viernes, 13 de marzo de 2026

El factor Trump en el nuevo orden hemisférico.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto Ap   Foto autor
Simón Vargas Aguilar*
13 de marzo de 2026 00:02
La conferencia inaugural “Américas contra los cárteles”, celebrada el 5 de marzo de 2026 en el Comando Sur de Estados Unidos en Doral, Miami, y la cumbre del Escudo de las Américas, del 7 de marzo en el Trump National Doral, fueron el nacimiento público de una coalición militar hemisférica selectiva y agresiva que deja a México en la marginación estratégica.
Donald Trump firmó allí la proclama que lanza la iniciativa Escudo de las Américas y crea la Coalición Anticártel de las Américas. El documento compromete a las naciones participantes a coordinar esfuerzos militares y policiales, incluyendo el uso de “fuerza letal”, para desmantelar las organizaciones criminales trasnacionales, en especial los cárteles de la droga. “La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestras fuerzas armadas. Nosotros tenemos que usar nuestro ejército. Ustedes tienen que usar el suyo”, declaró Trump sin ambages.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, mencionó el 5 de marzo en la conferencia inaugural ante representantes militares de más de una docena de gobiernos estrechamente alineados con la administración: “Estados Unidos está preparado para enfrentar estas amenazas y pasar a la ofensiva solo, si es necesario”. Su mensaje fue claro, sólo estuvieron presentes quienes tienen ideas afines y dispuestos a la acción militar inmediata.
En actos como éste, por supuesto que quien asiste destaca, pero quien no aún más, y Brasil, Colombia, Nicaragua y México no fueron requeridos. La exclusión fue una elección ideológica explícita, e incluso nuestro país ha sido catalogado como el epicentro del problema.
Esta selección abierta es una señal inequívoca de que Washington considera a México un socio no confiable. ¿Esto deja en evidencia que nuestro país no coopera con Estados Unidos? Absolutamente, y es que cuando el país por donde entra un enorme porcentaje de fentanilo y donde operan los cárteles más poderosos es excluido de la estrategia, el mensaje se escribe solo y reafirma la narrativa de que el gobierno mexicano está, si no relacionado, sí poco comprometido a enfrentar eficazmente al narcotráfico y narcoterrorismo.
El asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, fue aún más fuerte en sus declaraciones del 5 de marzo: “Hemos aprendido después de décadas de esfuerzo que no hay una solución de justicia penal al problema de los cárteles”, dijo. “La razón por la que ésta es una conferencia de liderazgo militar y no de abogados es porque estas organizaciones sólo pueden ser derrotadas con poder militar”.
El secretario de Estado, Marco Rubio, en el almuerzo de la cumbre no mencionó a México por su nombre, pero su mensaje fue muy claro: “Los países representados aquí hoy, todos los 12 líderes aquí, son aliados. Pero son más que aliados: son amigos. Éstos son países que siempre responden cuando hay una necesidad y trabajan con nosotros”.
Por su parte, el presidente Trump en su discurso refirió: “Los cárteles están dirigiendo México. No podemos permitirlo. Están demasiado cerca de nosotros, demasiado cerca de ustedes”.
Recordó públicamente cómo ofreció a Claudia Sheinbaum “erradicar los cárteles” y que ella respondió “no, presidente, por favor”. “A pesar de nuestros esfuerzos, México se niega a aceptar la ayuda”, insistió. La proclamación firmada ese día no sólo crea la coalición, compromete a los participantes a compartir inteligencia, operaciones conjuntas e incluso a aceptar posibles intervenciones estadunidenses directas.
Kristi Noem fue presentada como enviada especial para el Escudo de las Américas; su nuevo rol es precisamente coordinar esta iniciativa regional: narcotráfico, cárteles, crimen trasnacional y migración irregular. Es así que desempeñará un papel estratégico siendo la cara visible de la presión constante sobre los gobiernos afines, pero sobre todo contra aquellos que no han querido alinearse.
Hasta el momento, los países donde la ideología de Trump ha influido significativamente en Latinoamérica son claros y es evidente que el factor Trump ha impulsado la reconstrucción de su propia estrategia de seguridad nacional con gobiernos que comparten su visión.
¿Por qué México no fue requerido? La respuesta es obvia: ideológicamente, la presidenta Sheinbaum Pardo no es afín a su gobierno, y Washington percibe que la estrategia mexicana, que ha pasado de “abrazos, no balazos” a seguridad con soberanía, no ha resuelto eficazmente el problema de tráfico. El fentanilo sigue fluyendo, las fosas siguen apareciendo y las detenciones de capos no rompen las estructuras financieras. La exclusión es un señalamiento y una invitación a la reflexión interna.
