jueves, 26 de marzo de 2026

Oposición demócrata gana distrito en Florida donde está residencia de Trump.

En las elecciones parciales para la Cámara de Representantes del estado de Florida, la demócrata Emily Gregory se impuso al republicano Jon Maples, candidato respaldado por Trump, según informaron medios, el 25 de marzo de 2026. Foto Ap   Foto autor
Afp
25 de marzo de 2026 12:11
Washington. La oposición demócrata ganó este martes la elección en el distrito donde se encuentra la residencia del presidente Donald Trump en Florida, según proyecciones de medios estadunidenses.
En estas elecciones parciales para la Cámara de Representantes del estado de Florida, la demócrata Emily Gregory se impuso al republicano Jon Maples, candidato respaldado por Trump, informaron CNN, The New York Times y otros medios.
Las elecciones locales en el Distrito 87 de Florida adquirieron una dimensión simbólica por cuanto incluye la lujosa propiedad Mar-a-Lago, de Trump, donde el presidente pasa la mayoría de sus fines de semana, en el condado de Palm Beach.
En las elecciones de 2024, el candidato republicano Mike Caruso venció el escaño legislativo de ese distrito con 19 puntos de ventaja. Caruso renunció al escaño en agosto tras ser nombrado en el tribunal de Palm Beach por el gobernador republicano Ron DeSantis.
El Partido Demócrata de Florida escribió en X: "¡Felicitaciones a Emily Gregory por su elección para representar al distrito 87 de la Cámara de Representantes!".
"¡Los Demócratas acaban de arrebatar el escaño del hogar de Trump y Mar-a-Lago!", agregó el partido.
La victoria de Gregory sigue en una racha de triunfos demócratas en los últimos meses contra republicanos a lo largo de Estados Unidos.

El crucigrama de Ormuz
El bombardeo inclemente sobre Irán impuesto por las fuerzas militares conjuntas de Estados Unidos e Israel arroja hoy un cúmulo de interrogantes sin aparente respuesta. 
Foto Afp / archivo   Foto autor
Ilán Semo
26 de marzo de 2026 00:01
El bombardeo inclemente sobre Irán impuesto por las fuerzas militares conjuntas de Estados Unidos e Israel arroja hoy un cúmulo de interrogantes sin aparente respuesta. Y en la medida en que se ahonda el conflicto, las realidades que ha propiciado escapan cada día a nuestra capacidad de interpretarlas. En la actualidad, incluso la guerra y sus causas aparecen como enigma. 
La primera interrogante es evidente: ¿acaso el Pentágono, que todo lo prevé – salvo la imposibilidad de preverlo todo–, no pensó en la posibilidad de que el régimen iraní bombardeara no sólo las bases militares de Estados Unidos situadas en los países del Golfo Pérsico, sino también sus refinerías y centros turísticos? Es difícil creer que no haya calculado las posibles coordenadas de la venganza de Teherán. El mismo narco Rubio –tal y como se le conoce en los pasillos de Washington–, no precisamente un dechado de inteligencia, ofreció una versión exculpatoria que parece sacada de una novela rudimentaria en la que no pudo evitar la referencia: “Atacamos porque Israel se preparaba para atacar. Y sabíamos que Irán lanzaría sus misiles contra nuestras bases militares en la región”. 
El dilema del aliado –esa suerte de hospitalidad que acepta al huésped armado– es que la guerra, cuando llega, no pregunta por los contratos. El problema de albergar una base militar estadunidense en el propio territorio –como en Arabia Saudita, Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Omán– reside en que en caso de un conflicto (que involucre a la Casa Blanca), peligra la seguridad del país entero. Al dirigir su respuesta contra los países de la región, Irán derribó una certidumbre que parecía tan sólida como los oleoductos: la de que el Golfo era una mera factura, una región condenada a la rutina de extraer y vender. Ahora el petróleo es un rehén. 
La pregunta no es sencilla: ¿a quién beneficia que la región entera se convierta en una zona generalizada de conflicto? La segunda e inevitable interrogante contiene, en cierta manera, algunas claves de la respuesta: ¿contemplaron los asesores estadunidenses la opción de que Irán cerrara el estrecho de Ormuz, con las predecibles consecuencias sobre los mercados mundiales? Seguramente lo advirtieron como un “escenario posible”. 
Lo que no imaginaron –muchas veces la imaginación es menos dócil que la lógica– es que Teherán, más que cerrarlo, podía pasar a gestionarlo: los buques tanques que llevan petróleo a China y la India tienen autorizado cruzarlo, no así los demás. ¿Por qué esa cortesía con Pekín y Nueva Delhi? La respuesta es elemental: el régimen iraní se asegura los ingresos necesarios y deja en claro la geografía de sus alianzas. En todo este tiempo, Irán aprendió algo de Estados Unidos: ahora está aplicando sanciones a sus aliados. Estamos ante el paso de un dispositivo de bloqueo a un dispositivo de filtro. 
