la redacción y Ap
08 de marzo de 2026 13:28
Nueva York. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, condenó este domingo una protesta convocada por el influencer de extrema derecha, Jake Lang, frente a Gracie Mansion, que derivó en un incidente con artefactos explosivos improvisados.
En un mensaje publicado en la red social X, el alcalde señaló que la manifestación estuvo “arraigada en el fanatismo y el racismo” y afirmó que “ese odio no tiene cabida en la ciudad de Nueva York”. Añadió que la violencia en una protesta “nunca es aceptable” y calificó de “criminal y reprobable” el intento de utilizar un dispositivo explosivo para causar daño.
El incidente ocurrió cuando un hombre vestido con sudadera oscura con capucha y pantalones cargo beige recibió de otro activista un objeto envuelto en cinta adhesiva que desprendía humo. El individuo lo arrojó cerca de una línea de agentes antes de saltar una barrera de seguridad. Posteriormente lanzó un artefacto similar en las inmediaciones del grupo de manifestantes encabezados por Lang.
De acuerdo con la policía, la protesta reunió a unas 20 personas, mientras que alrededor de 125 contramanifestantes acudieron al lugar. Lang se manifestaba contra lo que calificó como “islamización” de la ciudad y exigía el fin de la “oración musulmana en espacios públicos”.
Mamdani agradeció la actuación de los agentes del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD), quienes —dijo— reaccionaron con rapidez para mantener a salvo a los residentes.
El alcalde indicó que su administración sigue de cerca la situación en coordinación con el comisionado de policía y aclaró que, hasta ahora, no existen indicios de que el incidente esté relacionado con las hostilidades en curso en Irán.
El agua, y no el petróleo, es el recurso más amenazado por la guerra con Irán: analistas.
Cientos de plantas desalinizadoras salpican la costa del golfo Pérsico, lo que pone a sistemas individuales que abastecen de agua a millones de personas al alcance de ataques iraníes con misiles o drones. Sin ellas, las grandes ciudades no podrían sostener sus poblaciones actuales. Afp
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Ap
08 de marzo de 2026 12:04
Mientras misiles y drones reducen la producción de energía en todo el golfo Pérsico, analistas advierten que el agua, y no el petróleo, podría ser el recurso más amenazado en una región rica en energía pero árida.
Cientos de plantas desalinizadoras salpican la costa del golfo Pérsico, lo que pone a sistemas individuales que abastecen de agua a millones de personas al alcance de ataques iraníes con misiles o drones. Sin ellas, las grandes ciudades no podrían sostener sus poblaciones actuales.
En Kuwait, cerca de 90 por ciento del agua potable proviene de la desalinización, junto con aproximadamente 86 por ciento en Omán y alrededor de 70 por ciento en Arabia Saudita. La tecnología elimina la sal del agua de mar —por lo general, empujándola a través de membranas ultrafinas en un proceso conocido como ósmosis inversa— para producir el agua dulce que sostiene a ciudades, hoteles, la industria y parte de la agricultura en una de las regiones más secas del mundo.
Para las personas que viven fuera de Medio Oriente, la principal preocupación de la guerra con Irán ha sido el impacto en los precios de la energía. El golfo produce cerca de un tercio de las exportaciones mundiales de crudo y los ingresos energéticos apuntalan las economías nacionales. Los combates ya han detenido el tráfico de petroleros por rutas marítimas clave e interrumpido la actividad portuaria, lo que ha obligado a algunos productores a recortar exportaciones a medida que se llenan los tanques de almacenamiento.
Pero la infraestructura que mantiene abastecidas de agua potable a las ciudades del golfo podría ser igual de vulnerable.
“Todo el mundo piensa en Arabia Saudita y sus vecinos como petroestados. Pero yo los llamo reinos de agua salada. Son superpotencias hídricas artificiales impulsadas por combustibles fósiles”, afirmó Michael Christopher Low, director del Centro de Medio Oriente de la Universidad de Utah. “Es a la vez un logro monumental del siglo XX y un cierto tipo de vulnerabilidad”.
Primeras señales de riesgo
La guerra que comenzó el 28 de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán ya ha acercado los combates a la infraestructura clave de desalinización. Irán atacó el 2 de marzo el puerto de Jebel Ali, en Dubái, y los impactos cayeron a unos 19 kilómetros de una de las plantas desalinizadoras más grandes del mundo, que produce gran parte del agua potable de la ciudad.
