sábado, 21 de febrero de 2026

La América de Bad Bunny.

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Willivaldo Delgadillo
21 de febrero de 2026 00:02
En 1987, el artista chileno Alfredo Jaar montó en Nueva York una instalación con el propósito de detonar una conversación sobre el significado de la palabra “América”, tan naturalizada en Estados Unidos como sinónimo de “patria”. En una pantalla de Times Square, Jaar desplegó una animación con el mapa de Estados Unidos y la leyenda “This is not America” y luego la frase “This is not America’s flag” sobrepuesta a la bandera de la barra y las estrellas. El objetivo del artista era cuestionar la apropiación de ese nombre por un solo país, a costa de la exclusión de un continente.
La imagen de Jaar apareció más recientemente en el video musical del rapero puertorriqueño Residente, titulado también This is not America, en parte una respuesta a Childish Gambino, un rapero africano-americano que había lanzado This is America, en el que denuncia la racialización de la violencia en Estados Unidos. En un segmento de su canción, el ex vocalista de Calle 13 afirma: “América no es sólo USA, papá. Esto es desde Tierra del Fuego hasta Canadá. Hay que ser bien bruto, bien hueco. Es como decir que África e’ sólo Marrueco’. Estos canalla’ se les olvidó que el calendario que usan lo inventaron los mayas”.
El video y la letra tocan las problemáticas generadas por el sistema capitalista y la manera en que se expresan en Latinoamerica, así como el espíritu de lucha de los campesinos, indígenas y tribus urbanas: maras, migrantes, mujeres zapatistas. El video es también un depósito de memoria. Aparece Víctor Jara, el cantautor chileno asesinado por militares, como un botón de muestra de la violencia política promovida por Estados Unidos a través del apoyo a dictaduras como la de Pinochet, en Chile, en 1973 (“la nueva trova cantando en plena dictadura”, dice Residente).
En la pieza hay un énfasis en la naturaleza extractivista de las relaciones entre las élites y las poblaciones de los países latinoamericanos, así como entre éstos y el corporativismo global. Las personas en los barrios y las comunidades rurales aparecen resistiendo a la policía y a los militares. Sin embargo, también figuran jóvenes jugando al futbol o una pareja bailando tango en medio de las calles convertidas en campo de batalla, mientras Residente afirma: “Hoy le doy duro a los tambores hasta que me acusen de maltrato. Si no entiendes el dato, pues te lo tiro en cumbia, bossanova, tango o ballenato”.
(Aquí estamos, siempre estamos,
no nos fuimos, no nos vamos.)
La instalación de Alfredo Jaar y el video musical de Residente son antecedentes y contribuyen a contextualizar la intervención de Bad Bunny en el Supertazón, sobre todo hacia el final del espectáculo, cuando el Conejo Malo exclamó “God bless America” y enseguida nombró a casi todos los países del continente americano. También hay ecos del pensamiento de José Martí, el gran promotor de la independencia política, cultural y epistémica de los países de América Latina respecto a fuerzas imperialistas y en particular Estados Unidos, a quien consideraba una amenaza probada.
En su ensayo Nuestra América, Martí argumenta que los países latinoamericanos son diversos, pero tienen raíces comunes y pugna por su inserción en el mundo sin olvidar ese tronco común. El reconocimiento de lo anterior pasa por crear formas de gobierno que han de avenirse a la manera en que están constituidos los países: “el gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”. Arremete contra las élites que buscan imponer modelos foráneos a costa de la sumisión de los pueblos: “No hay batalla entre civilización y barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”.
Según Martí, “el problema de la independencia no es el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”. Martí pensaba que las trincheras de la razón eran más poderosas que cualquier otra arma, pero advertía en contra del neocolonialismo que reaparece en la forma de un tigre que regresa de noche al lugar de la presa: “no se le oye venir porque viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima”.
El poeta y ensayista cubano escribió Nuestra América en 1891, siete años antes de la llamada guerra hispano-estadunidense que trajo como consecuencia, entre otras cosas, la relativa independencia de Cuba y la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos. Ya para entonces, México había perdido parte de su territorio.
Mucho se ha hablado de los símbolos que Bad Bunny manejó en el escenario. También se le ha denostado por considerar la suya como una crítica blanda, de un alcance limitado dentro de un sistema que lo engulle todo para inmovilizar los impulsos de rebeldía.
