Políticos, medios de comunicación, académicos y los grupos paraempresariaes que se autodenominan representantes de la “sociedad civil” aseguran desear para los iraníes un régimen laico, democrático, modernizador y moderado, pero olvidan mencionar que Irán ya se había dado a sí misma un gobierno con todas esas características, el del primer ministro Mohammad Mosaddegh (1951-1953). Cuando el dirigente intentó nacionalizar la Anglo-Persian Oil Company (antecesora de la actual British Petroleum), el imperio británico reaccionó con un guion que Estados Unidos repetiría una y otra vez al tomar la batuta del imperialismo mundial: acusó al mandatario de “comunista”, saboteó la economía del país, le impidió comerciar con su propio petróleo y, finalmente, con la ayuda de Washington, depuso a Mosaddegh e instaló un gobierno títere encabezado por un monarca inventado, el sha Mohammad Reza Pahlavi. Reza sumió a Irán en un permanente baño de sangre perpetrado por sicarios entrenados por la CIA y el Mossad. La policía política del sha, Savak, torturó y asesinó a todos los políticos y simpatizantes de la democracia, además de despilfarrar la riqueza petrolera en una vida de lujos y excesos que se exhibían sin pudor frente a un pueblo depauperado.
La eliminación de todos los liderazgos modernizadores explica por qué, cuando Irán estalló finalmente contra la opresión, la única institución capaz de canalizar y coordinar la ira popular fue la jerarquía del chiísmo, rama del Islam mayoritaria en el país. Tras la revolución de 1979, Occidente azuzó a Saddam Hussein para que invadiera a su vecino, pese a que para entonces ya eran bien conocidos el carácter despótico del presidente iraquí y las masacres que ejecutaba sobre su propia población. Hussein recibió cobertura mediática, apoyo de inteligencia y armamento ilimitado, incluidas armas químicas provistas por Alemania, durante los ocho años que duró su fallido intento de acabar con su vecino. Al término de la guerra, un millón de iraníes habían muerto y más de 2 millones estaban heridos, muchos de ellos con daños devastadores por la inhalación de los gases mostaza y sarín.
Este apretado resumen no da cuenta de todo el sufrimiento causado por Occidente al pueblo iraní, pero basta para mostrar la hipocresía de Donald Trump, Benjamin Netanyahu, Emmanuel Macron, Keir Starmer y Friedrich Merz, así como de la práctica totalidad de los medios de comunicación, al justificar sus agresiones contra Irán en nombre de la “defensa propia”.
El propio gobierno estadunidense ha desmontado esa burda manipulación: en un principio, la Casa Blanca dijo que llevó a cabo un “ataque preventivo” ante una “amenaza inminente” de Teherán, pero luego el secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que la “amenaza inminente era que sabíamos que si Irán fuese atacado (por Israel) –y creíamos que iba a ser atacado–, entonces ellos vendrían de inmediato por nosotros, y no nos íbamos a quedar sentados esperando a ser golpeados antes de responder”. Es decir, que Tel Aviv ya había tomado la decisión de atacar y que Washington no dirigió la operación ofensiva, sino que la siguió, tal como argumenta The New York Times. De ser así, Trump dejó que su complicidad con el sionismo lo arrastrara a una guerra a la que ahora no le encuentra salida, como ha evidenciado al extender el plazo del conflicto de “dos o tres días” a “cuatro o cinco semanas” y un indefinido “requerirá tiempo”. El incendio en la embajada estadunidense en Riad y las revueltas en Bahréin ilustran en forma contundente la velocidad con la que el magnate está perdiendo el control sobre su última aventura bélica.
Temen palestinos sufrir de nuevo privaciones tras bombardeos a Irán
Israel reabrirá sólo un cruce a Gaza para ingreso de ayuda; activistas ven insuficiente el abasto de alimentos
▲ Familiares acudieron al hospital Rafidia a reconocer los cuerpos de dos personas asesinadas por colonos israelíes ayer en Nablús.Foto Afp
Ap y Afp
Periódico La Jornada Martes 3 de marzo de 2026, p. 24
Deir Al Balah., Pobladores palestinos temen que la guerra desencadenada por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán “eclipse” la frágil situación en la franja de Gaza, poco más de una semana después de que el presidente estadunidense, Donald Trump, recaudó miles de millones de dólares bajo promesas de la reconstrucción del devastado territorio bajo el fuego del ejército de Israel e intentara impulsar un alto el fuego.