También se reportaron daños en el complejo de energía y agua Fujairah F1, en Emiratos Árabes Unidos, y en la planta desalinizadora Doha West, en Kuwait. Los daños en las dos instalaciones parecieron derivados de ataques a puertos cercanos o de la caída de escombros de drones interceptados.
Bahréin acusó a Irán este domingo de atacar indiscriminadamente objetivos civiles y de dañar una de sus plantas desalinizadoras, aunque no dijo que el suministro hubiera quedado fuera de servicio. La nación insular, sede de la Quinta Flota de la Marina de Estados Unidos, ha estado entre los países atacados por drones y misiles iraníes.
Antes, Irán dijo que un ataque aéreo de Estados Unidos dañó una planta desalinizadora iraní. Abbas Araghchi, ministro de Exteriores del país, señaló que el ataque en la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, había afectado el suministro de agua para 30 aldeas. Advirtió que, al hacerlo, “Estados Unidos sentó este precedente, no Irán”.
Muchas plantas desalinizadoras del golfo están integradas físicamente con centrales eléctricas como instalaciones de cogeneración, lo que significa que los ataques a la infraestructura eléctrica también podrían obstaculizar la producción de agua. Incluso donde las plantas están conectadas a redes nacionales con rutas de suministro de respaldo, las interrupciones pueden propagarse en cascada a través de sistemas interconectados, explicó David Michel, investigador principal de seguridad hídrica en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.
“Es una táctica asimétrica”, indicó. “Irán no tiene la misma capacidad para responder atacando a Estados Unidos e Israel. Pero sí tiene esta posibilidad de imponer costos a los países del golfo para empujarlos a intervenir o a pedir un cese de hostilidades”.
Las plantas desalinizadoras tienen múltiples etapas —sistemas de captación, instalaciones de tratamiento, suministros de energía— y el daño en cualquier parte de esa cadena puede interrumpir la producción, según Ed Cullinane, editor para Oriente Medio de Global Water Intelligence, una editorial que presta servicios a la industria del agua.
“Ninguno de estos activos está más protegido que cualquiera de las áreas municipales que están siendo alcanzadas en este momento por misiles balísticos o drones”, sostuvo Cullinane.
Una preocupación de larga data
Los gobiernos del golfo y funcionarios de Estados Unidos han reconocido desde hace tiempo los riesgos que estos sistemas suponen para la estabilidad regional: si grandes plantas desalinizadoras quedaran fuera de servicio, algunas ciudades podrían perder la mayor parte de su agua potable en cuestión de días. Un análisis de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de 2010 advirtió que ataques contra instalaciones de desalinización podrían desencadenar crisis nacionales en varios estados del golfo, y que interrupciones prolongadas podrían durar meses si se destruyera equipo crítico.
Más de 90 por ciento del agua desalinizada del golfo proviene de apenas 56 plantas, señaló el informe, y “cada una de estas plantas críticas es extremadamente vulnerable al sabotaje o a la acción militar”.
Un despacho diplomático estadunidense filtrado de 2008 advirtió que la capital saudita, Riad, “tendría que ser evacuada en una semana” si la planta desalinizadora de Jubail, en la costa del golfo, o sus tuberías o la infraestructura eléctrica asociada sufrían daños graves.
Desde entonces, Arabia Saudita ha invertido en redes de tuberías, embalses de almacenamiento y otras redundancias diseñadas para amortiguar interrupciones de corto plazo, al igual que Emiratos Árabes Unidos. Pero estados más pequeños como Bahréin, Qatar y Kuwait tienen menos suministros de respaldo.
El cambio climático podría amenazar las plantas de agua
A medida que el calentamiento de los océanos aumenta la probabilidad y la intensidad de ciclones en el mar Arábigo y eleva las posibilidades de que toquen tierra en la península arábiga, las marejadas y las lluvias extremas podrían desbordar los sistemas de drenaje y dañar la desalinización costera.
Las propias plantas contribuyen al problema. La desalinización requiere mucha energía, y las plantas de todo el mundo producen entre 500 y 850 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono al año, acercándose a las aproximadamente 880 millones de toneladas emitidas por toda la industria mundial de la aviación.
El subproducto de la desalinización, una salmuera altamente concentrada, suele descargarse de nuevo al océano, donde puede dañar hábitats del fondo marino y arrecifes de coral, mientras que los sistemas de captación pueden atrapar y matar larvas de peces, plancton y otros organismos en la base de la cadena alimentaria marina.
A medida que el cambio climático intensifica las sequías, altera los patrones de lluvia y alimenta los incendios forestales, se espera que la desalinización se expanda en muchas partes del mundo.
