Europa Press
01 de enero de 2026 10:19
Madrid. Las autoridades británicas han informado este jueves de que han contabilizado la llegada de 41 mil 472 inmigrantes a las costas de Reino Unido a lo largo de 2025, lo que supone la segunda mayor cifra histórica desde que comenzaron los registros, en 2018.
El Ministerio del Interior ha señalado que durante el 31 de diciembre no hubo ninguna llegada, por lo que se convierte en definitiva la cifra de 41 mil 472 personas llegadas durante el año, un récord solo por detrás de las 45 mil 774 llegadas de 2022.
El dato de 2025 es un 13 por ciento superior al de 2024 (36 mil 816 inmigrantes), y un 41 por ciento al de 2023, cuando se informó de 29 mil 437 inmigrantes llegados por mar.
Las cifras revelan una ralentización de las llegadas en los dos últimos meses del año, con largos periodos en los que no hubo llegadas, como el de 28 días comprendido entre el 15 de noviembre y el 12 de diciembre.
El Gobierno británico, del Partido Laborista, ha incrementado las medidas para impedir la llegada de inmigrantes ante la presión de gupos de extrema derecha y las encuestas que apuntan a un ascenso del partido Reforma, con un claro discurso antiinmigración.
Y en eso llegó 2026
Nicolás Maduro (izq.), presidente de Venezuela, y Miguel Díaz-Canel (der.), presidente de Cuba, durante una sesión del Foro de Sao Paulo celebrada en La Habana en 2018.
Foto Xinhua / Archivo Foto autor
Rosa Miriam Elizalde
02 de enero de 2026 00:04
Nicolás Maduro sigue en Miraflores y en Cuba celebran hoy el aniversario 67 de la Revolución. El 1º de enero de 2026 amanece con esta verdad incómoda para la maquinaria de opinión que lleva meses vaticinando la caída inminente de ambos gobiernos, mientras las cañoneras de Trump merodean el Caribe.
No hay manera honesta de negar las crisis que atraviesan ambos países –son visibles y socialmente dolorosas–, pero de lo que se trata es de entender por qué el relato de la “caída inevitable” vuelve una y otra vez y, una y otra vez, falla. Lo que se desplomó en 2025 no fue el poder en Caracas ni la institucionalidad en La Habana.
Lo que se desplomó fue un tipo de lectura, cómoda para ciertas élites, que reduce la política a una ecuación mecánica de presión y derrumbe, confunde deseo con pronóstico y, sobre todo, presenta a América Latina como un tablero donde Washington mueve piezas y los pueblos del sur se limitan a caer por inercia.
“Maduro no llegará a Navidad”, vociferó el congresista de origen cubano Carlos Giménez, cuando
Trump declaró su “paz mediante la fuerza”. Los correligionarios de Giménez en Miami dijeron lo mismo, pero con el añadido del “final castrocomunista”. Ese determinismo, repetido hasta el cansancio por los políticos de la Florida capitaneados por el secretario de Estado, Marco Rubio, ha servido para normalizar el castigo colectivo y convertir el sufrimiento social en herramienta de “ingeniería política”.
En 2025 hubo titulares y columnas que trataron el colapso como un hecho en camino, casi inevitable: bastaba “un empujón más”, “un cierre definitivo”, “una última vuelta de tuerca”. En Venezuela, medios opositores llegaron a narrar la caída como si estuviera ocurriendo en tiempo real. La Nobel de la Paz y entusiasta de una invasión de Estados Unidos, María Corina Machado, prometió a Trump privatizaciones masivas de los campos petroleros de su país y vía libre para las empresas estadunidenses.
En el caso cubano, think tanks y comentaristas insistieron en que la combinación de crisis energética, inflación y malestar social abría una ventana de “cambio de régimen” en 2025. En la escena política estadunidense –y especialmente en el ecosistema mediático radicado en Florida– la escalada del discurso de mano dura, con referencias explícitas al “cambio de régimen” como destino deseable, se presentó como antesala de una victoria total contra el comunismo: primero Caracas, luego La Habana; todo por arrastre, como si las sociedades fueran fichas de dominó.
