La doctora Mariuska Forteza Sáez es la jefa del servicio de oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología de La Habana. Foto Jair Cabrera Torres / Archivo Foto autor
Luis Hernández Navarro
19 de mayo de 2026 00:03
En su primera estrofa, la canción del rapero argentino Daniel Devita, en solidaridad con los médicos cubanos, dice: “Sanar o provocar heridas/ Salvar o arrebatar las vidas./Ganar por ser el que más cuida/o matar, ser el campeón homicida”. Participante en la primera línea de combate por dar salud a su pueblo en pleno recrudecimiento del bloqueo económico, la doctora Mariuska Forteza Sáez es una de las galenas que merecen el reconocimiento de este himno.
Madre de dos hijos, Mariuska es la jefa del servicio de oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología de La Habana.
Allí llegan los casos más difíciles de entre 350 y 400 niños y adolescentes afectados cada año por el mal. En la isla hay mil 400 pequeños con esa enfermedad. Cada día, ella batalla para curarlos y atenderlos, dando lo mejor sí misma.
Es casi una especialista en hacer milagros, aunque diga que no los hace.
“Los médicos –advierte– no hacemos milagros. Se necesita una infraestructura, recursos, medicinas, combustible. Voluntad existe, también conocimientos y personas dispuestas, pese a todo”.
A las dificultades de tratar un padecimiento tan difícil en una población tan sensible, hay que añadirle la escasez, falta de insumos sanitarios y carencia de repuestos del equipo médico provocados por la nueva vuelta de tuerca del bloqueo estadunidense. “Donde quiera que vayas a poner la mirada –nos dice en el hospital– vas a ver que hay una complicación extra a la que ya teníamos. Pero, a pesar de todas esas complejidades, todos los pacientes reciben su atención especializada”.
“Todo nuestro empeño –explica en sus redes sociales– se centra en brindar una atención especializada para lograr control de la enfermedad, y tenemos los conocimientos y la voluntad para ello; pero cada día es más difícil”.
A la doctora Forteza –como al resto de sus colegas– le duele enormemente el descenso de la supervivencia de sus niños. “No son cifras de producción de algo material o de cualquier otra índole –escribe–; son seres humanos, niños que no pudieron disfrutar de la vida; los perdimos, pudiéndolo evitar. Duele”.
Y, a pesar de toda su experiencia, no sabe bien a bien cómo explicarles esto a las madres, que la miran directamente a los ojos, que reciben cada palabra llevándola hasta lo más profundo de su alma.
Pero, a unos cuantos kilómetros de distancia de allí, un imperio sostiene que Mariuska y los miles de médicos y personal sanitario cubanos, así como los científicos capaces de producir las más sorprendentes vacunas y medicamentos para derrotar al mal, que forman el ejército de batas blancas que batalla para procurar la salud de millones de personas, son una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Y hace todo lo posible para que esos niños con cáncer, y muchos otros enfermos más, no sanen.
Ese mismo imperio quiere estrangular experiencias como la de la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam), una de las criaturas educativas y sanitarias de Fidel Castro. Se fundó en 1999.
Forma parte del Programa Integral de Salud, que se desarrolló desde octubre de 1998 para atender los desastres naturales causados por los huracanes Mitch y Georges, que afectaron a países centroamericanos y caribeños. En ella se entremezclan dos grandes cruzadas de la revolución cubana: la pedagógica y la de salud.
En esta institución educativa, ubicada en las antiguas instalaciones de la Academia Naval Granma, cedidas por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se han formado 31 mil profesionales de la salud de 105 países, todos extranjeros. Sus estudiantes provienen de naciones latinoamericanas, caribeñas, de Estados Unidos, África, Asia y Oceanía. Pertenecen a más de 100 grupos étnicos y decenas de religiones. Su objetivo es formar gratuitamente como médicos a jóvenes de otras latitudes. En su mayoría, los alumnos son parte de familias de bajos recursos y de lugares apartados. Visitar la Elan es como llegar a una sucursal de Naciones Unidas. Se escuchan todo tipo de idiomas.