Martí, quien hablaba de la importancia de alzar en los brazos a la gente común, tal vez hubiera visto los intentos del Conejo Malo con simpatía, porque reconocía la importancia de la cultura en la construcción de la autonomía y estaba convencido de que el fuego del corazón podía contribuir a “deshielar la América coagulada”.

México SA
Mandarriazo político a (fuck) Trump // Debe restituir dinero por aranceles // Corte Suprema: “excedió su autoridad”
Carlos Fernández-Vega
▲ El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una conferencia de prensa en la sala de prensa Brady de la Casa Blanca, en Washington.Foto Afp
Golpazo político y económico ha recibido ( fuck) Trump de parte de la Corte Suprema de Estados Unidos, institución que ayer sentenció que el mandatario naranja rebasó todo límite legal (“excedió su autoridad”) al imponer enloquecidamente aranceles a diestra y siniestra, y en proporciones fuera de lugar, como parte de su estrategia “negociadora” (léase autoritaria y chantajista), la cual, en realidad, pretendió avasallar a tercera naciones e imponer sus reglas, con lo que trastocó las reglas del comercio global.
Desde que anunció su “estrategia”, pocos días después de asumir el cargo en enero del año pasado, Trump fue advertido de que se daría un balazo en el pie y se llevaría entre las patas a la economía estadunidense si se aferraba a imponer aranceles al por mayor, a la par que sólo desataría una guerra comercial que, en primera instancia, afectaría a su propio país, consumidores incluidos. Pero el magnate se negó a escuchar y, lejos de recapacitar, metió el acelerador, porque, según él: “los impuestos al comercio son vitales para nuestra seguridad; el resto del mundo se reiría, porque ha utilizado aranceles contra nuestra nación durante años y se han aprovechado de nosotros”. Nada le importó y, caprichoso, siguió adelante en su enfermiza decisión de ir con todo y a la brava en contra de la República Popular China (nación que de todas, le ha ganado todas), además de mantener extorsionado y avasallado al resto del mundo. Obviamente, el gran dragón asiático no se dobló y, en medio de una sacudida financiera por dicho anuncio, advirtió a Trump: “la imposición unilateral priva a los países, en particular a los del Sur Global, de su derecho al desarrollo y enfrentará una oposición generalizada de la comunidad internacional; su decisión afecta a más de 180 naciones y regiones del mundo; la decisión refleja unilateralismo, proteccionismo y acoso económico”.
Eso fue casi un año atrás, de tal suerte que si bien la Corte Suprema de Estados Unidos tomó la decisión correcta, también lo es que tardó mucho tiempo en pronunciarse y meter en cintura al enloquecido inquilino de la Casa Blanca, quien no dejó de repetir que “el único elemento de negociación” es que las naciones acepten sin chistar la catarata de aranceles, y, si se “portan bien” (alineadas y calladitas), entonces podría “suavizar” una que otra decisión. Una vez impuesta esa catarata, Trump, orondo, no perdió oportunidad para presumir que su política arancelaria “está generando mucho dinero para Estados Unidos, miles y miles de millones de dólares” (se estima que a la fecha sumen 175 mil)… mismos que ahora, tras la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos (seis votos contra tres), deberá regresar a las naciones exprimidas, pues su cobro resulta abiertamente ilegal, toda vez el máximo tribunal del país del norte advirtió que “la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) no autoriza al presidente a imponer aranceles” (en esa legislación se basó el mandatario naranja para imponerlos).
De acuerdo con información de agencias internacionales, “la decisión de la Corte Suprema confirma sentencias anteriores de tribunales inferiores, según los cuales los aranceles que Trump impuso en virtud de la IEEPA eran ilegales. Un tribunal comercial de primera instancia había dictaminado en mayo que Trump se extralimitó en su autoridad con gravámenes generalizados y bloqueó que la mayoría de ellos entraran en vigor, pero ese resultado había quedado en suspenso ante la apelación del gobierno. Además, la Constitución de Estados Unidos otorga al Congreso, y no al presidente, la autoridad para imponer impuestos y aranceles”, algo que en este caso concreto no aprobó.
Después del mandarriazo dado por la Corte Suprema de Estados Unidos, Trump actuó como niño caprichoso y ayer anunció que impondrá un arancel global de 10 por ciento a todos los países –“entrará en vigor casi de inmediato”– durante 150 días, y para ello recurrió a una ley de 1974 para intentar recuperar algo. “Podría ser más dinero y seremos mucho más fuertes”. Sin embargo, lo que a todas luces no tiene es progenitora
Entonces, a regresar lo robado.
