Redacción
18 de enero de 2026 13:54
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó este domingo que es ilegítimo que un Estado se arrogue el derecho de impartir justicia en otro y advirtió que las acciones unilaterales amenazan la estabilidad mundial. Así lo señaló en un artículo publicado en The New York Times, en referencia a la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela del pasado 3 de enero.
Lula sostuvo que este tipo de medidas perturban el comercio y la inversión, y subrayó que América Latina y el Caribe deben defender sus propios intereses sin someterse a aspiraciones hegemónicas. Reiteró que la división del mundo en zonas de influencia y las intervenciones neocoloniales por recursos estratégicos son prácticas obsoletas y perjudiciales.
El mandatario brasileño enfatizó que el uso de la fuerza no conduce a soluciones duraderas y que el futuro de Venezuela debe quedar en manos de su pueblo, mediante un proceso político inclusivo. Añadió que Brasil seguirá apostando por el diálogo y la cooperación regional como vía para garantizar estabilidad y desarrollo en el hemisferio.
Lenin, Luxemburgo y Liebknecht
Ángel Chávez Mancilla*
Decía Friedrich Engels que la casualidad no es la ausencia de orden, sino la incapacidad humana para explicar las múltiples determinaciones que hay detrás de un acontecimiento o fenómeno. Sin embargo, cuando la casualidad se hace presente, a veces no queda más que aceptarla sin buscarle explicación. Así, por ejemplo, existe la casual coincidencia de que tres grandes revolucionarios comunistas murieron en enero y, por si fuera poco, sus nombres comienzan con la letra L: Lenin, Luxemburgo y Liebknecht.
Luxemburgo y Liebknecht fueron miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania, pero cuando esta organización apoyó al gobierno en la Primera Guerra Mundial, ambos se deslindaron y crearon el grupo espartaquista, que encabezó un levantamiento revolucionario en enero de 1919. La detención y asesinato de Luxemburgo y Liebknecht el 15 de enero de 1919, así como la represión del levantamiento obrero por parte del gobierno alemán dirigido por Friedrich Ebert, ex compañero de ambos comunistas, confirmó que la socialdemocracia, en su aspiración de obtener reformas que mejoraran de manera inmediata la condición de los trabajadores, actúa como guardiana del orden capitalista, dispuesta a ahogar en sangre cualquier intento de supresión del sistema capitalista.
Ante la derrota de la revolución en Alemania, en su último artículo Liebknecht reflexionó que los vencidos se curan de falsas ilusiones y que la lección era que no cabía confiar más que en las propias fuerzas, en clara referencia a la traición de la socialdemocracia a los trabajadores que deseaban derrocar el capitalismo. Por su parte, Rosa Luxemburgo sentenció: “¡El orden reina en Berlín!” ¡Ah, estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro “orden” está levantado sobre la arena. Un retrato literario de estos acontecimientos fue realizado por Alfred Döblin en la tetralogía Noviembre de 1918.
Por si fuera poca la tragedia de enero de 1919, la casualidad quiso que el 21 de enero de 1924 falleciera Lenin, dirigente bolchevique de la revolución rusa, quien había rendido homenaje a Luxemburgo al llamarla “águila de la revolución”. Frente a esta tétrica coincidencia de la “triple L”, la Internacional Comunista (IC) decidió organizar actos conmemorativos conocidos como las Jornadas LLL. Siguiendo esta orientación, los partidos comunistas organizaron conferencias, mítines y publicaron textos en honor a estos revolucionarios.
En nuestro país, el Partido Comunista de México (PCM) atendió la tarea encomendada por la IC realizando actos públicos en homenaje a la LLL. En las páginas de El Machete combinó semblanzas e imágenes de estos tres revolucionarios con notas sobre la lucha del pueblo mexicano. Por ejemplo, en El Machete de enero de 1933 se incluyeron notas sobre la toma de tierras por campesinos en Nuevo León, la represión militar contra los obreros de San Bruno en Xalapa, Veracruz, y se publicaron imágenes de Lenin, Luxemburgo y Liebknecht, destacando que eran ejemplo para los comunistas mexicanos. En 1934, como parte de la jornada LLL, El Machete publicó fotografías de Rosa y Karl junto a una nota sobre una huelga de camioneros en Azcapotzalco. En 1935, la jornada LLL culminó con la organización de un mitin en el Teatro Hidalgo, en el Distrito Federal, el 21 de enero, al que asistieron más de 500 personas. En aquel acto, el PCM aún sostenía una posición crítica frente al gobierno de Lázaro Cárdenas, al que caracterizaba como burgués y demagogo, usuario de frases de izquierda tomadas del socialismo.
