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José Blanco
05 de mayo de 2026 00:03
El colapso en curso de la globalización neoliberal se ha vuelto una maraña viscosa sin pies ni cabeza. El caos reina hasta el último rincón. Trump dio el banderazo de salida al colapso y parece creer que él gobierna el caos. El poder imperial construyó la globalización neoliberal a partir de los años 90; volvió milmillonarios a los millonarios de Occidente, especialmente a los gringos; se propuso explotar sin límite a numerosas sociedades del mundo en sus propios países, y en un cataplúm produjo, sin saberlo, las condiciones para el empoderamiento de Asia; de China en primer lugar, que ya ganó la preminencia industrial planetaria, sin vuelta atrás. Así las cosas, el imperio decidió abandonar el juego global que inventó y desató el colapso de la globalización neoliberal.
Hacia 1990 el G-7 representaba dos tercios de la producción manufacturera del mundo y dos tercios, también, del PIB mundial, aunque sólo era 13 por ciento de la población planetaria. La globalización neoliberal pronto trastornó ese estatus: en terminos territoriales, el G-7 pasó de representar 67 por ciento de la producción manufacturera mundial a 34 por ciento en 2022. EU desde 2010 representa 17 por ciento de la manufactura; China el doble, 34 por ciento. Mientras los milmillonarios, gringos principalmente, se hinchaban de millones –y Asia se empoderaba–, inmensas franjas de la sociedad gringa se empobrecían y perdían sus saberes en materia de producción manufacturera. A inicios de los años 70, el empleo industrial de EU era de unos 15 millones; en 2025 había caído 50 por ciento, mientras la población había aumentado 140 millones. La insatisfacción de la sociedad gringa con esos cambios no podía ser más extrema. Biden y Trump culparon cínicamente a China de las decisiones de las élites de EU y presentaron su desastre como una “traición” del país asiático.
La idea genial de la globalización neoliberal era crear un mundo integrado dirigido por las élites gringas. Un mundo integrado significaba la práctica abolición de las fronteras: el espacio planetario para la libre circulación del capital. El G-7 operó separando la economía de la política: los grandes empresarios se encargarían de la economía global, los políticos se encargarían, localmente, del control de las sociedades nacionales; los políticos legislarían para la seguridad de la propiedad y para garantizar el libre movimiento del capital. Funcionó durante un breve lapso. A la corta, la idea genial mostró provenir de alguien con dos dedos de frente, si no es que uno. No hay economía sin política, sin un sistema jurídico y político que la sustente, es decir, un Estado-nación. Y ahí dentro, en el Estado-nación, viven los trabajadores y la sociedades de base, y ahí se constituye un correlación de fuerzas que se expresa, bien, mal o regular, en las decisiones del Estado. Los empresarios no pueden reinar con exclusividad indefinidamente. El tiempo de la idea genial está extinto.
En EU –y otros países–, la cólera se apoderó de los de abajo; para ellos los millonarios que invertían en lugares remotos mostraban insensibilidad total respecto de su propia vida. La grave crisis financiera de 2007-2008 hizo evidente que a los millonarios les importaba menos que un bledo la vida de las mayorías. Esa crisis fue lluvia sobre mojado: ocurrió cuando los de abajo ya no contaban con medios de defensa, los sindicatos se habían vuelto neoliberales, las izquierdas socialdemócratas se habíen vuelto neoliberales, mientras la pobreza campeaba. El malestar social en ebullición es ahora parte del colapso.
Como todos los millonarios gringos, Trump se benefició de la globalización neoliberal. No obstante, la situación adversa para los de abajo se convirtió en la base del discurso demagogo de Donald Trump: el culpable del desastre interno era el Partido Demócrata y el principal culpable externo, China. Era imperativo reconstruir la industria en el territorio de Estados Unidos. Trump creyó que su programa arancelario, ridículamente insignificante para el objetivo reindustrializador, sería la llave de un éxito nunca jamás visto por nadie en este mundo. Para colmo, su “gran” programa se vino abajo cuando la Corte Suprema falló contra Trump: los aranceles eran ilegales.