La presidenta Sheinbaum Pardo ha intentado ganar tiempo e imponer su propia estrategia señalando: “México rechaza cualquier violación a su soberanía”, “el problema de las armas viene de Estados Unidos”, “seguiremos cooperando en inteligencia, pero sin intervenciones”. Es un discurso que intenta calmar a la base morenista, pero que ya no convence en Washington ni tranquiliza a los mercados.
Esta cumbre es el lanzamiento de una nueva doctrina Monroe, que redefine aliados y enemigos en el hemisferio; nuestro país aparece como el problema mismo o, en el mejor de los casos, el vecino que prefiere mirar hacia otro lado. La pregunta incómoda que queda después de la foto de Miami es si nuestro país está dispuesto, o es capaz, de ser parte de la solución antes de que la solución llegue sin invitación.
* Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia y política

Donald Trump y la justicia
José Cueli
Golpe a las instituciones. Yo no sé si ésta es la hora de que hablen los dioses… pero el momento actual de la Historia es tan dramático, el sarcasmo tan grande, la broma tan sangrienta… y el hombre tan vil… que el poeta prometeico… el payaso de las bofetadas… se yergue… rompe sus andrajos grotescos de farándula, se escapa de la pista, se mete por la puerta falsa de la gran asamblea donde los rasposos y los mercaderes del mundo dirigen… y pide la palabra.
“Esta pantomima sangrienta y desgarrada, ese truco monstruoso y despiadado que está aquí en la picota del escarnio…
“¿Para qué? ¿Qué significa? ¿Adónde nos lleva esto? ¿A la justicia? Pero, ¿qué es la justicia? ¿Existe la justicia? Si no existe, ¿para qué está aquí don Quijote? Y si existe, ¿la justicia es esto? ¿Un truco de pista? ¿Un número de circo? ¿Un pim-pam-pum de feria? ¿Un vocablo gracioso para distraer a los hombres y a los dioses? Respondedme… Respondedme. Que me conteste alguien… ¿Qué es la justicia? Silencio. ¿Otra vez silencio?”
Para León Felipe, quien conoció el horror de la guerra y la morada del exilio, “don Quijote es el poeta prometeico que se escapa de su crónica y entra en la Historia hecho símbolo y carne, vestido de payaso y gritando por todos los caminos: ‘¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!’ Sólo la risa del mundo, abierta y rota como un trueno, le responde. ¡Oh, paradoja monstruosa!
“Todas las voces de la Tierra, zumbando en coro, haciendo rueda en los oídos de ese pobre payaso, del gran defensor de la justicia, con este estribillo de matraca: ‘¡No hay justicia!... ¡No hay justicia!’” Y el mundo clama por ella. Como el poeta, queremos justicia, porque “la justicia nos dará el orden. Justicia hay que pedir y no orden. El orden no es más que una consecuencia de la justicia”.
Éste es el canto del poeta español León Felipe, quien tan certero denunció la injusticia. Proceden de sus obras El payaso de las bofetadas y El pescador de caña, que se emparentan con Don Quijote cuando “pronunció por primera vez la palabra justicia en los campos de Montiel”.

México SA
Donald Trump en su laberinto // Petróleo: circo en la Casa Blanca // Barril mexicano: 90.13 dólares
Carlos Fernández-Vega
▲ Decenas de camiones cisternas permanecían varados ayer cerca de una terminal de almacenamiento de crudo en Karachi, Paquistán, en medio de las turbulencias que ha provocado en el mercado internacional de hidrocarburos el conflicto bélico en Medio Oriente.Foto Afp
Una de las primeras sacudidas económicas que provoca una guerra, máxime si se registra en una de las principales zonas productoras, es el enloquecido aumento de los precios internacionales de petróleo, y la artera agresión de Estados Unidos e Israel a Irán obviamente no es una excepción, pues en cuestión de días aquéllos se han incrementado en alrededor de 50 por ciento, y contando, lo que, si bien beneficia a unos cuantos países –México entre ellos–, descompone la de por sí frágil estabilidad internacional.
Para dar gusto al genocida Bibi Netanyahu, y pasándose por el arco del triunfo el derecho internacional, en uno de sus clásicos arranques delirantes ( fuck) Trump inició una guerra contra Irán sin motivo alguno (sólo por indicaciones de su yerno, el esperpéntico Jared Kushner). No midió las consecuencias de su locura ni evaluó la capacidad de respuesta de la nación agredida. Se metió en su propio laberinto y no sabe cómo salir. Como bien subrayan los corresponsales de La Jornada en Estados Unidos (David Brooks y Jim Cason), esta decisión “podría marcar el inicio del fin de su presidencia” (y de paso la del mandato del genocida Netanyahu), algo por demás positivo.
