La cancelación de la visa estadunidense y la carta respuesta de Andrés López Beltrán trasparentó, en bruto, el uso de este instrumento como efectivo medio de presión.
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Luis Linares Zapata
19 de agosto de 2026 00:02
La cancelación de la visa estadunidense y la carta respuesta de Andrés López Beltrán trasparentó, en bruto, el uso de este instrumento como efectivo medio de presión. Evidenció también la poca eficacia y preparación del gobierno para neutralizar sus dañinos efectos en la política interna del país. Una simple visa no hubiera tenido consecuencias fuera del ámbito estrictamente personal. Se han suspendido, para mexicanos, más de 170 mil de esas atropelladas tarjetas. Sólo una corta cantidad de ellas, han recibido un tratamiento tan apasionado, tronante a veces, y ejemplar como suceso político.
El contenido de dicha misiva, su redacción atropellada, y el destinatario, no dejó de sorprender y esparcir sus indeseables consecuencias por innumerables ámbitos. Los múltiples ecos de su resonancia deben ser, cuidadosamente, sopesados desde el poder y la sociedad. Ahí se implican, en verdad, acciones entreguistas y desfogue de corajes, fobias exacerbadas de varios talantes y rencores ya inoculados hasta lo profundo. Los comentarios mediáticos no sólo han sido abrumadores, fuera de foco, torpes o escasos en generosidad, sino viscerales, cortos de vista, algunos de consigna o partidistas a ultranza.
Ahora se tiene que aprehender los motivos de tales visas por su activo uso como instrumento de poder y dominación, tanto localmente como de alcance continental. Donald Trump ha logrado, con pocos instrumentos, recuperar, para sus muy particulares intereses alargar su pretendida figura global. Pero lo sustantivo de su accionar también incide y alienta la desatada competencia con China.
Esta potencia emergente, pero ya consolidada, había ganado terreno en esta particular parte del mundo. Ya fuera por su enorme capacidad de compra, de inversiones, masivo comercio, de visión futura, trato suave y respetuoso. Estrategia que duró un cuarto de siglo sin obstáculos. El abandono estadunidense ha sido corregido por el actual gobierno, ambicioso y temperamental. Para lo cual ha penetrado en amplísimas zonas de Latinoamérica mediante el uso de aranceles discrecionales, las usables visas como medios de presión continuos y el despliegue de activa propaganda amenazante e intervencionista.
No se soslaya que la presencia del poderoso ejército de ese país funcione como amplia sombrilla, de fuerza y temible respaldo. Su amplio despliegue bien se ha experimentado, y no sólo por su contoneo por las cercanías. También invade y captura opositores de rango. (Venezuela) Es, en efecto, una palanca poderosamente disuasiva. Estos sintetizados medios, llamados de diplomacia armada, son recursos que han sido usados con profusa precisión.
Suficientes palancas para dotar a los norteamericanos de lo indispensable para rescatar lo perdido ante el progresismo tardío, sacar a China del vecindario, quitarle lo ganado y obtener amplia aceptación como centro de gravedad para un creciente número de actores. En esa órbita han caído más de una docena de importantes países con sus subrogados líderes por delante. Personajes dispuestos a ceder la poca dignidad y soberanía de sus naciones.
Pero algo parece escaparse de este despliegue de ambiciones imperiales. Dos grandes países que reclaman su inalienable presencia y soberanía: Brasil y México. El primero se ha defendido utilizando sus recursos, que son vastos, y la calidad y respeto de su activo liderazgo. La campaña electoral brasileña para la renovación de su presidencia, actualmente en poder del Partido del Trabajo cuyo titular, Lula da Silva, compite por cuarta vez.
La competencia es cerrada y se requerirá toda la ayuda posible para no permitir el triunfo de esa derecha sin dignidad y pericia alguna. Razones varias y de peso para catalogar a este hijo de Bolsonaro como un indeseable o prescindible dirigente. La calidez y los resultados, de humano talante, de Lula, lo describen como lo que es, un líder político de prestigio y alcance mundial.
Para el sitio que hoy ocupan México y su gobierno, se espera continúen trabajando, con promisorio empeño, para consolidar el bienestar prometido. Este uso de las visas como instrumentos de presión debe situarse en su alcance real. Trump y sus plutócratas las seguirán usando para presionar al gobierno, su partido y demás liderazgos. Las juzgan necesarias para el alineamiento buscado en pos de sus pretensiones y visión políticas.