Trump, además, se presentó en su campaña política como un pacifista: él en un periquete podía recomponer cualquier entuerto sin tocar la pólvora. No obstante, con “el ejército más poderoso con mucho, más letal y más sofisticado del mundo”, ha atacado ya a ocho países. Y halló en Irán la horma de su zapato. “Ya vencí, destruí su marina, su aviación, su ejército”. Trump es el único capaz de vencer sin vencer. “Hice algo que fue, no sé, una tontería, valiente, pero inteligente”, dijo inpertérrito.
Es probable que el mundo avance hacia un sistema multipolar. EU, potencia herida de muerte será, sin embargo, parte de ese sitema como poder primordial, por algún tiempo. No será un sistema que resulte de un acuerdo internacional. El orbe debe navegar, por tanto, en medio de ese colapso creado por el propio neoliberalismo.
José Blanco
05 de mayo de 2026 00:03
El colapso en curso de la globalización neoliberal se ha vuelto una maraña viscosa sin pies ni cabeza. El caos reina hasta el último rincón. Trump dio el banderazo de salida al colapso y parece creer que él gobierna el caos. El poder imperial construyó la globalización neoliberal a partir de los años 90; volvió milmillonarios a los millonarios de Occidente, especialmente a los gringos; se propuso explotar sin límite a numerosas sociedades del mundo en sus propios países, y en un cataplúm produjo, sin saberlo, las condiciones para el empoderamiento de Asia; de China en primer lugar, que ya ganó la preminencia industrial planetaria, sin vuelta atrás. Así las cosas, el imperio decidió abandonar el juego global que inventó y desató el colapso de la globalización neoliberal.
Hacia 1990 el G-7 representaba dos tercios de la producción manufacturera del mundo y dos tercios, también, del PIB mundial, aunque sólo era 13 por ciento de la población planetaria. La globalización neoliberal pronto trastornó ese estatus: en terminos territoriales, el G-7 pasó de representar 67 por ciento de la producción manufacturera mundial a 34 por ciento en 2022. EU desde 2010 representa 17 por ciento de la manufactura; China el doble, 34 por ciento. Mientras los milmillonarios, gringos principalmente, se hinchaban de millones –y Asia se empoderaba–, inmensas franjas de la sociedad gringa se empobrecían y perdían sus saberes en materia de producción manufacturera. A inicios de los años 70, el empleo industrial de EU era de unos 15 millones; en 2025 había caído 50 por ciento, mientras la población había aumentado 140 millones. La insatisfacción de la sociedad gringa con esos cambios no podía ser más extrema. Biden y Trump culparon cínicamente a China de las decisiones de las élites de EU y presentaron su desastre como una “traición” del país asiático.
La idea genial de la globalización neoliberal era crear un mundo integrado dirigido por las élites gringas. Un mundo integrado significaba la práctica abolición de las fronteras: el espacio planetario para la libre circulación del capital. El G-7 operó separando la economía de la política: los grandes empresarios se encargarían de la economía global, los políticos se encargarían, localmente, del control de las sociedades nacionales; los políticos legislarían para la seguridad de la propiedad y para garantizar el libre movimiento del capital. Funcionó durante un breve lapso. A la corta, la idea genial mostró provenir de alguien con dos dedos de frente, si no es que uno. No hay economía sin política, sin un sistema jurídico y político que la sustente, es decir, un Estado-nación. Y ahí dentro, en el Estado-nación, viven los trabajadores y la sociedades de base, y ahí se constituye un correlación de fuerzas que se expresa, bien, mal o regular, en las decisiones del Estado. Los empresarios no pueden reinar con exclusividad indefinidamente. El tiempo de la idea genial está extinto.
En EU –y otros países–, la cólera se apoderó de los de abajo; para ellos los millonarios que invertían en lugares remotos mostraban insensibilidad total respecto de su propia vida. La grave crisis financiera de 2007-2008 hizo evidente que a los millonarios les importaba menos que un bledo la vida de las mayorías. Esa crisis fue lluvia sobre mojado: ocurrió cuando los de abajo ya no contaban con medios de defensa, los sindicatos se habían vuelto neoliberales, las izquierdas socialdemócratas se habíen vuelto neoliberales, mientras la pobreza campeaba. El malestar social en ebullición es ahora parte del colapso.
