Foto: Afp Foto autor
Reuters
23 de junio de 2026 13:11
Nairobi. Los casos confirmados en el brote de ébola en el este de República Democrática del Congo han superado los mil mientras el virus se extiende a un tercer campamento de desplazados y ha causado la muerte de una niña de 18 meses, según datos oficiales.
El recuento de fallecidos confirmados ascendió a 254, según informó el gobierno del Congo a última hora del domingo, más de un mes después de que se declarara el brote de la rara cepa Bundibugyo, para la que no existe ningún tratamiento ni vacuna aprobados.
La rapidez con la que se ha propagado por tres provincias del este del Congo ha llevado a los expertos sanitarios africanos a advertir que el brote podría acabar superando a la epidemia que se cobró la vida de más de 11 mil personas en África Occidental entre 2014 y 2016.
La niña se sometió a una prueba de ébola el 14 de junio en el campamento de desplazados de Hungbe y falleció antes de que se conociera el resultado positivo al día siguiente, según un informe sanitario congoleño al que ha tenido acceso Reuters.
Había desarrollado fiebre más de una semana antes y fue trasladada a pie a dos centros de salud diferentes, donde le administraron antibióticos antes de que finalmente se le realizara la prueba, según indicaron un funcionario congoleño y el informe.
Al menos 107 personas estuvieron en contacto con ella, entre ellas familiares, personal sanitario y personas de otros campamentos, añadió el informe. Había escasez de instalaciones para aislar a los pacientes, según declaró el Dr. Emmanuel Musingusi Bulemu, un responsable sanitario congoleño de la zona circundante de Nizi.
Reuters
23 de junio de 2026 13:11
Nairobi. Los casos confirmados en el brote de ébola en el este de República Democrática del Congo han superado los mil mientras el virus se extiende a un tercer campamento de desplazados y ha causado la muerte de una niña de 18 meses, según datos oficiales.
El recuento de fallecidos confirmados ascendió a 254, según informó el gobierno del Congo a última hora del domingo, más de un mes después de que se declarara el brote de la rara cepa Bundibugyo, para la que no existe ningún tratamiento ni vacuna aprobados.
La rapidez con la que se ha propagado por tres provincias del este del Congo ha llevado a los expertos sanitarios africanos a advertir que el brote podría acabar superando a la epidemia que se cobró la vida de más de 11 mil personas en África Occidental entre 2014 y 2016.
La niña se sometió a una prueba de ébola el 14 de junio en el campamento de desplazados de Hungbe y falleció antes de que se conociera el resultado positivo al día siguiente, según un informe sanitario congoleño al que ha tenido acceso Reuters.
Había desarrollado fiebre más de una semana antes y fue trasladada a pie a dos centros de salud diferentes, donde le administraron antibióticos antes de que finalmente se le realizara la prueba, según indicaron un funcionario congoleño y el informe.
Al menos 107 personas estuvieron en contacto con ella, entre ellas familiares, personal sanitario y personas de otros campamentos, añadió el informe. Había escasez de instalaciones para aislar a los pacientes, según declaró el Dr. Emmanuel Musingusi Bulemu, un responsable sanitario congoleño de la zona circundante de Nizi.
Ruptura y fracaso
Luis Linares Zapata
24 de junio de 2026 00:01
El muy reducido margen en el triunfo de la ultraderecha en Colombia, sin duda, vigorizará el aliento de sus guías nacionales. Por lo demás, bastante necesitados de ideas. Eso, por sólo decir lo evidente, poco habrá de contribuir a expandir sus posturas, atractivo y promesas. Parte de tal incapacidad ha estado fincada en sus ralas plataformas conceptuales. Los horizontes que podrían emerger de tales ideas son, por mucho, medianos en sus concreciones.
Han carecido, en toda ocasión, del toque popular masivo que pudiera dotarlos de un músculo de apoyo decisorio mayoritario. No sólo en las votaciones conseguidas, que han ganado, no sin exhibir apoyos externos notables. Carecen de continuidad que vigorice esos votos con utilidades en derechos, bienestar y bienes sociales.
Las notables ausencias de argumentos políticos, entre sus distintos liderazgos locales, los incapacitan para profundizar la calidad de sus ofertas. Eso centra sus pitazos en los errores o en los débiles y parciales atractivos que han descubierto en el progresismo opositor. El eje mismo de su centro de gravedad, alrededor del cual giran todos ellos, viene cargando un fardo de desprestigio que no logra dejar de lado y, menos, situar en el olvido.