De lo que se trata, ahora y después, es debilitar a Morena para que no pueda reproducirse, como se desea, en 2030. Saben que, en lo inmediato, la oposición conservadora y entreguista, del talante mostrado ante Trump, no es, hoy, asequible. Lo importante entonces será mermar la capacidad de selección y preparación de opciones progresistas de izquierda. Disminuir el abanico de figuras aptas para la continuidad de ambiciosas metas. La soberanía que se ha venido buscando, en cada tentativa de acción política, programa o emprendimiento, no es del agrado trumpista y luchará por aplacarla.
México SA
Gobierno estadunidense = plutocracia // Corporativos deciden el rumbo // Ricos cada cuatrienio más ricos
Carlos Fernández-Vega
▲ La incorporación de una cifra récord de multimillonarios en puestos de primer nivel en el gobierno del republicano Donald Trump no es sino la continuación de una tendencia que se remonta a los inicios de aquella nación.Foto Afp
Desde la declaración de Independencia (4 de julio de 1776) y el nacimiento de Estados Unidos, los “padres fundadores” (esclavistas y terratenientes) decidieron que la forma de gobernar sería plutocrática y se institucionalizó. Así, la “autoridad” se ha desempeñado como una “gran gerencia” facilitadora de pingües negocios para el selecto grupo del gran capital (dentro de su propio territorio, en primera instancia, y en el mundo entero, producto de su larga historia expansionista e intervencionista, poco después), cuyos representantes originalmente operaron tras bambalinas para ordenar el rumbo a sus políticos, hasta que de plano se descararon.
Lo anterior viene a colación porque en su edición de ayer La Jornada publicó la siguiente información: “La cantidad de personas con un patrimonio de al menos 100 millones de dólares que Donald Trump ha nombrado para formar parte de su administración es más de cuatro veces el total combinado de los tres presidentes anteriores, según un informe del grupo defensor de los consumidores Public Citizen. En total, 57 colaboradores en cargos de alto nivel en el Poder Ejecutivo. Basta con mirar el gabinete de Trump: ocho de sus 23 integrantes encajan en esa categoría, en particular el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y la titular de Educación, Linda McMahon, magnate de la lucha libre profesional estadunidense. Su riqueza, quizá sólo superada por su lealtad, ha sido un atributo apreciado por Trump durante su segunda presidencia”.
Algo más: “Trump, también multimillonario, ha descrito su inclinación a nombrar a ultrarricos como deferencia al éxito financiero. Sin embargo, Trump, quien debe su regreso a la Casa Blanca al apoyo de estadunidenses de ingresos medios y trabajadores atraídos por su promesa de bajar el costo de la vida, enfrenta a un electorado mucho menos entusiasmado con su manejo de la economía de cara a las elecciones de noviembre. Desde hace tiempo los presidentes han buscado el consejo de las personas más ricas del país y han recurrido a algunas de ellas para ocupar puestos administrativos de alto perfil. Del mismo modo, los presidentes suelen recompensar a partidarios ricos e influyentes con embajadas. Entre los ejemplos más notorios están los de Andrew Mellon, el magnate del aluminio, el petróleo y la banca que estuvo entre el puñado de personas más ricas del país en la década de 1920 y fue secretario del Tesoro con tres presidentes”.
Pero el proceder de Trump no es la excepción, sino la regla. A lo largo de la historia de Estados Unidos, sus gobiernos han mantenido esa dinámica, siempre con un discurso que asegura “defender al pueblo estadunidense”, cuando en los hechos lo único que hace es proteger e incentivar los intereses del gran capital, cuyos representantes siempre han estado presentes de una u otra forma en los distintos gabinetes presidenciales (de George Washington al actual inquilino de la Casa Blanca).
Por ejemplo, en las dos administraciones de George W. Bush (él mismo magnate petrolero y ex gobernador de Texas), se incorporaron a su gabinete no menos de 13 cabezas y/ o representantes de igual número de grandes corporativos estadunidenses, con el tenebroso vicepresidente Dick Cheney a la cabeza (ejecutivo en jefe de Halliburton, quien fue secretario de la Defensa con Bush padre), Colin Powell (secretario de Estado e integrante de la junta directiva de America On Line), Paul O’Neill (secretario del Tesoro y ejecutivo en jefe de Alcoa Aluminium Inc), Donald Rumsfeld (secretario de Defensa) y Condoleezza Rice (asesora de Seguridad Nacional), ambos integrantes de la junta directiva de la petrolera Chevron ( La Jornada, David Brooks y Jim Cason).
