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Ilán Semo
22 de octubre de 2026 00:02
Una vez más, Europa se encuentra en el límite: la austeridad –impuesta por el Banco Central Europeo– ha devenido en una economía política de la pauperización; una guerra cercana –en Ucrania– y otra lejana en Irán escalaron los precios de la energía a tal grado que postraron las expectativas industriales, y una crisis política de gobiernos de centro-derecha ha propiciado que, por su inmovilidad, pierdan día a día legitimidad. Cierto, hay una excepción: España, que cuenta con autonomía energética y un gobierno de centro-izquierda, crece económicamente.
Sin embargo, hoy las calles europeas no hacen ninguna excepción: lo que se extiende por Madrid, París, Bruselas, Lisboa y Tirana no es una suma agregada de protestas, es lo que se revela como insoportable para el poder: la multiplicidad de la rebelión. Decenas de miles de estudiantes que exigen el cuidado de sus escuelas. Médicos, abogados e ingenieros saturados por los recortes presupuestales. Y cada vez más trabajadores que demandan salarios que les permitan vivir y no tan sólo sobrevivir. Todos se preguntan por una paz negociada (en Ucrania).
Esta lista de exigencias resume algo más que demandas y ajustes de lo que hace poco tiempo equivalía a la norma de la normalidad: encierra en sí el principio significante de la actual crisis europea. Hoy la deuda pública ascendente (la de Francia ya alcanzó 125 por ciento del PIB) no es un dato neutro; es una noticia que define la falta de un porvenir: por ello el incendio en las calles. Ahí donde se prometía autonomía y espíritu empresarial, se produjo precariedad. Donde se preveía seguridad, impera el miedo. Donde se vislumbraba crecimiento, prevalece la pérdida de legitimidad. La inversión en educación y en los rubros básicos del Estado de bienestar se redujo drásticamente. Los más afectados han sido los hijos de los migrantes que habitan en los barrios de la banlieue: ahí se vive un régimen de completo abandono, o más cáusticamente, de abandono diferencial. En los últimos cuatro años, los salarios se desplomaron frente a la inflación. Y la innovación tecnológica se estancó desde hace una década y media (el Viejo Continente no cuenta con una sola plataforma digital global). En la otra Europa, la de los estudiantes marginados, los asalariados de estación y los egresados universitarios desempleados, la suma de lo que la retórica oficial explica como “ajustes necesarios y sacrificios para retomar el crecimiento” se lee como una lista inaceptable de agravios y agresiones.
La respuesta gubernamental frente a las protestas ha sido la brutalidad policiaca. El blanco de la gendarmerie son los ojos de los manifestantes (no es una metáfora, son las balas de goma endurecida que disparan a discreción). En Francia se reportan 2 mil 400 detenidos; en Tirana, más de 500; en Bélgica suman 200, y en Italia, 250.
Si en el país galo el Nuevo Frente Popular (la alianza entre Francia Insumisa, los ecologistas, el PC y el Partido Socialista) obtuvo el triunfo en la segunda vuelta de las elecciones de 2024, hoy Macron los combate con toda la enjundia que le queda en las manos. Deberían recordar el refrán latino: “Entrega el poder a un mediocre y obtendrás sangre”. Lo notable aquí es el corrimiento de los principales órganos de la prensa conservadora hacia la normalización de la extrema derecha. Marine Le Pen fue entrevistada recientemente por el Financial Times; ahí pasó de la página roja (eternamente acusada de “agente rusa”) a la primera plana. Y Alice Weidel (del AfD) mereció la misma cobertura en The Economist. ¿Realmente piensan las élites financieras europeas entregarles el poder ejecutivo? Quien creía que las cosas habían tocado fondo, aún queda por delante lo peor. Falta por ver la opinión de los votantes en las elecciones del próximo año. Aunque la pregunta es inevitable: ¿cómo es que la versión “neo” del fascismo alemán se encuentra en el umbral de la máxima palestra?
