Nunca como ahora la incertidumbre es la regla de las relaciones internacionales. El cambio es la constante. O más propiamente, los cálculos políticos y los resortes sicológicos de los tomadores de decisiones, unos cuantos, son el criterio que define el día a día. Lejos quedaron los tiempos de la guerra fría, en que la contención recíproca de los dos polos de poder, y una comunidad de naciones con voto efectivo, garantizaban una paz medianamente estable, y prefiguraban un futuro relativamente predecible.
Hoy las firmas de paz, bilaterales o regionales, son sólo acuerdos temporales, meros armisticios, paréntesis en las hostilidades bélicas, y en ocasiones ni siquiera eso. Es una buena noticia para el Medio Oriente y para el mundo la firma de un acuerdo preliminar de paz entre Estados Unidos e Irán, con obligaciones también para Israel, pues cesarán por ahora los bombardeos a asentamientos humanos históricos, verdaderas ciudades patrimonio de la humanidad, como Teherán, a sus escuelas, hospitales, templos, viviendas, e infraestructura energética, hídrica y productiva. También cesarán las respuestas violentas de Irán a sus vecinos, aliados temporales de la primera economía mundial.
No es una paz definitiva: Irán y Estados Unidos han suscrito un pacto que abre una ventana de 60 días para negociar las cuestiones más espinosas y complicadas de la guerra desatada a finales de febrero, como el derecho o no de Irán, y en qué grado, de enriquecer uranio, una facultad irrestricta que sí tienen sus dos contrapartes y siete países más. Concretamente las naciones que sí tienen armas nucleares, y nadie lo objeta, son Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte.
Se había estimado que la guerra duraría días o, cuando mucho, semanas, pero el conflicto se prolongó por casi cuatro meses, pues se inició desde el 28 de febrero. Nosotros advertimos desde el principio, en este mismo espacio de reflexión, que doblegar al pueblo heredero del imperio persa no sería fácil, pues el umbral de resistencia y sufrimiento respecto al occidente es diferente. Siempre hubo una asimetría en el potencial bélico de las partes, pero también una asimetría en resiliencia y en el concepto de la vida. Individualismo a ultranza en un lado, milenarismo colectivista en el otro.
Por eso no se trató nunca de una guerra convencional: Irán estaba dispuesta a todo para conservar su integridad territorial, su dignidad nacional y su soberanía energética. La capacidad para resistir las presiones internas, las de sus ciudadanos, fueron siempre diferentes para las partes. En Estados Unidos e Israel, ambas democracias liberales, había más presión para terminar ya la guerra. Los costos de los insumos básicos ya eran un factor serio a considerar, sobre todo en el primer país, de cara a las elecciones legislativas intermedias.
Por lo pronto, entre los beneficios compartidos del acuerdo de paz suscrito, puede citarse la liberación del estrecho de Ormuz, que permitirá otra vez el flujo de petróleo y sus derivados, la quinta parte del suministro mundial, lo que disminuirá el precio de los energéticos, de los insumos de la industria, y de los químicos para el campo, el indispensable fertilizante, lo que impactará también en los mercados financieros, el valor de las inversiones, por meses en un estado de caos e incertidumbre. Finalmente, la economía real, el PIB mundial, podrá también recuperar parte del crecimiento proyectado a inicios del año, no todo por supuesto.
Específicamente, la mayor victoria de Irán será la liberación de 24 mil millones de dólares en activos congelados y la posibilidad de otros 300 mil que contribuirán a la reconstrucción del país tras la ofensiva israelí-estadunidense. Para Estados Unidos, el beneficio inmediato es que se frena la sangría de recursos que implica sostener la guerra: una ofensiva militar que ha costado 29 mil millones de dólares, según el Pentágono, una cifra que otros estudios elevan a 34 mil.
Pero el hecho real y contundente es que la paz del mundo sigue prendida de alfileres, de unas cuantas voluntades protagónicas, autárquicas y veleidosas. Hemos pasado de un orden mundial regido por reglas, universales y atemporales, a decisiones verticales y personales o, cuando mucho, como en el caso, a acuerdos perecederos y frágiles.