Otros corporativos con derecho de picaporte en la Casa Blanca han sido Bank of America (que colocó a su ex vicepresidenta Elaine Chao como secretaria del Trabajo), Citibank, Monsanto (Ann Veneman, directora de una sus subsidiarias, fue secretaria de Agricultura), General Motors (Andrew Card , principal cabildero de esta trasnacional, fue el jefe de asesores de la Casa Blanca. Y como éstos, muchos corporativos más, en la descarada toma de decisiones en el gobierno gringo, sin olvidar a las poderosas empresas de la industria armamentista. Y con Trump (que hace grandes negocios privados con recursos públicos) esa tendencia sólo se ha profundizado.
Las rebanadas del pastel
Triste noticia: tras 66 años de nutrir con sus libros a la sociedad mexicana, Ediciones Era decidió cerrar sus puertas. ¿Quién no recuerda que entre sus primeras grandes lecturas de contenido político, social y literario estuvieron las publicadas por esta casa?
X: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
Detrás de la derecha, la CIA
Fernando Cerimedo, cofundador y socio de la plataforma de desinformación La Derecha Diario, fue arrestado ayer en Bolivia tras un atentado contra su ex pareja, Nadia Beller. Ésta lo acusa de intento de feminicidio por ahorcamiento durante su relación y asegura que Cerimedo envió a los sicarios que le dispararon tres veces a la salida de un hotel. Aunque la administración del presidente Rodrigo Paz se solidarizó con la víctima y exigió “una investigación seria y profunda”, ella considera al gobierno como “el principal interesado en callarla” por su conocimiento de hechos de corrupción relacionados con la esposa del mandatario.
Más allá de si Cerimedo resulta culpable o no de las agresiones que le imputa Beller, el escándalo sacó a la luz nuevos indicios de los verdaderos poderes que se encuentran detrás de las redes de manipulación de la opinión pública que aquél dirige junto al español Javier Negre. De acuerdo con Beller, Cerimedo decía “ser” de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) y recibía dinero “de la corrupción del gobierno de Paz”, de quien fue asesor personal hasta esta semana. En julio, el entonces ministro de la Presidencia boliviana, José Luis Lupo, sostuvo que a Cerimedo no le pagaba el Estado, sino que sus honorarios se cubrían con “recursos externos”. La mencionada ex novia también relató que “él decía facturar 800 mil dólares mensuales. Lo que yo sé es que en el departamento donde vivíamos había mucho dinero. Una vez atiné a sacarle fotos, pero sólo a uno de los cajones. No sé cuánto dinero había. Él además guardaba dinero en maletas”. Beller divulgó una de las fotos tras el atentado.
Ni Cerimedo ni Negre han ocultado su relación personal con los dirigentes de la ultraderecha para quienes trabajan o quieren trabajar, como Donald Trump, el argentino Javier Milei, Paz, el clan brasileño Bolsonaro o el español Santiago Abascal. Por el contrario, la cercanía con el poder forma parte central de su imagen, en la que la fuerza se fetichiza como atributo masculino y los débiles son caracterizados como perdedores que merecen su suerte. Tampoco es sorpresivo que reciban millones de sus patrocinadores a cambio de mentir y contaminar la conversación pública, pues la ostentación está integrada en esta idea de éxito tan cercana a la de la narcocultura. Sin embargo, la revelación –o confirmación, pues siempre fue objeto de suspicacias– de que responden directamente al espionaje estadunidense demuestra que los bulos creados por La Derecha Diario no surgen de una ignorancia de la realidad o de puntos de vista sesgados pero siempre válidos en el marco de la libertad de expresión, sino del designio deliberado de engañar, confundir, incitar al odio y someter a las sociedades en beneficio de Washington.
Para las ciudadanías de los países donde opera este pasquín digital u otros semejantes, el caso Cerimedo supone una advertencia para redoblar la vigilancia ante las noticias falsas, contrastar información y evitar la trampa de suplantar el intelecto por las emociones al tomar partido o participar en los asuntos públicos. De manera más general, es un recordatorio de los actores que pueden ocultarse en la fachada de medios de comunicación y despachos de consultoría política en sistemas electorales que han reemplazado la deliberación por el mercadeo y el ágora por redes sociales propiedad de multimillonarios.
