El ex presidente de Colombia Gustavo Petro se encuentra de visita en México, donde fue recibido en Palacio Nacional por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Se reunió con la comunidad de sus connacionales en nuestro país y ofreció la conferencia magistral “El capital en el siglo XXI: economía política de la crisis climática” en el auditorio Alfonso Caso de Ciudad Universitaria, entre otras actividades. Además, concedió a este diario la primera entrevista desde que dejó la Casa de Nariño el pasado 7 de agosto.
En su visita a la titular del Ejecutivo, el líder de la izquierda partidista colombiana en las décadas recientes advirtió que la nueva realidad política de la región incluye la injerencia sistemática de redes dirigidas desde Washington en los procesos electorales de América Latina. Alertó que México debe observar lo que ocurra en los procesos electorales de la región, como el que tendrá lugar en Brasil dentro de unas semanas, así como el avance de fuerzas de derecha ante los comicios intermedios mexicanos de 2027 y la elección presidencial de 2030.
El ex presidente colombiano profundizó en torno a este desafío. “Vivimos en un caparazón planetario, una matriz de la mentira en la que granjas de bots quieren degradar la discusión política y llevarla al insulto. La intención de esa Matrix es esclavizar al ser humano con cadenas que no sólo son físicas, sino también mentales; por ejemplo, esclavizar al ser humano para permitir la explotación de los recursos naturales no renovables”. Por otra parte, relató lo cerca que estuvo de realizarse una operación militar estadunidense en suelo colombiano a semejanza de la que llevó al secuestro del secuestrado presidente Nicolás Maduro en la vecina Venezuela. Al describir la sensación de inminencia de un ataque después de que Donald Trump lo señaló como “el próximo” tras la intervención criminal en Caracas, Petro revela el aspecto más preocupante de la administración republicana: pese a la omnipotencia de la que se jacta el magnate, en los hechos la camarilla hiperfascista que lo rodea opera muchas veces a sus espaldas y le oculta algunas de las decisiones más cuestionables. Para el curtido político sudamericano, varios en la Casa Blanca son peores y más peligrosos que el propio Trump, quien “ya no está del todo al mando”.
Las admoniciones de Petro cobran valor en tanto explican un factor central en el giro a la ultraderecha que experimenta Latinoamérica, incluida de manera trágica la propia Colombia, y constituyen un testimonio de quien vivió en primera persona los embates de las redes trasnacionales de desinformación y manipulación. Para dimensionar la virulencia de la campaña sucia urdida por los medios corporativos contra el dirigente de centroizquierda, basta decir que la intensidad de los insultos y la desfachatez de las mentiras superan a la maquinaria levantada por las derechas mexicanas contra el ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Como aquí, el odio es personal, pero las consecuencias no lo son: el antipetrismo inducido por los dueños de los grandes capitales y sus corifeos en los medios allanó el camino a un gobierno de y para la oligarquía.
El aporte de Petro al debate político supone una llamada de atención para redoblar la vigilancia en torno a agentes extranjeros que aprovechan herramientas comunicacionales como las redes sociales para instalar discursos neofascistas, difundir bulos, azuzar el odio y manipular a los electorados con el fin de favorecer a sus patrocinadores externos e internos, es decir, a la Casa Blanca y a un sector del gran empresariado reacio a la democracia. Junto al panorama sombrío que perfila, hay un mensaje de esperanza: en su país, en 2022 el pueblo eligió al primer gobierno progresista de la historia, y esa experiencia no puede verse como un fracaso. Las sociedades no están inermes ante el tecnofascismo, asegura, pues pueden protegerse con mentalidades fuertes y con el mismo recurso de los opresores: las matemáticas. La educación es fundamental para la resistencia a la que él mismo se suma e invita a sumarse.
Firma Venezuela ocho millonarios acuerdos con petroleras extranjeras
Los convenios responden al mandato directo de la Casa Blanca de acelerar la apertura económica: Wright // Delcy Rodríguez agradece el esfuerzo a Trump
▲ La presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ultimaron ayer los convenios para la explotación de yacimientos de crudo del país sudamericano.Foto Ap
Ángel González Especial para La Jornada
Periódico La Jornada Jueves 3 de septiembre de 2026, p. 20
Caracas. En un acto liderado por la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, Caracas firmó ayer ocho acuerdos millonarios con las empresas Chevron, ENI, Aspect, Primavera y General Electric Vernova destinadas a duplicar la extracción de crudo, explorar nuevos yacimientos y reconstruir la deteriorada red eléctrica del país.
