Carolina Aranda Cruz
06 de mayo de 2026 20:46
El Hantavirus no es una enfermedad que apareció de repente en el crucero que zarpó de Argentina el primero de abril de 2026. Fue transmitido por primera vez de roedores a humanos entre 1951 y 1953 durante la guerra de Corea, debido a la inhalación de aerosoles de heces u orina de dichos animales. Esta transmisión infectó a más de 3 mil soldados pertenecientes a la ONU, de acuerdo con el doctor Mohammed A. Mir de la Kansas University del departamento de microbiología, genética molecular e inmunología.
Pero ¿qué es el Hantavirus? Según la Harvard Medical School es una enfermedad proveniente de los roedores, la cual afecta principalmente a pulmones, corazón y riñones. La variedad que se transmite entre humanos es la de los Andes (ANDV) y resulta difícil de contraer. Las personas deben estar en un espacio reducido, concurrido, y tener contacto muy cercano y constante con algún infectado, tal como ocurrió con los pasajeros del crucero MV Hondius.
Desafortunadamente, la variante de los Andes puede ser letal en el 50% de los casos. En nuestro continente, el virus causa serios problemas a nivel cardiopulmonar, mientras en las variantes de Asia y Europa los riñones son los principales afectados. La sintomatología difiere debido a las distintas mutaciones que ha tenido el virus.
Los síntomas generales mencionados por la Organización Mundial de la Salud son: fiebre, dolor de cabeza y muscular, dolor abdominal, vómito o náusea. Para quienes habitamos América, los síntomas se manifiestan por: tos, dificultad respiratoria, acumulación de líquido en pulmones e insuficiencia circulatoria. Para asiáticos y europeos hay presión arterial baja, tendencia a sangrar, y fallo renal. En todos los casos los síntomas aparecen entre una y ocho semanas luego de haberse contagiado.
El Hantavirus es difícil de detectar en una etapa temprana porque comparte síntomas comunes con la influenza, covid-19, neumonía viral, leptospirosis, dengue y sepsis, cuando el cuerpo actúa de manera violenta y descontrolada ante una infección que acaba dañándose a sí mismo.
Actualmente no existe una cura para tratar la infección, pero se pueden tomar algunas medidas: bloquear el acceso a roedores en las casas, usar cubrebocas N95, utilizar guantes si hay que limpiar heces u orina de roedor, lavarse las manos frecuentemente y estar atentos a la aparición de síntomas.
Hasta el día de hoy, la Compañía responsable del crucero Oceanwide Expeditions ha reportado 3 pasajeros muertos, 1 en estado crítico y 4 o 5 con síntomas leves. Los lugares donde arribarán serán: España, Países Bajos, Ámsterdam, Estados Unidos, Alemania y otros países pertenecientes a la Unión Europea. Aunque los casos no son numerosos, como habitantes del Continente Americano debemos estar informados sobre el Hantavirus por la letalidad de la variante de los Andes.
México en riesgo
"La única razón de existir de la Agencia CIA es la desestabilización de aquellos países, gobiernos u organizaciones que se opusieran a los altos intereses de esa nación, no hay más". Foto
"La única razón de existir de la Agencia CIA es la desestabilización de aquellos países, gobiernos u organizaciones que se opusieran a los altos intereses de esa nación, no hay más".
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Jorge Carrillo Olea / II
08 de mayo de 2026 00:01
La única razón de existir de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) es la desestabilización de aquellos países, gobiernos u organizaciones que se opusieran a los altos intereses de esa nación, no hay más. Toda actividad, en la modalidad que se quiera, debe entenderse que son sólo pasos intermedios para alcanzar ese fin.
Aplica métodos violentos como asesinatos o golpes de Estado o, como es el momento de México, crea o sigue situaciones ya existentes, como los tantos temas conque a diario nos amenaza Trump. Esta es una idea que demandaba ser vista con profundidad, fue un anticipo de la exigencia de E.U, de las solicitudes de extradición del gobernador de Sinaloa y supuestos secuaces.
No se le vio así, y llegarán otras. El caso Chihuahua, además de los procesos judiciales a que haya lugar, debería ser un caso de estudio por los órganos de inteligencia ya que rebela no solo hechos que dan lugar a su uso político y exaltaciones mediáticas, sino que, al profundizar en el caso, además de los fines de Trump, devela nuestras lamentables debilidades humanas e institucionales.
