Stella Calloni
Entre lágrimas y sonrisas, en un acto de respetuosa intimidad, familiares y amigos del reconocido poeta argentino Juan Gelman entregaron al Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorinin (CCC) una serie de cajas que contienen “la huella de vida” del gran escritor argentino: premios recibidos y objetos de gran significado como un legado de amor que rescataron de la casa donde vivió su exilio político en México, país donde decidió morir. Justamente las banderas mexicana y argentina fueron desplegadas durante el acto respetuosamente íntimo en el que estuvo presente el agregado cultural de la embajada de México, Emilio Payán, en representación de la embajadora Lilia Rossbach Suárez, quien mediante sus gestiones hizo posible el traslado de las cajas, como habían solicitado los familiares de Gelman, para que este legado regresara a su país de origen.
El lugar elegido para preservarlo tiene una gran biblioteca y archivos, es un verdadero refugio de la cultura en todas sus expresiones, en tiempos difíciles donde se intenta desaparecer la memoria histórica y cultural de los pueblos y tradiciones, en suma, sus identidades.
Fue como un oasis en un semidesierto, dijeron algunos de los presentes. El director del centro cultural, Juan Carlos Junio, inició el acto agradeciendo el gesto de los familiares y a la embajada de México, al recordar que la creación de este instituto fue posible gracias al Movimiento Cooperativista Argentino, que existe hace años en el país, reconocido internacionalmente, y asumió el compromiso de custodiar este legado, al que llamó “huellas de una vida”.
Además, anunció que el CCC se convertirá a corto plazo en Centro Cultural de Latinoamérica, ya que ha organizado encuentros tanto culturales, entre ellos de poesía, teatro y otros, y también tiene tres sedes de investigación sobre temas, sociales, políticos, económicos y por el que han pasado invitados y personalidades de todo el mundo.
Por su parte, Emilio Payán, al referirse al “camino de vuelta” de Gelman, recordó que “hay objetos que parecen guardar una vida y que “con el paso del tiempo terminan contando una historia”. En Juan Gelman “convivieron varias vidas, aunque quizás él nunca las pensó por separado”.
Destacó que Gelman “decidió no mirar la historia desde la vereda de enfrente. Participó, transitó por distintos espacios políticos y mantuvo su compromiso hasta el final de sus días, recordando que su hijo (Marcelo) y su nuera (María Claudia García Iruretagoyena)”, fueron desaparecidos durante la pasada dictadura militar. Su nieta Macarena nació en cautiverio y fue apropiada, a la que buscó durante años atravesando países, silencios y ausencias, hasta encontrarla”.
“Hoy Macarena está aquí con nosotros; Iván, Andrea y Jorge no han podido acompañarnos, pero es importante nombrarlos porque también ellos, sus nietos, forman parte de este legado y de esta memoria”.
La embajada de México, dijo, “ha querido acompañar y apoyar el traslado de este legado porque la cultura también vincula. Argentina le dio a Gelman su origen. México lo recibió y terminó convirtiéndose en su casa.”
Para finalizar, sostuvo que “mientras un poema vuelva a ser leído, mientras alguien pronuncie su nombre, mientras Macarena esté aquí, mientras estos objetos encuentren nuevos ojos que los miren, Juan Gelman seguirá siendo lo que hizo durante toda su vida: atravesar fronteras. Y hoy, después de tantos años y de tantos caminos, una parte de él vuelve a casa.”
Marcelo Gelman y María Claudia, de 19 años, desaparecieron; el primero, asesinado en el centro clandestino de detención Automotores Orletti, sede de la operación Cóndor en Buenos Aires, y su esposa embarazada de siete meses trasladada a Uruguay en un vuelo clandestino, donde tuvo a la niña en un cuarto de una vieja casona, aislada de otras víctimas de Cóndor en Montevideo. Nunca se encontró su cuerpo.
Marcelo fue colocado en un barril de petróleo y arrojado con otras víctimas en las mismas condiciones al arroyo San Fernando, en el conurbado bonaerense y encontrados en 1989. El Equipo de Antropología Forense pudo identificar sus restos.
Fue Paola Stefani, hija, junto con Marcela de Mara La Madrid, antes de casarse con Juan Gelman, quien junto con los nietos trabajó activamente por reunir este archivo singular, recordando a su madre, fallecida recientemente, quien acompañó a Gelman sin descanso hasta encontrar a Macarena; Paola, junto con los nietos de Juan, decidieron reunir premios, objetos de arte y reconocimientos que estaban en la casa donde vivieron ambos hasta su muerte.
