Helicóptero ruso sobrevuela la base aérea de Jmeimim, ubicada al sureste de la ciudad de Latakia, en Siria. Foto Ap Foto autor
Europa Press
09 de agosto de 2026 11:28
Madrid. El Ministerio de Exteriores sirio anunció este domingo la firma de un memorando de entendimiento con Rusia sobre el estatus de las dos grandes bases rusas en la costa oeste del país, en Jmeimim y Tartus, tras un año y medio de negociaciones sobre el futuro de las que son consideradas como las dos grandes posiciones militares rusas en el Mediterráneo y Medio Oriente.
Con este acuerdo, Rusia refuerza su relación con las actuales autoridades sirias lideradas por el ex líder yihadista Ahmed al Shara, cabecilla de la ofensiva que acabó expulsando del poder al presidente sirio Bashar al Assad, estrecho aliado del Kremlin hasta el punto de que se encuentra ahora mismo exiliado en Moscú.
De momento, el gobierno sirio habla de una "reorganización" por la cual el Estado sirio asumirá "la gestión de las instalaciones civiles" de ambas bases, principalmente el aeropuerto de Jmeimim y el cuarto muelle comercial del puerto de Tartus.
En lo que respecta a las bases e instalaciones militares, las partes siria y rusa acordaron, según el memorándum, "redefinir su función", transformándolas de bases militares en centros conjuntos de entrenamiento y rehabilitación, dentro de nuevos acuerdos que preserven los intereses mutuos", según informa la agencia oficial de noticias siria Sana.
Se espera que todo este proceso dure aproximadamente unos tres meses desde la firma del memorándum, un texto que modifica el último tratado de arrendamiento firmado en 2017 entre Rusia y Al Assad, que otorgaba a Moscú durante los siguientes 49 años plenos poderes sobre sobre estas instalaciones.
De momento, el jefe de la Autoridad de Aviación Civil y Transporte Aéreo de Siria, Omar al Hosary, ha anunciado en redes sociales que el gobierno ya ha tomado el control del Aeropuerto Internacional de Latakia, muy cerca de Jmeneim, y había comenzado las evaluaciones técnicas y operativas de sus instalaciones y sistemas antes de preparar un plan de rehabilitación y restablecer la operatividad del aeropuerto.
Un buque cruza el estrecho de Ormuz. Foto Ap /Archivo Foto autor
Reuters
09 de agosto de 2026 11:33
Dubái.- Irán afirmó este domingo que el acuerdo con Omán para definir nuevas rutas marítimas en el estrecho de Ormuz se encontraba en sus fases finales, pero reiteró que la vía navegable solo se reabriría una vez que Estados Unidos cumpla otras condiciones.
Un funcionario estadunidense declaró el viernes a Reuters que el acuerdo entre Irán y Omán estaba a punto de cerrarse y que pronto podría reabrirse la vía marítima, por la que circulaba una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas natural licuado antes de que Irán la bloqueara en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, afirmó que el acuerdo sobre el estrecho, situado entre ambos países, se encontraba en las "fases finales", pero reiteró los comentarios realizados el sábado de que no se reabriría a menos que se cumplieran otras condiciones.
El acuerdo establecería las nuevas rutas marítimas que se utilizarían una vez que Estados Unidos cumpla esas condiciones y se reabriera el estrecho, según le citó la agencia de noticias iraní Mehr.
Irán y Estados Unidos no mantienen conversaciones y Teherán no las iniciará mientras Washington incumpla el acuerdo provisional firmado en junio, afirmó Araqchi, añadiendo que se están intercambiando mensajes a través de intermediarios.
