Periódico La Jornada Sábado 21 de mayo de 2022, p. 17
En lo que resta de año, Rusia va a formar 12 unidades militares para reforzar su flanco occidental y contrarrestar así el ingreso de Finlandia y Suecia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), anunció ayer el ministro ruso de Defensa, general Serguei Shoigu.
Estamos tomando las contramedidas adecuadas. Bajo estas condiciones (el ingreso de Finlandia y Suecia), nos fijamos la meta de mejorar sustancialmente la capacidad de combate de las tropas. Para fines de este año, tendremos 12 unidades militares más en el Distrito Militar Oeste, precisó Shoigu en una reunión de la plana mayor del ejército ruso, de acuerdo con la versión estenográfica.
El ministro agregó que en el estratégico distrito occidental se observa un incremento de las amenazas militares cerca de nuestras fronteras, y puso de ejemplo que, en los ocho años recientes, se multiplicó por 15 la frecuencia de los vuelos de superbombarderos estadunidenses en Europa.
Agregó que la presión en esa región militar sigue creciendo por las maniobras que en este momento está llevando a cabo la OTAN con 40 mil soldados. Para Shoigu, es claro que el objetivo de estos ejercicios es trasladar al continente europeo toda una división de Estados Unidos, así como desplegar tropas en tres direcciones estratégicas: el Ártico, el oeste y el suroeste.
Antes del anuncio de Shoigu, el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dimitri Medvediev, advirtió en un mensaje de Telegram: Si Finlandia y Suecia entran en la organización, las fronteras terrestres de Rusia con la alianza noratlántica se duplicarán. Tendremos que concentrar ahí tropas y sistemas de defensa antiaérea, igual que buques de guerra en el golfo de Finlandia. En ese caso, no se podrá hablar de ningún estatus desnuclearizado del Báltico.
Por otro lado, la facultad de vetar el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN, que requiere contar con el visto bueno de todos sus miembros, ofrece a Turquía la posibilidad de jugar sus cartas para obtener –a cambio de que su presidente, Recep Tayyip Erdogan, deje de amenazar con oponerse– importantes concesiones.
Pragmática como es Turquía, sería ingenuo suponer que busque que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) cesen su apoyo a los grupos que Erdogan considera terroristas, o bien, que Suecia acepte extraditar a los opositores que gozan de asilo político.
En contraste, a juzgar por las filtraciones que se difunden mediante las agencias noticiosas, los indicios apuntan a que esa indignación por proteger a terroristas está pensada por Erdogan para desbloquear los programas de cooperación militar suspendidos entre Turquía y la OTAN, desde que el ejército turco invadió el norte de Siria en 2019 para alejar de sus fronteras a las milicias kurdas.
Estrategia turca
En la lógica de Turquía, a mayor presión, más fácil será adquirir la cuarentena de aviones de combate F-16 estadunidenses que a fines de marzo pasado quiso comprar Ankara, así como para modernizar los que ya tiene, no se diga ya para reincorporar a Turquía al programa conjunto de fabricación del cazabombardero F-35, o al menos para levantar las sanciones que le impuso la administración de Donald Trump por la compra del sistema de defensa antiaéreo ruso S-400.
El caso de Croacia
Al mismo tiempo, hay políticos europeos que, sin tener ninguna posibilidad de vetar la admisión de Finlandia y Suecia en la OTAN, amagan con hacerlo sin otra finalidad que sumar votos dentro de sus países.
El caso quizás más llamativo es el del presidente de Croacia, Zoran Milanović, quien desde comienzos de mayo no ha desperdiciado ocasión para defender los derechos de la minoría croata en Bosnia Herzegovina, que, en su opinión, sufre discriminación por la ley electoral bosnia, sin que la UE mueva un dedo para enmendar la situación.
Milanović también argumenta que países miembros de la OTAN como la propia Croacia, Bulgaria o Rumania no forman parte del área Schengen (exenta de controles en las fronteras comunes) y otros como Albania, Macedonia del Norte o Turquía ni siquiera pueden iniciar negociaciones para adherirse a la UE, mientras Finlandia y Suecia quieren entrar de la noche a la mañana, según declaró a la cadena de televisión regional N1 en la ciudad oriental de Vukovar.
El primer ministro Andrej Plenković, cuyo partido Unión Demócrata Croata cuenta con mayoría legislativa, recordó que la decisión de ratificar el ingreso en la OTAN de nuevos miembros corresponde al Sabor (Parlamento) y que la política exterior la define el gobierno, mientras la presidencia cumple funciones protocolarias, como recibir las cartas credenciales de embajadores de otros países.
Capital político
Con el fin de cumplir otro protocolo para el avala a la adhesión a la OTAN, el canciller de Croacia, Gordan Grilić Rodman, confirmó que dio instrucciones al jefe de la misión diplomática de su nación ante la OTAN en Bruselas, Mario Nobilo, de aceptar las solicitudes de Finlandia y Suecia.
Zelijka Antunović, la única mujer que ha ocupado la cartera de Defensa en Croacia, está convencida de que el presidente Milanović recurre a un discurso populista para presentarse como defensor de los derechos de los croatas bosnios, pero sus problemas no se resuelven de esa manera, citada por el Jutarnji List, uno de los diarios más influyentes de Zagreb.