Los residentes afirman que tienen miedo al abandono y a la privación después de que Israel, tras los bombardeos del fin de semana, cerró todos los cruces hacia su territorio de más de 2 millones de habitantes.
Cogat, el organismo militar israelí que supervisa los asuntos civiles en Gaza, restringió los cruces hacia el territorio y congeló la entrada y salida de trabajadores humanitarios porque, argumentó, no pueden operar de forma segura bajo fuego. El regimiento indicó que los cruces serán reabiertos tan pronto como la situación lo permita.
Señaló que los palestinos allí tienen suficientes alimentos almacenados, aunque algunas organizaciones advirtieron que pronto podrían quedarse sin suministros.
El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, pidió a Israel que reabra los cruces fronterizos hacia Gaza para permitir la entrada de ayuda, informó su portavoz Stéphane Dujarric.
Palestinos indicaron a The Associated Press que se apresuraban a los mercados, atormentados por los recuerdos de la dolorosa escasez de alimentos del año pasado tras meses del feroz bloqueo impuesto por Tel Aviv, que provocó una situación de hambruna en diversas regiones del enclave.
“Cuando se cierran los cruces todo queda suspendido en el mercado”, manifestó Osamda Hanoda, de Jan Younis. “Los precios suben y la gente vive en la miseria”.
El inestable alto el fuego entre Israel y Hamas permitió que entrara a Gaza más ayuda humanitaria y otros suministros, aunque la ONU y sus socios para la asistencia afirmaron que se necesita más de todo, desde suministros médicos básicos hasta combustible.
Al cierre de la edición, Israel anunció que reabrirá hoy el paso a Gaza para permitir “el ingreso gradual de ayuda humanitaria”. La decisión se tomó “de acuerdo con una evaluación de seguridad”, declaró el Cogat.
Hace un mes, el principal cruce fronterizo de Rafah con el mundo exterior, el único cruce que no es con Israel, reabrió y permitió un pequeño flujo estrictamente controlado de tránsito palestino en ambas direcciones.
Por la tarde se había informado que todos los cruces estaban cerrados otra vez en medio del mes sagrado musulmán de ayuno del Ramadán, un tiempo de privación elegida, banquetes nocturnos y oración. Imágenes han mostrado a palestinos alineados en largas mesas en medio de escombros de zonas bombardeadas.
“Todas las personas se apresuraron a los mercados y todas querían comprar y esconderse”, relató Abeer Awwad, desplazada de la ciudad de Gaza.
Bajo la tregua impuesta por Washington, el 10 de octubre, los combates más intensos han disminuido, aunque el fuego israelí continúa cobrando vidas en Gaza.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) reconoció avances en el enclave, pero indicó en su análisis más reciente de seguridad alimentaria, publicado la semana pasada, que el hambre persiste en los territorios ocupados.
“Los hogares informaron un promedio de dos comidas al día en febrero de 2026, en comparación con una comida en julio”, indicó el PMA.
“Aun así, uno de cada cinco hogares consumía sólo una comida diaria”, añadió.
World Central Kitchen, por su parte, advirtió que se quedaría sin suministros esta semana si Israel mantenía cerrados los cruces de la franja.
“Necesitamos entregas de comida todos los días para alimentar a familias hambrientas que no forman parte de esta guerra”, escribió en redes sociales José Andrés, chef fundador de la organización.
Afirmó que su iniciativa proporciona un millón de comidas diarias en Gaza y que el grupo y otros que trabajan en la franja necesitan alimentos y otros suministros cada día.
“No podemos esperar... ¡dejen pasar hoy los camiones humanitarios!”, exigió.
Mientras, Medio Oriente se vuelca hacia otra guerra, algunos palestinos ven un beneficio: el ejército israelí está distraído.
