Ap
14 de enero de 2026 13:35
Washington. Un alto funcionario danés declaró el miércoles que persiste un "desacuerdo fundamental" sobre Groenlandia con el presidente Donald Trump tras las conversaciones en Washington con el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio.
Sin embargo, ambas partes acordaron crear un grupo de trabajo para discutir formas de resolver las diferencias mientras Trump sigue pidiendo que Estados Unidos tome el control del territorio ártico de Dinamarca.
“El grupo, en nuestra opinión, debería centrarse en cómo abordar las preocupaciones de seguridad estadunidenses, al mismo tiempo que respeta las líneas rojas del Reino de Dinamarca”, indicó el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, a los periodistas después de una reunión en la que también participó la ministra de Exteriores de Groenlandia.
Trump está tratando de argumentar que la OTAN debería ayudar a Estados Unidos a adquirir la isla más grande del mundo y dice que cualquier cosa menos que estar bajo control estadunidense es inaceptable.
Dinamarca ha anunciado planes para aumentar la presencia militar del país en el Ártico y el Atlántico Norte mientras Trump intenta justificar sus llamados a tomar el control del vasto territorio al afirmar repetidamente que China y Rusia tienen sus miras puestas en Groenlandia.
Vance y Rubio se reunieron con Løkke Rasmussen y la ministra groenlandesa de Exteriores, Vivian Motzfeldt, durante casi una hora para discutir sobre Groenlandia, un territorio semiautónomo de Dinamarca, país aliado de la OTAN.
Pero unas horas antes de que los funcionarios se reunieran, Trump reiteró en su red social que Estados Unidos “necesita Groenlandia con el propósito de la Seguridad Nacional”. Añadió que “la OTAN debería liderar el camino para que lo consigamos” y que, de lo contrario, lo harán Rusia o China — “¡Y ESO NO VA A SUCEDER!”.
“La OTAN se vuelve mucho más formidable y efectiva con Groenlandia en manos de ESTADOS UNIDOS”, escribió Trump. “Cualquier cosa salvo eso es inaceptable”.
En respuesta, representantes de Groenlandia en Estados Unidos y Canadá publicaron en redes sociales: “¿Por qué no nos preguntan a nosotros?”, y señalaron el bajo porcentaje de residentes de la isla que están a favor de convertirse en parte de Estados Unidos.
En Copenhague, el ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, anunció un aumento en la “presencia militar y actividad de ejercicios” de Dinamarca en el Ártico y el Atlántico Norte, “en estrecha cooperación con nuestros aliados”.
Poulsen dijo en una conferencia de prensa que el aumento de la presencia militar era necesario en un entorno de seguridad en el que “nadie puede predecir lo que sucederá mañana”.
“Esto significa que a partir de hoy y en el tiempo venidero habrá una mayor presencia militar en y alrededor de Groenlandia con aviones, buques y soldados, incluidos otros aliados de la OTAN”, agregó el ministro.
“Otros aliados de la OTAN” están llegando a Groenlandia junto con el personal danés, dijo. Poulsen se negó a nombrar a los otros países que contribuyen al aumento de la presencia en el Ártico, diciendo que depende de los aliados anunciar su propia participación.
Anteriormente, el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, escribió en X que “algunos oficiales de las Fuerzas Armadas Suecas están llegando a Groenlandia hoy” como parte de un grupo de varios países aliados. “Juntos, prepararán eventos dentro del marco del ejercicio danés Operación Resistencia Ártica”, dijo Kristersson. Dos militares noruegos también serán enviados a Groenlandia para trazar un mapa de cooperación adicional con los aliados, anunció el ministro de Defensa del país, Tore O. Sandvik, al periódico VG .
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, afirmó el martes que, “si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca aquí y ahora, elegimos Dinamarca. Elegimos la OTAN. Elegimos el Reino de Dinamarca. Elegimos la Unión Europea”.
Preguntado por las palabras de Nielsen, Trump respondió: “No estoy de acuerdo con él. No sé quién es. No sé nada sobre él. Pero eso va a ser un gran problema para él”.