Ante un auditorio donde estaban antiguos compañeros del exilio, varios argenmex y amigos que intervinieron para recordar momentos de vida donde se cruzaban lágrimas y sonrisas, Paola agradeció tanto al CCC como a la embajadora de México “por ayudarnos a hacer posible esta donación y traslado” y porque estos premios y objetos diversos hayan hecho nuevamente el viaje entre ese país, que “ocupa un lugar fundamental en esta historia y Argentina, entre los que existe un vínculo mucho más profundo que todas las distancias”.
Pinochet y el caso Letelier: el veredicto
▲ Orlando Letelier, quien fue canciller en el gobierno de Salvador Allende, fue asesinado hace 50 años, junto con su colaboradora Ronni Karpen Moffitt, en un atentado con coche bomba en Washington, el cual fue ordenado por el general Augusto Pinochet y ejecutado por la DINA, policía secreta de la dictadura chilena.Foto tomada de Wikimedia Commons
Han pasado 50 años desde que el ex embajador chileno Orlando Letelier y su joven colega Ronni Karpen Moffitt fueron asesinados en un atentado con coche bomba en la capital de Estados Unidos. El atentado, ordenado por el general Augusto Pinochet y ejecutado por su policía secreta, la DINA, acabó con la vida de dos personas extraordinarias el 21 de septiembre de 1976. Como informó tiempo después el secretario de Estado George Shultz al entonces presidente Ronald Reagan, este acto violento constituyó “quizás el único caso claro de terrorismo apoyado por un Estado que ha ocurrido en la ciudad de Washington”. Ese hecho ha ubicado el caso Letelier-Moffitt como la atrocidad más infame y atroz entre los muchos crímenes contra los derechos humanos cometidos por el régimen de Pinochet. El caso ha permanecido bajo la luz pública en el curso de cinco largas décadas, porque jamás ha cesado la demanda de justicia, en términos tanto legales como históricos.
En julio pasado, una nota de primera plana en el New York Times reveló que Armando Fernández Larios, uno de los agentes de la DINA asignados al asesinato de Letelier en 1976, había sido detenido y después liberado por la Agencia de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE). Aunque por el momento está libre, Fernández Larios enfrenta la posible deportación por los crímenes contra los derechos humanos cometidos antes de llegar a Estados Unidos, en 1987.
Tampoco es Fernández Larios el único asesino capturado por el ICE. Virgilio Paz Romero, uno de los violentos exiliados cubanos que colaboraron con la DINA –su papel fue apretar el botón para detonar la bomba que mató a Letelier y Moffitt–, también ha sido detenido. Permanece en el Centro de Detención Krome, en Miami, y es probable que se le deporte como inmigrante criminal, con un historial verificado de terrorismo.
Además, en junio pasado los tribunales chilenos concluyeron por fin una investigación de 15 años relativa específicamente al asesinato de Ronni Moffitt, cuyo caso nunca se había acreditado en Chile. En un veredicto final, la magistrada de derechos humanos Paola Plaza emitió sentencias de 15 años de prisión contra tres oficiales: Raúl Iturriaga, José Holgar y Pedro Espinoza, ex subdirector de la DINA.
Sin embargo, el propio Pinochet siguió siendo intocable, hasta que fue arrestado en Londres el 16 de octubre de 1998. Pocas personas recuerdan que la orden girada a la Interpol para su captura fue emitida a petición de España conforme a la Convención Europea de Antiterrorismo; en esencia, Pinochet fue arrestado por ser un terrorista, dado su patrocinio de la siniestra organización asesina conocida como Operación Cóndor, y como mente maestra del asesinato de Letelier y Moffitt.
El arresto de Pinochet puso fin a su inmunidad ante la persecución judicial, tanto en Chile como en el extranjero. En Estados Unidos, las familias Letelier y Moffitt, junto con defensores de derechos humanos y el Instituto de Estudios Policiales, en el que trabajaban Orlando y Ronni, presionaron al gobierno de Bill Clinton para que desclasificara miles de documentos secretos sobre las atrocidades de Pinochet contra los derechos humanos, así como sobre el caso Letelier-Moffitt.
Es justo reconocer que la Casa Blanca de Clinton liberó más de 23 mil documentos secretos sobre el papel de Estados Unidos en Chile, y sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por Pinochet. Los documentos desclasificados relativos al caso Letelier-Moffitt fueron extraordinariamente reveladores, si bien los registros más importantes fueron retenidos como evidencia potencial para una nueva investigación del Departamento de Justicia sobre Pinochet como autor intelectual del crimen.