Las rebanadas del pastel
Ahora que se revisan las pensiones de la burocracia dorada y se procederá a la limpia, no hay que olvidar que José Ángel Gurría y Óscar Espinosa Villarreal ocuparon la dirección general de Nacional Financiera apenas cuatro meses y dos años, respectivamente, pero la institución los pensionó con no menos de 120 mil pesos mensuales. Y María Amparo Casar, quien, sin trabajar en Pemex, también se sirvió con la cuchara grande. Y los que faltan, que no son pocos.
Twitter: @cafevega     cfvmexico_sa@hotmail.com

Diputados argentinos aprueban la polémica reforma laboral de Milei
▲ La secretaria general de la presidencia argentina, Karina Milei, el ministro del Interior, Diego Santilli (centro), y el jefe de Gabinete y portavoz del gobierno, Manuel Adorni (derecha), tras su llegada a la Cámara de Diputados.Foto Afp
Stella Calloni   Corresponsal
Periódico La Jornada  Sábado 21 de febrero de 2026, p. 18
Buenos Aires., En un clima de alta tensión, pasada la medianoche la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley de Reforma Laboral –aún queda pendiente su votación en el Senado– en un debate que transcurrió entre indicios y sospechas de la virtual “compra” de gobernadores y legisladores de varias provincias, con 135 votos favorables y 115 negativos, la mayoría de estos últimos del peronismo de Unión por la Patria, Izquierda Unida y otros sectores políticos.
Minutos antes de conocer el resultado, terminó un paro nacional organizado por los vecinos en toda la capital con un cacerolazo como muestra de rechazo e indignación.
Uno de los momentos más duros fue el ver la complicidad con el oficialismo de algunos gobernadores y legisladores provinciales de sectores del peronismo, que llegaron a sus cargos por el voto de los militantes peronistas, quienes se sintieron traicionados y pidieron su expulsión del partido. Se prevé que el proyecto sea votado en el Senado el 27 de febrero para convertirlo en ley, antes de la Asamblea Legislativa en la que el Milei inaugurará las sesiones ordinarias del Congreso.
Sin pago de horas extras
La reforma introduce cambios muy fuertes en el sistema de convenios colectivos de trabajo; limita el derecho de huelga en los servicios públicos; crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para financiar despidos; reduce las indemnizaciones y establece un banco de horas para no pagar horas extras, algo que viola todos los derechos existentes.
Las medidas son un duro retroceso social y “una señal política para los especuladores financieros, quienes tendrán el suculento negocio del Fondo de Adecuación Laboral. Analistas locales aseveran que la reforma es un mecanismo de precarización de los trabajadores”.
Ayer tres personas resultaron con heridas leves en una explosión en la Escuela Superior de Gendarmería Nacional Argentina, en Buenos Aires, cuando personal de la fuerza manipuló un paquete de correspondencia que permanecía resguardada en el piso 11 desde hacía por lo menos cuatro meses, hasta que fuera abierta.
Una versión más amplia de esta nota en La Jornada en línea: https://bit.ly/4rXEVXh

“Descubrir América en latas”
Donald Trump durante la conferencia en la que anunció el ataque militar estadunidense sobre Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero. 
Foto Afp / Archivo    Foto autor
Maciek Wisniewski
21 de febrero de 2026 00:03
En polaco hay una expresión: “descubrir América en latas” (odkrywać Amerykę w konserwach) –una que escuchaba mucho cuando era chico− que funciona como una respuesta irónica cuando alguien intenta presentar algo como una información nueva y brillante, mientras es algo obvio, banal y ampliamente conocido desde hace mucho tiempo. La referencia principal es, claro, el supuesto “descubrimiento” de América en 1492, el continente habitado durante milenios por los pueblos indígenas y una tierra conocida ya por los vikingos. Y la frase “en latas” busca realzar la ironía y el hecho que la “novedad” en cuestión no sólo es antigua, sino que ya es “bien procesada”, “preservada” (en forma de una conserva) y “recalentada” por alguien que se presenta como un “descubridor”. 
Me acordé de ella en las últimas semanas, un poco por desesperación, observando y leyendo cómo toda una legión de comentaristas liberales y liberales-conservadores occidentales de ambos lados del Atlántico después del raid de Trump a Caracas y el estallido de la, hasta ahora irresuelta, grilla por Groenlandia, “han descubierto América en latas” −aquí la expresión encaja hasta con el propio contexto− anunciando de repente no sólo ahora que el término “imperialismo” existe (¡santo Dios!), sino que Estados Unidos mismo −para los estadunidenses simplemente “América”−, es una “potencia imperialista” (¡absolutamente increíble!). 