La amenaza no es hipotética
Durante la invasión iraquí de Kuwait en 1990-1991 y la posterior Guerra del Golfo, las fuerzas iraquíes sabotearon centrales eléctricas e instalaciones de desalinización al retirarse, dijo Low, de la Universidad de Utah. Al mismo tiempo, millones de barriles de crudo fueron liberados deliberadamente en el golfo Pérsico, creando uno de los mayores derrames de petróleo de la historia.
La enorme mancha amenazó con contaminar las tuberías de captación de agua de mar utilizadas por plantas desalinizadoras en toda la región. Los trabajadores se apresuraron a desplegar barreras de contención protectoras alrededor de las válvulas de captación de las principales instalaciones.
La destrucción dejó a Kuwait en gran medida sin agua dulce y dependiente de importaciones de emergencia. La recuperación total tomó años.
Más recientemente, los rebeldes hutíes de Yemen han atacado instalaciones sauditas de desalinización en medio de tensiones regionales.
Los incidentes subrayan una erosión más amplia de normas de larga data contra los ataques a infraestructura civil, señaló Michel, al mencionar conflictos en Ucrania, Gaza e Irak.
El derecho internacional humanitario, incluidas disposiciones de los Convenios de Ginebra, prohíbe atacar infraestructura civil indispensable para la supervivencia de la población, incluidas las instalaciones de agua potable.
La posibilidad de ciberataques dañinos contra la infraestructura hídrica es una preocupación creciente. En 2023 y 2024, funcionarios de Estados Unidos responsabilizaron a grupos alineados con Irán de hackear varias empresas de servicios de agua estadunidenses.
El propio suministro de agua de Irán, en riesgo
Tras un quinto año de sequía extrema, los niveles de agua en los cinco embalses de Teherán cayeron a alrededor de 10 por ciento de su capacidad, lo que llevó al presidente, Masoud Pezeshkian, a advertir que la capital podría requerir una evacuación.
A diferencia de muchos estados del golfo que dependen en gran medida de la desalinización, Irán todavía obtiene la mayor parte de su agua de ríos, embalses y acuíferos subterráneos agotados. El país opera un número relativamente pequeño de plantas desalinizadoras, que abastecen apenas una fracción de la demanda nacional.
Irán se apresura a expandir la desalinización a lo largo de su costa sur y a bombear parte del agua hacia el interior, pero las limitaciones de infraestructura, los costos energéticos y las sanciones internacionales han limitado drásticamente la posibilidad de escalarla.
“Ya estaban pensando en evacuar la capital el verano pasado”, comentó Cullinane, de Global Water Intelligence. “No me atrevo a imaginar cómo será este verano bajo fuego sostenido, con una catástrofe económica en curso y una grave crisis de agua”.
Ataque a depósitos iraníes dispara precio del crudo a más de 115 dólares
▲ Rastros de cohetes sobre la ciudad costera de Netanya, en el centro de Israel, tras una nueva ofensiva de Irán la madrugada de hoy.Foto Afp
Clara Zepeda y Agencias
Periódico La Jornada Lunes 9 de marzo de 2026, p. 25
Los reportes de bombardeos a depósitos de petróleo en Irán dispararon el precio del energético en más de 20 por ciento, por encima de 100 dólares por barril, lo cual no se veía desde 2022, y a su vez impulsó la demanda de activos refugio como el dólar.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, minimizó el hecho al asegurar que se trata de un “pequeño fallo” y de un efecto de corto plazo.
En una entrevista con ABC News, el mandatario restó importancia al aumento de los precios del combustible y lo mencionó como un “pequeño fallo. Tuvimos que tomar este desvío. Sabía exactamente lo que iba a pasar”, afirmó.
Más tarde, por medio de su plataforma Truth Social, señaló que “los precios del petróleo a corto plazo, que caerán rápidamente cuando termine la destrucción de la amenaza nuclear de Irán, son un precio muy pequeño a pagar por la seguridad y la paz de Estados Unidos y del mundo. ¡Sólo los necios pensarían lo contrario!”
Según datos de mercado, el barril de West Texas Intermediate (WTI), de referencia de Estados Unidos, llegó a escalar 27.89 por ciento, a 115.91 dólares por barril, su mayor nivel desde 2022. El Brent del mar del Norte, por su parte, se disparó hasta 25.22 por ciento, a 116.108 dólares, igualmente en máximos desde 2022.