Groenlandia es estratégicamente importante porque, a medida que el cambio climático causa el deshielo, se abre la posibilidad de rutas comerciales más cortas hacia Asia. Eso podría facilitar también la extracción y el transporte de depósitos no explotados de minerales críticos necesarios para computadoras y teléfonos.
Trump señaló que Groenlandia es “vital” para el programa de defensa de misiles Golden Dome de Estados Unidos. También ha dicho que quiere la isla para ampliar la seguridad de Estados Unidos y citó lo que él dice que es la amenaza de los barcos rusos y chinos como una razón para controlarla.
Pero tanto los expertos como los groenlandeses cuestionan esa afirmación.
“Los únicos chinos que veo son cuando voy al mercado de comida rápida”, apuntó Lars Vintner, ingeniero de calefacción. Dijo que sale a navegar y cazar con frecuencia y nunca ha visto barcos rusos o chinos.
Su amigo Hans Nørgaard estaba de acuerdo y añadió que “lo que ha salido de la boca de Donald Trump sobre todos estos barcos es pura fantasía”.
Dinamarca ha dicho que Estados Unidos, que ya tiene presencia militar en la isla, puede aumentar sus bases en Groenlandia. Estados Unidos es parte de un tratado de 1951 que le otorga amplios derechos para establecer bases militares allí con el consentimiento de Dinamarca y Groenlandia.
Por ese motivo, “la seguridad es solo una excusa”, dijo Vintner, sugiriendo que Trump en realidad quiere poseer la isla para ganar dinero con sus recursos naturales no explotados.
Mikaelsen, la estudiante, afirmó que los groenlandeses se benefician de formar parte de Dinamarca, que proporciona atención médica gratuita, educación y becas estudiantiles, y “no quiero que Estados Unidos nos quite eso”.
Løkke Rasmussen y Motzfeldt, junto con el embajador de Dinamarca en Estados Unidos, planeaban reunirse más tarde el miércoles con senadores del Caucus Ártico. Una delegación bipartidista de legisladores estadounidenses también se dirige a Copenhague esta semana para reunirse con funcionarios daneses y groenlandeses.
Trump: cualquier cosa salvo que Groenlandia esté en manos de EU es “inaceptable”
La fragata Tritón de la flota danesa aparece en Nuuk, Groenlandia. Dinamarca reforzará su presencia militar en Groenlandia "a partir de hoy", declaró el Ministerio de Defensa este el 14 de enero justo antes de que comenzaran en Washington las importantes conversaciones sobre las amenazas del presidente estadunidense Donald Trump de apoderarse de la isla ártica.
Foto AFP / archivo Foto autor
Ap
14 de enero de 2026 10:49
Nuuk. El presidente Donald Trump afirmó este miércoles que cualquier cosa que no sea que el control de Groenlandia esté en manos de Estados Unidos es inaceptable, horas antes de que su vicepresidente, JD Vance, reciba a autoridades danesas y groenlandesas para conversaciones.
En una publicación en su red social, el presidente de Estados Unidos reiteró su argumento de que el país “necesita Groenlandia con el propósito de la Seguridad Nacional”, y añadió que “la OTAN debería liderar el camino para que lo consigamos” y que, de lo contrario, lo harían Rusia o China.
“La OTAN se vuelve mucho más formidable y efectiva con Groenlandia en manos de Estados Unidos”, escribió. “Cualquier cosa salvo eso es inaceptable”.
Groenlandia está en el centro de una tormenta geopolítica mientras Trump insiste en que quiere poseer la isla, y los residentes de su capital, Nuuk, sostienen que no está en venta.
Trump dijo que quiere controlar Groenlandia a cualquier costo y la Casa Blanca no ha descartado tomar el territorio por la fuerza.
Vance se reunirá con el ministro danés de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt, en Washington el miércoles para hablar sobre la isla ártica, que es un territorio semiautónomo de Dinamarca, un aliado de la OTAN de Estados Unidos.
Antes de la reunión, el ministro de Exteriores de Francia denunció lo que describió como "chantaje" de Washington sobre Groenlandia, en la última señal de incomodidad entre los aliados de Estados Unidos.
