lunes, 9 de marzo de 2026

Moneda de reserva.

Las condiciones financieras pasan por un periodo incierto y se cuestiona la estabilidad del dólar y sus consecuencias en la estructura y dinámica de los mercados financieros. 
Foto Roberto García Ortiz / Archivo   Foto autor
León Bendesky
09 de marzo de 2026 00:05
La influencia internacional del dólar se asocia con su función como moneda de reserva. Una moneda internacional se usa extendidamente entre países para saldar los intercambios de bienes, servicios y activos diversos. El dólar es preponderante entre las reservas, con 57 por ciento del total utilizado y representa 89 por ciento de las transacciones en los mercados de divisas.
Las condiciones financieras pasan por un periodo incierto y se cuestiona la estabilidad del dólar y sus consecuencias en la estructura y dinámica de los mercados financieros.
Dado el predominio de la economía estadunidense al final de la Segunda Guerra Mundial y tras los acuerdos de Bretton Woods, de 1944, cuando se crearon el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se estableció un sistema de tipos de cambio fijos, junto con la convertibilidad de dólar en oro a un precio prestablecido y se conformó su papel especial como moneda de reserva.
Entre 1971 y 1973, tal sistema se terminó a partir de la declaración de inconvertibilidad declarada por el gobierno de Estados Unidos. El fin de Bretton Woods y la redefinición del sistema monetario significó que los países replantearan sus activos de reserva, sobre todo porque el oro dejó de ser el estándar que respaldaba el valor de las monedas.
Por el uso que cumplen, las monedas de reserva tienen que ser seguras, o sea, que su valor relativo no se reduzca. Y deben, también, ser líquidas; es decir, que puedan usarse en cualquier momento. Los bancos centrales mantienen reservas para administrar el tipo de cambio de su moneda, asegurar la capacidad de pagar las importaciones o incluso para cubrir contingencias, como la de un desastre natural.
Otras monedas usadas como reserva son el euro, con una proporción de 20 por ciento del total; el yen, con 6 por ciento; la libra esterlina, 5, y el dólar canadiense y el renminbi chino entre 2 y 3 por ciento, cada uno. Los principales tenedores de reservas internacionales de divisas son China, Japón, Suiza, India y Rusia.
Los cambios que ocurren, o incluso los que se anticipan en los tipos de cambio, tienen un efecto en la proporción de las reservas por tipo de divisa que se mantienen en los bancos centrales. Esto se deriva del hecho que su proporción está ligada precisamente por el valor relativo.
Así, si se genera la expectativa de que una moneda, como es el caso del dólar y debido a su relevancia, pierda valor, se intentará cambiar la composición de las reservas, lo que incidirá en una presión adicional a su depreciación. El oro es considerado una protección de valor, sobre todo durante los periodos de tensión e incertidumbre económica y política, a lo que se añade la baja de rendimiento de las divisas en los mercados. Estamos en una situación de ese tipo.
Los bancos centrales aumentan la tenencia de oro en sus reservas, que superan la cuarta parte del total, la proporción más alta en tres décadas. Esto ha recordado lo dicho por Keynes en cuanto a que hay un retorno a una “bárbara reliquia”, ya que no corresponde a la deuda de nadie, pero funge como un refugio seguro.
El así llamado “privilegio extraordinario” que ha tenido el dólar enfrenta una nueva situación derivada del uso político que se le ha dado en la relación económica con otros países e, igualmente, en el proceso de gestión interna de la política monetaria, cuya competencia reside en la Reserva Federal (el banco central).
El asunto se centra en el cuestionamiento de la estabilidad de largo plazo de la moneda. Hay una reacción ante esto por parte de gobiernos mediante la diversificación de sus reservas, de sus sistemas de pagos y la facturación de sus transacciones comerciales. Incluso se ha abierto el espacio para el uso de bitcóin, al que ahora se le llama “oro digital” y al que recurren también algunas empresas como un activo de reserva. El propio gobierno estadunidense creó una Reserva Estratégica de Bitcóin en marzo de 2025.
El cambio que se advierte en general es la diversificación y el acceso a otras fuentes que provean de liquidez, pasando de una divisa a otra con mayor flexibilidad. Los estudios indican que se va creando una infraestructura financiera al margen del dólar. El proceso de transformación funciona mediante acuerdos entre países, el uso de medios de pago digitales y redes de inversiones denominadas en otras monedas, pero el dólar sigue siendo la divisa hegemónica, a pesar de las medidas para desdolarizar las transacciones. Esto se sustenta en el más líquido mercado de capitales y lo que esto representa para la eficiencia de los sistemas de pago. La Fed es el banco central con mayor capacidad para soportar al conjunto del sistema financiero.
La función de la Fed tras la crisis de 2008 se ha transformado, como bien lo plantea el estudio de Perry Mehrling titulado La Nueva Lombard Street:Cómo la Fed se ha vuelto el intermediario de última instancia, más allá de su tradicional función de prestamista de última instancia. Este es un aspecto relevante en el modo de operación compleja de los mercados financieros a escala global.
Según el análisis del Banco Internacional de Pagos, de Basilea, el dólar mantiene su posición dominante en el sistema financiero global. La cuestión abarca su función como el vehículo más importante para las operaciones de divisas y, también, en los préstamos internacionales. La proporción del dólar en las transacciones globales supera de modo notorio su participación en el producto interno bruto global, lo que apunta a su relevancia en términos estructurales. En todo caso, el sistema financiero y el reordenamiento de los mercados globales son un proceso en curso en medio de un entorno global crecientemente conflictivo.