Chris Wright aseguró que la producción venezolana podría incrementarse hasta 50 por ciento en un plazo de 18 meses mediante un importante flujo de capital estadunidense e internacional.
Calificó la jornada de un “día histórico y transformador” que responde al mandato directo de la Casa Blanca para acelerar la apertura económica y aseguró que las “inversiones masivas” que vendrán contribuirán a “impulsar la economía, reducir la inflación y beneficiar a la población”.
Por su parte, Rodríguez agradeció al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por “todo el esfuerzo conjunto que su gobierno ha desplegado para llevar adelante el objetivo de tener acuerdos ganar- ganar, de mutuo beneficio”.
Aseguró que los acuerdos suscritos tendrán un impacto directo en la vida de la gente, que muy pronto verá cómo se dinamiza la economía en el territorio.
“Lo que estamos haciendo hoy es el futuro y la esperanza del pueblo de Venezuela (…) y reivindico cada día más el canal y el diálogo político y diplomático con Estados Unidos y los países del mundo”, expresó.
Entre los compromisos de mayor envergadura destaca la consolidación del plan de expansión de la estadunidense Chevron, que suscribió dos instrumentos claves: un acuerdo integral de pago de bonos de acceso a reservas en las áreas delimitadas de la empresa mixta Petroindependencia y el reconocimiento de conformidad para la enmienda de los contratos de las empresas mixtas Petroboscán, Petropiar y Petroindependencia a los nuevos términos legales y fiscales del país.
Michael Wirth, director ejecutivo de Chevron, precisó que la compañía proyecta desembolsar más de 7 mil millones de dólares durante los próximos cinco años en alianzas operativas. La meta es duplicar su capacidad extractiva actual para llevar el bombeo conjunto de sus operaciones en Venezuela por encima de 500 mil barriles diarios.
ENI arranca perforaciones de inmediato
El gigante italiano ENI formalizó la firma del contrato de transición y el Contrato de Participación Productiva para el desarrollo del bloque Junín 5, ubicado en la Faja del Orinoco, una de las reservas de crudo pesado más vastas del planeta.
Claudio Descalzi, director ejecutivo de ENI, describió el bloque Junín 5 como un megaproyecto de más de 35 billones de pies cúbicos de recursos de gas y crudo, con reservas recuperables estimadas en cerca de 7 mil millones de barriles. “Mañana mismo vamos a comenzar a perforar el primer pozo”, anunció proyectando un volumen incremental de 200 mil barriles diarios.
Infraestructura eléctrica y nuevos yacimientos
General Electric Vernova celebró dos alianzas estratégicas decisivas. La primera, con Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), busca dotar a la industria petrolera de capacidad de generación eléctrica propia para evitar saturar el sistema nacional. La segunda, con la Corporación Eléctrica Nacional, apunta a la rehabilitación integral de sistemas de generación hidroeléctrica, termoeléctrica, transmisión y distribución a escala nacional.
Alex Cranberg, fundador y director ejecutivo de la firma estadunidense Aspect Holding, rubricó un acuerdo con PDVSA para efectuar el estudio conjunto de factibilidad técnico-económica y exploración de nuevas áreas petroleras en la cuenca oriental de Venezuela, abriendo un nuevo ciclo de licencias.
Por su parte, Manuel Ignacio Iribarren, de la inversora Primavera, firmó el Contrato de Participación Productiva en el bloque Budare-Elotes, ubicado entre la cuenca occidental y la Faja del Orinoco. El proyecto prevé aportar una producción incremental superior a 70 mil barriles diarios.
Las fotos virales de Maduro
Nicolás Ernesto Maduro, hijo del presidente Nicolás Maduro, explicó en un video las fotos publicadas el pasado fin de semana en las redes del mandatario secuestrado donde se le ve sonriente.