La creciente noción de haber sucumbido en la guerra iraní se esparce por confines impensados, toca hasta los mismos escalones superiores del Partido Republicano. Es casi uniforme, en los análisis de los centros de investigación y entre los muchos difusores mundiales, que ha sido Irán el verdadero triunfador de la desigual guerra. Mucho de esas suposiciones, a manera de conclusión, puede aceptarse.
Pero es también algo reconocible, que la incapacidad de declarar un triunfo militar proviene de las mismas características difuminadas del tipo de confrontación. Las restricciones impuestas a la misma capacidad militar estadunidense juegan papel preponderante para no reconocer triunfo alguno. La no consecución de los objetivos planteados, para justificar la agresión original, determina la evaluación dominante.
Tal y como la misma coparticipación de Israel condiciona juicios (genocida) por doquier. La caída notable en las mediciones de opinión, llevadas a cabo recientes, sobre la presidencia de Donald Trump, es un factor condicionante de su margen decisorio. Irán, al haber logrado controlar y hacerse del mando y control del estrecho de Ormuz, funcionó como punto crucial del conflicto. El costo para el resto del mundo, en cambio, ha sido monumental y no se han extinguido sus múltiples daños.
La debilidad actual de Trump, al menos por un tiempo conveniente, gravitará sobre las derivadas del triunfo derechista en Colombia que flotarán sin asideros externos duros. Las mermadas consecuencias se pueden aquilatar en los juicios negativos que la oposición derechista ensaya en México, con manifiesto vigor, en tiempos recientes. Situando a la Presidenta como destinataria de sus terminales y escatológicos ataques.
Pero el fondo de esa enjundia opositora permanece inalterado: el irredento rencor hacia López Obrador y algunas de sus acciones de gobierno. El propósito, manifiesto de los principales difusores, continúa insistiendo en lograr esa anhelada ruptura entre los dos gobiernos de la Transformación.
La conseja a doña Claudia es reiterativa: separarse del odiado y abusivo antecedente. Debe, exigen, rechazar, sin miramientos, la envenenada herencia recibida. Sobre todo, en ciertos campos: el judicial, la seguridad y el económico como prioritarios. Para los augures de la opinocracia, la reforma judicial define y reduce a la Presidenta como simple gestionadora de errores –propios y heredados–. No tiene, según su extralógico juicio, la capacidad de imaginar alternativas.
Debe reconocer los enormes costos de poner en manos de improvisados la administración de la justicia. El pecado original que gravita sobre el aparato judicial es su liga con el pueblo. Someter los nombramientos a los votos es cuestión de principios, inaceptable por su pecaminosa contaminante.
Hace ¡diputados a los jueces! Un horror de horrores que bascula hacia el desastre. Mismo factor que irradia la confianza y las inversiones. No hay, para esos dorados críticos, escape de su dura condena. De similar catadura es el apocalíptico juicio esparcido por la opinocracia, y los medios privados, acerca de la política de seguridad.
Hay, ahí mero, un régimen sectario que preserva el error de los abrazos. La ceguera ideológica de la Presidenta la pone en el origen de su dependencia del patriarca. Defiende, dicen, un régimen podrido que ampara a sus barones y les da impunidad completa.
Todo debido a una injerencia indebida de la justicia neoyorkina que sus oidores reciben como vademécum visionario y trasmiten desde sus pulpitos consagrados. Vaya conjunto de contradicciones con esa otra realidad percibida por la mayoría de los ciudadanos de esta República.
Oposición de utilería
¿Será que de tanto proferir en vano la palabra democracia, el PRI y el PAN adoptaron su significante como significado? Foto José Antonio López Foto autor
Juan Becerra Acosta
24 de junio de 2026 00:01
Hay una palabra que la oposición en México pronuncia con devoción casi religiosa: democracia, pero no parece conocer su significado. Los hemos escuchado invocarla en tribuna, estamparla en desplegados, usarla de escudo cuando Morena avanza una reforma, siempre bajo la acusación de que esa misma democracia estaría en riesgo.
Vaya usted a saber qué entienden por democracia; tal vez sus ejemplos sean las elecciones de 1988 o de 2006. ¿Será que de tanto proferir en vano la palabra democracia, el PRI y el PAN adoptaron su significante como significado? ¿Será para ellos democracia el fraude contra Almazán en 1940?, cuando el gobierno declaró la victoria de Manuel Ávila Camacho con el 93 por ciento de los votos tras una jornada electoral marcada por la violencia y el robo de urnas.