Según analistas, conflicto bélico causará inflación y menos PIB
Clara Zepeda
Periódico La Jornada   Lunes 9 de marzo de 2026, p. 25
La escalada de la guerra en Medio Oriente, que expone un nuevo shock, se ha convertido rápidamente en un problema económico global, pues un conflicto de varias semanas provocará un impacto en la actividad productiva, donde las empresas y los bancos centrales están en zozobra, prevén analistas.
La inflación, que no sólo se limita al choque del petróleo y gas, se dispara; los bancos centrales tendrán que cambiar de rumbo y la guerra va a restar necesariamente “unas décimas” del producto interno bruto (PIB) mundial.
Dependiendo de la magnitud del alza del petróleo y de su duración, podría generar un alza en la inflación y con eso eliminar la expectativa de nuevas bajas en las tasas de interés con implicaciones en las valuaciones de las empresas, destacó Carlos Ponce, socio fundador y director general de SNX.
Y es que el choque inflacionario no se limita al petróleo, pues se empezará a afectar la energía, el transporte, la logística, los fertilizantes y también las cadenas de suministro global.
Irán es el tercer país con mayores reservas de crudo del mundo (11.8 por ciento del total) y es el tercer productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, pese a recibir recurrentes sanciones internacionales.
Más allá de lo que produce, Irán controla el acceso al estrecho de Ormuz, punto de tránsito más importante del mundo. Por esta vía circula 20 por ciento del petróleo mundial y cualquier interrupción en esta zona tendría un impacto inmediato en los precios internacionales del crudo.
Según la magnitud del alza del petróleo y de su duración, podría generar un alza en la inflación y así eliminar la expectativa de nuevas bajas en las tasas de interés con implicaciones en las valuaciones de las empresas, expresó Ponce.
De acuerdo con Alejandro Gómez, director general del Grupo de Asesores en Economía y Administración Pública, despacho especializado en consultoría económica y financiera, el shock que se ve es una inflación multisectorial, pues los primeros datos ya muestran aumentos en energía, transporte aéreo y costos agrícolas.
Por ejemplo, la gasolina en Estados Unidos sube de 2.98 dólares a 3.41 dólares por galón en una semana; el costo del transporte aéreo de Asia-Europa sube 45 por ciento desde el inicio de la guerra. El cierre de aeropuertos claves como el de Dubái eliminó casi 20 por ciento de la capacidad global de carga aérea. El combustible para aviación en Europa sube 72 por ciento, presionando tarifas de logística. En tanto, el precio de la urea (fertilizante) sube cerca de 25 por ciento en una semana, golpeando al sector agrícola, principalmente.
“El problema es que estos choques se transmiten rápidamente al resto de la economía: alimentos, manufactura, comercio global, transporte, energía. El riesgo ahora es claro: menor crecimiento y más inflación, lo que podría complicar las decisiones de los bancos centrales en los próximos meses”, precisó Gómez.
En un análisis, comentó que si el conflicto se prolonga, el shock inflacionario apenas comenzaría.

Se desplomó 30.3% la inversión física en enero: SHCP
Instalaciones de la SHCP en la Ciudad de México. 
Foto: 'La Jornada' / Archivo   Foto autor
Dora Villanueva
08 de marzo de 2026 10:17
La inversión en infraestructura pública continuó su caída, y en enero bajó 30.3 por ciento anual, reportó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. El año pasado, la inversión física tuvo su mayor descenso desde que hay registro. La merma anual de 28.4 por ciento fue la más alta en 35 años y su monto, en términos reales, fue prácticamente similar al del primer año del sexenio pasado.
Desde finales de 2024 y todo 2025, Hacienda reiteró que era esperada una baja en la inversión física –el gasto destinado a la adquisición, construcción, ampliación o mejora de activos, como maquinaria o infraestructura– dado que el gasto se expandió en el cierre del sexenio a fin de acelerar las obras de esa administración.
Sin embargo, a comienzos de 2026, la inversión física no sólo continuó a la baja, sino que registró su menor nivel en cinco años, al sumar 41 mil 413 millones de pesos. Hacienda subrayó que el declive está recargado en un menor gasto en el sector energético.
En total, el gasto en infraestructura y maquinaria para el sector energético –hidrocarburos y electricidad– se redujo de 29 mil 18.6 millones de pesos a 13 mil 520.9 millones de pesos, una reducción de 55.1 por ciento, en término reales; es decir incorporado el efecto de la inflación. Al estar concentrados estos sectores en las empresas públicas, la reducción en el de hidrocarburos, con Petróleos Mexicanos como la principal ejecutora de estos recursos, cayó 54.5 por ciento, también en términos reales, al pasar de 27 mil 33.7 millones de pesos a 12 mil 756.8 millones.
En el eléctrico, con la Comisión Federal de Electricidad al centro, la caída a fue de 62.9 por ciento real, al pasar de mil 984.9 millones de pesos a 764.1 millones entre enero del año pasado y éste.
En comunicaciones y transportes se pasó de ejercer 2 mil 284 millones de pesos en enero del año pasado a cero en el primer mes de este 2026.
En abastecimiento, agua potable y alcantarillado también se registró una caída de 18 por ciento mientras en otros ramos que van desde los autónomos hasta otras secretarías federales, la baja alcanzó un promedio de 14.5 por ciento.
Aunque hay un par de conceptos en los que se muestra una recuperación: en educación, de 22.2 millones de pesos en enero de 2025 creció a 194.7 millones. Lo mismo en salud, que la inversión pasó de 4.2 millones de pesos contra mil 787.7 millones de enero de 2026.
De acuerdo con un análisis de Oxfam México, la inversión pública como proporción del producto interno bruto en 2024 era menos de la mitad del 12 por ciento que representó en 1981.