Como todos los millonarios gringos, Trump se benefició de la globalización neoliberal. No obstante, la situación adversa para los de abajo se convirtió en la base del discurso demagogo de Donald Trump: el culpable del desastre interno era el Partido Demócrata y el principal culpable externo, China. Era imperativo reconstruir la industria en el territorio de Estados Unidos. Trump creyó que su programa arancelario, ridículamente insignificante para el objetivo reindustrializador, sería la llave de un éxito nunca jamás visto por nadie en este mundo. Para colmo, su “gran” programa se vino abajo cuando la Corte Suprema falló contra Trump: los aranceles eran ilegales.
Trump, además, se presentó en su campaña política como un pacifista: él en un periquete podía recomponer cualquier entuerto sin tocar la pólvora. No obstante, con “el ejército más poderoso con mucho, más letal y más sofisticado del mundo”, ha atacado ya a ocho países. Y halló en Irán la horma de su zapato. “Ya vencí, destruí su marina, su aviación, su ejército”. Trump es el único capaz de vencer sin vencer. “Hice algo que fue, no sé, una tontería, valiente, pero inteligente”, dijo inpertérrito.
Es probable que el mundo avance hacia un sistema multipolar. EU, potencia herida de muerte será, sin embargo, parte de ese sitema como poder primordial, por algún tiempo. No será un sistema que resulte de un acuerdo internacional. El orbe debe navegar, por tanto, en medio de ese colapso creado por el propio neoliberalismo.
Justicia argentina rechaza televisar proceso contra Cristina Fernández
Stella Calloni Corresponsal
Periódico La Jornada Martes 5 de mayo de 2026, p. 24
Buenos Aires., Mientras el presidente Javier Milei inicia su cuarto viaje en este año a Estados Unidos en medio de una fuerte disputa interna de su partido La Libertad Avanza (LLA), la justicia argentina decidió no permitir que la Causa de los Cuadernos, reabierta contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sea televisada, luego de que todos los empresarios citados para testificar denunciaron haber sido extorsionados y forzados a declarar para involucrar a la ex mandataria.
En relación con el famoso caso cerrado por estar basado “en pruebas inconsistentes”, uno de las tantas que armaron el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío durante el gobierno del ex presidente Mauricio Macri (2015-2019) contra Fernández de Kirchner, quien está en prisión domiciliaria desde el año pasado por otro juicio en el que fue condenada sin pruebas, fue reabierto ahora porque pretendía el gobierno enviarla a la cárcel, como pide Estados Unidos.
También está detenido en una prisión de máxima seguridad el ex ministro de Planificación Julio de Vido, violando todas las normas, porque su vida está en peligro por temas de salud y no le permiten arresto domiciliario.
Que la justicia impida que sean transmitidas por televisión las audiencias ratifica la corrupción judicial en tiempos de Macri, cuando la Causa de los Cuadernos se convirtió en el mayor ejemplo del lawfare (guerra jurídica), ya que se combinaron los tres factores de la judicialización de la política con la intervención del periodismo y los servicios de inteligencia de ese entonces.
El 30 de abril, el ex secretario de Obras Públicas de la administración de Fernández de Kirchner, José López, al ser llamado otra vez como testigo en la llamada ahora Operación Cuadernos ante un tribunal, confesó que fue llevado rodeado de policías como “arrepentido”, el 7 de agosto de 2018 para involucrar a la ex mandataria, cuando estaba encarcelado en condiciones de total “aislamiento y vulnerabilidad”, acusado de formar parte de una asociación ilícita, lo que negó. Denunció que declaró como “arrepentido” bajo la presión del defensor oficial, que le advirtió a quién debía involucrar o iba preso.
En una nota sobre el tema publicada por Irina Hauser, periodista de Página/12, destacó que la decisión de la justicia de restringir la publicidad de las audiencias dictada por el tribunal es que a partir del próximo martes comenzará otra ronda de declaraciones testimoniales.