La semana pasada el WTI tuvo un alza de 64.05 por ciento, mientras el Brent fue de 51.07. Dicha volatilidad supera la barrera de 100 dólares por barril, lo que no se ves desde que Rusia invadiera Ucrania en 2022, y que bajaron tras unos días.
Los futuros del gas de referencia europeos, los holandeses, con vencimiento al mes próximo, subieron 8.53 por ciento, a 50.65 euros por megavatio-hora. El gas natural en Estados Unidos, por su parte, avanza 8.82 por ciento, al cotizar en 3.467 dólares por millón de BTU.
Se desploman las bolsas asiáticas
Los principales mercados accionarios asiáticos presentan importantes sangrías, donde el índice Nikkei de Japón abrió este lunes con una caída de 6.67 por ciento y el Kospi de Corea con 8.64.
En tanto, el peso mexicano rompió la barrera de 18 unidades por dólar, lo que no se veía desde principios del año. La moneda mexicana, en mercados internacionales, operó con una depreciación de 1.31 por ciento frente a su similar estadunidense, para cotizar en alrededor de 18.0065 por dólar.
Lo anterior se da en medio de un repunte en la aversión al riesgo y a un fortalecimiento del dólar. El índice DXY, que mide el comportamiento del billete verde frente a un grupo de seis monedas internacionales, sube 0.70 por ciento, a 99.675 unidades, en medio de una mayor volatilidad ante la incertidumbre del panorama global actual.
Tras la pandemia de covid- 19, la invasión rusa de Ucrania provocó una sacudida energética que, junto con el bloqueo de la cadena de suministros, desató la peor crisis inflacionaria en cuatro décadas.
Los bancos centrales respondieron con una drástica subida de las tasas de interés y desde entonces trabajan para bajarlas, pero la inflación, sobre todo en Estados Unidos, se mantiene elevada y se resiste a disminuir más rápido.
De ahí la aversión al riesgo de los inversionistas, que no hallan refugio en el oro, pues éste cayó 1.56 por ciento, a 5 mil 79.34 dólares.
Desempleo al alza en EU con Trump
Ap
Periódico La Jornada Lunes 9 de marzo de 2026, p. 22
Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prometió que 2026 sería un gran año para el crecimiento económico; sin embargo, comenzó con pérdidas de empleo y alzas en los precios de la gasolina.
El informe de empleo del viernes mostró pérdidas de 92 mil puestos de trabajo en febrero y las cifras de enero y diciembre se revisaron a la baja, además de que el último mes del año registró una pérdida de 17 mil plazas.
Sin el sector de la salud, la economía habría perdido aproximadamente 202 mil empleos desde que Trump asumió la presidencia en enero de 2025. Aun así, su gobierno señala que las ganancias de empleo en la construcción fuera del sector de la vivienda apuntan a un crecimiento futuro de la contratación.
La tasa de desocupación de las personas nacidas en Estados Unidos ha subido en los últimos 12 meses de 4.4 a 4.7 por ciento. Esto significa que una mayor proporción de ciudadanos que Trump dijo que conseguirían empleo debido a su ofensiva contra la inmigración, en realidad están buscando trabajo.
“Reducir los costos de la energía es una de las acciones más importantes que podemos tomar para bajar los precios para los consumidores estadunidenses”, afirmó Trump en un discurso en Texas en febrero, poco antes de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán. “Porque cuando reduces el costo de la energía, reduces el costo de todo”.
Desde que los ataques contra Irán comenzaron el pasado 28 de febrero, los precios en las gasolineras subieron 19 por ciento en el último mes hasta un promedio de 3.45 dólares por galón.
El banco de inversión Goldman Sachs advirtió en una nota de análisis que si los precios más altos del petróleo persisten, la inflación podría subir de 2.4 por ciento (enero pasado) a 3 puntos porcentuales para finales de año.
“Nunca sabemos exactamente el plazo de esto”, declaró el secretario de Energía, Chris Wright, en el programa State of the Union de CNN. “Pero en el peor de los casos, esto es cuestión de semanas, no de meses”.
“Ya saben, establecimos el récord histórico de todos los tiempos con el Dow (Jones) llegando a 50 mil puntos”, dijo Trump el jueves en la Casa Blanca.
La crítica de los especialistas se genera debido a que el desempeño del ex presidente Joe Biden en 2024 fue superior al del año pasado de Trump, pues la economía de Estados Unidos creció a un ritmo de 2.8 por ciento durante el último año de éste, en comparación con el 2.2 por ciento del magnate en 2025.