La teoría de Yanis Varoufakis recuerda una interpretación clásica: “El fascismo tiene su origen en el momento en que el capitalismo enfrenta una crisis existencial”. Pero en la Europa actual el capitalismo está muy lejos de una crisis de esas proporciones. Más bien se trata de un impasse o un estancamiento. Acaso la antigua versión de Gramsci abre más preguntas. El fascismo surge cuando existe una conjunción entre el colapso del poder soberano (en la época, la caída del régimen liberal provocada por la crisis de 1929) y una radical revolución en el mundo de la técnica (el fordismo). Hoy el colapso del poder soberano se centra en el peculiar arreglo de la Unión Europea que expropió a los estados locales la posibilidad de regular su política monetaria, así como en la ya insostenible sumisión a Estados Unidos. Y la revolución tecnológica corre por los caminos del ascenso del mundo digital. En suma, una pérdida de mundo de la condición que proviene de los años 80, que afecta a los de “arriba” y a los de “abajo” y remueve el antiguo “cemento social”.
El fascismo es el que apunta el dedo hacia el otro. En los años 30 eran los bolcheviques, los judíos, los gays y los gitanos. Hoy son los migrantes, los “terroristas” y el mundo “woke”. En el subsuelo del imaginario alemán existe un profundo resentimiento: un trauma que no se asume como duelo y responsabilidad de las generaciones venideras vuelve por la ventana menos esperada. La única franja de pensamiento que se atrevió a decirlo públicamente fueron los miembros de la primera generación de la escuela de Fráncfort. Basta leer Minima moralia, de Theodor Adorno, un filósofo tan celebrado como poco leído.
Ilán Semo
22 de octubre de 2026 00:02
Una vez más, Europa se encuentra en el límite: la austeridad –impuesta por el Banco Central Europeo– ha devenido en una economía política de la pauperización; una guerra cercana –en Ucrania– y otra lejana en Irán escalaron los precios de la energía a tal grado que postraron las expectativas industriales, y una crisis política de gobiernos de centro-derecha ha propiciado que, por su inmovilidad, pierdan día a día legitimidad. Cierto, hay una excepción: España, que cuenta con autonomía energética y un gobierno de centro-izquierda, crece económicamente.
Sin embargo, hoy las calles europeas no hacen ninguna excepción: lo que se extiende por Madrid, París, Bruselas, Lisboa y Tirana no es una suma agregada de protestas, es lo que se revela como insoportable para el poder: la multiplicidad de la rebelión. Decenas de miles de estudiantes que exigen el cuidado de sus escuelas. Médicos, abogados e ingenieros saturados por los recortes presupuestales. Y cada vez más trabajadores que demandan salarios que les permitan vivir y no tan sólo sobrevivir. Todos se preguntan por una paz negociada (en Ucrania).
Esta lista de exigencias resume algo más que demandas y ajustes de lo que hace poco tiempo equivalía a la norma de la normalidad: encierra en sí el principio significante de la actual crisis europea. Hoy la deuda pública ascendente (la de Francia ya alcanzó 125 por ciento del PIB) no es un dato neutro; es una noticia que define la falta de un porvenir: por ello el incendio en las calles. Ahí donde se prometía autonomía y espíritu empresarial, se produjo precariedad. Donde se preveía seguridad, impera el miedo. Donde se vislumbraba crecimiento, prevalece la pérdida de legitimidad. La inversión en educación y en los rubros básicos del Estado de bienestar se redujo drásticamente. Los más afectados han sido los hijos de los migrantes que habitan en los barrios de la banlieue: ahí se vive un régimen de completo abandono, o más cáusticamente, de abandono diferencial. En los últimos cuatro años, los salarios se desplomaron frente a la inflación. Y la innovación tecnológica se estancó desde hace una década y media (el Viejo Continente no cuenta con una sola plataforma digital global). En la otra Europa, la de los estudiantes marginados, los asalariados de estación y los egresados universitarios desempleados, la suma de lo que la retórica oficial explica como “ajustes necesarios y sacrificios para retomar el crecimiento” se lee como una lista inaceptable de agravios y agresiones.
