarios, sus contactos influyentes, sus amigos presidentes, ministros y empresarios. La operación golpista decisiva, por eso, no reside no sólo en cuántos bots existen: está en comprender qué relaciones corruptas necesitan de los bots para que su financiamiento parezca natural.
El artificio adquiere eficacia cuando encuentra una sociedad previamente fragmentada, fatigada, insegura, endeudada, atravesada por desigualdades y disponible para transformar su malestar en hostilidad horizontal. La tecnología proporciona velocidad, la estructura social proporciona combustible. El odio fabricado funciona mejor cuando encuentra resentimientos verdaderos a los que ofrece dirección falsa, sometida por la dictadura de las desigualdades.
Esa delincuencia ideológica tecnificada aparece entonces como modalidad de administración de la percepción. No necesita inventar problemas, le basta con seleccionar qué sufrimientos merecen indignación, cuáles deben ser ridiculizados, cuáles pueden convertirse en espectáculo y cuáles deben desaparecer del campo visual.
El algoritmo tiene ideología de clase; la adquiere a través de los criterios económicos, institucionales y culturales que organizan aquello que premia, amplifica, entierra o vuelve viral. Cada clic parece una decisión individual, mientras millones de decisiones son conducidas por arquitecturas que conocen nuestras vulnerabilidades con una precisión que ninguna vieja maquinaria propagandística habría imaginado.
Es el capitalismo de plataformas que ha llevado sus antiguas técnicas de poder, espionaje y opresión a una escala nueva: convertir la atención humana en territorio de distorsiones rentables. Además de saquear tierras, fábricas, rutas comerciales y materias primas, ahora también se disputa la capacidad de una población para mirar, recordar, asociar ideas y sostener una conversación sin ser interrumpida por estímulos corruptos calculados. El recurso estratégico puede ser el segundo de atención. Quien administra ese segundo esclaviza una porción de la conciencia ajena. Multiplicada por millones, esa posesión adquiere dimensión política y lo convierten en un gran negocio.
Por eso la guerra semiótica no ocurre únicamente en las pantallas de los celulares. Penetra las relaciones laborales, las familias, las aulas, las calles y los afectos. Un trabajador puede terminar odiando al desempleado porque una cadena de contenidos le ha enseñado que la pobreza es una elección. Una mujer puede ser presentada como amenaza al orden familiar porque su autonomía altera una distribución histórica del poder.
Cuando la raíz material de su ofensiva se encuentra en un mercado laboral que convierte vidas enteras en mercancías remplazables, la perspectiva de género permite descubrir una operación esencial: el poder patriarcal no sobrevive únicamente mediante leyes o instituciones, también se reproduce enseñando a las personas a interpretar las relaciones de dominación como conflictos naturales entre individuos, y un pueblo puede ir a votar contra sus más preciados intereses y derechos.
Según le convenga, la ideología dominante disfrazada de bots puede presentarse como ausencia de ideología. Sus valores aparecen como sentido común, sus intereses como eficiencia, sus privilegios como mérito, su historia como naturaleza humana. El truco es antiguo, sólo que disfrazado de moderno. Así se produce una de las formas más refinadas de dominación: lograr que las causas desaparezcan y sobrevivan únicamente las culpas individuales.
Y la conciencia crítica comienza exactamente ahí, cuando las víctimas descubren que también están dentro de la escena. Y esa revelación transforma la mirada: el problema ya no consiste únicamente en distinguir verdad y mentira, realidad y propaganda, humano y bot. Consiste en comprender quién tiene capacidad para fabricar las condiciones bajo las cuales una mentira puede resultar socialmente verosímil y rentable.
Cuando esa pregunta se vuelve colectiva, la semiótica deja de ser una ciencia de los signos para convertirse en una ciencia de las relaciones de poder. El signo revela entonces su secreto: nunca estuvo solamente representando el mundo, también estaba ayudando a producirlo. Y cuando una sociedad aprende a leer esa producción, comienza a recuperar algo que ninguna granja de bots puede automatizar por completo: la facultad de imaginarse diferente de aquello que el poder le había enseñado a considerar inevitable.
