Luis Hernández Navarro
17 de marzo de 2026 00:02
La foto era impensable hace un par de años. Al fondo, el logo del encuentro escrito en inglés: “Escudo de las Américas. Doral 2026”. A continuación, las banderas de Estados Unidos y 12 países de América Latina y el Caribe. Hasta adelante, en el centro, vestido con su tradicional traje azul y corbata roja, Donald Trump. A su derecha, el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, con un traje estilo militar francés con chaqueta negra y aplicaciones doradas, diseñado por Marina Toybina. A la izquierda del estadunidense, el presidente de Guyana, Irfaan Ali. La única mujer presente, colocada en el extremo derecho de la imagen oficial, es la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
A la cumbre, realizada en Miami, asistieron los mandatarios de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago. Como parte de la delegación estadunidense, además del potentado, participaron el secretario de Estado, Marco Rubio, y la ex secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, nombrada enviada especial para la Coalición Anticártel de las Américas. En total, la alianza suma a 17 países de la región.
El objetivo de este nuevo proyecto de unidad hemisférica no es la integración económica, ni la creación de un área de libre comercio. No busca resolver los problemas de América Latina. Su propósito, según el presidente Trump, es crear una nueva coalición militar regional para combatir el narcotráfico, desmantelar cárteles trasnacionales y frenar la migración ilegal mediante un mayor intercambio de información, recursos y apoyo militar y policial. Su esencia sería “el compromiso de usar la fuerza letal para destruir a los cárteles”. La Doctrina Donroe materializada.
Seguramente una casualidad, el acuerdo tiene como referencia obligada la emisión de una orden ejecutiva por parte de la Casa Blanca, el 6 de febrero de 2026, titulada Establecimiento de una estrategia de transferencia de armas “América Primero”, cuyo objetivo es aumentar las ventas de equipo bélico al extranjero. Faltaba más, businesses are businesses.
Y, ya encarrerado, el multimillonario advirtió, en clara referencia a China: “No permitiremos que influencias externas hostiles ganen terreno en este hemisferio, y eso incluye al Canal de Panamá”.
No participaron en el encuentro México, Brasil ni Colombia. Tampoco Uruguay, ni Venezuela, ni Guatemala. Por supuesto, no se invitó a Cuba ni a Nicaragua. Trump respondió a las críticas sobre la ausencia de estos tres primeros países: “creo que fueron invitados. Tal vez no vinieron”. Y añadió: “me llevo muy bien con todos ellos”.
Aunque Guatemala no asistió a la cumbre, poco después se anunció el levantamiento del embargo militar impuesto en su contra en 1977 por Washington por violaciones a los derechos humanos en el marco del conflicto armado interno. El gobierno de Arévalo busca comprar armas, aviones y equipamiento.
El presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, declaró que se le hacía raro que no lo hubieran invitado y, después de hacer malabares verbales, dijo estar dispuesto a integrarse a la alianza. En cambio, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, calificó de “reaccionaria y neocolonial” la reunión.
También durante la cumbre, Trump se le fue a la yugular a México. Declaró que era “el epicentro de los cárteles de la droga” en América Latina. Insistió en que los cárteles controlan gran parte del país y que Estados Unidos debe “hacer lo necesario para detenerlos” y proteger a su población. Y añadió: “son responsables de gran parte de las matanzas y caos y el gobierno de Estados Unidos hará lo que sea necesario para defender a nuestra nación y proteger a nuestro pueblo. Tenemos que erradicarlos, tenemos que acabar con ellos (…) está yendo a peor y son los cárteles quienes mandan en México”.
Y luego, como ha hecho en otras ocasiones, elogió a la mandataria diciendo que era “una persona muy buena” y aseguró que mantiene una gran relación con ella.
La presidenta Sheinbaum respondió dando a conocer que su gobierno mantiene un estrecho acuerdo de cooperación en seguridad con Estados Unidos desde inicios del actual mandato del presidente Donald Trump. Y, de paso, desestimó que no fuera invitada a la reciente reunión. “Bueno, pues es lo que él decidió, ¿verdad?”, dijo.
Según ella, la relación bilateral en materia de seguridad ya se encuentra establecida mediante un mecanismo de trabajo bilateral. “Desde antes, desde que llegó el presidente Trump, establecimos un grupo de trabajo. Casi, casi 20 de enero entró él, ¿no? El 5 de febrero ya estaba el equipo de seguridad en Washington”, afirmó.
Y agregó que el acuerdo se consolidó tras una visita a México, a finales de 2025, del secretario Marco Rubio, cuando “se cerró el entendimiento (...) en el marco de nuestra soberanía, nuestra protección del territorio”.
