lunes, 25 de mayo de 2026

El CIAgate.

Cuatro agentes de la CIA acompañaron a policías de Chihuahua a desmantelar el narcolaboratorio localizado en la comunidad El Pinal y posteriormente murieron en un accidente, lo que reveló la injerencia de Estados Unidos. Foto La Jornada / Archivo   Foto autor
Carlos Fazio
25 de mayo de 2026 00:02
Quien piense que la presidencia imperial se instrumenta a partir de los tóxicos y repetitivos mensajes simplistas e infantilizantes del autócrata Donald Trump desde la Oficina Oval y su cuenta en Truth Social, se equivoca. Quienes lo pusieron allí desde el riñón del Estado profundo (deep state) diseñaron un plan estratégico neocolonialista, que más allá de sus ajustes y resultados –y del sesgo paranoico, la teatralidad y las mentiras verificables impulsadas tácticamente por el magnate– se ha venido cumpliendo. En particular, en lo que tiene que ver con América Latina y el Caribe como espacio vital (Lebensraum) del imperio, que abarca a México como un objetivo estratégico.
En momentos de declive de la hegemonía imperial, con China como enemigo principal y la teología de la Seguridad Nacional como sacrosanto fundamento, las líneas maestras del plan de reconfiguración geopolítica fueron diseñadas por la Fundación Heritage en agosto de 2024 (tres meses antes de la segunda elección de Trump), y tras su reingreso a la Casa Blanca en enero siguiente, a sus “dislates” anexionistas sobre Canadá y México, Groenlandia, el golfo de América y el Canal de Panamá, y otras argucias, siguieron acciones concretas para la militarización del combate a las drogas (manida herramienta de la política exterior clandestina de Estados Unidos), con la clasificación del fentanilo como arma de destrucción masiva (sic) y la designación de algunos grupos de la economía criminal como “organizaciones terroristas extranjeras”, lo que en aplicación de la ilegal extraterritorialidad de las leyes estadunidenses, permitiría de facto el uso de comandos de élite (fuerzas especiales) y unidades de operaciones sicológicas del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en actividades terrestres, aéreas y marítimas, abiertas y encubiertas, en el subcontinente. El andamiaje intervencionista fue complementado después con la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, que incluyó el corolario Trump a la Doctrina Monroe con eje en “reclutar y expandir” (ver Carlos Fazio, “De Robocop global a matón regional”, Rebelión.org, 22/12/26) y la Estrategia Nacional para el Control de Drogas 2026, anunciada este mes.
Con ese marco narrativo y seudolegal, la designación del coronel retirado Ronald Douglas Johnson −un superhalcón, veterano plomero de la comunidad de inteligencia experto en las operaciones sicológicas encubiertas y la guerra irregular asimétrica− como embajador en México, Trump dejó claro que en su relación con el gobierno de Claudia Sheinbaum priorizaría la fuerza por sobre la diplomacia (ver C. Fazio, “Trump y Johnson: mal augurio” y “El factor Johnson”, La Jornada, 23/12/24 y 22/12/25, respectivamente).
Un presunto accidente carretero el pasado 19 de abril en una brecha entre Guachochi y Morelos, dos municipios chihuahuenses enclavados en la Sierra Tarahumara, donde murieron dos agentes estadunidenses de la CIA, Richard Leiter Johnston y John Dudley Black, confirmó el despliegue sobre el terreno de la agencia anunciado por Trump; enrareció la difusa relación bilateral plagada de zonas grises, y dio paso a mentiras, verdades a medias, desmentidos y dudosas explicaciones de distintas instancias estatales y federales del Estado mexicano. Con el agregado de que otros dos operativos de la CIA, hasta ahora no identificados, habrían formado parte de un convoy, integrado, también, por elementos de la Fiscalía General y de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de Chihuahua, que habían participado en el desmantelamiento de laboratorios de drogas en la comunidad de El Pinal, en la Sierra Madre Occidental, con apoyo de soldados de la 42 Zona Militar con sede en Parral, que brindaron la seguridad perimetral.