Una egresada mexicana de la escuela, recuerda: “En clase hablábamos mucho de nuestros países. En mi aula compartíamos, si no mal recuerdo, las siguientes procedencias: Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana, Mongolia, Tanzania, Palestina, El Salvador, Jamaica, República Dominicana, México, Guatemala, y San Vicente.
Hablábamos a manera de anécdotas y de análisis. Alguien platicaba su situación y se iba desglosando naturalmente; con el medio ambiente, con el servicio de salud, con la situación política, con los movimientos sociales, con los índices de desarrollo humano. Todo para formar parte de la salud y después parte del proceso de salud-enfermedad. Nunca se nos exigió nada, solamente se nos recordaba: lo único que les pedimos es que vuelvan a sus países y que, tal vez, no le cobren lo mismo al pobre que al rico”.
Y añade: “Una de las noches en que más nos comprendimos los estudiantes fue cuando murió Nelson Mandela.
En ese instante corrieron a la Junta Estudiantil queriendo participar y organizar actividades. Después de unas horas de planificación, volví a mi cuarto para estudiar un poco y en el camino atravesé su albergue. Unos metros antes de llegar, escuché gritos al unísono ininteligibles. Cuando llegué al pie de las escaleras, vi a cientos de muchachos corriendo, subiendo y bajando, en una especie de marcha energética, cantando a Mandela. Entonces comprendí lo que hasta entonces había solamente leído: lo que Mandela significaba en la vida de cada uno de mis compañeros y la manera en que habitaba cada uno de sus corazones”.
Muchos de los médicos graduados regresan a sus lugares de origen para brindar servicios en áreas con escasez de profesionales médicos.
¿Qué peligro representa para Washington una escuela de medicina ejemplar, con muy alto nivel educativo, en la que se han formado incluso ciudadanos estadunidenses? ¿Acaso querer vestir de blanco la vida es una amenaza contra el imperio? Salvar o arrebatar las vidas, he allí el dilema.
X: @lhan55
Llegan a la isla mil 700 toneladas de ayuda de México y Uruguay
Agradece mandatario cubano a Sheinbaum y al pueblo mexicano
Ap y Sputnik
Periódico La Jornada Martes 19 de mayo de 2026, p. 19
La Habana., Ayer arribó a La Habana un buque comercial con ayuda humanitaria enviada por los gobiernos de México y Uruguay, que incluyó alimentos (leche en polvo, arroz y frijoles), así como artículos de aseo, en medio de las dificultades económicas que atraviesa la isla.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, escribió en X: “en nombre del pueblo cubano expresamos nuestro más profundo agradecimiento por el nuevo envío de ayuda solidaria procedente de México y Uruguay, dos naciones a las que nos une un inmenso afecto”.
Agregó que “esta donación, que llega en momentos muy difíciles para Cuba debido al impacto directo y multidimensional del bloqueo de Estados Unidos en la vida cotidiana de nuestro pueblo, es un testimonio vivo de la solidaridad histórica entre nuestros pueblos y de los principios de humanismo, cooperación e integración que deben unir a la región.
“Nuestro más sincero reconocimiento a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, por su liderazgo y firme compromiso, así como al gobierno de Uruguay por sumarse a esta iniciativa. En tiempos difíciles, gestos como este nos recuerdan que Cuba no está sola y que la solidaridad trasciende cualquier frontera”.
Antes,el ministro de la Industria Alimentaria, Alberto López Díaz, expresó “el más profundo y sincero agradecimiento al gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, así como a su querido pueblo por el generoso envío de donativo de alimentos a nuestra isla”.
Al recibir al buque en el puerto habanero, el funcionario también agradeció los donativos de movimientos solidarios uruguayos.
El buque Asian Katra salió de Veracruz la semana pasada y es el octavo envío que se realiza desde México, indicó el embajador nacional en la isla, Miguel Ignacio Díaz Reynoso, quien estuvo en el puerto.
Destacó que es el octavo traslado de ayuda realizado por México a Cuba, resultado tanto del esfuerzo del gobierno como de organizaciones sociales y movimientos civiles.
El cargamento incluye mil 700 toneladas de artículos de aseo y productos alimenticios, señalaron las autoridades cubanas.