La respuesta gubernamental frente a las protestas ha sido la brutalidad policiaca. El blanco de la gendarmerie son los ojos de los manifestantes (no es una metáfora, son las balas de goma endurecida que disparan a discreción). En Francia se reportan 2 mil 400 detenidos; en Tirana, más de 500; en Bélgica suman 200, y en Italia, 250.
Si en el país galo el Nuevo Frente Popular (la alianza entre Francia Insumisa, los ecologistas, el PC y el Partido Socialista) obtuvo el triunfo en la segunda vuelta de las elecciones de 2024, hoy Macron los combate con toda la enjundia que le queda en las manos. Deberían recordar el refrán latino: “Entrega el poder a un mediocre y obtendrás sangre”. Lo notable aquí es el corrimiento de los principales órganos de la prensa conservadora hacia la normalización de la extrema derecha. Marine Le Pen fue entrevistada recientemente por el Financial Times; ahí pasó de la página roja (eternamente acusada de “agente rusa”) a la primera plana. Y Alice Weidel (del AfD) mereció la misma cobertura en The Economist. ¿Realmente piensan las élites financieras europeas entregarles el poder ejecutivo? Quien creía que las cosas habían tocado fondo, aún queda por delante lo peor. Falta por ver la opinión de los votantes en las elecciones del próximo año. Aunque la pregunta es inevitable: ¿cómo es que la versión “neo” del fascismo alemán se encuentra en el umbral de la máxima palestra?
La teoría de Yanis Varoufakis recuerda una interpretación clásica: “El fascismo tiene su origen en el momento en que el capitalismo enfrenta una crisis existencial”. Pero en la Europa actual el capitalismo está muy lejos de una crisis de esas proporciones. Más bien se trata de un impasse o un estancamiento. Acaso la antigua versión de Gramsci abre más preguntas. El fascismo surge cuando existe una conjunción entre el colapso del poder soberano (en la época, la caída del régimen liberal provocada por la crisis de 1929) y una radical revolución en el mundo de la técnica (el fordismo). Hoy el colapso del poder soberano se centra en el peculiar arreglo de la Unión Europea que expropió a los estados locales la posibilidad de regular su política monetaria, así como en la ya insostenible sumisión a Estados Unidos. Y la revolución tecnológica corre por los caminos del ascenso del mundo digital. En suma, una pérdida de mundo de la condición que proviene de los años 80, que afecta a los de “arriba” y a los de “abajo” y remueve el antiguo “cemento social”.
El fascismo es el que apunta el dedo hacia el otro. En los años 30 eran los bolcheviques, los judíos, los gays y los gitanos. Hoy son los migrantes, los “terroristas” y el mundo “woke”. En el subsuelo del imaginario alemán existe un profundo resentimiento: un trauma que no se asume como duelo y responsabilidad de las generaciones venideras vuelve por la ventana menos esperada. La única franja de pensamiento que se atrevió a decirlo públicamente fueron los miembros de la primera generación de la escuela de Fráncfort. Basta leer Minima moralia, de Theodor Adorno, un filósofo tan celebrado como poco leído.
Vaciar las aulas, llenar las calles
"Los movimientos estudiantiles de los 60 casi nunca alcanzaron sus objetivos políticos primarios ni sus aspiraciones de transformaciones sociales radicales. Sin embargo, fueron el origen de una profunda revolución cultural". Foto Afp Foto autor
Imanol Ordorika
22 de octubre de 2026 00:01
Algo se mueve otra vez en las escuelas de Europa. A comienzos de septiembre, un centenar de alumnos bloqueó un liceo cerca de Rennes para denunciar el caos del inicio de cursos. Seis semanas después, la movilización de liceístas y universitarios se ha convertido en el eje de la crisis política francesa: cientos de liceos bloqueados, cerca de medio millón de personas en las calles el 6 de octubre y, el día 17, la confluencia con los chalecos amarillos en una jornada que reunió a 800 mil manifestantes según los organizadores y 550 mil según el gobierno. La respuesta oficial ha sido la represión: miles de detenidos, muchos de ellos menores de edad.
