Entre abril y junio, el producto interno bruto (PIB) mostró su crecimiento más rápido desde 2020, con un avance trimestral de 1.5 por ciento y anual de 2.5 por ciento. Esta aceleración dejó atrás las previsiones pesimistas que auguraban un estancamiento de la actividad económica. Como explicó el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, se “confirma que la economía mexicana retomó una senda de crecimiento” con una “recuperación económica de base amplia” que abarca a las actividades: primarias, secundarias y terciarias. La moneda nacional cerró su paridad frente al dólar en 17.32 pesos por unidad, una apreciación semanal de 17 centavos, y de 72 frente a los 18 pesos que costaba el billete verde al arrancar el año. Las dos mayores empresas de propiedad estatal, Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad) registraron en el segundo trimestre ganancias significativas que revirtieron de manera parcial las pérdidas del primero. Lo que es más importante, Pemex “mantiene su plataforma de producción, procesa más crudo, genera más combustible, asegura el abasto nacional y muestra avances financieros”, entre ellos, una reducción de 7 mil millones de dólares en su deuda financiera en comparación con el mismo periodo de 2025. Desde 2020, el saldo ha disminuido 31.6 por ciento al pasar de 113 mil a 77 mil millones de dólares. Además, la recaudación fiscal logró un modesto avance, impulsada por el consumo y las medidas tomadas para combatir el contrabando de combustibles.
Por otra parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó una ligera alza en la tasa de desempleo, la cual pasó de 2.8 por ciento en mayo a 2.9 por ciento en junio. El mercado informal, integrado por personas que trabajan fuera de las normas legales, sin registro fiscal ni protección del Estado, sostuvo a 55 por ciento de los trabajadores, porcentaje superior al 54.8 por ciento reportado en el sexto mes de 2025. Casi la mitad de los ocupados (45.6 por ciento) percibe como máximo un salario mínimo y 31.9 por ciento hasta dos. Esta estructura de ingresos se refleja en la manera en que los hogares mexicanos distribuyen sus gastos: de acuerdo con un estudio privado, 86 por ciento de los recursos mensuales de las familias se destina al gasto corriente, es decir, la alimentación, el pago de vivienda y de servicios básicos. Apenas un 14 por ciento del salario se va al pago de deudas, “gustos” o ahorro. Como resultado, “la mayor parte del ingreso ya está comprometida antes de que las familias puedan decidir en qué ahorrar, invertir o consumir”.
El titular de Hacienda y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo han pronosticado que el segundo semestre traerá mayor dinamismo económico gracias a la concreción de inversiones y proyectos impulsados en el marco del Plan México, como el inicio de la producción de un vehículo eléctrico en la planta del gigante automotriz surcoreano KIA, en la cual se invertirán más de 600 millones de dólares. Sin embargo, la renegociación permanente del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, así como la agresiva y errática política comercial del presidente Donald Trump inyectan una incertidumbre que escapa al control de las autoridades mexicanas: de acuerdo con el departamento de Estudios Económicos de Banamex, estos factores le costaron al país hasta 0.9 puntos de PIB el año pasado, y el impacto en el presente no puede ser menor tras la negativa del trumpismo a extender el T-MEC.
En conclusión, la economía mexicana ha demostrado solidez y resiliencia en un entorno adverso, pero las dificultades no pueden darse por superadas y, sobre todo, persiste el reto de seguir mejorando la calidad de vida de las mayorías trabajadoras.
Ciberataque de robots inteligentes abre la caja de Pandora: analistas
Las empresas ya deben crear nuevas barreras contra piratas no humanos
▲ El director de OpenAI, Sam Altman, tras reunirse en julio con el senador republicano por Georgia Raphael Warnock, en Washington.Foto Ap
Julio Gutiérrez
Periódico La Jornada Domingo 2 de agosto de 2026, p. 15
La pregunta no era si en algún momento una inteligencia artificial (IA) podría vulnerar sistemas por sí sola, sino cuándo iba a suceder.
Hace poco más de 20 días, dos robots inteligentes de OpenAI –el desarrollador de ChatGPT– escaparon de su confinamiento digital, entraron a Internet a escondidas e irrumpieron en los sistemas de la plataforma Hugging Face.
Fue como si un alumno entrara a la oficina de su director para robar las respuestas de un examen y aprobarlo, aunque eso implicara hacer trampa, ejemplifican especialistas.
El caso abrió una caja de Pandora en el mundo de la ciberseguridad que poco a poco los expertos comienzan a descifrar.
Para las empresas, es una clara evidencia de que ahora no sólo deben protegerse de los piratas informáticos; ahora es momento de invertir en herramientas capaces de detectar a tiempo sistemas de inteligencia artificial (IA) con instrucciones para vulnerar sus redes.
