jueves, 13 de agosto de 2026

Fidel Castro, estratega militar que rehízo el mapa mundial.

Cien años del natalicio del comandante
▲ Fidel Castro (1926-2016) cortando caña de azúcar en un campo cubano, en octubre de 1962.Foto Afp
Delegados destacan en foro de solidaridad con Cuba: “su legado nos inspira a seguir luchando por la justicia” // Llaman a redoblar el apoyo a La Habana
Luis Hernández Navarro   Enviado
Periódico La Jornada   Jueves 13 de agosto de 2026, p. 20
La Habana. El Palacio de Convenciones parece un hormiguero. Cientos de delegados recorren sus pasillos y estancias, se toman fotos del recuerdo, beben apresuradamente café, conversan y, sobre todo, llenan las salas. Se reúnen alrededor de los 100 años del nacimiento de Fidel Castro. Revisan su papel como revolucionario y estadista, como impulsor de la diplomacia sanitaria y educador popular, como actor central de la lucha contra la descolonización e impulsor del deporte. Pero, hoy, en esta inmensidad de actividades, destaca el foro de solidaridad con Cuba, presidido por Miguel Díaz-Canel.
En el rosario de intervenciones, quienes toman la palabra coinciden en que la acción del comandante rehízo el mapa mundial. Sus audaces movimientos en el tablero de las relaciones internacionales modificaron las fronteras de África y del sudeste asiático.
Aunque nació en Nueva Zelanda, Miguel Lapsley es presidente honorario de la sociedad de amistad de Sudáfrica (adonde se trasladó a vivir en 1973) con la isla. Es pastor de la iglesia anglicana. Dirige el Institute for Healing of Memories. Militó en el Congreso Nacional Africano y fue expulsado de Sudáfrica en 1976. Una carta-bomba que le envió el régimen del apartheid le hizo perder sus dos manos y un ojo. En 10 ocasiones visitó al héroe cubano Gerardo Hernández en la cárcel donde estuvo prisionero en Estados Unidos.
El amor, dice el padre Lapsley, no es sólo un asunto de compartir emociones, sino de apoyo práctico. Y recuerda que, cuando acababa de sufrir el atentado terrorista que lo dejó manco y tuerto, la segunda persona en visitarlo al hospital fue el embajador de Cuba. Le ofreció tratamiento médico en la isla. “El legado de Fidel Castro –remarcó– es que nos inspira a seguir luchando por la justicia. ¡No al genocidio contra Cuba!”
En su turno, el vicepresidente de la asociación de amistad Vietnam-Cuba denunció que “el bloqueo que se aplica contra el noble pueblo de la isla es un genocidio en el siglo XXI”. Recordó, también, que el vínculo que une a las dos naciones hermanas trasciende generaciones. Así es.
En homenaje a la gesta de la guerra de liberación vietnamita, en la canción Madre, compuesta en 1972, Silvio Rodríguez dice: “Madre, en tu día / Madre Patria y madre revolución, / Madre, en tu día / tus muchachos barren minas en Haiphong”. Justo en esas fechas, Estados Unidos escaló con mayor beligerancia y crueldad sus ataques contra esa nación asiática. Sin mayores preámbulos, el 1° de mayo, Fidel Castro anunció en la Plaza de la Revolución el envío a Vietnam de tres equipos médicos. Entre bombardeos, los galenos isleños se dedicaron a salvar vidas y curar heridos.
Publicación de Vietnam como gesto de reciprocidad
Como un pequeño gran gesto de reciprocidad, Vietnam acaba de publicar en papel, junto a los cubanos, las Obras escogidas de Fidel Castro, que hoy se presentaron formalmente en el Coloquio. La Editorial Política Nacional de Vietnam La Verdad imprimió 3 mil ejemplares de las Obras escogidas de Fidel Castro Ruz. Vu Trong Lam fue el director y editor jefe.
Son 24 tomos espléndidamente elaborados, a la usanza de las clásicas obras escogidas que antiguos países socialistas editaron con los trabajos de Marx, Lenin, Mao Tse-Tung y tantos pensadores marxistas más. El tomo 23 consiste en parte de las cartas que el comandante intercambió con Hugo Chávez.