El poder ya no se ejerce principalmente por la prohibición, sino por la distribución diferencial del acceso. El veto es un acto defensivo, que aísla a su ejecutor; la sanción, un sistema de distinción y gobierno del afuera. Para descifrar los dilemas inscritos en esta geografía habría que remontarse al 28 de junio de 2024. Es la fecha en que Arabia Saudita canceló el acuerdo de los petrodólares. Dos visitas de Joe Biden y una de Donald Trump no lograron disuadir a los sauditas de que se retractaran. Con ello abatieron la columna vertebral que durante más de 50 años sostuvo a una de las paradojas económicas más inverosímiles de la historia. 
Debido a que todas las transacciones de gas y petróleo en el mundo se realizaban en dólares, Estados Unidos pudo convertirse en la nación acreedora por excelencia y, a su vez, en la principal deudora. Ningún imperio anterior había logrado mantenerse en la cresta de semejante oxímoron. Gracias a él la sociedad estadunidense pudo gastar, a lo largo de medio siglo, mucho más de lo que producía. Decretado el fin del acuerdo de los petrodólares, los países del Golfo empezaron a derivar el comercio de energéticos hacia otras monedas: el yuan, el rublo, el yen, la rupia. 
Surgió entonces un sistema de transacciones alternativo al Swift occidental: el pBridge, sostenido en la productividad china, el precio bajo del petróleo ruso y las exportaciones de los países del Golfo. En tan sólo un año y medio, el pBridge “subió como la espuma”, en palabras de Vijay Prashad (una metáfora que alude a lo orgánico, lo proliferante, lo incontrolable). El sistema Swift funcionaba como una tecnología que no sólo registraba transacciones, sino que instituía el espacio mismo en que lo económico devenía enunciable. El pBridge instaura otra superficie de inscripción. 
No es una estrategia diseñada por un sujeto soberano (China, Rusia u otro) ni un sistema de integración, sino una insólita red de acoplamiento de disímbolas economías de manera más horizontal, cuyas reglas están por estabilizarse. Desde ese momento, las fuerzas que Trump definió desde enero de 2025 como “los globalistas” –sobre todo el cónclave bancario y financiero reunido en gran parte en la Reserva Federal– empezaron a presionar a la Casa Blanca para desestabilizar a los países del Golfo Pérsico. 
De lo contrario, el horizonte sería la desdolarización gradual del mercado mundial. En la guerra contra Irán, Estados Unidos se juega la posibilidad de un severo golpe a la hegemonía del dólar. Una hegemonía que, para el sistema estadunidense, al parecer vale una guerra por más brutal e inexplicable que resulte ante su propia población.

Noticiero independiente de EU Democracy Now! cumple 30 años
Desde su fundación lo dirige la periodista Amy Goodman
Ha trascendido por cubrir luchas civiles, huelgas y movimientos sociales
▲ El Jefe, Bruce Springsteen, y Patti Smith, durante la celebración en la iglesia de Riverside, en Nueva York.Foto tomada del video de Democracy Now!
David Brooks y Jim Cason   Corresponsales
Periódico La Jornada  Jueves 26 de marzo de 2026, p. 27
Nueva York y Washington. Democracy Now!, el noticiero progresista independiente más importante de Estados Unidos festeja su 30 aniversario y su presencia nacional e internacional en más de mil 500 estaciones, con lo cual se ha convertido en un punto de referencia obligado –y salvavidas para muchos– con el fin de entender la coyuntura en este país y los movimientos que lo transforman.
Fundado por la periodista Amy Goodman, conducido por ella y el periodista y columnista Juan Gonzalez –quien participó en la famosa huelga estudiantil en la Universidad Columbia en 1968 y fue un fundador de la organización revolucionaria puertorriqueña/latina Young Lords–, así como Nermeen Shaikh al frente de un amplio equipo, Democracy Now! es trasmitido por radio y televisión, tanto a la antigua por mil 522 estaciones y emisoras, como a millones más por Internet, razón por la que es ya un proyecto multimedios.
A lo largo de los años, Goodman y su equipo han estado presentes en el terreno de luchas de derechos civiles, rebeliones, huelgas y movimientos sociales, al igual que entrevistando a líderes nacionales y hasta presidentes.
Así, Democracy Now! fue indispensable para reportar desde la lucha de resistencia indígena y ambiental en Standing Rock, Dakota del Norte, hasta el movimiento Black Lives, al igual que las batallas altermundistas frente a la agenda neoliberal trasnacional que arrancaron en este país en Seattle y después Ocupa Wall Street, entre otras.