Pero para las personas que no se dedican a resguardar la seguridad digital las preocupaciones son otras: ¿qué tan seguros están sus datos? ¿Estamos preparados para una etapa en la que el atacante ya no sea un ser humano detrás de una computadora, sino una inteligencia artificial capaz de actuar por sí sola?
Expertos en la materia exponen que este caso volvió a encender las alertas de las organizaciones para invertir más, corregir fallas y prepararse para un mundo en el que la revolución de las máquinas llegó antes de lo esperado.
Todo comenzó con una prueba interna de ciberseguridad. OpenAI sometía a dos de sus modelos de IA a una evaluación para medir hasta dónde eran capaces de cumplir un objetivo por sí solos y detectar posibles fallas antes de que la tecnología llegara a un entorno real.
La dinámica era sencilla: resolver una serie de desafíos; sin embargo, los modelos encontraron un atajo. En vez de completar las pruebas con la información que tenían disponible, identificaron que las respuestas podían estar en una plataforma de Internet.
Fue entonces cuando abandonaron el entorno controlado donde eran evaluados, navegaron hasta Hugging Face –una de las plataformas más utilizadas por desarrolladores de IA para compartir modelos y código– y accedieron a información relacionada con los exámenes. En términos simples, los modelos dejaron de intentar resolver el problema con los recursos que tenían y optaron por buscar una ruta alterna para cumplir el objetivo asignado.
OpenAI aseguró que su IA nunca recibió la instrucción de vulnerar a otra empresa. Lo que ocurrió, explicó, es que los modelos priorizaron cumplir el objetivo asignado y eligieron el camino que consideraron más eficiente, aunque eso implicara realizar acciones que sus desarrolladores no habían previsto.
No fue un hackeo durante una prueba, sino la primera vez que una empresa hizo público que un sistema de IA fue capaz de planear, ejecutar y adaptar una serie de acciones para alcanzar una meta sin que ese procedimiento hubiera sido programado paso por paso.
¿Realmente importa?
Aunque las alertas siempre están encendidas, el caso enciende focos rojos porque es la primera vez que una IA, sin que nadie se lo pida, vulneró un sistema y decidió por dónde meterse para lograr su objetivo. Por ello, los expertos señalan que es momento de volver a poner sobre la mesa la manera en la que las empresas entienden a la IA.
Isabel Manjarrez, investigadora de ciberseguridad para América Latina en Kaspersky, lo tiene claro: hoy las organizaciones están mejor preparadas para defenderse de una intrusión digital, pero con la rápida adopción de la IA, nadie está libre de riesgos. “Este caso demuestra que la protección ya no depende únicamente de prevenir ataques, sino también de supervisar continuamente la actividad de los modelos de IA, detectar comportamientos anómalos y responder con rapidez cuando se presentan”, dice.
La rápida adopción de la IA en el mundo no es algo que genere miedo entre los expertos, o al menos es el caso de Diego Rodríguez, director general en México de Ubimia, empresa especializada en IA para instituciones financieras. Lejos de los temores, el episodio confirma lo que la industria anticipaba desde hace algunos meses: esta herramienta multiplicará las capacidades tanto de quienes buscan proteger sistemas como de quienes intentan vulnerarlos.
“La capacidad de proceso y de búsqueda de brechas es tremenda. El riesgo no es que la IA exista, sino que termine en manos de actores maliciosos… Dan miedo los piratas con la herramienta en sus manos.”
Y en una era en la que los datos de cada de uno de nosotros son básicamente el oro de los cibercriminales, bancos, aseguradoras y cualquier organización que resguarde información sensible tendrán que reforzar todavía más sus inversiones en seguridad, ya que un atacante, en el futuro cercano, no necesitará dedicar días o semanas para encontrar una vulnerabilidad: un agente de IA podrá hacerlo en cuestión de minutos.
Para las empresas, el problema no termina cuando aparece una vulnerabilidad, sino cuando no son capaces de corregirla antes de que alguien la aproveche.
Gonzalo García, vicepresidente de ventas para Sudamérica de Fortinet, explica que el mundo atraviesa un periodo de transición en el que los ataques evolucionan más rápido que la capacidad de respuesta de muchas organizaciones.
“La IA ayuda a encontrar fallas en el software mucho más rápido. Las organizaciones todavía no están preparadas para desplegar soluciones a la velocidad con la que los atacantes pueden explotar esas vulnerabilidades.”