Cuba apenas produce 40 por ciento del combustible que requiere, el resto debe importarlo y, hasta la imposición del cerco estadunidense, lo hacía mediante adquisiciones a Venezuela, México o Rusia. Desde comienzos de año, sólo ha ingresado un buque con crudo enviado por Moscú a fines de marzo.
Rusia confirmó contactos permanentes con Cuba para aliviar el impacto del bloqueo estadunidense y ratificó su apoyo ante posibles acciones militares, aseguró el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov.
El infierno urbano y la multiplicación insaciable de los autos
Hace más de dos décadas que escribí un ensayo sobre “La religión del automóvil: crónica de una tragedia” en la revista Ecología Política (2002). El texto sostenía que el automóvil se había convertido en una deidad moderna y en un fetiche cultural, en una religión global e invisible. Los automóviles consumen energía, minerales, agua y suelos, destruyen bosques y selvas, generan ruido y contaminan la atmósfera. Hoy en día, con mil 644 millones de autos circulando en 2025 por todas las ciudades del mundo (Autokunbo.com), estamos ya ante un infierno urbano. Cada año se venden 89.6 millones de autos, que equivalen a 203 unidades creadas frente a 100 seres humanos que nacen.
La mayor producción de autos se realiza en China e India, y en otros países asiáticos. Esta multiplicación de automotores satura ya a las principales ciudades del mundo y genera congestionamientos. Ejemplo de lo anterior es Pekín, donde en 2025 circulaban 659 millones de automotores. En la capital de China se pasó de 163 millones en 2003 a la cifra actual, es decir, cada año entran en promedio unos 100 millones de autos (datos reportados por Ceic.com a partir de la Oficina Municipal de Estadística).
En la ciudad donde vivo, Morelia, Michoacán, se reportan 650 mil autos en circulación frente a un millón de habitantes.
Mientras tanto, las principales corporaciones multinacionales continúan produciendo autos cada año. En 2025, la Toyota (Japón) vendió 11.3 millones; Volkswagen (Alemania), 8.98 millones; Hyundai (Corea del Sur), 7.27 millones; General Motors (Estados Unidos), 6 millones; Stellantis (Holanda), 5.6 millones; Ford (Estados Unidos), 4.65 millones; BYD (China), 4.6 millones; Honda (Japón), 5.5 millones; Susuki (Japón), 3.29 millones, y Nissan (Japón) 3.2 millones.
La pregunta obligada es ¿qué hacen los gobiernos del mundo ante esto? ¿El transporte público y colectivo ha sido exitoso en detener o aminorar la multiplicación del automovilismo individualista? La respuesta es a todas luces negativa. El Estado ha sido incapaz de regular la producción de autos. Sin mucho éxito, también han existido iniciativas ciudadanas como la de “La ciudad sin mi coche”, que se inició en Europa el 22 de septiembre de 2000, o la “Semana europea de la movilidad”.
Que las ciudades se han convertido en un infierno urbano lo revelan los comportamientos desenfrenados de los automovilistas, quienes por lo general son agresivos e imprudentes, y rompen las reglas viales más elementales. Queda esta reflexión para que los lectores tomen conciencia de un fenómeno que nos afecta a todas y todos por igual.
México SA
Carlos Fernández-Vega
▲ El recaudador de impuestos de la 4T sí le cobra a Salinas Pliego.Foto Cristina Rodríguez
No entiende nada de nada. Hizo lo mismo en el sexenio de AMLO y, de todas, perdió todas. Pero se aferra: la histérica ultraderecha autóctona (con todos los apoyos made in USA) está convencida de que, con una buena inyección de recursos, “ganará” la guerra contra el “comunismo”, con intensas cuan enloquecidas campañas mediáticas (encanales tradicionales y “alternativos”), que sólo promueven odio, clasismo y confrontación, y para ello utiliza y recicla plumas y “comentócratas” totalmente achicharrados, sin mínima credibilidad. Ni siquiera se toma la molestia de bajar a la calle, a ras de piso, para medianamente acercarse a la realidad social.
