sábado, 9 de mayo de 2026

El Estado canalla.

Gustavo Gordillo / I
Trump está activado por los cuatro jinetes de Apocalipsis: Musk, Thiel, Andressen y Altman. En realidad son cinco con el intelectual del grupo, Karp, presunto alumno de Habermas.
Éstos sí saben qué quieren: destruir a la humanidad. No son metáforas, es lo que explícitamente pregonan en sus escritos, dichos y jaculatorias.
De los miembros de ese cártel, el canciller sabe de qué se trata y cree que haciéndose pendejo va a ganarse el apoyo trumpiano. Desde el debate en la primera campaña, el truhán sabe quién es: lo apodó little, el pequeño, o en mexicano, el chiquitín. En cambio, el que sí se sabe de qué se trata es el empleado de Thiel, jotadé, o sea el Príncipe de las Tinieblas o, para los cuates, el oscuro Anticristo.
El clan de delincuentes que regentea la Casa Blanca se enriquece y enriquece a sus familias y amigos. Hacen tratos con los mayores déspotas del mundo. Apoyan a través del esposo de la hija al genocida Netanyahu y al cártel integrado, entre otros, por Itamar Ben-Gvir, Bezalel Yoel Smotrich y Orit Malka Strock. Dicen combatir al narcotráfico, pero sueltan al mayor capo, ese sí, de un narcoestado hondureño, es decir, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por la justicia estadunidense y luego indultado por Trump con el apoyo de Netanyahu para establecer desde Honduras, con el actual pelele que puso Trump, y muy pronto otra vez con Hernández de presidente impuesto, una base terrorista para desestabilizar gobiernos o candidatos progresistas en América Latina.
Voy a analizar en detalle las más recientes amenazas intervencionistas de Trump y sus esbirros, comenzando por el Departamento de Justicia, ese sí capturado por el crimen organizado estadunidense y por un sujeto que tiene severos problemas sexuales: “That is a low-T (testosterone) approach to threats to the United States”, expelió esta incongruencia lógica alguien denominado Gorka, después de insultar a los críticos de la guerra contra Irán como “confrontados testicularmente”. Lo que parece indicar que se trata de alguien que anhela algo que no tiene.
Por cierto, antes de entrar al tema no estaría mal si un grupo de países de Europa, África, América Latina y Asia, a través de sus respectivas agencias antidrogas y antiterrorismo, junto con varias fiscalías, acometieran en conjunto una investigación sobre los nexos profundos del crimen organizado, incluyendo los cárteles mexicanos, con el sistema financiero estadunidense enseñoreado tanto en Wall Street como en Silicon Valley. Esos sí que están capturados.
Lo que debe quedar claro es que la cúpula del poder político y económico de Estados Unidos está transitando de un Estado liberal democrático a un Estado canalla. El concepto de rogue state es un término clave en la política internacional y la diplomacia, acuñado principalmente por Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XX. No existe una única traducción oficial, pero las más aceptadas y utilizadas en los ámbitos periodístico, académico y diplomático son: Estado paria, Estado canalla o Estado delincuente.
Un rogue state es un país considerado una amenaza para la paz y la estabilidad mundial porque actúa fuera de las normas, tratados y leyes internacionales que rigen el comportamiento de la comunidad global.
Para explicárselo a alguien de forma sencilla, se puede decir que es el equivalente a alguien “fuera de la ley” ( outlaw), pero a nivel de países.
Muchos analistas políticos y expertos en relaciones internacionales critican el término por subjetivo y unilateral. Generalmente lo asigna una superpotencia según sus propios intereses geopolíticos. También le falta consistencia. Países que violan derechos humanos o normas internacionales no reciben esta etiqueta si son aliados de Estados Unidos, como Israel o Emiratos Árabes Unidos.
Entonces es muy buena práctica que desde el Sur denominemos a ese enjambre delincuencial, con el patán a la cabeza, como un Estado canalla.
Seguiremos en estos temas mientras no nos invadan.

Ataca Pentágono otra lancha en el Pacífico; asesina a dos
De la Redacción
Periódico La Jornada   Sábado 9 de mayo de 2026, p. 15
El Comando Sur de Estados Unidos atacó ayer una lancha con saldo de dos asesinados y un sobreviviente, a la que acusó, sin presentar pruebas, de trasportar drogas en el Pacífico Oriental. Con este ataque aumenta a más de 57 incursiones similares desde septiembre del año pasado, bajo la administración del presidente Donald Trump, orientada a interceptar embarcaciones en presuntas rutas marítimas del narcotráfico. Al menos 182 personas han sido ejecutadas extrajudicialmente en estas operaciones.

Líder de los laboristas escoceses reconoce su derrota y reafirma su postura de que Starmer debería dimitir
Portapapeles pertenecientes a miembros del Partido Laborista mientras el personal cuenta los votos en las papeletas la mañana después de las elecciones locales en un centro de recuento de votos en Llandudno, al norte de Gales, el 8 de mayo de 2026. Foto AFP Foto autor
Europa Press
08 de mayo de 2026 10:06
Madrid. El líder del Partido Laborista escocés, Anas Sarwar, reconoció este viernes su derrota en las elecciones locales tras el abrumador apoyo de la ciudadanía al Partido Nacional Escocés (SNP) y volvió a reafirmarse en su postura de que el primer ministro británico, Keir Starmer, debería dimitir tras el desplome de los laboristas en Reino Unido frente al empuje de partidos como Reform UK o los Verdes.
"Defendimos el cambio, pero al final, perdimos esa batalla. Mi partido está sufriendo hoy y es mi responsabilidad mantenerlo unido. Seguiremos luchando por el cambio que Escocia necesita con tanta urgencia", expresó el líder laborista en declaraciones a la prensa, descartando así dimitir o echarse a un lado.
Sarwar afirmó que el voto laborista no solo ha caído en Escocia y apuntó a una "insatisfacción a nivel nacional". "Dije lo que dije en febrero y lo mantengo, pero ahora me voy a centrar en lo que esto significa para mi partido aquí en Escocia", señaló, en alusión a las palabras que pronunció a principios de año sobre que Starmer debería dimitir.