Hasta el momento, Trump tuvo éxito en su iniciativa de detener a Nicolás Maduro y apropiarse del petróleo venezolano. No lo ha tenido en su apuesta por un cambio de régimen en Cuba. Y su apuesta por derrumbar al régimen iraní es un verdadero desastre. Allí está atrapado sin salida.
Pareciera ser que, para paliar el descalabro que está sufriendo en su aventura en Medio Oriente, necesita meter más presión sobre México, y poner más grilletes a Latinoamérica. Y eso es lo que está haciendo con el Escudo de las Américas, proyecto ideológico que agrupa a su alrededor a los gobiernos de extrema derecha hemisférica. La fotografía de los mandatarios con Trump al centro es testimonio de su triunfo político y cultural (así sea temporal e inestable) en el continente; una exhibición de sus victorias electorales, que busca tapar sus descalabros orientales. Tristemente es, al mismo tiempo, la imagen viva de la derrota del progresismo en el continente. Un recordatorio de la cadena casi ininterrumpida de sus derrotas y retrocesos.
X: @lhan55
“Tendré el honor de tomar” Cuba, un “Estado fallido”, afirma Trump
Afp, Reuters y The Independent
Periódico La Jornada Martes 17 de marzo de 2026, p. 22
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo ayer a periodistas en la Casa Blanca que cree que tendrá el “honor” de tomar Cuba, al reiterar que la isla es un “Estado fallido” y en momentos en que The New York Times (NYT) informó que Washington ha dicho a La Habana que para lograr avances significativos en las negociaciones el mandatario Miguel Díaz-Canel debe renunciar, según fuentes familiarizadas con las conversaciones.
Trump repitió que tiene derecho a hacer “lo que quisiera” con Cuba, al alegar que la isla es un “Estado fallido”, que no tiene “nada”; reiteró que el país caribeño será el siguiente en su lista de adversarios a los que enfrentarse después de Irán.
Cuando participaba en una ceremonia de firma de una orden ejecutiva, un periodista preguntó al magnate sobre Cuba. Respondió que podría “apoderarse” de toda la isla y agregó que probablemente tendría el “honor” de hacerlo de alguna manera.
–Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Eso sería bueno. Es un gran honor –dijo el magnate.
–¿Tomar Cuba? –preguntó Peter Doocy, reportero de Fox en la Casa Blanca.
–Tomar Cuba. De alguna forma, sí –confirmó Trump –. Tomar Cuba.
“Quiero decir, ya sea que lo libere o lo tome (...) creo que puedo hacer lo que quiera con él, para serles sincero”, agregó el mandatario estadunidense.
Otro periodista le preguntó si una eventual acción militar en la isla se parecería más a la estrategia aplicada contra Irán o a la política hacia Venezuela. “No puedo decírselo”, respondió.
Las amenazas de Trump contra Cuba se producen tras una advertencia pública del senador Lindsey Graham, quien apoyó firmemente la campaña militar del presidente contra Irán. El republicano de Carolina del Sur declaró con júbilo que el presidente estaba atacando a los regímenes autoritarios uno por uno y que Cuba sería el próximo objetivo.
Según Washington, Cuba, ubicada a sólo 150 kilómetros de las costas de Florida, representa una “amenaza excepcional” por sus estrechas relaciones con Rusia, China e Irán.
El NYT señaló que la administración Trump presiona para que Díaz-Canel abandone el poder, según cuatro personas cercanas a esas conversaciones.
Al margen de la salida de Díaz-Canel, de 65 años y quien llegó al poder en 2018, el actual gobierno cubano se mantendría en su lugar, indicó el Times.
“Según estas fuentes, los estadunidenses han hecho saber a los negociadores cubanos que el presidente debe irse, pero dejan en manos de los cubanos la decisión sobre la continuación de los acontecimientos”, indicó el diario neoyorquino.
Díaz-Canel informó el viernes que ambos gobiernos mantienen negociaciones, aunque reveló poco sobre su naturaleza.
Desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, Trump ha arremetido contra los líderes de izquierda en América Latina.
México Cuba
Cuba y México somos dos pueblos hermanos. Tenemos una relación especial desde hace más de 500 años. Hemos estado vinculados por lazos históricos, étnicos, culturales, económicos y políticos. Desde el siglo XV hubo contacto comercial a través del mar Caribe entre los pueblos maya y taíno. Con la conquista y colonización española, compartimos un pasado virreinal durante tres siglos. Los puertos de Veracruz y La Habana fueron las puertas que conectaron no sólo a los dos pueblos, sino a América con Europa, permitiendo un intenso intercambio económico, cultural y familiar. La mayor parte de la población de origen africano que se integró a la Nueva España llegó de la isla caribeña.