También ha alojado personas críticas en torno a noticias internacionales, por ejemplo con voces palestinas reconocidas en torno a la guerra de Israel y Estados Unidos, viajando a Timor Oriental, Haití, Bagdad y otras partes de Medio Oriente, entre muchos otros países.
También han entrevistado a figuras internacionales, incluyendo de México a Paco Ignacio Taibo y Elena Poniatowska. Al programa han acudido repetidamente voces criticas destacadas pero poco citadas en los medios tradicionales, como Noam Chomsky, Howard Zinn, Jeffrey Sachs, Naomi Klein, Arundhati Roy y más.
Música y poesía
En su evento para festejar las tres décadas de trabajo, realizado esta semana en la histórica iglesia Riverside, en Nueva York, estuvieron los cantantes y compositores Bruce Springsteen, Patti Smith y Angela Davis, al igual que los actores Delroy Lindo y Maggie Gyllenhaal, así como el profesor Rashid Khalidi, entre otros.
El evento reunió a más de 2 mil personas. “Feliz aniversario”, dijo Springsteen al abrazar a Goodman, para después cantar su nueva canción Las calles de Mineápolis, en respuesta a la agresión reciente de fuerzas federales contra opositores a redadas de inmigrantes.
El poeta palestino y ganador del Pulitzer Mosab Abu Toha leyó su poema Bajo los escombros –30 integrantes de su familia murieron bajo los ataques de Israel en Gaza–. La noche culminó con todos los artistas cantando el himno de Smith, People have the power.
Goodman abrió la celebración declarando: “es difícil contemplar una celebración en este momento, en medio de la guerra Israel-Estados Unidos contra Irán y otros conflictos armados, el creciente autoritarismo, los milmillonarios hambrientos de poder y el empeoramiento de la catástrofe climática, pero reuniones como ésta son esenciales para recordarnos que, en la tormenta que viene, a pesar de las fuerzas de opresión que nos amenazan a todos en el planeta, hay una fuerza más poderosa. Y esa es la de todos ustedes aquí esta noche… pero también por todo este país y alrededor del mundo, de la gente uniéndose, organizando por la paz y la justicia” (https://www.youtube.com/watch?v=M384Jv3EeiY).
Democracy Now! es apoyado por su público y no acepta fondos empresariales o de publicidad privada ni gubernamentales. Nació en 1996 trasmitido entonces en nueve estaciones de radio. Ha logrado su objetivo, el cual Goodman define como “romper la barrera del sonido” al resaltar “voces excluidas de los medios empresariales, los movimientos por el cambio y confrontar al poder e intentar que rinda cuentas”.
Un documental sobre Democracy Now!, Steal this story, please, acaba de ser estrenado y circula en festivales y otros canales, además de que fue incluido en la edición de este año de Ambulante en México, donde Goodman lo presentó.
“Realmente pensamos que aquellos a quienes les importa la guerra y la paz, que les importa la justicia racial, económica y social, sobre temas LGBTQ, y sobre la catástrofe climática, no son parte de una minoría marginada, ni aun de una mayoría silenciosa, sino la mayoría silenciada, silenciada por los medios corporativos. Es nuestra tarea ir a donde está el silencio, ser la excepción a los gobernantes”, escribió la periodista en su columna.

Capitalismo gánster, ¡Nuevo-Viejo Orden Mundial!
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto Ap   Foto autor
Miguel Tinker Salas y Victor Silverman*
26 de marzo de 2026 00:05
En noviembre de 2025, el gobierno de Donald Trump publicó su nueva Estrategia de Seguridad Nacional planteando la adopción de una doctrina llamada Donroe, nueva versión de la vieja doctrina Monroe (1823), en la que Estados Unidos asumía el papel de policía del continente americano. Mientras la doctrina Monroe excluía a Europa de América Latina, la Donroe planteaba excluir a China y declaraba que el Medio Oriente dejaría de ser el epicentro de la política exterior de Estados Unidos. 
Las acciones del régimen de Trump en el otoño de 2025 parecían confirmar la doctrina. Bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico, el gobierno de Estados Unidos desplegó la armada más grande que se ha visto en el Caribe, interceptaba tanqueros que partían de Venezuela, destruyó docenas de lanchas y asesinó a sus tripulantes sin ofrecer evidencias de algún tipo. 
Trump también amenazó con tomar acciones contra Brasil, Colombia, México, indicando que Cuba sería “liberada” prohibiendo la venta de petróleo a la isla. 
La doctrina Donroe tuvo su expresión máxima en la invasión de Venezuela y el secuestro de su presidente y su pareja.