Todas las granjas de bots de la derecha pueden reforzar esa operación hasta producir una especie de teatro ontológico. No se limitan a decirnos qué pensar: escenifican quién existe. Fabrican mayorías falsas, enemigos imaginarios, consensos instantáneos, indignaciones multitudinarias. El ciudadano entra a la plataforma y encuentra un mundo donde aparentemente todos están furiosos, todos sospechan, todos compiten por demostrar pureza, todos reaccionan antes de comprender; reflejos de neonazifascismo.
La pantalla revela una humanidad deformada por el dispositivo que la observa. Después, esa imagen se incorpora con todo género de odios a la conducta cotidiana. La perversión de las fábricas de bots y sus estadísticas terminan produciendo consecuencias materiales. Hoy está todo a la vista de todos, y veremos si eso alcanza para organizar alguna respuesta seria: un desafío para la revolución de las conciencias. .
Fernando Buen Abad Domínguez
26 de agosto de 2026 00:04
Una granja de bots no produce únicamente mensajes falsos: produce la evidencia de nuestra incapacidad para intervenir en la guerra cognitiva que se despliega por todo el mundo, sin leyes; sin organización social activa, crítico-científica; sin acción gubernamental decisiva. Se produce una realidad social degradada y degradante, una atmósfera ideológica de las ultraderechas, en la que lo repetido adquiere apariencia de verdad, lo emocional suplanta a lo demostrable y la multitud parece hablar cuando, detrás de miles de perfiles, apenas respiran unos cuantos operadores mercenarios, algoritmos y centros de decisión distorsionante.
Es una forma de impudicia e impunidad para dominar una sociedad que puede coincidir en conseguir que sus dominados confundan el espejo con la ventana: que contemplen en la pantalla una imagen fabricada de sí mismos y crean estar viendo el mundo. Ahí comienza la guerra semiótica contemporánea. La paradoja tiene una fuerza inquietante: cuanto más automatizada está la fabricación del discurso, más se nos presenta como espontaneidad popular. La máquina imita a la multitud para convencer a la multitud de que la máquina expresa su voluntad.
Importa denunciar en pie de lucha cultural el nombre de los mercenarios, sus contactos influyentes, sus amigos presidentes, ministros y empresarios. La operación golpista decisiva, por eso, no reside no sólo en cuántos bots existen: está en comprender qué relaciones corruptas necesitan de los bots para que su financiamiento parezca natural.
El artificio adquiere eficacia cuando encuentra una sociedad previamente fragmentada, fatigada, insegura, endeudada, atravesada por desigualdades y disponible para transformar su malestar en hostilidad horizontal. La tecnología proporciona velocidad, la estructura social proporciona combustible. El odio fabricado funciona mejor cuando encuentra resentimientos verdaderos a los que ofrece dirección falsa, sometida por la dictadura de las desigualdades.
Esa delincuencia ideológica tecnificada aparece entonces como modalidad de administración de la percepción. No necesita inventar problemas, le basta con seleccionar qué sufrimientos merecen indignación, cuáles deben ser ridiculizados, cuáles pueden convertirse en espectáculo y cuáles deben desaparecer del campo visual.
El algoritmo tiene ideología de clase; la adquiere a través de los criterios económicos, institucionales y culturales que organizan aquello que premia, amplifica, entierra o vuelve viral. Cada clic parece una decisión individual, mientras millones de decisiones son conducidas por arquitecturas que conocen nuestras vulnerabilidades con una precisión que ninguna vieja maquinaria propagandística habría imaginado.
Es el capitalismo de plataformas que ha llevado sus antiguas técnicas de poder, espionaje y opresión a una escala nueva: convertir la atención humana en territorio de distorsiones rentables. Además de saquear tierras, fábricas, rutas comerciales y materias primas, ahora también se disputa la capacidad de una población para mirar, recordar, asociar ideas y sostener una conversación sin ser interrumpida por estímulos corruptos calculados. El recurso estratégico puede ser el segundo de atención. Quien administra ese segundo esclaviza una porción de la conciencia ajena. Multiplicada por millones, esa posesión adquiere dimensión política y lo convierten en un gran negocio.