El destino de México, según la óptica de aquel país, debe ser correspondiente a sus conveniencias. Todo parte de ese punto, las formas y sus mecanismos son delicadamente diseñados. Estados Unidos no pretendería una desestabilización como al gobierno de Salvador Allende, en Chile, hundiendo su economía y alentando un golpe militar; pero dispone de otros recursos igualmente perversos y efectivos, como solicitar anuencias en asuntos judiciales, comercio crítico de bienes insustituibles como el gas, migraciones, tráfico de armas o influencia sobre banca internacional. Medios le sobran.
Como funcionarios de cierto nivel no tenemos una cultura preventiva sobre la defensa de lo nuestro, por eso nos meten bola tras bola. La referencia es al amplio mundo de la burocracia: secretarios y subsecretarios de Estado, directores de grandes corporaciones, gobernadores estatales y embajadores, que entre ellos manejan información altamente sensible. No fuimos educados en la prevención de todo género, desde la vacuna, o el extinguidor hasta el advertir riesgos nacionales.
Esto es solamente una forma de ceguera o insensibilidad política. Para ser congruentes, sigamos la reflexión en el caso Chihuahua, el mensaje no leído. Ello nos permite suponer al menos dos situaciones: que la gobernadora actuó como lo hizo por ignorancia palmaria sobre la materia o que actuó desde una nube mezcla de soberbia e irresponsabilidad. Ambas posturas se alimentan de una falta de cultura sobre la materia: la gobernadora ignoró paladinamente su propio juramento de cumplir y hacer cumplir las leyes federales y estatales y aceptó que, si no lo cumpliera, que la nación se lo demande, lo que hace suponer un conocimiento de la ley previo a su protesta, o no supo lo que protestó cumplir.
¿La ausencia general de cultura preventiva es propiciatoria de las conductas en que incurrió la gobernadora? Sí, indudablemente, pero hay que advertir que el Estado tampoco ha exigido o promovido tal ilustración. No existe el mecanismo informador a funcionarios de alto nivel que plantee con la amplitud necesaria los compromisos que se adquieren al protestar en la asunción de ciertos puestos y que eso va más allá de su obligación también legal de conocer la ley.
En ningún caso puede alegarse ignorancia de la ley. Habría que advertirles que los agentes extranjeros que actúan en nuestro país, sean estadunidenses, chinos o españoles, que de todo hay, suelen adoptar, como camaleones, cualquiera forma externa, pero siempre obedecerá ese fin. Una regla que resulta obvia es que se adaptan increíblemente al objetivo que tienen asignado. Siendo legalmente miembros de un gobierno extranjero, su identificación formal es pasar por promotores, asesores o instructores. Llevan una forma de vida abierta, si bien no se reconocen como lo que realmente son.
Suelen operar a través varias personalidades superpuestas según el medio de su trabajo, generalmente con cobertura diplomática. Cuando debieran cumplir con misiones extra legales, como su presencia en Chihuahua, las llaman “operaciones encubiertas o clandestinas”, las que se han dado con cierta recurrencia en México, pero nuestro sistema jurídico ha estado impedido de actuar en procuración de justicia por convenios internacionales, ya que, al habérseles recibido en calidad de diplomáticos, gozan de impunidad.
Se enfocan en objetivos específicos de alto valor que generalmente son accesibles legalmente, no en despliegues amplios clandestinos. Al menos 90 por ciento de sus necesidades de información está abierto al público, por eso es de estudiarse el qué hacían realmente los dos occisos en la montaña. De toda esta situación es que la irresponsabilidad de la gobernadora Campos resulta el valor negativo de ser lección que debe aprenderse, porque después de Sinaloa nos viene más. Hoy es ella y sus cómplices ante una violación que atenta contra principios vitales para nuestra trasijada patria, ¿y después?
carrillooleajorge@gmail.com
Costa Rica: el interregno y la disputa por el sentido común
"Lejos de ser un caso aislado, Costa Rica se inscribe en una tendencia regional marcada por la expansión de narrativas autoritarias que prometen". Foto Afp Foto autor
Juan Carlos Cruz Barrientos
08 de mayo de 2026 00:01
Costa Rica ya no es la excepción que fue. Bajo la superficie de su estabilidad institucional, se acumulan tensiones que revelan el desgaste del pacto social que sostuvo su democracia durante décadas. El país vive un interregno gramsciano: lo viejo no termina de morir y lo nuevo no logra nacer. En ese vacío, la política se reorganiza en torno al miedo, el enojo y la desconfianza.