Alemania mandará tropas de reconocimiento a Groenlandia tras amenazas de Trump
Suecia, Noruega y Alemania han optado por mandar tropas de reconocimiento a Groenlandia ante la insistencia de Donald Trump de ocupar la isla danesa. Foto Afp Foto autor
Reuters
14 de enero de 2026 13:23
Berlín. Alemania enviará sus primeros soldados a Groenlandia el jueves, dijo el miércoles un portavoz del gobierno, después de que Suecia y Noruega anunciaran medidas similares tras las demandas del presidente Donald Trump para que Estados Unidos tenga el control de la isla.
Más de una docena de tropas de reconocimiento serán desplegadas el jueves, dijo el portavoz a Reuters luego de que el periódico Bild informara sobre el tema.
Trump ha dicho repetidamente en las últimas semanas que la isla, ubicada estratégicamente y rica en minerales, es vital para la seguridad de Estados Unidos, y que su país debe poseerla para evitar que Rusia o China la ocupen.
Ha dicho que todas las opciones están sobre la mesa para asegurar el territorio, una retórica que ha tensado gravemente las relaciones entre Europa y Estados Unidos.
Macron refrenda su respaldo a Dinamarca; agresión desataría repercusiones sin precedentes, dice
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, da un discurso ante embajadores franceses en el Palacio del Elíseo, en París, el 8 de enero de 2026. Foto Ap Foto autor
Reuters
14 de enero de 2026 10:50
París. Si la soberanía de un país europeo y aliado se viera afectada, los efectos en cadena no tendrían precedentes, declaró este miércoles el presidente francés, Emmanuel Macron, durante una reunión de gabinete, en referencia a la presión de su homólogo estadunidense Donald Trump, para tomar el control del territorio ártico.
"No subestimamos las declaraciones sobre Groenlandia", sostuvo Macron, citado por la portavoz del Gobierno francés, Maud Bregeon.
"Si la soberanía de un país europeo y aliado se viera afectada, los efectos en cadena no tendrían precedentes. Francia sigue muy de cerca la situación y actuará en plena solidaridad con Dinamarca y su soberanía", añadió.
Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que existe una sólida relación entre la Unión Europea y Groenlandia y que los groenlandeses pueden contar con el apoyo del bloque.
Los ministros de Relaciones Exteriores de Dinamarca y Groenlandia se reunirán con el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, en la Casa Blanca más tarde en el día, tras semanas de amenazas de Trump a Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca.
La larga sombra de las intervenciones
En América Latina, la historia de las intervenciones de Estados Unidos es un hilo continuo que atraviesa dos
siglos. No es un catálogo de episodios aislados, sino una política de poder persistente que combina doctrina y uso de la fuerza. Foto
En América Latina, la historia de las intervenciones de Estados Unidos es un hilo continuo que atraviesa dos siglos. No es un catálogo de episodios aislados, sino una política de poder persistente que combina doctrina y uso de la fuerza. Foto Afp / archivo Foto autor
Imanol Ordorika
15 de enero de 2026 00:02
En América Latina, la historia de las intervenciones de Estados Unidos es un hilo continuo que atraviesa dos siglos. No es un catálogo de episodios aislados, sino una política de poder persistente que combina doctrina y uso de la fuerza. Desde el siglo XIX hasta nuestros días, la región ha vivido incursiones directas, ocupaciones prolongadas, golpes apoyados a distancia y despliegues “preventivos” que han marcado de manera indeleble a nuestras naciones y sus memorias colectivas.
El primer hito fue la guerra contra México (1846–1848). Bajo el delirio del Destino Manifiesto, Washington desarrolló una campaña de ocupación que culminó con el Tratado de Guadalupe Hidalgo y la cesión de más de la tercera parte del territorio mexicano. La victoria militar sentó un precedente político sobre el tipo de hemisferio que Estados Unidos buscaba construir. En la crisis de Panamá de 1885, Estados Unidos mostró la hipocresía de sus compromisos de “neutralidad” con el desembarco de marines para asegurar el tránsito y proteger intereses. Se retiró pronto, pero el mensaje fue claro: el canal y su entorno eran “interés vital” estadunidense.