Johnston, Black y los otros dos agentes −quienes habrían participado armados y camuflados con uniformes y balaclavas (pasamontañas) militares tácticos de la AEI− formarían parte de una unidad secreta, la rama terrestre (Ground Branch) del Grupo de Operaciones Especiales de la CIA, definida como una fuerza Tier 1, una unidad militar de élite que se maneja con autonomía y realiza misiones clandestinas. La actividad furtiva de ese grupo debe ser autorizada por el presidente de Estados Unidos. Pero sus actividades secretas sirven para brindar una negación plausible al mandatario y a su embajador Johnson. Los cuatro agentes estaban adscritos a la Dirección de Operaciones de la CIA que opera desde el consulado de Estados Unidos en Monterrey, Nuevo León. Uno de los fallecidos entró con visa de turista a México y el otro con pasaporte diplomático. Según Fabrizio Mejía Madrid, el agente Johnston llegó a México procedente de Afganistán e Irak, junto con los drones que se usaron contra Al Qaeda e ISIS en esos países y Siria, y habría estado adscrito a la Fuerza de Protección de Khost (K-P), un grupo paramilitar de la CIA.
Los agentes de la CIA habrían cumplido dos funciones básicas del organismo: infiltrar a la Fiscalía y a la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua, y reclutar a algunos “activos nativos” (native assets). Señaladamente, el fallecido jefe de la AEI, Pedro Oseguera Cervantes, y el fiscal de Operaciones Estratégicas y Antisecuestro de la Fiscalía, Guillermo Zuany Portillo.
El 21 de mayo, la gobernadora Maru Campos confirmó en vivo, en sendas entrevistas, la actuación de agencias como la DEA, la FBI y otras en su estado e incluso confesó que han participado en operativos para la “detención y extradición” de “generadores de violencia”. También dijo que debería haber agentes armados de la CIA operando en territorio nacional. Este miércoles 27 la gobernadora deberá comparecer como testigo en el expediente abierto por la Fiscalía General de la República por delitos contra la seguridad nacional en los que habrían participado los agentes de la CIA.

Trump, de espaldas a la realidad
El presidente estadunidense, Donald Trump, volvió a insistir ayer en que su gobierno se encamina a lograr un acuerdo “bueno y apropiado” con Irán que sería, según él, mejor que el establecido en 2015 entre Washington, Teherán, Moscú, París y Berlín, en el cual la república islámica se comprometió a no fabricar armas nucleares. Dijo, asimismo, que instruyó a los representantes estadunidenses en el diálogo patrocinado por Pakistán “que no se precipiten, porque el tiempo está de nuestro lado”.
Atrás quedó, pues, la cadena de ultimátums que el propio Trump lanzó a Irán en el curso de este mes para que aceptara las condiciones que pretendía imponerle y que fueron sistemáticamente rechazadas. En contraste, la agencia noticiosa iraní Fars señaló que los dichos de Trump son “incompletos e inconsistentes con la realidad”. Un vocero de la cancillería de Teherán dijo por su parte que si bien existe “una tendencia hacia el acercamiento” entre ambas partes, ello no necesariamente significa que vayan a llegar a “un acuerdo sobre cuestiones importantes”.
Debe considerarse que si bien Teherán podría ceder en algunas de sus exigencias iniciales, como el retiro de toda presencia militar estadunidense de la región del golfo Pérsico –y de la península arábiga en particular– y la demanda de recibir indemnizaciones por la enorme destrucción humana y material que las fuerzas estadunidenses e israelíes perpetraron al lanzar una guerra injustificada, no parece probable que acepte entregar a Washington sus reservas de uranio enriquecido, renunciar a sus programas de desarrollo de misiles convencionales ni volver al statu quo del estrecho de Ormuz antes de esa guerra, como pretende Trump. En cuanto a la exigencia de la Casa Blanca de que Teherán se comprometa a no desarrollar armas nucleares, fue desde el inicio una demanda absurda y sin sentido, toda vez que Irán ya había asumido ese compromiso desde 2015 y lo ha venido refrendando desde entonces.
Lo cierto es que si el atribulado presidente estadunidense desea salir del atolladero en el que él mismo involucró a su país al agredir a la república islámica –sin más razón aparente que la de satisfacer los deseos de hegemonía regional del régimen de Tel Aviv–, no parece quedarle otro camino que el de acabar firmando un acuerdo de paz mucho más parecido al pliego de 10 puntos presentado por Irán que a la pretensión de obtener una rendición incondicional del país agredido, el cual, sin embargo, estaba muy distante de haber sido derrotado; por el contrario, de acuerdo con la extendida opinión internacional, dejó a Washington sin opciones para continuar las hostilidades.