Según los registros de la FBI obtenidos a través de la FOIA por mi organización, el Archivo de Seguridad Nacional, una fuerza de tarea realizó dos visitas a Chile durante la primera mitad del año 2000, y realizó una serie de interrogatorios oficiales, entre ellos una declaración formal de Manuel Contreras en el penal de Punta Peuco. En Estados Unidos, la FBI entrevistó a ex funcionarios estadunidenses, entre ellos Henry Kissinger. Según un sumario de la conversación preparado por esa agencia, Kissinger describió una reunión privada que tuvo con el general Pinochet en Santiago apenas tres meses antes del asesinato de Letelier. “Kissinger recordó que Pinochet mencionó el nombre de Orlando Letelier al referirse a un contacto que tuvieron demócratas cristianos y opositores a Pinochet con miembros del Congreso estadunidense”, indicó la FBI. “Kissinger no podía recordar si Pinochet se enojó al hablar de Orlando Letelier”.
Pocos meses después de que Pinochet regresó a Chile, luego de más de un año de arresto domiciliario en Londres, la FBI y el Departamento de Justicia presentaron una evaluación de la evidencia contra el ex dictador chileno, junto con recomendaciones para procesarlo en Estados Unidos como autor intelectual de terrorismo internacional. Sin embargo, cuando William Clinton salió de la presidencia y George W. Bush asumió el poder, en enero de 2001, el nuevo gobierno no dio seguimiento a esas recomendaciones. “El caso Letelier cayó en un agujero negro”, declaró un funcionario estadunidense al periodista chileno Pascale Bonnefoy en 2002.
Pinochet logró evadir la justicia legal como mente maestra del asesinato. Pero aun así el caso Letelier-Moffitt continuó persiguiendo a su gobierno, y contribuyendo al final del dictador. Documentos desclasificados en Chile durante la era de Clinton, y durante la presidencia de Barack Obama a solicitud del gobierno de Michelle Bachelet, aportaron evidencia del papel de Pinochet en ordenar el asesinato de Orlando Letelier, y después orquestar un encubrimiento total del crimen, así como del papel de la DINA en el atentado con bomba.
En lo que debe considerarse como el “santo grial” de los documentos secretos del caso Letelier, la CIA informó, en una evaluación de inteligencia fechada el 1 de mayo de 1987, que tenía “evidencia convincente de que el presidente Pinochet en persona ordenó a su jefe de inteligencia llevar a cabo el asesinato” de Letelier. La evaluación añadía que Pinochet “decidió después levantar un muro de silencio en torno al caso para ocultar su participación… y proteger su permanencia en la presidencia”. “Creemos que Pinochet podría tratar de protegerse a cualquier costo”, concluyó la CIA, “posiblemente incluso eliminando a Contreras”, el único hombre que sabía que el dictador había ordenado el asesinato.
Según informó el secretario de Estado Schultz al presidente Reagan en un memorando secreto titulado: “Pinochet y los asesinatos Letelier-Moffitt: implicaciones para la política estadunidense”, las acciones de Pinochet fueron un “ejemplo patente de la participación directa de un jefe de Estado en un acto de terrorismo estatal”. Instó al entonces presidente a abandonar el apoyo estadunidense a Pinochet y a impulsar en forma decisiva un retorno al gobierno civil.
Restaurar la democracia en Chile era el objetivo primordial de Orlando Letelier; su búsqueda efectiva de ese objetivo le costó la vida, así como la de Moffitt. Como perpetrador principal de esas muertes, Pinochet nunca enfrentó a la justicia. Pero el hecho de que su papel en el atentado con bomba contribuyó a poner fin al apoyo estadunidense a su sanguinario régimen sugiere que se alcanzó una forma diferente de justicia: la justicia de la historia. Al final, Orlando Letelier y Ronni Moffitt no murieron en vano.
*Peter Kornbluh es autor de Pinochet desclasificado: Los archivos secretos de EU sobre Chile. Un día en la vida/Prensa Catalonia
Negociar desde la amenaza
David Penchyna Grub
Hay gobernantes que negocian desde reglas prestablecidas y hay quienes convierten la amenaza y la confrontación en instrumentos de poder. Donald Trump pertenece a la segunda categoría. Su método incomoda a aliados, genera incertidumbre y desplaza el centro de la conversación. La pregunta útil no es si ese estilo resulta agradable, sino hasta dónde produce resultados medibles.
El anuncio del 18 de septiembre entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia vuelve a plantear esa interrogante. Trump llegó a sugerir que Washington tomara el control de la isla, un territorio autónomo del Reino de Dinamarca y, por tanto, de un aliado de la OTAN. El resultado comunicado no es la anexión. Es un pacto de seguridad, aún sin texto público, que ampliaría la presencia militar estadunidense en el Ártico y buscaría impedir que países ajenos a la OTAN instalen bases o realicen inversiones sensibles en la isla.