Apenas se estaba firmando el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán cuando ya se estaba advirtiendo que esa paz no era definitiva y que una de las partes tenía que portarse bien, o tendría que sufrir las consecuencias, sanciones catastróficas y al alza. Al mismo tiempo, Israel también, apenas unos días antes de la firma, se resistía a interrumpir los bombardeos sobre Líbano, en contra de la opinión del propio gobierno estadunidense.
En suma, siempre hay que celebrar cuando una guerra cesa, o cuando menos cuando se dicta el alto el fuego, pues se dejan de perder y poner en riesgo miles de vidas humanas, de la nación, sistema ideológico, régimen político o modelo económico que fuere. Pero no hay que perder de vista que en Medio Oriente estamos todavía ante una paz precaria. Hacen falta más voces, más esfuerzos, más iniciativas para que ninguna nación tenga en sus manos la sobrevivencia o el fin del planeta. No nueve voluntades, no una sola. Que la humanidad entera esté libre de arsenales nucleares.
American curios
David Brooks
▲ Como Josh Rushing dijo, ser premiado por informar sobre el genocidio desde el país que ayuda a perpetrarlo es irónico. El sábado, familiares de las hermanas palestinas Zeina y Lana, quienes murieron en un ataque israelí, esperaban la entrega de sus cuerpos.Foto Ap
Reportar desde un país cada vez menos entendible e intentar hacerlo de forma coherente arriesga inventar lógica y racionalidad donde no la hay. Al hacerlo sobre y desde la cúpula, uno está en peligro de volverse cómplice con la locura oficial al informar de ella como si estuviera cuerda. A la vez, es obligatorio para cualquier medio comunicar la nota sobre el poder, la nota oficial.
Dan ganas de revisar la historia de cómo los medios cubrían a un tirano o un oligarca emergente antes de que aplastaran la libertad de expresión. ¿Se les daba el beneficio de la duda? ¿Por qué? ¿Hasta dónde?
Dicen que hay que cubrir los abusos, los crímenes oficiales, para insistir sobre la verdad y un eventual rendimiento de cuentas de los responsables. Josh Rushing, un corresponsal de Al Jazeera, en un discurso al recibir el premio Emmy (galardón estadunidense para lo mejor de la televisión) este año por el reportaje documental Niños bajo fuego, sobre la guerra en Gaza, dijo que no podía evitar comentar sobre “la ironía de aceptar un premio por cubrir un genocidio en el mismo país que facilita ese genocidio”. Dedicó el premio a sus 11 colegas de Al Jazeera asesinados por fuerzas israelíes en la franja, junto con 270 más de otros medios. A la vez, dijo que “estos son días oscuros para el periodismo. O nos estamos colapsando bajo presiones financieras o fuerzas oligarcas nos están comprando y se apropian del mensaje… pero les tengo que implorar continuar con la lucha por el bien, la lucha por la verdad… para la humanidad, porque no hay pueblos libres sin una prensa libre” (https://www.instagram.com/ reels/DY5fl0nj6LM/).
La verdad no es tan complicada en una zona de guerra, y hasta más donde hay un genocidio (y no deja –y no debería dejar– en paz la pregunta: ¿cómo es que el mundo permitió tal cosa al verlo en tiempo real?). Todos saben eso de que la verdad es la primera víctima de toda guerra, sobre todo para los agresores que se disfrazan de algo tan tonto como “guerreros por la paz”. ¿Cuántas niñas más de una primaria tienen que morir para que haya esa “paz”? Rushing y otros reportan lo inaguantable desde los campos de batalla, de represiones, la violencia del abuso de poder alrededor del mundo y aquí mismo; a otros les toca hacerlo desde los cuarteles de los máximos jefes y de los políticos con sus narrativas oficiales orwelianas.
Todos los días hay una avalancha de mentiras, distorsiones y engaños desde la cúpula política en Estados Unidos, multiplicadas con la anfetamina de las redes sociales, con consecuencias severas para otros pueblos y para inmigrantes, críticos, minorías, inconformes y periodistas dentro y fuera del país. “Te despiertas y te preparas para el aluvión de incoherencias que constituye la esfera pública moderna”, escribe Alex Ross en The New Yorker, al señalar el incesante ruido de correos electrónicos, mensajes digitales, noticias, discursos presidenciales, como también “sis-temas de inteligencia artificial que simulan la experiencia de hablar con un niño arrogante de 10 años de edad que sabe mucho menos de lo que piensa que sabe… Todo se suma en un tinnitus discursivo continuo, un zumbido de parloteo aleatorio, falso, estúpido, ominoso que nadie quiere y nadie puede detener”.