La ola cruzó fronteras. Se extendió a Bélgica, de Lieja a Bruselas; a Italia, donde las ocupaciones arrancaron en Turín y el 16 de octubre miles de estudiantes marcharon contra la política educativa del gobierno de Meloni y contra el tope de 30 por ciento de alumnos extranjeros por aula; y ha ganado fuerza en Grecia, Irlanda, Alemania y Austria. En España los estudiantes no encabezan, pero nutren un ciclo de protesta que articula la huelga indefinida del profesorado, la lucha por la vivienda y la convocatoria a huelga general. En Serbia, el movimiento nacido tras el derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad en 2024 se ha convertido en actor político y presenta su propia lista en las elecciones del 25 de octubre. Fuera de Europa, en India, la protesta juvenil por la filtración del examen nacional de ingreso a medicina forzó la renuncia del ministro de Educación.
No es la primera vez. En los años 60 los estudiantes fueron detonador en buena parte del mundo. En 1968, en Francia, la movilización que comenzó en Nanterre y la Sorbona desembocó en la mayor huelga general de su historia, con cerca de 10 millones de trabajadores en paro. En México, el Consejo Nacional de Huelga desafió al autoritarismo priísta hasta la masacre de Tlatelolco. Berkeley, Praga, Berlín, Tokio y, un año después, Córdoba completaron el mapa.
Los movimientos estudiantiles de los 60 casi nunca alcanzaron sus objetivos políticos primarios ni sus aspiraciones de transformaciones sociales radicales. Sin embargo, fueron el origen de una profunda revolución cultural cuyo impacto es casi equiparable al de la Revolución Industrial. La idea de Herbert Marcuse de los estudiantes como catalizadores de fuerzas sociales más amplias encontró entonces su confirmación, y también sus límites: el detonador no siempre construye el orden que sigue al estallido.
Menos recordada, pero más cercana a lo que hoy ocurre, fue la oleada de 1986-87. En Francia, el proyecto Devaquet pretendía introducir selección al ingreso universitario y elevar las cuotas; universitarios y liceístas tomaron las calles en noviembre y diciembre de 1986, y la muerte de Malik Oussekine, golpeado por la policía, precipitó la renuncia del ministro y el retiro de la ley. En España, el movimiento de estudiantes de enseñanza media contra la selectividad y las tasas arrancó concesiones al gobierno de Felipe González. En México, el Consejo Estudiantil Universitario enfrentó las reformas del rector Carpizo, que imponían cuotas, restringían el pase reglamentado y endurecían la permanencia; tras el diálogo público y la huelga de 1987, el Consejo Universitario logró la suspensión de las reformas y abrió el camino al Congreso Universitario. Fueron movimientos defensivos frente a la primera embestida neoliberal sobre la educación pública –selección, cobro, exclusión– y, con frecuencia, los ganaron.
Hay similitudes evidentes. Como en 1986, los protagonistas son muy jóvenes –bachilleres, además de universitarios– y sus demandas nacen de condiciones concretas: falta de profesores, edificios que se caen a pedazos, mecanismos de selección como Parcoursup, heredero del espíritu que animó el proyecto Devaquet. Como en 1968, la protesta estudiantil opera como catalizador de malestares que la desbordan: la carestía, la vivienda, la guerra y el rearme. Y como en ambas oleadas, el contagio es transnacional: hoy los estudiantes de Turín se conectan con sus pares franceses como antes circulaban los volantes y las consignas.
Las diferencias también resaltan. Los movimientos de los 60 y de los 80 se apoyaron en organizaciones –grupos de activistas, sindicatos estudiantiles, coordinadoras, consejos, asambleas– que daban continuidad a la acción. Hoy predomina la red, la convocatoria horizontal y efímera, que facilita la convergencia rápida, pero dificulta sostener demandas y negociar. Cambió también el contexto: en 1968 el Estado de bienestar estaba en expansión y en 1986 empezaba a ser disputado; hoy arrastra décadas de austeridad y enfrenta la presión del gasto militar. La juventud europea protesta contra un horizonte que se cierra. Serbia, por su parte, plantea un dilema clásico: cómo transitar de la calle a la disputa electoral sin perder la autonomía que hizo fuerte al movimiento.