Lejos de ser un caso aislado, Costa Rica se inscribe en una tendencia regional marcada por la expansión de narrativas autoritarias que prometen orden en contextos de incertidumbre. La distopía ha dejado de ser una advertencia para convertirse en experiencia cotidiana: debilitamiento de contrapesos, simplificación del conflicto social y normalización de respuestas de excepción.
El auge del discurso securitario es una de sus expresiones más visibles. Frente al crecimiento del crimen organizado transnacional, la respuesta estatal privilegia el castigo sobre la prevención y la espectacularidad sobre la estrategia. Se construyen enemigos internos y se prometen soluciones inmediatas a problemas estructurales, mientras el Estado parece actuar más, pero resuelve menos. En este contexto, la disputa política ha mutado.
Sin un relato hegemónico capaz de articular expectativas colectivas, el conflicto se reorganiza en antagonismos morales que reducen la complejidad a oposiciones binarias: pueblo versus élite, orden versus caos. La hegemonía no ha desaparecido; se ha transformado. La derecha contemporánea ha sabido leer este momento.
Su eficacia radica en la capacidad de conectar con el malestar social mediante un lenguaje directo, emocional y sin mediaciones. No es ausencia de proyecto, sino una forma distinta de construir sentido: más afectiva que programática. Los sectores progresistas, en cambio, han tendido a subestimar esta dimensión, confiando en que la evidencia y los argumentos racionales bastan. Pero en un entorno mediado por plataformas digitales, donde los algoritmos moldean percepciones y amplifican la polarización, la disputa es también simbólica.
El llamado digitalismo reorganiza la vida pública: la conexión permanente sustituye la acción colectiva, y el sentido común se construye en entornos gobernados por lógicas de mercado. En ese escenario, la política se vuelve inmediata, fragmentada y emocional, debilitando los marcos de deliberación democrática.
Al mismo tiempo, la narrativa de crisis permanente habilita decisiones que erosionan al Estado en su dimensión sustantiva: presiones sobre el Poder Judicial, concentración de poder en el Ejecutivo y debilitamiento de capacidades estratégicas. No se trata de una ruptura abrupta, sino de una degradación progresiva. La salida no es meramente técnica. Es, ante todo, política.
Disputar la distopía implica disputar el sentido común. Esto exige reconocer el malestar social sin traducirlo en odio, reconstruir un relato democrático anclado en la vida cotidiana y proyectar un horizonte que combine seguridad con derechos. También supone intervenir en el ecosistema digital, fortaleciendo lo público frente a la lógica algorítmica. Pero, sobre todo, implica repolitizar lo estructural: devolver centralidad a la desigualdad, al modelo económico y a las brechas territoriales que han sido desplazadas por la inmediatez del conflicto cotidiano.
La disputa de fondo es por el significado del orden. Mientras las respuestas autoritarias lo asocian con control y exclusión, una alternativa democrática debe vincularlo con inclusión, derechos y capacidad estatal. Costa Rica se encuentra en un punto crítico. En este interregno, lo que está en juego no es solo la orientación de las políticas públicas, sino la forma misma de entender la democracia. El desenlace no está escrito: será resultado de la disputa por el sentido común.
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ De Richard Nixon a Donald Trump, la llamada guerra contra las drogas ha contribuido a hacer del narcotráfico un negocio cada vez más redituable y extendido en Estados Unidos. En la imagen, el mandatario estadunidense durante una visita a las obras de remodelación del Monumento a Lincoln, ayer en Washington.Foto Ap
Ante la nueva oleada intervencionista del enloquecido Donald Trump, el gobierno mexicano debe rechazar tajantemente su “ultimátum” y no sólo por razones de soberanía, sino porque el agente naranja pretende que todo se haga como él “ordena”, es decir: en el plano foráneo, que terceras naciones hagan la chamba que corresponde a la autoridad gringa, mientras en el plano interno el inquilino de la Casa Blanca alegremente se dedica a indultar a narcotraficantes.
