viernes, 7 de febrero de 2025

Penultimátum.

Medios de EU, sometidos ante Donald Trump.
En lo que va de este año, en los titulares de los medios de comunicación del mundo un nombre fue el centro de atención: Donald Trump. Los que le son afines, como Fox News y la red social X, aseguraron que su segundo mandato será muy exitoso. Pero el primer presidente delincuente en la historia de Estados Unidos también despierta incertidumbre entre millones que esperan lo peor.
Además de los efectos que causarán sus primeros acuerdos en la economía, la migración, los conflictos internacionales y su insistencia en que el cambio climático no existe, otro asunto muy importante es la posición del magnate ante los medios de comunicación.
Trump habla de medios de noticias falsas para negar toda credibilidad a los periódicos y noticieros de televisión. Logró invertir la narrativa que rodea el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 por sus partidarios, a pesar de las imágenes que difundieron la violencia masiva y de las numerosas condenas de la justicia a quienes la ejercieron.
Trump calificó a los asaltantes de presos políticos, patriotas y mártires. Una de las primeras medidas de su segundo mandato fue indultarlos.
Cabe recordar la afirmación de Trump de que inmigrantes de Haití comían perros y gatos en Springfield, Ohio. El vicepresidente JD Vance sostuvo algo similar.
La información falsa o tendenciosa con la intención de engañar a la gente existe mucho antes de Trump, pero es nueva la magnitud del problema y que esas distorsiones de la realidad las haga el presidente estadunidense.
Aunque los medios de comunicación proporcionen información veraz y operen con criterios éticos, están sometidos a una fuerte presión económica y falta de credibilidad. A ello se suman las redes sociales que abrieron espacios informativos, en las que cualquiera puede publicar lo que sea.
El anuncio de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y propietario de Meta, de abandonar la verificación externa de los hechos en Estados Unidos, hace que en las redes sociales cuenten las opiniones, no los hechos.
Trump presume que su país es la democracia perfecta. No lo es, pues los principales medios de comunicación están en poder de magnates que le son fieles y desinforman.

Fiscal general de EU plantea la eliminación total de los cárteles
De La Redacción   Periódico La Jornada
Viernes 7 de febrero de 2025, p. 20
La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, planteó un cambio fundamental de mentalidad y enfoque en un memorándum titulado Eliminación total de los cárteles (de estupefacientes ilegales), así como de las organizaciones criminales transnacionales.
Afirma que debe hacerse “más que tratar de mitigar los enormes daños que estos grupos causan en Estados Unidos. No basta con detener la ola de venenos mortales, como el fentanilo, que estos grupos distribuyen en nuestra patria.
En lugar de ello, debemos aprovechar los recursos del Departamento de Justicia y empoderar a los fiscales federales del país para que trabajen urgentemente con Seguridad Nacional y otras instancias del gobierno hacia el objetivo de eliminar estas amenazas a la soberanía de Estados Unidos, señala en el documento fechado antier y distribuido ayer.
Se instruye a “ la división de seguridad nacional y sección de crimen violento y crimen organizado proponer de manera conjunta un lenguaje estandarizado para los fiscales federales de todo el país en aras de describir de manera homóloga: Tren de Aragua, Mara Salvatrucha, cártel de Sinaloa y el cártel Jalisco Nueva Generación en todos los documentos de acusación y órdenes de cateo”.
Detalla que “para los líderes y gerentes de los cárteles y las organizaciones transnacionales, los delitos más graves y fácilmente demostrables, según la política general de acusación del departamento, incluirán típicamente crímenes capitales, cargos de terrorismo, crimen organizado, y empresa criminal continua, entre otros”.