Por eso la guerra semiótica no ocurre únicamente en las pantallas de los celulares. Penetra las relaciones laborales, las familias, las aulas, las calles y los afectos. Un trabajador puede terminar odiando al desempleado porque una cadena de contenidos le ha enseñado que la pobreza es una elección. Una mujer puede ser presentada como amenaza al orden familiar porque su autonomía altera una distribución histórica del poder.
Cuando la raíz material de su ofensiva se encuentra en un mercado laboral que convierte vidas enteras en mercancías remplazables, la perspectiva de género permite descubrir una operación esencial: el poder patriarcal no sobrevive únicamente mediante leyes o instituciones, también se reproduce enseñando a las personas a interpretar las relaciones de dominación como conflictos naturales entre individuos, y un pueblo puede ir a votar contra sus más preciados intereses y derechos.
Según le convenga, la ideología dominante disfrazada de bots puede presentarse como ausencia de ideología. Sus valores aparecen como sentido común, sus intereses como eficiencia, sus privilegios como mérito, su historia como naturaleza humana. El truco es antiguo, sólo que disfrazado de moderno. Así se produce una de las formas más refinadas de dominación: lograr que las causas desaparezcan y sobrevivan únicamente las culpas individuales.
Y la conciencia crítica comienza exactamente ahí, cuando las víctimas descubren que también están dentro de la escena. Y esa revelación transforma la mirada: el problema ya no consiste únicamente en distinguir verdad y mentira, realidad y propaganda, humano y bot. Consiste en comprender quién tiene capacidad para fabricar las condiciones bajo las cuales una mentira puede resultar socialmente verosímil y rentable.
Cuando esa pregunta se vuelve colectiva, la semiótica deja de ser una ciencia de los signos para convertirse en una ciencia de las relaciones de poder. El signo revela entonces su secreto: nunca estuvo solamente representando el mundo, también estaba ayudando a producirlo. Y cuando una sociedad aprende a leer esa producción, comienza a recuperar algo que ninguna granja de bots puede automatizar por completo: la facultad de imaginarse diferente de aquello que el poder le había enseñado a considerar inevitable.
Todas las granjas de bots de la derecha pueden reforzar esa operación hasta producir una especie de teatro ontológico. No se limitan a decirnos qué pensar: escenifican quién existe. Fabrican mayorías falsas, enemigos imaginarios, consensos instantáneos, indignaciones multitudinarias. El ciudadano entra a la plataforma y encuentra un mundo donde aparentemente todos están furiosos, todos sospechan, todos compiten por demostrar pureza, todos reaccionan antes de comprender; reflejos de neonazifascismo.
La pantalla revela una humanidad deformada por el dispositivo que la observa. Después, esa imagen se incorpora con todo género de odios a la conducta cotidiana. La perversión de las fábricas de bots y sus estadísticas terminan produciendo consecuencias materiales. Hoy está todo a la vista de todos, y veremos si eso alcanza para organizar alguna respuesta seria: un desafío para la revolución de las conciencias. .
La Iniciativa para la Seguridad Global propuesta por China
Enrique Dussel Peters*
Nos hemos propuesto en este espacio examinar el “proceso de globalización con características chinas”, para lo cual las diversas iniciativas globales de China son fundamentales; presentamos la Iniciativa de una Civilización Global de 2023 ( La Jornada, 29/6/26) y la Iniciativa para el Desarrollo Global de 2021 ( La Jornada, 12/8/26). Continuaremos aquí con la Iniciativa de Seguridad Global y, en nuestra siguiente contribución, con la Iniciativa para una Gobernanza Global de 2025. Los diversos análisis no buscan hacer una apología, sino una comprensión básica del discurso y de los objetivos del “proceso de globalización con características chinas” desde hace más de un lustro y que, por ahora, no han sido comprendidos ni reflexionados suficientemente en debates en torno a un “nuevo orden mundial” y de nuevas relaciones triangulares entre China, Estados Unidos y América Latina y el Caribe. Pareciera ser indispensable una comprensión puntual de los objetivos y propósitos de China (y de Estados Unidos y ALC, entre otros).