Si algo le faltaba a Trump para aceptar esas realidades, su reciente visita a Pekín debió abrirle los ojos: acostumbrado a extorsionar y chantajear a sus interlocutores, en esa ocasión el magnate estadunidense no obtuvo del presidente Xi Jinping más que sonrisas de cortesía y ceremonias de bienvenida, pero ningún compromiso comercial o tecnológico, ni mucho menos una certeza de que China tomaría alguna acción para favorecer a Wa-shington en su empantanamiento en el golfo Pérsico.
Ciertamente, ningún escenario bélico puede resultar más deseable que la paz, y cabe esperar que ésta pueda establecerse pronto en Medio Oriente. Pero para que eso suceda es indispensable que las partes cobren conciencia de la realidad, y en el caso de Trump esto significa que acepte su derrota.

Cohete israelí mata a padres y bebé de 6 meses en Gaza
▲ Palestinos miran los restos de un edificio bombardeado la noche del sábado en la ciudad de Deir al Balah, después de una advertencia israelí para que dejaran la zona.Foto Afp
Reuters y Europa Press
Periódico La Jornada   Lunes 25 de mayo de 2026, p. 24
El Cairo y Gaza., Un ataque aéreo israelí contra un apartamento en un campo de refugiados del centro de Gaza ayer causó la muerte de tres personas, entre ellas un bebé de seis meses, informaron autoridades sanitarias.
Los médicos identificaron a los fallecidos en el campo de refugiados de Nuseirat como Mohammad Abu Mallouh, el padre; Alaa Zaqlan, la madre, y su hijo Osama.
Más tarde, disparos israelíes abatieron a un palestino en el norte del enclave, cerca de una clínica gestionada por la Organización de Naciones Unidas en el campo de refugiados de Jabalia, indicaron los médicos.
En el depósito de cadáveres del Hospital de los Mártires de Al-Aqsa, en Deir al-Balah, los familiares de los tres fallecidos llegaron para despedirse de sus cuerpos envueltos en sábanas blancas. “Eran un hombre que dormía junto a su esposa y su hijo de seis meses en su cama. El cohete cayó sobre su cama y se los llevó, dejando atrás a seis niñas pequeñas”, afirmó la abuela del bebé, Umm Hamza Abu Mallouh, con lágrimas en los ojos.
Israel reanudó recientemente la emisión de órdenes de evacuación a los residentes del enclave, una práctica que había pausado en gran medida tras el alto el fuego de octubre.
El alto el fuego de octubre, impuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no ha logrado detener los ataques israelíes en Gaza, y tanto Israel como Hamas se encuentran en un punto muerto en las conversaciones indirectas sobre el desarme del grupo militante.
El alto el fuego dejó a Israel en control de más de la mitad de Gaza, mientras Hamas controla una franja de territorio a lo largo de la costa.
Unos 880 palestinos han muerto en ataques israelíes desde que entró en vigor la tregua, según cifras de las autoridades sanitarias de Gaza, que no distinguen entre combatientes y civiles.
Cuatro soldados israelíes han muerto a manos de militantes durante el mismo periodo, según el ejército israelí.
Crisis de medicamentos
Por otra parte, fuentes médicas advirtieron de un peligroso deterioro en la disponibilidad de medicamentos y suministros en la franja. Unos 250 pacientes con insuficiencia renal corren el riesgo de perder el acceso a las sesiones de diálisis debido a la escasez de solución bibag; además, la falta de inyecciones de insulina empeora el estado de salud de unos 11 mil con diabetes, mientras 110 pacientes con hemofilia sufren gravemente debido a la escasez del tratamiento vactor, señalaron las fuentes citadas por la agencia de noticias palestina Wafa.
La Sociedad de Prisioneros Palestinos alertó de un peligroso brote de sarna que se propaga en varias secciones de varias prisiones israelíes, basándose en decenas de visitas de abogados realizadas durante abril y mayo pasados que revelaron niveles impactantes de sufrimiento humano y negligencia médica deliberada dentro de los campos de detención, señaló Al Jazeera.
Y el presidente israelí, Isaac Herzog, condenó la “brutalización” y violencia de colonos en Cisjordania reocupada, y la calificó de amenaza para la sociedad israelí, a lo que el ministro ultraderechista Itamar Ben Gvir reviró al considerar al mandatario indigno del cargo.