Pero la realidad es terca. Hay estructuras, intereses, memorias y capacidades estatales que no se evaporan al primer golpe. Cuando el castigo se convierte en norma, las sociedades aprenden –a veces con creatividad, a veces con dolor– a sobrevivir dentro de la anomalía. Los pueblos no son una nota al pie en el cálculo geopolítico: son sujetos políticos con capacidad de interpretar lo que ocurre, de organizar saberes colectivos y de acumular experiencias; cuentan con redes de apoyo, formas de cohesión y una inteligencia práctica forjada por la memoria y en la dura realidad cotidiana.
En Cuba, los apagones, el deterioro del poder adquisitivo, el desabastecimiento, la migración y las carencias de todo tipo fueron leídos como umbral automático de derrumbe. Se repitió la idea de que la crisis económica “sólo puede terminar” en caída política. Pero la historia cubana –con todas sus contradicciones– también es la historia de un Estado que ya sobrevivió a shocks extremos, incluido el Periodo Especial, mediante una combinación de reorganización económica parcial, liderazgo institucional y redes comunitarias y familiares que amortiguan la catástrofe. Eso no hace a la crisis menos real. Sólo explica por qué la crisis no se traduce mecánicamente en colapso.
Tanto venezolanos como cubanos identifican en Washington el factor principal de la asfixia económica que padecen y esa conciencia, lejos de desatar una rebelión contra sus gobiernos, tiende a activar reflejos de dignidad nacional. Si lo que buscaba el poder estadunidense era convertir el hambre, los apagones y la incertidumbre en palanca de insurrección, el propósito ha fracasado. Han conseguido sociedades dispuestas a resistir, no a sublevarse.
Tal vez convenga cambiar la pregunta para variar la política. No es “cuándo se caen”, como si la caída fuese un espectáculo. Es “cuánta vida se está dispuesto a destruir para intentar tumbarlos”. Esa es la pregunta ética que los profetas del colapso evitan, porque los obliga a mirar el costo humano de su receta y para cualquiera con memoria en América Latina –con golpes, bloqueos, invasiones, tutelajes– esa interrogante debería ser una línea roja: ninguna “democracia” impuesta con cañoneras vale el precio de castigar a millones de inocentes.
Y en eso llegó 2026.
Retira Trump a la Guardia Nacional de Chicago, Los Ángeles y Portland
Ap y Reuters
Periódico La Jornada Viernes 2 de enero de 2026, p. 16
Washington. El presidente estadunidense, Donald Trump, anunció este miércoles el retiro de la Guardia Nacional de Chicago, Los Ángeles y Portland, tras una serie de reveses legales que bloquearon el despliegue militar interno.
“Regresaremos, quizá de una forma mucho más diferente y fuerte, cuando la delincuencia vuelva a dispararse... Sólo es cuestión de tiempo”, advirtió Trump en redes sociales y atribuyó a esta presencia la caída de la violencia en las tres ciudades, aunque las tropas federales no llegaron a estar en las calles de Chicago ni Portland debido a las impugnaciones jurídicas.
Por otra parte, una jueza federal impidió esta semana que la Casa Blanca retire a 89 mil migrantes de Honduras, Nepal y Nicaragua el estatus de protección temporal que los defiende de la deportación, al considerar que las condiciones en sus países de origen (desastres naturales, conflictos armados u otros eventos extraordinarios) impiden su retorno.
En Los Ángeles, un agente de inmigración fuera de servicio abatió a un “tirador activo” la víspera de Año Nuevo, informó el departamento de Seguridad Nacional. El caso está bajo investigación.
Dónde está Cuba, señores del llanto fácil
En síntesis, los lazos entre México y Cuba son resultado de una historia compartida, afinidades ideológicas en momentos claves y una relación diplomática excepcionalmente estable en América Latina. Foto Afp / archivo Foto autor
Jorge Carrillo Olea
02 de enero de 2026 00:01
A los señores del llanto fácil, para poder tener una interlocución consistente sobre hechos recientes, antes habría que preguntarles, ¿por lo menos saben dónde está Cuba?
Les diremos: sus lazos históricos de amistad con México se han construido a lo largo de más de cinco siglos sobre bases políticas, diplomáticas, culturales y económicas, son plenamente confiables. Esos vínculos son excepcionales en América Latina por su continuidad, incluso en contextos internacionales adversos. Cuba nos es dentro de la fraternidad latinoamericana, el pueblo con quien más vínculos afectivos hemos sostenido, es primus inter pares.