Pero como todo lo que transcurre en el gobierno de Trump, la doctrina Donroe es otro espejismo que se desvanece ante la realidad de los hechos. Estados Unidos nunca pretendía reducir su presencia mundial como planteaba la doctrina Donroe y lamentaban algunos comentaristas. En ningún momento Trump ordenó el cierre de una de las 800 bases que Estados Unidos tiene en 80 países. En ningún momento propuso reducir el presupuesto militar, más de 830 mil millones de dólares, o el tamaño de su armada y sus múltiples portaviones o de las 20 divisiones militares que mantiene o su inmensa fuerza área de más de 5 mil aeronaves.
La guerra contra Irán demuestra que Estados Unidos es y seguirá siendo un imperio que no tolera desafíos a su poder global. Los dos negociadores por parte de Estados Unidos con Irán son Steve Witkoff, viejo amigo de Trump, y su yerno Jared Kushner, ambos especuladores de bienes raíces con poco conocimiento sobre la región, su cultura ni mucho menos sobre el uranio o su enriquecimiento. Estados Unidos e Israel manipularon el proceso de negociación para iniciar su guerra contra Irán asegurando que el país estaba al punto de crear una bomba nuclear. La realidad era otra.
Irán había acordado no enriquecer uranio, abrir el país a inspecciones e invitar a compañías petroleras estadunidenses a invertir. No obstante, a finales de febrero, Estados Unidos e Israel, animados por Arabia Saudita, iniciaron una guerra contra Irán bombardeando indiscriminadamente al país. Dado que Trump había criticado a la OTAN y exigido que Dinamarca le cediera Groenlandia, los europeos, incluso los británicos, han permanecido al margen del conflicto.
Lo que ha cambiado con la supuesta doctrina Donroe es la forma en que Trump, su círculo familiar y sus socios lucran abiertamente con la guerra. 
Mientras Israel cometía un genocidio en Gaza, Kushner y Trump planteaban la creación de un resort de lujo en territorio palestino. Aun cuando negociaba con Irán, Kushner solicitaba 5 mil millones de dólares de países en el Medio Oriente para impulsar sus proyectos inmobiliarios. El lunes, 15 minutos antes de que Trump extendiera su amenaza contra Irán sobre la apertura del estrecho de Ormuz, inversionistas, con información previa, apostaron mil 500 millones de dólares a que el precio del petróleo bajaría, lo cual ocurrió, enriqueciéndolos aún más. Más allá de beneficiar el tradicional complejo militar industrial de Estados Unidos (RTX, Lockheed Martin, Northrop Grumman, Boeing y General Dynamics), la guerra contra Irán también está siendo manipulada para enriquecer a sectores aliados con Trump.
Sin embargo, las ganancias obtenidas por medio de la corrupción son insignificantes cuando se comparan con la verdadera riqueza de la región. A pesar del incremento en fuentes de energía alterna, la economía mundial sigue dependiendo del petróleo, el gas natural y sus derivados. Por más de un siglo, el petróleo ha sido la sangre del capitalismo, y el Golfo Pérsico, su corazón palpitante.
Desde la Segunda Guerra Mundial, el Golfo ha sido el centro de la estrategia estadunidense para dominar el sistema global. Estados Unidos –y antes el Reino Unido– obstruyeron la unificación de los pueblos de la región y el control democrático de sus recursos. Ambos imperios dominaron la región mediante una alianza entre los poderes europeos y sus clientes: familias reales, dictadores militares e israelíes. Como dijo un diplomático inglés en 1939, “llevaron una bolsa de dinero en vez de un gran garrote”. Pero, al igual que en América Latina, el garrote siempre estaba al alcance.
El imperialismo no es una calle de un solo sentido, y sus clientes pueden manipular el hegemón. Los israelíes y los sauditas entienden bien que Trump detesta gente pobre de color tanto como ama al oro. La guerra contra Irán satisface ambos impulsos, la codicia y la crueldad. 
Sin las alianzas europeas que sostuvieron el llamado Siglo Americano y con su disminución como potencia económica, Estados Unidos no tiene la capacidad de dominar el Golfo como ha controlado el Caribe. “Esta guerra ha sido ganada”, declaró Trump; los iraníes tienen otra postura y aceleran una crisis mundial si no logran concesiones. El deseo de Trump de dominar el mundo como un gánster podría ser una gran ilusión.
La guerra no es sólo un ejercicio de estrategia y mucho menos de doctrinas. Más de 2 mil 500 civiles han muerto y millones han sido desplazados por la guerra. Sin considerar el resultado, el futuro del Golfo y del capitalismo gánster será pagado con la sangre de las poblaciones del Líbano e Irán, como en América: es sangre real, no metafórica.
* Profesores eméritos, Departamento de Historia, Pomona College
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