Según Nicolasito, le fueron tomadas el 25 de junio, a sólo 24 horas del terremoto que devastó la zona norte de Venezuela. “Él nos cuenta que eran como las 6 de la tarde cuando llegó la persona que toma fotos, y él estaba frente al televisor, muy conmocionado, muy afligido”, relató.
Dijo que Maduro no quería hacerse las fotos, pero luego pensó que podrían servir para “enviar un mensaje de que él estaba bien, fuerte y que estaba resistiendo”.
Detalló que Maduro pudo enviar las gráficas en físico el 12 de julio a unos familiares en Estados Unidos, quienes las recibieron el 25 de agosto y se las transmitieron digitalmente. Luego el presidente el pasado viernes 28 de agosto le habría dictado a su hijo el mensaje con el que éste publicaría en sus redes las imágenes.
México SA
¿Y la “guerra contra las drogas”? // Consumo, incremento exponencial // ¿Qué ha hecho la “implacable” DEA?
Carlos Fernández-Vega
▲ Un pescador navega cerca de un pozo petrolero inactivo en el lago Maracaibo, en Cabimas. El gobierno de Estados Unidos anunció recientemente que obtuvo el control mayoritario sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas de crudo venezolano. Según la mandataria interina de la nación caribeña, Delcy Rodríguez, el acuerdo traerá inversiones por más de 100 mil millones de dólares, así como ingresos fiscales por 209 mil millones.Foto Ap
Cincuenta y cinco años después de “iniciada” la que dos mandatarios estadunidenses denominaron “guerra contra el narcotráfico”, por ser el “enemigo público número uno” de su país (Richard Nixon, 1971 –en 1973 creó la Administración para el Control de Drogas, mejor conocida como DEA–, y Ronald Reagan, 1980; “mano dura”, pregonaba, pero un bienio después, la esposa de este último, Nancy, se limitó a una campaña propagandística – Just say no–, igual de onerosa que ineficaz), el balance resulta social y políticamente desastroso, pues Estados Unidos ha mantenido intacto el liderazgo como importador de estupefacientes (toneladas y toneladas de todos colores y sabores) y el aumento en consumidores, muchos de ellos fallecidos por sobredosis año tras año.
Desde el inicio de tal “combate”, y 10 mandatarios gringos después (incluidas sus relecciones), la producción mundial de droga no sólo ha crecido de forma exponencial (siempre con el mercado estadunidense como objetivo), sino que sus “programas de contención e incautación” para “evitar” la introducción de toneladas y toneladas de enervantes a territorio estadunidense han servido a quienes las producen, envían y comercializan, amén de que en Estados Unidos el número de muertes por sobredosis (por cualquier droga) ha escalado de forma brutal. Ello, sin obviar que sus farmacéuticas han “contribuido” decididamente al fallecimiento por uso de opioides y al ejército de zombis que deambula por las calles de aquel país.
No es para burlarse, sino para encender las alarmas y tomar cartas en el asunto, por tratarse de un grave problema de salud pública. Pero, sólo como ejemplo, de 1999 a 2023 las muertes por sobredosis de opioides se incrementaron mil 333 por ciento (alrededor de 20 por ciento de ellas recetados por médicos gringos), mil 200 por ciento por cocaína y así por el estilo, de acuerdo con la estadística del National Institute on Drugs Abuse, una institución del propio gobierno estadunidense.
A todo esto, ¿a qué se ha dedicado la DEA, desde 1973, cuando fue declarada el “brazo ejecutor” en la “guerra contra las drogas”? Bueno, entre otras muchas actividades, a introducir a México armamento de uso militar para incrementar el poder de fuego de los cárteles, especialmente el de Sinaloa (por ejemplo, Rápido y furioso, con Felipe Calderón), “combatir” a los narcotraficantes en Colombia, Perú y Bolivia, hoy más fuertes que nunca y produciendo-enviando-introduciendo-comercializando toneladas y toneladas de producto a Estadios Unidos, sin olvidar que agentes y ex agentes de ese “brazo ejecutor” participaron en el tráfico y protección de quienes decían “perseguir”. También, a chantajear a países soberanos.