La conmemoración de la triple L fue asumida por el PCM como un medio de agitación para atraer nuevos militantes. Por ejemplo, en 1935 el partido inició una campaña de reclutamiento que combinó en la portada de El Machete información sobre la huelga de los trabajadores petroleros de El Águila con la consigna “Recordad a Lenin: ingresad a su partido”. De igual forma, en enero de 1934 el PCM organizó una campaña de reclutamiento vinculada a la jornada LLL que adquirió una peculiaridad propiamente mexicana: asociar esta labor a la figura de Julio Antonio Mella, el revolucionario cubano asesinado en México como militante del PCM. Así, los comunistas mexicanos impulsaron de manera simultánea la jornada LLL y la campaña de afiliación al PCM, que iniciaba el 10 de enero, fecha del asesinato de Mella, y concluía el 18 de marzo, aniversario del inicio de la Comuna de París. La consigna publicada en El Machete fue: “Ingresa al Partido Comunista, el partido de Julio Antonio Mella”.
La presencia de las figuras de Vladimir Lenin, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en las actividades del PCM y en las páginas de El Machete tuvo, en ese mismo periodo, un correlato visual en algunas obras de los principales muralistas mexicanos. Por ejemplo, Diego Rivera incorporó a Rosa Luxemburgo y a Lenin en el mural Retrato de América (1933), específicamente en la sección titulada “Unidad proletaria”. Lenin también apareció en otras obras de Rivera, como El hombre controlador del universo (1934), cuya versión original fue realizada en el Rockefeller Center de Nueva York y posteriormente destruida debido a la inclusión de la imagen del líder de la revolución rusa de 1917. Más tarde, esta obra fue reproducida en el Palacio de Bellas Artes de México, recinto que también alberga la pintura La revolución rusa (1933), en la que nuevamente figura Lenin. Por su parte, José Clemente Orozco incluyó a Lenin en el panel Lucha en Occidente (1931), parte del mural realizado en la New School for Social Research, de la ciudad de Nueva York.
La peculiaridad de las jornadas LLL en México –que relacionaron la actividad de comunistas, obreros y campesinos mexicanos con figuras comunistas extranjeras– fue una clara expresión de internacionalismo. Este afirmaba que para los trabajadores mexicanos era tan importante conocer sus propias luchas como las de los trabajadores de otros países, y que no existía ninguna peculiaridad nacional que estuviera por encima de las generalidades de la revolución socialista a escala mundial.
*Historiador de la ENAH. @Chavez_Angel
Estados Unidos, el gran contaminante
Las medidas de Obama en pro del ambiente las comenzó a derrumbar Donald Trump en su primera administración. Foto Cuartoscuro / Archivo Foto autor
Iván Restrepo
19 de enero de 2026 00:03
Como señalé el lunes pasado, en las dos administraciones del presidente Ronald Reagan se le redujo poder a la Agencia de Protección Ambiental, (EPA por sus siglas en ingles). Creada en 1971 para garantizar la salud pública afectada por una grave contaminación de la industria y el parque vehicular, Reagan estimó que las regulaciones ambientales eran obstáculo para el crecimiento económico y lograr que su país recuperara el liderazgo mundial. Su sucesor George H.W. Bush (1989-1993), hizo lo mismo.
Pero con el sucesor de éste último, el demócrata Bill Clinton, el tema ambiental resurgió en la agenda política. Durante su gobierno (1993-2001), se establecieron importantes medidas para reducir la contaminación del aire vía mayor control de las emisiones industriales y del parque vehicular, con gasolinas con menos azufre y plomo.
También se legisló para garantizar la calidad del agua en los hogares y limpiar de residuos tóxicos amplias zonas. Firmó una orden ejecutiva en la que se estableció que toda la población tenía el derecho a ser protegida de la contaminación. Además, adhirió a su país al Protocolo de Kyoto, destinado a reducir en el mundo las emisiones contaminantes.
Todo esto se vino abajo con la llegada a la Casa Blanca de Bush hijo, George W. (2001-2009). Nuevamente, impusieron su ley los intereses industriales y el crecimiento económico a cualquier costo. Retiró a Estados Unidos del Protocolo de Kyoto so pretexto de que afectaba a la economía estadunidense. Para alentar la producción redujo las normas vigentes con Clinton para controlar la contaminación del aire y garantizar agua de buena calidad.
Alentó la extracción de petróleo, gas y minerales en el Ártico y las áreas naturales protegidas. Censuró los hallazgos muy negativos de los científicos sobre la contaminación en el país y sus efectos en el cambio climático y la salud. Buena parte de esos hallazgos provenían de los expertos de la EPA.
Otra vez fue un presidente demócrata, Barack Obama (2009-2017), el que declaró prioridad proteger el medio ambiente y luchar contra el cambio climático. Sostuvo que su país era el mejor preparado para liderar al mundo hacia una solución de tan grave problema.
Por ello, se adhirió al Acuerdo de París, firmado en 2015, y nombró a Gina McCarthy como administradora de la EPA. Ella contaba con muchos años de experiencia en el campo ambiental y logró que el Congreso aprobara estándares más estrictos para la emisión de contaminantes a la atmósfera.
Obama estableció en el Pacífico la reserva marina más grande del mundo; exigió combustibles de mejor calidad; no aprobó la construcción del oleoducto Keystone XL, de casi 2 mil kilómetros para llevar hidrocarburos desde Canadá a la costa de Texas. Impulsó proyectos de energía renovable, como el enorme Centro de Energía Eólica Alta, en California. Además, logró interesar a la población en el tema del calentamiento global. Sin embargo, Estados Unidos no abandonó un modelo energético depredador y generador de la mayor parte de los gases de efecto invernadero a nivel mundial.