Pero en materia petrolera, ya lo advierte la Agencia Internacional de la Energía: la agresión a Irán “está provocando la mayor interrupción del suministro de crudo de la historia” y se prevé que la oferta mundial baje en 8 millones de barriles por día en marzo, volumen equivalente a cerca de 8 por ciento de la demanda internacional; el cierre de la exploración y producción tardará semanas y, en algunos casos, meses en volver a los niveles anteriores a la crisis, dependiendo del grado de complejidad del yacimiento y del tiempo que tarden los trabajadores, los equipos y los recursos en volver a la región” ( La Jornada).
De cualquier suerte, el gobierno estadunidense –que ya no sabe cómo salir medianamente de la locura provocada por ( fuck) Trump– decide (o no) echar más gasolina al fuego: “La Marina de Estados Unidos, quizás apoyada por una coalición internacional, escoltará a los buques (petroleros) a través del estrecho de Ormuz cuando sea militarmente posible”, declaró el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Y sus integrantes, como dicen una cosa, al rato dicen otra, pues la declaración de este funcionario precedió a la del secretario de Energía, Chris Wright, quien afirmó que su país “no está listo para escoltar a los buques petroleros; simplemente no lo estamos”. Esto sólo es una muestra del desprestigiado circo del magnate naranja, quien ayer soltó otra estupidez: más que el petróleo, “para mí es de un interés e importancia mucho mayor detener a un imperio del mal, Irán, para que no tenga armas nucleares y destruya Medio Oriente e, incluso, el mundo”.
En el caso de México, desde el inicio de la agresión a Irán, el precio del barril de exportación se ha incrementado 42 por ciento, al pasar de 63.46 dólares el día previo al inicio de las hostilidades, a 90.13 billetes verdes al cierre de ayer. Desde luego, esta alza –como sucede en prácticamente todos los países del mundo– inmediatamente repercute en los precios al consumidor de los combustibles y, desde luego, presiona la inflación.
Así, nuestro país obtendrá mayores ingresos por exportación de crudo, pero internamente debe enfrentar la presión alcista en los precios de los combustibles. Previendo esta situación, la presidenta Sheinbaum anunció la renovación de la “estrategia nacional para estabilizar el precio de la gasolina Magna” (por medio de un acuerdo con los empresarios del ramo), con lo que el litro de este combustible se mantendrá en 23.99 pesos por seis meses más.
La mandataria dijo: “Mientras en el mundo sube el precio de la gasolina, en México protegemos la economía familiar por medio de la renovación del acuerdo voluntario con 96 por ciento de las estaciones de servicio para que la Magna se mantenga en menos de 24 pesos por litro. En nuestro país la gasolina tiene un impuesto, que es el IEPS; entonces, si aumenta mucho el precio del petróleo, disminuimos lo que tiene que ver con el impuesto, pero no pierde tanto el país, porque seguimos exportando todavía un poco de petróleo. En la compensación, realmente se nivelan los recursos de Pemex y del erario. Me dio mucho gusto que los gasolineros volvieran a decir: ‘Está bien, vamos a 24’, y si no aumenta el precio, no se incrementan otros; entonces, se contiene la inflación”.
Las rebanadas del pastel
Por mucho que intente evadir su responsabilidad, no hay duda alguna: Trump es el responsable del asesinato de 165 niñas iraníes, y de muchas más.
X: @cafevega   cfvmexico_sa@hotmail.com

Cuba contra la perversión imperial
Fidel Castro durante su visita a Angola en 1975. Foto Presidencia de Cuba Foto autor
Estefanía Ciro*
13 de marzo de 2026 00:04
“No es justo –le dijo Agostino Neto a un funcionario amigo–. A este paso, Cuba se va a arruinar”. Neto fue el líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), que había pedido ayuda a Fidel Castro para expulsar a los portugueses y liberar a ese país; lo afirmaba divisando al frente suyo todos los barcos anclados en la bahía de Luanda que llegaron con cubanos y cubanas para entrenar y aportar en la liberación y la independencia en 1975. Esta imagen nos la describe Gabriel García Márquez en el recién publicado Operación Carlota: Cuba en Angola, del Fondo de Cultura Económica, en la edición 25 para el 25, que originalmente se divulgó en El Espectador, periódico colombiano, en enero de 1977. 