Y cómo, de manera engañosa, se empeñan en presentar este “hallazgo” como algo “nuevo”, “inédito”, y “que solamente viene con Trump” −y que ellos, claro, nos ayudarán a entender con su “análisis brillante”−, mientras, en realidad, no se trata de ninguna novedad, sino apenas del siguiente capítulo en la vieja historia del imperialismo de EU que en su forma global y “madura” data desde la presidencia de William McKinley (1897-1901) −sintomáticamente, el presidente favorito de Trump 2.0−, el tema que en las últimas décadas los mismos medios y los analistas mainstream simplemente no han tenido ningún interés en nombrar ni discutir. 
La realidad es que no hay nada nuevo en las políticas de la administración trumpista (ni en el ámbito exterior ni interior) y nada que las administraciones anteriores de EU ya no estuviesen practicando, salvo el cambio de formas como el abandono de discursos grandilocuentes −que tanto les ha gustado a ir descifrando a los analistas− y sus sustitución por puro lenguaje de fuerza. 
La Pax Americana, pocos quieren acordarse de esto, siempre era un asunto bastante feo, al igual que la historia de América Latina de finales del siglo XIX, por ejemplo, durante la llamada “Edad Dorada” de McKinley −que tras la guerra con España se apoderó, entre otros, de Puerto Rico (¡hola, Bad Bunny!) y estableció el protectorado sobre Cuba−, la época a la que Trump prometió “regresar”, prescindiendo ya, de modo muy decimonónico, de “exportar la democracia”, la melodía favorita de los comentaristas afines al (invisible) imperio estadunidense en las ultimas décadas y ahora sacados de su ideológica zona de confort (de allí su consternación). 
Así, a todos los descubridores de las “novedades” impactados por la manera en la que Trump invocó a la Doctrina Monroe (y/o la “Doctrina Donroe”) para justificar el secuestro de Nicolás Maduro y la toma de control remoto sobre el petróleo venezolano, habría que recordar cómo en 1895, Grover Cleveland −el predecesor de McKinley− frente a la vieja disputa por Esequibo entre Venezuela y Guayana británica agravado por el auge minero de oro allí, invocó… precisamente la Doctrina Monroe, posicionando por primera vez a EU como un “policía regional”. 
Y como el modo en que lo hizo −en un sentido más amplio− prefiguró la conversión de dicha Doctrina (1823) −“América para los americanos”− plasmada a su vez por el quinto presidente de EU, James Monroe (1817-1825), que entre otros, en un típico para EU empuje expansionista adquirió Florida de España (1819) −¡todo esto es tan “nuevo”, increíble!−, en una herramienta que justificaba la hegemonía y el intervencionismo estadunidense en la región “según sus necesidades” y “a su propia satisfacción”. 
De hecho, al volver a ganar las elecciones en 2024, Trump se convirtió en apenas el segundo presidente de EU en la historia en servir dos mandatos no consecutivos después del propio Cleveland (1885-1889 y 1893-1897), que si bien no era tan intervencionista como McKinley pero fue “su fanfarronería” −como bien ha recordado en un lugar la poca prensa estadunidense con la memoria histórica y una que ya escribía de estos acontecimientos en su momento The Nation− “que culminó tres años después en la guerra hispano-estadunidense”. 
Y aquí estamos con Trump, con la misma “fanfarronería imperial”, sea respecto a Venezuela o Cuba, algo que tarde o temprano meterá a EU en otra guerra −aunque aquí, quizás Irán es el más probable “candidato”−, pero, desde luego, sigamos tratándolo todo como “algo nuevo” y “descubriendo América en latas”. 
Es de recordar que Cleveland decidió meterse en el conflicto entre Venezuela y Reino Unido también para distraer a la opinión pública de la crisis económica en casa (¿a qué nos suena esto?) y demostrar a sus críticos que no era “un títere de los intereses europeos”. 
El cambio de época entre finales del siglo XIX y hoy, marcado más bien por el servilismo europeo ante el poder imperial de EU −algo mejor ejemplificado por su impotencia (los herederos de los vikingos incluidos) ante los afanes estadunidenses de apoderarse de Groenlandia y la ovación de pie al delirante discurso neocolonial de Marco Rubio en Múnich− es fascinante, pero no captaremos nada de esto si les creemos a los heraldos de las “novedades” recalentadas.