Por eso considera que las compañías deberán abandonar la idea de proteger únicamente puntos específicos de sus sistemas y adoptar una visión integral de la seguridad, donde todos los componentes trabajen coordinadamente y bajo esquemas de confianza cero, para así cuidar lo más valioso: la información de todos.
¿Y los usuarios?
Aunque gran parte del debate gira alrededor de las empresas, el fondo del problema también alcanza a millones de personas que todos los días entregan información personal a bancos, comercios, hospitales, plataformas digitales y dependencias. La diferencia es que el riesgo ya no proviene únicamente de un delincuente sentado frente a una computadora. En los próximos años, buena parte de esos ataques podrá ser ejecutada por sistemas de IA capaces de analizar enormes cantidades de información, identificar vulnerabilidades y actuar de forma autónoma, dicen los expertos.
Los especialistas coinciden en que la IA también permitirá detectar comportamientos anómalos, responder con mayor rapidez a incidentes y fortalecer los mecanismos de protección de empresas y gobiernos.
El incidente protagonizado por OpenAI difícilmente será el último de este tipo. Por el contrario, para la industria representa el inicio de una nueva etapa en la que las máquinas dejarán de ser únicamente asistentes capaces de responder preguntas para convertirse en agentes con capacidad de ejecutar acciones complejas.
La buena noticia, coinciden los especialistas, es que el episodio llegó antes de que esta tecnología estuviera desplegada de forma masiva en sectores críticos y eso dio tiempo para corregir procesos, fortalecer mecanismos de supervisión y acelerar inversiones en ciberseguridad.
El suceso de OpenAI no demostró que las máquinas se rebelaron contra sus creadores, sino algo mucho más simple e inquietante: los sistemas de IA ya son capaces de encontrar caminos que nadie les enseñó para cumplir un objetivo.
Contratos mixtos en Pemex dan certidumbre a los inversionistas
▲ Un carrito de comida en Nueva York entra a la ola de generar su electricidad con baterías, en vez de gasolina.Foto Ap
Alejandro Alegría
Periódico La Jornada Domingo 2 de agosto de 2026, p. 13
Aunque las disposiciones del T-MEC pueden limitar elementos del modelo energético tras las reformas constitucionales de 2024, la puesta en práctica de los contratos mixtos ha generado certidumbre a la inversión privada, señaló José María Valenzuela, catedrático en El Colegio de México.
En entrevista con La Jornada, Valenzuela, coautor del artículo “Los obstáculos del T-MEC a la política industrial de México”, indicó que el sector energético nacional vive un punto de equilibrio. “Hay muchos actores en el sector privado a los que les parece muy bien”, señaló.
“Frente a la idea de que el modelo de México va en contra de la libre competencia o de los principios de no discriminación de la inversión extranjera, en la práctica lo que vemos es diferente.”
El especialista precisó que el modelo de inversiones mixtas forma parte de la tendencia global de innovaciones contractuales en el sector energético. “Estamos viendo muchos tipos de innovaciones a nivel internacional sobre cómo se hacen contratos y asociaciones público-privadas para reducir los riesgos de inversión y favorecer la expansión de energías renovables”, comentó.
En el caso mexicano, la Secretaría de Energía (Sener) impulsó un proceso competitivo en el que casi todas las empresas participantes fueron extranjeras, llevándose la mayoría de las asignaciones. “A un conjunto importante de inversionistas privados les gustó y podemos decir con mucha más certeza que no hay discriminación a la inversión privada en este tipo de modelos, que es realmente lo que está prohibido por principio en estos tratados”, destacó.
Valenzuela recordó que las reformas energéticas de 2024 generaron incertidumbre inicial sobre la interpretación de la “prevalencia” del Estado y la meta de 54 por ciento de participación pública en generación. No obstante, la implementación final dio un giro creativo.
“El concepto de prevalencia y de 54 por ciento se interpretó de manera que permite la inversión privada y la competencia entre privados, y ese fue el mecanismo de las inversiones mixtas”, explicó. Apuntó que bajo este esquema, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) conserva la propiedad final de los activos, pero permite que los privados operen durante algunos años, reduciendo riesgos y facilitando el financiamiento.
Como lo menciona en el artículo que coescribió con Nicolás Grimblatt, el académico advirtió que persisten dos desafíos para la política energética nacional: las limitaciones en compras de gobierno con contenido nacional y la imposibilidad de imponer obligaciones directas de transferencia tecnológica a empresas extranjeras. “México va a tener dificultades para tener una política de contenido nacional, porque hay muchas limitantes objetivas en los tratados, aunque hay oportunidades, como financiar innovación y desarrollo tecnológico para empujar ciertos mercados desde esa perspectiva”, agregó.