Alfonso Ramón Naranjo es periodista jubilado, vive en Las Tunas, en el Oriente cubano, y se dedica a estudiar la guerra de Independencia cubana y las misiones internacionalistas combativas en África, particularmente en Angola. La actual crisis, provocada por el nuevo apretón de tuercas del bloqueo, lo ha llevado a perder significativamente peso. El dinero no le alcanza a veces, pero asegura: “vamos a sobrevivir, vamos a seguir adelante. Ya lo hemos demostrado en varias ocasiones. Así lo hicimos en el periodo especial, que fue muy fuerte, aunque no a los niveles que hemos alcanzado actualmente”.
Alfonso presentó una ponencia sobre Fidel como estratega militar, durante la guerra de Angola. Según explica, el comandante tenía una capacidad enorme para predecir lo que iba a ocurrir. Revisando documentos militares desclasificados, encontró, por ejemplo, una advertencia a un mando cubano en África en la que le advertía que el enemigo iba a atacar en una hora precisa. Y, en efecto, a esa hora se produjo la ofensiva en su contra.
Naranjo estuvo en Angola en el periodo 1975-76. Regresó en el 77 y en el 88, con Cuito-Cuanavale. Primero fue como corresponsal de guerra, pero tuvo que trocar la pluma por las armas, para seguir a las tropas.
Cuando se dijo oficialmente que Cuba estaba colaborando con Angola, los trabajos periodísticos comenzaron a salir. Las demás veces fue como combatiente. Fue oficial.
En entrevista con La Jornada cuenta: “hay una anécdota sobre el mariscal Grechko, ministro de Defensa de la Unión Soviética. Fidel fue a un congreso del PCUS, y, en los ratos que tenía libres en la Casa de Protocolo, invitaba a personalidades para explicar el desarrollo de la guerra de Angola (que había comenzado en 1975, con la entrada de los sudafricanos, y terminó en 1990).
A Grechko le detalló cómo era la situación del terreno, los árboles, la tierra, las lluvias y los ríos. Grechko se le quedó mirando y le dijo: “Fidel, ¡qué mala es la inteligencia soviética! ¡Nunca supimos que había estado en Angola!”. Y el comandante en jefe le respondió: no, no he estado en Angola. Es un problema de enlace.
Cada día, Castro tenía la información de lo que iba a ocurrir. A partir de esos informes y las fotos, fue conociendo perfectamente Angola. Él mandaba órdenes: poner un tanque o una batería de artillería antiaérea en un punto. Predecía cuándo las tropas cubanas iban a ser atacadas. No era brujería, era su intuición. Era un estratega.
“En esa misión cayeron 2 mil cubanos. A veces un hombre se convertía en tres. Los cubanos tenemos el deseo de defender la soberanía del pueblo. El cubano, esté donde esté, tiene un gran sentido de pertenencia de su patria. Y, a Angola, la defendimos como si estuviéramos en Cuba. Todos fuimos completamente voluntarios. Nos llevamos solamente los huesos de nuestros muertos”, explica.
Entre las cosas que han quedado claramente establecidas en el coloquio está que, para Fidel Castro, la palabra dignidad tenía un sinónimo: Palestina. De muchas maneras y en diferentes momentos, los ponentes han mencionado el papel del comandante en la defensa de su causa y su visibilización.
Iraklis Tsavdaridis, secretario ejecutivo del Consejo Mundial por la Paz, no fue la excepción. Entre el legado del comandante Castro–dijo– se encuentra el apoyo a la lucha contra el genocidio contra el pueblo palestino.
En 1966 –se recordó en distintas mesas– cuando se creó la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina, Fidel promovió el reconocimiento de la lucha palestina como eslabón central en el combate contra el colonialismo. En 1973, Cuba rompió relaciones diplomáticas con Israel y reconoció a la Organización para la Liberación de Palestina como legítima representante del pueblo palestino. Anticipándose a lo que hemos vivido, seis años después enmarcó esa problemática como “la médula del problema del Medio Oriente”. En 1982, recibió en la Antilla a 500 niños palestinos para estudiar.