Para no ir más lejos, lo más reciente, que no lo último: “una polémica táctica policial que permitió que cantidades asombrosas de fentanilo mortal llegaran a las calles (de Estados Unidos, de 2023 a 2025) cuando las autoridades federales buscaban armar casos antidrogas de mayor envergadura se encuentra ahora bajo investigación de los republicanos del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos”, cuyo presidente, James Comer, “envió una carta al secretario de Justicia, Todd Blanche, para solicitar registros relacionados con la controvertida estrategia de la DEA de vigilar –pero no incautar– grandes cargamentos de fentanilo” ( La Jornada, Ap).
Pero no sólo la DEA: el propio magnate naranja. Va como cápsula de memoria: “el ex presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a 45 años de cárcel por narcotráfico (no menos de 400 toneladas de cocaína), salió de prisión (2 de diciembre de 2025) tras recibir el indulto de Trump; la liberación de Hernández ocurre en medio del despliegue estadunidense en el mar Caribe y el océano Pacífico, que Washington asegura tiene como objetivo frenar el tráfico de drogas hacia su territorio” ( La Jornada, Afp).
Las rebanadas del pastel
Resulta que la Casa Blanca asegura que la “concesión” petrolera de Venezuela a Trump no es por 25 años (Delcy Rodríguez dixit), sino por un siglo, amén de que Washington podrá comprar 20 por ciento del oro negro extraído a precio de producción, no de mercado, mientras el Departamento de Defensa de Estados Unidos se queda con 35 por ciento de las acciones. Entonces, ¿“no seremos patrio trasero de ningún imperio”? (según dicho de la “presidenta encargada”). Y el hermano de la susodicha, Jorge, presidente de la Asamblea Nacional de la nación sudamericana, asegura que el “acuerdo” con el gringo “no tiene nada de esotérico, de extraterrestre”. No, desde luego, pero sí de colonial.
X: @cafevega
La geopolítica de los límites
"La crisis ambiental no afecta a todos por igual: el poder económico y político decide quién puede protegerse y quién". Foto Ap Foto autor
Alejandro Svarch¹ y Federico Tobar²
03 de septiembre de 2026 00:01
La crisis ambiental no afecta a todos por igual: el poder económico y político decide quién puede protegerse y quién termina pagando el costo.
Desplegar una mirada geopolítica es apuntar a encontrar amenazas que hasta ahora pasaban desapercibidas. Durante años, la salud pública miró con preocupación el precio de los medicamentos innovadores. Luego descubrimos que otra amenaza residía en la dependencia de unas pocas cadenas globales para producir los genéricos que usamos todos los días. Ahora puede estar escapándose algo todavía más importante. Se trata de quién controla las condiciones básicas que hacen posible la salud.
Hablamos del agua, los alimentos, la energía, el clima, la biodiversidad y los territorios habitables. Durante mucho tiempo los tratamos como un escenario estable sobre el cual funcionaban los sistemas sanitarios. Ya no podemos hacerlo.
A fines del siglo XVIII, Thomas Malthus planteó una idea inquietante según la cual la población crecería más rápido que la producción de alimentos, y tarde o temprano el desequilibrio provocaría hambre, enfermedad y conflictos.
La historia pareció refutarlo. La Revolución Industrial, la expansión de la agricultura, los fertilizantes, el saneamiento, las vacunas y los antibióticos aumentaron la productividad y la esperanza de vida. Durante dos siglos, la tecnología corrió los límites cada vez más lejos.
Pero tal vez Malthus no se equivocó al pensar que había límites. Se equivocó al ubicarlos.
Hoy el problema no es sólo cuánto podemos extraer de la naturaleza, sino cuánto puede absorber el planeta de lo que producimos, consumimos y desechamos. Enviamos carbono a la atmósfera, contaminantes al agua y plásticos a los océanos como si esos depósitos fueran infinitos. Una parte del crecimiento consistió, en realidad, en postergar o trasladar sus costos.
El problema no es cuántos somos, sino cómo vivimos. Aquí es necesario apartarse de Malthus. La crisis actual no se explica simplemente por una población demasiado grande frente a recursos escasos.
Importa cómo producimos, cómo consumimos y cómo distribuimos tanto los recursos como los costos de nuestra forma de vida.
Los países más pobres y los sectores de menores ingresos no ejercen la misma presión sobre el planeta que los grupos de alto consumo. Sin embargo, tienen menos medios para protegerse cuando llegan las consecuencias.