Veamos, de la Cuba histórica llegó todo aquello con origen transatlántico, incluidos esclavos negros, que influyó en la conformación de nuestros perfiles culturales y sociales. La isla fue una especie de escala de todo aquello que desde ultramar tenía como destino a nuestro país.
Con ningún país hemos sostenido 500 años de relaciones tan satisfactorias. Lo destinado a México, entonces Nueva España, siempre pasó por Cuba, especialmente las corrientes humanas, políticas, culturales y económicas. Desde el siglo XIX, México fue un referente para los movimientos independentistas cubanos. Intelectuales y patriotas cubanos, como José Martí, encontraron en México un espacio de refugio, organización y proyección política durante su lucha contra el dominio español. Martí vivió en México y mantuvo un íntimo entendimiento con círculos liberales mexicanos.
Años antes, 1858, Benito Juárez, acompañado de Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, León Guzmán, Santos Degollado y otros liberales, estuvo en la isla durante su viaje Manzanillo-PanamáHabana, con destino al puerto de Nueva Orleans en plan de refugiado. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, México desempeñó un papel único en el hemisferio occidental, fue el único país latinoamericano que no rompió relaciones diplomáticas con Cuba luego de la expulsión de la isla de la OEA en 1962.
Defendió tanto como hoy el principio de no intervención y libre autodeterminación de los pueblos, pilares de nuestra política exterior. Mantuvo canales diplomáticos abiertos incluso durante los momentos más tensos de la guerra fría. Este posicionamiento consolidó una relación basada en el respeto mutuo y la soberanía. Con la Revolución Cubana la relación fue no sólo de respeto si no que, de apoyo. Fuimos el país donde se organizó su movimiento revolucionario.
En México se adiestraron sus rebeldes y de Tuxpan, Veracruz, zarpó el yate Granma en 1956 conduciéndolos hacia playas de su terruño. Cuba siempre reconoció el papel factual de México en el proceso revolucionario cubano. En la relación contemporánea, los lazos se han mantenido pese a cambios de gobierno en ambos países, como el “comes y te vas” de Fox a Castro. México ha reiterado su rechazo al bloqueo económico contra Cuba, ha impulsado el diálogo regional y la cooperación multilateral.
Esa amistad tiene significado estratégico, trasciende lo diplomático: representa una definición histórica basada en principios, no en coyunturas. Simboliza la defensa latinoamericana de la soberanía, la dignidad nacional y el respeto entre estados. Es un referente de política exterior independiente en la región. Esta concurrencia ha sido un instrumento clave de la política exterior mexicana, orientado a la cooperación regional, la estabilidad política y el desarrollo económico, especialmente en un contexto de crisis energética y conflictos en Centroamérica durante los años ochenta.
En síntesis, los lazos entre México y Cuba son el resultado de una historia compartida, afinidades ideológicas en momentos claves y una relación diplomática excepcionalmente estable en América Latina. Entonces, ¿de dónde salen esas voces lacrimosas que descalifican nuestra solidaridad con la isla? En su ignorancia o dogmatismo colocan en la misma balanza a 500 años de concordia vs el valor comercial de tanqueros de petróleo. Su ignorancia los lleva a colocar en el mismo sitial de Cuba a Maduro y Ortega.
En su juicio romo confunden los valores centenarios como son los que nos vinculan a la isla con aquellos que a diario sostenemos con casi una treintena de países latinoamericanos y caribeños igualmente respetados. Hemos dado muestras de hermandad en momentos de crisis políticas a Argentina, Chile y otros países hermanos.
Un ejemplo más de nuestra amplitud de miras afectivas fue mediante instrumentos como el Acuerdo de San José en 1980, en el que pactamos con países como Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Jamaica, abastecerlos con petróleo a precios reducidos, plazos amplios con pago y financiamientos suaves durante la crisis mundial del producto.
Entonces, de dónde habría de salir un sentimiento egoísta. Nuestra patria es generosa. justa y solidaria. Nuestra vocación universal y más la dedicada a nuestros amigos continentales, nos pone a salvo de críticas miserables. Esa verdad deja sin aliento a quienes, antes de opinar, se recomendaría estudiar historia. NOTA CIUDADANA: señor almirante Rafael Ojeda, secretario de Marina, tío de sus sobrinos y constructor del Ferrocarril Transoceánico, ¿por qué no ha renunciado?, ¡un poco de dignidad!
carrillooleajorge@gmail.com