Afp
12 de febrero de 2025 09:04
Washington. El índice de precios al consumo (IPC) subió por cuarto mes consecutivo en enero en Estados Unidos, según cifras oficiales publicadas este miércoles que aumentan la presión sobre la Reserva Federal (Fed, banco central) para que mantenga su pausa en el recorte de tasas.
El IPC, una medida de la inflación, subió a 3.0 por ciento en 12 meses en enero, en ligera alza respecto a 2.9 por ciento de diciembre, indicó el Departamento de Trabajo.
Esta cifra se ubicó por encima de 2.8 por ciento esperado por los economistas encuestados por Dow Jones Newswires y The Wall Street Journal.
El presidente Donald Trump atribuyó de inmediato la subida de la inflación a su predecesor demócrata, Joe Biden.
"La inflación de Biden subió", publicó el republicano en su red Truth Social.
Los datos probablemente alimentarán los pedidos para que la Fed mantenga sus tasas entre 4.25 por ciento y 4.50, a la espera de que los precios aflojen.
La Fed tiene un objetivo de inflación a largo plazo de 2 por ciento, medido contra un indicador de inflación diferente.
Bajar tasas supone abaratar el crédito y con ello liberar el consumo y la inversión, lo cual alimenta la dinámica de la economía.
La llamada inflación anual subyacente, que excluye los precios volátiles de alimentación y energía, se ubicó en 3.3 por ciento, según los datos publicados este miércoles.
En términos mensuales, la inflación aumentó 0.5 por ciento en enero, y 0.3 excluyendo los alimentos y la energía.
Podrían alcanzar el 50% los aranceles a México y Canadá: Casa Blanca
Afp
12 de febrero de 2025 19:04
Washington. Los aranceles sobre el aluminio y el acero de México y Canadá podrían alcanzar el 50 por ciento, anunció este miércoles la Casa Blanca, en plena guerra comercial con varios países.
El lunes el presidente Donald Trump anunció aranceles de 25 por ciento sobre los dos metales para todos los países, sin excepciones ni exenciones.
Pero sobre México y Canadá ya pesaba 25 por ciento de tarifas impuestas hace unos días sobre todos sus bienes para incitarlos a controlar la inmigración ilegal y el tráfico de fentanilo. Al final este 25 por ciento ha quedado suspendido durante un mes para negociar.
Si los tres países, unidos por el acuerdo comercial de América del Norte (T-MEC), no llegan a un entendimiento se sumarán los dos 25 por ciento, y el acero y el aluminio producidos por México y Canadá serán gravados en total con 50 por ciento a partir del 12 de marzo, precisó la Casa Blanca.
Seguridad nacional
El magnate republicano alegó riesgos para la “seguridad nacional” para gravar los dos metales de forma generalizada. Países como Argentina, México o Brasil, entre otros, que se benefician de exenciones pierden sus privilegios.
Según la Administración de Comercio Internacional de Estados Unidos, desde marzo de 2024 hasta febrero de 2025, Brasil fue el segundo mayor exportador de acero a Estados Unidos con 3.7 millones de toneladas métricas, seguido de México con 2.9 millones.
Según la misma fuente, Argentina, cuyo presidente ultraliberal Javier Milei mantiene una relación cercana con Trump, fue el sexto exportador de aluminio en 2024 a Estados Unidos, con más de 176 mil toneladas.
El gobierno argentino, en declaraciones al diario Clarín, que cita una fuente cercana a Milei, estima que los aranceles no cambian “en lo más mínimo” sus objetivos puesto que seguirá “trabajando en un tratado de libre comercio”.
México pidió a Trump “sentido común”, uno de los conceptos más manidos del republicano. “Dice a veces el presidente Trump, 'sentido común'. Bueno, pues le tomamos la palabra: sentido común, no balazo en el pie, no destruir lo que hemos construido los últimos cuarenta años”, declaró el martes el ministro de Economía de México, Marcelo.
“Estados Unidos nos vende más, entonces no se justifica esa tarifa”, subrayó el ministro, quien detalló que el país vecino provee “casi 6 mil 897 millones de dólares más” de lo que exporta México, según cifras oficiales estadounidenses de 2024.
Brasil, país que presume de una diplomacia pragmática, también optó por la mesura.
Su ministro de Relaciones Institucionales, Alexandre Padilha, afirmó que su país “no estimula ni entrará en ninguna guerra comercial”, pero calificó de “contraproducentes” las “medidas unilaterales”.
“Aranceles recíprocos”
La Casa Blanca lo ve con otros ojos. “El presidente Trump sigue tomando medidas audaces para proteger las industrias críticas de acero y aluminio de Estados Unidos”, afirmó este miércoles la portavoz Karoline Leavitt en rueda de prensa.
Poco después el propio Trump declaró a periodistas que podría firmar “hoy o mañana por la mañana” el decreto sobre “aranceles recíprocos”.
“El mundo abusa de Estados Unidos desde hace años. Nos imponen aranceles aduaneros masivos cuando nosotros no lo hacemos”, insistió el presidente.
Por recíprocos entiende gravar los productos de un país al mismo nivel que éste impone a los bienes exportados por Washington.
“Lo hice con el acero y el aluminio que irá progresivamente hasta 25 por ciento, pero homogeneizará las reglas de juego”, añadió el republicano.
Trump impuso el 1 de febrero aranceles aduaneros de 25 por ciento a todos los productos procedentes de Canadá y México, a los que acusa de no hacer lo suficiente contra la inmigración ilegal y el tráfico de fentanilo.
Los suspendió dos días después durante un mes para darse tiempo para negociar un acuerdo y a la vista de las primeras medidas adoptadas por sus vecinos.