Entonces, ¿cómo “combate” Trump el narcotráfico, a sabiendas de que “ordena” que se haga lo mismo? De dientes para fuera, porque el abasto de drogas en el mercado gringo se mantiene a tope para que los millones de adictos estadunidenses no tengan el menor problema para fumar, inyectar, inhalar, o lo que ellos prefieran, cualquier tipo de narcótico, a la venta en prácticamente todas las esquinas de sus ciudades.
No sólo eso. El pasado sábado, en México SA se recordó lo siguiente: “El ex presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a 45 años de cárcel por narcotráfico, salió de prisión (2 de diciembre de 2025) tras recibir el indulto del presidente Trump; el indulto y la liberación de Hernández ocurren en medio del despliegue estadunidense en el mar Caribe y el océano Pacífico, una operación que Washington asegura tiene como objetivo frenar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos; según la justicia estadunidense, Hernández (mandatario de 2014 a 2022) facilitó el ingreso al país de cientos de toneladas de drogas y convirtió a su país en un narcoestado, pero Trump considera que fue víctima de un ‘montaje’ de su antecesor, Joe Biden, y fue ‘tratado de forma muy dura e injusta’; en marzo de 2024, un jurado de Nueva York lo declaró culpable de haber facilitado el ingreso a Estados Unidos de unas 400 toneladas de cocaína a través de Honduras”, en complicidad con el cártel de Sinaloa ( La Jornada, Afp).
Se trata de mucho tonelaje como para ser un “montaje”. Lo cierto es que todo ese polvo blanco ingresó a Estados Unidos sin problema alguno, se distribuyó en las calles de aquel país y terminó, literalmente, en las narices de los consumidores gringos. Todo, desde luego, en nombre del muy institucional “combate al narcotráfico”.
La anterior es muestra fehaciente de la efectividad de la “guerra contra las drogas” que Trump dice encabezar (es decir, el mismo cuento que Richard Nixon originalmente narró a principios de la década de 1970), que por sus pistolas pretende involucrar a todas las naciones. Y en los cerca de 55 años transcurridos, el único “logro” ha sido el incremento exponencial de oferta y consumidores. Entonces, ¿en serio la Casa Blanca lleva a cabo un “decidido combate” en este terreno? Puro verso, que le sirve de pretexto para meter las garras en terceras naciones. Por cierto, este fulano califica al narcotráfico de “terrorismo”, pero resulta que, sin mayor trámite, él indultó a uno de ellos. Entonces, por asociación, Trump sería uno de los grandes promotores del terrorismo (y no sólo en este nicho).
Con verso y una fotografía de Juan Orlando Hernández en el corazón, Trump se aventó al ruedo: “El ingreso de drogas a nuestro país por mar, océano y agua ya está muy bajo; hemos iniciado la fase terrestre, la cual es mucho más fácil; escucharán algunas quejas de algunas gentes, como los representantes de México y otros lugares; si no van hacer la tarea, nosotros haremos la tarea; no permitimos a los cárteles que han envenenado a millones de estadunidenses operar libremente” ( La Jornada, Jim Cason y David Brooks, corresponsales).
Si Trump “desea” que otros países se sumen a su línea de acción, entonces los gobiernos de México y Colombia –primeros en su lista– deberán indultar a todos los narcos presos, abrir las cárceles de par en par y liberar a todos por ser “víctimas de un montaje” y “tratados de forma muy dura e injusta” (el esperpéntico agente naranja dixit).
Y mientras el enloquecido inquilino de la Casa Blanca tira verso y vende humo por doquier, el gabinete de seguridad mexicano aporta información: hasta marzo de 2026, la administración Sheinbaum se ha incautado de 346 toneladas de droga en el país (fentanilo, cocaína, metanfetaminas y más); ha detectado y desmantelado alrededor de 2 mil 500 laboratorios clandestinos productores de enervantes; ha detenido a 46 mil delincuentes de alto impacto y ha decomisado cerca de 23 mil armas en posesión de delincuentes.
Las rebanadas del pastel
La apestosa ultraderecha gachupina está instalada en el siglo XV y su negacionismo la hace feliz… Va un fuerte abrazo para mi Chícharo adorado por otra velita en su pastel.
X: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
