domingo, 23 de octubre de 2022

Bajo la lupa.

El gasoducto Rusia/Turquía Turk Stream sustituirá a Nord Stream 1y 2 con Alemania
Alfredo Jalife-Rahme
▲ Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía (a la izquierda de su par azerbaiyano, Ilhan Aliyev), intenta colocar a su país como la mayor encrucijada de Europa.Foto Ap
Después del sabotaje (https://bit.ly/3CZ3uv4) de los gasoductos Nord Stream 1 y 2, el sultán neo otomano Recep Tayyip Erdogan intenta colocar a Turquía como el mayor hub (encrucijada) de Europa, mediante su conectividad gasera en el mar Negro con Rusia.
Recep Tayyip Erdogan –pese a ser un integrante bizarro de la OTAN, aún no ha sido admitido a la 27-Unión Europea (UE)– se compunge que Europa piense ahora cómo asegurar su abasto de gas en el próximo periodo invernal, mientras Turquía, gracias a Alá, no tiene tal problema.
El sultán Recep Tayyip Erdogan explayó que en su encuentro con Putin “acordaron crear un hub gasero en Turquía: Europa puede usar el gas ruso (¡mega-sic!) a través de Turquía (https://bit.ly/3W2QnSy)”.
Putin ideó convertir a Turquía en un hub gasero en un foro sobre Energía Rusa (https://bit.ly/3TskkJM), donde externó que el sistema Nord Stream puede ser reparado siempre y cuando su futura seguridad sea garantizada: la pelota ahora se encuentra del lado de la UE.
Hace 10 años, Rusia inició la construcción del gasoducto South Stream, detenido en 2014 debido a las sanciones de la UE, y sustituido por el Turk Stream –cuya mitad fue planeada para el South Stream– que hoy transporta 32 mil millones de metros cúbicos por año.
El boicot del South Stream fue un severo golpe a Rusia y, ocho años más tarde, resultó un golpe autoinfligido por la 27-UE.
Alexey Miller, de 60 años y del célebre grupo político de San Petersburgo, hoy jerarca de la estatal gasera rusa Gazprom –máximo abastecedor público de energía en el mundo–, explayó que no se necesita mucho tiempo para el estudio de Turk Stream, ya que desde la cancelación de South Stream existe la “documentación técnica (https://bit.ly/3eV8t8d)”.
El espectacular anuncio de Putin, de convertir a Turquía en un hub gasero (https://bit.ly/3F7vlMq), fue hecho en Astana (capital de Kazajistán), donde se celebró el foro de la Sexta Conferencia de Interacción y Medidas de Construcción de Confianza en Asia (CICA, por sus siglas en inglés), en hibernación después de 30 años, que aglutinó a 14 países (sic): el anfitrión Kazajistán con sus tres vecinos centroasiáticos: Tayikistán, Uzbekistán y Kirguistán; dos países eslavos: Rusia y Bielorrusia; seis de Asia Occidental: Azerbaiyán, Turquía (¡mega-sic!), Iraq, Irán, Qatar y Palestina (sic), así como Vietnam y China (¡mega-sic!).
El geopolítico brasileño Pepe Escobar –quien conoce como pocos los intríngulis centroasiáticos– abunda sobre el concepto de la Nueva Asia del presidente iraní Ebrahim Raisi. En el Foro CICA (https://bit.ly/3Do0fPx), a punto de convertirse en una organización a carta cabal, Putin reclamó la compensación por el daño causado al pueblo afgano durante los años de ocupación, mientras señalaba que en Asia, nuevos (sic) centros de poder crecen más fuertes, juegan un papel importante en la transición (sic) a un orden mundial multipolar (¡mega-sic!), no sin antes advertir que existe una amenaza real de hambruna y choques de amplia escala debido a la volatilidad en los precios de energía y alimentación en el mundo, por lo que hizo un llamado a sepultar el sistema financiero que beneficia a la plutocracia globalista que vive a expensas de los demás.
Pepe Escobar arguye sobre el trascendental papel de la carta islámica –Irán, Pakistán, Turquía (sic), Arabia Saudita, Egipto y Qatar– que mueve la concertación de Rusia y China en Eurasia con su empuje para incorporar las tierras del Islam como socios estratégicos esenciales (¡mega-sic!) para forjar el orden mundial multipolar cuando el eje anglosajón se encuentra totalmente petrificado.
El Islam, con sus 57 países (https://bit.ly/3TJBzGu), detenta casi 2 mil millones de feligreses: ¡la cuarta parte del mundo!
La vivencia de la transición a un nuevo orden mundial multipolar y su Nueva Asia –donde el orden gasero constituye uno de sus principales pilares–, la practica como nadie el jeque Mohamed bin Zayed, presidente de Emiratos Árabes Unidos, quien acaba de visitar a Putin en el legendario Palacio Konstantinovsky en San Petersburgo (https://bit.ly/3gA7xGZ).