García Márquez redactó esta crónica al calor del fuego de la historia en el momento en que esta advertencia de Neto condensaba la apuesta en vivo de la solidaridad y el compromiso de un pueblo que prefirió la libertad y la independencia frente a los ofrecimientos del Imperio, cuando Nixon y Kissinger buscaban la normalización de las relaciones con Cuba; lentos cambios empezaban a materializarse, como el de la apertura de viajes familiares, aunque se mantenía la prohibición de comercio de alimentos y medicinas. 
Kissinger aplicó el “apretón cubano”: el chantaje de detener las negociaciones condicionándolas a que Cuba saliera de Angola; y Fidel Castro reaccionó: “No es que Cuba rechace el ideal de mejorar sus relaciones con Estados Unidos… Estamos a favor de la paz, de una política de tregua, de la convivencia entre estados con diferentes sistemas sociales. Lo que no podemos aceptar son condiciones humillantes; el precio absurdo que Estados Unidos aparentemente quiere que paguemos por mejorar las relaciones”. Cuba no renunció a su principio de solidaridad y libertad. 
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, la CIA apoyaba al Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA), Zambia la amenazaba con el ejército en cabeza de un mercenario de empresas extractivistas y Sudáfrica la invadía en el sur. García Márquez contó cómo los cubanos montaron cuatro centros de entrenamiento, 16 batallones de infantería y brigadas de médicos y comunicaciones, entre otras cosas. Llevaban su propio combustible y cruzaban el océano en barcos y aviones desactualizados. En África no eran recién llegados; los internacionalistas cubanos habían estado en Argelia, Mozambique, Guinea- Bissau, Camerún o Sierra Leona. El Che ya había estado en el Congo, donde se le conocía con el seudónimo de Tatu, número dos en swahili. 
El primer movimiento de la operación Carlota duró 13 días, trasladando a 650 hombres desde La Habana hasta Luanda en aviones descontinuados repletos de armas. El único lugar para cargar combustible era Barbados y aterrizaron con las luces apagadas, con el riesgo de confundir la pista con la de la vecina Kinshasa. La operación, escribió García Márquez, “era un secreto guardado celosamente entre 8 millones de personas”, como todo en la isla. La ruta fue saboteada por Estados Unidos en su esfuerzo por controlar “la contingencia cubana”, lo que forzó a que los revolucionarios normalizaran el cruzar el Atlántico con tan sólo una hora extra de gasolina. Guyana se ofreció a apoyar, pero Estados Unidos la amenazó con bombardear su aeropuerto. 
La guerra no fue fácil; apenas aterrizaban los aviones, los y las cubanas se lanzaban al campo de batalla en una guerra en la que Estados Unidos había invertido ya 50 millones de dólares. Además, los internacionalistas tenían que pelear también con “medio milenio de colonialismo” angolés, que jugó en contra de la resistencia. Ante esto se impuso la fiereza cubana y lo que era una guerra de guerrillas se convirtió en una guerra grande, atroz, asumida por Cuba con entereza y sacrificio. 
Cuando la victoria del MPLA ya era un hecho, se concretó entre Neto y Castro la salida de las tropas cubanas de Angola. A pesar de esto, Kissinger lo anunció al mundo como un acto de evacuación. Así como el gobierno de Estados Unidos se dio cuenta tarde del traslado de Cuba a Angola de más de 10 mil combatientes; en la victoria ocurrió igual, Kissinger hizo el anuncio cuando ya 3 mil cubanos habían vuelto. 
La reacción imperial fue el terrorismo: los exiliados cubanos, con apoyo de ex agentes de inteligencia de Estados Unidos, crearían la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), que en 1976 asesinaría, desaparecería y atentaría contra cubanos y sus embajadas en Colombia, México, Argentina, Panamá y Trinidad y Tobago, y detonarían la bomba que mató en Washington a Orlando Letelier, ex embajador chileno. Ese mismo año, plantaron una bomba al avión de Cubana, asesinando a 73 pasajeros; Fidel Castro inmediatamente detuvo cualquier canal de acercamiento con Nixon y Kissinger.
En los reportajes que Luis Hernández nos trae desde Cuba estas últimas semanas, Llanisca Lugo, diputada cubana, dijo en cámaras que “la memoria es el arma más fuerte para disputar la ideología; no somos una nación tan vieja, y tenemos que cuidar mucho la memoria de lo que nos ha pasado”. Abel Prieto vehemente alegó: “quieren lavar la memoria”. En aguas picadas ha navegado esta isla valiente; su virtud estrangulará –como lo ha hecho antes– la perversión imperial. 
*Doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana A la Orilla del Río. Su último libro es Levantados de la selva