La Iniciativa de Seguridad Global (ISG) fue presentada por primera vez por el presidente Xi Jinping el 21 de abril de 2022 en la conferencia anual del Foro Boao para Asia; desde entonces ha sido concretada y complejizada por la cancillería china en diversas ocasiones. ¿Cuáles son los principales planteamientos de la ISG?
Primero. En 2022 la humanidad se enfrentó a la peor pandemia reciente y la cooperación global entre todas las partes pareciera ser más relevante e inobjetable que nunca: en el futuro “su principal fortaleza proviene de la cooperación y el modo más efectivo a través de la solidaridad”.
Segundo. La ISG parte de que “la seguridad es la precondición para el desarrollo”. Mentalidades hegemónicas, el unilateralismo, intentos de desempotramiento ( decoupling) y de la guerra fría del siglo XX, desde esta perspectiva, “sólo empeorarían los retos de seguridad en el siglo XXI”. Sorprendentemente, la ISG pone a Naciones Unidas en el centro de su argumentación e implementación, con base en el multilateralismo, mientras “los países mayores deben liderar con su ejemplo”; “la idea de arrojar a alguien por la borda simplemente no es aceptable” en la propuesta de la ISG.
Tercero. En su propuesta inicial de 2022, Xi Jinping destaca el terrorismo, el cambio climático, la ciberseguridad y la bioseguridad como ejemplos de los que debiera enfrentar la seguridad global. Para el caso de Asia, la propuesta destaca la importancia de mantener la paz regional, avanzar en la cooperación asiática y la promoción de su unidad. La ISG señala diversas propuestas regionales recientes por parte de China, como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), la masiva generación de infraestructura en Asia y los avances y acuerdos logrados en la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN, por sus siglas en inglés), entre otros.
Cuarto. La propuesta de la ISG parte de las experiencias chinas en las últimas décadas –su proceso de reforma y apertura desde la década de 1980, sus Cinco Principios de Coexistencia Pacífica (respeto por la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la no interferencia en los asuntos internos de otros países, la igualdad y el beneficio mutuo y la coexistencia pacífica), así como los acuerdos de cooperación y comerciales realizados recientemente (RCEP, por ejemplo)– para proponerlas globalmente. Es entonces indispensable conocer estas experiencias en China para su implementación global y en los respectivos países de ALC. La propuesta de la ISG descarta explícitamente “avivar el conflicto y la confrontación por motivos ideológicos. En cambio, debemos adoptar una filosofía de gobernanza global que haga hincapié en una amplia consulta, contribuciones conjuntas y beneficios compartidos …”
La propuesta de la ISG de 2022 ha sido retomada en varias ocasiones por el gobierno central chino y particularmente por su cancillería, estableciendo en febrero de 2023 veinte prioridades de cooperación y cinco plataformas y mecanismos de cooperación específicos; bien valdría revisarlos detenidamente.
La Iniciativa de Seguridad Global desde 2022 no sólo refleja el interés y la pretensión de China de un proceso de globalización con características chinas, enfatizando explícitamente el ámbito de la seguridad (así como del desarrollo, la civilización y la gobernanza). Es al menos tan relevante su diferencia con el proyecto de globalización de su contraparte, Estados Unidos. Hace algunos meses ( La Jornada, 12/12/ 2025) presentamos las principales prioridades de la nueva estrategia de seguridad de Estados Unidos con base en sus propios intereses, en contra de la globalización y la migración a Estados Unidos, y particularmente con base en una nueva versión de la doctrina Monroe, explícitamente señalando que el continente americano es territorio estadunidense donde no se tolerará a “competidores no hemisféricos” (léase a China). Cooperación, solidaridad, soberanía y la no interferencia en asuntos internos son, obviamente, conceptos inexistentes en esta propuesta.
No se busca aquí una comparación detallada, pero son llamativas las diferencias en el enfoque y en el discurso, más allá de su implementación. En las nuevas relaciones triangulares en el siglo XXI el planteamiento de la ISG de China es fundamental, concretamente para ALC y México, que debieran conocer las propuestas globales chinas a detalle y buscar acercamientos estratégicos con Estados Unidos y con China.