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Rusia y Ucrania se acusan mutuamente de querer volar la presa Kajovka
El Kremlin vigila el embalse en Jersón
Analistas advierten inundaciones de un lado y sequía del otro del río Dniéper, que divide la región
▲ En la imagen, tropas rusas vigilan la entrada de la estación hidroeléctrica Kajovka, a la ribera del río Dniéper en la región de Jersón, en el sur de Ucrania.Foto Ap
Juan Pablo Duch  Corresponsal
Periódico La Jornada  Domingo 23 de octubre de 2022, p. 21
Moscú. Como parte de los artilugios para desacreditar al enemigo en esta y en cualquier guerra, Rusia y Ucrania se acusan sobre un mismo hecho, o de crímenes abominables, pero el responsable siempre es el otro, pero acaso es la primera vez que, de unos días para acá, se acusan de tener la intención de hacer algo monstruoso que, si se llevara a cabo, causaría igual daño a ambos y quizás más al que lo hiciera.
En efecto, la posibilidad de volar por los aires la presa de la hidroeléctrica de Kajovka, que parte en dos la región de Jersón al cruzarla el río Dniéper, para provocar un tsunami con olas de cinco metros de altura hasta vaciar su embalse, es tan nefasta para Rusia como para Ucrania, y aventurar cuál podría sufrir más con esta catástrofe provocada equivale a un ejercicio tan certero como jugar a la ruleta rusa.
El intercambio de acusaciones empezó con la ofensiva del ejército ucranio en la región de Jersón, cuando el avance de éste y las dificultades logísticas de las tropas rusas obligaron a Moscú a ordenar la evacuación de la población civil de la ciudad homónima de Jersón, su capital, con la intención de convertirla en una especie de fortaleza con cerca de 12 mil militares dentro.
El general Serguei Surovikin, recién nombrado comandante en jefe de la operación militar especial en Ucrania, declaró: tenemos conocimiento de que el enemigo se dispone a destruir con misiles Himars, de fabricación estadunidense, la presa de la hidroeléctrica de Kajovka para causar una catástrofe medioambiental y culpar a Rusia.
Quienes desde las pantallas de la televisión pública justifican aquí la invasión del vecino país de inmediato intentaron interpretar lo que quiso decir el general y concluyeron: Ucrania se dispone a cometer un nuevo ataque terrorista para destruir el sistema de canales que suministra 90 por ciento del agua del Dniéper que necesita Crimea, causando inundaciones en su margen derecha, lo que obliga a evacuar a la población al otro lado del río.
“Si cae la presa –explicó el hidrógrafo Serguei Stanichny al diario Moskovsky Komsomoliets– va a disminuir el nivel del embalse, afectando a toda la red de canales de su entorno, incluido el Canal del Norte de Crimea, creando un gran problema para la península que hace poco empezó a recibir el agua del Dniéper, indispensable para el agro.”
El presidente ucranio, Volodymir Zelensky, no tardó en responder que, según la información en su poder, Rusia minó la presa de la hidroeléctrica de Kajovka y quiere provocar inundaciones con millones de metros cúbicos de agua en la margen derecha del Dniéper.
Según él, de ese modo pretende dificultar que el ejército ucranio avance en la región de Jersón, al precio de arrasar decenas de poblados, cerca de 80, incluida la capital.
Otros hidrólogos, como Vladimir Molchanov, calculan que el mayor daño del desbordamiento del embalse sucedería del lado de la margen izquierda del Dniéper, donde se concentran los rusos.
De ser cierta esta hipótesis, Molchanov no duda que convendría a Ucrania destruir la presa de Kajov-ka, pero afirma que hay un problema: es imposible hacerlo con los misiles que tiene, únicamente podría hacerlo quien tenga el control de la hidroeléctrica, ahora Rusia, con toneladas de explosivos en sus pilares.
Coincide con él Mijail Yatsiuk, director del Instituto de Problemas del Agua y de la Irrigación, de la Academia de Ciencias de Ucrania, que piensa que Rusia podría echar abajo la presa para crear una barrera natural de agua que impida al ejército ucranio seguir avanzando en Jersón. Sin embargo, reflexionan otros expertos, no tendría sentido que, para hacer menos vergonzoso el abandono de la ciudad de Jersón, Rusia corra el riesgo de destruir el sistema de suministro de agua a Crimea culpando de ello a Ucrania, ya que hasta el presidente ruso, Vladimir Putin, declaró hace poco que una de las razones para invadir Ucrania fue asegurar que Crimea tenga el agua que necesita.
Cerraron el grifo y entramos para abrirlo. A una acción (ucrania) hubo una reacción (rusa), explicó Putin a los reporteros rusos en Astaná, Kazajistán. Conclusión: Rusia y Ucrania aseguran estar convencidos de que el otro tiene la intención de destruir la presa de Kajovka, pero a ninguno le conviene en realidad.
Tampoco hay que excluir que –como la guerra tiene su propia lógica inexplicable– suceda el desastre y, en ese caso, habrá que ver si lo que pudiera ganar quien lo provoque compensa lo que, a querer o no, va a perder, y no es poco.