lunes, 31 de marzo de 2025

Marco Rubio y el balotaje en Ecuador.

Carlos Fazio
Por su importancia geoestratégica Ecuador se ha convertido en un enclave de la política militarista de Estados Unidos (EU) en América del Sur. Por eso, el balotaje del domingo 13 de abril entre el actual mandatario ecuatoriano, Daniel Noboa, y la opositora Luisa González, adquiere una dimensión particular para la administración Trump. Tras el empate técnico en los comicios de febrero, Noboa, quien este fin de semana se entrevistó con Trump en Mar-a-Lago, podría perder su relección ante la representante socialdemócrata, quien recibió, ahora, el apoyo del sector indígena y campesino liderado por Leónidas Iza, que obtuvo 5 por ciento de los votos en la primera vuelta. Pero debido a factores geopolíticos y fácticos que forman parte de la estructura de poder detrás del gobierno de Noboa −incluidos el sionismo israelí y la embajada de EU−, la institucionalidad ecuatoriana podría torcerse y generar un fraude.
La elección presidencial en Ecuador será la primera en América del Sur tras la llegada de Trump a la Casa Blanca. Representa la primera prueba de fuego para la cruzada antizquierdista del secretario de Estado, Marco Rubio, quien como senador republicano estuvo directamente involucrado con las operaciones encubiertas del Comando Sur del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el área andina-caribeña, en conexión con sectores de la ultraderecha de Colombia, Venezuela, Cuba y Ecuador.
En situación similar a la que enfrenta hoy Ecuador: el balotaje del 11 de abril de 2021 entre el entonces candidato del correísmo, Andrés Arauz, y el banquero Guillermo Lasso, en una alianza operacional con la inteligencia militar colombiana, el Comando Sur y la CIA desempolvaron la operación Charlie-Odín Shot, que un año antes, de cara a las elecciones entre Joe Biden y Donald Trump en EU, había sido modificada teniendo como blancos centrales los gobiernos de Cuba y Venezuela.
Fechado el 5 de octubre de 2020, el plan, que buscaba blindar al gobierno de Iván Duque, en Colombia, ante el auge de las movilizaciones populares, urdió usar la ubicación de Andrés Felipe Vanegas Londoño, alias Uriel, tercer comandante del frente de guerra occidental del Ejército de Liberación Nacional (ELN), para generar un impacto político-mediático positivo ante el Departamento de Estado. El documento recomendaba usar el canal del entonces embajador de Colombia en Washington y del representante JD Vélez, con Rubio y legisladores republicanos de origen cubano en Florida, con la finalidad de retomar acuerdos no avanzados y adelantar la acción Charlie-Odín Shot.
El plan ponía énfasis en resaltar la relación de la embajada cubana en Bogotá con miembros del ELN, y buscaba establecer una matriz de opinión que indicara que las manifestaciones violentas eran coordinadas por el Movimiento Colombiano de Solidaridad con Cuba y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). La estrategia anticipaba utilizar archivos sembrados en computadores de Vanegas Londoño, que serían enviados a la fiscalía colombiana e Interpol, para vincular de manera directa a los colombianos que apoyaban a las casas de solidaridad con Cuba. Veinte días después, Uriel fue abatido en el Chocó en el marco de la operación Odín.
Lo curioso del caso es que, luego de que Arauz había ganado en la primera vuelta de los comicios presidenciales del 7 de febrero de 2021 en Ecuador, con 32.72 por ciento de los votos, frente a Guillermo Lasso (19.74) y Yaku Pérez (19.38), cinco días después llegaba a Quito el fiscal general de Colombia, Francisco Barbosa, para entregar a su par ecuatoriana, Diana Salazar, información hallada en computadores del jefe del ELN, que señalaría un presunto financiamiento de la guerrilla a la campaña de Arauz.
Como resaltó entonces el portal estadunidense The Grayzone, tras la victoria de Arauz en la primera vuelta, el Departamento de Estado, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el gobierno derechista de Colombia intentaban obstaculizar su triunfo en el balotaje. Lo curioso de la trama, también, es que Rubio era parte de la desestabilización de las elecciones en Ecuador, y que Cuba y Venezuela seguían siendo objetivos y blancos estratégicos del Pentágono y la CIA.