La alternativa a los Trump no pueden ser los Biden
Raúl Zibechi
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca está moviendo a miles de activistas que observan con razonable estupor algunas de sus medidas, se lanzan a las redes sociales a formular sus críticas y unos cuantos también ocupan las calles. Es un fenómeno similar al que ocurre en Argentina bajo Javier Milei, donde cientos de miles se manifestaron días atrás en marchas antifascistas y antirracistas, y en contra de su discurso homófobo.
Es importante resistir las políticas de Trump, de Milei y de otros personajes como Bukele, porque están destruyendo las organizaciones del campo popular, limitando la capacidad de movilizarse y hasta de opinar, generando un clima de revancha machista y racista. La represión contra las resistencias combinada con la exacerbación del extractivismo, dibujan un panorama complejo que puede hacer retroceder a los movimientos varias décadas.
Sin embargo, la resistencia a los Trump no nos puede hacer olvidar las terribles políticas de los Biden, su responsabilidad en crímenes y genocidios, la intensificación de la represión combinada con cooptación de las organizaciones sociales. Una aclaración: no tengo la menor duda de que Trump, y Milei, pertenecen a la estirpe de los monstruos a los que se refería Gramsci cuando destacaba que el viejo mundo está muriendo y el nuevo mundo lucha por nacer. Ahí radica uno de los nudos del problema que pretendo debatir.
No alcanza con oponerse a los monstruos, sin tener una política alternativa a eso que se ha dado en llamar el mal menor. Para una niña de Gaza, de Siria, de una comunidad campesina de Guerrero o Chiapas, no hay tal mal menor porque no existe diferencia de fondo entre un Trump y un Biden. Cada quien puede encontrar en su entorno los nombres que encarnan a uno y a otro.
La principal diferencia, si no la única, entre estas dos versiones de la dominación, es que son dos modos de prolongar la vida del capitalismo. Cada una hace hincapié en un aspecto, es más o menos hipócrita y utiliza el doble discurso en dosis diferentes. Una busca confrontar. La otra cooptar. En ambos casos con la pistola en la cabeza.
No creo que sea de utilidad mentar con tanta asiduidad el concepto/adjetivo fascista. Tengo dos objeciones. Si todo lo que rechazamos es fascismo, finalmente nada lo es. Cada concepto o idea fuerza debe ser usado de modo acotado a lo que se describe y analiza. Usarlo como adjetivo es una mala praxis. Hasta Milei utiliza el adjetivo fascista para referirse a quienes se manifiestan contra su homofobia y su rechazo al feminismo y los derechos de las disidencias sexuales.
El fascismo, por otro lado, es una experiencia europea, genocida, traumática, quizá lo peor que han vivido las clases populares de ese continente en su historia reciente. Nuestros pueblos han vivido la Conquista, la catástrofe demográfica, la desaparición de grupos étnicos, la destrucción intencional de los valores, objetos y creaciones culturales de los pueblos originarios. Por eso no creo que lo vivido por los pueblos mesoamericanos, andinos y amazónicos durante estos cinco siglos sea comparable con la barbarie fascista. Es diferente, ni peor ni menos malo, y por eso no debemos aplicar conceptos nacidos en otras geografías. No caigamos en colonialismo en el uso de ideas.
El tema de fondo es que detrás de la necesaria movilización contra los Trump, debe haber alguna estrategia que no se limite a reponer en el gobierno a los gobernantes anteriores, con la misma o similar camiseta. Kamala Harris en lugar de Trump es una pésima opción, porque es más de lo mismo, pero con una sonrisa para cautivar clientes/electores. Así funciona el marketing capitalista.
La falta de estrategias alternativas es una de las principales señas de identidad de la crisis de las izquierdas. La otra es la desaparición de la voluntad anticapitalista. Ahora se conforman con bajar algunos puntos el desempleo y la pobreza, aprobar algunas leyes sobre derechos, pero sabemos que la forma cíclica como funciona esta economía los volverá a subir poco después. Todas las conquistas del progresismo se fueron evaporando durante la crisis post 2008, tarea que remataron los gobiernos de derecha.
Si no hay cambios estructurales, que no los hay, las tales conquistas se las lleva el viento de la acumulación por despojo, que sí funciona bajo cualquier gobierno. Este sigue siendo el nudo que precisamos desatar.
¿Cómo hacemos para salir de la oscilación demócratas-republicanos, progresismo-conservadurismo? Esta lógica de hierro tiene atrapados a intelectuales y movimientos, que a menudo no encuentran respuestas o se adhieren al mal menor.
Si no es posible salir del péndulo demócratas-republicanos, y todo lo que sigue en cada geografía; si no es posible salir del dilema Biden-Trump, y lo que toque en cada territorio, ¿qué decimos a la niña de Gaza, de Siria, de Guerrero o de Chiapas? ¿Que se conformen con los crímenes del mal menor?
La evolución de los movimientos de abajo habla por sí sola. La fuerza destituyente que tuvieron fue debilitada bajo los gobiernos progresistas, ya que apostaron a recibir programas sociales y una parte de sus dirigentes se incrustaron en las instituciones. Luego, cuando llegan las derechas duras, ya no tienen fuerza para resistir y rebelarse. Esto es exactamente lo que sucedió con los piqueteros argentinos y con los movimientos brasileños, salvo excepciones.
Socavada la potencia destituyente, no les queda otra opción que plegarse a las instituciones y apostarle todo a las elecciones. No hay balance ni autocrítica. En tanto, el despojo se profundiza y las bases sociales más afectadas por el modelo, terminan alejándose de movimientos y fuerzas políticas que habían apoyado. Milei es hijo de esta lógica.
Las alternativas al dilema Trump-Biden, o los nombres que prefieran, no las encontraremos, nunca, en los intersticios de las instituciones estatales, sino en las resistencias.