Con todo este constante ruido, reportar sólo sobre la cúpula jamás revela verdades completas. Ese tipo de periodismo a veces es más bien parte del problema –da legitimidad al poder aun cuando éste no lo amerita–. Con eso, se explica en parte el desafortunado error por analistas y periodistas dentro y fuera del país de reducir a Estados Unidos a sólo su cúpula, y peor, en esta coyuntura, a sólo su mandatario.
Hay otra nota que se dedica a dar voz y presencia –y contexto histórico– a lo de abajo, y eso incluye tanto a los que promueven o toleran a las políticas ultraderechistas en este país, este hemisferio y otras partes del mundo, como a los democratizadores, a los nuevos y viejos inmigrantes, a los poetas y rebeldes, entre otros. Sin esa nota, no se contará con la clave para entender “la feroz urgencia del ahora” (frase del reverendo Martin Luther King) en una coyuntura como ésta en Estados Unidos.
David Bowie & Mick Jagger. Dancing in the street. https://www.youtube.com/watch?v=opRRax4ph3E
México SA
Trump, peligro para la humanidad // Delirante, agresor y filibustero // Al servicio de los intereses sionistas
Carlos Fernández-Vega
▲ Donald Trump amenazó con cobrar peaje en el estrecho de Ormuz, dominado por Irán.Foto Khorgooi/ISNA vía AP
De la infinita capacidad que tiene el enloquecido Donald Trump de hacer y decir cotidianamente cualquier cantidad de sandeces y barbaridades da puntual cuenta la salvaje amenaza que ayer lanzó, en plena negociación con la representación del gobierno iraní: “si cierran el estrecho de Ormuz se quedarán sin país; ni siquiera podrán regresar a su puto ( fucking) país”.
En uno de sus muchos intentos por ocultar su estrepitosa derrota en su ilegal agresión militar contra Irán –siempre de la mano del genocida Benjamin Netanyahu, quien es el que en realidad toma las decisiones–, el payasito de la Casa Blanca hace circo, maroma y teatro para disfrazar de “triunfo” estadunidense (algo por demás imposible) la humillante cuan costosísima y violatoria del derecho internacional aventura guerrera en contra de la nación persa.
Ya en los primeros días de abril pasado, el magnate naranja escupió otra barbaridad: “toda una civilización entera morirá; devolveré a Irán a la Edad de Piedra”. En los hechos, la nación persa no sólo resistió el embate y destruyó un buen número de bases gringas en la zona, sino que obligó al inquilino de la Casa Blanca a recular en su intentona y pedir alto el fuego para evitar más pérdidas, especialmente para Israel, cuyo gobierno logró chantajear lo suficiente para que Washington encabezara la agresión.
Pero como su vandálica maquinaria de escupir amenazas es muy productiva, ayer Trump redondeó aquello de “se quedarán sin país” con otro sueño húmedo: “podría convertirme en el ángel de la guarda del estrecho (de Ormuz) y quedarme con 20 por ciento del petróleo; podría tomar el control si es necesario; arrasar al país si quisiera, y si no llega a un acuerdo nosotros cobraremos los peajes”. No tiene filtro y todos los días muestra que mentalmente está incapacitado para ejercer el cargo.
En consecuencia, la delegación iraní “abandonó la sede de las conversaciones de paz con Estados Unidos, en Suiza, en protesta por los comentarios emitidos en redes sociales por Donald Trump, en los que amenaza con atacarlos de nuevo; las conversaciones técnicas entre ambas naciones –celebradas a puerta cerrada– comenzaron ayer y contaron con la participación de los países mediadores Pakistán y Qatar” ( La Jornada).
Caradura, como siempre, a Trump se le ocurrió culpar a Irán (y “su relación estratégica con las milicias de Hezbollah”) de la agresión israelí a Líbano (siempre con miras a reforzar la ilegal política expansionista de Netanyahu), cuando en realidad es el régimen de Tel Aviv el que permanentemente agrede a su vecino del norte. Y otra vez, el magnate naranja se lanzó al ruedo: “si no se detiene, lo golpearemos muy fuerte otra vez, tal como lo hicimos la semana pasada, pero con más fuerza” ( Sic dixit).