Acusan presiones
Todo esto sucede en momentos en el que trascendió que 27 empresarios “arrepentidos” citados en las semanas anteriores en la causa declararon que “durante la instrucción (en 2019) fueron coaccionados para declarar en línea con las expectativas del fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío para evitar ser detenidos”, ya que buscaban argumentos para imputar a la ex presidenta.
Desfilaron ex funcionarios y empresarios que relataron presiones sufridas dentro y fuera de tribunales cuando comenzaba la causa Cuadernos y, señala Hauser, “los principales arrepentidos –como el chofer Óscar Centeno y el financista Ernesto Clarens–, cuyos relatos sostienen la causa, optaron por no declarar, se negaron o no dijeron ni una palabra de lo que ya habían relatado al aceptar ser colaboradores o delatores siete años atrás, cuando acusaron a otros para salvarse”.
Las declaraciones son muy importantes y están dando vuelta a todo el armado de esta causa y evidencia la existencia de un llamado Partido Judicial. Nota completa en @lajornadaonline https://t.ly/9X49-
Ex ministro español niega cobros ilegales por compra de mascarillas
José Luis Ábalos declaró en el Tribunal Supremo; dice que es un caso mediático
Armando G. Tejeda Correponsal
Periódico La Jornada Martes 5 de mayo de 2026, p. 24
Madrid. El ex ministro de Transportes y ex secretario de Organización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), José Luis Ábalos, declaró ayer ante la sala de lo penal del Tribunal Supremo, en el marco del juicio en su contra por el presunto pago de comisiones ilegales en la compra de mascarillas durante la pandemia de covid-19.
El ex dirigente negó las acusaciones por las que podría ser condenado hasta 24 años de cárcel. “No he cobrado nada y no hay ninguna evidencia de eso”, declaró el ex dirigente socialista, tras lamentarse que se trata de un “caso mediático, juzgado hace tiempo”.
Ábalos fue el hombre de máxima confianza del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, sobre todo en su etapa inicial en el ascenso al poder, cuando era un aspirante a dirigir el PSOE, y se enfrentó al aparato partidista hasta conseguir una victoria contundente en una elección de primarias.
Fue también Ábalos quien le ayudó en 2017 a negociar con el resto de organizaciones políticas para la moción de censura que defenestró a su antecesor en el cargo, el derechista Mariano Rajoy, que se convirtió en el primer presidente del gobierno español apartado del cargo a través del Parlamento por los gravísimos casos de corrupción en el seno de su administración y de su partido, el Popular.
Menos de una década después de aquellos hechos históricos, quien está en el banquillo de los acusados es Ábalos, en uno de los varios juicios que tiene pendientes, entre ellos sobre el cobro de comisiones ilegales, falsedad documental, cohecho, fraude fiscal y nepotismo, tras el hallazgo de que utilizó empresas públicas para la “contratación de sus novias o amantes”.
Ábalos insistió en que se trata de un “juicio mediático” que se basa en gran medida en la declaración del empresario Víctor de Aldama, quien era el corruptor de la trama.
El ex ministro de Transportes acusó a la unidad central operativa de la Guardia Civil de “ansiedad” e “intencionalidad” por imputarle delitos cuando se inició la investigación, además de advertir que “lo único que han encontrado son 94 mil euros (2 millones de pesos)” que se habría gastado sin que se conozca la procedencia del dinero.
Al final de la sesión, la Fiscalía Anticorrupción decidió mantener la petición de 24 años de cárcel contra Ábalos, mientras para su principal colaborador y operador en la sombra, Koldo García, solicitó 19. Para De Aldama se pidieron siete años.