¿Será?
* Profesor del Posgrado en Economía y Coordinador del Centro de Estudios China-México de la UNAM
http://dusselpeters.com
En México, la ultraderecha será católica o no será
El ascenso de las ultraderechas en América Latina es patente y preocupante. Estamos ante una ola que gracias a Donald Trump se está convirtiendo en un tsunami.
Foto Afp / archivo Foto autor
Bernardo Barranco V.
26 de agosto de 2026 00:01
El ascenso de las ultraderechas en América Latina es patente y preocupante. Estamos ante una ola que gracias a Donald Trump se está convirtiendo en un tsunami. El sistema multilateral se ha transformado hacia una lógica fragmentada de esferas de influencia, competencia tecnológica cruda y una crisis del derecho internacional.
El gobierno estadunidense ha interferido en las elecciones de Argentina, Chile, Perú, Colombia y Honduras. Ideológicamente retoma y recrea una nueva Doctrina Monroe. El documento oficial llamado la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, presentado por la administración de Donald Trump, introduce el denominado Corolario Trump, conocido popularmente en el ámbito político como la Doctrina Donroe (una combinación de Donald y Monroe), que afirma la geopolítica actual: América es para los estadunidenses.
De manera cínica, Trump se ufana diciendo: “Vienen a mí pidiendo ayuda y ganan…” Brasil es un reducto codiciado por el intervencionismo estadunidense y la joya de la corona de la ultraderecha latinoamericana. Por su tamaño e influencia, las próximas elecciones generales brasileñas serán determinantes en este péndulo en beneficio de la derecha radical.
El gobierno de Donald Trump intervino de manera directa y grotesca en el escenario político y electoral de Argentina por medio de fuertes condicionamientos económicos, rescates financieros estratégicos por 20 mil millones de dólares, restringidos a la victoria de Javier Milei en las elecciones intermedias en octubre de 2025.
En el caso de Brasil y México, las condiciones locales son distintas. Trump, con la complicidad de las prensas locales e internacional, trata de camuflar acciones de interferencia electoral con desavenencias diplomáticas. Con Brasil condicionó aranceles por la liberación de Jair Bolsonaro, el ex presidente acusado de golpista, y revocó la visa estadunidense del juez de la Corte Suprema de Brasil Alexandre de Moraes, quien lideró las investigaciones del ex mandatario.
La política estadunidense debe contar con grupos ultraconservadores y líderes locales que se plieguen a sus intereses. El segundo actor determinante es el apoyo de grupos religiosos, principalmente católicos, pentecostales y neopetencostales. Los católicos tienen la dificultad de que los más recientes dos papas no comulgan con las posturas de ultraderecha. Basta recordar cómo León XIV tomó distancia, en su gira reciente por España, de los postulados enarbolados por Vox, partido católico ultraderechista español.
Como dice el famoso dicho: si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. ¿En México podrá prosperar una corriente ideológica de ultraderecha y por la vía electoral encaramarse en el poder?
Hace años escribí un artículo titulado “Cuando la ultraderecha nos alcance”. Muchos analistas y políticos desdeñan la opción de la ultraderecha. Así pensaron en España, y de pronto casi de la nada surge Vox, que sorprendió electoralmente a todos. En Argentina también hubo sobresalto ante el hartazgo por la clase política peronista; Javier Milei salió de la nada, o más bien de la televisión, con su motosierra y cambió totalmente las coordenadas políticas argentinas.
En nuestro país, dos cabezas visibles de la ultraderecha son el converso Eduardo Verástegui y el pentecostal Hugo Eric Flores, ambos contendientes fallidos como candidatos independientes para la Presidencia de la República en la pasada contienda al no recibir el apoyo ciudadano requerido. Verástegui encarna un tipo de catolicismo social intransigente. Vinculado a los Legionarios de Cristo y apadrinado por Donald Trump, en uno de sus videos exalta: “Yo sueño un México que le permita a Dios ser la médula de nuestra nación”.