Finalmente ganó el banquero Lasso, quien continúo la entrega de la soberanía ecuatoriana a EU iniciada por el tránsfuga Lenín Moreno bajo el ala de la ex jefa del Comando Sur, generala Laura Richardson. Desde entonces, incluido el posterior gobierno de Daniel Noboa −nacido en Miami, Florida, miembro de una rica familia ecuatoriana dueña de uno de los principales emporios del país evaluado en 1.2 mil millones de dólares y educado en las universidades de Nueva York, Harvard y George Washington−, EU ha logrado que sus aviones de vigilancia naval P-3 Orion operen desde las bases aéreas de Simón Bolívar y el aeropuerto de la Isla San Cristóbal, en el archipiélago de las Islas Galápagos, bajo la socorrida excusa de combatir el narcotráfico. El general Oswaldo Jarrín, ex ministro de Defensa ecuatoriano, dijo entonces que Galápagos es un portaviones natural, en un tácito reconocimiento de la inserción de Ecuador en la proyección estratégica militar del Pentágono en el océano Pacífico.
La militarización de las Galápagos y la eventual reapertura de la Base de Manta a las fuerzas especiales del Comando Sur −que según CNN formaba parte del paquete de ofertas entreguistas de Noboa a la administración Trump este fin de semana, lo que fue avalado por el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, James Hewitt−, son componentes de la disputa geopolítica de EU con China, cuyo presidente, Xi Jinping, inauguró en noviembre de 2024 el megapuerto inteligente y centro logístico de Chancay (el primero en Sudamérica), con proyección potencial hacia Brasil por vía férrea, y que será un objetivo de la hoja de ruta de la guerra comercial de Trump junto con el canal de Panamá.
Así, habrá que ver si de aquí al 13 de abril, fecha del balotaje en Ecuador, la diplomacia de guerra de Marco Rubio, en colusión con el Pentágono, la CIA y el sionismo israelí, no hacen gala de su panoplia de trucos sucios para impedir la victoria de la candidata de la alianza Revolución Ciudadana/Pachakutik/Conaie, Luisa González, sobre el protegido de Trump, Daniel Noboa.

Quiero un tercer mandato y no es broma; hay formas de lograrlo, afirma Trump
Expertos en la constitución lo descartan
Cada vez me lo piden más personas, dice el republicano
Ap   Periódico La Jornada
Lunes 31 de marzo de 2025, p. 25
West Palm Beach., El presidente Donald Trump afirmó ayer que no bromea sobre intentar servir un tercer mandato, la indicación más clara de que sopesa la manera de violar la prohibición constitucional para mantenerse al frente del país después de que expire su gobierno, a principios de 2029.
Hay métodos para hacerlo posible, declaró en entrevista telefónica con NBC News desde su finca en Mar-a-Lago, Florida.
Más tarde, a bordo del avión presidencial en el viaje de Florida a Washington, contó a periodistas: cada vez hay más personas que me piden un tercer mandato, que de alguna manera sería un cuarto por la pasada elección, la de 2020, que fue totalmente amañada. Trump perdió dichos comicios ante el demócrata Joe Biden.
Trump añadió: no quiero hablar de un tercer mandato ahora porque, de cualquier manera, aún falta mucho tiempo.
La 22 Enmienda, añadida a la Constitución en 1951 después de que el presidente Franklin D. Roosevelt fue elegido cuatro veces consecutivas, establece que no se elegirá a la misma persona para el cargo de presidente más de dos veces.
Cualquier intento de permanecer en el cargo plantearía dudas legales y se desconoce qué tan serio es Trump sobre ir por ese camino. No obstante, los comentarios fueron un claro reflejo de un deseo de perpetuarse en el poder por parte de un presidente que ya violó las tradiciones democráticas hace cuatro años, cuando intentó revertir la elección que perdió ante Biden.
Esta es otra escalada en su claro esfuerzo por tomar el control del gobierno y desmantelar nuestra democracia, asentó un comunicado del representante demócrata de Nueva York Daniel Goldman, quien fue abogado principal para el primer juicio político a Trump. Si los republicanos del Congreso creen en la Constitución se pronunciarán contra de las ambiciones de Trump para un tercer mandato.
Durante un discurso en la Conferencia de Acción Política Conservadora el mes pasado, Steve Bannon, el ex estratega de Trump y presentador del pódcast War Room, pidió al presidente que se postule nuevamente. Queremos a Trump en el 28, expresó.
Jeremy Paul, profesor de derecho constitucional en la Universidad Northeastern, destacó que no hay argumentos legales creíbles para que se postule para un tercer mandato.