Para América Latina, y para México, la lección es doble. La defensa de la educación pública vuelve a ser un eje capaz de articular malestares sociales amplios, siempre que se plantee como derecho y no como servicio. Pero la fuerza de un movimiento depende de su capacidad para construir organización democrática propia, alianzas con docentes y trabajadores, y proyectos alternativos, no sólo resistencia.
Los movimientos de 1986-87 ganaron porque combinaron movilización masiva, diálogo público y propuesta. Gobiernos y autoridades universitarias harían bien en escuchar a esta generación antes de reprimirla. Vaciar las aulas para llenar las calles ha sido, una y otra vez, la forma en que los jóvenes reabren el futuro; lo que está en juego ahora es que las calles devuelvan a las aulas una educación pública más justa, más amplia y verdaderamente suya.
Don Rubio
Marco Rubio, encabeza las gestiones diplomáticas de Washington para reducir el respaldo internacional a la resolución de la ONU contra el bloqueo a Cuba. Foto Afp Foto autor
Rosa Miriam Elizalde
22 de octubre de 2026 00:03
Las historias de la mafia tienen algo de las tragedias de Shakespeare: crímenes, traiciones, lealtades compradas y venganzas bíblicas. En ellas, el capo rara vez necesita levantar la voz, porque le basta con recordar al otro cuánto puede perder. “Le haré una oferta que no podrá rechazar”, promete Vito Corleone en El padrino, dejando claro que el poder consiste precisamente en no tener que pronunciar la amenaza.
Ese método recuerda la ofensiva que encabeza el secretario de Estado Marco Rubio para quebrar el respaldo internacional a la resolución contra el bloqueo de Cuba, que Naciones Unidas examinará los días 27 y 28 de octubre. Washin gton lleva más de tres décadas perdiendo esa votación y ahora intenta reducir la mayoría, conseguir abstenciones y fomentar ausencias. Si no puede impedir el juicio público a una política que está matando diariamente a 70 personas con cáncer y ha multiplicado la mortalidad infantil en Cuba, procura intimidar al jurado internacional que se dará cita la semana próxima en el salón de la Asamblea General de la ONU.
Toda organización mafiosa tiene su arquitectura: un jefe que decide, lugartenientes que ejecutan y operadores que recorren el territorio haciendo saber quién manda.
La diplomacia estadunidense ha desplegado una maquinaria semejante, y lo acabamos de ver en Naciones Unidas, donde el embajador Mike Waltz asumió el papel de palanganero. El 19 de octubre organizó un acto para desacreditar a Cuba y pedir a los diplomáticos que votaran contra la resolución.
Reunió a conocidos asalariados del gobierno estadunidense, financiados con partidas presupuestarias destinadas al “cambio de régimen”, entre ellos figuras que reclaman abiertamente una intervención militar en la isla.
Una potencia que no consigue convencer al mundo de las virtudes de su política pretende que el mundo cambie de opinión escuchando a quienes llevan años justificándola. Mientras tanto, las embajadas de
Rubio procuran votos entre gobiernos cuya relación con Estados Unidos está atravesada por dependencias comerciales, financieras y migratorias. La dimensión exacta de esas gestiones todavía exige documentación, pero la campaña para alterar el resultado es pública.
En paralelo, Miami aporta su propia comedia negra. Mientras el embajador de Rubio retozaba en Nueva York con terroristas, la Fiscalía de Florida anunciaba una nueva orden de arresto contra Raúl Castro. No hay el más mínimo indicio de que el líder histórico cubano vaya a comparecer ante un tribunal de Miami, pero, a dos semanas de las elecciones legislativas estadunidenses, la coincidencia resulta demasiado oportuna para ignorar su dimensión electoral y propagandística.
Una orden de arresto contra Raúl Castro ofrece titulares, fotografías y aplausos en Miami, y quizás también sirva para que el capo obtenga algún voto dubitativo en la ONU. Pero se olvida que, en enero, 32 combatientes cubanos murieron enfrentando la operación militar estadunidense que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en Venezuela. Treinta y dos muertos para defender a un presidente amigo. ¿Qué cálculo habrán hecho en Washington sobre la respuesta que encontraría una operación semejante en territorio cubano? Es mucho más sencillo anunciar una orden de captura ante las cámaras de Miami que intentar ejecutarla en La Habana, lo que prueba otra regularidad: la valentía de los capos suele ser inversamente proporcional a los riesgos que están dispuestos a correr.