Desmiente canciller reportaje de The New York Times
En el marco del evento, el canciller Bruno Rodríguez desmintió en redes sociales un reportaje calumnioso de The New York Times. Advirtió que no “existe vínculo o participación alguna del gobierno cubano en operaciones de tráfico de personas en Centroamérica o México”. Por el contrario, señaló que, en reuniones bilaterales con Estados Unidos, su gobierno ha alertado sobre la existencia de operaciones de tráfico de cubanos hacia Estados Unidos, cuyo centro coordinador está en el sur de Florida.
Hace años, don Pablo González Casanova afirmó lo que estos tres días del coloquio se ha repetido de muchas maneras: en Cuba vive un pueblo cuya conciencia se ha convertido en voluntad, su voluntad en inteligencia y su inteligencia en organización.
Casi para concluir el multitudinario evento de solidaridad, Norberto Galiotti, coordinador de la Red Continental Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad con Cuba y las causas justas llamó a redoblar el apoyo a la isla. “Una gota con ser es poco –dijo– pero con otra, se hace aguacero”.
Citó al gran poeta turco Nazim Hikmet: “Si yo no ardo; / si tú no ardes,/si nosotros no ardemos, / ¿cómo de las tinieblas/haremos / claridad”. Y convocó a todos a arder para iluminar estos tiempos oscuros.

La revolución bonita de Fidel
"Si cerramos los ojos podemos ver a través de imágenes fijas de Fidel la trayectoria de un hombre. La memoria no funciona como una cámara de video que guarda una grabación continua". Foto
"Si cerramos los ojos podemos ver a través de imágenes fijas de Fidel la trayectoria de un hombre. La memoria no funciona como una cámara de video que guarda una grabación continua". 
Foto Ap / archivo   Foto autor
Rosa Miriam Elizalde
13 de agosto de 2026 00:03
Fidel Castro duerme vencido por el cansancio mientras varios jóvenes lo rodean con la curiosidad alegre de quienes descubren que el héroe también cierra los ojos. En otras fotografías come con campesinos, monta a caballo en una cooperativa, se toma un helado, alimenta a un elefante en Nueva York o improvisa, con un par de cucharas, el baile de Alicia Alonso. No aparece en esas escenas una carga al machete ni una columna guerrillera avanzando sobre la montaña. Hay algo políticamente más difícil de fabricar: familiaridad. El dirigente deja por un instante la tribuna y entra en la vida común. La cámara lo vuelve próximo sin reducir su estatura histórica. 
Si cerramos los ojos podemos ver a través de imágenes fijas de Fidel la trayectoria de un hombre. La memoria no funciona como una cámara de video que guarda una grabación continua. Cuando vivimos algo, el cerebro conserva fragmentos: lugares, caras, emociones, sonidos, movimientos y algunos momentos especialmente significativos, y la revolución cubana construyó su rostro público en el instante exacto en que el mundo comenzaba a pensar mediante imágenes. Fidel nació el 13 de agosto de 1926, cuando el cine sonoro apenas se preparaba para desplazar al cine mudo. Tres décadas después, encabezaría una rebelión contemporánea del nacimiento de la televisión internacional y de las grandes revistas ilustradas. 
La historiadora estadunidense Nancy Stout llamó a la cubana “la revolución perfecta” para aquella nueva era visual. Era épica, poética y estéticamente provocadora. Su relato podía seguirse en episodios: el Moncada, la prisión, el exilio, el desembarco, la Sierra Maestra, la ofensiva final, la entrada en La Habana. Había peligro, derrotas, reapariciones, personajes jóvenes y un desenlace que parecía improbable hasta que ocurrió. El 8 de enero de 1959, cuando Fidel llegó a la capital, la historia ya poseía la estructura de una narración de suspenso y la fotografía estaba allí para ofrecerle una continuidad visible con el telón de fondo de una ciudad acodada al mar, en una de las bahías más bellas del mundo. 