O la compra masiva de votos con Monex en 2012, o la represión a los henriquistas en 1952, o la “caída del sistema” de 1988, o el fraude de 2006 y con él la ruptura de la confianza en las instituciones democráticas. ¿O simplemente no asumen que la decisión soberana de una mayoría que los convirtió en oposición sea democracia? Acusan falta de democracia, pero se lamentan porque son los ciudadanos quienes eligen en urnas a los representantes del Poder Judicial. “No tienen la capacidad” dicen, e intentan a como dé lugar boicotear un proceso de participación ciudadana, en lugar de proponer mejoras que le son necesarias.
Las elecciones de 2018 en México canalizaron el descontento social a través del voto masivo que mandató una transición pacífica, misma que –también democráticamente– se reafirmó en 2024 y consolidó la confianza ciudadana en las urnas como el único método legítimo de acceso al poder. La reforma constitucional de 2019 consolidó la paridad de género obligatoria en los tres poderes del Estado y en los órganos autónomos, lo que abrió el camino para alcanzar, por primera vez, congresos totalmente paritarios y la elección de Claudia Sheinbaum como la primera mujer Presidenta de México.
El PRI arrastra, además de un pasado que nadie quiere resignificar, un problema no sólo electoral, sino existencial: no ha logrado definir qué representa en el México de hoy; parece haber colocado en el olvido selectivo el lugar de donde viene y las atrocidades cometidas; intenta evadir el repudio que produce el escuchar sus siglas, en una respuesta colectiva que ya es un asunto de identidad nacional; finalmente se dirige a su propia antropofagia ante la imposibilidad de encontrar el anhelado hueso que roer, teniendo que devorarse a sí mismo por su voracidad.
Por su parte, el PAN pierde cada vez más coherencia ideológica y no logra conectar con nuevas generaciones mientras desencanta con las viejas, en mucho por haber construido una alianza con el PRI, que diluyó por completo su ideología y coherencia. Sus mecanismos de afiliación exprés y digitales no han funcionado debido, dicen algunos, al bloqueo de liderazgos locales conocidos como “padroneros” que controlan el padrón para imponer candidatos y cuotas de poder.
El partido que se hace llamar joven, el de “la nueva política”, Movimiento Ciudadano, convierte la ambigüedad en estrategia y se ve a sí mismo más como una marca que como una organización política. Entre los tres partidos de oposición, ninguno ofrece lo único que importa: un proyecto de nación. Por ello la encuesta de El País-Enkoll de finales de 2025 muestra una oposición fragmentada, incapaz de disputar prioridades ni imaginar un futuro distinto.
Como el hueso cada vez está más difícil de encontrar en partidos de oposición –a lo que se suma el “cascajo” que ya ni PAN PRI o MC quieren recoger–, hay intentos de construir nuevos partidos, algo que a pesar de lo caro que salen no sería una mala noticia si en verdad se tratara de nuevas opciones. Lamentablemente están lejos de eso; son las mismas caras de siempre con los mismos intereses de antes pero con un nuevo logo; es decir, una especie de reunión de ex alumnos donde todos se conocen las mañas pero ahora buscan cobrar con otra sigla.
Y no es que no tengan convicciones, tienen tantas que les alcanzan para estrenar una diferente en cada periodo electoral. Son tan innovadores que su propuesta de cambio consiste en los mismos personajes que provocaron el problema, pero ahora con una playera de distinto color. Si alguien opera para asfixiar la democracia en México es la oposición.
Su carencia de proyecto no defiende la libertad e impide contrapesos y equilibrios. Se centran en el chantaje político y el rechazo sistemático al tiempo en el que, sin agenda propia, se desconectan de la gente para defender justo aquello que los llevó a la derrota.
México: el neogolpismo avisa
En 1982 la CIA tenía apenas dos pisos en la calle Melchor Ocampo, de Ciudad de México. En cambio hoy, gracias a los “israelitas” y la gobernadora de Chihuahua Maru Campos, cuenta con una hiperinteligente torre de 21 pisos financiada por Seguritech.
Foto Ap / archivo Foto autor
José Steinsleger / IV
24 de junio de 2026 00:01
Uno. No todo embajador de Estados Unidos es, o ha sido, agente de la CIA. Sin embargo, desde mucho antes de su constitución como nación, ambos cargos han respondido a una causa común: salvar a la humanidad invocando a la Divina Providencia, el Destino Manifiesto, la doctrina Monroe (o Donroe), y demiurgos empecinados en descubrir el algoritmo de la inmortalidad (Peter Thiel), o la semilla para sembrar vida en Marte (Elon Musk).