La Convención de Palermo de 2000 reserva el concepto jurídico de delincuencia organizada a grupos estructurados que cometen delitos graves para obtener beneficios materiales. La Cosa Nostra diplomática se ha apropiado de un repertorio de procedimientos reconocibles en estas sociedades del crimen, que se expresa en jerarquías, favores condicionados, intimidación y castigos ejemplarizantes contra los países miembros de la ONU. El capo di tutti i capi de la política contra Cuba sabe que una oferta resulta más convincente cuando el destinatario conoce las consecuencias de rechazarla.
Pero Macbeth terminó rodeado de hombres que lo obedecían, aunque no creían en él, porque Shakespeare comprendió que el miedo puede comprar obediencia, pero nunca legitimidad. Don Rubio debería recordarlo cuando la Asamblea General vuelva a votar. A veces, hasta el silencio tiene precio. La dignidad, no.
Milei deja Argentina en llamas; se reúne con ultraderecha en España
Sin pruebas, acusa al periodismo de orquestar una campaña en su contra
▲ Alumnos de la universidad pública Rey Juan Carlos, durante las protestas.Foto Europa Press
Stella Calloni Corresponsal
Periódico La Jornada Jueves 22 de octubre de 2026, p. 23
Buenos Aires. El presidente Javier Milei dejó el país en llamas antes de viajar a España para mantener reuniones con la ultraderecha de ese país, algunas de las cuales se suspendieron estando ya en Madrid.
Su hermana Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, quedó a cargo de la gestión.
En su último discurso, Milei se burló de la mayoría de la población que está en la pobreza y la indigencia, insultó nuevamente al presidente de Brasil, Lula da Silva, al que llamó “zurdo ladrón”, y acusó al periodismo argentino de encabezar una campaña contra su gobierno y de mentir sobre la crítica situación que se vive.
En una sucesión de acciones ilegales e irregulares del gobierno se une un incremento de la violencia policial contra manifestantes, decisiones judiciales que cierran causas que comprometen al Ejecutivo y sus asociados y van contra la oposición, como ocurre con el nuevo juicio contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y ahora contra su hijo Máximo, que comienza este viernes.
A lo anterior se añade la detención con brutalidad este martes de dos delegados del Sindicato de Trabajadores del Metro, que da cuenta del agravamiento de la crisis que vive el país.
Se espera un avalancha de denuncias contra el mandatario por violación de las leyes y varias que demandarán juicio político.
Más aún, después de que esta semana mantuvo en secreto todos los acuerdos de compras de armas y equipos a terceros países, asunto que debía ser informado al Congreso de la Nación y al país.
La Confederación General del Trabajo y la Mesa de Organismos de Derechos Humanos, entre ellas las Madres Fundadoras de Plaza de Mayo, exigieron la inmediata libertad de los delegados sindicales Claudio Dellecarbonara y Facundo Heredia, detenidos durante una movilización en una de las líneas del Metro.
Para aumentar la presión detuvieron el servicio en la capital hasta que se logró su liberación.
Desesperación de miles de desocupados
En estos últimos días, medios locales registran la desesperación de miles de desocupados. Ante el ofrecimiento de algún trabajo, aparecen hasta dos o tres mil personas aguardando en filas de varias cuadras en distintos puntos de la ciudad; lo mismo sucede en todo el país.
La última amenaza del gobierno es seguir despidiendo a empleados estatales. A la lista de 50 mil despidos de los primeros meses de Milei se unen ahora otros 20 mil, a quienes se ofreció “el retiro voluntario”. Lo que sucede en Buenos Aires es similar a lo ocurrido en todas las provincias previo al estallido del la crisis económica del 20 de diciembre de 2001.