“Lo bueno es que el sonido de explosiones y demoliciones ahora es raro cerca de la línea amarilla”, recalcó Ahmed Abu Jahl, de la ciudad de Gaza, al referirse a la frontera que divide Gaza y delimita aproximadamente la mitad del territorio controlado por las fuerzas israelíes.
Es Cisjordania reocupada al menos dos palestinos fueron asesinados ayer en un ataque perpetrado por colonos israelíes al sur de Nablús.
Irán, Pax Silica, y el embrionario Estado fascista
El fascismo, la guerra y la acumulación están inextricablemente unidos en la modalidad de acumulación que ahora persigue dicho complejo. Foto Afp / archivo Foto autor
William I. Robinson*
03 de marzo de 2026 00:01
El ataque estadunidense-israelí a Irán ha encendido de nuevo a Medio Oriente, pero no es más que el último de una vertiginosa serie de convulsiones globales que abarcan desde el conflicto geopolítico en Ucrania y Oriente Medio, hasta las guerras civiles en Myanmar y Sudán, las disputas arancelarias, el ataque estadunidense a Venezuela, y el terrorismo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en ciudades estadunidenses, entre otros. Este tumulto global está impulsado por un catalizador sistémico común: las violentas estrategias expansivas de un nuevo complejo hegemónico del capital trasnacional, en respuesta a la crisis de época del capitalismo global.
El complejo triangulado reúne a las gigantescas empresas tecnológicas, el capital financiero trasnacional y el complejo militar-industrial-represivo. El Gran Tech controla todo el ecosistema del capitalismo digitalizado, convirtiendo su enorme poder estructural en control político directo por medio del Estado fascista. Para impulsar su agenda, el bloque ha recurrido al Trumpismo Global, uno de los varios síntomas políticos morbosos que emergen a medida que se desmorona el orden internacional pos Segunda Guerra Mundial.
Las 20 principales empresas tecnológicas del mundo tenían una capitalización bursátil combinada superior a los 20 billones de dólares en 2025, una quinta parte del PIB global. El Gran Tech está, a su vez, entrelazado con los gigantescos conglomerados financieros globales, que poseen más de la mitad de las principales empresas tecnológicas. En 2022, había 33 empresas de gestión de inversiones de capital valoradas en 83 billones de dólares de activos combinados, más de cuatro quintas partes del valor del PIB mundial.
Silicon Valley y sus patrocinadores financieros están recurriendo a las tecnologías digitales para la guerra y la represión, fusionándose con el complejo militar-industrial-represión, completando así el eje del poder del complejo, que a su vez se alinea con estados autoritarios, dictatoriales y fascistas. Los multimillonarios tecnológicos y financieros se están convirtiendo en actores geopolíticos globales. Ejercen su enorme poder estructural por medio del Trumpismo Global, desarrollando nuevas modalidades de control sobre la sociedad civil y buscando formas alternativas de legitimidad basadas en la inestabilidad y el caos que faciliten el control de países y recursos.
El gobierno estadunidense ha denominado la nueva dispensación política como Pax Silica. “Si el siglo XX funcionó con petróleo y acero, el siglo XXI funciona con computación y los minerales que la alimentan”, declaró el Departamento de Estado. Pax Silica implica el desarrollo de “cadenas globales de suministro de IA” que impulsarán “oportunidades históricas y demanda de energía, minerales críticos, manufactura, hardware tecnológico, infraestructura y nuevos mercados aún no inventados”.
En virtud de esta Pax Silica, el régimen de Trump ha emprendido una desregulación radical de la IA y de las finanzas. Ha seguido una estrategia de mercantilismo digital, inscribiendo en sus negociaciones arancelarias con otros países la demanda de derogación de sus leyes que regulan la IA, mientras el Gran Tech busca su eliminación en al menos 64 países. El telón de fondo de la vorágine global es la crisis de época del capitalismo global. Estructuralmente, el sistema se enfrenta a una crisis de sobreacumulación que genera una intensa presión para la expansión que impulsa a la clase capitalista trasnacional (CCT) a buscar salidas para descargar el excedente de capital acumulado.