Dos. Y fíjese cuán consecuentes han sido. Por ejemplo, en los albores del capitalismo, un predicador puritano de Massachusetts, John Cotton (1585- 1632), dijo: “Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, sino es un por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso, tendrán derecho a librar, legalmente, una guerra con ellos y a someterlos” (1630).
Tres. De ahí, saltando siglos, la atinada percepción del heroico periodista Manuel Buendía en la conferencia comentada en la última entrega: “Es inevitable que exista una relación oficial entre la CIA y su correspondiente mexicana. Pero la CIA se mueve en dos pisos. Y lo que ocurre en un piso abierto a los funcionarios mexicanos, es lo menos interesante”.
Cuatro. Sólo que en aquella época (1982), la CIA tenía apenas dos pisos en la calle Melchor Ocampo, de Ciudad de México. En cambio hoy, gracias a los “israelitas” y la gobernadora de Chihuahua Maru Campos, cuenta con una hiperinteligente torre de 21 pisos financiada por Seguritech (empresa del mexicano/ israelí Ariel Zeev Picker Schatz), erigida en el centro de Ciudad Juárez a un costo de 250 millones de dólares.
Cinco. Así como tantos otros, el asesinato de Buendía nunca fue plenamente esclarecido. No problem. El gobierno culpó al “crimen organizado”, eufemismo que los medios corporativos emplean hasta la náusea, pero sirve para silenciar la complicidad entre agencias gubernamentales de seguridad, ultraderechas, conservadores, narcotraficantes y, last but not least, la silente actividad de la CIA.
Seis. Pocos meses después, un ingenuo agente de la DEA, Enrique Kiki Camarena, expuso a sus jefes la colaboraciòn del gobierno estadunidense con el hoy extinto Cártel de Guadalajara (CG), en la importación y trasiego de drogas duras de Colombia a Estados Unidos, vía México. Allí selló su suerte. En febrero de 1985, saliendo del consulado de Washington en Guadalajara, a plena luz del día, Camarena fue interceptado, secuestrado, y asesinado tras largas sesiones de tortura. Uno de los capos fundadores del CG, Rafael Caro Qintero, fue detenido en Costa Rica y, acusado del crimen, purgó 28 años de prisión.
Siete. La tiranía del espacio obliga a pegar otro salto en el tiempo. Tras el “haiga sido como haiga sido” de Felipe Calderón y el PAN (fraude electoral de 2006), México y Estados Unidos suscribieron un acuerdo bilateral de capacitación a las fuerzas de seguridad mexicanas para combatir el narcotráfico, el crimen organizado y el lavado de dinero, aportando equipo, tecnología (Iniciativa Mérida, 2008).
Ocho. Luego, cruce y venta ilegal de más de 2 mil armas de alto calibre hacia nuestro país, con el propósito de rastrearles y desmantelar las redes de cárteles. El operativo Rápido y Furioso (sic, consentido por altos funcionarios del Departamento de Justicia), terminó en desastre. Los muchachos de Sinaloa dieron con ellas, y soldados mexicanos siguieron muriendo.
Nueve. Del editorial “EU: ¿aliado o enemigo?”, La Jornada 5/10/2011): “Es difícil comprender el empeño del gobierno mexicano en mantener un pacto de colaboración en materia de combate a la delincuencia y seguridad, con un socio tan poco confiable como Washington”.
Diez. En agosto de 2013 un tribunal federal de Jalisco ordenó la libertad inmediata de Caro Quintero. El argumento leguleyo fue que debió ser juzgado en el fuero común, y no en el federal. Pero en octubre de aquel año, Phil Jordan y Héctor Berrellez (ex agentes de la CIA y la DEA), revelaron al semanario Proceso y la cadena Fox News, que el ejecutor de Kiki Camarena era Félix Ismael Rodríguez. O sea, el tristemente célebre agente cubanoestadunidense de la CIA, que posó en una foto junto al Che Guevara poco antes de ser asesinado por militares bolivianos (9 de octubre de 1967).
Once. En julio de 2022, Caro Quintero fue detenido nuevamente en Sinaloa por un tribunal federal, extraditado a Estados Unidos en febrero de 2025, y llevado la semana pasada a comparecer en un juzgado federal de Nueva York, con sede en el distrito de Brooklyn.
Doce. Del ex secretario de Estado Henry Kissinger: “ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser su amigo es fatal”.
Primera parte: https://www.jornada.com. mx/2026/05/13/opinion/012a1pol Segunda: https://www.jornada.com. mx/2026/05/27/opinion/015a2pol Tercera: https://www.jornada.com. mx/2026/06/10/opinion/013a1pol