Existen sospechas de que la decisión del gobierno de mantener en secreto los acuerdos para comprar armas se debe a que varios periodistas y manifestantes alcanzaron a recoger cartuchos del gas que se disparó en la protesta de la semana pasada en defensa de la educación, mucho más fuerte que el gas pimienta, y lo llevaron ante expertos en armas, quienes determinaron que eran similares a los que usan en grandes conflictos o guerras de uso militar, por lo cual se pide una investigación judicial.
El periodismo se descubrió que dicho gas lo vendía Israel, y quien fue el encargado en Argentina de su distribución es Guillermo Yanco, director del Museo del Holocausto, y esposo de la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich.
Una versión más amplia de esta nota en @lajornadaonline; https://bit.ly/4BiWoPB
Tilda de dictador a Pedro Sánchez // Me honra ser zurdo, revira el socialista
Armando G. Tejeda, corresponsal
Madrid. El presidente ultraderechista de Argentina, Javier Milei, calificó ayer en Madrid de “impresentable dictador”, “siniestro” y “ladrón” al presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, e instó al electorado español a “sacar a patadas a los socialistas” del poder en los comicios del próximo 29 de noviembre. “Si defender el no a la guerra y el sí a la paz es ser zurdo, soy zurdo”, reviró el mandatario español en redes sociales.
Milei se encuentra de visita privada en Madrid, para reunirse con la extrema derecha de Vox y con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, del conservador Partido Popular, con la que mantiene una estrecha relación.
En un desayuno organizado por Nueva Economia Forum, Milei inició su agenda con un ataque a Sánchez: “España ha sabido acoger a cientos de miles de argentinos que escaparon de la miseria y falta de futuro, fruto del siniestro socialismo del siglo XXI y su sucursal Argentina, que es el kirchnerismo y que ustedes padecen regularmente con el impresentable dictador de Pedro Sánchez”.
El presidente argentino se refirió a su par español como “delincuente ladrón”, al que no va a ver para “no tener que coserme los bolsillos y así no salir expoliado”. En otro de sus actos, Milei dictó una conferencia en la universidad Rey Juan Carlos, que es pública, donde fue recibido por decenas de estudiantes que repudiaron su presencia al grito de “fuera fascistas de la universidad” y con carteles que decían “Milei, das asco”.
Una de las representantes de los estudiantes, Saray Pazos García, denunció que “es especialmente preocupante que sea una universidad pública la que acoja a un mandatario cuyo gobierno mantiene un conflicto abierto con el sistema universitario público de su país, y presentar como aval académico lo que ya está produciendo estos efectos en la sociedad argentina no es debatir una teoría, es hacer propaganda con el respaldo de la universidad”.
Tras ello, Milei se reunió con la presidenta de Madrid, Díaz Ayuso, con quien se fundió en un abrazo antes de entrar a la reunión privada. Finalmente acudió a la sede de la Fundación Disenso, el centro de adoctrinamiento del ultraderechista Vox, donde fue recibido por el secretario del partido, Ignacio Garriga, ya que su máximo líder, Santiago Abascal, estaba fuera de Madrid haciendo campaña.
Cancillería rechaza injerencia
Sánchez reviró en redes sociales: “hay quienes creen que nos insultan llamándonos zurdos o zurdas. Pues miren, les voy a decir una cosa: si subir las pensiones es ser zurdo, si dar más tiempo para a los padres y madres para disfrutar de sus hijos e hijas es ser zurdo, yo también soy zurdo. Si subir el salario mínimo interprofesional es ser zurdo, yo también soy zurdo. Si defender el derecho a abortar es ser zurdo, lo soy. Si defender el no a la guerra y el sí a la paz es ser zurdo, yo soy zurdo, y a mucha honra”
La cancillería española rechazó “frontalmente cualquier injerencia externa que vulnere la soberanía nacional” y tachó de “indigno” a Milei por pretender polarizar naciones hermanas.