A lo largo del siglo XIX nos acercó el anhelo de alcanzar la independencia, la libertad y la igualdad, romper el yugo colonial con España y acabar con la esclavitud. México lo consiguió en 1821; Cuba, hasta 1898. Muchos patriotas cubanos, como Pedro Ampudia, se unieron a las filas insurgentes mexicanas para luchar por la Independencia. Hubo también mexicanos, como José Inclán, que en distintos momentos se unieron a los independentistas cubanos. México trató de ayudar a la independencia de Cuba. El gobierno de México apoyó, junto con Bolívar, una expedición liberadora de cubanos exiliados que fue desarticulada. Su líder, José Francisco Lemus, fue deportado a México.
México y Cuba se identificaron también por una generosa política de asilo y apoyo a los refugiados políticos de ambas naciones, entre los cuales estuvieron Benito Juárez y Melchor Ocampo, así como el escritor y periodista cubano Pedro Santacilia, quien se casó con la hija de Juárez, Margarita Juárez Maza, y fue un apoyo fundamental para la causa liberal mexicana. Otro ilustre exiliado fue el poeta y patriota cubano José Martí, quien incluso llegó a afirmar que de no ser cubano, le habría gustado ser mexicano.
El presidente Benito Juárez sancionó un decreto que permitió la admisión de buques con la bandera de Cuba en los puertos mexicanos. Este gesto solidario fue el primer reconocimiento de un país latinoamericano a favor de la independencia de Cuba.
Cuando Cuba conquistó su independencia y se establecieron relaciones diplomáticas con México, un diplomático cubano, Manuel Márquez Sterling, escribió una de las páginas más brillantes en la historia de la diplomacia internacional al defender con valentía al presidente Francisco I. Madero, con quien pudo estar en sus últimos momentos, tratando de salvar su vida y de llevarlo junto con su familia a La Habana durante la Decena Trágica.
Otro destacado exiliado fue Julio Antonio Mella, comunista cubano, apresado y exiliado por el gobierno dictatorial de Gerardo Machado. Se unió a la lucha antimperialista y siguió combatiendo al dictador cubano desde nuestro país. Es muy conocido también que Fidel Castro y otros exiliados cubanos, junto con el Che Guevara, prepararon desde tierras mexicanas la revolución contra la dictadura de Batista y zarparon en el buque Granma desde el litoral veracruzano.
A Cuba y a México nos unen también nuestras dos revoluciones. La Revolución Mexicana tuvo una enorme influencia en los demócratas cubanos, quienes se inspiraron en ella para orientar su lucha. La Revolución Cubana ha inspirado también a quienes en México han visto en sus logros sociales, educativos y culturales, y en su heroica defensa contra el bloqueo estadunidense, un ejemplo de dignidad y de compromiso con las mejores causas de la humanidad. El general Lázaro Cárdenas apoyó con firmeza la Revolución y condenó los intentos de Estados Unidos por destruirla. En su visita a La Habana, el 26 de julio de 1959, expresó: “Sabemos que cada nación tiene sus propias necesidades y que pueden ser distintos los caminos que sigan los pueblos para cumplir su destino, pero también sabemos que el amor a la justicia nos une y que juntos debemos defendernos contra toda posibilidad de imperialismo económico, político o moral, que quiera impedir o detener nuestro desarrollo como naciones celosas de su soberanía”
Estos vínculos históricos se han fortalecido en los últimos años. México ha impulsado la integración de la isla a los foros internacionales y ha brindado ayuda humanitaria a la isla. Cuba, por su parte, nos ha enviado ayuda médica.
Estos lazos de hermandad y solidaridad, construidos durante más de 500 años, son especialmente importantes en estos momentos en los que el pueblo cubano está siendo objeto de un brutal ataque por parte del gobierno de Donald Trump, quien ha hecho aún más asfixiante el bloqueo económico que se impuso desde hace más de 60 años y que no ha permitido que Cuba reciba petróleo desde hace tres meses, provocando una crisis humanitaria sin precedentes. Trump quiere poner fin de esta manera a una gran experiencia histórica de construir una sociedad más justa, quiere terminar con una revolución que fue inspiración para las luchas de liberación nacional de muchos pueblos, que apoyó luchas populares de liberación en Angola, Etiopía, Congo, Argelia. Una revolución que resistió la invasión estadunidense en Bahía de Cochinos en 1961. Una revolución y un pueblo que no se han doblegado y que hoy necesitan de solidaridad y apoyo, quizá más que nunca, y a quienes México y su gobierno no están dejando solos.
*Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México