Esa prioridad estratégica desembocó en el apoyo a la separación de Panamá de Colombia en 1903. Estados Unidos reconoció de inmediato al nuevo gobierno que firmó para establecer la Zona del Canal. Fue una independencia tutelada, imprescindible para el proyecto canalero e inseparable de la expansión militar y comercial de comienzos del siglo XX.
En Nicaragua, las ocupaciones de 1912-1925 y 1926-1933 fueron parte de las llamadas Banana Wars. La presencia de marines sostuvo gobiernos afines, y en la segunda ocupación combatió de lleno la guerrilla de Sandino, hasta su asesinato en 1934. La ocupación dejó una dictadura militar que duraría décadas.
En 1932, Estados Unidos realizó un gran despliegue naval frente a las costas de El Salvador durante la insurrección encabezada por Farabundo Martí. La represión del ejército salvadoreño dejó decenas de miles de muertos. La presencia de buques extranjeros afirmó la ecuación geopolítica de la época: proteger inversiones, contener la protesta social y enviar señales de poder.
Con la guerra fría, el repertorio cambió de forma. En Guatemala, la CIA promovió el derrocamiento de Árbenz en 1954 y clausuró una experiencia reformista incómoda para la United Fruit Company y la ortodoxia anticomunista. En 1961 tuvo lugar la fallida invasión a Bahía de Cochinos en Cuba y en 1965 el golpe contra el presidente Bosch en República Dominicana, con el despliegue de más de 20 mil soldados para “evitar otra Cuba” y asegurar un desenlace favorable a Washington.
En los años 70 y 80 se profundizó la lógica de seguridad hemisférica. Con la Operación Cóndor, Washington promovió golpes y dictaduras militares en el Cono Sur. En Chile, facilitó el derrocamiento de Allende en 1973 y el ascenso de Augusto Pinochet. Los golpes en Brasil (1964), Uruguay (1973) y Argentina (1976) contaron con el beneplácito y asistencia estadunidense.
En todos estos casos, la coordinación con Estados Unidos incluyó la persecución criminal de opositores.
La consolidación de regímenes autoritarios, bajo la bandera de la lucha contra el comunismo, dejó una estela de violaciones a los derechos humanos y desapariciones forzadas en toda la región. Una nueva oleada de intervenciones se dio de cara a las luchas revolucionarias en Centroamérica. En Nicaragua (1979-1990), la administración Reagan financió a la Contra y abrió el capítulo Irán-Contras. En El Salvador (1980- 1992) proporcionó asesores y armamento para sostener una guerra antinsurgente de altísimo costo humano.
La década de los 80 cerró con la ocupación militar en Granada (1983) y la invasión a Panamá (1989) con 27 mil marines y la captura de Noriega. La pregunta inevitable es qué ha cambiado. La retórica, sí; el uso de la fuerza, menos. A las justificaciones clásicas –seguridad, estabilidad, protección de nacionales– se añaden hoy narcotráfico, “transiciones ordenadas” y defensa de la democracia.
El estilo personal abusivo, violento y belicista de Trump concentra buena parte del análisis y las explicaciones sobre la intervención actual en Venezuela. Pero hay que entender que ésta se enmarca también en la tradición estadunidense frente a América Latina. Las palabras importan, pero los hechos más: desembarcos, ocupaciones, asesorías militares, sanciones y operaciones encubiertas han definido el territorio político donde se disputan proyectos de nación y modelos de desarrollo.
Reconocer esta historia no es ejercicio de victimismo; es condición de soberanía. América Latina ha resistido, aprendido y construido alternativas. La memoria no es para museo, es brújula para pensar relaciones exteriores basadas en alianzas, cooperación y respeto mutuo. La paz y la soberanía requieren gobiernos legítimos y decididos, ciudadanía informada y una agenda regional que no se subordine a los ciclos políticos de Washington.
La sombra es larga pero no eterna. Si algo enseña el siglo y medio de intervenciones es que el hemisferio no está condenado a repetir su pasado, sino a transformarlo.