Las medidas de Obama en pro del ambiente las comenzó a derrumbar Donald Trump en su primera administración. Se retiró del Acuerdo de París pretextando que era una carga para los ciudadanos de Estados Unidos.
Negó que existiera el cambio climático. Lo consideró inicialmente un invento de China. Luego, de científicos de cuarta. Si su política durante su primer mandato fue negativa, lo es muchísimo más en lo que lleva de ocupar nuevamente la Casa Blanca.
Abandonó otra vez el Acuerdo de París, quitó todos los apoyos a las energía eólica y solar; derogó las regulaciones ambientales más importantes a cargo de la EPA. La debilitó al máximo al recortar su presupuesto y reducir las áreas científicas. En los cargos directivos nombró a personas cercanas a los grupos industriales más contaminantes.
No es todo. Este mes, Trump rompió con todas las acciones climáticas establecidas por la comunidad de naciones. Dos fundamentales: la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
El país que más emisiones causantes del calentamiento ha generado en la historia, ignora el problema. Sólo le interesa controlar la producción, comercio y uso de hidrocarburos y carbón, que destacan entre las causas principales del calentamiento global.
Trump no miente: prometió hacer de su país nuevamente grande. Lo está logrando: es el gran generador de contaminación y daños al medio ambiente y la salud pública.
Chile: incendios, infodemia y sucesión
Comunidades enteras y más de 20 mil hectáreas de bosques han sido arrasadas por el fuego en las semanas recientes en la región más austral de Chile, con un saldo hasta ahora de 18 personas muertas –cifra que, por desgracia, se actualizará al alza cuando se pueda acceder a las poblaciones afectadas– y unas 50 mil, desplazadas. En tal circunstancia, el presidente saliente, Gabriel Boric, decretó ayer el “estado de excepción de catástrofe”, implantó el toque de queda en la mayor parte de los municipios afectados y ordenó la movilización del ejército para salvaguardar el orden público.
Para hacerse una dimensión de la catástrofe, baste con señalar que en la Patagonia chilena hay unos 30 fuegos activos y que sólo en la región del Biobío uno de los incendios, que abarca 800 kilómetros cuadrados, destruyó por completo las comunidades de Punta de Parra, Lirquén y Penco, con lo que miles de viviendas quedaron reducidas a cenizas.
Las condiciones climáticas explican la dimensión de desastre alcanzada por los incendios. Altas temperaturas, vientos de más de 60 kilómetros por hora y humedad atmosférica escasa son, entre otros, factores que facilitan la propagación descontrolada de las llamas. Sin embargo, el contralmirante Edgardo Acevedo, responsable de las zonas que han sido declaradas en estado de excepción, afirmó que la mayoría de los siniestros fueron causados por negligencia o por intención criminal. En ese señalamiento coinciden investigadores de la Universidad Austral de Chile, quienes calculan que 55 por ciento de los incendios son producto de la negligencia y 38 por ciento, resultado de acciones intencionales.
Más allá de situaciones anecdóticas –como la de unos niños que al jugar con un encendedor provocaron un devastador fuego forestal en diciembre pasado en la comuna de Pichidegua, región de O’Higgins–, de informaciones exageradas –como las que ven un “patrón sistemático” de conflagraciones causadas por turistas israelíes que fuman, a pesar de la prohibición correspondiente, en el parque nacional Torres del Paine (región de Magallanes)– o de teorías racistas de la conspiración, según las cuales grupos radicales de la etnia mapuche están incendiando sus propios territorios, parece existir un hecho recurrente: la mayoría de estos desastres se originan en las llamadas “zonas de interfase” en las que colindan las áreas urbanizadas con la vegetación, lo que indicaría que la presión poblacional hacia áreas naturales desempeña un papel central en la génesis de los fuegos, los que a la par incrementan sus dimensiones en el contexto del cambio climático planetario, el cual, a su vez, se ve impulsado por la deforestación y los gases de efecto invernadero de los incendios.
La situación es preocupante, no sólo por la tragedia humana y ambiental que conlleva, sino también por la circunstancia política en la que ocurre: el tramo final de un gobierno que fue incapaz de consumar las transformaciones políticas, sociales y económicas que prometió en sus inicios y la inminente llegada a la presidencia del ultraderechista José Antonio Kast, para quien los principales problemas de Chile no son las desigualdades sociales, la depauperación creciente y la marginalidad de los pobladores originarios, entre otros, sino el auge delictivo, obsesivamente vinculado por el presidente electo con la presencia de extranjeros –especialmente, venezolanos– y su determinación trumpiana de expulsarlos del país, como supuesta medida para fortalecer la seguridad pública. En ese contexto, las explicaciones simplistas o delirantes del desastre austral pueden conformar un incendio más peligroso, si cabe, que el de los bosques y poblaciones: un incendio social avivado por los vientos de la infodemia procedente de medios y entornos favorables al nuevo mandatario.