American curios
David Brooks
▲ El gobierno trumpista es enemigo de la obra de Zinn, que ha acumulado millones de ejemplares vendidos desde hace 45 años.Foto tomada de www. howardzinn.org
Una nueva biografía de Howard Zinn, titulada The People’s Historian, de Dave Zirin, de la revista The Nation, ha resucitado una vez más las controversias, aun entre progresistas, sobre cómo se escribe la historia y la historia extraordinaria de un historiador. Zinn tal vez fue el historiador estadunidense más popular de todos los tiempos con su obra maestra La otra historia de Estados Unidos (A People’s History of the United States), texto que marco récord de ventas cada año (unos 4 millones desde su publicación en 1980), además de otros libros de ensayos sobre historia y su relación con coyunturas contemporáneas.
Es tal vez el único texto de historia mencionado en una película de Hollywood: en Good Will Hunting, cuando el personaje de Matt Damon (quien creció siendo vecino y amigo de Zinn) le dice al personaje de Robin Williams que ese libro es “una chingonería” y lectura obligada; también es mencionado en la famosa serie Los Soprano. Zinn y ese libro han sido atacados por Trump y otros políticos que acusan que forma parte de la “adoctrinamiento izquierdista” de estudiantes estadunidenses. El autor fue visitado por la FBI cuando era joven, arrestado varias veces en actos de desobediencia civil. Zinn era, y es, peligroso.
Zinn, quien falleció en 2010 a los 87 años, se dedicó a narrar la historia desde abajo y educó a generaciones sobre la historia de rebeliones y resistencia que forman parte integral de lo que es Estados Unidos. Por ello, su obra es esencial para todos, dentro y fuera de este país, que quieren o deben descubrir Estados Unidos. Zinn fue colaborador de La Jornada justo por esa razón, para ofrecer una ventana necesaria al coloso. Fue autor de varios libros, ensayos, discursos y hasta dramaturgo ( Marx en Soho y Emma, sobre Emma Goldman), así como profesor de historia en la Universidad de Boston.
Pero, como narra la nueva biografía, Zinn no sólo contaba la historia de este país, participaba en ella. Nació de padres inmigrantes pobres en Nueva York, fue sindicalista, veterano militar de la Segunda Guerra Mundial y por esa experiencia feroz, pacifista desde entonces, participó en el movimiento de derechos civiles –fue profesor en Spelman College para afroestadunidenses en Atlanta, donde entre sus alumnos estaba la escritora Alice Walker (El color púrpura) y fue expulsado por invitar a sus estudiantes a sumarse a ese movimiento–, activista contra la guerra en Vietnam, como después contra intervenciones de su país en otras naciones. Amigo de Daniel Ellsberg, quien escondió en su casa parte de lo que serían los Papeles del Pentágono, como también amigo del cura católico radical Daniel Berrigan.
Una anécdota emblemática de su vida fue cuando viajó a Baltimore en 1970 para participar en un debate sobre “el problema de la desobediencia civil”, y ahí su gran discurso empezó: “nuestro problema no es la desobediencia civil… nuestro problema es la obediencia civil. Nuestro problema es el número de personas a través del mundo que han obedecido los dictados de los líderes de sus gobiernos y han ido a la guerra, y millones han muerto por esa obediencia… Nuestro problema es que la gente es obediente por todo el mundo frente a la pobreza y la hambruna y la estupidez y la guerra y la crueldad… Ese es nuestro problema”. Al regresar a su universidad para dar su clase matutina al día siguiente, lo esperaban dos policías para arrestarlo por no haberse presentado a su cita ante un juez. A eso se llama praxis.
En sus últimos años realizó lecturas de textos históricos con actores, poetas y músicos –desde Damon hasta Danny Glover, Marisa Tomei, Tim Robbins y Bruce Springsteen como obra dramática que dio la vuelta al país y que aún continúa (https://www.peopleshistory.us/watch y https://www.youtube.com/watch?v=dY2Nirz9c_A, además de un tributo de estos participantes https://www.youtube.com/watch?v=vgoWZWRAL8w).
“Para mantener vivo el espíritu de resistencia a la injusticia y guerra, para protegerse de la enajenación y la desolación, sólo es necesario recordar los héroes olvidados del pasado y buscar al nuestro alrededor a los héroes desapercibidos del presente”, escribió en un ensayo para jóvenes.