En 2025, China registró un superávit comercial récord de 1.2 billones de dólares –un aumento de 20 por ciento con respecto a 2024–, lo que indica una enorme sobrecapacidad global y contribuye a la creciente competencia geopolítica por los mercados y las oportunidades de inversión. Liderada por el nuevo complejo hegemónico de capital, la CCT está desatando una ronda depredadora de expansión impulsada por la digitalización, virando hacia formas más salvajes de acumulación extractivista, apoderándose de tierras, energía y recursos minerales para satisfacer la demanda de tecnología de la IA y centros de datos.
El Trumpismo constituye un Estado fascista embrionario que está forjando nuevas alianzas con estados represivos de todo el mundo. El fascismo en la era industrial y el fascismo en la era digital son distintos. El fascismo del siglo XXI implica la fusión del capital trasnacional con el poder político represivo y reaccionario en el Estado y con una movilización fascista en la sociedad civil, una fusión cada vez más visible en Estados Unidos bajo el régimen de Trump, a medida que el bloque hegemónico del capital se une al Estado fascista. En Estados Unidos, el ICE está emergiendo como una fuerza paramilitar fascista, una versión moderna de las camisas pardas que sirven de puente entre el desarrollo del Estado fascista y una reorganización fascista de la sociedad civil.
El Trumpismo Global reúne a diversas fuerzas autoritarias y neofascistas de extrema derecha, alineadas ideológica y políticamente, que defienden la agenda trumpista y aplauden su gansterismo trasnacional. La consolidación del complejo capitalista hegemónico parece depender ahora del extremismo ideológico y el caudillismo político del Trumpismo Global.
Este complejo está profundamente inmerso en sistemas trasnacionales de guerra, control social, represión y vigilancia, a medida que la acumulación militarizada se arraiga en toda la economía y la sociedad global. El fascismo, la guerra y la acumulación están inextricablemente unidos en la modalidad de acumulación que ahora persigue dicho complejo. En la lógica depravada del capitalismo global en crisis, esta acumulación de masacres no es más que la contraparte de la acumulación de capital.
*Profesor distinguido de sociología en la Universidad de California en Santa Bárbara
No desaparecerá el caso Epstein por el ataque contra Teherán, advierte republicano a Trump
Niega Bill Clinton conocer actos del criminal y tener contacto con menores
Afp y The Independent
Periódico La Jornada Martes 3 de marzo de 2026, p. 24
Washington. El representante republicano ultraconservador, Thomas Massie, advirtió ayer al presidente estadunidense, Donald Trump, que el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, no hará “desaparecer los archivos (Jeffrey) Epstein”.
“Bombardear un país al otro lado del mundo no hará que los archivos de Epstein desaparezcan, como tampoco lo hará que el Dow Jones supere los 50 mil puntos”, escribió en redes sociales.
El ex presidente estadunidense Bill Clinton declaró ante un comité de la Cámara de Representantes que no tenía conocimiento de los actos del delincuente sexual y que no fue su cómplice.
Sobre posibles “contactos sexuales” con chicas o mujeres jóvenes que le hubieran presentado el financista o su cómplice Ghislaine Maxwell, o que estuvieran en su presencia, el ex mandatario demócrata respondió negativamente. En la audiencia también aseguró no tener conocimiento de actos reprobables por parte de Trump en relación con Epstein.
En paralelo, investigaciones periodísticas, como la de El País, detallan que los millones de documentos desclasificados sobre Epstein apenas han tenido eco en América Latina, donde el agresor sexual y sus aliados viajaron a países como México, Brasil, Cuba, Perú y Colombia, donde, testimonios judiciales, vinculan sus estancias con presunta explotación sexual de menores, en un entramado aún parcialmente oculto por documentos tachados y la muerte de varios implicados.
En 2014, en una fiesta en Ciudad Juárez (organizada por el magnate financiero) a la que asistió el embajador de Estados Unidos en México, Earl Anthony Wayne (2011-2015), el informante de la Oficina Federal de Investigaciones, Kenneth Turner, denunció que el diplomático “abusó sexualmente y embarazó a una menor de 11 años”, según correos electrónicos de 2019. En la reunión, también estuvo presente Richard Marcinko, un miembro del cuerpo de élite de la marina estadunidense.
