Reuters y Afp
17 de julio de 2026 15:00
Caracas. La cifra de muertos por los dos terremotos ocurridos el mes pasado en Venezuela ha aumentado a 5 mil 69, según datos difundidos el viernes por el presidente del parlamento, Jorge Rodríguez, mientras familias damnificadas se arremolinan en un campamento en La Guaira, el sitió con más daños por los movimientos telúricos.
El número de heridos del 24 de junio se mantuvo sin cambios en 16 mil 740, mientras que 17 mil 907 personas permanecían sin hogar.
El gobierno no ha actualizado la cifra de desaparecidos desde los primeros días de los sismos, cuando indicó que eran al menos 150.
Damnificados abarrotan "Ciudad Carpita" en La Guaira
"Bienvenidos a Ciudad Carpita", se lee en un letrero junto a una bandera de Venezuela en la entrada de un campamento de damnificados por los terremotos en el devastado estado de La Guaira.
Resignadas a lo que será una larga espera, las familias comienzan a organizarse en tiendas de campaña en este improvisado refugio en La Guaira, la zona cero de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron a Venezuela y que dejan ya casi 5 mil muertos.
ImagenAfp
"Tenemos que salir adelante, tenemos que agradecer que tenemos una oportunidad", dice a AFP Hengelbert Bello, de 38 años, quien perdió varios familiares en los sismos. "Pero con un propósito hacia adelante, mente clara, (se puede) continuar la vida y ayudar a los que nos quedan", asegura.
Vivía con su familia en Gran Cacique Mare Abajo, un conjunto residencial de unos mil departamentos construidos por el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013), arrasado por los terremotos.
Desde entonces, se mudó a la playa de enfrente junto con sus vecinos. Entre las hileras de carpas, estos refugiados se afanan en las labores domésticas al aire libre, mientras dos niñas se bañan en el mar.
Comparten neveras y cocinan con bombonas de gas en grandes ollas comunes. También alquilan lavadoras portátiles por 5 dólares.
"En medio de lo que nos está pasando, debemos hacer lo que se pueda para mantener las cosas limpias y ordenadas (...) Si Dios nos dio una oportunidad más, (hay que) seguir adelante", dice Eunice Hernández de 45 años, madre de dos adolescentes.
"Muchos sueños se quedaron"
Los aparatos eléctricos funcionan gracias a un cable conectado a un poste del alumbrado público, aunque el suministro de energía falla muchas veces.
Las autoridades envían diariamente un camión cisterna para que llenen de agua sus tanques portátiles de manera gratuita.
De acuerdo con cifras oficiales casi 21 mil personas afectadas por los sismos viven en campamentos en Caracas y en La Guaira. En muchos casos carecen de suficiente agua y baños portátiles.
Médicos desplegados en hospitales de campaña en la zona tratan de impedir que se propaguen enfermedades respiratorias e intestinales.
Al menos 185 edificaciones se desplomaron en La Guaira y cerca de 900 quedaron afectadas, según cifras oficiales.
Varios de los edificios que estos damnificados habitaban se partieron en dos y se desplazaron varios centímetros hacia atrás debido a los potentes sismos.
"Cada vez que vengo me da nostalgia porque nadie quiere pasar por esto", contó entre lágrimas el barbero Ramón González, de 42 años, al mostrar cómo quedó la torre donde vivía.
El día de los terremotos murió una adolescente que iba a celebrar su fiesta de 15 años. "Se me rompe el corazón porque ella era como mi hija (...) Muchos sueños se quedaron aquí", agregó.
González lamenta haber perdido el hogar en el que vivía con su esposa y sus cuatro hijos. Ahora comparten el refugio con dos personas mayores que no tienen familia.
"Hemos sobrevivido a muchas cosas", afirmó. "Esperaré el tiempo que sea necesario para recuperar mi casa".
