miércoles, 26 de agosto de 2026

Vientos del Este.

Aunque la historia no se repite, los vientos del Este que soplaron sobre México entre 1949 y 1963, y que tanto entusiasmaron a una parte de la intelectualidad y a los artistas de izquierda, alimentan ahora la brisa oriental que recorre los cielos del país. Foto La Jornada Foto autor
Luis Hernández Navarro
25 de agosto de 2026 00:02
Los mexicanos tienen una opinión más favorable de China que de Estados Unidos. Según un sondeo realizado recientemente por el Centro de Investigación Pew (ver en https://bit. ly/4gOXn1v), en nuestro país, 59 por ciento de los encuestados simpatizan con el Coloso asiático, mientras sólo 40 por ciento ven con buenos ojos a Washington.
Curiosamente, algo similar sucede con los canadienses. El 44 por ciento de los ciudadanos de la hoja de maple tienen una percepción positiva de Pekín frente al 33 por ciento de aceptación de la que disfrutan sus vecinos estadunidenses.
México y Canadá no son una excepción. Los niveles de aprobación alcanzados por China en América Latina son históricos, similares a los existentes en África subsahariana. En el hemisferio, la nación con los niveles de opinión más altos sobre el gigante oriental es Colombia, con 63 por ciento de opinión favorable. Le sigue Perú, con 61 por ciento; México, con 59 por ciento; Argentina alcanza 50 por ciento. Chile, 49 por ciento, y Brasil, 46 por ciento de simpatías.
En nuestro caso, esa empatía tiene importantes antecedentes. La construcción de vínculos de China Popular con México tuvo como “pista de aterrizaje”, en el marco de la lucha del Consejo Mundial de la Paz (CMP), a las diversas corrientes de izquierda que actuaban en el país en la década de los 50 y comienzos de los 60: lombardistas, comunistas, cardenistas y nacionalistas revolucionarios.
El papel que Lombardo Toledano desempeñó en ese acercamiento fue fundamental. No sólo fue el primer mexicano en visitar aquella nación, inmediatamente después del triunfo de la revolución, y en escribir sus impresiones en el libro Diario de un viaje a la China nueva y en Victoria de la Revolución China (1950). También se volvió, hasta la ruptura entre Moscú y Pekín, uno de los principales divulgadores. Más aún, se autonombró el mensajero de los logros de la revolución.
“En 1935, popularicé la Unión Soviética entre las grandes masas de mi pueblo, pues sólo una minoría de América Latina conocía la Nueva China en aquel entonces. Ahora será un privilegio para mí contárselo al pueblo mexicano y a otros pueblos”, escribió.
En una conferencia que el teziuteco dio en 1954, titulada “La Reforma Agraria en China y en México, semejanzas y diferencias”, señala que para que México progrese genuinamente debe seguir el ejemplo de la nación asiática y combinar la reforma agraria con la revolución industrial, como parte de un programa para construir el socialismo.
En el libro Elevación del espíritu humano, basado en su experiencia en tierras orientales, sostiene conversaciones imaginarias entre él y diversos personajes chinos, en las que describe los cambios profundos vividos en ese país. Lombardo encuentra en esas transformaciones una indudable mejoría y fortalecimiento de la dignidad humana.
Finalmente, el romance terminó abruptamente. En 1963 publicó su libro ¿Moscú o Pekín?, en el que tomó partido por la Unión Soviética.
La revolución china entusiasmó a la intelectualidad y los artistas progresistas del país. Como parte de una iniciativa de diplomacia popular, bailarinas, pintores, poetas, grabadores, médicos, periodistas, filósofos, astrónomos, dirigentes obreros, campesinos y de mujeres, (y más adelante jesuitas como Felipe Pardinas) viajaron a Oriente y conocieron de cerca la construcción del socialismo en aquellas tierras.
Paula Gómez Alonzo, Eli de Gortari, Xavier Guerrero, Esther Chapa, Enrique González Rojo, David Alfaro Siqueiros, Fernando Benítez, Gladiola Orozco, Ismael Cosío Villegas, José Luis Ceceña, Ricardo e Isabel Pozas, Heriberto Jara entre otros muchos más, vivieron esa experiencia y lucharon porque México estableciera relaciones diplomáticas con China, y se incorporara a la ONU.
Guillermo Haro fue fundador del Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica en Tonazintla, Puebla y el único latinoamericano en recibir la Medalla Lomonósov de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética. En octubre de 1959, encabezó una delegación mexicana que visitó al dragón asiático y se entrevistó con Mao Tse-tung. “Podría quedarme aquí para siempre”, dijo el científico.
Al regresar –recuerda Elena Poniatowska– el descubridor de un gran número de estrellas variables T-Tauri, le escribió al embajador de la República Popular en Berna, Suiza: “En China pasé los días más fructíferos y bellos de mi vida y pude ver el esfuerzo gigantesco que hace el gobierno y la gente de China”. Según la autora de El Universo o nada. Biografía del estrellero Guillermo Haro, su marido “siente gran simpatía por lo que ha logrado Mao y cuando alguien habla del peligro chino, advierte que ojalá y nosotros también hiciéramos peligrar el mundo con nuestro progreso”.
Escribe Poniatowska: “La emoción por el fenómeno chino no es sólo suya, la comparten mexicanos, franceses, ingleses, el mundo entero. La grandeza de China, su superioridad numérica, el triunfo colectivo chino, la fuerza de los campesinos que convierten su tierra en un inmenso arrozal, la mística de su gobierno hace que en Francia se hable del fenómeno chino, pero también del peligro chino”.
Momento clave en este acercamiento binacional fue la visita del ex presidente Lázaro Cárdenas por invitación directa de Mao Tse-tung. Cárdenas encontró que los éxitos de China roja, especialmente los relacionados a la reforma agraria, eran deslumbrantes.
En su libro Paisanos chinos. Política transpacífica entre inmigrantes chinos en México, Fredy González cita una conversación entre el presidente Adolfo López Mateos y Milton Eisenhower, en la que López Mateos le confiesa: “esos izquierdistas mexicanos que visitan la Unión Soviética y China, cuando vuelven a México, muchos se muestran decepcionados de la Unión Soviética, pero muy entusiastas respecto a China comunista”.
Aunque la historia no se repite, los vientos del Este que soplaron sobre México entre 1949 y 1963, y que tanto entusiasmaron a una parte de la intelectualidad y a los artistas de izquierda, alimentan ahora la brisa oriental que recorre los cielos del país.
X: @lhan55