Las lecturas del mismo hecho no coinciden. Trump lo presentó en Truth Social como un acuerdo de “vida infinita” que otorga a Estados Unidos “control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades” de Groenlandia, “sin costo” para Washington y, con facultad para vetar bases, presencia militar e inversiones de adversarios sin aprobación escrita de Estados Unidos. Anunció, además, el inicio inmediato de una “gran presencia militar”. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, dijo que el pacto reconoce “la soberanía y la integridad territorial del Reino” y “el derecho de autodeterminación del pueblo groenlandés”, y que refuerza la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte. El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, afirmó que reconoce los intereses de la isla. La OTAN dio la bienvenida al entendimiento. La firma está prevista en Nueva York, en el marco de la Asamblea General de la ONU; la entrada en vigor dependerá de los trámites parlamentarios en Dinamarca y Groenlandia.
Más allá del territorio, el episodio ilustra un patrón: plantear una exigencia extrema, elevar el costo de no negociar y presentar después el resultado como una conquista. En teoría de la negociación, una posición inicial maximalista puede funcionar como ancla: obliga al interlocutor a responder y puede desplazar el punto de equilibrio. También puede generar desconfianza y reducir el margen de maniobra del propio negociador. Lo que ocurra con Groenlandia no se resuelve con el anuncio; se resuelve con el texto, la ratificación y la aplicación.
Hay un dato que no puede omitirse. Estados Unidos no parte de cero. El Acuerdo de Defensa de Groenlandia, firmado el 27 de abril de 1951 y actualizado en 2004, ya autoriza a Washington a establecer áreas de defensa, construir instalaciones, estacionar personal, almacenar suministros y mover naves, aeronaves y tropas por el territorio, el espacio aéreo y las aguas adyacentes, sin contraprestación económica a Dinamarca. El acuerdo de 1951 reconoce de manera explícita la soberanía danesa. Hoy, la presencia permanente se concentra en una sola base activa, Pituffik Space Base –antes Thule–, con unos 150 militares estadunidenses dedicados a alerta de misiles y vigilancia espacial. En la guerra fría, Thule llegó a albergar varios miles de efectivos. Lo que el nuevo pacto añadiría, según funcionarios estadunidenses citados por Reuters y la BBC, es la incorporación de Groenlandia como parte, la prohibición expresa de bases de países no pertenecientes a la OTAN, un mecanismo de escrutinio de inversiones sensibles y derechos de acceso, bases y sobrevuelo concebidos para sobrevivir incluso a una eventual independencia de la isla. Parte de eso ya existía en la práctica o era improbable que Rusia o China lo obtuvieran. Otra parte –sobre todo la permanencia vinculante para Nuuk y el alcance del veto sobre inversiones– sólo se podrá medir cuando se conozca el documento.
El calendario interno de Estados Unidos no es irrelevante. Las elecciones de medio término se celebran el 3 de noviembre. Un anuncio de política exterior a seis semanas de esa fecha tiene un uso político inmediato, con independencia de su contenido jurídico. Eso no prueba que el pacto sea vacío; prueba que el momento del anuncio también es un dato.
La historia diplomática muestra que las posiciones iniciales rara vez coinciden con las finales. Una amenaza puede cambiar la agenda –y en este caso ha colocado al Ártico en el centro de la conversación atlántica– sin que eso equivalga a una cesión de soberanía ni a una ampliación automática de facultades.
El poder no consiste sólo en alterar las expectativas de los demás. Consiste en convertir esa presión en compromisos verificables, sostenibles y compatibles con las alianzas que Estados Unidos necesita mantener.
Por ahora, la conclusión es provisional. No hubo anexión. Hubo un acuerdo anunciado, lecturas divergentes del mismo hecho y un marco militar que, en lo sustancial, remite a 1951. Falta el texto. Falta la ratificación. Falta ver cuántas instalaciones nuevas se construyen, con qué consulta y con qué efecto sobre la relación con Copenhague y Nuuk. Subestimar a Trump no es creer que cada amenaza se cumplirá.
Es asumir que ninguna de ellas modifica los términos de la negociación. La medida del poder, sin embargo, no está en el volumen de la amenaza. Está en lo que quede escrito, aprobado y aplicado, en tiempos en los que se negocia –y México lo sabe bien– desde la amenaza.