Continúa incesante temporal de lluvia y viento en Chile: tres muertos y 500 viviendas dañadas
El frente climático avanzó desde el sur hasta el desierto de Atacama con precipitaciones récord, olas de 12 metros y vientos de hasta 180 kilómetros por hora, en un país que aún enfrenta los efectos de una prolongada sequía. Foto Afp Foto autor
Aldo Anfossi, corresponsal
17 de julio de 2026 16:09
Santiago. Buena parte de Chile seguía a media tarde del viernes bajo los rigores de un temporal implacable que avanza por el país de sur a norte y que hace mucho rato no tenía lugar aquí, que si bien de lluvias intensas, más bien se caracterizan por su persistencia, pues se han mantenido constantes, casi sin pausa, por más de 24 horas continuas.
La cifra de víctimas fatales continuaba siendo de tres, las viviendas con daño diverso ascendían a 500 -unas 20 destruidas totalmente y otras 20 con deterioro mayor-, y más de 400 mil hogares y comercios continuaban a media tarde del viernes sin suministro eléctrico, reportaba la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, marcando un descenso desde el máximo de 630 mil alcanzado el jueves.
Centenares de personas que habitan en campamentos precarios levantados en zonas peligrosas, como orillas de ríos, fueron desalojadas obligadamente por efectivos militares por orden del presidente José Antonio Kast, quien dijo que no se les permitirá volver a asentarse.
“Esas personas tienen que abandonar los lugares donde hay cursos de agua, y no solamente de manera provisoria, sino que va a permanente, porque vamos a ver otros fenómenos climáticos durante las semanas que vienen y no podemos estar en una situación de ocupar y desocupar lugares que nunca debieron ser ocupados”, dijo.
No se informó por parte del gobierno que se les proveyera albergues.
Meteorología decía que en lo que resta del viernes y hasta la mañana del sábado, en la Región Metropolitana capitalina, donde en las pasadas 24 horas hubo 40 milímetros de precipitaciones, caerán entre 60 y 80 milímetros adicionales, antes de amainar.
La ciudad de Penco, 500 kilómetros al sur de la capital, de 51 mil habitantes, figura entre las más afectadas, con 80 viviendas dañadas, producto de la salida del mar. Parece un doble castigo, pues en el verano austral, en enero, un incendio forestal que se propagó a su interior, quemó más de 3 mil 500 casas y dejó 20 mil damnificados.
El frente de mal tiempo, como lo llaman los meteorólogos, comenzó el lunes en la región de la Araucanía, unos 800 kilómetros al sur de la capital, y desde entonces se desplazó hasta Atacama, 800 kilómetros al norte de Santiago, descargando aguaceros que alcanzan e incluso superan promedios anuales.
Por todo el litoral marítimo entre esos distantes territorios están ocurriendo marejadas intensas, con olas de hasta 12 metros de altura y vientos que marcaron ráfagas de hasta 180 kilómetros por hora. El Océano Pacífico una vez más se ha encargado de evidenciar que de pacífico no tiene nada, porque ha descargado su furia sobre las costas, sobrepasándolas en zonas diversas, inundando calles y casas aledañas.
En el desértico norte atacameño, cauces de ríos, riachuelos, quebradas cordilleranas y esteros que llevaban años resecos, revivieron copiosamente en apenas unas horas, pero arrastraban peligrosamente los desechos sólidos que por mucho tiempo se acumularon en sus lechos, con el riesgo de aluviones
En muchas zonas hubo más de 100 milímetros de agua caída y se pronostica que hasta el lunes habrá en ellas una cantidad similar, antes de que a mediados de la semana venidera se verifique la llegada de otro frente de tiempo lluvioso.
Y si bien los aguaceros le vienen muy bien al país, porque desde hace más de una década ha venido experimentando importantes sequías que han agotado las reservas en embalses y los acuíferos subterráneos, castigando severamente a zonas agrícolas que pasaron de ser muy fértiles a campos apenas sostenibles o en resecos parajes; también la abundancia del agua que cae provoca desbordes de ríos, remociones de masas, anegamientos, inundaciones.
El temporal declinará el domingo, será ese el momento del balance de su paso, pero ya se anuncia que se aproxima otro, también severo, desde el Pacífico que entrará por el sur al continente a mediados de la próxima semana y que permanecerá por varios días.