Las restricciones en compras públicas, explicó, dificultan que el gobierno federal promueva directamente el desarrollo de industrias específicas, como la fabricación de paneles solares. En cuanto a la transferencia tecnológica, Valenzuela señaló que, aunque los tratados prohíben imponerla como obligación, es posible establecer ciertos requisitos cuando se otorgan beneficios fiscales. “Las empresas globales están mucho más acostumbradas de lo que imaginamos en México a este tipo de transferencias”, subrayó.
El modelo mexicano, resaltó, se encuentra en una fase de estabilidad frente a posibles controversias bajo el T-MEC. “Podemos decir con certeza que no hay discriminación a la inversión privada en este tipo de modelos”, afirmó. “El escenario que plantea el gobierno mexicano, de no tocar ninguna coma del tratado, permite que siga experimentando con estos mecanismos”, subrayó.
En el panorama general, el académico considera que los riesgos de disputa energética son secundarios frente a las prioridades comerciales de Estados Unidos, como el contenido regional en el sector automotriz o los salarios en México.
El T-MEC, ventaja de México frente a la guerra de aranceles
Insta experto a impulsar la manufactura
Los retos: defender exportaciones de acero, aluminio y automotrices
Braulio Carbajal
Periódico La Jornada Domingo 2 de agosto de 2026, p. 13
Estados Unidos continúa imponiendo aranceles, pero México se mantiene como una de las pocas economías que conserva una ventaja relativa frente a esa ofensiva. La razón es el T-MEC, que permite la entrada libre de arancel a la mayoría de las exportaciones mexicanas al mercado estadunidense, incluso cuando Washington recurre a distintas figuras legales para sostener una política comercial de cobertura casi universal.
Para Alejo Czerwonko, director de inversiones para mercados emergentes de UBS, el tratado tripartito “sigue siendo la ventaja competitiva clave” del país, pues es el único acuerdo comercial cuyos bienes, al cumplir sus reglas de origen, quedan exentos de los aranceles más amplios que ha impuesto la administración Trump en lo que va del año. Para el analista, la decisión de Washington de no extender el tratado por 16 años adicionales no representa una amenaza a la integración de Norteamérica, sino el inicio de una renegociación prolongada de las condiciones de acceso al mercado más grande del mundo en manufactura.
Luis Rosendo Gutiérrez, subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, destacó que México cuenta con la mayor ventaja arancelaria relativa frente al resto de los socios comerciales de Estados Unidos, lo que abarata de manera relativa los productos mexicanos frente a los de otros países.
Explicó que en la medida en que Washington siga elevando aranceles a través de distintos instrumentos, esa ventaja tenderá a ampliarse, como ocurrió con el paquete arancelario que Washington publicó la semana pasada contra 60 países, y que la prioridad de México es mantener la posición relativa que ya tiene frente al resto del mundo.
Recordó que el T-MEC debe entenderse dentro de la reconfiguración comercial y arancelaria que vive hoy el planeta, y que México es el único socio comercial de Estados Unidos con un tratado vigente. El 23 de julio, el gobierno estadunidense impuso aranceles adicionales de entre 10 y 12.5 por ciento a importaciones de 60 países, bajo el argumento de que esas economías no combaten de manera efectiva el trabajo forzoso.
Según analistas de BBVA Research, la Casa Blanca no ha presentado investigaciones sólidas que sustenten esa acusación.
La medida, apunta la financiera, parece responder más a la necesidad de sustituir aranceles temporales que perdieron vigencia tras un fallo judicial que limitó las facultades del presidente para imponer gravámenes de manera unilateral.
México quedó sujeto formalmente a ese arancel adicional de 10 por ciento, aunque analistas subrayan que el impacto directo es limitado porque los bienes que cumplen con las reglas de origen del T-MEC conservan la exención, lo que explica que las exportaciones mexicanas a Estados Unidos hayan crecido 7.7 por ciento a tasa anual en el dato acumulado a mayo.
En ese mismo mes, la participación de México en las importaciones totales estadunidenses alcanzó un máximo de 17.4 por ciento, un nivel que se atribuye al trato diferenciado que conserva el pacto frente al resto de los socios comerciales de Washington.
Los analistas advierten, sin embargo, que persisten los aranceles al acero, al aluminio y a la industria automotriz, que sí afectan a los productos mexicanos y representan uno de los puntos pendientes en la revisión del tratado.
Czerwonko destacó que resolver esos impuestos será clave para sostener la inversión manufacturera, junto con dar impulso a los avances en infraestructura, seguridad pública y garantías al estado de derecho, factores que, según una encuesta del Banco de México se ubican por encima de la política comercial estadunidense.