¿Locura o business as usual?
Miguel Tinker Salas y Víctor Silverman*
Las recientes revelaciones de que el ex presidente Donald Trump consideró lanzar misiles contra territorio mexicano, supuestamente para atacar a los centros operativos de los cárteles en el país, no sólo demuestra su desequilibrio mental, sino también la precariedad de las relaciones entre Estados Unidos, México y América Latina. Según el nuevo libro del ex secretario de la Defensa estadunidense, Mark Esper, en su último verano en la Casa Blanca, Trump comentó que si atacamos a los laboratorios ilegales de la droga en México nadie sabría que fuimos nosotros.
Esper, quien fue despedido en el otoño de 2020, ocultó las ideas absurdas y belicosas de Trump para incluirlo en su libro que se publica este mes. No obstante, fue obvio que durante su presidencia Trump formuló muchas propuestas absurdas, incluyendo la inyección de cloro para curar el covid, que México pagaría por el muro en la frontera, que los molinos de viento causaban el cáncer o que él ganó las elecciones de 2020, entre otras.
Es fácil descartar las declaraciones de Trump como las de una persona desquiciada. Pero el ex presidente no es la primera figura pública o funcionario de la nación vecina que ha hecho declaraciones absurdas sobre México. Un breve repaso de las últimas décadas resalta que en 1978 el director de la CIA William Colby aseguró que México representaba una mayor amenaza para Estados Unidos que la propia Unión Soviética. Planteaba que México, con una población de 120 millones de mexicanos y mexicanas y sin armas nucleares como las soviéticas, representaba una amenaza existencial para su país. Bajo tales condiciones, según Colby, una muralla sería inútil y la patrulla fronteriza no tendría suficientes balas para detener a los inmigrantes. Durante los 80, el senador republicano de Carolina del Norte, Jesse Helms, un racista y xenófobo, utilizaba el comité de relaciones extranjeras como plataforma para, continuamente, atacar a México. El Pentágono también se unió al debate y en 2008 manifestó que Estados Unidos debería prepararse para la inevitabilidad de que México sería un estado fallido, donde sus instituciones estaban al borde del colapso, lo cual promovería una gran ola de inmigrantes. Según el reporte, el caos que se avecinaba en México obligaría una respuesta militar por parte de Washington. Aunque no propuso balacearlos, en 2009 el intelectual Samuel Huntington, profesor de Harvard, llegó a la misma conclusión que Colby, asegurando que la presencia de inmigrantes latinos produciría la balcanización estadunidense fragmentando la identidad del país. Diversas figuras e instancias políticas prepararon el terreno para que Trump emitiese sus declaraciones racistas cuando al anunciar su candidatura en 2015 aseguró que México sólo enviaba a violadores y criminales.
A pesar de sus declaraciones ofensivas, la política de Trump, no alteró fundamentalmente las relaciones entre los dos países. Sin duda, su administración agravó las condiciones para los inmigrantes y condicionó el envió de tropas mexicanas a ambas fronteras para reducir el flujo migratorio. No obstante, en sus primeros tres años como presidente, Barack Obama deportó a 1.8 millones de personas, Trump a 800 mil. El republicano exigió y logró una renegociación del Tratado de Libre Comercio, pero el nuevo T-MEC, que reemplazó el TLCAN, no implicó un cambio trascendental. Las relaciones entre ambos vecinos siguen siendo similares–independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.
Con la elección de Joe Biden el año pasado, muchos anticipaban grandes cambios en las relaciones entre México y Estados Unidos. Pero Biden promueve la misma política que Trump, en especial cuando se refiere a la inmigración y la supuesta guerra contra las drogas. La vicepresidenta Kamala Harris dijo en Guatemala en 2021 a los inmigrantes de Centroamérica: No vengan. Frase que volvió a repetir el secretario de Seguridad Interna, Alejandro Mayorkas, el primero de mayo de este año, al decir de nuevo: No vengan. Biden se niega a promover una reforma migratoria integral como lo prometió durante la campaña. Aún mantiene la política de Permanecer en México, donde los que solicitan asilo no puede entrar al país, y aunque ha indicado que pretende eliminar el llamado Título 42 impulsado por Trump, y que implica la deportación inmediata de los inmigrantes, aún no lo ha hecho. Mas allá de la inmigración, no se han producido cambios en la fallida y mal llamada guerra contras las drogas y las relaciones económicas, basadas en la asimetría aún persisten. Lo único que ha cambiado en Washington es el tono público que se utiliza al hablar sobre México.
La relación de Estados Unidos con México se repite en su trato hacia América Latina. Biden propone una Cumbre de las Américas en Los Ángeles durante la primera semana de junio de este año, pero se reserva el derecho sobre a quién invitar, excluyendo a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Estados Unidos opera bajo la premisa de quien paga manda. Biden no propone lanzar misiles o tratar de tirar la piedra y esconder a mano como planteó Trump. Más bien, las acciones de Biden son otro ejemplo de que nada ha cambiado, la relación entre Estados Unidos y México, y más allá, con América Latina, sigue siendo business as usual, más de los mismo.
* Twitter: @migueltinkersalas, Departamento de Historia, Pomona College // * @victorsilverman, Fulbright/García Robles Cátedra de Estudios de EU, ITAM