Exhibe una visión revanchista y medieval de la historia. Verástegui se hace eco de una concepción teocrática en que Dios se vuelve la médula en la política pública. Por su parte, Hugo Eric Flores, un camaleón político, por diferentes vías coincide en la preponderancia de la ética religiosa sobre la vida pública. Pretende imponer valores religiosos pentecostales conservadores en la agenda.
Observo tres grandes ramas de la ultraderecha en México:
a) La ultraderecha católica: si bien tiene sus raíces en el siglo XIX, sus sociedades semisecretas conocidas como el Yunque, MURO, GUÍA y los grupos ProVida son hijas de la guerra fría. Busca instaurar un orden socialcristiano, de corte teocrático. Dicha ultraderecha católica es depositaria del radical pensamiento cristero, rabiosamente anticomunista, misógino, antimasónico, antijudío y antiprotestante. Tienen una ideología antiderechos.
b) Ultraderecha empresarial: grupos de poder económico han visto perder sus privilegios bajo la 4T. El modus operandi para hacer negocios y dinero a costa del erario ha cambiado. En su momento lo encabezó Gilberto Lozano, empleado del Grupo Monterrey. Utilizan lo religioso a conveniencia, como el ícono guadalupano, y pretenden aglutinar a grupos sociales del catolicismo conservador. No sólo son los grandes empresarios, hay sectas como el grupo Nxivm, que consagran las empresas como el nuevo lugar sagrado. Ahí Keith Raniere esclavizó sexualmente a mujeres, ejerciendo el abuso de la masculinidad sagrada.
c) La ultraderecha evangélica fundamentalista: grupos pentecostales y neopentecostales conservadores han poblado el horizonte religioso en las décadas recientes. Buscan la sanación de la vida pública con base en los designios de Dios sobre la clase política corrupta. Protegen la familia patriarcal y rechazan las conquistas de las mujeres y los derechos de las minorías sexuales. Pugnan por una teología de la prosperidad. El ascenso pentecostal de los sectores evangélicos conservadores y las alianzas interreligiosas son un vector apenas estudiado en América Latina. El fortalecimiento de las iglesias evangélicas refleja la crisis de la Iglesia católica. Hugo Eric Flores, con su tercer intento partidario Paz, es su expresión política.
Liberan de custodia migratoria al padre de un marinero del portaviones ‘USS Lincoln’
Luis Manuel Aviles, nicaragüense con 19 años de residencia en Estados Unidos y permiso de trabajo, fue arrestado cuando llevaba su automóvil al mecánico.
Foto Facebook Joshua Aviles Foto autor
Ap
25 de agosto de 2026 20:35
El padre de un efectivo de la Marina de Estados Unidos desplegado en Medio Oriente durante un periodo récord de nueve meses fue liberado de la detención migratoria, informó este martes su familia.
Su arresto provocó una intensa reacción después de que The Associated Press diera a conocer que el marinero estaba por iniciar su noveno mes a bordo del portaviones Abraham Lincoln con la Marina cuando su padre fue detenido.
El Lincoln es un buque que estableció un récord militar de Estados Unidos por el tiempo ininterrumpido en el mar y generó preocupación por la escasez de suministros y el deterioro de la salud mental entre los soldados.
Luis Manuel Aviles, de 48 años, fue arrestado el pasado sábado después de salir de su casa para llevar su auto al mecánico, según su esposa, Argelia Aviles. Ella indicó que su esposo, un trabajador de oficios varios en Key West, Florida, tiene un permiso para trabajar en Estados Unidos. Originario de Nicaragua, ha vivido en Estados Unidos durante 19 años.
El arresto de Aviles fue el más reciente en una serie de detenciones migratorias de alto perfil de familiares directos de soldados alistados de Estados Unidos, como parte de la intensa ofensiva migratoria del presidente Donald Trump. Funcionarios electos iniciaron recientemente una investigación en el Congreso sobre esta práctica del Departamento de Seguridad Nacional.
El hijo de Aviles, Joshua Aviles, publicó en Facebook que su padre había sido liberado de la custodia migratoria federal este martes. Un juez de inmigración desestimó el caso de Luis Manuel Aviles el pasado lunes, pocas horas después de que fuera ingresado en un centro de detención migratoria en Miami, según registros del Departamento de Justicia.