“El blues da voz a un pueblo, a su dolor, a su esperanza y resiliencia”: Morgan Freeman
El legendario actor con el grupo Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience. 
Foto tomadas de Facebook   Foto autor
Ap
26 de agosto de 2026 08:34
“No había ningún lugar donde pudiéramos garantizar que se pudiera escucharlo”, declaró a Ap. “Así que tuvimos que establecer eso”.
Freeman y sus socios, el entonces alcalde Bill Luckett y Howard Stovall, se inspiraron para abrir un local de blues en Clarksdale llamado Ground Zero Blues Club. Más recientemente, crearon Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience, un grupo itinerante de músicos de blues que fusiona este género sureño con composiciones clásicas y sinfónicas. El viernes lanzarán un álbum con el mismo nombre.
El legendario actor participa como productor y narrador en este lanzamiento, no como intérprete. Esa tarea recae en los profesionales: artistas de la talla de Taj Mahal, Keb’ Mo’, Shemekia Copeland, Tiernii Jackson, el Coro de la Academia de Música Stax, la Orquesta Chineke! de Londres y muchos más.
“Me gusta el blues. Me gusta la música. No puedo decir que sea un experto. No me corresponde”, dice Freeman. “Soy un entusiasta, pero eso es necesario”.
Antes del álbum, las giras Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience surgieron de una idea sencilla: ¿Cómo podría Freeman llevar esta música al mundo?
“El blues es una importante historia estadunidense nacida en el delta del Misisipi a raíz de las dificultades, pero que obviamente resuena en personas y culturas de todo el mundo, tanto por su buen sonido como por el mensaje que transmite”, dijo Eric Meier, socio de Freeman y coproductor del proyecto, quien se unió al club de blues en 2018. “Concebimos este concepto para llevar esta música a nuevas geografías y a nuevas audiencias”.
Convertir la actuación en directo en un álbum implicó reducir un espectáculo de casi dos horas a 45 minutos repartidos en 12 temas, manteniendo la esencia del formato. Incluye videos cortos y una narración cinematográfica a cargo de Freeman, grabada en el club de Clarksdale.
“Ofrecemos una historia musical, un recorrido de 100 años desde la década de 1930 hasta la actualidad, es decir, la evolución de la música blues”, dice Meier.
La peculiar voz de Freeman abre el disco, describiendo el género con una auténtica poesía, todo ello sobre una conmovedora interpretación del clásico gospel blues de Blind Willie Johnson de 1927, Dark Was the Night, Cold Was the Ground.
“Esta es la música que dio voz a un pueblo, a su dolor, a su esperanza y a su resiliencia”, recita Freeman. “La música no es sólo melodía, ¿sabes? Es memoria, es historia envuelta en un lazo, los ecos de vidas vividas y perdidas, desamor y esperanza entrelazados. Y en ningún otro género es esto más cierto que en el blues”.
La última canción de Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience presenta al sobrino nieto del cantautor Muddy Waters, Keith Johnson, interpretando I Lied to You de Raphael Saadiq y Ludwig Göransson, de la película ganadora del Oscar de 2025, Sinners. Con esto, pone fin a la historia centenaria del blues, pero también sirve como recordatorio de la capacidad de la película para introducir el género en el debate público.
Eso es algo que Freeman también espera lograr. Quiere asegurarse de que el blues no caiga en el olvido.
“Es una responsabilidad que hemos asumido. Y la esperanza es que, como todo lo que se populariza, eche raíces. Saben, el blues es la música de Estados Unidos”, dice. “Así que es nuestra obligación cuidarlo, nutrirlo, mantenerlo vivo, que siga adelante”.
Meier añade que su proyecto discográfico es anterior a Sinners –señala que el director Ryan Coogler le comentó que el local de blues de la película estaba parcialmente inspirado en el Ground Zero Blues Club; al fin y al cabo, la película está ambientada en Clarksdale–, pero ha sido “una maravillosa coincidencia” que ambas obras tengan el poder de acercar el blues a las masas.
Y quizás algún día, Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience reciba el mismo tipo de elogios de la crítica que Sinners. El álbum es candidato a los premios Grammy de 2027.