El inquilino de la Casa Blanca cómodamente finge demencia, pues, sólo como muestra, días atrás advirtió: “sin Estados Unidos, no habría Israel; sin mí, no habría Israel, porque ningún otro presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo hice; he tenido una gran relación con Bibi (Netanyahu); ahora tiene que ser más responsable respecto a Líbano”. Con toda desfachatez, ahora “olvidó” esa advertencia y culpa directamente a Irán de la agresión.
En plena negociación y el anuncio de un “próximo acuerdo”, Netanyahu ha continuado sus ataques contra Líbano, en los que, en los días recientes, asesinó a 39 personas en el sur de ese país, “horas después de anunciar el acuerdo de alto el fuego con Hezbollah y en medio de las conversaciones de Estados Unidos e Irán para consolidar el fin de la guerra en Medio Oriente; al tiempo que el movimiento chiíta libanés reiteró la advertencia de que la escalada de Tel Aviv contra su territorio tiene como objetivo sabotear las negociaciones de paz en Medio Oriente” (ibidem).
En el balance, los ataques israelíes han matado a 4 mil 57 personas y herido a 12 mil 121 en Líbano desde el pasado 2 de marzo. A la par, el régimen del genocida Netanyahu ha violado en más de 300 ocasiones el alto el fuego. Pero Trump –siempre al servicio de Bibi– asegura que el culpable es Irán, mientras Tel Aviv advierte que continuará con la agresión ( La Jornada, Afp y Reuters).
Y mientras Trump permanezca en el cargo, siempre subordinado a los intereses y órdenes sionistas, la humanidad corre peligro. ¿Hasta cuándo?
Las rebanadas del pastel
El magnate naranja no tiene llenadera: agrede aquí, allá y acullá, viola el derecho internacional y mete las manos en todo el planeta. En la mira tiene a Cuba, a quien Estados Unidos, ilegal y permanentemente, agrede, pero con más saña en los tiempos del impresentable Donald Trump.
Twitter: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
El presidente Donald Trump saluda a su llegada en el helicóptero Marine One a la Base Conjunta Andrews, Maryland, el domingo 21 de junio de 2026, tras una visita a Campo David.
Foto: Ap Foto autor
la redacción
21 de junio de 2026 17:22
Un nuevo ataque del presidente estadunidense, Donald Trump, contra la prensa ocurrió este domingo, luego de que acusó al diario The New York Times de publicar información “falsa e inventada” sobre la situación en Irán y advirtió que incorporará esos contenidos a una demanda multimillonaria contra el medio.
En dos publicaciones difundidas en Truth Social, Trump calificó al periódico como “corrupto y fracasado” y sostuvo que la cobertura sobre el conflicto con Irán constituye, en su opinión, un acto de “traición”.
“La forma en que el corrupto y fracasado New York Times está cubriendo las noticias sobre un Irán muy maltratado y devastado, mediante ‘hechos’ falsos e inventados, es, en mi opinión, una traición”, escribió. Añadió que incluirá “todos sus reportajes falsos y ridículos” en una demanda multimillonaria y concluyó: “¡Son criminales!”.
En una segunda publicación, Trump respondió directamente a un titular del diario que cuestionaba el impacto de casi cuatro meses de conflicto y citaba evaluaciones de analistas que sostenían que hubo cambios limitados.
El mandatario rechazó esa interpretación y afirmó que Irán sufrió un debilitamiento militar y económico severo. Entre sus argumentos mencionó que las fuerzas armadas iraníes quedaron “acabadas”, que gran parte de su infraestructura militar y capacidad de producción fue destruida y que la economía del país enfrenta inflación elevada y dificultades financieras.
También sostuvo que el estrecho de Ormuz permanece abierto al tránsito marítimo y aseguró que los mercados bursátiles y el empleo en Estados Unidos se encuentran en niveles históricamente altos.
Trump concluyó su mensaje con nuevas descalificaciones al periódico y acusaciones de actuar sin ética profesional.