Y los “estrategas” que financian y acicatean esas campañas permanecen en la sombra, aunque todo el mundo sabe de quiénes se trata. Bueno, no todos permanecen en la penumbra, porque en esta feria de vanidades, igual de delirante que de abyecta, aparecen y se autopromueven impresentables, como el megalómano Ricardo Salinas Pliego, quien, de plano, no puede superar el trauma, el infarto hepático, y en el ego, que en él provocó tener que pagar multimillonarios impuestos caprichosamente acumulados a lo largo de los últimos 18 años del régimen neoliberal, en la creencia –sólo la suya– de que con el cambio de gobierno y dirigente (al que en un inicio le besaba las suelas, pero del “amor” convenenciero pasó al odio recalcitrante) se procedería de la misma forma que Calderón y Peña Nieto; es decir, fingir demencia, alargar la decisión y bajita la mano terminar por no cobrarle ni un centavo.
Entonces, además de una buena tajada de los recursos utilizados en las campañas sucias y el descarado uso de una concesión del Estado –regalada por Carlos Salinas de Gortari– para promoverlas (con todas sus marionetas al aire, que son incansables a la hora de regar basura por todas partes), ¿qué aporta el de los abonos chiquitos y los intereses de agio, el nuevo representante de Joseph McCarthy en México, para lo que él denomina “democracia”? (recuérdese que ésta sólo es “para los empresarios, por los empresarios y de los empresarios”, como decía Vicente Fox).
Nada en absoluto, salvo cualquier cantidad de insultos, violencia verbal, odio, racismo y clasismo por doquier, misoginia a más no poder, golpismo, mentiras en racimo y autopromoción digna del más ególatra entre los ególatras. Es cuestión de asomarse a su cuenta de X para conocer la cantidad de mugre que avienta por miedo de su muy bien aceitado insultómetro, lo que lleva a preguntar: ¿en qué momento trabaja?, porque vive pegado a esa red social –tal cual lo hacen sus ídolos Trump y Milei, quienes “gobiernan” celular en mano– para ingenuamente “impulsar” su candidatura con miras al proceso electoral de 2030.
En vía de mientras, ayer la presidenta Sheinbaum se refirió a él sin especificar nombre: “hay un empresario de una televisora ahora que todos los días saca cosas contra nosotros. ¿Qué pasó? ¿Por qué está tan enojado? Pues porque tuvo que pagar impuestos, porque nosotros no llegamos a un acuerdo con él en lo oscurito de decir: ‘a ver, habla bien de mí y te condono impuestos’, no. Está pagando más de 30 mil millones de pesos de impuestos que debía. Puede ser que esté enojado, pero tiene que pagar. Nosotros no hacemos acuerdos en lo oscurito en contra del pueblo de México. Pero durante 36 años hicieron acuerdos, en lo oscurito, en contra del pueblo de México, 36 años. Entonces, a partir de 2018 cambia el gobierno y se dice: ‘se separa el poder político del poder económico’. Pero no compramos conciencias, eso sí no; ni damos dinero para que estén con la Presidenta. Eso es del pasado. ¿Qué quieren ellos? Que regresemos a eso. Pues no. México ya cambió, ya no son los tiempos del pasado: ya no es el tiempo en que los gobiernos le servían a una élite. Entonces, ¿a qué estaban acostumbrados, medios de comunicación, muchos empresarios que fueron beneficiados en el periodo neoliberal?, a que ellos gobernaban. Ayer estaba viendo el libro ¡Gracias!, del presidente López Obrador. Hay una tabla ahí de la cantidad de impuestos que les condonaron a las grandes empresas. Esos impuestos ya no se condonan”.
Entonces, más que instalarse en la red social X, financiar campañas sucias y aventar boñiga todos los días en su concesión del Estado, al agiotista nada mal le caería tirarse al diván e intentar encontrar un poco de paz interior, aunque sea en abonos chiquitos. Y junto con él, tantos otros.
Las rebanadas del pastel
De plano, ni las peores telenovelas de Televisa –que son todas– alcanzan el ínfimo nivel del culebrón protagonizado por la gringa Maru Campos.
Twitter: @cafevega cfvmexico_sa@hotmail.com