Kristen Welker, de NBC, preguntó al magnate si una posible vía para un tercer mandato sería que el vicepresidente JD Vance se postulara para el cargo principal y luego le pasara la estafeta.
Bueno, esa es una forma, respondió. Pero hay otras. Hay otras.
–¿Puedes decirme otra?
–No, replicó Trump.
La oficina de Vance no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios de la agencia Ap.
Derek Muller, profesor de derecho electoral en Notre Dame, señaló que la 12 Enmienda, ratificada en 1804, establece: ninguna persona inelegible para el cargo de presidente con arreglo a la Constitución será elegible para el de vicepresidente de Estados Unidos.
Muller explicó que eso indica que si Trump no es elegible para postularse nuevamente para presidente debido a la 22 Enmienda, tampoco lo es para postularse de vicepresidente.
No es la primera vez que Trump deja entrever la posibilidad de servir más de dos mandatos, generalmente con bromas ante audiencias amistosas.

Trump, contra todo y contra todos
En una nueva amenaza a las instituciones de su país, el presidente Donald Trump advirtió ayer que no bromea al afirmar que en 2028 buscará un tercer mandato, algo que prohíbe la 22 Enmienda de la Constitución, aprobada en 1947 y ratificada cuatro años después. A sabiendas de que se trata de un consenso bipartidista histórico y fundamental para mantener la cohesión y la gobernabilidad y legitimar la descripción que Estados Unidos hace de sí mismo como un país democrático. Sin embargo, ahora Trump arremete contra ese principio, como ha arremetido contra los derechos humanos y civiles, la educación pública, las libertades de expresión y manifestación; se incrementa, así, el riesgo de que se instaure en el país vecino del norte un régimen abiertamente autocrático y totalitario, ajeno al orden legal interno y a la legalidad internacional.
Por lo que respecta al exterior, el mandatario estadunidense parece decidido a acabar con el libre comercio y con algunos de los pilares esenciales de la política exterior de la superpotencia, como la Alianza Atlántica y la agencia Usaid de cooperación, además de que ha ordenado que su gobierno abandone la Organización Mundial de la Salud, Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y el Acuerdo climático de París.
La embestida trumpiana contra todo y contra todos no se detiene. Un día antes del anuncio de que no descarta presentarse para un tercer periodo presidencial, se informó que el magnate está presionando a su equipo de colaboradores para que multipliquen e incrementen los aranceles a las importaciones, aumentó la presión sobre las empresas petroleras de su país y del extranjero para que suspendan todas sus operaciones con Venezuela; por otra parte, en un giro radical respecto a Moscú, dijo estar enojado e incluso furioso contra el presidente ruso, Vladimir Putin, porque éste cuestiona la legitimidad del gobernante ucranio, Volodymir Zelensky, pese a que ese mismo cuestionamiento fue aplicado hace dos semanas por el propio Trump y por su vicepresidente, JD Vance. La furia contra el mandatario ruso se traduciría en que, si no se logra un acuerdo de paz para el conflicto ucranio, ello sería culpa de Rusia y que Washington aplicaría aranceles a las importaciones de petróleo ruso y sanciones a quienes lo compren.
No es fácil discernir en qué medida el comportamiento desmesurado y transgresor de Trump conlleva un proyecto de reordenamiento mundial bajo las normas del capitalismo más salvaje y del colonialismo más descarnado, urdido por sus amigos multimillonarios a contrapelo de la oligarquía tradicional estadunidense, cuánto es efecto de un estilo de negociación brutal que exige el máximo para lograr un mínimo calculado de antemano y hasta dónde se trata de un desorden clínico del ocupante de la Casa Blanca.
Lo cierto es que hay indicios de una resistencia generada por la desmesura, la provocación y la insolencia trumpianas, resistencia que tiene entre sus principales protagonistas a sindicatos, estudiantes, víctimas de la persecución política, abogados que litigan contra las disposiciones gubernamentales e incluso veteranos de guerra. Menos visibles que las movilizaciones que emprenden estos sectores, es de suponer que las corporaciones afectadas por esta ofensiva general acabarán por encontrar una manera de oponerse a los designios disparatados del magnate y a medidas económicas que están empezando a configurar una tierra arrasada. Por el bien de Estados Unidos y del mundo en general, cabe esperar que esas resistencias logren poner un freno a la ofensiva que emana de la Casa Blanca en contra de todo y contra todos.