Cambio climático y la sensación azarosa de inestabilidad
Desde 1850 el volumen de los Alpes, en Europa, se redujo a más de la mitad y hoy sucede a una mayor velocidad. Foto Afp Foto autor
Iván Restrepo
21 de septiembre de 2026 00:04
La tragedia de Nepal no concluirá pronto. Las víctimas mortales serán más de 7 mil y los desplazados, 70 mil. Las actividades económicas de las zonas afectadas, suspendidas, mientras la ayuda internacional es insuficiente. Es entonces oportuno recordar que en 2025 se celebró El Año Internacional para la Preservación de los Glaciares, a fin de destacar el papel fundamental de estos depósitos de agua dulce.
Es algo muy importante porque los glaciares disminuyen su tamaño a gran velocidad. Los de la cadena del Himalaya provocan la formación y crecimiento acelerado de lagos glaciales. El riesgo de que éstos se desborden amenaza a las poblaciones montañosas, la infraestructura vial y los proyectos hidroeléctricos situados aguas abajo en Nepal, India y China.
No es un fenómeno nuevo. Desde 1850 el volumen de los Alpes, en Europa, se redujo a más de la mitad y hoy sucede a una mayor velocidad. Los de Suiza, famosos por su belleza y el papel que juegan en el clima y en la dotación de agua dulce para la vida y el trabajo de numerosos pueblos, perdieron la mitad de su volumen entre 1931 y 2016; otro 12 por ciento entre 2016 y 2021. Y en 2024- 25, el 3 por ciento.
Una causa del deshielo de estos gigantes es el aumento del calor en el planeta. Por ello, se calcula que la mitad de los mil 500 glaciares alpinos (incluido el majestuoso Aletsch, Patrimonio Mundial de la Unesco) desaparecerán en los próximos 25 años. El Mont Blanc, el más imponente de Europa (4 mil 805 metros de altitud), se reduce cada año. También son graves los daños que el calor causa a los glaciares de Italia, como los de la región de Lombardía: los últimos 30 años perdieron 40 por ciento de su superficie. Al actual ritmo de calentamiento que sufre Italia, en el futuro será mucho mayor.
También desaparecen los de otras regiones que cuentan con unos más pequeños y a menor altitud, como el Cáucaso, las Montañas Rocosas, partes de los Andes en Sudamérica y las cordilleras africanas. Allí se espera que más de la mitad de sus glaciares desaparezcan en los próximos 10 a 20 años. Igual pasa ya con los de Pakistán, India, China y las regiones polares.
Los bellos glaciares proporcionan agua dulce a más de 2 mil millones de personas, especialmente en Asia y América Latina; son básicos para la agricultura, la producción de energía hidroeléctrica, y el caudal de los ríos. Los de Europa, sufrieron este año su peor sequía, afectando hasta el funcionamiento de las centrales nucleares. Además, son identidad cultural de países montañosos y fuente inestimable de datos sobre la evolución del clima.
Urge entonces reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, principales causantes del cambio climático. Sin embargo, imponen su ley los influyentes intereses de la industria petrolera, y sus aliados, como el señor Trump.
Otra tragedia tampoco concluye: la del sismo que sacudió a 16 de los 32 departamentos de Colombia el pasado 10 de agosto. Causó 335 decesos y 4 mil 516 heridos; graves daños en 207 mil viviendas y destruyó 36 mil 478; además, 397 centros de salud, 4 mil 316 educativos y 6 mil 118 comunitarios. También en 521 vialidades, cinco aeropuertos, 141 acueductos y 120 puentes vehiculares/peatonales. Se requieren más de 14 mil millones de dólares para remediar todos esos daños.
Una de las ciudades afectadas es Pereira, centro neurológico del bello eje cafetero. Me reportan algunos residentes que la ciudad se apaga cada día y la tragedia es mayúscula para el sector campesino, que está en plena cosecha de café. Trascurrido más de un mes, tiembla casi a diario en la zona, con replicas que no son letales, pero impiden superar la sensación de azaroza inestabilidad. Esto, sumado a las abrumadoras pérdidas materiales y al desamparo estatal, ha quebrado el hilo de la cotidianidad y resquebrajado el alma de los habitantes. A tal punto que resulta extraño ver medio paralizado y melancólico a un pueblo tradicionalmente recursivo, emprendedor y “echado para adelante”.
En el importante noticiero de Julio Sánchez Vargas, en la emisora W, uno de los habitantes expone el tamaño de la destrucción: “Es como si nos hubieran bombardeado...20 manzanas del centro de la ciudad están destruidas; miles de familias no tienen donde vivir dignamente; el comercio, paralizado”. Y agrega que es notable la ausencia del apoyo que, de la mano de Cristo Rey y sus milagros, prometió el recientemente electo presidente colombiano.