La semana pasada México desplegó diez mil efectivos de la guardia nacional a lo largo de los 3 mil cien kilómetros de la frontera con Estados Unidos y Canadá nombró a un “zar del fentanilo”, entre otras medidas.
Los tres países son socios desde 1994 de un acuerdo de libre comercio regional que fue renegociado en 2020 por exigencia de Trump durante su primer mandato (2017-2021) y debe ser revisado en 2026.
Cisma en la cima
Ilán Semo/I
13 de febrero de 2025 00:02
Es muy probable que las empresas que hoy producen acero y aluminio en México no logren absorber, sin mayores dificultades, los incrementos de precios inducidos por los nuevos aranceles decretados por Donald Trump. Para ello cuentan tan sólo –debido a los ínfimos salarios que pagan– con un margen de utilidades que hasta hoy era holgado. Sin embargo, si las exportaciones de México y Canadá no son eximidas de esta medida, el principio general del T-MEC –el acuerdo para la libre circulación de bienes, productos y capitales– quedará puesto severamente en duda. Siempre resulta útil recordar una advertencia de Henry Kissinger al respecto: “Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso; pero ser su amigo es fatal”.
Las críticas al giro proteccionista de Washington retornan siempre al mismo argumento: los verdaderos afectados serán los consumidores y, con ello, la economía estadunidense en general. En rigor, se trata de una verdad a medias; la otra mitad en cambio, la no dicha, anticipa acaso el fenómeno opuesto. Decretar aranceles sostenidos a ciertos productos –como acero y aluminio– difícilmente traerá de regreso a empresas que se marcharon, pero (bajo ciertas circunstancias) puede propiciar una demanda interna que estimule la expansión de la industria y del empleo locales. Carlos Slim lo explicó con bastante claridad en días pasados.
En las últimas tres décadas, en EU sólo se (re)invirtió 20 por ciento del capital activo en la industria, mientras que en China e India esta cifra alcanzó frecuentemente 50 por ciento. A lo cual cabe agregar otro dato esencial: en ese lapso el salario promedio en la unión perdió 40 por ciento de su valor real, mientras las utilidades bursátiles aumentaron ¡420 por ciento! ¿Cómo explicar esta abismal distancia?
Para mi gusto, la única teoría sensata que logra dar cuenta de la dimensión de esta brecha fue redactada, hace más de un siglo, por Rosa Luxemburgo bajo la noción de la “acumulación ampliada de segundo orden” (y después perfeccionada por sus seguidores). Existe un mecanismo a través del cual es posible evitar la tendencia a la caída de la tasa de ganancia: trasladar a otros mercados no mercancías sino empresas enteras, siempre y cuando los dividendos regresen a casa para ser invertidos en la ampliación del mercado laboral. No hay que olvidar que los males más radicales que afectan a la valorización del capital provienen no de la escasez, sino de la peculiar forma en que multiplica la abundancia. La metáfora que mejor describe esta contradicción no es la sequía sino el diluvio.
Lo cierto es que, si 18 millones de empleos emigraron de EU, se crearon 21 millones nuevos en empresas tecnológicas y de servicios. Sin embargo, se trata de empleos relativamente mal pagados, cuyo consumo debe centrarse en mercancías baratas provenientes de las importaciones. A diferencia de lo que sucedió con el fordismo en los años 20 (la presión ejercida por empresarios para mantener salarios de alto nivel), a partir de la década de 1990, la tasa de ganancia vuelve a descender abruptamente –algo así como la criptonita del metabolismo del capital–. La pregunta es si este fenómeno tiene un origen “interno” o “externo”.
En los 90, la Fed impuso a Japón (cuando estaba a punto de igualar el PIB estadunidense) que las utilidades de sus industrias fueran despositadas en dólares a mediano plazo en Wall Street. Las corporaciones japonesas nunca se recuperaron del golpe; su economía, cuantiosa de por sí, lleva tres décadas estancada. La guerra de Ucrania (el aumento de los precios de la energía) acaba de descarrilar a Europa; hoy atraviesa un proceso de desindustrialización. Y China (por sí sola) no representa todavía un desafío sustancial –su potencial poder es magnificado día a día de manera mediática para encarnar, como alguna vez en el caso de la URSS, la figura del enemigo número uno–. Así es que el origen de la discronía estadunidense no es “externo”, sino esencialmente “interno”. Y parece ser bastante grave.
En Finance capitalism versus industrial capitalism (2021), Michel Hudson adelanta una hipótesis sugerente: desde la crisis de 2009, la franja financiera de la economía estadunidense ha estado parasitando a su basamento industrial. La razón es sencilla y compleja a la vez: Wall Street ha devenido (demasiado) global, la industria es local. La diferencia es que la banca vive hoy de una renta plus que provee el hecho de que todas las transacciones del mundo se realizan en dólares, mientras la industria tiene que competir con salarios tan bajos como los de México o Bangladesh.
No es casual que Wall Street Journal, la voz casi oficial de la esfera financiera, sea el enemigo más acérrimo de lo que el mismo periódico definió como la “política más idiota en la historia de EU (los aranceles de Trump), al cual no ha dejado de tildar (con toda razón) como un “engendro neofascista”. Por su parte el hipernacionalismo del antiguo agente de bienes raíces coincide con las necesidades de relanzar la lógica industrial.
Para Hudson, el choque entre estas dos fuerzas está resultando devastador y puede devenir una guerra que termine en el colapso de la gobernabilidad del país entero.
¿Qué puede hacer la sociedad mexicana frente a este explosivo panorama? Paradójicamente, puede hacer mucho para sí misma, siempre y cuando la administración de Morena adopte las medidas adecuadas.