Esa es la paradoja. El progreso técnico logró alejar durante generaciones el hambre, la enfermedad y la guerra que Malthus imaginaba. Pero, como lo hiciera la ballena con Jonás, el deterioro ambiental amenaza con devolverlas por otra puerta. El cambio climático afecta la producción de alimentos y la disponibilidad de agua, modifica la distribución de enfermedades, agrava los fenómenos extremos y obliga a muchas poblaciones a desplazarse.
Esas consecuencias no son automáticas ni se reparten por igual. Están mediadas por el poder.
La amenaza es global, pero la protección frente a ella, no.
Una sequía puede afectar a varios países al mismo tiempo, pero no tendrá las mismas consecuencias en todos. Algunos pueden importar alimentos, subsidiar precios o asegurar proveedores en otros continentes. Otros verán cómo el aumento internacional del precio de los granos se convierte rápidamente en hambre.
Con el agua ocurre algo parecido. Cuando escasea, deja de ser sólo un problema natural. Se transforma en una disputa: qué ciudades, territorios, actividades económicas y poblaciones conservarán el acceso. La infraestructura, los recursos fiscales y el poder político definen quién puede comprar seguridad y quién debe soportar la escasez.
También aparece una frontera más, la de la movilidad. Quienes tienen dinero, seguros y pasaportes poderosos pueden mudarse. Los demás encuentran muros, controles y rutas cada vez más peligrosas.
La capacidad de comprar protección. Durante dos siglos, las economías más poderosas trasladaron buena parte de los costos ambientales de su desarrollo hacia otros territorios. En las próximas décadas podrían intentar hacer lo mismo con su vulnerabilidad.
Pueden diversificar proveedores, acumular reservas de alimentos, construir infraestructura hídrica, subsidiar energía, relocalizar industrias estratégicas y fortificar fronteras. También pueden desplazar hacia otros países las actividades que consumen más agua, energía o territorio.
La escasez no desaparece: cambia de lugar.
Esta puede convertirse en una de las grandes desigualdades del siglo XXI. Ya no se tratará solamente de quién tiene más riqueza, sino de quién posee la capacidad económica, tecnológica y política para protegerse frente a los límites del planeta.
La salud pública debe ampliar su mirada hacia determinantes geopolíticos. La salud pública aprendió hace tiempo que sus mayores logros no ocurrieron solamente en hospitales y consultorios. El agua potable, el alcantarillado, la alimentación, la vivienda y las condiciones de trabajo hicieron tanto por la esperanza de vida como muchas intervenciones médicas. Hoy necesita volver a ampliar su mirada. A los determinantes sociales de la salud debe agregar sus determinantes geopolíticos.
Un sistema sanitario preparado para este siglo no puede limitarse a calcular cuántos hospitales, médicos y medicamentos necesitará. También debe preguntarse de dónde vendrá el agua que usan esos hospitales, si sus cadenas de suministro resistirán una crisis y cómo seguirán funcionando durante olas de calor, inundaciones o sequías. Si puede registrarse una invasión de pacientes provenientes de otros territorios.
Debe anticipar qué enfermedades aparecerán en territorios donde antes no existían, cómo garantizar energía y alimentos y qué respuesta ofrecer a las poblaciones obligadas a desplazarse.
No se trata de remplazar la agenda sanitaria por una agenda ambiental. Se trata de reconocer una realidad básica. Sin ciertas condiciones planetarias, producir salud es materialmente imposible.
Durante mucho tiempo imaginamos el desarrollo como una carrera para vencer todos los límites. El desafío de nuestra generación es aprender a vivir dentro de ellos sin permitir que los más pobres paguen el precio.
Malthus creyó que la naturaleza impondría sus límites a la humanidad. Dos siglos después sabemos que entre esos límites y sus consecuencias están los mercados, las instituciones, los estados y las decisiones políticas. Por eso esta crisis es, al mismo tiempo, planetaria y profundamente política.
El planeta pone los límites. El poder decide quién paga por ellos.
1. Director general del IMSS-Bienestar. México. Ciudad de México
2. Asesor del Fondo de Población de Naciones Unidas. Kenia. Nairobi