La revolución cubana es una revolución bonita, y más ahora, cuando se le castiga hasta la exasperación. No porque la fotografía la embelleciera ni porque un encuadre pudiera fabricar la historia, sino porque ha vivido y sigue viviendo una épica real que encontró al inicio a quienes supieron traducirla en imágenes. Korda, Raúl Corrales, Osvaldo y Roberto Salas, Liborio Noval, Perfecto Romero, Ernesto Fernández y otros grandes fotógrafos reconocieron en aquella transformación política una materia visual extraordinaria: jóvenes barbudos llegados de la montaña, multitudes en las calles, alfabetizadores, campesinos, obreros, milicianos; un país que parecía entrar de cuerpo entero en su propio relato. 
La épica se volvió imagen porque ya estaba en los hechos. No inventó la energía de un liderazgo: Fidel entre la gente, recorriendo campos y fábricas, conversando con estudiantes, trabajadores o visitantes extranjeros. Sus autores dominaban una gramática visual moderna. Algunos habían trabajado en prensa, publicidad o estudios comerciales y sabían cuánto puede decir una silueta, un primer plano, un contrapicado o el contraste del blanco y negro. Alberto Korda, por ejemplo, provenía de la fotografía publicitaria antes de documentar la revolución. Ese saber no sustituyó al acontecimiento: le dio forma visible. 
Pero la imagen era el marco; lo que sostenía la revolución era otra cosa. Fidel condujo una revolución bonita porque en su centro había un ideal de justicia que se reconocía heredero de una larga tradición cubana. En Ese sol del mundo moral, Cintio Vitier formuló esa continuidad como “un proceso espiritual concreto: el de la progresiva concepción de la justicia, y las batallas por su realización, en la historia cubana”. La clave no era la belleza aislada de una fotografía, sino la aspiración ética que la fotografía alcanza a revelar. 
Por eso, las imágenes de Fidel tienen una densidad que excede el retrato político. La barba, el uniforme verde olivo, la altura, las manos en movimiento y la facilidad para mezclarse con interlocutores distintos construyeron una presencia inmediatamente reconocible, pero su fuerza simbólica dependía de su relación con el momento histórico. Sin la expectativa de cambio, sin la movilización popular, sin la promesa de justicia social, aquellos encuadres habrían sido solo retratos. 
El pueblo cubano nunca fue el relleno de esas fotografías, sino su verdadero centro. Esa centralidad explica también la persistencia de una revolución sometida durante décadas a la hostilidad de Washington y obligada a defender, en circunstancias cada vez más ásperas, la soberanía que conquistó. La belleza de aquella historia no radica en haber permanecido intacta, porque ninguna revolución viva puede hacerlo, sino en haber conservado, entre contradicciones, asedios y desgastes, la obstinación de colocar la justicia en el horizonte de lo posible. 
Fidel cumple hoy cien años, y su revolución bonita y justa lo celebra con él.

Subrogados
Con la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia se añade un subrogado más a la amplia lista de voluntarios derechistas latinoamericanos. Foto Ap Foto autor
Luis Linares Zapata
13 de agosto de 2026 00:04
Con la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia se añade un subrogado más a la amplia lista de voluntarios derechistas latinoamericanos. Orgullosos de ceder su escasa soberanía remanente, este bravucón de medio pelo, acicalado como muñeco endeble y feo, corrió a refugiarse entre un batallón de soldados. Ahí, confiado en su protección, les pidió ayuda para gobernar. De esta rápida y dura manera inauguró lo que será su periodo de gobierno. Las escasas ideas vertidas sólo refuerzan su deseo de batir al crimen con este tipo de fusiles al frente. Nada nuevo en la larga historia del combate a rebeldes, productores y negociantes de narcóticos que ha visto y sufrido ese país sudamericano. Una larga y dolorosa saga de muertes, inestabilidades y tropelías de élites que se han enquistado en el alma de gran parte de la sociedad. 