Steve Earle. This land is your land. https://www.peopleshistory.us/watch
Trump analiza retirarse sin impacto nuclear e Irán endurece postura: prensa
▲ Petroleros se hallan varados cerca del puerto de Charak, en la costa sur de Irán, ante el cierre del estrecho de Ormuz, que va para medio año sólo con algunas breves reaperturas.Foto Afp
The Independent, Afp, Reuters, Europa Press y Xinhua
Periódico La Jornada Lunes 10 de agosto de 2026, p. 22
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, adopta una postura de esperar y ver respecto a Irán, ya que las negociaciones para reabrir el estrecho de Ormuz y poner fin definitivamente a la guerra parecen haberse estancado una vez más tras los informes que indican que estaría considerando retirarse del conflicto sin lograr un acuerdo nuclear, informaron ayer Axios y The Wall Street Journal.
“Lo estamos manejando con discreción”, sostuvo Trump a Axios, al afirmar que la estrategia estadunidense eventualmente “dará resultado. Sólo estamos negociando parcialmente con ellos”, añadió. “Simplemente observamos a Irán, con su enorme inflación y el hecho de que no tienen dinero”.
El aparente enfriamiento por parte de Estados Unidos se produce a pesar de la insistencia reiterada del presidente en que un acuerdo está cerca y de que Irán está desesperado por encontrar una salida.
En privado, según The Wall Street Journal, Trump habría barajado la posibilidad de declarar la victoria incluso sin un acuerdo sobre su principal objetivo de desmantelar el programa nuclear de Irán, siempre y cuando se reabra el estrecho de Ormuz, que estaba libre y sin costos a la navegación antes de la guerra, iniciada el 28 de febrero.
Mientras, el canciller iraní Abbas Araghchi declaró que Teherán no reanudará negociaciones hasta que Washington cese las violaciones al memorando de entendimiento y subrayó que sólo intercambia mensajes a través de mediadores.
Los Guardianes de la Revolución aseveraron que mantendrán cerrado el estrecho hasta que “el enemigo acepte todas sus condiciones”, declaró su portavoz, Hossein Mohebi. “El estrecho es ahora para nosotros un verdadero escenario de guerra y no simplemente una vía marítima”, agregó.
El vicepresidente JD Vance aseguró que la “misma cantidad de petróleo” volverá a pasar por el estrecho de Ormuz, y describió el acuerdo como algo que no está ni cerca ni lejos. “Estamos en pleno partido”, declaró Vance a Fox News.
Cuanto más tiempo pasa, mayor es la presión a la que se enfrenta Trump para poner fin al conflicto de casi seis meses, que prometió una rápida victoria. “Los iraníes creen firmemente que Trump quiere retirarse y que está centrado en abrir el estrecho, por eso adoptan una postura inflexible”, declaró Gergory Brew, experto en Irán del Eurasia Group a The Wall Sreet Journal.
El prolongado conflicto ha agotado las reservas estadunidenses de armas clave, lo que ha llevado al Pentágono a recurrir a contratistas para aumentar la producción. El Pentágono pidió a la industria de defensa estadunidense que aumente rápidamente la producción y entrega de armas, incluidas las municiones, que escasean enormemente debido a la guerra con Irán, según un memorando del Pentágono obtenido por The Washington Post.
En tanto, trascendió que el líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, se reunió a finales de julio con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, para examinar la situación militar, las perspectivas de futuro, el uso de la energía y las relaciones económicas con socios extranjeros, a la par de que Jamenei nombró a Mohsen Rezaei su representante ante el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el máximo cargo de seguridad del país, donde será el representante de Jamenei.