Ciudad perdida
El costal que carga Díaz Ayuso // La sanidad como negocio // Su pareja incómoda // La Iglesia se desdice
Miguel Ángel Velázquez
▲ Un grupo importante de indígenas protestó contra la presencia en el país de la derechista española Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y también contra el mestizaje, frente a la Catedral Metropolitana.Foto Luis Castillo
Ayer por la mañana, la capital mundial de la ultraderecha y la derecha, Madrid, se despertó con una información que pinta un tanto quién es Isabel Díaz Ayuso, una española que llegó hace un par de días a México para rendir homenaje a Hernán Cortés, el conquistador criminal. Dice la noticia que la mujer transfirió a un hospital privado 30 millones de euros que estaban destinados a cuidados paliativos y servicios de salud de los más necesitados.
La noticia difundida por El Diario.es debió haber llenado de orgullo a la señora Díaz Ayuso, quien tiene en la cabeza la idea de que la salud para los más necesitados es un gasto y nunca una obligación de los gobiernos, del signo político que sean.
Pero no es lo más grave. Lo peor de todo es que las informaciones vertidas respecto de la actuación de la señora aseguran que para la adjudicación de trabajos del gobierno se cobra un moche a los empresarios, lo que parece muy normal a la política española.
Y es que la señora grita y vocifera en contra de la izquierda en cualquier foro, mientras su pareja, un comisionista de nombre Alberto González Amador, es procesado por delitos fiscales, además de corrupción en los negocios, y que para no llegar a la cárcel ofreció, por conducto de su abogado, pagar una multa que casi llega a medio millón de euros.
Según la publicación que ha ido informando del caso, Alberto hizo sus “negocios” ya como pareja de Díaz Ayuso. ¿A qué le suena a usted todo esto? Como que parece un déjà vu, una historia muy contada en México durante los gobiernos panistas y el último del priísmo con Peña Nieto, ¿no?
Será por eso que allá en Madrid, insisto, la capital de la ultraderecha en el mundo, se fueron a refugiar personajes como Carlos Salinas de Gortari, quien, según se dice, obtuvo la nacionalidad española; Felipe Calderón, que vive en una de las zonas más lujosas de Madrid; Enrique Peña, quien cuenta con una propiedad en el barrio de Chamberi, y por ahí Enrique Alfaro, que no hace mucho gobernaba en Jalisco y donde también habitan o habitaban personajes contrarios al régimen venezolano de Maduro.
Díaz Ayuso vino a reunirse con gente de Acción Nacional. Irá a Guanajuato y a Chihuahua, los estados con el mayor índice de criminalidad en el país, y hay quien supone que le trajo la receta a los panistas. Lo malo es que sólo hablan de cómo destruir el erario en favor de los empresarios cuates. No hay otra propuesta, y todo ello a partir de la violencia. Nada mejor para los azules.
De pasadita
De que la Iglesia y las organizaciones que la acompañan –las de derecha y las que se dicen de izquierda– quieren dormir al velador, inventan cada cosa que hasta pena ajena da.
Este mediodía, poco antes de que se efectuara el homenaje a Hernán Cortés, que dio a conocer la señora Díaz Ayuso a finales del mes pasado en Madrid y que se difundió por muchos medios, la Arquidiócesis Primada de México publicó una “nota de prensa” que dice que “la misa por la evangelización de los pueblos, el mestizaje y la paz” se canceló porque la “producción responsable no reunió la totalidad de los permisos necesarios para la grabación en el recinto”.
Luego señala, en algo que más que cinismo llama a burla: que la tal misa “no tenía la finalidad de rendir homenaje a Hernán Cortés”, y agrega que las publicaciones, la prensa fue la que difundió la especie que ahora nos anuncia que falló.
La Arquidiócesis Primada tuvo más de una semana para desmentir lo que la señora Díaz Ayuso puso en conocimiento de los medios de comunicación, pero no fue así, y peor, trató de culpar a la prensa de los dichos de la gobernante de Madrid –la capital de la derecha–; por eso asegura que para la Iglesia sólo se trataba de una misa por el mestizaje, aunque afuera, frente a la iglesia, estuviera protestando un grupo importante de indígenas que rechazan a Díaz Ayuso y también el mestizaje. Las organizaciones en defensa de los derechos de los pueblos originarios no se vieron, ¿Por qué?
Luego les cuento de un tal Nacho Cano y sus fracasos y sus deudas.
cd_perdida@jornada.com.mx