Cuajado en deseos de que escuchen su plegaria fuera de su contorno, Abelardo de la Espriella, como otros muchos de por allá, fija la mirada en Estados Unidos, ahí precisamente donde habita, amenaza, invade y se hace rico el señor Donald Trump, su referente y esperanza de apoyo para la aventura que acaba de emprender. Solicita, de varios modos y tonos, su comprensión, guía y apoyo para lo que, dice, habrá de enfrentar. 
Ofrece, a cambio, su concurrencia a esa tribu que se ha venido integrando con varios de sus vecinos. Escudo de las Américas, lo llaman. Una troupe de similares entreguistas derechosos a los que se les alineará en una fuerza militar trasnacional para atacar al narcotráfico. Ahí asistió, en primera línea, el ya avanzado y estrella de ese mundillo Javier Milei, el de la convulsa Argentina, deseoso de llevar a su país y sociedad hasta los limites de la desesperación. Pero no sólo él compartió estrellato. También Daniel Noboa y Rodrigo Paz, el boliviano, o José Antonio Katz, el chileno, y otros más hicieron entrada triunfal al escenario. 
Como bien puede verse y preverse, una alegre pandilla que no llevará buenas noticias a sus congéneres nacionales, quienes recibirán a cambio estridencias y desbarajustes al por mayor. De la Espriella, de inmediato, modificó políticas externas con Marruecos e Israel que en poco o nada pesarán. Alocados pitazos, insignificantes para el mundo, glorias efímeras de primerizo. 
Pero este fenómeno de cambio sudamericano es digno y urgente de tomarse muy en cuenta. Lo es porque integrarán el respaldo político que Trump habrá de usar en cualquier emergencia que tenga pensada. Y lo es también porque tanto Brasil como México son lo dos únicos países que mantienen posturas ideológicas divergentes, y esas posturas son una espina clavada en el pecho, no sólo en el de Trump, sino de todo su equipo cercano de gobierno. Muchos de esos personajes son de sumo cuidado tanto por su nivel encumbrado y escasa sensatez, como por su notoria incapacidad para desempeñar su cargo con destreza y humana honradez. 
La ya muy próxima batalla electoral que le espera a Lula da Silva en Brasil es, desde hace buen rato, una muestra más del intervencionismo trumpista. Tal y como lo ha venido haciendo en todos y cada uno de los países que han tenido elecciones, la injerencia gringa ha sido, hasta el momento, una ayuda determinante para el triunfo electoral derechista. Casos como el de Argentina fueron paradigmáticos: retirar la ayuda de 20 mil millones de dólares necesarios para la continuidad de ese país. 
Es de esperar que los brasileños y su presidente puedan sortear lo que vendrá. Pero no hay que quedar esperando a ver lo que suceda. Lula requiere ayuda y México no puede progresar y sostenerse aislado. Hoy, juntos balancean con ventaja el peso del resto de aliados de Trump. Pero una estancia política, y geopolítica de Claudia Sheinbaum y de México en solitario correría riesgos y presiones insoportables. Será necesario instrumentar un accionar totalmente distinto. Se sabe que la presidenta está sopesando visitar Brasil. Debe hacerlo por muchas y variadas razones. 
Pero, además, por la propia estabilidad. Lula ha desplegado una muy amplia militancia en foros y arreglos internacionales y tiene respetuosa aceptación y prestigio. Su ascendencia en los países BRICS+ es reconocida con amplitud. Sheinbaum no puede prescindir de tal respaldo. Durante muchos años estos dos países vitales para Latinoamérica vivieron separados. Se vieron mutuamente con desconfianza. Compitieron por el liderazgo sin proponérselo. 
Esa historia debe quedar atrás. Mucho dependerá que Lula y Claudia encuentren los puntos de apoyo para una senda de trabajos y emprendimientos en común. Las dos grandes petroleras de estos dos países fincan una ruta promisoria que debe complementarse y robustecer las aventuras sociales que ya existen. Las luchas contra la pobreza pueden, muy bien, ser fortalecidas en común. Ambas naciones florecen en folclor, actividad prometedora y vital para los enlaces. En fin, por pivotes de acción no penarán. El tiempo apremia.