Trump, en su laberinto pérsico
Pese a que resulta impúdicamente favorable a Tel Aviv, el más reciente plan de Donald Trump para Gaza fue rechazado ayer por el primer ministro israelí, el prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu, quien manifestó que el ejército del régimen que encabeza “no llevará a cabo ninguna retirada hasta que Hamas se haya desarmado” y haya renunciado a “armamento pesado, armamento ligero, todo tipo de armamento (…) Un desarme auténtico, no un desarme ficticio”. En contraste, la propuesta del presidente estadunidense estipula que la retirada de las fuerzas de Tel Aviv y el desarme de la organización palestina deben ser procesos simultáneos.
Éste, que es el más reciente desencuentro entre el gobernante sionista y el que ha sido su más estrecho aliado, hace pertinentes algunas reflexiones. Por principio de cuentas, el hecho de que el desarme de Hamas siga siendo el pretexto favorito de Netanyahu y los suyos obliga a preguntarse cómo es que, tras más de tres años de genocidio sistemático, de asesinar a unas 80 mil personas, de bombardear y destruir la gran mayoría de los edificios gubernamentales, las viviendas, los hospitales, los campos agrícolas y las escuelas de Gaza, de someter a su población a bloqueos criminales y de privarla de alimentos, medicinas, energía eléctrica y agua, tras remover a los habitantes de un sitio a otro en busca de refugio y de ocupar la mayor parte del enclave, el aparato militar israelí no haya logrado neutralizar a un grupo fundamentalista cuyos integrantes se calculaban en total unos 30 mil en octubre de 2023 y que su máximo comandante siga sosteniendo que Hamas posee armamento pesado.
Sea cierta o no tal aseveración, lo dicho por Netanyahu desnuda el verdadero designio tras la masiva y permanente agresión que Tel Aviv ha perpetrado durante casi tres años, con o sin “ceses del fuego”: no se trata de acabar con Hamas, sino de eliminar a los palestinos de Gaza en general, asesinando a una buena parte de ellos, hacer imposible la vida a los sobrevivientes y empujarlos a que abandonen el enclave.
Por otra parte, el rechazo de Netanyahu a la iniciativa trumpista no sólo tiene implicaciones para Israel y Palestina, sino también para las accidentadas negociaciones entre Washington y Teherán. Porque para poner fin al infierno regional que él mismo desató, Trump necesita que el régimen israelí contenga su expansionismo depredador en Gaza y en Líbano, y sabe que la República Islámica no va a acceder a un acuerdo de paz que no estipule al menos lo segundo. Asimismo, el habitante de la Casa Blanca sabe que, de prolongarse las hostilidades, ello se traduciría en nuevos desastres estratégicos para Washington en la región.
De hecho, la cadena de acontecimientos en Medio Oriente y el golfo Pérsico de 2023 a la fecha ha dejado a Estados Unidos y al propio Israel en una situación sumamente precaria, pues las existencias de armamento antibalístico del que ambos disponen –compartido, en muchos casos– se encuentran peligrosamente bajas y, de acuerdo con diversos analistas internacionales, las bases militares de Washington en la Península Arábiga han sufrido daños significativos.
Por otra parte, una consecuencia imprevista de las guerras de agresión de Trump y de Netanyahu ha sido el establecimiento del Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca entre Pakistán, Arabia Saudita y Turquía, firmado el pasado viernes. Se trata nada menos que de un pacto militar entre tres potencias de población mayoritariamente musulmana, una de ellas poseedora de un arsenal nuclear y la otra, integrante de la OTAN. Por más que Riad y Ankara –y, en menor medida, Islamabad– hayan tejido estrechos lazos con Occidente, el acuerdo mencionado conlleva un reordenamiento radical en la región, en un debilitamiento de la presencia estadunidense y en la concreción de la mayor paranoia histórica del régimen sionista: armas atómicas en manos de un país islámico.
En ese escenario de desastre y de daños autoinfligidos, los gobernantes de Estados Unidos e Israel habrán de enfrentar, en menos de tres meses, elecciones decisivas en sus respectivos países.