Van más de 980 mil deportados por el gobierno de Trump desde 2025
Expulsados, al menos 400 mil mexicanos: informe del Migration Policy Institute
La cifra, muy por debajo de la de Obama, pero superior a la de Biden// Número de migrantes que dejan EU de forma voluntaria, inferior a lo que presume el magnate
Jim Cason y David Brooks Corresponsales
Periódico La Jornada Jueves 22 de octubre de 2026, p. 21
Washington y Nueva York. El gobierno de Donald Trump ha deportado a más de 980 mil personas desde enero de 2025, nivel mayor que durante el gobierno de su predecesor Joe Biden, pero muy por debajo de los niveles del gobierno de Barack Obama, reporta el Migration Policy Institute (MPI) en un nuevo informe.
El ritmo de las deportaciones también queda muy por debajo de lo que califica Trump como “niveles históricos”, señala el MPI, centro de investigaciones en Washington dedicado a políticas migratorias.
En su nuevo análisis de datos, el centro no partidista también calculó que el número de migrantes que decidieron abandonar este país de manera voluntaria para evitar el arresto es muy por debajo de lo que asegura el presidente.
El informe no incluye información detallada sobre el número total de personas que regresaron a México tanto por deportación o por abandono voluntario, pero la extrapolación de MPI basada en cifras del censo mexicano empleando la misma metodología que se usó para el informe, calcula que unos 400 mil mexicanos fueron expulsados desde el 20 de enero de 2025, cuando Trump llegó de regreso a la Casa Blanca.
Los analistas encontraron que la frecuencia de deportaciones se ha incrementado de manera modesta en 2026, pero está muy por debajo de la meta oficial de deportar un millón de personas anualmente que Trump estableció al inicio de su segundo periodo en enero de 2025. A pesar de las proclamas de la Casa Blanca de que está deportando a criminales, y el torrente de imágenes en medios sociales de la deportación de “criminales”, sólo 20 por ciento de los 980 mil estaban condenados por cometer alguno delito.
Ya que el Departamento de Seguridad Interna (DHS) ha dejado de brindar información detallada sobre deportaciones y remociones, el MPI se vio obligado a usar la Ley de Libertad de Información y otros datos para elaborar cálculos del número de inmigrantes expulsados de Estados Unidos entre el 20 de enero de 2025 y el 31 de julio de 2026, con las cifras disponibles más recientes.
“Aun con los encuentros en la frontera Estados Unidos-México, que están a niveles históricamente bajos, 69 por ciento de las deportaciones fueron de individuos interceptados en la frontera”, escribió en el reporte Marc R. Rosenblum, ex funcionario del DHS que trabajó en el gobierno durante la primera presidencia de Trump y la de Biden, y que ahora está afiliado a MPI.
Los nuevos datos demuestran que las deportaciones de personas arrestadas en el interior del país fuera de la zona fronteriza se incrementaron 151 por ciento, y alcanzaron 19 mil mensuales en el año en curso. Recientemente, el gobierno de Trump está enfocado en atacar a comunidades inmigrantes con larga estancia en Estados Unidos.
Rosenblum calcula que 90 mil personas que habían vivido ahí por más de una década estuvieron en-tre los deportados, y otros 390 mil eran personas que habían vivido en Estados Unidos por lo menos dos años.
No obstante, los niveles de deportaciones durante los últimos 18 meses están muy por debajo de los alcanzados durante las presidencias del republicano George W. Bush y del demócrata Barack Obama.
Rosenblum también intenta calcular el número total de personas que salieron de este país, incluyendo deportados y los que decidieron regresar sin ser formalmente deportados.
El gobierno de Trump ha insistido en que su agresiva campaña antimigrante ha resultado en la deportación de un millón de personas, y que más de 2 millones se han “autodeportado” de manera voluntaria en los últimos 18 meses, pero los cálculos por MPI son mucho menores.
“Mientras que el número total de inmigrantes saliendo de Estados Unidos mediante de la deportacion o la ‘autodeportacion’ es mucho más alto que en cualquier otro punto desde por lo menos 2014, es altamente improbable que 3 millones de inmigrantes hayan dejado al país, y mucho menos 3 millones de inmigrantes no autorizados”, concluye Rosenblum.
El informe completo: https://www.migrationpolicy.org/publication/us-deportations-second-trump
